El radicalismo de Maduro – Trino Márquez

Trino Márquez

Nicolás Maduro, poco después del 14 de abril, comenzó un giro progresivo e indetenible hacia la izquierda radical militarista. Ahora levanta las banderas de un modelo que se mueve entre la Cuba de los años 60, cuando el abogado Fidel Castro paseaba su enorme figura trajeado de verde oliva, y el régimen del general  Juan F. Velasco Alvarado, quien martirizó a Perú entre 1968 y 1975. No queda nada de aquel funcionario simpaticón que representó al Gobierno en la Mesa de Negociación y Acuerdos, y que  estuvo en la Presidencia de la Asamblea Nacional, la Cancillería y la Vicepresidencia de la República.

Ahora es un mandatario arrogante y autoritario que regaña, amenaza, extorsiona y acosa desde los comerciantes e industriales hasta la oposición. No le bastaba con poseer el control de todos los poderes del Estado. Quería una habilitante para reafirmar su condición de líder, aunque pocos de sus partidarios lo reconocen como tal. Aumentó el dominio de los medios de comunicación. Cinco importantes periódicos del interior han tenido que cerrar. Los dueños originales de Globovisión se vieron forzados a venderla. Ha hablado más en cadena de radio y televisión que el mismísimo Chávez, algo que parecía imposible. Invisibilizó a la oposición en todos los medios oficiales y en una parte importante de los que todavía no lo son.

¿Ese desplazamiento hacia la izquierda más troglodita afincada en la fuerza de las bayonetas a qué se debe? Aventuremos algunas hipótesis. El hombre honra la formación comunista recibida en Cuba en su temprana juventud y, en efecto, considera al Che Guevara y a Fidel Castro –dos capitostes de la izquierda antediluviana- como modelos cuyas enseñanzas hay que seguir y aplicar. Según esa presunción habría que suponer que ahora cuando detenta plenamente el poder está dispuesto a materializar sus antiguos sueños castroguevaristas.

Esta conjetura, aunque puede ser cierta, es insuficiente. No dudo de que Maduro sea un comunista convencido y, como la mayoría, lleno de incongruencias, entre ellas el boato en el que le gusta vivir. Sus giras al exterior son todo, menos austeras. Era el mismo estilo de  Leonid Brezhnev, en Rusia, y Herber Honecher, en Alemania oriental, ambos comunistas de pura cepa que vivían en medio de la opulencia. El mito de los comunistas ascetas lo inventaron unos vivos rojos que querían aprovecharse de los ingenuos.  Así es que el hombre es un comunista y cuenta con ideólogos como Jorge Giordani, Eduardo Samán,  Haiman el Troudi y la gente del Centro Internacional Miranda, que recomienda imponer en Venezuela todo lo que no logran en España.

Esos personajes, sin embargo,  carecen de peso específico dentro del régimen y no pueden garantizarle al heredero la estabilidad que necesita para preservarse en Miraflores. Ideología sin fuerza no sirve para nada. Aquí es donde aparecen los militares. Maduro necesita blindarse. El hombre tiene demasiados enemigos internos, disfruta de escaso reconocimiento en sus propias filas. Requiere una columna que lo soporte. Ese apoyo no puede proporcionárselo el PSUV porque quien lo controla es su archirrival, Diosdado Cabello. La única opción que le queda para mantenerse con vida es entregarse en manos  de los militares. Darles cada vez mayores competencias y atribuciones, incluso en áreas donde los oficiales carecen de experiencia y conocimientos. Por eso los vemos en todos lados, menos en las fronteras, donde deberían estar. Al general Hebert García Plaza, al frente del Comando Estratégico para la Defensa de la Economía,  y al general Wilmer Barrientos, liderando la toma de comercios de electrodomésticos. Esos señores ni siquiera cursaron estudios de economía en la antigua República Democrática Alemana, como algunos diputados del PSUV, quienes lucen pintados en  la pared, limitándose a respaldar las medidas ilegales adoptadas por Maduro con la camarilla de oficiales que lo rodea.

