Lo que no pasa en Venezuela – Fernando Egaña

 Fernando Luis Egaña

A ver por dónde empezamos. El dólar paralelo sobre los 400 –es decir más de 60 veces la principal tasa oficial—y en una avalancha de ritmo vertiginoso que empujará gravemente la inflación y la escasez. Diversos jefes políticos y militares del régimen, acusados de complicidad con el narcotráfico, cuando no de dirigir carteles,  siendo que parte de esas acusaciones provienen de cercanos colaboradores políticos y militares,  auto-exiliados en diferentes países. El hampa desbordada en todo el territorio nacional, y en algunas regiones y sectores urbanos, además, campeando soberana. Colas interminables para tratar de adquirir alimentos básicos, y también medicinas y otros productos de importancia para la vida cotidiana. Crecientes focos de perturbaciones del orden público, por causas meramente sociales, relacionadas con la escasez y el descalabro de los servicios públicos. Nuevas y ampliadas embestidas en contra de la libertad de expresión y el conjunto de las garantías de los derechos humanos.

Y mientras Venezuela cae por semejante despeñadero, lo que debe ser asimilado a situaciones de crisis humanitaria, Maduro y los suyos andan proclamando las supuestas maravillas de las “cinco revoluciones”, de acuerdo a la costosa y masiva campaña de propaganda.  Pero ésta ya no logra eclipsar la dolorosa realidad de la nación venezolana. Cada vez más destructiva y peligrosa.

En pocas palabras, del deterioro paulatino se ha pasado al deterioro exponencial. Del poco a poco, al cada vez más rápido. Ya la capacidad de acostumbramiento al deterioro está siendo rebasada. El agobio de profundiza y se extiende. Las funciones primarias de la economía se trancan. La crisis política, económica y social se funde en una mega-crisis nacional. Y lo peor de la realidad, no es eso. No. Es que no hay ningún tipo de respuesta creíble a ninguno de esos problemas o dramas. Maduro y sus colaboradores sostienen que Venezuela es la esperanza del mundo, que todo lo malo es culpa de una guerra del imperio, y en esos términos no hay la más mínima posibilidad de que la mega-crisis pueda ser enfrentada con alguna perspectiva alentadora. Estas líneas quizá suenen duras, pero no son exageradas ni mucho menos erradas. Este es el panorama del país, quiérase o no apreciarlo así.

Puede una realidad como la nuestra continuar agravándose de manera indefinida. Esperemos que no. Porque esto nos terminaría de llevar a un sálvese quien pueda, a una anarquía avasallante que generaría una gigantesca espiral de violencia y represión, de consecuencias impredecibles. Nadie con siquiera un barniz de buena voluntad, puede desear que ello termine de ocurrir. Por ese despeñadero, repito, vamos cayendo, y precisamente por ello es que debemos tener conciencia al respecto, y reclamar que de la parálisis del continuismo se pase a una dinámica de esfuerzo para hacerle frente a la mega-crisis e ir superándola, conforme a los lineamientos constitucionales. Pero esto es lo que no pasa en Venezuela. Y es lo que tiene que pasar.

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¡Cuidado con los espejismos! – Trino Márquez

Trino Márquez

Las denuncias de The Wall Street Journal contra Diosdado Cabello, la aparición del libro Bumerán Chávez, escrito por el periodista español Emili Blasco, las visitas al país de Thomas Shannon, Consejero del Departamento de Estado de EE.UU., y otros misiles atómicos que le han lanzado al gobierno de Nicolás Maduro desde diferentes flancos, han llevado a pensar a algunos analistas nacionales e internacionales que el derrumbe del régimen se encuentra en el horizonte cercano. Se imaginan una guerra fratricida entre Maduro y Cabello y un desenlace en el cual inevitablemente uno hará morder el polvo de la derrota al otro.

