Esperando a Chávez

   Luis DE LION

El rumor sobre un hipotético regreso del presidente Hugo Chávez al país, distribuido previamente por sus agentes más cercanos, se hizo realidad, mejor dicho, se hizo anuncio, al amanecer del pasado lunes. Pero poco duró la euforia, la emoción cayó de forma casi inmediata, el silencio se impuso de nuevo y a intervalos reaparecieron los comunicados oficiales sobre su estado de salud y así sucesivamente.

La ocasión todavía no es propicia, lejos está de serlo para que Hugo Chávez se pronuncie, pero es muy importante para sus cercanos mantener sin descanso su memoria, tanto como lo es para el propio Chávez el desarrollo de su naciente mito. Por muy insoportable que pueda ser, comprable a una tortura física, que la indiferencia se apodere desde ya de su situación.

Evo Morales en su más reciente visita de cortesía, evocó una suerte de panegírico. A su alrededor nadie se sintió insultado, sus palabras, por más incomprensibles que a veces éstas sean, no causaron alarma. El vigor a que nos acostumbró Chávez, su excesivo orgullo, por instantes nos hace pensar que va a volver y que su abundante confianza en sí mismo le impide resignarse. Pero una cosa es el hombre político y otra el humano capaz de remontar la cuesta de una enfermedad terminal. El pasado nueve de diciembre, el buen sentido, el común, lo condenó a apartarse y el experto táctico que siempre había sido, no quiso dejar que la duda se impusiera y ordenó apoyar a Maduro en las elecciones que debían venir. Pero hoy el asunto no son sus órdenes, sino los obstáculos que parecen desviarlas.

Es evidente, que ya ni su palabra, ni su voluntad, están presentes. Pero los obstáculos tienen hoy más que ver con la desastrosa gestión de Maduro. Así es la política, los hechos la sancionan. En perspectiva, el balance del usurpador, ha abierto las esperanzas, no de Capriles, sino de otros cuadros de la revolución, de reciente éxito en lides electoreras. Pero como todas las perspectivas son aleatorias, no basta con que el Vice-presidente sea mediocre, en democracia a dicha mediocridad se le debe oponer una alternativa, ésta a su vez debe carburar en base a una lectura crítica del régimen, con proposiciones constantes y públicas. Algo que no ocurrió en la pasada campaña, así como tampoco está ocurriendo hoy, para desgracia de los demócratas venezolanos.

La debilidad política de Chávez radica en su soledad. Salvo a pensar que llegará el día, en que regresará y él se sucederá a sí mismo, hipótesis ésta tan incierta como ficticia, no solo desde un punto de vista médico, sino políticamente imposible por cuanto esa suposición pasa por una legitimación de su obra.

Tendría Chávez que, salir de su silencio, para eso regresó. Pero el obstáculo está allí y lo constituye el propio PSUV, cuyos líderes compiten por el puesto que deja el propio Chávez. Algo similar ocurre en el implotado movimiento opositor, en apariencia no muy interesado en exigir que Chávez hable, se muestre o se juramente, la prueba es los que lucen interesados y así lo han hecho saber ante el TSJ, son los miembros de la Sociedad Civil.

Por todas estas razones, es necesario que Chávez salga de su silencio político, pero el mismo sería posible si la causa del ayuno de palabras y de actos fuera el calendario de las municipales. Pero el obligado silencio tiene razones médicas de pronóstico reservado.

Se le está haciendo tarde al régimen para administrar la transición sin obstáculos, así la paradoja sea que, los impedimentos vienen de su propio seno. Igual de extravagante, resulta el hecho que la oposición no aparenta estar beneficiándose de lo que ocurre.

luisdelion@gmail.com

@LDeLion

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La dictadura de los violentos

Trino Márquez

Los chavistas redujeron la democracia a tres componentes: el acto de votar, el predominio de la ley de la mayoría y la participación en las organizaciones creadas por el régimen (organizaciones muy gubernamentales, en contraposición a las organizaciones no gubernamentales).