Los militares son el remo utilizado por Maduro para completar la travesía. En este terreno le sacó ventaja a Diosdado. El costo de esa entrega es que pasó a ser rehén del Alto Mando. Lo que debe estar dilucidándose internamente es cómo quedan los cubanos en este ajedrez tan complicado. Se habla de un distanciamiento entre los cubanos y los militares vernáculos. No hay evidencias palpables de ese alejamiento. De lo que sí no hay dudas es de que el régimen de Maduro es cada vez más militarista y menos democrático.

Si quiere comenzar a recuperar y reconstruir la democracia, vote el 8-D.

@trinomarquezc

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La fórmula roja – Trino Márquez

Trino Márquez

La fórmula comunista para resolver los problemas económicos, y en general sociales, posee la simpleza del pensamiento rústico. Parte de suponer que si en una sociedad no se producen suficientes bienes y servicios, y estos no alcanzan para cubrir las necesidades de toda la población, es porque lo impide un grupo de hombres perversos, movidos por el afán de lucro desmedido y el egoísmo. El germen de la maldad lo alimenta la propiedad privada de los medios de producción. Los adversarios se reúnen en dos géneros: las personas de carne y hueso inspiradas por fines  perversos; y los valores derivados de la propiedad privada.

Identificados los enemigos hay que pasar a la etapa siguiente: su aniquilamiento. Frente a la guerra desatada por la burguesía parasitaria, cadivista, la contraofensiva debe basarse en aplicarle toda la fuerza del Estado. Antes de atacar hay que resolver algunas interrogantes: ¿se les destruye utilizando solo el Estado –el aparato judicial y los órganos represivos- o se apela al pueblo para que con sus propias manos cobre venganza por los maltratos recibidos?; ¿o, mejor aún, se combinan ambos factores para que armen una tenaza irresistible? ¿Cuál revolución no acude a las masas y se apoya en ellas?

El enfrentamiento al enemigo principal tiene que ser permanente para que surta los efectos esperados. Hay que definir estrategias de combate para que la lucha no esté dominada por el azar. Nadie mejor que los militares para trazar esas líneas generales, definir los grandes y pequeños objetivos, actuar en el largo plazo y en la coyuntura con la misma habilidad. Por eso conviene crear, por ejemplo, el Comando Estratégico Operativo de la Economía, presidido por un militar activo. La economía no es más que un cuartel central que se maneja dando órdenes, dictando decretos, alzando la voz. La actividad económica transcurre como la de todo laboratorio: sus variables pueden controlarse e intervenirse.

La fórmula roja es pedestre. Hayek la criticaría diciendo: el orden económico comunista está sometido a las normas rígidas de las organizaciones cerradas, taxis, en la que no existe la espontaneidad, ni la libre relación entre sus agentes.

Esta receta fue utilizada durante décadas, con algunas variaciones, en la antigua URSS, Europa del Este, China, Vietnam. Los resultados son ampliamente conocidos. Todos esos países abandonaron a distintos ritmos la economía militarista, el intervencionismo desmedido, la estatización y el colectivismo. Rusia, a pesar de que no ha logrado superar los problemas generados por las mafias enquistadas en la industria, crece a una velocidad contenida. China pasó a ser la segunda economía del planeta. Las naciones de Europa Oriental han ido saliendo de la miseria en  la que las dejó el comunismo. Vietnam adoptó el modelo chino -economía de mercado con una fuerte dosis de control político-, lo que le ha permitido convertirse en una pujante nación emergente.

En el otro lado  se encuentra la pobre Cuba, aferrada  aún a la tradición  militarista y estatista. En el territorio caribeño los particulares no pueden abrir ni siquiera salas de cine privadas porque el Estado omnipotente lo prohíbe. La sombra del viejo autócrata comunista Fidel Castro, sigue dominando. La dictadura optó por vivir del subsidio de Maduro y de las transferencias de los cubanos residentes en Florida.

