Otra vez La Habana… – Elizabeth Burgos

 Elizabeth Burgos

La suspensión del diálogo de La Habana con la Unión Europea debe significar una profunda decepción para aquellos que guardaban la ilusión de ver a Cuba, obligada por el estado crítico de su economía y la de su protectorado venezolano, plegarse a las condiciones que le impondría la UE de respeto de los derechos humanos para usufructuar créditos y múltiples ayudas de cooperación destinados al desarrollo de los países necesitados. Condición impuesta por Bruselas para derogar la Posición común de 1996 que asumió a instigación del gobierno español entonces bajo la administración de José María Aznar, único gobernante español, incluyendo a Francisco Franco, que mantuvo una postura enérgica frente al gobierno de Fidel Castro.

La postergación de  “la tercera ronda de negociaciones para un Acuerdo Bilateral de Diálogo Político y Cooperación entre la UE y el Gobierno cubano, prevista para el 8 y 9 de enero, se ha aplazado a petición de las autoridades cubanas”. Extraoficialmente, pues alguna una razón tenía que dar la parte cubana aunque fuese a manera de rumor. Trascendió que la suspensión se debía a un enojo de La Habana en relación a un evento cultural organizado por el bloque europeo en Washington que no fue de su gusto. Pero según fuentes allegadas al tema, el motivo del disgusto parece haber sido una exposición organizada por la embajada de Lituania en mayo pasado en Washington con fotos de la isla del fotógrafo lituano Marius Jovaîsa que tenía el respaldo de La Habana a cuya fiesta inaugural fueron invitados  los senadores cubano-americanos Lincoln y Mario Díaz-Balart, (por cierto, primos hermanos de Fidelito Castro Díaz Balart, primogénito del dictador cubano)  Ileana Ross-Lehtinen y Bob Menéndez, lo que para La Habana significó un insulto por tratarse del lobby anti castrista más persistente dentro del panorama estadounidense en donde el régimen de los castro goza de poderosos lobbies de simpatizantes, en particular en los medios académicos.

El pretexto parece y es ridículo. Pero para quienes conocen el modo muy particular de La Habana de moverse en el ámbito diplomático, en particular en lo que se refiere a negociar el término de las relaciones tirantes en particular con EE. UU. y con la UE, no sorprende en lo más mínimo. Siempre los Castro se las han arreglado para que falle este tipo de negociaciones. Establecer relaciones respetando las normas vigente de la diplomacia es algo a lo cual el castrismo no se pliega ni puede hacerlo. Las relaciones de beligerancia son su imagen de marca y su legitimidad. La beligerancia, el enfrentamiento, les dan el sello de rebeldes, d’enfants terribles que se mantienen en estado de insurgencia, al tiempo que van imponiendo su modelo de régimen militar, autocrático, su expansión política, y la imposición de sus propias reglas del juego. La suspensión del diálogo con la UE no es la primera experiencia. Recordemos el intento de Jimmy Carter que se plegó a todas las condiciones de La Habana para levantar el embargo decretado por EE.UU. Cuando estaba Washington  a punto de levantarlo, Fidel Castro envió un cuerpo expedicionario a Angola, en asociación con la URSS. Por supuesto, ante ese hecho, el Senado, no podía otorgarle el aval a Carter. El segundo momento cuando casi se llega al levantamiento del embargo, fue bajo el segundo mandato de la presidencia de Bill Clinton. A último momento, los diálogos se vieron interrumpidos tras el derribo por la Fuerza aérea cubana el 24 de febrero de 1996, de dos aviones civiles pertenecientes a la organización humanitaria de cubanos exiliados con sede en Miami, « Hermanos al rescate » fundada con el propósito de auxiliar a los cubanos que huían de la isla en balsas hacia Estados Unidos. Acusados de haber violado el espacio aéreo cubano, las dos avionetas Cessna fueron literalmente pulverizadas por dos poderosos cazas supersónicos, Mig -29 y Mig-23 .