Los oficialistas constituyen algo más del cincuenta por ciento del país, pero se creen con el derecho de  aplastar a la otra mitad que los adversa porque logran contabilizar una proporción algo mayor de votos en las urnas electorales. No entraré a examinar  el ventajismo, los abusos de poder y todas las malas mañas  de las que se valen para obtener esa mayoría. Me limitaré a destacar que esa superioridad numérica y la legitimidad de origen que la acompañan, no le confieren al régimen imperante el talante democrático intrínseco a las democracias modernas. Para alcanzar este estatus hay que cumplir otros requisitos que el chavismo se encuentra muy lejos de satisfacer. Garantizar la vida y seguridad colectiva resulta esencial. En una nación donde los delincuentes se apropian de los espacios públicos y los jóvenes son despojados de las noches, es imposible que se ejerza la ciudadanía en los términos que demanda el sistema de libertades.

Los métodos utilizados por la cúpula chavista para mantener la democracia en terapia intensiva varían. Uno de ellos se manifiesta en su tolerancia, hasta la complicidad, con los criminales. El hampa se adueñó de las calles, avenidas, plazas y, desde ciertas horas, hasta de los centros comerciales, sin que el Gobierno tome ninguna iniciativa importante para acabar con el cerco.

El ominoso asesinato de Alejandro Fermín, hijo de Claudio Fermín, junto a los  centenares de muertes violentas que se producen en Caracas y muchas otras ciudades del país día tras día, rebela el proceso de descomposición de un país donde el Gobierno perdió la autoridad, el Estado de Derecho se extingue, la fuerza de las pulsiones atávicas se desataron sin ningún tipo de control y la delincuencia impone su ley, que es la del más fuerte, el más desalmado, el más violento.

Al lado de la criminalidad social encontramos la violencia institucional ejercida por la claque que busca suceder a Hugo Chávez contra la oposición. La agresividad irrespetuosa del chavifascismo viola otro principio de las democracias modernas: la tolerancia con el oponente. El miedo a perder el poder, la precariedad de Maduro, Cabello y Ramírez, la red de intereses subalternos que se han tejido en las Fuerzas Armadas y la descomposición generalizada de una casta que lleva catorce años disfrutando del período más prolongado de bonanza petrolera conocido por Venezuela, han desatado un nivel de virulencia inédito contra la Mesa de la Unidad Democrática y los líderes democráticos.

La cúpula chavista, a través de la Asamblea Nacional, desplegó una guerra de exterminio contra los diputados opositores, parecida a la que el hampa mantiene contra los ciudadanos. La etapa inicial contempla la aniquilación de Primero Justicia y Henrique Caprles. Existe una convergencia objetiva de intereses entre los herederos de Chávez y los delincuentes. Estos mantienen aterrorizados a los ciudadanos para que no salgan, para que renuncien a las áreas urbanas; aquellos tratan de paralizar, desarticular y desmovilizar a los sectores democráticos, con el fin de que el régimen se asiente y consolide sin la presencia de su máximo líder. Como no conocen otra forma de gobernar y ejercer la autoridad, apelan a un instrumento clásico del  fascismo: el uso de los poderes del Estado para imponer su dictadura. El objetivo consiste en pulverizar la MUD con el fin de que la transición se efectúe sin riesgos ni sobresaltos. Quieren  ir a unas elecciones donde el adversario sea una figura débil, fácil de vencer.

Padecemos la dictadura de los violentos.

@tmarquezc

El hierro de los sargentos

Trino Márquez

En la cárcel de Uribana se registran 58 muertes por una requisa “normal” –en los términos orwellianos empleados por la señora Iris Valera-  de la Guardia Nacional en ese centro penitenciario. Durante los catorce años del gobierno que iba a “humanizar” las cárceles ha habido más de cinco mil muertos por hechos violentos en los establecimientos carcelarios. Una población que se encuentra recluida, se asesina entre sí y en enfrentamientos con los cuerpos de seguridad, como en ninguna parte del mundo. Somos el país del planeta donde muere más gente en las cárceles. La Guardia Nacional ni siquiera se molesta en publicar un comunicado explicando los hechos, ni pidiéndoles disculpas a los familiares de los reclusos asesinados por la saña con la que actuaron los uniformados. Desprecio total por la vida y los derechos humanos.  La ministra de Asuntos Penitenciarios  responsabiliza  de los acontecimientos a Globovisión. En vez de ocuparse más de los problemas de los reclusos y menos de los asuntos del PSUV, pretende engañar a los desprevenidos con la vieja y cínica técnica de distraer para despistar.   La Asamblea Nacional designa una comisión que investigue el lamentable episodio. La ilegítima mayoría oficialista que domina el Parlamento excluye a la oposición del equipo investigador. Imaginen las conclusiones de esa comisión nombrada por el mismo partido político que encubre a la GN y mantiene en su cargo a una ministra que de casualidad sabe dónde queda Uribana, y en cuya gestión han fallecido en diversos motines más de quinientos presos.