No soy tan optimista. Este régimen se mantiene sobre la base de lealtades que pasan por la complicidad y el celestinaje con todas las formas de corrupción aplicadas a lo largo de dieciséis años disfrutando del poder. Aunque sea solo por hipocresía, la respuesta de Maduro frente a las denuncias contra el Presidente de la Asamblea Nacional fue de una solidaridad enfática. “Quien ataca a Diosdado me ataca a mí”, fueron sus palabras. Además, señaló que iniciará –financiará con recursos públicos- una campaña nacional e internacional en defensa  del segundo hombre de abordo. Mario Silva, quien supuestamente es encarnizado adversario de Cabello, salió en defensa de su compañero de tolda. Lo mismo hizo el TSJ por intermedio de su presidenta, Gladys Gutiérrez.

En este momento, cuando deberían aparecer sus hipotéticas fisuras, el régimen se cierra en torno a la defensa del personaje más impopular y rechazado de los rojos. La disputa frontal entre maduristas y diosdadistas no se percibe por ningún lado. Lo que se registra a través de los medios de comunicación es una unidad hermética.

¿Por qué estas expresiones de apoyo con Cabello? Desde luego que no es porque los miembros  de la élite formen una especie de hermandad basada en el afecto y la admiración mutua. En todas partes del mundo, incluso en las democracias más asentadas, quienes se encuentran en la cercanía del poder sienten recelos mutuos. Desconfían unos de otros. La cúpula roja no representa la excepción de la regla. Sin embargo, de los cubanos han aprendido que la única manera de eternizarse en el poder es mostrando una fachada unitaria, no importa cuánto se odien entre sí. Para la nomenclatura cubana el verdadero enemigo no estaba en el territorio de la isla, sino en Florida. Lo peor que podía ocurrirles era caer en manos de unos exiliados que habían abandonado Cuba solo con lo que llevaban encima, dejando atrás familia, amistades y trabajo. El castigo sería bíblico.

Los rojos criollos tienen mucho más que perder que los comunistas cubanos. Al lado de Venezuela, la isla antillana era una nación modesta que no contaba con nada parecido a Pdvsa, a la CVG  o al Bandes. La alta jerarquía del ejército cubano no podía enriquecerse con dólares preferenciales, con el contrabando de extracción o con las millonarias compras de buques o armamento chatarra. En Venezuela la situación es completamente diferente.  Muchas de las fortunas súbitas e inmensas  que se conocen, se han amasado bajo la sombra del Estado chavista. Es sobre esta red de corrupción y privilegios que se mantiene el régimen. Sobre esa inmensa malla se sostienen dirigentes políticos, militares, empresarios, jueces, policías, allegados al régimen. El mérito de los rojos, con la asesoría cubana, fue haber organizado un tinglado tan férreo como las pirámides egipcias.

Este monolitismo no se derrumba con episodios aislados, por graves que sean las conductas de los implicados, sino con un trabajo sostenido en las organizaciones sindicales, gremiales, estudiantiles, empresariales, campesinas, informales, tal como hacen los chavistas con sus organizaciones de base. Ese esfuerzo por abajo es más lento y menos espectacular, pero inevitable, si se busca fundar la alternativa frente al desmadre actual.

Votar en las próximas elecciones parlamentarias y ganarlas será un paso enorme en la dirección de construir la nueva mayoría.

@trinomarquezc

La justicia del horror – Antonio Sánchez García

  Antonio Sánchez García

A la gansterización de la política suele acompañarle, como natural correlato, la gansterización de la justicia. Tanto, que regimentados, no existe la una sin la otra. Es más: arrastradas  por la furia del totalitarismo o el despropósito dictatorial de sus caudillos, las sociedades quebrantadas en su esencia moral encuentran la connivencia perfecta entre el gángster que maneja el Estado y el gángster que maneja la Justicia: no dos figuras siniestras que se duplican en el espejo del terror dictatorial, sino dos entidades totalmente subordinadas al mismo sujeto. Es cuando el caudillo es Jefe del Estado y Juez Supremo.