La suspensión del diálogo con la UE por parte de La Habana se veía venir cuando Raúl Castro se negó a reunirse con el canciller español, José Manuel García-Margallo durante la visita oficial de dos días que realizó a la isla a finales de noviembre de este año. De acuerdo con Reuters, La Habana está molesta con la UE por el reciente llamamiento hecho ante la prensa al término de su visita del canciller español al régimen de La Habana de que ratifique los Pactos de la ONU, así como el convenio 87 de la Organización Internacional del Trabajo sobre la libertad sindical. Igualmente, pidió el canciller que el régimen permita la entrada y salida a los disidentes refugiados de Madrid.

Si bien es cierto, que pese al gesto de Raúl Castro, García- Margallo impartió una conferencia sobre la transición española en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales que podría verse como acto de suma importancia al punto de minimizar el desaire  del general presidente de Cuba, cabe recordar la visita de Jimmy Carter a La Habana en mayo 2002, donde acudió, tras una de esas certeras maniobras de Fidel Castro, quien facilitó (organizó) la visita del ex presidente quien acudió a apoyar la solicitud encabezada por Oswaldo Payá de realizar un referéndum que con el aval de 11.010 firmas presentada ante la Asamblea Nacional. No sólo Carter pudo entrevistarse con los organizadores del referéndum, sino que, en una inusual prerrogativa jamás concedida a extranjero alguno, Fidel Castro autorizó a Carter a expresarse radio y TV y decir que cuando los cubanos ejerzan el derecho de referendo “para cambiar sus leyes mediante un voto directo, el mundo verá como son los cubanos y no los extranjeros, quienes deciden el futuro de su nación”.  Instó también a las autoridades del régimen a publicar en la prensa oficialista el “Proyecto Varela” , nombre que se le dio a la consulta pública propuesta por la disidencia y que perseguía el objetivo de la realización de elecciones libres en el país. No bien abandonó la isla Carter, Fidel Castro organizó su propio referendo que instituía el socialismo como eterno. Entretanto, Oswaldo Payá por haber violado los límites que imparte el régimen a las actividades de oposición, yace bajo tierra, víctima de un muy sospechoso accidente de tránsito. Carter no se apareció más por Cuba para exigir el cumplimiento del resultado logrado por Payá.

En cuanto a los acuerdos con la UE, imponiendo siempre sus normas, tras la reanudación de los diálogos, Cuba ha firmado acuerdos bilaterales con 15 de los 28 países que forman la Unión.

Y en cuanto a las relaciones con EE. UU, La Habana ha lanzado una ofensiva utilizando como elemento de presion a los cubanos residentes en ese país. A este efecto, se celebró un 2do. encuentro de cubanos residentes en Estados Unidos, quienes exigieron a Washington el fin del embargo, así como la liberación. El evento sesionó este fin de semana con la presencia del director para Asuntos Consulares y de Cubanos Residentes en el Exterior del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, Rafael Dausá Céspedes. Dausá calificó de “oportunidad histórica” regresar a Washington para participar en un evento en que “el amor a la patria ha estado por encima de cualquier consideración”. Destacó que se han celebrado más de 30 reuniones de emigrados en diferentes países de todos los continentes, y que en Europa se organizó incluso un encuentro continental.

“Ya no puede hablarse de un puñado de cubanos realizando acciones aisladas a favor de su país. Para orgullo de Cuba y sus emigrados, puedo decir que existen en la actualidad 148 organizaciones de cubanos residentes en 76 países”, enfatizó Dausá.

