Diálogo y confusión – Luis DE LION

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Nicolás Maduro, de manera recurrente, ha mostrado la poca convicción que tiene por el diálogo con la MUD. Por su parte, la vocería de la Unidad opositora, insiste en que el diálogo es un camino difícil e indispensable que se debe seguir. Entre ambas posiciones, una realidad, que condiciona la legitimidad del régimen castrochavista.

Ninguno de los respectivos voceros ha logrado transmitirle a la opinión pública ni el vigor, ni el empuje que esperaba la sociedad, luego de tres reuniones entre Gobierno y oposición. Hasta ahora el régimen ha lucido satisfecho, hasta orgulloso, de las buenas intenciones que de manera repetida proclama. Curiosamente, suena a discurso de campaña electoral.

La última reunión pareció haber dejado completamente de lado su objetivo inicial, que no era otro que avanzar a paso firme hacia un proceso de Amnistía. De lo que se trataba, era progresar en el plano de los que están presos, procesados e impedidos de regresar al país. Pero el régimen, prefirió ampliar el tema, llevándolo al terreno de la dimensión propagandista, al utilizar con su presencia en el diálogo a la “Organización de Víctimas de los Hechos del 11 de Abril de 2002”. De esa manera dejaba claro el régimen, que su supuesta prioridad, no tenía casi nada que ver con el tema de la reunión.

De golpe, en la boca del Vicepresidente la prioridad era otra. La prelación, como una suerte de cuenta pendiente. De esa manera entraba el diálogo de lleno en el absurdo. Sin ninguna consideración por la gravísima realidad del país. El régimen parece haber escogido cuales son sus prioridades. Una banalización, despreciando así el más elemental respeto por todas las víctimas, sean las del 11 de abril, como los actuales y las que lamentablemente, están por venir.

La confusión, ha quedado instalada. El diálogo, en menos de un mes, cayó en la trampa de la falta de consideración, en un momento crítico, en el que el régimen le ha pisado el acelerador a la represión y a la persecución de las ONG defensoras de los Derechos Humanos, así como a sus voceros y también a los abogados defensores de las víctimas.

Dicho esto, es evidente que el llamado diálogo, no esté alcanzando entre la opinión pública, me refiero a la sensata, el reconocimiento y apoyo, necesarios para la búsqueda de resultados que involucren los principales factores políticos del país.

De esa manera, por más que ambos sectores muestren preocupación, porque el diálogo produzca resultados, no basta con anunciarlo, sin haber hecho el análisis del estado actual del país. En particular el régimen, luce muy mal al momento de aplicarle remedio a los males que aquejan a la Nación. De allí, la irresponsabilidad de mantener, en estos tiempos, un discurso electoral. Grave error en el cual también ha caído la MUD.

La confusión echa raíces, se apoltrona. A la oposición su falta de coraje. Al régimen su ilegitimidad y el mal uso de la autoridad. En efecto, constituyen las fuerzas autodestructoras de ambas partes. Una realidad política dislocada.

Decir esto me coloca en el papel del radical, del divisor, en fin, del enemigo. Pero solo a los ojos de los que hacen comparsa interesada, de los miembros de la secta del statu quo.

La esencia cívica de cada uno de nosotros, no aspira a que el diálogo sea un fracaso. Personalmente no milito en el sectarismo de los socialistas. Espero simplemente actos. Sin arrogancia ideológica. Ni bolivarianismos religiosos, ni fomentando diferencias entre clases.

Podemos soñar con que algún día se logren los objetivos reales del diálogo. Así sean los mínimos. De momento, hay una prudencia que se asemeja más a un desinterés político. Hará falta, no me cansaré de repetirlo, un liderazgo político con audacia, con inagotable voluntad, para derribar los obstáculos que el régimen y algunos opositores van a colocar en el camino. Todo ello convencidos, de forma clara y sólida, que es la primera etapa de la reconstrucción de Venezuela.

Habrá que ir más rápido y con más fuerza. Tendrán la palabra los demócratas concientes de éste imperativo.

luisdelion@gmail.com

@LDeLion

*  Artículo publicado originalmente en el diario El Universal: http://www.eluniversal.com/opinion/140502/dialogo-y-confusion

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Entre La Habana y Washington – Luis DE LION

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A pesar que en estos últimos días haya bajado un poco la intensidad de las protestas que comenzaron el pasado 12 de febrero, los estudiantes y una parte de la oposición, han mostrado que no han perdido su combatividad. Una manera de confirmar el cambio radical y duradero en el modo de hacerle oposición al castrochavismo, en particular después de los resultados electorales en entredicho que llevaron a Maduro al poder el 14 de abril del 2013.

Los estudiantes confrontan a un régimen que dispone de todo el arsenal del Estado como amenaza suprema, pero al mismo tiempo, se enfrentan a un régimen sin piso popular, con divisiones internas, cada vez más crecientes.

La violencia y la saña con que el régimen ha reprimido la protesta ciudadana, ha servido para confirmar que Maduro, es el hombre de La Habana. Que dispone de una sola estrategia. Un presidente mal elegido, que no ha hecho otra cosa que multiplicar su agresividad, encerrándose cada vez más, en sus anatemas.

Tanta ineptitud, terminará por contrariar hasta a sus partidarios. Tanto odio mezclado con torpeza, no puede explicarse sino por la voluntad constante de provocar el caos.