En una etapa en la cual la manera comunista de conducir la economía ha sido abandonada en todo el mundo hasta por sus promotores, por inútil y dañina, la verdadera trilogía del mal -Maduro, Giordani y Ramírez- la retoma con furia, odio y populismo del más grotesco. Los recientes ataques a las tiendas de productos electrodomésticos y de línea blanca -que progresivamente se ha extendido a casi todas las ramas comerciales- muestran el lado más perverso del método rojo, asentado en la revancha y el desprecio al Estado de Derecho, al diálogo y a la convivencia pacífica. Estas embestidas, que se mueven por los terrenos de la delincuencia, complementan las medidas disparatas para combatir la inflación y establecer los “precios justos”, y los organismos demenciales creados para sofocar la indisciplina del dólar paralelo. El Centro Nacional de Comercio Exterior será otra entelequia centralizada, que solo fortalecerá el poder del Gobierno y debilitará aún más la ya frágil economía privada. Los particulares tendrán que someterse a nuevos y mayores tormentos para obtener la venia de unos burócratas arrogantes.

La fórmula roja nos aplasta. El 8-D será una oportunidad para rebelarnos.

@trinomarquezc

Asalto rojo – Trino Márquez

Trino Márquez

Ahora sabemos que las medidas confiscatorias adoptadas por el Gobierno durante los últimos días, que al parecer se extenderán a todos los sectores de la economía, y que por ahora han afectado especialmente a los comerciantes dedicados a la venta de productos de línea blanca y electrodomésticos,  no se le ocurrieron a Maduro. Para nada. El muchacho de ¿El Valle?, ¿Santa Rosalía?, ¿San Cristóbal? (tiene tantos lugares de nacimiento) suele plagiar sin citas de pie de página. En este caso se copió, nuevamente, de uno de los tiranos más oprobiosos del planeta: Robert Mugabe,  quien en 2007 puso en marcha la Operación Reducción de Precios, frente a la “Guerra Económica” que su enfermiza y autoritaria mente había imaginado, y cuyo ejército estaba conformado por los industriales y comerciantes del Zimbabue. Las consecuencias de su delirio criminal e irresponsable fueron catastróficas para ese miserable país. Se desató una de las inflaciones más pavorosas de las que se tenga memoria. En Internet puede encontrarse un detallado reportaje  acerca del tema escrito por el periodista inglés Chris McGreal para el periódico de Guardian.

No tengo dudas de que lo mismo ocurrirá en Venezuela. Aquí todavía existe un marco constitucional y normativo que debe respetarse, y quien primero debe acatarlo es el Ejecutivo Nacional. Al país no le conviene que el Estado decrete de forma unilateral, inconsulta e ilegal, rebajas compulsivas en los productos que se venden en los comercios. Si algún comercio incurre en una irregularidad, esta tiene que ser investigada y demostrada por los órganos competentes. En ese caso, los responsables deben recibir las sanciones contempladas en el ordenamiento legal, ya suficientemente punitivo.

La Ley del Indepabis no debe utilizarse como burladero legal para destruir establecimientos que cumplen con toda la engorrosa lista de trámites que el Estado exige para conceder permisos de instalación y funcionamiento, que pagan una nómina costosa y cancelan la amplia variedad de impuestos establecidos en la ley.

Resulta muy grave que el Estado adopte resoluciones que propician la formación de atmósferas que inciten a saqueos, y estimulan la confrontación social y la lucha de clases. La paz, la confianza y la seguridad jurídica son esenciales para crear un ambiente que atraiga las inversiones, tanto extranjeras como nacionales, y fomente el empleo productivo, estable  y bien remunerado. El comportamiento del gobierno desestimula y aleja a los potenciales inversionistas que podrían interesarse por colocar sus capitales en Venezuela. ¿Después de ver el asalto a Daka, las largas colas para aprovechar el festín populista y la incitación a la venganza de parte de Maduro, cuál empresario sensato va a arriesgarse a colocar su dinero en esta nación?

