Opositores, sospechosos habituales – Luis DE LION

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No hay, ni habrá presunción de inocencia para nadie, con un poder político obstinado en perseguir a quienes se le oponen y tampoco la hay en un poder judicial que confunde justicia con venganza. Leopoldo López, tiene al pueblo venezolano como testigo de la suerte que le ha tocado correr. Las acusaciones y los métodos utilizados en su contra, por parte del régimen castromadurista, jamás han tenido como objetivo buscar la verdad de los hechos.

El ropaje jurídico de la dictadura chavista. Quedó claro y como tal debe ser asumido, que el punto de partida para todo aquél que administra justicia en Venezuela, es que lo hace a partir de su militancia política.

El tiempo y la historia, mostraran las heridas de ésta grave violación a los principios republicanos, cuyas principales víctimas son los derechos humanos, la paz civil, la cohesión nacional y la imagen de Venezuela.

Ante ese escenario de deriva hacia la tiranía, todo un atrevimiento, el de estos líderes de oposición, al pretender ocupar el poco espacio de opinión, con un llamado a manifestar pacíficamente, sin que en el calendario oficial, haya ninguna cita electoral, que sea al menos visible en el horizonte.

“¡Que injusto, que injusticia!”. Fue así como Leopoldo López calificó ésta semana la decisión de la jueza 16 de Control de Caracas, Adriana López, al resolver autorizar su enjuiciamiento tras las rejas por los hechos violentos ocurridos el pasado 12 de febrero en Caracas.

Pero entre la virulencia de los sultanes del castromadurismo ante las protestas y la expedita justicia bolivariana, se erige una paradoja. La cual no es otra que, a lo que más le teme el régimen de Maduro y el terreno en el que más apoyo tiene, no es otro que el de la escena internacional.

En ese orden, desde Washington insisten con múltiples declaraciones que muestran el seguimiento que llevan de la crisis en Venezuela, la más reciente la hizo; la portavoz adjunta del Departamento de Estado, Marie Harf, al señalar que para Estados Unidos el “diálogo es el camino a seguir” en Venezuela y “no el arresto político”.

Unas declaraciones, que se produjeron casi al mismo tiempo que, las del coordinador político de Voluntad Popular, Carlos Vecchio, quien se mantuvo en situación de clandestinidad durante 108 días, al comparecer éste jueves ante la Oficina del Alto Comisionado de los Derechos Humanos de la ONU en Nueva York, donde presentó la situación de Venezuela, en cuanto a la violación de Derechos Humanos, la persecución política que se mantiene sobre los dirigentes del partido Voluntad Popular y de la #UnidadEnLaCalle, la reclusión injusta de Leopoldo López, Daniel Ceballos, Enzo Scarano, Iván Simonovis y cientos de estudiantes detenidos.

Sin embargo, Maduro y Cabello, lucen convencidos que van por el buen camino.

Pero ¿se puede gobernar así, se puede llevar adelante un país con ésta dirigencia, con una crisis asfixiante, con una legitimidad entre comillas y lo peor, con las manos llenas de sangre? Parece importarles muy poco ser impopulares y no tener ningún crédito ante la opinión pública.

En ésta Venezuela del castrochavismo. Un país en el que las instituciones dejaron a un lado su actividad genuina, para asegurarle a la Junta que conforman Maduro y Cabello, la presidencia de la República hasta el 2019. Hasta pueden seguir destruyendo al país, persiguiendo líderes de oposición, cerrando medios de comunicación y martirizando estudiantes. La ley, sus leyes, se lo permiten. Puede escasear hasta lo más elemental, pueden cerrar las empresas, los hospitales convertirse en depósitos de seres humanos, la economía y las finanzas pueden extinguirse, pero Maduro y Cabello, siempre serán legítimos.

La palabra, legitimidad, aquí cobra varios sentidos, si lo consideramos desde una óptica moral o desde un punto de vista jurídico. Un extenso e interminable debate, cuya respuesta está en la democracia. Maduro y Cabello, ante la manera de ejercer el poder, no tienen moral alguna y en consecuencia perdieron toda legitimidad.

Honestidad, civilidad, fraternidad, buen sentido administrativo y conciencia ejecutiva y legislativa, son valores de la moral de un dirigente demócrata. La Junta, impuesta desde La Habana, no cumple con ninguna de las premisas de un régimen que se pretende democrático.