Es en ese contexto, que una parte de la oposición representada por la MUD, acudió el martes pasado, a un segundo encuentro con representantes del régimen, luego que quedó demostrado en el primer encuentro televisado en cadena nacional, que Maduro, es incapaz de hacer la más mínima proposición constructiva. Sorprende la actitud de la MUD. Ese entusiasmo por aceptar, el desprecio, al límite de la confrontación, ignorando el tema de la injerencia cubana, hace que ese sector de la oposición reunido en la sede de la vice presidencia, luzca en situación de debilidad en la relación de fuerzas con el régimen.

Sería terrible que dicho raquitismo político de la MUD, sea producto de la sorpresa ante la amplitud de la protesta ciudadana.

Antes que comenzaran los encuentros entre Maduro y la MUD, ese sector de la oposición parece no haber calculado, ni mucho menos, imaginado las medidas que tomaría ni cual sería su actitud en caso que, como a todas luces ocurrirá, no avancen, ni progresen las discusiones con el régimen.

La estrategia de, no colocar como condición primordial, la liberación de Leopoldo López y de los alcaldes Enzo Scarano y Daniel Ceballos, así como la reincorporación de la diputada María Corina Machado, le pareció a la MUD que le permitiría esperar una mejor cooperación por parte de La Habana, al tiempo que voceros de la MUD, en una suerte de esquizofrenia política, llaman a seguir protestando.

Todo justo cuando, el secretario de Estado, John Kerry, expresaba el martes 8 de abril, el respaldo de Estados Unidos a la misión de Unasur que promueve el diálogo entre el gobierno y la oposición: “Actualmente apoyamos mucho los esfuerzos de mediación de un tercero dirigidos a tratar de parar la violencia y ver si se logra un diálogo honesto”. Ello en contraste, a lo señalado el pasado 27 de marzo, por la secretaria de Estado Adjunta para el Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson: “Estados Unidos no descarta ninguna posibilidad de ejecutar sanciones en el futuro, pero soy enfática en descartar cualquier posibilidad de intervención militar”.

Ese escenario, el del “diálogo honesto” le permitiría al país, a decir de cierto maniqueísmo de opinión vernáculo, escapar de la alternativa catastrófica, que ellos mismos anuncian, entre diálogo o guerra civil.

Pero un diálogo realmente honesto debutaría por asumir la verdad del dominio cubano, de modo sistemático, como bandera fundamental de lucha. La tradición negociadora, la juridicista, impone el tema soberanía como un principio básico para cualquier negociación. Pero la MUD no está siendo ni realista, ni pragmática, al negarse a hablar de la insoportable injerencia cubana.

No comprendo, ese empeño, de la MUD, en exigirle al régimen un esfuerzo, en gestos de menor costo político.

Seguiremos esperando, mientras en lo inmediato se impone como prioridad mantener la protesta, la resistencia ciudadana, hasta hacerle comprender al régimen que la detención de Leopoldo López, de Enzo Scarano y de Daniel Ceballos, es un abuso inaceptable.

Dialogar con el régimen de Maduro, nunca lo tuvo, ni tendrá sentido alguno, sin la participación en las negociaciones de Leopoldo López, María Corina Machado y el liderazgo estudiantil.

No hay razón para dejar que la propaganda del régimen perpetúe el mito de la oposición buena y la oposición mala. Aceptarlo es una aberración política.

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*  Artículo publicado originalmente en el diario El Universal: http://www.eluniversal.com/opinion/140419/entre-la-habana-y-washington

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Diálogo de todo y de nada – Luis DE LION

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La cohabitación con el régimen chavista se hizo norma a través del acuerdo al que llegaron oposición y gobierno el 29 de mayo del 2003. Dicha coexistencia tenía un objetivo estrictamente electoral. Luego vino el statu quo, así se desembocó en éste 2014.

Maduro ejerce el poder, sin jamás haber tenido el crédito político necesario. Los manifestantes desde la calle, se lo han venido recordando con firmeza.

Es por ello, que se esperó con cierta impaciencia, la primera reunión entre el gobierno y la MUD. Maduro tenía dos opciones. Reconocer el fracaso de su primer año de gobierno o una posición menos audaz, que consiste en perennizar, sus fantasmas políticos y con ello seguir adelante, a paso firme, con éste desastre.

Los demócratas venezolanos en una amplia mayoría quieren otro gobierno y otra política. En ese sentido, no debemos llamarnos a engaño, el cambio en la manera de decirle basta a la cohabitación y al statu quo, no ha sido producto de un milagro. Los ciudadanos anhelan prosperidad, desarrollo y bienestar, de manera pacífica y democrática.

Pero desde el mismo día 12 de febrero, el régimen pretendió a través de certeros disparos a la cabeza de manifestantes desarmados, ponerle fin a los anhelos ciudadanos.

Las condiciones mínimas para el diálogo, los planteamientos elementales, las disposiciones primarias, la dictadura no las escuchó. Fue un muy mal signo, que en la reunión de anoche en Miraflores, no participaran Leopoldo López, María Corina Machado y los estudiantes, eso fragilizó de entrada, cualquier potencial acuerdo.

Ya era bastante deficitario el crédito político del régimen de Maduro, para que en la primera sesión del diálogo, se invitara y hasta se les diera la palabra a personajes como José Pinto y Didalco Bolívar. Fue un gesto de burla y desafío, no solo al encuentro con el liderazgo opositor, sino a la República, a los ciudadanos. Fue excesivo. De un gran cinismo, todo un abuso de poder.

Para deshacerse de los infrecuentables, Maduro los hace partícipes, les otorga un espacio, haciendo valer el principio de incompetencia republicana. Es un ejemplo de la importancia que el régimen le otorga al diálogo. Cualquier espejismo de buenas intenciones, fue directo a la basura.