El anciano déspota Raúl Castro, símbolo viviente de la tiranía más longeva y cruel de América Latina, tiene la cachaza de insultar a la oposición venezolana, en nombre de la “verdadera democracia” que viven los cubanos desde hace 54 años, cuando los partidos políticos fueron proscritos, la libertad de prensa sepultada, toda forma de oposición y disidencia prohibida por la Constitución y se impuso el pensamiento único con una religión de Estado que es el castromarxismo. Ese personaje patético, de una crueldad inenarrable, se atreve a denigrar de los demócratas venezolanos solo para complacer a los sargentos que se disputan la sucesión de Hugo Chávez y demostrar que la alianza con estos lugartenientes es tan sólida como el macizo guayanés. Ya sabíamos de la cercanía de esa asociación por los continuos viajes de Maduro, Diosdado y Ramírez a Cuba a recibir instrucciones de los hermanos Castro, especialmente del menor quien es ahora, junto con Ramiro Valdés, es quien controla los hilos del poder en la isla y mueve las marionetas venezolanas. La reciente foto publicada con amplio despliegue en la portada del Granma, donde aparece Raúl en pose de jefe e impartiéndoles órdenes a sus súbditos venezolanos, ya nos advertía de la renuncia total de los herederos a la soberanía y la claudicación frente al autócrata.

La actitud del régimen ante los sucesos de Uribana y el miserable discurso de Castro en la cumbre de la CELAC en Santiago de Chile, ratifican que los sucesores de Chávez optaron por empuñar los hierros contra la oposición. La ausencia total de carisma de estos mediocres personajes está siendo suplida por una actitud arrogante e insolente impropia de la política moderna, aunque típica de los gamonales que asolaron la Venezuela decimonónica. Desde el 2 de febrero de 1999 la política, en Venezuela, perdió uno de sus atributos característicos: constituir un espacio donde, en medio de la confrontación, los partidos y fuerzas encontradas  negocian y llegan a acuerdos sobre los temas y problemas más importantes de la nación. Hugo Chávez, con el propósito de distanciarse del talante negociador que había caracterizado la democracia después de 1958, convirtió la política en un campo de batalla donde se enfrentan dos enemigos irreconciliables, uno de los cuales debe pulverizar al otro.

Este estilo pugnaz se mantendrá durante un tiempo indefinido. Los acuerdos serán imposibles de alcanzar, al menos en materias importantes. A la oposición no le queda otro camino que consolidarse como alternativa de poder, con autonomía total. Los gestos conciliadores que provengan de su patio  serán rechazados  porque los sargentos carecen del brillo, autoridad y prestigio para dialogar con la oposición, sin desdibujarse.

Los hierros de los sargentos tendrán que ser enfrentados con mayor organización popular y más presencia en los lugares donde la gente lucha por sobrevivir a la hostilidad e incompetencia del régimen.

@tmarquezc

Desmoralizar para desmovilizar

Trino Márquez

 

Siguiendo las enseñanzas de Fidel Castro, los sargentos que controlan la cúpula chavista después de la partida hacia Cuba del comandante enfermo, han desplegado una estrategia basada en la intimidación, la descalificación, la desmoralización y la desmovilización de los sectores democráticos. Es un estilo que combina las lecciones del nazi fascismo con el valor agregado incorporado por el stalinismo durante las tres décadas de dominio del temible Koba.