Lucen desesperados buscando el pretexto político necesario, que les devuelva la autoridad, al menos en sus espíritus. Insisten en la necesidad del diálogo, mientras le niegan un proceso justo a Leopoldo López.

Las acusaciones y respectivas citaciones ante la Fiscalía de Diego Arria y María Corina Machado, confirman la deriva autoritaria, que La Habana, le exige al régimen de Maduro.

Pero si los demócratas no abandonan la calle, ni sus legítimas reivindicaciones, el régimen estará en la obligación de escoger, y la selección no será a partir de una multiplicidad de opciones. Se hará a partir de lo que desde hace tiempo la opinión pública luce preparada, es decir, a sustituir éste régimen.

La tendencia ha de ser una sola. Plantarnos firmes, como antagonismo al castromadurismo, para contener su destructivo avance. Luego, la indignación ciudadana, le cederá el paso a una estructura genuinamente política y no solo electorera, que prepare una alternativa al mandato de Maduro.

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*  Artículo publicado originalmente en el diario El Universal: http://www.eluniversal.com/opinion/140606/opositores-sospechosos-habituales

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El ataque a los estudiantes – Luis DE LION

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“Los estudiantes no somos socialistas, somos seres sociales…” decía el joven Douglas Barrios, en las protestas estudiantiles del año 2007. Ahora en el 2014, una vez más los universitarios venezolanos le ponen rostro a la protesta e inteligencia al combate contra el autoritarismo de Estado.

El régimen de Nicolás Maduro, sin sorpresa, fiel a sus principios, les ha respondido con fuerza e inmediatez. Desde el pasado 4 de febrero se han registrado 31 ataques a 18 universidades en 11 estados del país. De dicha arremetida oficial sobresalen hechos tan graves como; violación de la autonomía por parte de funcionarios de seguridad del Estado junto a los paramilitares de los llamados colectivos, hasta la ejecución de múltiples actos vandálicos. Personas heridas, vehículos destrozados, además de cuantiosos daños a las instalaciones de las Universidades atacadas por el oficialismo. El modus operandi, se repite cual estricto y preciso guión. Colectivos motorizados armados y acompañados -protegidos- por la PNB y por la GNB. Los testimonios son numerosos, así como las pruebas en imágenes y videos, de tan violento como impune accionar.

En marzo pasado, en un ataque en Caracas, a la sede de la UCV, grupos de civiles armados agredieron a estudiantes e incluso desnudaron a un joven. En Barquisimeto, el pasado lunes 5 de mayo, un incendio provocado por colectivos cercanos al régimen consumió más de 40% de las instalaciones de la Universidad Fermín Toro.

Previo a todo esto, específicamente hasta febrero de éste año, el castrochavismo había venido luciendo con desenfadado orgullo, una careta democrática, que los estudiantes finalmente le han arrancado. Una suerte de hoja de parra, la cual una vez perdida, ha dejado desnuda a la dictadura venezolana, ante sus gobernados y ante la opinión internacional.

Apenas se disponía Maduro a celebrar su primer año de gobierno, cuando los estudiantes despertaron. Convencidos que no hay un “camino”. Hay que construirlo.

Una insurgencia, la de los estudiantes universitarios venezolanos, tan grande que además de desconcertar a la Junta que conforman Maduro y Cabello, los estudiantes, perturban a un liderazgo opositor paralizado. Por la sencilla razón, de que no los entienden.

Los estudiantes se han convertido en la vanguardia de ese país que no se resigna a vivir sin el disfrute de sus libertades. Han sido capaces al mismo tiempo de retar al régimen y de sacudirse a la extenuada retórica del movimiento opositor. Sin lobby mediático, sin encuestadoras, sin dólares, sin aviones privados. Armados de coraje e ideas.

¿De qué hablan los estudiantes? De no seguir viviendo bajo la bota de un Estado caníbal. ¿Dónde quieren vivir los estudiantes? En un país donde se pueda hablar sin miedo y se pueda soñar con hacer la justicia realidad.

La novedad en estos jóvenes universitarios, entre otras, es que actúan libres del lastre de la figura del “Che” Guevara, y de Fidel Castro. Todo un atrevimiento el de estos estudiantes venezolanos, insurgir, contra el “arte de la espera” impuesto por los hermanos Castro y así intentar, romper con la dinámica de etapas, impuesta por el régimen títere que encabezan Maduro y Cabello.

A pesar de todo esto, el movimiento estudiantil se ha quedado solo, en lo que considero, como un suicidio moral y político, por parte de la dirigencia de la MUD.