¿Qué puede hacer la MUD? Apartarse, romper el compromiso de diálogo e inmediatamente la crisis se multiplica. Decide quedarse, igual la crisis seguirá allí. De nuevo atrapados sin salida.

Por ello desde antes de sentarse en la mesa de diálogo, la razón exigía que ésta farsa no debía continuar, si de verdad queremos un cambio político, con apoyo popular y conforme a las leyes.

Del lado opositor se esperaba, lo propio de ocasiones por el estilo. Un discurso de política general, que comenzara por exigir el fin de la injerencia cubana. No se trataba de un simple asunto de estilo. Es lo propio de una declaración de circunstancia, seguido del catálogo de proposiciones y exigencias concretas.

Lamentablemente, ninguno de los representantes de la MUD lo hizo. Solo hubo una tangencial y brevísima referencia a la injerencia cubana. No hubo evocación de las razones y las personas que provocaron dicho encuentro. Solo hubo un precipitado y muy conciso recital de buenas intenciones, cuando tocaba ser abierto y realista. Se habló de lo que todos sabemos, y se corrió el riesgo, de manera culposa, de otorgarle continuidad al desastre.

No era el momento para que las casualidades de la política, colocaran a dos corrientes, a las que en principio todo las separa, en un momento tan difícil de la historia, a tejer unos lazos contra natura. ¿Cual se someterá al otro? ¿Cuáles son los límites de la paciencia de los demócratas? Todo indica que serán los hechos, los que van a decidir.

Los venezolanos, ha venido dando suficientes señales a favor de la imperiosa necesidad de que se produzca un renacimiento institucional. Dicho renacer, ha venido siendo postergado, no solo por un régimen que persigue la aniquilación de las instituciones democráticas, sino también por una dirigencia de oposición ineficaz; un liderazgo que -entre otros ejemplos- desestimó semanas atrás las manifestaciones y demás actos de calle.

Los hoy presos y perseguidos políticos, que encabezaron el movimiento de protestas de éste año 2014, no fueron egoístas, ni se escudaron en cobardes pretextos de subsistencia política. Lucen dispuestos, a no seguir acompañando a Maduro en su farsa pseudo democrática.

¿De qué manera? Hacer realidad en política éste nuevo escenario, en medio de un orden aún confuso. Lo primero será, hacer que el régimen cese en su escalada de hostilidad, hacia los vecinos y hacia los estudiantes. Se trata de un martirio, de innegable inspiración y estilo cubano.

La resistencia, que a lo largo y ancho del país se ha expresado en estos dos meses de confrontación, ¿dispone de los medios – interrogante tan esencial como terrible – para mantener su lucha?

Si bien el régimen, tuvo que sentarse con la oposición, porque no pudo con el elevado costo político de la crisis, tampoco fue llevado a esa situación, para que todo quede en discursos y buenas intenciones.

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*  Artículo publicado originalmente en el diario El Universal: http://www.eluniversal.com/opinion/140411/dialogo-de-todo-y-de-nada

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Radicalismo de Estado – Luis DE LION

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Desde el pasado 12 de febrero, ha sido una constante por parte de la propaganda del régimen y de algunos comentaristas de oposición, etiquetar de radicales, a todo aquél que manifiesta o llama a manifestar contra la política que lleva adelante la administración de Maduro. Un estigma que retoman las agencias internacionales, cuando hacen referencia al liderazgo de políticos, como Leopoldo López y María Corina Machado.

Pero la realidad es otra y lo más grave, que la misma es oficial.

El radicalismo de Estado quedó instaurado, cuando el pasado 5 de marzo, en cadena nacional desde los Próceres, Maduro dijo: “Hoy pequeños grupos intentaron trancar e incendiar vías principales. Yo llamo a todo el pueblo, a las Unidades de Batalla Bolívar Chávez, a Consejos Comunales, movimientos sociales, Comunas, juveniles, obreros, campesinos, de mujeres, llamo a todo el pueblo a hacer valer, allá en su comunidad, la orden de nuestro comandante Hugo Chávez: Candelita que se prenda, candelita que apagamos…”

Ante ese modo extremo de tratar los asuntos de Estado y transcurridos 44 días de protestas, el saldo es de 38 fallecidos, 486 heridos y 1854 detenidos, según reporte de la Fiscalía, mientras que la ONG, Foro Penal Venezolano, reporta 33 casos de tortura.

No obstante el acoso, al derecho a protestar, el régimen hostiga judicialmente a alcaldes y diputados, acusándolos de instigación a la violencia. Claro está, que ante el balance de sangre y procesos sumariales, Maduro afirma que su llamado a “apagar candelitas” fue “tergiversado”.

Es así, como ésta semana llegó al país la misión de UNASUR, cuyos cancilleres recibieron, entre otras, las peticiones hechas por el Foro Penal Venezolano y Provea, solicitándole a los representantes del organismo para que insten al gobierno a que permita que se instale en el país una oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Sin guardar mayores esperanzas en la gestión que a tales fines haría la UNASUR, la instrucción y documentación, de los múltiples actos de violencia alentados y promovidos por el oficialismo, los cuales tienen como objetivo a civiles y particularmente a quienes se oponen a Maduro, serán remitidos por otras vías, al comité de Naciones Unidas sobre mercenarios y nuevas formas de organización de grupos paramilitares.

El caso de Maduro, se asemeja mucho al del ex presidente de Costa de Marfil, Laurent Gbagbo, quien está actualmente detenido en La Haya a las órdenes de la Corte Penal Internacional, acusado de crímenes contra la humanidad, cometidos durante los actos violentos posteriores a la elección presidencial de noviembre 2010.