No inventamos nada. Empujado por las presiones brotadas desde el ejército alemán, con el que contaba para apoderarse del planeta, pues según sus delirios Alemania era demasiado pequeña para la grandeza de los alemanes, Adolf Hitler, el epitome del caudillo y el arquetipo del tirano, ordenó neutralizar las SA, sus tropas de asalto al mando de Ernst Röhm, un homosexual, como gran parte de su estado mayor y buena parte de la dirigencia nazi, nacido del seno bolchevique, que insistía en fortalecer el lado socialista  y arrinconar al lado nacional de la fórmula nacionalsocialista. Cultivado en el humus de la revuelta, el caos y la disgregación, sus tropas habían crecido hasta competir exitosamente con los ejércitos prusianos: mientras éstos apenas superaban los cien mil hombres, la SA ya contaba con millones de adherentes. El Ejército, la aristocracia y el empresariado decidieron ponerle la proa y condicionar su respaldo al Führer a cambio del exterminio de las SA. Por así decirlo: los colectivos del Führer.

Terminando sus primeros cinco meses de gobierno y con el país a sus pies y las instituciones en sus bolsillos, Hitler obedeció el mandato y la noche del 30 de Junio inició una siniestra jornada llamada “La noche de los cuchillos largos”, sorprendiendo a la oficialidad de sus SA que se aprontaban a celebrar un congreso, asesinándolos sin más miramientos. Para mayor legitimación del bárbaro asalto, Röhm y muchos de los suyos celebraban en el hotel en que se alojaban a la espera de su congreso sus orgías habituales ante el asco y el asombro de Hitler, que pilló a su amigo y cercano colaborador durmiendo con uno o varios esbeltos representantes de la raza aria.

No satisfecho con dictar justicia de manera directa y ordenar el asesinato masivo de quienes le estorbaban sus propósitos sin recurrir a ninguna instancia judicial, el Führer fue más lejos: dictó jurisprudencia. Tal como lo escribiese el jurisconsulto coronado del nacionalsocialismo, Carl Schmitt, en un polémico ensayo titulado El Führer defiende el Derecho:  “El Führer está defendiendo el ámbito del derecho de los peores abusos al hacer justicia de manera directa en el momento del peligro, como juez supremo en virtud de su capacidad de líder. El auténtico líder siempre es también juez. De su capacidad de líder deriva su capacidad de juez.” No hacía más que comentar las propias declaraciones de Hitler, quien en un Congreso Nacional de jurista alemanes declararía poco después: “En ese momento yo era el responsable del destino de la nación alemana y por ende el juez supremo del pueblo alemán.”

Desde luego, al señalarlo encontró el aplauso unánime de las más altas instancias jurídicas de la Alemania nazi. Que conscientes de su nula importancia y significación al lado del caudillo, el Führer y Dios de todos los alemanes a quien se debían, corrieron a respaldar su afirmación. A ningún miembro de la Corte Suprema de Justicia se le hubiera siquiera ocurrido cuestionar su afirmación: todos lo respaldaban, perfectamente conscientes de que era un asesino serial, un genocida, un delincuente que llevaba su país a los abismos. En esos tres días de junio y julio de 1933 el responsable del asesinato de ese más de un centenar de dirigentes nazis no procedía en calidad de un simple ser humano, susceptible de cometer un crimen. Y castigado por ello. Hitler estaba por encima de cualquier ordenamiento jurídico. Dice Carl Schmitt, el más destacado especialista en derecho constitucional de la Alemania del Siglo XX: “Dentro del espacio total de aquellos tres días destacan particularmente las acciones judiciales del Führer en las que como líder del movimiento castigó la traición de sus subordinados contra él como líder político supremo del movimiento. El líder de un movimiento asume como tal un deber judicial cuyo derecho interno no puede ser realizado por nadie más. En su discurso ante el Reichstag, el Führer subrayó de manera expresa que en nuestra nación sólo existe un portador de la voluntad política, el Partido Nacionalsocialista.” No necesitó explicar Schmitt que, en rigor y en toda circunstancia, el Partido Nacionalsocialista era el propio Hitler. Nadie más.

        ¿No es del caso afirmar que en tales circunstancias, cuando en una sociedad la justicia renuncia a ejercer sus deberes y obligaciones rindiéndose ante los otros poderes, limitándose simplemente a legitimar todas sus acciones, sin importar la naturaleza criminal de las mismas, se ha consumado la gansterización de la justicia?