Pero ánimo no les falta, ideas y propuestas les sobran. En el “Manifiesto de Mérida” los estudiantes se expresan en términos políticos en contraste con el discurso repetitivo vacío y anecdótico de la MUD. En dicho manifiesto, los estudiantes van directo al eje de gravedad de éste andamiaje represivo, al exigir: “como patriotas la retirada de toda fuerza de ocupación militar cubana. Queremos que salgan de nuestro territorio, todos los funcionarios dentro de nuestras instituciones por cuanto representan con su injerencia en nuestros asuntos internos una amenaza a la seguridad de la Nación. Nosotros queremos una Nación soberana”. De igual forma, nos reiteran que tienen una sólida conciencia política, los estudiantes en su manifiesto, al sostener que: “Es este el momento de definir nuestro destino. Está a prueba nuestro gentilicio y hemos sensibilizado al mundo con nuestro coraje. No hay posibilidad de cambio real si no logramos llegar hasta el final: por eso, está prohibido perder”.

Han dejado en claro que la meta es; no padecer el virus del conformismo, que se propagó de generación en generación. Hoy, los universitarios están alertando a la sociedad venezolana, para que ejerza su derecho a encauzar el hilo perdido de la democracia.

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*  Artículo publicado originalmente en el diario El Universal: http://www.eluniversal.com/opinion/140502/dialogo-y-confusion

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Diálogo y confusión – Luis DE LION

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Nicolás Maduro, de manera recurrente, ha mostrado la poca convicción que tiene por el diálogo con la MUD. Por su parte, la vocería de la Unidad opositora, insiste en que el diálogo es un camino difícil e indispensable que se debe seguir. Entre ambas posiciones, una realidad, que condiciona la legitimidad del régimen castrochavista.

Ninguno de los respectivos voceros ha logrado transmitirle a la opinión pública ni el vigor, ni el empuje que esperaba la sociedad, luego de tres reuniones entre Gobierno y oposición. Hasta ahora el régimen ha lucido satisfecho, hasta orgulloso, de las buenas intenciones que de manera repetida proclama. Curiosamente, suena a discurso de campaña electoral.

La última reunión pareció haber dejado completamente de lado su objetivo inicial, que no era otro que avanzar a paso firme hacia un proceso de Amnistía. De lo que se trataba, era progresar en el plano de los que están presos, procesados e impedidos de regresar al país. Pero el régimen, prefirió ampliar el tema, llevándolo al terreno de la dimensión propagandista, al utilizar con su presencia en el diálogo a la “Organización de Víctimas de los Hechos del 11 de Abril de 2002”. De esa manera dejaba claro el régimen, que su supuesta prioridad, no tenía casi nada que ver con el tema de la reunión.

De golpe, en la boca del Vicepresidente la prioridad era otra. La prelación, como una suerte de cuenta pendiente. De esa manera entraba el diálogo de lleno en el absurdo. Sin ninguna consideración por la gravísima realidad del país. El régimen parece haber escogido cuales son sus prioridades. Una banalización, despreciando así el más elemental respeto por todas las víctimas, sean las del 11 de abril, como los actuales y las que lamentablemente, están por venir.

La confusión, ha quedado instalada. El diálogo, en menos de un mes, cayó en la trampa de la falta de consideración, en un momento crítico, en el que el régimen le ha pisado el acelerador a la represión y a la persecución de las ONG defensoras de los Derechos Humanos, así como a sus voceros y también a los abogados defensores de las víctimas.

Dicho esto, es evidente que el llamado diálogo, no esté alcanzando entre la opinión pública, me refiero a la sensata, el reconocimiento y apoyo, necesarios para la búsqueda de resultados que involucren los principales factores políticos del país.

De esa manera, por más que ambos sectores muestren preocupación, porque el diálogo produzca resultados, no basta con anunciarlo, sin haber hecho el análisis del estado actual del país. En particular el régimen, luce muy mal al momento de aplicarle remedio a los males que aquejan a la Nación. De allí, la irresponsabilidad de mantener, en estos tiempos, un discurso electoral. Grave error en el cual también ha caído la MUD.

La confusión echa raíces, se apoltrona. A la oposición su falta de coraje. Al régimen su ilegitimidad y el mal uso de la autoridad. En efecto, constituyen las fuerzas autodestructoras de ambas partes. Una realidad política dislocada.