El único responsable del aumento de precios en los electrodomésticos y en todos los productos consumidos por los venezolanos es el Gobierno, que persiste en mantener un control de cambios injustificable, fracasado y dañino.

El trío diabólico –Maduro, Giordani y Ramírez- enfrenta la rebelión del paralelo  propiciando ambientes donde germina la violencia y se quebrantan los principios y derechos establecidos en la Constitución, el Código de  Comercio y el Código Civil, aún vigentes, y se elimina la posibilidad  de que Venezuela cuente con una economía saludable, que fomente el desarrollo y la equidad.

Maduro está desesperado por su erosión y la de su equipo en las encuestas. La consulta de diciembre lo persigue. Sin embargo, la cercanía de las  elecciones del 8-D no puede transformarse en excusa para que el errático mandatario apele a medidas efectistas de corte demagógico,  que hunden la imagen internacional del país, mostrándolo como una sociedad sin normas, dominado por turbas  enardecidas y bajo la tutela de militares que medran de la descomposición. Esas medidas descuadernan aún más la economía, y alimentan una cultura popular basada en la dádiva del Estado y en el comportamiento arbitrario de los órganos oficiales.

En nombre de la seguridad jurídica, la abolición de la discrecionalidad y la creación de un clima de confianza en el país, hay oponerse con firmeza a todo acto ilegal que conspire contra el Estado de Derecho. Ya los rojos asaltaron PDVSA, fincas, haciendas, hatos, edificios, casas. Los resultados están allí. Son el caos y la miseria, material y humana.

@trinomarquezc

La rebeldía del paralelo – Trino Márquez

Trino Márquez

Cuando Rafael Ramírez –quien detenta más cargos que un dictador africano, pues es vicepresidente para el Área Económica, ministro de Petróleo y Minas y presidente de PDVSA (¿de dónde sacará tiempo para atender las exigentes demandas de la empresa petrolera?)- le señaló a José Vicente Rangel que le había “declarado la guerra al dólar paralelo”, la divisa norteamericana se disparó hacia las nubes a la velocidad de crucero. Un empuje similar seguramente ocurrirá luego de la alocución de Maduro del miércoles 6 de octubre en la que decretó el nacimiento del socialismo militarista, ya sin tapujos de ninguna clase.

Ramírez y Maduro, con quince años en el gobierno, siguen creyendo en dos dogmas comunistas: uno, que la economía puede dirigirse como si se tratase de un cuartel; dos, que la realidad puede moverse a placer como si sus piezas fuesen  muñecos de un teatro de títeres. Su fórmula es sencilla: contra la conspiración, autoritarismo.

Si el asunto fuese tan simple los países con mayor desarrollo y equidad habrían delegado la conducción económica al ejército o a la policía. Estos habrían resuelto los problemas llenando las cárceles con empresarios deshonestos que trafican con el hambre del pueblo.

Ramírez -junto a Maduro,  Giordani, Samanes y el resto de burócratas que jefaturan el proceso- no se han enterado de que las naciones con mayores controles, restricciones y obstáculos a la actividad económica, se encuentran en las cotas más bajas del desarrollo y más altas de inequidad social. En la acera de enfrente se ubican los países donde las regulaciones son pocas y la concertación entre los agentes productivos permite resolver los cuellos de botella que inevitablemente aparecen en las naciones. La receta que se aplica es inversa a la de Ramírez: diálogo para solucionar los conflictos surgidos en el curso espontáneo que sigue la realidad. Cero coqueteo con las teorías conspirativas que buscan ocultar los fracasos de las políticas públicas. Cuba y Hong Kong resumen el contraste entre el intervencionismo policial y la libertad de mercado. En la isla antillana sus pobladores viven sumergidos en la miseria; en Hong Kong, la sociedad con el mayor índice de libertad económica del planeta, el nivel de pobreza es minúsculo y la prosperidad robusta.

