Egipto: ¿Golpe de Estado o Revolución?

IMG_0806  Luis DE LION

Lo ocurrido la noche del miércoles 3 de julio, en Egipto, se pareció mucho a un golpe de Estado. No obstante, solo los derrocados, Mohamed Morsi y los Hermanos Musulmanes, utilizan dicha expresión. Otros prefieren celebrar una nueva revolución, dos años y medio después de la otra revuelta que sacó del poder a Mubarak, en enero 2011.

La situación corresponde a la definición de un golpe de Estado clásico. El ejército toma las riendas del país e instala a un personaje de su escogencia, el magistrado Adly Mansour en la silla presidencial. Cargo éste que ocupaba el primer presidente islámico electo democráticamente en junio 2012 y por ello, tenía el apoyo de las democracias occidentales.

Esa es la razón por la cual, Obama, expresó su “profunda preocupación”, luego de la destitución de Morsi, sin utilizar el término golpe de Estado. Washington y El Cairo, son aliados, los EE.UU. subvencionan el presupuesto de defensa egipcio con 1.5 millardos de dólares anuales.

El resto de las democracias occidentales están igualmente enredadas ante lo ocurrido.

Una revolución con la ayuda del ejército. Los 17 millones de egipcios en las calles de El Cairo y de las principales ciudades del país, saltaron de euforia luego de escuchar el anuncio del General Al Sissi. Tal y como lo pidieron por Mubarak, reclamaron la salida de Morsi y con impaciencia esperaron el fin del ultimátum dado por los militares al presidente.

Los titulares de la prensa egipcia fueron claros “Esto no es un golpe de Estado, es una revolución” “el régimen se derrumba, Tahrir se mantuvo firme”. Muchos analistas egipcios consideran que no solamente el ejército tomó el poder, es el “ejército del pueblo”. No ocurrió de madrugada, ni tomaron el ministerio de información con un comunicado bajo el brazo, como es la costumbre en estos casos.

Así mismo, el embajador de Egipto en Washington, Mohamed Tawfik, se une a aquéllos que consideran que lo ocurrido no fue un golpe de Estado, al señalar que “el ejército no tomó la iniciativa, fue una sublevación popular”

¿Un golpe de Estado democrático? Para el jefe de la redacción de Foreign Policy, Joshua Keating, existe una tercera opción. En un artículo titulado: “¿existen golpes de Estado democráticos? enumera siete criterios que podrían democratizar un golpe de Estado, aunque parezca “ridículo” (sic) en Egipto se llenaron al menos cuatro razones.

Queda por saber si realmente los militares van a preparar unas nuevas elecciones libres y si el poder real va a ser transferido a un dirigente democráticamente electo. En los meses que vienen podría completarse la lista de criterios. Mientras se mantiene la duda, en cuanto a si el régimen de Morsi era autoritario o totalitario. La elección de junio 2012, prueba lo contrario, pero la reforma constitucional, la ampliación de los poderes del presidente (a los cuales renunció más tarde) y las trabas a la libertad de la prensa, lo convirtieron en un autoritario desde noviembre pasado.

Prefiero resumirlo de la siguiente forma; hubo al mismo tiempo un golpe de Estado y un movimiento popular. La primavera árabe primero y ahora la confirmación. Emanciparse de cualquier régimen autoritario, parece ser el objetivo del movimiento popular egipcio.

Tomar el control absoluto del aparato del Estado y de la sociedad civil, para luego desmantelar integralmente el estado de derecho. La calle y los militares le dijeron no al plan de Morsi.

luisdelion@gmail.com

@LDeLion

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La campaña electoral de los fantasmas

 Teódulo López Meléndez 

El improperio contra el “paquetazo neoliberal” suena estridente en el discurso transmitido por los medio oficiales. Se ataca a alguien, no se sabe muy bien a quién, pero se ataca no se sabe a que “paquetazo”. Las “cuñas” de televisión muestran al presidente y sus bondades, como si el presidente se estuviese reeligiendo. Se entremezclan las publicidades y uno no sabe, ignorante como es, de qué campaña se trata y menos de que candidato.

Se anuncia que se recorrerá el país y se proclama se ha “raspao” a dos vicepresidentes. Se anuncian reuniones, se manifiestan preferencias sin manifestar preferencias, se asoman aspirantes sin asomar aspirantes. Se juega al lenguaje fuerte, como si el lenguaje fuerte produjese votos y no la comprensión del país existente.