La técnica parte de premisas básicas y simples, ya ampliamente conocidas: al adversario hay que asumirlo como enemigo, no como competidor en un campo donde puede ganarse o perderse según las reglas previamente acordadas; en tanto enemigo, es necesario demolerlo para lo cual el fin justifica los medios; estos cubren un amplio espectro: van  desde la amenaza hasta la agresión destructiva. Objetivo final: apaciguar al oponente; desmovilizarlo para que la autocracia luzca como si contara con el apoyo de los sometidos.

Norberto Fuentes, en su Autobiografía de Fidel, y Huber Matos, en Cómo llegó la noche, describen algunas de las maniobras urdidas por Fidel para aniquilar sus opositores o dirigentes que simplemente disentían de la orientación que el autócrata antillano le imprimía al proceso revolucionario. El paredón materializó el más cruel de esos procedimientos, sin embargo, no fue el único.

El temor a perder el líder de la “revolución bonita” y quedar sin brújula ni timonel, ha tornado a los dirigentes del chavismo que se disputan la sucesión en seres extremadamente peligrosos. El miedo aconseja mal. El martes 22 de junio un diputado oficialista -movido por el deseo de ser tomado en cuenta en ese bosque de brazos que se levanta cada vez que la bancada del gobierno adopta una resolución- agredió sin son ni ton a Julio Borges. Argumentó que actuaba en defensa del honor del Presidente convaleciente. ¿Puede entenderse semejante exabrupto? Darío Vivas, primer vicepresidente de la Asamblea Nacional, amenaza con allanar la inmunidad parlamentaria de los diputados que se retiraron del Hemiciclo el día que Nicolás Maduro presentó la Memoria y Cuenta del Presidente de la República correspondiente a 2012. Califica de inaceptable ese digno desconocimiento de la “autoridad” del heredero ilegítimo. Un grupo de oficialistas esparcidos por el gimnasio Papá Carrillo del Parque Miranda, intentó sabotear el modesto acto con el cual la oposición recordó el 23-E.

Cualquier actividad, movilización, denuncia, exigencia o simple reclamo, que realice la oposición es atacada sin piedad por el PSUV y el aparato comunicacional -financiado con fondos públicos- del que dispone el partido de gobierno. En la Asamblea Nacional, escenario natural en toda democracia para concertar acuerdos, resulta imposible dialogar con el bando gubernamental. A pesar de que la oposición  cuenta con más de 40 por ciento de los diputados, todas las comisiones importantes son controladas por el partido rojo.

La exigencia de nombrar una Junta Médica que verifique el estado de salud del caudillo o  la demanda de que sea un equipo médico el que informe sobre el estado en que se encuentra Hugo Chávez, son rechazadas porque supuestamente constituyen faltas de respeto al Presidente y expresiones desconsideradas de una oposición insensible y sádica.

Todos los procedimientos normales, lógicos y necesarios que forman parte de la rutina democrática y de las repúblicas constitucionales, han sido abolidos por la cúpula arrogante y retrechera del chavismo. Con la oposición se comportan como caporales, pero con los hermanos Castro y con Ramiro Valdés se vuelven mansitos. Exhiben la obsecuencia más abyecta. Van a Cuba a pedir consejos y ni siquiera los reciben en la casa de gobierno. Los atienden y les ordenan en una sala del aeropuerto de La Habana. Los gamonales comunistas no se molestan en elevar la jerarquía de esos “muchachos”. Les conviene degradarlos para que tengan claro dónde reside el centro del poder, que no es, desde luego, Miraflores, sino la capital cubana.

La misión desmoralización solo puede enfrentarse con resistencia, organización, movilización popular y defensa de principios democráticos inquebrantables. Ningún capataz se conmueve frente a la mansedumbre del peón. Al contrario, lo maltrata con sevicia.

La oposición tiene que retomar la calle. Somos casi la mitad del país. Lo que ocurrió el 23-E, no debe suceder de nuevo. La mitad de los venezolanos merecemos celebrar las fiestas democráticas en la calle, no en un coto cerrado.