Las milicias de Gbagbo, provocaron la muerte de unas 3.000 personas según la ONU.  Dichos “colectivos” protegidos y apoyados por el ejército y la policía marfileña, fueron coordinados, por Charles Blé Goudé, ministro de la Juventud y orador político virulento, que se encargó de dar instrucciones directas a los jóvenes reclutados, armados y formados para ejecutar actos violentos. Blé Goudé, es hoy compañero de reclusión de Gbagbo en La Haya.

La violenta y desproporcionada manera como Maduro está afrontando, las protestas en su contra, valiéndose para ello, no solo de las fuerzas del Estado sino de sus grupos paramilitares, milicias armadas éstas, que circulan libre e impunemente, por distintas zonas del país, constituyen una clara violación a los derechos humanos, de sus gobernados.

La actual protesta estudiantil, comenzó en San Cristóbal, el pasado 4 de febrero, contra la inseguridad y que luego, poco a poco, se protestó contra la escasez, la inflación y ahora contra la brutalidad policial por un lado y la actuación de las Unidades de Batalla, por otro lado, con el agravante que el propio Maduro en cadena de radio y televisión les ordenó actuar.

De tal manera que, si aún hoy, no está el país, en período de transición política, de seguir adelante Maduro con su actitud violenta e intransigente, forzosamente entraremos en ese escenario de conversión, de metamorfosis política y las nuevas autoridades que en ese contexto surjan, serán las encargadas de transmitir los detallados y documentados expedientes a la procuradora de la Corte Penal Internacional.

Tratándose de una hipótesis política, no puedo adelantarme en determinar, si en la eventualidad de una transición, el Estado venezolano una vez liberado del radicalismo que hoy lo asfixia, recuperaría la voluntad y los medios para enjuiciar a los autores de crímenes contra la humanidad, una condición de soberanía jurídica y política, indispensable para que la Corte Penal Internacional no intervenga.

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*  Artículo publicado originalmente en el diario El Universal: http://www.eluniversal.com/nacional-y-politica/protestas-en-venezuela/140328/radicalismo-de-estado

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Maduro y Cabello, la cobardía política – Luis DE LION

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Había dudas, y muchas, en cuanto a la forma como el régimen de Maduro afrontaría las actuales protestas. Las recientes intervenciones públicas tanto de Nicolás Maduro como de Diosdado Cabello, han estado lejos de pretender disipar el descontento y la decepción, que se oye y se ve en las calles y avenidas del país. Ambos personajes, parecen haberse puesto de acuerdo para emitir discursos que no estén, ni a la altura de las circunstancias, ni a la medida de la rabia popular, que traducen éste mes y medio de protestas ciudadanas. Comenzando por la forma. A través de actos de apariencia festiva y una emisión de televisión que sin rubor alguno copia las que hacía el difunto Teniente Coronel Hugo Chávez, Maduro y Cabello, vienen haciendo un recuento de la actualidad del país, de forma tan banal como irresponsable.

Indiferentes e inexpresivos, quieren mostrarse como los líderes sin sentimientos, ningún esfuerzo por hacer empatía, mucho menos un amago de lirismo, como aquéllos cargados de barroco que Chávez hacía, en fin ningún lamento, ninguna exhortación a la esperanza.

Reafirmándose como un animal político de sangre fría, Maduro, sigue su acelerada huída hacia delante. Cabello, hace lo mismo, con otro estilo, pero mismo objetivo.

Venezuela entera, exige un cambio. Por una política más justa, por más complejo que sea el concepto de justicia en un país con instituciones desmanteladas. Por una política eficaz, coherente, comprensible y en principio de manera tímida y casi accesoria, algunos se atrevían a murmurar un cambio a la cabeza del poder máximo. En fin, la salida de Maduro. Pero los señalados, los responsables, responden a éstas aspiraciones, con violencia, con desenfado, con más injusticia, para luego caer en una cacofonía infantil, cuando reiteran su llamado a diálogo.

¿Cambio? En lo esencial nada ha cambiado, ni un ápice de novedad entre lo que Maduro decía en diciembre pasado, ninguna corrección, ningún cambio a lo que dice hoy. En materia económica, en su acoso a las empresas privadas, en la opaca administración de PDVSA, en el necesario ahorro del gasto público, en más justicia social, en fin, la negación absoluta al cambio, a pesar que el país entero a gritos, con sangre, con miedo, pero con firmeza se lo pide.

¿Es un problema de sordera? De Maduro y Cabello, sabemos muy poco de sus pensamientos e ideas, son imprecisos, jamás los han desarrollado en público. Solo sabemos su saña, y las muestras de ese placer enfermizo, el cual no ocultan, cuando andan ejerciendo de esbirros. Una prueba de ello, muy terrible, por cierto, está en como ambos, Maduro y Cabello, han calificado a María Corina Machado de “exdiputada” y la han humillado, perseguido, agredido. Todo un acto inconstitucional y una acción de gran cobardía política.

¿Perseguir diputadas es una política de Estado? ¿Son las acciones y el lenguaje, que esperaban los innumerables venezolanos que en éstas últimas semanas han tomado la calle? Pero sin duda, los de la Junta, prefieren lo fácil, lo accesorio, antes que condenar el equipo y la obra de un gobierno que durante 15 años dispuso de todo el poder, para finalmente llevar al país entero, al actual desastre y desamparo.