Se anuncia como tranquilizante que no habrá ruptura, que la mesa no perderá una pata, que quien sea el elegido contará con todos. Ese tranquilizante huele a podrido, esa reiteración sólo quiere dejar claro que el ungido de ayer no es el ungido de hoy. Estar a estas alturas tranquilizando con esa banalidad de que habrá candidato único es un tranquilizante banal de hoy.

Se asegura que la oligarquía prepara un golpe. Se reitera en los alrededores del 27 de febrero, la fecha trágica del “caracazo”. Se inventan conspiraciones, se advierte que no se puede estar reposando mientras la derecha maquina en las profundidades oscuras de su tumba. Se abre una cacería para tener opciones a la hora de meter a alguien preso y reiterar que no se cede, que no habrá debilidades soltando presos, que la fortaleza recae, como siempre, en la amenaza y en la ejecución de algunas de ellas.

Hay una campaña electoral fantasma. Los fantasmas están en campaña electoral. Los candidatos son fantasmas. La situación del país es fantasmagórica. La política venezolana es un asunto de fantasmas. Aquí se baila una danza de fantasmas.

Esto es fantasmilandia. Nadie tiene la menor idea de cuando esta campaña fantasmal será real, de cuando será la fecha real de la campaña, de cuando procederán los dueños del poder a someternos a otra elección, esto es, de cuando esta campaña fantasma ratificará su condición de fantasmal.

En el mundo de los fantasmas no hay tiempo que apremie. Los fantasmas suelen ser burlones, irreverentes, gozones. Entre los fantasmas siempre es tiempo de campaña electoral. Las revoluciones deben estar siempre en permanente agitación, desafiando enemigos, amenazando con procesos judiciales, y si no existen se inventan porque la revolución necesita de un enemigo.

Los adversarios de la revolución viven de elecciones. Requieren de una elección para advertirnos que el candidato será único y para que algunos candidatos declaren que no aspiran ser candidatos. Sin elecciones dejarían de ser fantasmas. No tienen otro tema de que ocuparse sino de las elecciones. A un país de fantasmas lo único que le interesa son las elecciones fantasmales. Arguyen precaución para sumirse en la elección fantasmal, pero lo hacen repitiendo lo mismo de anteriores elecciones fantasmales. No se ocupan de un proyecto de país, de una concepción nacional, de una oferta competitiva. No, se ocupan de señalarse las fallas cometidas en la elección fantasmal anterior, porque todo se reduce a práctica electoral fantasmal.

Los muestreos de opinión se ocupan de la elección fantasmal. Esa es su especialidad y ejercen su función, algunos con seriedad y otros con evidente falsedad. Algunos muestran cifras impresionantes de cuáles serán los resultados, porque en elecciones fantasmales no hay mucho a dilucidar y menos si se entiende la verdad del país, pero automáticamente aparece el payaso -entre los fantasmas también hay payasos- a alegar a favor de alguno de los aspirantes y calificarlo como ‘sobrao”, no sabemos si para buscar rima con vicepresidentes “raspaos”.

Este país es una fiesta de fantasmas. Aquí sabemos que hay fiesta de fantasmas porque los fantasmas suelen ser ruidosos, ocultar bajo su manto transparente fechas y estados de salud, intríngulis y maniobrillas, mientras se lanzan en la campaña fantasmal contra adversarios fantasmas.

Este país es irreal. Asiste a la fiesta de los fantasmas y se hace  fantasmilandia.

tlopezmelendez@cantv.net

El regreso del padre

 Teódulo López Meléndez 

En las sociedades que han adoptado un padre todo gira en torno del padre. Stalin era el padre de todas las Rusias, era el “marido” de “mamá” Rusia. A comienzo del siglo XX venezolano Juan Vicente Gómez era el “taita”, el padre protector que castigaba a sus “hijos malos” con el exilio, la tortura o los trabajos forzados, pero desde su aspecto bonachón “premiaba” al país con su presencia que transmitía seguridad, porque aquella sociedad necesitaba a un padre más allá de la bondad o de la maldad.