@tmarquezc

El fraude del TSJ

Trino Márquez

La intervención de la Presidenta del Tribunal Supremo de Justicia en la que razonó su tesis de la “continuidad administrativa” y apoyó el acuerdo previo de la Asamblea Nacional,  pasará a la historia de la jurisprudencia nacional e internacional como una de las más descabelladas de las que se tenga memoria, incluso en la era chavista, en la que han abundado los dislates jurídicos. En un momento dijo que “solo el presidente Chávez puede decidir su ausencia”. ¿Hace falta algún comentario? En otro señaló que no se habían “configurado los elementos” para declarar la “falta temporal” prevista en el artículo 234 de la Constitución. ¿No se habían “configurado”, después de un mes sin que el Primer Mandatario apareciera por su lugar normal de trabajo, Miraflores,  y que solo se tuviese noticias de él a través de los confusos y contradictorios reportes leídos por el Vicepresidente y los ministros de Información y Ciencia y Tecnología? ¿Qué más habría tenido que suceder para que los miembros de la Sala Constitucional consideraran que existía falta temporal?

El TSJ actuó subordinado a los dictámenes de las corrientes del PSUV que se disputan el poder y la sucesión del Jefe de Estado. Fue el brazo ejecutor de la decisión adoptada en Cuba por los hermanos Castro que permitió encumbrar a Maduro como delfín del mandatario enfermo. Sirvió de lecho para que se concretara esa suerte de armisticio que existe entre el grupo que apoya a Maduro y el que respalda a Cabello. Dado que ninguna de las dos tendencias posee la fuerza suficiente para imponerse y desplazar al otro, el TSJ actuó como una plataforma de transacción entre ambas facciones.

Este rol de actor político al servicio de la cúpula chavista  lo desempeñó sacrificando la  estabilidad institucional del país, debilitando la figura presidencial y colocando la gobernabilidad de la nación en un peligroso trance. De nuevo se revela que en Venezuela no existe independencia ni equilibrio de poderes, sino una clara sumisión del Poder Judicial a los dictados del Poder Ejecutivo y de la alta dirigencia del partido oficial, en realidad la misma cosa. El veredicto se alinea perfectamente con los intereses cubanos, que deseaban colocar a Maduro en Miraflores, aunque solo fuese de manera incompleta y fragmentaria.

Destacados juristas demostraron con abundancia de argumentos irrebatibles, que el 10 de enero era indispensable calificar de temporal  la ausencia del Presidente de la Republica. De ese modo, se activaría el mecanismo de suplencia previsto en la Carta Magna. Como se sabe, desde el 9 de diciembre pasado el Jefe del Estado se encuentra fuera del territorio nacional, sin que hasta ahora el Gobierno haya presentado un informe médico detallado sobre su delicada situación de salud. El Vicepresidente asumió algunas funciones administrativas del Primer Mandatario, pero no las competencias plenas que la Carta Fundamental le señala al Jefe de Estado.

El 10-E, fecha de culminación del período presidencial y de inicio del siguiente, era propicia para despejar el camino constitucional y restablecer la plena vigencia de la figura presidencial.

No ocurrió así. El dictamen del TSJ deja al país en la incertidumbre, pues en los hechos no existe Presidente de la República con la amplia y compleja gama de atribuciones, competencias y obligaciones que indica de forma taxativa la Constitución. Esta indefinición es peligrosa para la vida institucional, económica y política de la Nación. Puede conducir a estados de anarquía y desajustes inconvenientes para la estabilidad nacional. En el plano internacional, también introduce factores de perturbación que podrían afectar los nexos de Venezuela con el resto del mundo, en un contexto y en una fase del desarrollo mundial en los cuales la seguridad jurídica es primordial en los vínculos  entre los países.

El fraude del TSJ reafirma la tesis leninista de la doctora Luisa  Estella Morales acerca de la unidad orgánica del Estado. En repetidas oportunidades la señora Morales ha afirmado que el Estado es uno solo y que la fulana independencia de los poderes es una ficción capitalista y burguesa concebida para ilusionar incautos.

El liderazgo nacional y la primera magistratura se ejercen en el marco del Estado de Derecho y la Constitución, que resulta indispensable respetar de manera rigurosa para impedir que la arbitrariedad y la usurpación se impongan.

@tmarquezc

¿Por qué golpean a Diosdado?