@sangarccs

Raúl Castro y el Papa Francisco, misterios de la Iglesia – Antonio Sánchez García

  Antonio Sánchez García

A Asdrúbal Aguiar

Chris Mathews, periodista británico de tendencias socialistas, se llevó una amarga sorpresa cuando llegó a entrevistar al Cardenal Bergoglio, primado argentino. Sufrió lo que cuentan del pastor que fue por lana y salió trasquilado: no consiguió enardecer al cardenal Bergoglio con sus reproches socialistas. El que salió enardecido fue él.

La entrevista dio la vuelta al planeta en tiempos en que ni Bergoglio ni Mathews tenían la menor idea de lo que le esperaba a uno de ellos: convertirse en el Sumo Pontífice de la Iglesia católica, apostólica y romana. Si todo lo que en dicha entrevista expresara el primado argentino contribuyó a que el Sacro Colegio Cardenalicio lo designara máximo dirigente de los miles de millones de cristianos del mundo, la intención no podía ser más clara: sincerar la política, acercarla a los principios de la Iglesia Católica, desterrar la demagogia, la humillación, la mentira  y humanizar la gestión de la vida pública, adecentándola y descascarándola de la pesada carga de manipulación marxista. En el caso concreto de América Latina, advertirle al mundo de la grave amenaza que se cernía sobre el continente desde Venezuela, en donde un teniente coronel golpista practicaba en abundancia lo que Bergoglio consideraba el colmo de la manipulación: empobrecer a las mayorías en nombre, precisamente, de esa mayoría, para arrastrarla a elegir a sus propios depredadores. Bergoglio acusaba, precisamente, al socialismo marxista, al chavismo en concreto, y al castrocomunismo por extensión, dominio e influencia, de empobrecer para reinar: “Culpo a los políticos que buscan sus propios intereses. Los socialistas creen en la redistribución que es una de las razones de la pobreza. Ustedes quieren nacionalizar el universo para controlar todas las actividades humanas”.

La radicalidad y racionalidad del rechazo al socialismo no podía ser más categórico. E iba a la esencia del reproche del liberalismo al comunismo: no le enseña al hombre los medios para su propio enriquecimiento, sino que lo conduce irremisiblemente a la mendicidad para convertirlo en un siervo del Estado. Vale decir, del partido. “Ustedes destruyen el incentivo del hombre para, inclusive, hacerse de su familia, un crimen contra la naturaleza y contra Dios. Estas ideologías” –no necesita aclarar que se trata del comunismo en todas sus vertientes – “crean más pobres que todas las corporaciones que ustedes etiquetan como diabólicas”.

La indignación de Mathews lo lleva a brincar de la silla: “Nunca había escuchado algo así de un cardenal”. A lo cual responde el hoy Papa Francisco, si bien, necesario es aclararlo, por entonces nadie divisaba el papado en su horizonte inmediato, “la gente dominada por socialistas necesita saber que no tenemos que ser pobres.” Y allí destapa el frasco de la indignación de Mathews, pues Bergoglio deja de lado toda prudencia y entierra su espada en el corazón del monstruo: “El imperio de la dependencia creado por Hugo Chávez, con falsas promesas, mintiendo para que lleguen a arrodillarse ante el gobierno y ante él. Dándoles peces pero sin permitirles pescar. Si en América Latina alguien aprende a pescar, es castigado y sus peces confiscados por los socialistas. La libertad es castigada. Tú hablas de progreso y yo de pobreza.”

La trascendencia del reproche y su profunda importancia radican en el análisis que lo sustenta: no se trata de Hugo Chávez, ni siquiera de Venezuela. Se trata de toda nuestra región, se trata del Foro de Sao Paulo:  “Temo por América Latina. Toda la región está controlada por un bloque de regímenes socialistas, como Cuba, Argentina, Ecuador, Bolivia, Venezuela, Nicaragua. ¿Quién los salvará de esa tiranía?”.