En psicología social se ha analizado como se gira en torno del padre, para amarlo u odiarlo, pero todo gira en torno del padre. Si el padre regresa, se duda del regreso. Si el padre está enfermo, se duda de su salud. Si el padre ha vuelto se celebra con cohetes. Si el padre ha vuelto la ausencia se asimila a un ínterin que fue necesario para el regreso del padre.

Quienes odian al padre dudan de su regreso, pero la certeza de quien marca la agenda y decide los destinos viene dada por la oportunidad de dudar del regreso del padre. Quienes aman al padre recobran el aliento a pesar de sus ambiciones por la posibilidad de una herencia. El regreso del padre calma a los herederos, los devuelve a la realidad de la presencia del padre.

Las sociedades que, para amarlo u odiarlo, han caído en el giro alrededor del padre lo miran como el vínculo necesario para toda conversación o expresión. Es el vínculo, es la esencia primaria que organiza el mundo interno de la sociedad infantil. Odiándolo o amándolo aquel padre es una garantía para la vida cotidiana, ¿de qué otra cosa podría hablarse sino del padre?, ¿qué otro elemento de pervivencia podría animarla sino es el padre?

En psicología social el padre de la sociedad infantil es la firmeza, la decisión y el amparo, porque toda sociedad infantil que ha adoptado un padre para su cotidianeidad es una sociedad desamparada y el padre, odiado o amado, es el lazo, es el enemigo o el amado sobre el cual todo gira, el vínculo cohesionador de una sociedad infantil asustada que requiere del padre.

Es obvio que una sociedad con padre tiene vínculos deficitarios, carece de una personalidad madura y está predispuesta a patologías. Una sociedad con padre tiene deficiencias de personalidad. Una sociedad con padre, para amarlo u odiarlo, tiene en el fondo un temor de perder al padre porque intuye que una sociedad sin padre sería una sociedad de la violencia. Una sociedad con padre carece de imágenes alternativas que le transmitan seguridad y ha perdido todo vínculo con lo “sagrado” por lo que necesita a un padre.

El padre encarna el sentido programador, otorga pautas, por lo que, cuando el padre regresa, la sociedad infantil respira hondo pues reencuentra un carácter relacional –los psicólogos sociales dirían transaccional- lo que significa que ha vuelto la pauta, esto es, el sentido de todo el uso del lenguaje que girará en torno al padre, de una conducta resuministrada para odiar o amar, la vuelta  del planteamiento fundamental en torno al cual respira la sociedad infantil que consciente o inconscientemente ha adoptado a un padre.

Hay un desorden psico-social que conduce a la angustia, pues la sociedad infantil no tiene referentes, sólo el padre. No puede haber pensamiento crítico ni discernimiento ético en una sociedad con padre. Autoridad viene de auctor, el que crea, aquél que crea las causas y origina.  Las sociedades con padre, odiándolo o amándolo, respetarán al padre.

El padre ha vuelto. Era absolutamente obvio que el padre volvería. Las discusiones seguirán girando en torno a la salud del padre, en torno al padre que no se ve, en torno a cómo sería el proceso de declaración hereditaria, a cuánto tiempo aún nos acompañará el padre. No es tema para juristas ni politólogos, es tema para psicólogos sociales mirar a la sociedad infantil que, por ahora, ha recobrado al padre.

Freud no era psicólogo social. Edipo no está en agenda.

tlopezmelendez@cantv.net

De cuando las imágenes no disimulan el vacío

 Teódulo López Meléndez 

El Miércoles de Ceniza el renunciante Benedicto XVI dio algunas claves sobre la verdadera situación al señalar que “el rostro de la Iglesia aparece muchas veces desfigurado”, precisando se refería a las divisiones en el cuerpo eclesial.

Las especulaciones, y hasta contradicciones, entre voceros vaticanos y L’Osservatore Romano, el establecimiento de listados de papábiles y hasta la apertura de las casas de apuestas sobre el presunto sucesor, pasaron a segundo plano ante la admisión un tanto camuflada de las profundas fisuras que atraviesan a una estructura de poder mantenida por siglos.

No son secretos los escándalos vaticanos, desde los bancarios hasta los de espionaje, como en el caso del mayordomo infiel filtrando documentos. La insidia y las luchas por el poder se compaginan con la supuesta beatitud del pequeño Estado de grandes intereses económicos y de soterradas batallas.