El régimen lleva tres lustros dándose cabezazos con una realidad terca. Trata de someter el dólar paralelo mediante amenazas, y este se le encarama en la azotea. Controlan los precios de los productos de la canasta básica, pero la inflación crece en este rubro más que en el resto de bienes y servicios. Militarizan la economía para mejorar el abastecimiento, sin embargo la escasez se acentúa. Imponen el control de cambio con el fin de evitar la fuga de divisas y fortalecer las reservas internacionales, no obstante la devaluación en los últimos años ha sido la más severa conocida por Venezuela en toda su historia, la brecha entre el dólar oficial y el “innombrable” más profunda que el cráter del Vesubio y las reservas internacionales  hundidas en el pozo más profundo en décadas. Estatizan la Electricidad de Caracas y CEMEX, y reestatizan SIDOR, con el declarado propósito de elevar el suministro del fluido eléctrico y aumentar la distribución de cemento y cabillas, pero resulta que los apagones se repiten con la monotonía de un estribillo, mientras el cemento y las cabillas no se consiguen ni para remedio; o, cuando se encuentran, su precio provoca espasmos.

Las comunas productivas, la economía popular, las Empresas de Responsabilidad Social, las monedas comunales y todo el resto del arsenal socialista del régimen, explotó. El proyecto de ingeniería social diseñado por el oficialismo naufragó porque era imposible que tuviese el viento a su favor. El gobierno fracasó en la macro y en la microeconomía. El entuerto no podrá enderezarlo aunque ponga el Ejército en la calle, militarice la economía, coloque a los milicianos en las cajas de los automercados o profiera tantas amenazas como Savonarola. El dirigismo se hundió porque atentó contra un principio esencial de la economía y de la vida: las necesidades se satisfacen con los instrumentos que la sociedad posee; este acoplamiento entre necesidades y satisfacción va dándose de forma espontánea, tal como lo descubrió Adam Smith hace más de dos siglos. El Gobierno es un factor que contribuye a corregir distorsiones y desequilibrios, y coopera con los trabajadores  y los empresarios para que el proceso productivo sea óptimo, pero jamás puede sustituirlos.

Aquí reside la lección de la rebeldía del paralelo.

@trinomarquezc

El artículo 41 de la Constitución y la doctrina Chávez – Trino Márquez

Trino Márquez

La nacionalidad de Nicolás Maduro se ha convertido en un problema de Estado del cual el régimen no logra zafarse. Peor todavía: tiende a agravarse. Es una piedrita en el zapato del heredero. El oficialismo trata de restarle importancia al asunto, relegándolo a un segundo  plano, pero no consigue hacerlo. El obstáculo está allí, sin que las evasivas del involucrado, ni la partida de nacimiento mostrada por Tibisay Lucena, logren despejar las dudas existentes. Cada declaración o explicación oscurece aún más el panorama. El incordio es de enorme importancia política y jurídica porque el enredo lo creó el mismísimo Hugo Chávez. Conviene reconstruir brevemente la historia.

En el artículo 182 de la Constitución de 1961 se lee: “Para ser elegido Presidente de la República se requiere ser venezolano por nacimiento, mayor de treinta años y de estado seglar.” Todo de lo más simple, con el fin de cumplir con la sencillez de los principios democráticos. Nada de discriminaciones odiosas o formas encubiertas de chauvinismo.

    Al comandante Chávez no le pareció conveniente esta forma escueta de redactar un artículo donde se establecían las condiciones que tenía que reunir quien aspirara al alto honor de presidir la República, de allí que se las ingenió para proponer, tal como era su estilo, una forma rebuscada y engorrosa de redacción en la que mezcló el cargo de Presidente con el de Vicepresidente Ejecutivo, Presidente de la Asamblea Nacional, magistrados del TSJ, Fiscal, Contralor, ministros y otros altos funcionarios del Gobierno central.