Reboza de la acrimonia cardenalicia toda una reflexión metódica y científica – sociológica, económica y políticamente sustentada que inhiben cualquier consideración accidental. El anticomunismo de Bergoglio se inserta en la más compleja y profunda tradición de la Iglesia y el cristianismo: un tirano comunista no puede arrodillarse ante el Papa y prometer regresar al seno de la Iglesia luego de haber tiranizado a su Patria durante más de medio siglo, perseguido a su Iglesia, encarcelado y asesinado a sus mejores hijos y llevado al dominio de todo un continente en los términos tan contrarios al espíritu de la Iglesia, como le reclamaba Bergoglio a Mathews, receptor por circunstancia de un discurso dirigido a toda la izquierda socialista mundial: “Ustedes han creado el estado de bienestar y ha sido solo respuesta a las necesidades de los pobres creados por la política. El estado interventor absuelve a la sociedad de su responsabilidad. Las familias escapan de su responsabilidad con el falso estado de bienestar e inclusive, las iglesias. La gente ya no practica la caridad pues ve a los pobres como problema del gobierno. Para la igledia ya no hay pobres que ayudar, los han empobrecido permanentemente y son ahora propiedad de los políticos. Y algo que me irrita profundamente, es la inhabilidad de los medios para observar el problema sin analizar cuál es la causa. A la gente la empobrecen para que luego vote por quienes los hundieron en la pobreza”.

Si la cruda e implacable sinceridad del cardenal Bergoglio irritó hasta la exasperación a un periodista de simples tendencias socialistas al encontrarse a un anticomunista de la más rancia, legítima, justificada y pura especie ¿qué reacciones no hubiera provocado en un tirano que constituye la prueba palpable y fehaciente de las graves y trascendentales acusaciones de quien hoy ocupa el trono papal? Es más: ¿qué habría pensado el máximo responsable por la creación del bloque socialista que él denuncia tan frontalmente y sin tapujos? Estamos ante otro misterio de la Iglesia.

@sangarccs

Cuesta abajo en la rodada – Fernando Egaña

 Fernando Luis Egaña

El tango de Gardel dice cuesta abajo en mi rodada, pero como estas líneas se refieren a la situación de Venezuela, hay que referirse a la rodada. La rodada del país, del conjunto de los venezolanos, de la nación. Y es que nos precipitamos como en una avalancha de desmanes que son propios de una hegemonía despótica y depredadora que está empeñada en sacrificar a Venezuela con tal de preservar su poder.

Ya el dólar paralelo se acerca a los 350 bolívares. Es decir, 350 mil bolívares de la enumeración anterior. Eso sería 625 veces más de la tasa de cambio libre que existía cuando el predecesor empezó su primer gobierno. Pero la devaluación está adquiriendo un ritmo exponencial, y con ella la dolarización-a-las-patadas que se está llevando a cabo, tanto por acción como por omisión de la “revolución bolivarista”.

Empoderadas figuras de la hegemonía se esmeran en perseguir medios y comunicadores, tratando de intimidar a todo el mundo y haciendo valer con impudicia su carácter de intocables. La persecución interna es consecuencia de las denuncias foráneas que muy contados medios han reproducido, y que ofrecen informaciones diversas sobre el latrocinio rojo. Lo sano sería que los denunciados promovieran una investigación independiente y seria para esclarecer la verdad.

Pero esto que es lo deseable, bien se sabe que no es posible. Mientras tanto, la propaganda oficialista proclama que se avanza en “cinco revoluciones” –no en una sino en cinco, y la realidad se pone terca al reflejar la creciente escasez, la desbocada inflación, las agobiantes penurias, y la renovada explosión de violencia criminal, tanto entre bandas hamponiles, como entre éstas y los cuerpos de seguridad, algunos de ellos entremezclados con la delincuencia. Si eso no es una rodada, nada lo es.

La hegemonía comunicacional consigue eclipsar la realidad, pero no eliminarla. Puede que muchos medios se hagan los locos con los graves problemas, y en cambio maniobren para tratar de que lo malo parezca bueno, pero ello no aliviará la escasez, ni detendrá la inflación, ni reducirá la masiva inseguridad. Un diario caraqueño tenía como lema “Nada convence más que la verdad”, y aunque ya no se interese en ponerlo en práctica, su significación no pierde vigencia.