Ratzinger, en este memorable Miércoles de Ceniza, puso de manifiesto la hipocresía –esa fue la palabra utilizada- en cuanto a actuar sobre las conciencias e intenciones propias. Quién padeció el Vatileaks sabía perfectamente de la soledad y de la impotencia. Subrayando el individualismo y las rivalidades en el seno de la Iglesia, creemos Ratzinger no dio muestras de impotencia o debilidad al renunciar, más bien demostró un coraje personal más allá de lo que se le suponía, al tiempo que daba una demostración de poder, porque dominio del poder también se da cuando se renuncia a él.

Es inevitable ir hasta quizás el más respetado teólogo vivo, el Hans Kung de ¿Tiene salvación la Iglesia? donde señala como causa fundamental del mal lo que denomina el sistema romano de dominación, definido en su texto como monopolio de poder, juridicismo, clericalismo, aversión a la sexualidad y misoginia y el empleo espiritual-antiespiritual de la violencia, todos siempre en la base de los grandes cismas del cristianismo.

En otros de sus libros Hans Kung señala como el papado se fue transformando desde el siglo XI en un ejemplo monárquico-absolutista. Es el teólogo el que lo señala: la Iglesia está enferma y cabe preguntarse, con todos los límites y diferencias del caso, si la enfermedad de Europa no se le asemeja. Es aquí donde al que se señala como débil Ratzinger es posible se nos haya manifestado como el fuerte Ratzinger, pues su renuncia rompe con lo definido como “sistema romano de dominación”. Sobre la cabeza de todos los sucesores de Benedicto XVI  pesará este gesto.

Quizás deberíamos dejar de lado ese cúmulo de expresiones de lugar común sobre la humildad, admisión de limitaciones y demás hierbas que han abundado estos días, para decir que con su gesto Ratzinger ha desacralizado el cargo de Papa y ha realizado una acción de gobierno cuyas implicaciones veremos a la larga. Después de una renuncia papal cualquier otra cosa es posible. Lo menos a esperar es la Iglesia comience a deslastrarse de los vicios de poder, aunque asistamos ahora, en lo inmediato, a los conciliábulos para hacerse con el gobierno.

Hay un mensaje a Europa toda. No puede seguir siendo como fue. No dejan de llamar la atención las reacciones de los líderes europeos centrados en consideraciones secundarias y sin darse cuenta que desde el Vaticano un aparente Papa derrotado les ha mostrado con hechos que existe una mutación profunda, que un viejo mundo muestra los síntomas inequívocos de su erosión y que lo primero a admitir es que ya no se puede seguir siendo como se fue.

Quizás la referencia que hago ahora, entre decisiones trascendentales y mensajes de una fuerza no percibida en toda su magnitud, suene un tanto inoportuna, pero la intervención de la Secretaria General de las Juventudes Socialistas en la reunión de su Internacional en Cascais, Portugal, tiene una relación, porque esa chica le señaló a los líderes políticos su hipocresía, su arraigo a un mundo que se cae, sus espaldas como respuesta a las exigencias de la juventud europea. Beatríz Talegón, con su lenguaje propio y su indignación no disimulada, dejó claro ante unos líderes agotados, lo que es obvio: no es sólo la gran institución de occidente llamada Iglesia Católica la que se muestra en agotamiento, lo es Europa toda, cuyas crisis económicas y políticas lucen insignificantes ante lo que es su verdadero drama: una profunda crisis existencial.

Benedicto se va en helicóptero desde el Vaticano a Castel Gandolfo en una imagen que recuerda como salen los presidentes argentinos caídos desde la Casa Rosada hacia la residencia de Olivos. Ya las imágenes no disimulan el vacío.

tlopezmelendez@cantv.net

La revolución iconodula

 Teódulo López Meléndez 

La veneración de imágenes no dejó de ocasionar problemas en la Iglesia Católica entre iconoclastas e iconodulas. El Imperio Bizantino fue testigo de las más duras batallas entre quienes se inclinaban por la adoración de las imágenes y quienes se oponían. Leon III se oponía, duro iclonocasta, cuyas posiciones condujeron a la definición que miramos: dulía, veneración, imágenes, iconos.