Decir esto me coloca en el papel del radical, del divisor, en fin, del enemigo. Pero solo a los ojos de los que hacen comparsa interesada, de los miembros de la secta del statu quo.

La esencia cívica de cada uno de nosotros, no aspira a que el diálogo sea un fracaso. Personalmente no milito en el sectarismo de los socialistas. Espero simplemente actos. Sin arrogancia ideológica. Ni bolivarianismos religiosos, ni fomentando diferencias entre clases.

Podemos soñar con que algún día se logren los objetivos reales del diálogo. Así sean los mínimos. De momento, hay una prudencia que se asemeja más a un desinterés político. Hará falta, no me cansaré de repetirlo, un liderazgo político con audacia, con inagotable voluntad, para derribar los obstáculos que el régimen y algunos opositores van a colocar en el camino. Todo ello convencidos, de forma clara y sólida, que es la primera etapa de la reconstrucción de Venezuela.

Habrá que ir más rápido y con más fuerza. Tendrán la palabra los demócratas concientes de éste imperativo.

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*  Artículo publicado originalmente en el diario El Universal: http://www.eluniversal.com/opinion/140502/dialogo-y-confusion

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La educación bajo supervisión cubana – Luis DE LION

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El adoctrinamiento a la cubana a través de los textos escolares, es un plan que comenzó a desarrollar el régimen castrochavista desde el año 2005. Para la época se encendieron múltiples alarmas, otros, porfiaban en señalar que no somos Cuba.

Así llegamos al 2014 y los llamados de alerta resurgen, con la polémica Resolución 058, en la que se establece la normativa y procedimiento de los Consejos Educativos. Normativa ésta abiertamenteinconstitucional.

Más allá de los objetivos que en materia educativa el régimen castrochavista adelanta desde el 2005, las luces de alarma que se encienden y que debieron siempre alimentar la polémica tenían que ver con la implícita inspiración cubana contenida en la integralidad de las reformas educativas.

A partir del 2005, se modificó el contenido de los programas educativos, el sistema de evaluación, el calendario escolar y la formación de docentes.

Primero fue el proyecto #15: “Supervisión en planteles y servicios educativos” el cual forma parte del convenio de cooperación Cuba-Venezuela. El 27 enero 2005 en Gaceta Oficial, el decreto 3444, procedía a la “Reforma Parcial del Reglamento Orgánico del Ministerio d Educación Superior”

A finales del 2005, el Ministerio de Educación elaboró y publicó una lista con los textos obligatorios adaptados al nuevo currículo. Es más, el Calendario escolar castrochavista, ya festejaba rebeliones militares y durante las vacaciones del 2005, fueron capacitados 50.000 educadores bolivarianos, completamente comprometidos con el proyecto castrochavista.

Uno de los grandes logros que permite el desarrollo de la investigación y el conocimiento científico a partir del siglo XVI es la progresiva separación entre religión y educación, por una parte, y entre educación y Estado, por la otra. Dicha característica secular de la educación, presente en Venezuela incluso durante el período de Gómez, pretende erradicarla el castrochavismo.

De tal manera que, calendario y textos escolares, son para convertir la “pedagogía social” del Gobierno en “pedagogía escolar”. La tarea es lograr interiorizar la “nueva historia nacional” en niños y jóvenes y el mejor vehículo para tal fin es la enseñanza.

En educación el propósito básico es desacreditar todo lo que se hizo entre 1958 y 1998, señaló Laura C. de Gurfinkel y sustituirlo por ideologías, principios pedagógicos y estrategias metodológicas inspirados fundamentalmente en el sistema cubano.

Fidel Castro sabe por experiencia, que un lavado de cerebro a corta edad conforma “robots” revolucionarios.

En definitiva, el sistema de educación venezolano, ha quedado bajo supervisión cubana.

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No al castrismo – Luis DE LION

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Desde el 14 de diciembre de 1994, cuando Fidel Castro en La Habana le impuso a Hugo Chávez el título de Comandante, ya el Teniente Coronel golpista hablaba de compatriotas cuando se refería al alto gobierno cubano.  Sin duda un reflejo, del plan que impondría en Venezuela, una vez accediera a la presidencia.

Veinte años han transcurrido, varias elecciones de por medio y el patrón ideológico y programático del sistema actual del régimen que ahora preside Nicolás Maduro es, sin sorpresas, eminentemente cubano.