Como si las protestas ciudadanas tuvieran un significado ideológico, cuando de lo que se trata es de la reacción de reprobación a un sistema de gobierno supremamente incoherente y en consecuencia dañino, al extremo de dejarse dictar normas y acciones, por una potencia extranjera. Perseguir a María Corina Machado, porque así lo dispuso Fidel Castro, es un cálculo endeble, olvidemos la falta de tacto y estilo empleados para deshacerse de la diputada, esa conjetura de liliputienses, de bufones, solo los pone en evidencia, los deja al desnudo, los debilita.

No es precisamente coraje lo que le deseo a Maduro y a Cabello. Ahora que ambos lucen más decididos que nunca a llevar adelante, una política, que es la réplica exacta de aquélla que los venezolanos desde la calle condenamos. Mantenerse en el poder, les va a resultar cuesta arriba. Les tocará, mejor dicho, aspirarán a hacerlo en un contexto más difícil que el que le tocó al que los precedió en el poder. Deuda, déficit, devaluación, inflación, escasez, sistema productivo desmantelado, y la Junta, que no hace nada por simplificar, mucho menos solucionar, al menos uno de los graves problemas, de la larga lista de inconvenientes que aquejan a la nación entera.

Las exigencias se seguirán acumulando, y como hasta ahora ni Maduro, ni Cabello, han dado muestra de aptitudes para gestionar las exigencias propias de un país en medio de una severa crisis, pues sin duda, el horizonte se hará cada vez más incierto.

Tan simple que hubiese sido, ajustarse a la realidad de las cosas. Comenzando por una lectura honesta de los resultados electorales de abril 2013. Lamentablemente, esa asimilación, no va a producirse mientras esta farsa siga en el poder. El país va a atravesar, en las próximas semanas y meses, una agravación del desorden político actual, el cual acabará con las energías que le quedan a la Nación, y harán que la República sea más vulnerable de lo que ya está siendo.

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*  Artículo publicado originalmente en el diario El Universal: http://www.eluniversal.com/opinion/140404/maduro-y-cabello-la-cobardia-politica

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Apartheid y costo político – Luis DE LION

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El apartheid político chavista, es una vieja práctica. Cercenan derechos políticos de los elegidos por el voto popular, y ponen en entredicho, nuevamente, el derecho a elegir de todos los votantes.

Esta segregación política, configura una aberración jurídica. Una persona, cuya culpabilidad no ha sido demostrada mediante debido proceso y, por tanto, no ha sido condenada a ninguna pena pierde un derecho y ejercicio político esencial, porque así lo quiso Diosdado Cabello.

Es el equivalente de un asesinato político. Esta nueva vendetta gubernativa, contra María Corina Machado, diputada electa con el mayor número de votos, no se debe dejar pasar como un desmán adicional sin consecuencias de fondo, para el proyecto de dominación del castrochavismo.

En el pasado, Leopoldo López, fue a su vez víctima del apartheid político. López dio la pelea, hasta obtener la victoria y reconocimiento ante la justicia internacional. No obstante, hoy está preso.

Esta semana, como una manera de elevar el costo político del atropello sufrido, María Corina Machado aceptó la invitación que le hizo la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado brasileño. Dicha instancia, debatió la crisis que vive Venezuela y Machado le pidió a Brasil que “no cierre los ojos” frente a la represión que “el pueblo venezolano” sufre “en las calles”.

En un país continente como el Brasil, es muy difícil que un tema exterior -así sea el país vecino- se posicione en la opinión publica. A pesar de ello, la contundencia de las palabras de Machado en Brasilia, le otorgaron una buena cobertura por parte de la prensa brasileña.

Folha de Sao Paulo, diario de mayor circulación de Brasil, destacó en primera página una entrevista que le hizo a Machado. Estadaô, hizo lo mismo, al titular la “indiferencia y complicidad del gobierno brasilero” denunciada por Machado ante lo que ocurre en Venezuela. O Globo, reseñó la interrupción de la sesión de Machado, por manifestantes que la trataron de “golpista”.

Machado, pese a haber perdido su investidura de diputada, por decisión del TSJ, luce dispuesta a dar la pelea hasta el último minuto para elevar al máximo el costo político de semejante atropello antidemocrático. No parece decidida a quedarse pasiva ante la consuetudinaria “irreversibilidad” de las medidas de la justicia castrochavista. Mientras no se deja persuadir por los llamados que andan abogando por un diálogo “oportuno”, vale decir anticipado, en aras del “sentido común” y la racionalidad, por la estabilidad de la dictadura, mientras se acerca en el horizonte la próxima cita electoral.

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Estudiantes y clase media – Luis DE LION

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Prácticamente en todas las capitales del país se ha manifestado desde el 12 de febrero. Es una organización horizontal, sin etiquetas políticas, ni sindicales, ni líderes claramente visibles. Facebook, Twitter, Instagram y YouTube los motores de las protestas. Agruparse y expresarse. Las redes sociales le otorgan a los jóvenes algo que los partidos políticos se niegan a darles. Fenómeno que en paralelo, afectó a Leopoldo López y a María Corina Machado, cuando impulsaron la protesta, #12F #LaSalida, lo hicieron fuera de una MUD, empeñada en negarles el espacio.

Al igual que ocurrió en Turquía, Brasil y Ucrania, no son los pobres los que protestan en Venezuela. Son los jóvenes de clase media instruida, la cual no forma parte de la base electoral del PSUV. Aún viviendo en un país que organiza elecciones con exagerada frecuencia, estos jóvenes, no sienten conexión con la élite política en el poder.