Y para demostrar que Cuba se las arregla de manera independiente y aplicando sus propias normas, veamos el ejemplo de Ernesto Guevara Marcha, hijo de Ernesto Che Guevara, abogado pero apasionado por las motos Harley-Davidson, acaba de abrir una compañía de viajes turísticos, La Poderosa Tours, que ofrecerá recorridos por Cuba en motocicletas Harley- Davidson. Inspirado en el viaje que realizó su padre en moto en el año 1952 por América del Sur, aprovechando la leyenda de ese viaje, la Poderosa Tours (Poderosa fue el nombre que le dio Ernesto Che Guevara a la moto en la que realizó su gira) ofrece dos paquetes turísticos de recorridos por la isla, incluyendo, los lugares relacionados con la leyenda del padre del empresario. Por supuesto, La Poderosa Tours opera dentro del grupo Gaviota, parte de GAESA, el complejo empresarial de las FAR que dirige el general de brigada Luis Alberto López-Callejas, esposo de Deborah Castro Espín, hija del general presidente Raúl Castro.

Vale la pena citar al analista cubano exiliado en Miami, Juan Antonio Blanco, en un esclarecedor artículo publicado en el portal Diario de Cuba, que expresa la actitud del régimen dentro del ámbito doméstico y que resume a cabalidad la actitud de la oligarquía cubana: “Lo que algunos pudieran haber esperado de Raúl Castro hace 8 años no es ya lo que puede fundamentarse más allá de la propaganda. Entonces tenía tres opciones. “Actualizar” el totalitarismo con los menores cambios posibles, transformarlo en un modelo de mercado con dictadura, o avanzar gradualmente hacia formas propias de la democracia. Escogió la primera. De ahí no se moverá hasta que la creciente crisis social que viene acumulándose presione a la dirigencia y quiebre la unidad en la cúpula, entre la elite de poder y su clase burocrática.

Solo si eso sucede y cuando ello ocurra —lo cual es lógico, pero no certeramente predecible— es que La Habana se dispondría a sopesar con seriedad sus opciones respecto a EEUU, la Unión Europea (UE) y algunos organismos financieros y de comercio multilaterales. En La Habana, por ahora, prefieren esperar que sean “los otros” los que cambien.

Mientras tanto, los hermanos Castro, así como sus cercanos y avejentados asociados, prefieren la comodidad de mantenerse alejados de cualquier socio o institución que pretenda fiscalizar su ejecutoria en materia de derechos humanos. Nada de ratificar los Pactos Internacionales que ya suscribieron en esa materia ni de solicitar el ingreso a la OEA. Incluso si ello presenta eventualmente riesgos a su seguridad nacional, prefieren fomentar su cooperación militar y de inteligencia con países como Rusia, China y Corea del Norte.

Es por ello que no hay que asombrarse de que, lejos de priorizar esa interlocución, prefieran dialogar con el enviado de la UE a nivel de viceministro de Relaciones Exteriores. O de que Raúl Castro se permita dejar plantado al ministro de Exteriores de España —tercer socio comercial de Cuba— para, menos de una semana después, recibir personalmente a uno de los cinco “consejeros” del Consejo de Estado de China.

En La Habana, por el momento, las consideraciones políticas siguen teniendo primacía sobre las económicas. Y en política, los octogenarios hermanos Castro solo tienen una prioridad: mantenerse en el poder”.

En términos geopolíticos, La Habana sigue jugando en el tablero mundial. Para la política de Putín, contraria a occidente, Cuba significa una puerta de entrada a occidente, pues es parte de Occidente, por lo que no necesita negociar con occidente, como también es una puerta de entrada suplementaria para la China en América. La reunión del alto funcionario cubano en Washington con representantes de los cubanos residentes en EE. UU, demuestra el espacio de influencia del que goza Cuba en el país más poderoso de occidente.

Colombia negocia con las FARC en Cuba.

Mientras se realiza la cumbre Iberoamericana en México, a la que no asistieron los países de la órbita castrista: Brasil, Argentina, Bolivia, Venezuela, Ecuador, Nicaragua. Raúl Castro se hizo rogar para que asistiera pero él estaba ocupado en La Habana realizando su propia cumbre con los países del Caribe.