Ante ésta inédita y muy grave situación de sumisión soberana, y en medio de ésta grave crisis que afecta al país entero en todos sus ámbitos, llama poderosamente la atención que, en el proceso de diálogo entre el régimen y la MUD, no hay de parte de los representantes de la oposición ningún lineamiento de acción respecto al necesario, indispensable y tardío reclamo a la presencia e influencia de agentes cubanos en territorio venezolano.

No es un secreto, para nadie que la representación del régimen castrista, está muy activa en todas las instancias administrativas, así como también dentro de la Fuerza Armada, con mando y determinación en la conducción de las políticas de Estado.

Una servidumbre que lleva casi dos décadas y que a la acosada opinión pública venezolana, le tomó diez años admitir.

En enero del año 2012, de manera muy tímida, se anunció que en un hipotético gobierno de unidad opositora, se “revisaría” el Convenio de Salud Venezuela-Cuba, sin más y sin hacer mención al hecho que la salud pública en Venezuela está completamente en manos de cubanos. Hasta allí llegaba el tema Cuba, para la MUD.

¿Por qué la dirigencia de la MUD, no asume la verdad del dominio cubano, de modo sistemático, como bandera fundamental de lucha? ¿No es acaso imperativo conducir la lucha en función de una segunda independencia nacional?

El reto que hoy tenemos los venezolanos es enorme. Nos toca derrotar a un régimen e inmediatamente ponernos a la altura de lo que sin duda será una lucha que conlleva jugar en diversos escenarios a la vez, por lo que se exige un talento infinito, en donde no caben ni el continuismo, ni la postración, ante la tiranía más longeva del continente.

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Entre La Habana y Washington – Luis DE LION

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A pesar que en estos últimos días haya bajado un poco la intensidad de las protestas que comenzaron el pasado 12 de febrero, los estudiantes y una parte de la oposición, han mostrado que no han perdido su combatividad. Una manera de confirmar el cambio radical y duradero en el modo de hacerle oposición al castrochavismo, en particular después de los resultados electorales en entredicho que llevaron a Maduro al poder el 14 de abril del 2013.

Los estudiantes confrontan a un régimen que dispone de todo el arsenal del Estado como amenaza suprema, pero al mismo tiempo, se enfrentan a un régimen sin piso popular, con divisiones internas, cada vez más crecientes.

La violencia y la saña con que el régimen ha reprimido la protesta ciudadana, ha servido para confirmar que Maduro, es el hombre de La Habana. Que dispone de una sola estrategia. Un presidente mal elegido, que no ha hecho otra cosa que multiplicar su agresividad, encerrándose cada vez más, en sus anatemas.

Tanta ineptitud, terminará por contrariar hasta a sus partidarios. Tanto odio mezclado con torpeza, no puede explicarse sino por la voluntad constante de provocar el caos.

Es en ese contexto, que una parte de la oposición representada por la MUD, acudió el martes pasado, a un segundo encuentro con representantes del régimen, luego que quedó demostrado en el primer encuentro televisado en cadena nacional, que Maduro, es incapaz de hacer la más mínima proposición constructiva. Sorprende la actitud de la MUD. Ese entusiasmo por aceptar, el desprecio, al límite de la confrontación, ignorando el tema de la injerencia cubana, hace que ese sector de la oposición reunido en la sede de la vice presidencia, luzca en situación de debilidad en la relación de fuerzas con el régimen.

Sería terrible que dicho raquitismo político de la MUD, sea producto de la sorpresa ante la amplitud de la protesta ciudadana.

Antes que comenzaran los encuentros entre Maduro y la MUD, ese sector de la oposición parece no haber calculado, ni mucho menos, imaginado las medidas que tomaría ni cual sería su actitud en caso que, como a todas luces ocurrirá, no avancen, ni progresen las discusiones con el régimen.

La estrategia de, no colocar como condición primordial, la liberación de Leopoldo López y de los alcaldes Enzo Scarano y Daniel Ceballos, así como la reincorporación de la diputada María Corina Machado, le pareció a la MUD que le permitiría esperar una mejor cooperación por parte de La Habana, al tiempo que voceros de la MUD, en una suerte de esquizofrenia política, llaman a seguir protestando.

Todo justo cuando, el secretario de Estado, John Kerry, expresaba el martes 8 de abril, el respaldo de Estados Unidos a la misión de Unasur que promueve el diálogo entre el gobierno y la oposición: “Actualmente apoyamos mucho los esfuerzos de mediación de un tercero dirigidos a tratar de parar la violencia y ver si se logra un diálogo honesto”. Ello en contraste, a lo señalado el pasado 27 de marzo, por la secretaria de Estado Adjunta para el Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson: “Estados Unidos no descarta ninguna posibilidad de ejecutar sanciones en el futuro, pero soy enfática en descartar cualquier posibilidad de intervención militar”.