Estamos ante una generación que nació después del fallido golpe del 4 febrero 1992, jóvenes apolíticos en su mayoría, que nunca habían protestado. Frustrados por no encontrar un partido que los represente. Su principal reivindicación, denunciar la inseguridad y la falta de libertades en el país del castrochavismo.

Algunos comentaristas, al desestimar la protesta, han quedando en evidencia, porque al igual que el régimen, muestran cuan desconectados están de la juventud del país.

El talante sui generis de la protesta, mientras la represión se hacía violenta, hizo que se adhiriera a ella, de manera abrumadora la clase media. Hoy en las barricadas, vemos esa clase media urbana, conscientes que la lucha será dura y larga. Esa clase media, es la primera en llevar el golpe de la inflación, de la corrupción y de la excesiva intrusión del Estado en sus vidas.

Juntos le quitaron la careta democrática que lucía el régimen de Maduro, mientras exigen, el fin de la injerencia cubana.

Quizá sea la razón de la virulenta reacción de Maduro ante las protestas. Puede que haya comprendido que estudiantes, y clase media, buscan acabar con el modelo político y económico de la oligarquía cívico-militar antillana, fundado entre los miembros de la nomenclatura, el narcotráfico y un poder absolutamente corrompido, que ha lanzado al país entero por el precipicio de una crisis sin precedentes.

Es temprano para hablar de revolución de la clase media, primero tendrá que salir victoriosa de su lucha mortal con el régimen de Maduro, sostenido por La Habana. De lograr el objetivo, se le ofrecerá al país la posibilidad de reconstruirse según los principios sociopolíticos venezolanos.

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La recomendación de Rómulo a AD: Enfrentar la dictadura o callar para siempre – Antonio Sánchez García

  Antonio Sánchez García

A los compañeros de Acción Democrática

                Si caben paralelismos entre las coordenadas de las grandes crisis históricas, uno de ellos que podríamos reivindicar quienes nos ocupamos del oficio de la memoria para compararlo con las tribulaciones del presente, sería sin duda el que confrontase las tribulaciones y desesperanzas del año que precediera a la gran insurgencia popular que diera al traste con la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez en enero de 1958 con la que súbitamente ha eclosionado en este estío al acecho rico en siembra de brutal violencia y en cosecha de homicidios. La misma acumulación de lava interior aumentando de temperatura sin que su densidad y su eventual potencia explosiva pudiera ser medida desde la aparente quietud de las superficies: la indignación y la protesta contenidas. El mismo protagonista central de los eventos: la generosa y patriótica juventud venezolana. El mismo aparataje policiaco militarista. Con una diferencia abisal: la presencia criminal, ofensiva y humillante de las fuerzas represoras cubanas y la abyecta obsecuencia de la camarilla de uniformados ladrones, narcotraficantes y mercachifles que medran a escala planetaria de los ya exangües recursos de la vaca petrolera. En ese, entre otros muchos aspectos, la dictadura castrista que se intenta imponernos por la fuerza de las armas es infinitamente más perversa, más cruel y más devastadora que la de Pérez Jiménez. Así sobren las conciencias menguadas del hemisferios que se niegan a reconocerle ese su carácter genéricamente dictatorial.

Como hoy, muy pocos hubieran sospechado que la dictadura siempre triunfante de la mano de monumentales fraudes electorales, perfecta o torpemente implementados, exactamente como la que hoy no encuentra otros atajos que la violencia, traspasaría la raya amarilla de la brutalidad y agotaría su capacidad adquisitiva de conciencias para verse atropellada por un gigantesco oleaje de indignación y rechazo. A nadie se le hubiera ocurrido pensar que el almirante que celebraba la cena navideña con el tirano, uno de sus altos oficiales de confianza, exactamente a un mes de distancia estaría presidiendo una Junta de Gobierno. Ni que el todopoderoso de hacía unas horas escaparía arrastrando sus valijas cargadas de dólares ante la sarcástica advertencia de su segundo de a bordo, que le susurraría en medio del atronador rugido de las multitudes que asaltaban la Seguridad Nacional en búsqueda de esbirros y torturados: “vámonos, general, que el pescuezo no retoña…”.

Toda historia es, por definición, inédita y sus desenlaces sorprendentes. Pero sus expresiones suelen ser menos idiosincráticas de lo que parecen. Lo que ha permitido establecer una suerte de anatomía de las tiranías y sus fracasos, derrumbes y agonías. Buceando a la pesca de paralelismos se han escritos las grandes obras de la historia de las civilizaciones, desde Tucidides a Flavio Josefo y desde Spengler a Arnold Toynbee. Detrás de la caída y decadencia del Imperio Romano late el ascenso y derrumbe del Tercer Reich. Así fuera, como bien lo señalara Max en el 18 Brumario, como farsa o comedia de la tragedia originaria.

De allí la tentación de ver en este fin de ciclo y derrumbe arrasador de las viejas certidumbres – se hunden la IV y la V Repúblicas abrazadas en la impotencia de su renovación – un reflejo especular de esa década tenebrosa de muerte y desolación en que la inmundicia militarista asesinara a grandes líderes populares y encadenara en sus cárceles a la flor y nata de nuestra juventud política y universitaria. ¿Cómo olvidar a Leonardo Ruiz Pineda, a Alfredo Carnevali, a Pinto Salinas? ¿Cómo olvidar al medio centenar de mártires cuyas vidas fueran sesgadas de manera brutal y asesina por el hamponato de la criminalidad y las Fuerzas Armadas en este turbio período de nuestra historia?