    En 1999 -en pleno apogeo de su popularidad, cuando desfrutaba de un cómodo 82% de aceptación, y la oposición estaba convertida en polvo cósmico- aparecieron sus primeros síntomas de paranoia. Pensó que el imperio o cualquier otro país foráneo, por ejemplo Colombia, podía diseñar una estrategia orientada a que un extranjero adoptara la nacionalidad venezolana, con  el fin expreso de que ese país se apoderara de las inmensas riquezas naturales de la nación y subordinara los poderes públicos a intereses extraños. Vio amenazado el petróleo, el hierro, la bauxita, el Guri, la petroquímica.

    Para impedir que esa siniestra estrategia pudiese materializarse, se le ocurrió que para aspirar a la Presidencia de la República, además de venezolano por nacimiento, mayor de treinta años y de estado seglar, como indicaba la Carta Fundamental del 61, era necesario señalar taxativamente en el Artículo 41de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) que “sólo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad podrán ejercer los cargos de Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo… Ministros relacionados con la seguridad de la Nación…” (negritas mías). Propuso la pureza de origen. Como respaldo él tenía a su tatarabuelo Maisanta. Sus obedientes acólitos en la Constituyente obedecieron la orden como si se tratase de un mandato imperial y la incluyeron en la Carta.

    Por lo tanto, lo de “sin otra nacionalidad” fue cortesía del teniente coronel. Fue él quien concibió lo que  podría calificarse como la doctrina Chávez en esta materia. En la época en que la ideó gozaba de buena salud. No podía imaginarse que “su hijo” y legatario sería víctima de su delirio paranoide.

    Nicolás Maduro no ha podido demostrar que nació en Venezuela, a pesar de que hasta ahora ha mencionado cuatro sitios distintos como cuna. Las pruebas, por lo demás contundentes de quienes han realizado las pesquisas, apuntan a que vio la luz en la hermana República. En este ambiente, ya resulta cuestionable que haya ejercido los cargos de Canciller y Vicepresidente, a los cuales se les aplica el artículo 41 de la CRBV. No se diga, entonces, el de Presidente.

    Si Maduro es tan chavista como dice, lo mínimo que debería hacer es respetar el legado doctrinario de su “padre”. Por respeto a la memoria de su idolatrado comandante, tendría que demostrar de forma fehaciente que nació en algún lugar de Venezuela y que es un digno defensor de la doctrina Chávez en lo concerniente a la pureza de sangre, asunto que tanto preocupó a su mentor. Si no logra hacerlo, la lealtad con su progenitor debería conducirlo a la  renuncia. Demostraría así que es un cabal defensor de los principios establecidos por el fundador de la revolución bolivariana.

@trinomarquezc

Firme alianza: rentismo y militarismo – Trino Márquez

Trino Márquez

Uno de los hilos conductores del largo, tedioso y mal leído discurso del señor Nicolás Maduro en la Asamblea Nacional, cuando solicitó que le concedieran poderes especiales, residió en señalar que estaba dispuesto a librar una denodada lucha contra el “rentismo” y su expresión social: la “burguesía parasitaria”. Este objetivo compartió honores con la guerra a la corrupción, la otra razón para solicitar la habilitación.

No sé si Maduro sabe el significado del término rentismo. Démosle el beneficio de la duda y supongamos que sí conoce sus alcances. Entonces hay que anotar que la receta que propone para erradicarlo, junto con sus primos hermanos –el clientelismo y el mercantilismo- producirá efectos totalmente contrarios a los buscados. En vez de combatir la enfermedad, o al menos atenuarla, lo que hará será agravarla hasta convertirla en una epidemia más letal que la Peste Negra.

El rentismo se vincula a los privilegios y beneficios obtenidos por uno o varios grupos sociales, independientemente del esfuerzo realizado, el trabajo desplegado o el riesgo asumido en determinada actividad. La cercanía al poder y a los centros donde se toman las decisiones otorga prerrogativas que no pueden alcanzarse de ningún otro modo. El Estado reparte subsidios, concede licencias, otorga cupos, sin importarle la eficiencia o productividad del agente que recibe la gracia.