Trino Márquez

Todo habría sido de lo más sencillo: el 10 de enero en la Asamblea Nacional se declararía la ausencia del Presidente (re)Electo como falta temporal (Art. 234) y se designaría Presidente de la República, por un período inicial de noventa días, al Presidente de la Asamblea  Nacional. De esta manera se habría respetado la Constitución nacional y todo el país estaría conforme porque, a pesar de que la primera magistratura la asumiría Diosdado Cabello, enemigo implacable de la oposición, se estaría protegiendo el orden legal. No ha sido así. El régimen, con el aval de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, impuso la absurda tesis de la “continuidad administrativa”, carente de todo fundamento jurídico y lógico.

¿Qué se esconde detrás del exabrupto? En primer lugar, un golpe en la línea de flotación a las aspiraciones presidenciales de Cabello. Es evidente que el muchacho de los “ojos bonitos” no resulta del agrado de los hermanos Castro, quienes mantienen de rehén en La Habana al comandante venezolano. Los tiranos cubanos deben de suponer que el díscolo Presidente de la Asamblea Nacional exhibe demasiados signos de independencia. Que le gusta volar con alas propias, y que llegado el momento sería capaz de tomar decisiones autónomas que no coincidan con los intereses de los tiranos de la isla. Los Castro necesitan en Venezuela a un personaje que haya mostrado y demostrado docilidad, entrega y sumisión incondicional a sus designios. A pesar de la mansedumbre exhibida por Cabello durante las últimas semanas, este servilismo no ha sido suficiente para ablandar el duro corazón de los déspotas antillanos, quienes piensan en el petróleo venezolano en términos estratégicos. El oro negro es el oxígeno que le da vida a su desgastada revolución y los mantiene en el  poder.

El otro aspecto que se oculta detrás de la hojarasca es más tóxico: en este país se hace lo que a la cúpula chavista le da la gana. Hay que ablandar a los venezolanos y a la comunidad internacional, porque, llegado el momento -que será cuando Chávez falte definitivamente- aquí no habrá elecciones, sino que quien ejerza la  Presidencia de la República culminará el período presidencial hasta 2019. Así como se las arreglaron para justificar la absurda teoría de la continuidad, lo mismo podría suceder en el futuro con una eventual ausencia del comandante. ¿Para qué unas nuevas elecciones si ya el pueblo se pronunció el 7 de octubre por Chávez? Su heredero, Maduro, tendría que ser el continuador de su obra. Los antecedentes existen. Fidel designó a Raúl.  ¿Por qué no respetar la voluntad de Chávez, si este lo escogió  como delfín? No se correría ningún riesgo de ir a comicios con un candidato que no despierta ningún entusiasmo; que es más insípido que un helado de yuca.

Frente al atropello y fraude a la Constitución, la oposición   está obligada a actuar no solo por razones de principio, sino de supervivencia. Por supuesto que no es sencillo exigir que el Presidente de la Asamblea Nacional asuma la primera magistratura, tal como manda la Carta Magna. Ese personaje cada vez que se refiere a la oposición parece que antes hubiese tomado resina de tártago. No habla, sino que vomita bilis. Sin embargo, es a él a quien corresponde suplir la falta temporal del Presidente de la República. Y aunque sea una figura aborrecible, debe prescindirse de las consideraciones personales para focalizarse en las razones institucionales. Aferrarse a este axioma constituye la única forma de impedir que en el futuro inmediato el chavismo pretenda continuar violando la Constitución de manera impune.

La decisión del TSJ y de la Asamblea Nacional se colocó al margen de la Carta Magna. Frente al abuso, solo queda que la sociedad libre una dura batalla de resistencia y lucha por impedir que los excesos se consumen y repitan.  La debilidad del país frente a la embestida de la cúpula chavista propiciará que el arrollamiento continúe. La Conferencia Episcopal Venezolana señaló una ruta. Globovisión se la está jugando en la defensa de la democracia. La MUD, Antonio Ledezma, Henrique Capriles, varios abogados constitucionalistas  y muchos dirigentes nacionales, están dando la cara para impedir que los sargentos y legionarios de Chávez acaben con los pocos espacios de libertad que quedan. Les corresponde a los gremios, sindicatos, universidades, academias y organizaciones de la sociedad civil actuar.  Luego será muy tarde.