Pero a desmedro de la calma chicha y la soberbia arrogante y desfachatada del poder de las armas se incubaba entonces, exactamente como ahora, el gigantesco despertar de una generación que llegado el momento – ni un día antes ni un día después – derribaría las falsas columnas del templo y volvería, una vez más, a rescatar a Venezuela de sus abismos. Exactamente como entonces, pero ahora con la ira no de unos millones de venezolanos, sino con la indignación de un pueblo entero que los arrasará sin remedio, empujándolos al lugar del que jamás debían haber escapado: el basurero de la historia.

En muchos aspectos, esta dictadura es muchísimo más destructiva y servil. Aquella tenía obras y tareas cumplidas que aún resisten las miserias del tiempo y pueden ser exhibidas como ejemplo de progreso y modernidad. Mientras ésta no exhibe más que derroche, despilfarro, saqueos, asesinatos, crímenes y prostitución a destajo. De estos tres lustros de infamia no habrá un solo hecho, ni un solo gesto, ni una sola institución u obra que rescatar de la inmundicia. Serán barridos de la historia sin dejar tras su paso más que la podredumbre y la incuria. La muestra de que en lo profundo de nuestra sociedad acechaba la escoria dejada por el paso de la modernidad.

Aún así: a ocho meses del desenlace de aquella dictadura represora y asesina la máxima conciencia posible de la oposición democrática no dudaba ni un instante en calificar a aquel régimen de dictatorial ni en arrepentirse de no haber asumido las armas y enfrentarla exactamente como lo estaba haciendo Fidel Castro con Fulgencio Batista desde la Sierra Maestra. Incluso – como lo confiesa sin presunciones ni soberbias el 21 de mayo de 1957 a sus por entonces más cercanos y fieles compañeros de partido Luis Augusto Dubuc y Carlos Andrés Pérez -, con muchísimo mayor éxito: “Lo que está haciendo Fidel Castro, y con mucho más éxito, debí hacerlo yo en 1950.” Es la voz amarga de un hombre que desde el exilio rumia su desesperación ante la pasividad que observa entre sus camaradas dirigentes inculpándose a sí mismo incluso de complicidad  por haberse dejado arrinconar por las presiones de quienes refrenaban sus pulsiones revolucionarias: “He tenido algún trabajo en estos años y rumiado mucho desagrado; sobre todo, ando con el reconcomio de haber sido víctima,  o cómplice, de una serie de presiones, desde el interior del país, y desde el exterior, para haber dejado de cumplir con el deber de hacerle la revolución a esa gente.” “Esa gente”, los Pérez Jiménez, Los Vallenilla Lanz, los Luis Felipe Llovera Páez y su corte de paniaguados equivalían a los Diosdado Cabello, a los Nicolás Maduro, a las Luisa Ortega Díaz, a los Rafael Ramírez, a los generales del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, a los asesinos de la Guardia Nacional, a los empresarios ladrones, a los bufones de la corte, a los invasores cubanos, a Fidel y Raúl Castro, a los que en su momento sacara a patadas de esta miserable OEA y venciera con coraje, virilidad y hombría en los campos de batalla.

La amargura y arrechera de Rómulo Betancourt lo lleva al extremo de insistir en que, si de esa fecha – 21 de mayo de 1957 – a principios de 1958 no se le ha dado un parao a la dictadura de manera “evolutiva o a la brava” – son sus palabras textuales – , vale decir: legal, constitucional, pacíficamente, o insurreccional, violenta, revolucionariamente” lo decente sería cerrar la boca y callar para siempre: “Es más: si en el 57 o comienzos del 58 no hay solución al problema venezolano – evolutiva o a la brava – no nos quedaría otro camino sino el de ponernos un bozal, y no hablar más en el exilio de los atropellos, etc., de aquella gente. Por propio respeto, tendríamos que callarnos definitivamente.”

@sangarccs

Una farsa, política y jurídica – Luis DE LION

IMG_2425 Luis DE LION

No hay presunción de inocencia para nadie, con un poder político obstinado en perseguir a quienes se le oponen y tampoco la hay en un poder judicial que confunde justicia con venganza. María Corina Machado, Leopoldo López, Enzo Scarano y Daniel Ceballos, tienen al pueblo venezolano como testigo de la suerte que les ha tocado correr.

Las acusaciones y los métodos utilizados en contra de ellos, por parte del régimen castromadurista, en ningún momento tienen como objetivo buscar la verdad de los hechos. Se trata de, una práctica recurrente desde diciembre 2004, cuando se juramentaron los 49 nuevos magistrados del TSJ. Desde entonces Venezuela, entró en la era de la justicia supremamente bolivariana.

Llevo una década, denunciando a través de ésta humilde tribuna, el ropaje jurídico de la dictadura chavista. Lo digo, porque quedó claro y como tal debe ser asumido, que el punto de partida para todo aquél que administra justicia en Venezuela, es que lo hace a partir de su militancia política. Atrás quedaron las concepciones de derecho, las interpretaciones jurídicas y lo más peligroso, desaparecieron los derechos constitucionales.

El tiempo y la historia, mostraran las heridas de ésta grave violación a los principios republicanos, cuyas principales víctimas son los derechos humanos, la paz civil, la cohesión nacional y la imagen de Venezuela. Más temprano que tarde, deberán ser juzgados, los que armaron éste desastre.

La terrible represión de éstas últimas semanas, nos colocan frente a la verdadera naturaleza del poder. Todas las excusas parecen válidas a los ojos del castromadurismo, cuando se trata de deshacerse de un adversario político.