Lo que, siguiendo a Giordani, propuso Maduro en la Asamblea para pulverizar el rentismo, fue concentrar las importaciones en el Estado, mantener y acentuar los controles y la estatización de la economía, militarizar el proceso productivo y aplicar una política más restrictiva y policial. Su propuesta se orienta a atornillar el rentismo.

Las divisas serán otorgadas de acuerdo con el criterio del Ejecutivo Nacional a través del Estado Mayor del Órgano Superior de la Economía Productiva, presidido por el ministro de Transporte Acuático y Aéreo, general Hebert García Plaza. Al sector privado  se le colocarán todavía mayores obstáculos para acceder a las divisas que permitan la compra de equipos y maquinarias, repuestos, materias primas. El goteo de dólares para atender las necesidades de las empresas será todavía más lento y espaciado. Alrededor del Estado Mayor  revolotearán los favoritos del régimen, quienes aplaudan las bondades del  socialismo bolivariano y les parezca que Maduro es un líder de proyección mundial y el marxismo del profesor Giordani,  el último grito de la solidaridad y la justicia social.

Los ingresos petroleros los seguirá distribuyendo Maduro de acuerdo con criterios exclusivamente políticos y sectarios. La racionalidad económica fue abandonada. El sustento de las políticas públicas ya no lo aportan los economistas, sino los militares. Nelson Merentes fue despojado de todo poder real y sustituido en la Vicepresidencia del Área Económica por Rafael Ramírez,  con el fin de reafirmar que Maduro continuará  la línea radical trazada por Hugo Chávez  después de 2006. Para ese propósito cuenta con la firme alianza de los militares.  El gobierno ´reemplazó la experiencia y el conocimiento por el dogma y la autoridad basada en la fuerza. La coalición entre los militares y el gobierno se expresa en el hecho de que importantes empresas públicas y corporaciones son conducidas por miembros de las FAN: Diques y Astilleros Nacionales, C.A. (DIANCA), CVG, Venalum, SIDOR, Briqueta de Venezuela (Briqven), Ferrominera Orinoco y hasta Industrias Diana.

Como dice Carlos Goeder, los economistas sobran en este gobierno. Resultan un incordio que Maduro decidió excluir. Para seguir acumulando poder y repartir la renta petrolera mediante canonjías y prebendas, no hace falta nadie que se haya ocupado de estudiar cómo se conforman los mercados, cuáles son los mecanismos a través de los cuales se forman los precios, cómo puede aumentarse la producción y elevarse la productividad, cómo es posible incrementar la capacidad del personal y el apoyo de los sindicatos. Ninguna de las contribuciones de la ciencia económica importan. Lo relevante es buscar un firme aliado donde está el poder de fuego. Las armas sirven para atemorizar, reprimir y disuadir.

El signo del socialismo del siglo XXI es cada vez más rentista y militarista. Esta mezcla resulta letal para las naciones. Los gobiernos militaristas siempre terminan llamando a los civiles para que les corrijan los entuertos. Esperemos que no pase demasiado tiempo antes de que esto ocurra.

@trinomarquezc

Tres episodios peligrosos – Trino Márquez

Trino Márquez

El primero. María Corina Machado y Julio Borges, en mayo pasado, fueron objeto de una salvaje agresión por parte de un grupo de gorilas oficialistas dentro de la Asamblea Nacional. La golpiza se ejecutó bajo la mirada alegre de Diosdado Cabello, el caporal que dirige el Parlamento con mano de hierro, cuando se trata de la oposición, pues frente a Nicolás Maduro, su enconado adversario dentro del PSUV, cada vez cede mayor terreno. La Ley Habilitante representa una renuncia al ejercicio de su poder como Presidente del cuerpo legislativo y su relegación sumisa al segundo plano del protagonismo.