@tmarquezc

La presencia fantasmal de los hermanos Castro

Trino Márquez

Desde hace catorce años Venezuela se convirtió en una colonia de Cuba. Caso insólito, probablemente único en la historia del colonialismo mundial. Por primera vez un país con posibilidades de convertirse en potencia regional, se transforma en satélite de una nación arruinada, que después de 54 años de revolución no produce ni siquiera jabón, que importa 70% de los alimentos que consume y cuyos trabajadores perciben  un salario mensual cercano a 30 dólares. Según el PNUD, ese ingreso se encuentra muy por debajo de la línea de pobreza. A esa paupérrima nación el gobierno venezolano se ha subordinado hasta el punto de permitir que el Presidente haya sido, en los hechos, secuestrado, y que las decisiones políticas más importantes  las adopten los tiranos que la dominan desde hace más de cinco décadas. Que se sepa,  nunca antes un país había financiado y endiosado a su opresor. Hoy Cuba cuenta con un ejército de ocupación en el territorio nacional.

Los secretos de la enfermedad del mandatario venezolano solo los conocen  los Castro, mientras en Venezuela únicamente circulan rumores y se escuchan esos mensajes cifrados, incompletos y confusos que leen el Vicepresidente, el Ministro de Información y  el Ministro de Ciencia y Tecnología, designado para actuar como lazarillo del gobernante enfermo.  Nicolás Maduro fue nombrado sucesor de Hugo Chávez con la anuencia de los hermanos Castro. En estos momentos se discute allí la transición y se firma una especie de armisticio entre Maduro y Cabello, uno delfín de Chávez, quien ha construido su base de poder a partir de su lealtad incondicional al caudillo; el otro, hombre ambicioso que basa su fortaleza en la red que ha formado dentro del PSUV, el Ejército y varios grupos económicos.

Los hermanos Castro se aprovecharon de la idolatría adolescente que el mandatario venezolano siente por Fidel para retenerlo y teledirigir desde Cuba los destinos de Venezuela. Está claro que les interesa el petróleo. De los cien mil barriles que PDVSA les envía todos los días depende la sobrevivencia de una revolución caduca y sin ángel, que no sabemos con cuánto apoyo popular cuenta porque desde que los comunistas se instalaron en La Habana, nunca se han realizado elecciones libres con la participación de distintos partidos que representen diversas opciones ideológicas. La tiranía aplastó a los adversarios e incluso a la disidencia que en algún momento se gestó dentro de las filas del Partido Comunista Cubano. Los partidos están proscritos y la Constitución prohíbe cualquier tipo de oposición al régimen comunista.

La “isla de la felicidad” se mantiene herméticamente controlada por el poderoso y terrorífico aparato de  seguridad levantado por los déspotas.

La presencia invasiva  de los hermanos Castro ha sido uno de los signos más ominosos del irrespeto permanente al que se ha visto sometida Venezuela desde 1999. La enfermedad de Chávez ha servido para mostrar el grado de vasallaje del régimen ante los Castro. Bajo su conducción se trató el cáncer en la isla antillana con los resultados que estamos viendo. Los informes iniciales que se conocen muestran  que la primera operación fue un fracaso total. Los médicos antillanos se equivocaron en el diagnóstico y en la terapia. Intervinieron al paciente contra todas las recomendaciones sugeridas por los especialistas de mayor experiencia. Luego vinieron las otras tres operaciones que apenas lograron aliviar lo que la primera había descompuesto o maltratado.

Todos los magnicidios inventados por Chávez para desviar la atención de los problemas nacionales y concentrar la mirada en su figura, fueron puras quimeras. Lo que sí resultó cierto fue que la  impericia de las manos de los galenos cubanos le provocaron un daño que parece irreparable, Esta herida los hermanos Castro tratarán de disimularla. La labor de ocultamiento no se agotará en maquillar el verdadero estado de salud del comandante ingenuo. Ahora intentarán impedir que su medicina aparezca como responsable del desastre creado.

La presencia fantasmal de los Castro ha sido catastrófica. ¿Hasta cuándo la permitiremos?

@tmarquezc