Que atrevimiento, el de estos líderes de oposición, pretender ocupar el poco espacio de opinión, con un llamado a manifestar pacíficamente, sin que en el calendario oficial, haya ninguna cita electoral, que sea al menos visible en el horizonte. Un atrevimiento, solo comparable con el del movimiento estudiantil.

Ronald Dworkin, abogado y filósofo norteamericano, autor entre otros libros de: “Virtud soberana. La teoría y la práctica de la igualdad” considera que; la desobediencia civil es una teoría jurídica basada en el derecho que tenemos todos a la igualdad.

Dicho esto, no me queda otra que terminar, con la idea esperanzadora que de la necesaria reflexión de los líderes de oposición, se pase en la práctica a una corajuda y frontal estrategia de oposición política, visionaria, con verdadera pericia política y sin agendas personales. Convencido que nunca es demasiado tarde, si lo que se pretende es deshacerse de una dictadura, para restablecer así los derechos constitucionales.

luisdelion@gmail.com

@LDeLion

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Los caminos de la libertad – Antonio Sánchez García

  Antonio Sánchez García

A Leopoldo López, que hoy cumple un mes de arbitraria prisión

            Desde el 4 de febrero de 1992, veintidós largos e interminables años esperando por la reacción del pueblo democrático venezolano al asalto inclemente de la barbarie, adormecida durante todo el siglo XX desde que el 19 de julio de 1903 Juan Vicente Gómez terminara mediante una sola batalla, la de Ciudad Bolívar, con el caos y la disgregación de las montoneras y el caudillaje que marcaran nuestra segunda mitad de siglo XIX con un guerrear incesante y absurdo, casi deportivo y festival, convirtiendo a Venezuela en un país ensangrentado, devastado, empobrecido, incendiado, esquilmado y convertido en campo de batalla de los delirios de una nación casi inexistente, invertebrada.

Vi reaparecer el rostro de esa barbarie como reciclada, recién nacida con todas sus falacias, sus fanfarronadas, su farsa y sus estafas en la faz macilenta de la insolencia y la impunidad de un oficial de rango medio, insolente, analfabeta, agalludo, megalómano y ambicioso hasta el delirio. Punta de iceberg que, agazapado, se había ido enquistando en el cuerpo de la democracia venezolana construida con tanta sangre, sudor y lágrimas desde la caída de la dictadura militar de Pérez Jiménez. Albergada en el nido de serpientes de las fuerzas armadas, respaldada por los reptiles de la reacción venezolana – de Uslar a Lizcano, de Maiz Vallenilla, Escobar Salom y José Vicente Rangel a Luis Miquilena y la corte del golpismo de la ultra derecha y la ultra izquierda, entre muchísimos otros hijos putativos del Gomecismo. Y, desde luego, abrigada por el mantón del castrocomunismo guevariano que se volvía a tejer a diario en las aulas de la UCV y otras universidades del país a la espera del Mesías en uniforme.

Reconozcámoslo sin ambages: la única voz que se alzó viril y corajuda en el antro en que se convirtiera el parlamento venezolano fue la de aquel que gritó “¡mueran los golpistas!”, provocando la indignación de las viejas vírgenes vestales que se volvieron  para decirle con voz aguardentosa, titubeante y apenas audible, con lágrimas de cocodrilos en sus ojos cansados: “democracia con hambre no se defiende”. Desde aquel funesto día nada volvería a ser como antes. Corrieron los filibusteros de la ultrajada democracia a cucharear en el caldero de la decadencia. Los más cínicos, hipócritas e inescrupulosos de todos ellos agarraron la mayores presas, y hasta se tragaron otra presidencia de la prostituida república.

Hace catorce años, luego de desmontar todo lo que sobrevivía del naufragio, se hicieron a la tarea de montar la dictadura, embaucar a los inocentes, corromper a los corrompibles, engatusar a los oportunistas de siempre, marear a los tontos útiles y terminar por entregarles a Fidel Castro y su Foro de Sao Paulo en pleno, de Lula a Dilma Rousseff y de Néstor Kirchner a Evo Morales, llave en mano, PDVSA con la república de Venezuela a la rastra. No les interesaba el Guaire ni La Charneca: les apetecía el petróleo, los billones de dólares, nuestras costas y golfos y las mesnadas de pobres de misericordia para integrarlos a la Corte de los Milagros. A la voracidad de la hiena mayor se sumaron todas las hienas de la región. Y hasta China llegó al aleteo del foro: se tragaron nuestro petróleo de una sola zampada.

Se escribirá la historia de la peor de las infamias: la de ese nido de víboras, arribistas, voraces, ignorantes, corruptos y asesinos, principales culpables de este criminal atentado contra la Nación. En la Venezuela de la dignidad, que asoma su grandeza de la mano de los ángeles exterminadores, no debe quedar ni vestigios de este pudridero de cuarteles y teatros de operaciones.

Hasta que, cansados de tanta complicidad, tanta cobardía, tanta escaramuza consentida y elecciones de pacotilla, la generación de nacidos después de tanta vergüenza se alzó de la mano de quien hoy cumple un mes de cárcel y acompañada por los dos más sobresalientes líderes de la Venezuela decente terminó por cortar de un solo tajo la cuerda de la concupiscencia, estirada por la barbarie hasta extremos ya intolerables.

Se acabó lo que se daba: complicidad y alcahuetería. Nuestros ángeles exterminadores no están dispuestos a transar su futuro, como sus mayores estuvieron dispuestos a transar su pasado. Quisiera, si llegara a leer estas líneas, que Leopoldo López reciba el agradecimiento de un pueblo que ha vuelto por sus fueros: los de los caminos de la libertad.

@sangarccs