La rodada de la que se habla aquí, repito, es la rodada de la nación. Y esa rodada es consecuencia principal del régimen político que la está destruyendo. Pero la rodada de la nación no necesariamente implica la rodada de la hegemonía. Una cosa puede conllevar a la otra, pero no es inexorable que así sea. Lo que sí es inexorable, es que la hegemonía despótica y depredadora tenga que ser superada, para que se detenga la rodada de la nación, y para que ésta logre salir de abajo y remontar la cuesta.

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Empresarios: ¡al paredón! – Trino Márquez

Trino Márquez

Ser empresario independiente en la Venezuela roja se ha convertido en una actividad de alto riesgo. Tiene el mismo peligro que ser reportero de guerra o periodista en una satrapía. El empresario es culpable de antemano de cualquier delito que se le acuse. Ya la expresión “cerdo explotador”, tan socorrida por los marxistas, resulta un insulto infantil. Los cartuchos que se les lanzan son de mayor calibre. El empresario es un vende patria, un conspirador o un agente enemigo que debe ser destruido. Al empresariado se le cobra su participación protagónica en los sucesos de abril de 2002 y en el paro de finales de 2002 y comienzos de 2003. El comandante juró vengarse de ellos e inició una cruzada para destruirlos. Su heredero ha continuado la labor de demolición. Las consecuencias de este derrumbe estamos padeciéndolas. Antes, sus efectos letales podían esconderse con importaciones masivas. Se aniquilaba a los hombres de empresa nacionales, aunque se fortalecía a los foráneos. Al menguar los dólares la ruina no tiene máscara que la recubra.

Entre las razones básicas que han producido la inflación, la escasez y el desabastecimiento, se encuentra el persistente acoso por parte del régimen de la empresa privada desde hace más de una década, así como los rígidos controles de cambio y de precios. En su conjunto estos factores, además de la severa legislación, han conducido al cierre de muchos miles de empresas y al desestimulo de la creación de empleos productivos y la inversión nacional y foránea, al punto de ser Venezuela, junto a Haití, el país que registra la menor inversión del continente.

Los gobiernos de Chávez y Maduro han perseguido y encarcelado a numerosos empresarios, violando el Estado de Derecho. A los dirigentes de Fedecamaras y Conindustria, entre otros gremios, se les amenaza continuamente con expropiaciones y confiscaciones, o se les empuja para que se marchen del país. Contra el eficiente y comprometido grupo de Empresas Polar se ha desatado una campaña de intimidación que lleva a pensar que el Gobierno ha pensado seriamente en su intervención. Los ejemplos de Agroisleña, Lácteos los Andes y Café Fama de América, antes empresas altamente rentables y hoy quebradas, representan una muestra de lo que ocurriría. La toma de Polar sería una catástrofe nacional.

La excusa utilizada en toda esta criminal maniobra es la existencia de una quimérica “guerra económica” cuyas armas serían el sabotaje, el acaparamiento y la especulación, impulsadas por el sector productivo. Esta es una falacia que no resiste el menor análisis. Numerosos bienes que no se consiguen en los anaqueles y cuyos precios se han disparado en los mercados paralelos, debido a su escasez, son producidos por fábricas pertenecientes al Gobierno, ya sea porque las expropió o las confiscó. En manos del sector público esas factorías, antes eficientes, pasaron a arrojar pérdidas y a producir en muy baja escala. Las cabillas y el cemento son dos ejemplos, entre muchos otros, que ilustran el desmadre. La energía eléctrica falla de forma permanente en todo el territorio nacional, a pesar de que su generación, trasmisión y distribución es monopolio del Estado. Los únicos que se han beneficiado de esta prerrogativa son los bolichicos. La Electricidad de Caracas era una empresa privada que funcionaba con eficiencia y transparencia.

Es necesario solidarizarse con los empresarios cuyos derechos han sido amputados por un Gobierno que busca la venganza aunque esta provoque la destrucción nacional. La empresa privada resulta fundamental para reconstruir la economía nacional y generar empleos decentes, estables y bien remunerados. Sin su aporte el país seguirá hundido en la crisis que estamos padeciendo, cuyas peores víctimas son las familias más pobres, obligadas a soportar interminables colas para conseguir bienes de primera necesidad y forzadas a pagar el costo de la inflación incontenible, consecuencia de los controles, la incompetencia, el cerco a la propiedad  privada y la corrupción.