En aquella oportunidad la ferocidad del ataque fue tan desmesurada que los parlamentarios de diversas democracias del mundo, tan discretos a la hora de solidarizarse con la oposición venezolana, se vieron forzados a respaldar a sus pares criollos. El apoyo internacional no varió la postura arrogante de Cabello. De su boca no salió ninguna condena. No promovió ninguna comisión que sancionara a aquellos matones a pesar de que se había puesto en peligro la vida de dos colegas. Antes de ese episodio, el teniente Cabello junto a sus camaradas rojos habían celebrado a mandíbula batiente que el “padre” de todos ellos, el difunto Comandante, insultase a George Bush en la sede de ONU en Nueva York y que un periodista iraquí en una rueda de prensa concedida por el mismo Bush, le arrojase a este un zapato a su rostro. Estos despropósitos les parecieron simpáticos y parte de la lucha contra el imperio, aunque se trataba de embestidas contra el Presidente de los Estados Unidos.

El segundo. Para Cabello y sus secuaces del Parlamento, la salsa que es buena para el pato no es buena para la pata. En el discurso de Maduro, largo, fastidioso y mal leído, Julio Borges y Nora Bracho —ante las repetidas alusiones e injurias de Maduro contra Primero Justicia— lo interrumpieron para exigir la palabra, que en este caso era un legítimo derecho a la defensa. La actitud valiente del coordinador de PJ y de Bracho provocó la  ira de Cabello quien se creyó obligado a demostrarles al heredero y a los cubanos que es más leal con su jefe que Bernardo con don Diego de la Vega. La banda de camorreros que han propiciado toda clase de desmanes en el Hemiciclo, se sienten agraviados porque supuestamente se “ofendió” la majestad presidencial. Como desagravio a Maduro, le infringieron  un castigo ejemplar a la oposición: los diputados sancionados no podrán hablar en la Asamblea durante un mes.

El Parlamento —creado para parlamentar, hablar, negociar y llegar a acuerdos a través del verbo— fue convertido por Cabello y su pandilla en un paredón donde acribillan a sus oponentes, les niegan el derecho a réplica y los silencian. El hostigamiento dicta la estrategia de los miedosos.

El tercer episodio al que quiero referirme es a la destitución y detención del alcalde de Valencia, Edgardo Parra. Al parecer la codicia desmedida inspiró a este ciudadano en su tránsito como burgomaestre de la capital carabobeña. Llama la atención, sin embargo, que sea después de varios años de ejercicio en el cargo que Parra haya sido castigado. Desde hace bastante tiempo se sabía que no era muy probo que se diga en el manejo de la cosa pública. Todo lo contrario. El erario de la entidad había pasado a ser su patrimonio particular. Pero fue su rivalidad con Francisco Ameliach, gobernador del estado, y no su desempeño como alcalde, el botón que lo eyectó.

Por cierto, si el régimen es tan eficaz combatiendo y castigando a los corruptos, ¿para qué necesita la Habilitante? Para fines distintos a la lucha contra la corrupción: el control férreo de la conciencia democrática del país, la imposición del esquema económico socialista, la implantación de la “democracia comunal”, el sometimiento de la libertad de información y de expresión.

Volvamos al caso de Valencia. La gente del PSUV anuncia con redoblantes el castigo a Parra. Lo señala como parte de su lucha implacable contra la corrupción de cuello rojo. Esta alharaca resulta sospechosa. ¿Por qué tanto bullicio con un procedimiento que debería ser normal en un régimen decente? Temo que los rojos estén preparando el terreno para atacar a dirigentes opositores con el argumento de que así como son severos con los militantes de sus propias filas que transgreden las normas y se corrompan, serán estrictos con quienes se encuentran en el bando opuesto. El régimen puede estar pensando que la defenestración de Parra les da autoridad y legitimidad para enjuiciar a cualquier gobernador, alcalde, diputado o dirigente de la oposición que les resulte incómodo. De esta manera matan dos pájaros con la misma bala. La facción que apoya a Ameliach salió de un dirigente molesto, que desconoció su autoridad, y el régimen se quitaría de encima a cualquier figura que le haga contrapeso, por ejemplo, Henrique Capriles o Henri Falcón.

A esta eventual maniobra hay que salirle al paso. ¡Alertas!

@trinomarquezc