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María Corina Machado ante la dictadura legal – Elizabeth Burgos

 Elizabeth Burgos

El sistema de poder imperante en Cuba desde 1959 difiere de las dictaduras que gobernaron en América Latina durante el siglo XX. En la primera mitad del siglo, se impuso el modelo tradicional autocrático y autoritario fiel a su herencia cultural. La segunda fase dictatorial, comienza a partir del advenimiento de Fidel Castro al poder en 1959 y su decisión de exportar al conjunto del continente la violencia como modo de acceso al poder, condición indispensable a la instauración del tipo de régimen totalitario que impuso en Cuba.

Su inmediata alianza con la URSS y fomentar el surgimiento de grupos armados que adoptaron como única forma de oposición política el empleo de la violencia contra el Estado y por ende, las fuerzas armadas regulares, tuvo como consecuencia implicar directamente a América Latina en la dinámica de la Guerra Fría. Ante la violencia de los grupos castristas, los gobiernos respondieron con el terrorismo de estado:  torturas, desapariciones, robo de niños y todos los horrores cometidos por los regimenes militares, en particular en el Cono Sur, han sido ampliamente documentados y divulgados. Modelo que se impuso para definir en América Latina lo que es una dictadura. Dentro de ese esquema, la dictadura cubana queda eximida de formar parte de esa categoría y es la razón por la cual, los demócratas venezolanos han dudado tanto en admitir que el régimen que se impuso a raíz de la presidencia del teniente-coronel Hugo Chávez, es una dictadura. Hemos sido testigos de declaraciones de altos representantes de la oposición venezolana, expresar una y otra vez en tribunas internacionales, que el régimen chavista no se le puede calificar de dictadura. Como tampoco el régimen cubano, hasta hace recientemente, estaba calificado de dictadura, lo que por cierto, no tiene ninguna importancia, porque sencillamente, pese a ser una dictadura y en tanto que dictadura, ha sido avalada por todos los gobiernos de América Latina, por la OEA, y pronto lo será por la Unión Europea que se guía por el consenso y el ejemplo latinoamericano.

Por otra parte, se debe reconocer que el castrismo ha puesto particular cuidado en no implicar a las fuerzas armadas en actividades represivas, de allí que no se le pueda comparar con los regimenes de Argentina, Chile, Uruguay, Guatemala, etc. Las misiones de las FAR cubanas son las de la defensa nacional – como debe ser – además, cumplir con la política militar expansionista de Cuba en el África, y disimuladamente en América Latina, que dicho sea de paso, es vista con simpatía por la población cubana, incluso por ilustres miembros de la oposición al castrismo en el exilio.

El estamento represivo y de control férreo de la población, le ha sido confiado a un aparato altamente profesional. El sistema represivo cubano, se sustenta a su vez, en un sistema jurídico que le imparte un carácter legal a las violaciones sistemáticas de los derechos humanos, a la anulación de la libertad de expresión, a la prohibición de todo vestigio de oposición en la isla. La dictadura cubana es el régimen más legalista del mundo. La pena de muerte, impuesta ya desde los tiempos de la Sierra Maestra, y adoptada con rango constitucional desde 1959 para castigar los “delitos contrarrevolucionarios”, de conspiración y de traición a la patria, es el elemento disuasivo de mayor alcance.  El sistema absoluto de control ciudadano, hace desaparecer las pruebas de tortura (por cierto de carácter altamente científico), las desapariciones, etc.

Es el calco de ese modelo es el que se está imponiendo en Venezuela adaptado a las modalidades de la época. Imponer hoy la ley la pena de muerte es imposible so pena de perder incluso el apoyo internacional del que goza el régimen “revolucionario” en los medios izquierdistas europeos y estadounidenses.