No asalta el recuerdo de esa vieja lucha por la tierna fotografía de los portadores de vírgenes que nos regaló el breve período entre la declaratoria del carnaval el 4 de febrero y el momento de anuncio de la devaluación del bolívar. Es la primera vez que se ve a un Ministro de Relaciones Exteriores y a una Procuradora General de la Nación portando vírgenes mientras flanquean a un vicepresidente. Y sin portar capuchas como en las procesiones de una Sevilla cualquiera. Es verdad que el rito católico diferencia entre iconodulia  e idolatría, permitiéndose la advocación de la Virgen María en diversas versiones, aunque sí sea considerada práctica idolátrica la adoración de dioses de otras religiones muy distintas, tal como la que se identifica con el titular de un “proceso revolucionario”.

En fin, que en un país donde se sucede de todo para que nada cambie. Los indios pemones de nuestra Amazonía repitieron la captura de unos cuantos soldados exigiendo algunas reivindicaciones, lo que bastó para levantar otra idolatría, la del héroe inesperado que anida en la mente de una sociedad venezolana de caracteres psicológicos débiles. Tema pemón es muy complejo. Implica minería ilegal, sobrevivencia, bandas armadas, deterioro ambiental, reclamo de derechos ancestrales, pero la situación fue simplificada no sabemos si como gesto de humillación hacia las Fuerzas Armadas o como reivindicación psicológica de una frustración evidente.

Las llamadas a los pemones y a sus cojones se multiplicaron como panes, tal vez como exigencia de milagro anticipado en la Cuaresma, desconociendo las complejas aristas de un problema muy serio. Sin entrar en esos intríngulis lo que queremos señalar es que la psicología venezolana de la búsqueda de un héroe, es una extremadamente peligrosa, pues nos atrevemos a apuntar que si las circunstancias mundiales fuesen otras ya lo habría encontrado.  Implica además un trasfondo psicológico implícito en sociedad venezolana de hoy: Apareció el valiente q nos va a solucionar todo Yo no, el héroe, lo que es reflejo de una quietud volitiva absoluta y total.

Y llegó la devaluación del signo monetario entre quejas por las constantes negativas previas, como si una devaluación pudiese ser admitida o anunciada, cuando la única verdad es que debe ser negada y sobre todo ejecutada en la proximidad de un fin de semana y mejor si seguida de un largo feriado bancario. A manera de ejemplo señalé en las redes sociales que si el Papa tuviese que devaluar juraría por Dios que eso no le ha pasado por la cabeza jamás o el caso del aquel ministro inglés de Finanzas que salió de una rueda de prensa negando rotundamente la devaluación de la libra esterlina para dirigirse a su despacho a firmarla.

La devaluación estaba prevista por cualquier analista medianamente enterado, ni siquiera del estado de las finanzas públicas, digamos de alguien que ha visto el gasto público creciente y necesario para ganar elecciones y, admitamos, para cubrir los exigentes programas de subsidios sociales del régimen. Cualquiera que hubiese ganado las elecciones presidenciales iba a enfrentar la decisión de igual manera, ante un signo monetario evidentemente sobrevaluado y ante un hueco fiscal cuya magnitud desconocemos con precisión.

Lo que más llama la atención, una vez más, es la devaluación total del lenguaje. En el país venezolano se puede ya decir cualquier cosa, pronunciar la frase más atrabiliaria, argumentar con una barbaridad, puesto que la reacción será repetirlas o creérselas. La colección de frases es de fantasía, desde “esta es una medida para proteger los dólares del pueblo” hasta la personalización en el vicepresidente Maduro de la hechura de la medida, lo que de paso lo reconoce como autoridad en ejercicio. Desde la eliminación en los medios públicos de ciertas palabras, como devaluación o paquetazo, sustituidas por ajuste y lucha contra las agresiones, hasta comunicados de condena a un hecho de política monetaria sin hacer la más remota referencia económica.

Habrá más inflación, el poder adquisitivo del bolívar se desploma, las arcas oficiales se inflan, en fin, todas las consecuencias propias de devaluar una moneda.