Ese escenario, el del “diálogo honesto” le permitiría al país, a decir de cierto maniqueísmo de opinión vernáculo, escapar de la alternativa catastrófica, que ellos mismos anuncian, entre diálogo o guerra civil.

Pero un diálogo realmente honesto debutaría por asumir la verdad del dominio cubano, de modo sistemático, como bandera fundamental de lucha. La tradición negociadora, la juridicista, impone el tema soberanía como un principio básico para cualquier negociación. Pero la MUD no está siendo ni realista, ni pragmática, al negarse a hablar de la insoportable injerencia cubana.

No comprendo, ese empeño, de la MUD, en exigirle al régimen un esfuerzo, en gestos de menor costo político.

Seguiremos esperando, mientras en lo inmediato se impone como prioridad mantener la protesta, la resistencia ciudadana, hasta hacerle comprender al régimen que la detención de Leopoldo López, de Enzo Scarano y de Daniel Ceballos, es un abuso inaceptable.

Dialogar con el régimen de Maduro, nunca lo tuvo, ni tendrá sentido alguno, sin la participación en las negociaciones de Leopoldo López, María Corina Machado y el liderazgo estudiantil.

No hay razón para dejar que la propaganda del régimen perpetúe el mito de la oposición buena y la oposición mala. Aceptarlo es una aberración política.

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*  Artículo publicado originalmente en el diario El Universal: http://www.eluniversal.com/opinion/140419/entre-la-habana-y-washington

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Los derechos fundamentales – Luis DE LION

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A 20 años del genocidio en Ruanda, aún se busca la verdad histórica. Sin embargo, la tardía, incompleta y parcial reacción de la comunidad internacional, constituye un ejemplo de intromisión en los asuntos internos de un Estado. A través de una intervención militar, se arrestó a los genocidas y la ONU creó el Tribunal Internacional por Ruanda (TPIR). Decisiones estas tomadas por el Consejo de Seguridad de la ONU, dentro del marco del derecho de injerencia humanitario.

Los orígenes del deber de injerencia, se remontan a 1987, cuando en una conferencia de prensa en París, un grupo de abogados y dirigentes de organizaciones humanitarias, reivindicaron el deber de injerencia como un asunto de ética.

La ONU está fundada precisamente sobre el principio de no injerencia, según el artículo 7 de la Carta. En consecuencia, no existía la manera de sustraer de los asuntos internos de un Estado miembro, el monopolio que éste ejercía sobre el respeto de los Derechos Humanos. Pero gracias al jurista francés René Cassin, se abrió una brecha que llevó a que la ONU adoptara, la Declaración Universal de los Derechos del Hombre en diciembre de 1948.

Lo que comenzó como un simple derecho de vigilancia, con el tiempo se convirtió en acciones de intervención territorial; ejercidas en un primer tiempo por las llamadas ONG Sin Fronteras.

En los últimos años, la ONU ha tomado diversas resoluciones, y si no todas se han puesto en práctica, algunas sí han logrado resultados concretos. Como la operación “Turquesa”, que con retraso permitió detener el genocidio en Ruanda; la OTAN en el Kosovo detuvo la depuración étnica. La intervención en Haití. En Libia, para detener a Kadafi y sus intenciones genocidas. Sin embargo, conflictos como el de Siria, siguen a la espera de una resolución por el estilo.

En la Venezuela de Chávez y ahora con Maduro, las fuerzas del Estado asesinan impunemente, persiguen y torturan. El retiro de Venezuela de la CIDH, puso en evidencia las intenciones de Chávez de saltarse la Constitución; constituyendo así, junto a las violaciones de los Derechos Humanos, dos elementos que encajan dentro de una fatal lógica represiva y antidemocrática.

Chávez y Maduro, olvidaron que según la Constitución del 99, todo ciudadano afectado por la violación de sus derechos fundamentales, puede acudir (Art. 31) ante organismos internacionales, a los fines de obtener amparo por sus derechos.

Si Maduro piensa seguir adelante con su autoritarismo, debe tener presente que hoy la injerencia, es leída y entendida, por la comunidad internacional y por el Consejo de Seguridad de la ONU, como un deber y un derecho.

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