La proclama de guerra a muerte dictada contra los empresarios los está diezmando y, de paso,  arrasa a toda Venezuela.

@trinomarquezc

Los consejos de Monedero – Antonio Sánchez García

  Antonio Sánchez García

Jacinto Benavente dijo alguna vez que cuando no se piensa lo que se dice, se dice lo que se piensa. Lo he vuelto a recordar escuchando a su compatriota Monedero, súbitamente liberado de la pesada obligación de tener que pensar por su partido y no emitir sonido sin pensar en lo que debe decir. Liberado de esa presión, ha dicho lo que piensa.

Debo reconocer que sus últimas dos afirmaciones me han convencido de su alto coeficiente intelectual: las he suscrito y con gusto se las transmito a mis amigos venezolanos en sus denodados esfuerzos por romper las gríngolas del partidismo oligárquico que aprisiona a los viejos y nuevos dirigentes máximos de los partidos democráticos, convirtiéndolo en parapléjicos servidores del statu quo.

La primera de dichas afirmaciones pretendía prevenir a su amigo Pablo Iglesias y a su Partido PODEMOS de entusiasmarse demasiado con la participación electoral. Dijo, palabras más palabras menos, que inscribirse en una carrera electoral era el método más seguro de perder frescura y compartir los lastres que anclan los partidos al inmovilismo del establecimiento. Las elecciones suelen ser las trampas perfectas para cumplir la sentencia del Conde de Lampedusa: aparentar cambiarlo todo parlamentariamente para que no cambie absolutamente nada existencialmente. Y eso que en el caso español no existe un ente como el CNE, encargado de velar cual lobo feroz de que en Venezuela jamás ganen los buenos y siempre ganen los malos.

La segunda reflexión del ex asesor de Hugo Chávez y  principal intelectual de PODEMOS me pareció muchísimo más importante, siempre prensando en los esfuerzos de quienes se esfuerzan por romper el inmovilismo de las cúpulas democráticas venezolanas y buscan sacudir las conciencias ciudadanas para sacar las cabezas de la cloaca: nada peor que la moderación. “La moderación puede desarmar a Podemos” , declaró en una entrevista  con el periódico madrileño El País. Y a cualquier organización que busque romper los compromisos que esclerotizan la correlación de fuerzas, agregaríamos nosotros.

En su primera entrevista luego de anunciar su renuncia a PODEMOS,  dio a conocer las razones de su dimisión. Las reproduzco in extenso, para consideración de quienes, recién lanzados a la maravillosa aventura de la política, deben enfrentar la tentación del Poder: transar con los estereotipos y cacicazgos de la vieja política y adecuar sus pulsiones rupturistas a los calendarios seudo institucionales:  “Según el análisis de Monedero, el momento en que las fuerzas políticas tienen como principal objetivo “acceder al poder” entran también “en el juego electoral y empiezan a ser rehenes de lo peor del Estado, de su condición representativa”. Monedero, que en el pasado expresó dudas sobre la eficacia del 15-M, llama ahora a recuperar el espíritu de “los orígenes”.

“El baile electoral es muy frustrante porque no deja espacio para los matices, para las escalas de los grises entre el blanco y el negro, prima más jugar con lo que la ciudadanía ya piensa que con lo que quieres proponerle. Y perdemos insolencia, desobediencia, coraje. Podemos se ha construido así y es importante que no perdamos esa frescura”. Estas palabras formaban parte de su reflexión antes de tomar la decisión definitiva, y remiten a un momento del que el propio Pablo Iglesias dice tener “cierta nostalgia”. Pero ahora, como insistió este jueves, su meta es tener responsabilidades de Gobierno. Lo que incluye explorar pactos, hacer equilibrios con el programa y, en definitiva, ser un partido político.” El País, 30 de abril de 2015.

Por lo visto, Monedero, el intelectual, ha debido beber del margo trago de la decepción. Nada nuevo.  Platón anticipó el sendero huyendo del tirano de Siracusa. Una cosa es pensar, otra hacer política. Los dos senderos que se bifurcan.

@sangarccs