Nos queda la inconodulia confundida con idolatría, los indios pemones elevados al nivel heroico y una población disfrazada en carnaval de compradora de electrodomésticos. No parece mucho. Lo parecerá cuando salgamos a comprar comida a los nuevos precios.

tlopezmelendez@cantv.net

Mi reino por un Cabello

 Teódulo López Meléndez 

Ha aparecido el rey. Ha aparecido el cadáver del rey. Ha sido encontrado debajo de las pesadas lápidas donde se suponía estaba, rodeado el lúgubre lugar por una pared roja. “Feo, jorobado, deformado, mutilado”, se escuchó gritar en Stratford-upon-Avon, como en The Life and Death of King Richard III. Los habitantes del lugar corrieron ante el grito y encontraron que su más ilustre paisano era el responsable de haberlo proferido, dado que la sentencia contra quien moviese aquellos restos había cambiado ligeramente de lugar.
Ha aparecido el cadáver de Ricardo III. Uno vuelve a ver al inolvidable Fausto Verdial colgando de un andamio en aquellos tiempos de la Compañía Nacional de Teatro de Venezuela profiriendo amenazas contra el rey Eduardo IV.  Son los tiempos de las conspiraciones. Ricardo contra su hermano Jorge para recluirlo en la Torre de Londres y eliminar a quien le precede como heredero al trono. Son los tiempos de los muertos, marido y padre de Lady Ana, para tomar para sí la doncella.

Es Ricardo III, aseguran patólogos y universidades. Ha salido de los siglos y como en la batalla de Bosworth Field los muertos que bien mató le gritan: “Desespera y muere”. Ese año de 1485 cuando Enrique Tudor le da muerte paga todas sus culpas. Cuenta William Shakespeare que sólo en medio de la batalla llora desconsoladamente gritando: “Un caballo, un caballo, mi reino por un caballo”.

Tiempos aquellos de permisividad y descontrol. Algunos aseguran que también el carnaval lo es y que por eso se usan máscaras. El carnaval se puede rastrear hasta 5 mil años de distancia y pasearse por las saturnales y las lupercales romanas hasta cuando navegantes portugueses y españoles lo trajeron hasta estas tierras denominadas en el pasado “de Gracia”.

Fue Río de Janeiro el más grande carnaval del mundo, hasta que al fin llegó la admisión de que tal récord había pasado a Caracas, pues otra cosa no fue la visita de Lula Da Silva a La Habana ataviado con una relampagueante guayabera roja. Caracas, desde hace unos años, inaugura su carnaval el 4 de febrero con aviones rusos sobrevolando los cielos y tanquetas adornadas con banderas alusivas y unos disfraces que causan la envidia de las escolas de Samba. Con un poco menos de cabello Diosdado ha podido alegar estaba disfrazado de Marcos Pérez Jiménez.

Sin embargo, este país holográfico -con dudas si llamarlo caricatural- no se conforma con el desplome de Rio y avanza sobre París. Este 4 de febrero hemos visto los Estados Generales convocados para anunciar el vicepresidente que el presidente de la Asamblea Nacional ha diseñado la nueva gorra oficial, la que estará presente para distinguir a Caracas como la nueva capital de la moda mundial, como símbolo perenne de la agitación y de la amenaza. Ni en París en 1789 se realizó anuncio tan trascedente.

No ha sido el hecho de Luis XVI destituir al ministro Necker. La ceremonia más bien parecía de celebración de uno nuevo, la de Elías Jaua como Canciller. Inválidos sí, con todo y alguna dama disfrazada de princesa enseñando al pueblo un seno del cual amamantarse. No se celebrará al año siguiente la demolición de la Pastilla. Aquí se ha convertido al Museo Militar en la Toma de la Pastilla y para ello se ha fijado el 14 de julio como la real de las elecciones locales de alcaldes y concejales, una postergada una y otra vez, en abierta violación de todo, porque una vez tomada la Pastilla “los revolucionarios nos tomamos la Pastilla cuando nos de la gana”.

París tiembla. Ha sido desplazado como cuna de una memorable revolución. El nuevo 14 de julio tendrá como escenario a Venezuela, con unas elecciones para los cuales se modifican circuitos y se complace al partido gobernante para que tenga tiempo de elegir a sus candidatos. El 14 de julio será venezolano. Ya la oposición anuncia, con ese carácter que hace temblar las piedras, que se harán primarias en el pintoresco municipio caraqueño de El Hatillo, mientras todo lo que se observa indica que tendrán un nuevo retroceso.

Quizás uno confunda las fechas. Quizás este ditirambo de vicepresidente mostrando la gorra diseñada por su socio en el poder, más la reaparición de Ricardo III, más la inauguración oficial del carnaval 2013 el memorable, por sangriento, 4 de febrero y elecciones un 14 de julio para usurpar a París la Toma de las Pastilla lo hayan a uno confundido y ya uno no sepa si es Shakespeare el que pone a gritar al usurpador “mi reino por un Cabello”.

tlopezmelendez@cantv.net

El país holográfico

 Teódulo López Meléndez 

Caracas está aquí. Uno la puede percibir en todos sus sonidos y olores. Es falso que haya dejado de existir. Uno puede ver las bolsas de basura amontonadas y oír el incesante corneteo de los ciudadanos por cualquier nimiedad, apresurados como van a no se sabe dónde, haciendo uso de su cornetas porque una anciana esté cruzando la calle.

Para no tener dudas uno mira hacia el norte y allí está la montaña mágica, el Ávila, aunque sus colores no coincidan con la hora, tal como nos tiene habituados.

Todo está en orden, la ciudad está aquí. Uno cruza hasta el supermercado y la escasez es brutal y la inflación un inmenso mamut. Los portugueses de la panadería se las arreglan para hacer el producto, aunque sepa a todo menos a harina de trigo. ¿Quién ha osado decir que la ciudad ya no está? Baste comprobar los motociclistas exigiendo paso y atropellando, abusivos y sin ley.

Baste salir un poco o conversar con los conocidos para enterarse de los últimos asaltos. No se logra entender quien ha osado proclamar que esto ya no existe. Baste ir al kiosco del vecindario para enterarse de las últimas intemperancias y de la violencia política.

Admitamos que la ciudad ha sobrevivido, pero que ha quedado aislada, que ha sido levantada como un último recuerdo. Veamos al país. Entonces uno verifica los accidentes de tráfico diarios por el mal estado de la vías o se sugiere un viaje al litoral central para reposarse en la playa y encuentra la misma vieja autopista agotada de la época perezjimenista y los nuevos edificios de la “Misión Vivienda” como una reproducción de la época soviética, pajareras atravesadas allí para connotar que será imposible algún desarrollo turístico futuro.

Debe ser un error. Volteemos la mirada hacia oriente u occidente. No hagamos caso de los reportes de los amigos. Son unos exagerados. El país existe. ¿Quién se atrevió a decir que había desaparecido?  Baste mirar al gobierno con su juego sobre la salud del presidente y observar cómo se alimenta con los sucesos de abril de 2002 en el mismo instante en que se niega una solicitud de gracia a un hombre enfermo apellidado Simonovis.

Es falso de toda falsedad que el país no exista. Está aquí, lo vivimos, no hay piedad. El país se alimenta de una cotidianeidad morbosa, de un deterioro establecido como norma. Uno recurre a la tecnología y todos los mapas muestran que existe, no ha desaparecido, es uno sin calidad de vida, quizás deberíamos decir que sin vida.

Sólo que las dudas asaltan. Si el país es real ¿cómo resulta imposible e inmodificable? Uno mira entonces las noticias para verificar que se suceden. En efecto, hay sucesos, los políticos declaran, el gobierno no gobierna, la oposición no hace oposición, todo se mueve para quedar en el mismo sitio. El país parece vivir en la más absoluta normalidad. ¿Cómo puede alguien dedicarse a verificar que existe? Claro que existe, los coches abruman y ya no caben, la gente va por las calles, la gente compra lo poco que se consigue, sus voceros públicos hablan. Una constatación mayor lleva a encender estaciones de radio y televisión y se puede ver que funcionan, los teléfonos suenan, hasta el clima parece ser el habitual de estos primeros meses del año.

La explicación debe estar en otra parte. Alguien ha incurrido en una suplantación. Esto no existe. Debe estar atravesada alguna patraña. Esta presencia debe ser falsa. Esto no puede ser real porque carece de espíritu. Las voces son repetitivas. No hay una ruptura que indique un cuerpo vivo. Esta realidad supone una monotonía no propia de un organismo que mueva adrenalina. Hay que averiguar que sucede. Esto parece, pero no es. Esto tiene todas las características de un simulacro, de una falsificación.

Hasta que al fin damos con el hecho. Alguien se llevó a la ciudad y al país. Alguien, con propósitos altruistas, de detener el deterioro, nos dejó una versión holográfica para impedirnos ver como seguimos cayendo. Esa alma caritativa nos impuso una visión holográfica de cuando aún era posible subsistir. Lo que ahora tenemos es un país holográfico y no estamos muy seguros las holografías sean modificables.

tlopezmelendez@cantv.net