El asesinato selectivo de opositores, ha sido la modalidad adoptada desde los primeros tiempos del chavismo. Sembrar el miedo para que cada individuo se convierta en su propio policía. Fomentar la actividad delincuencial para no dejar otra opción que el exilio a los estamentos progresistas del país, responde a un plan concebido de antemano. Quien no se adapte y observe docilidad, correrá con las consecuencias. El ejemplo de Leopoldo López y de María corina Machado lo demuestra.

La modalidad de acción del castrismo oscila según las circunstancias: puede optar por la acción brutal y tajante en momentos de crisis, hasta concederle espacios a la oposición a condición que ésta se amolde a los límites que el poder le impone. Modelo ya vigente en Venezuela.

En tanto que proyecto global, inspirado en la amplia experiencia de más de cincuenta años de monopolio del poder y de acción política internacional, el castrismo aprendió con la experiencia chilena, que en lugar de pretender enfrentar y vencer los ejércitos con improvisados guerrilleros, -universitarios e intelectuales-, más rentable podía ser, en lugar de combatirlos, buscar apoyo en el seno de los ejércitos. Durante una primera frase, mediante la corrupción, actividad común dentro de ese estamento. Mientras tanto, centenares de jóvenes y menos jóvenes oficiales venezolanos han sido invitados a Cuba a entrenarse y a familiarizarse con el modelo militar cubano. Modelo que no puede dejar indiferente a los militares latinoamericanos. Un modelo ideal pues los dos pilares sobre los cuales reposa el castrismo son: el ejército y los servicios represivos. La poca economía de la isla, las empresa de turismo, la agricultura, los organismos de importación y exportación, la organización de las estructuras del Estado, las del Partido comunistas, el Ministerio del interior, (órgano clave del sistema) todas dependen, sin excepción, de las FAR o bajo la dirección de un alto oficial. Modela también ya vigente en Venezuela.

La idea que domina en el imaginario de los militares latinoamericanos es que el destino del país sólo ellos pueden asumirlo. Imbuidos de ese mesianismo de casta, consideran a los civiles como intrusos, niños menores que deben plegarse a la autoridad militar. En Venezuela, había surgido una corriente militar regida por los principios de la democracia. Neutralizarla y eliminarla fue una de las primeras tareas emprendidas por Hugo Chávez. De igual forma sucedió en Bolivia. En Nicaragua no hubo necesidad pues el ejército sandinista fue formado por Cuba. De Colombia, llegan noticias preocupantes desde que el presidente Santos se puso en manos de Cuba para negociar la paz con las FARC. Un escenario que podría ser considerado de ciencia ficción, que por desgracia para la pervivencia de la democracia en toda la zona andina, es una realidad. Con Uribe, Colombia había servido de dique de contención del castro-chavismo para impedir la constitución del bloque andino bolivariano; hoy esa opción se ve amenazada debido a la ¿ligereza, ingenuidad? Del actual presidente colombiano.

Se abriga la esperanza de que la crisis económica y la penuria puedan acabar con la afirmación del régimen castro-chavista en Venezuela. No se debe olvidar que Cuba en 1959 era una de las primeras economías del continente y que las sutilezas legales del castrismo han logrado doblegar al pueblo cubano que lleva más de medio siglo haciendo cola para conseguir unos gramos de alimento que le permitan subsistir.

El calvario dentro de “la legalidad revolucionaria” de María corina Machado y de Leopoldo López, no hace más que comenzar. Imputada formalmente como “conspiradora”, deberá dedicar gran parte de su tiempo a su defensa, al mismo tiempo que el caso de ambos servirá de ejemplo a quienes no observen la debida docilidad.

De una vez por todas se debe admitir, que el régimen venezolano, igual que el de Cuba, no se le puede equiparar a las dictaduras tradicionales que violaban sin disimulo los derechos humanos. La dictadura castrista, es una técnica perfeccionada de poder hegemónico, que se sustenta en leyes que legitiman todas las violaciones de las normas democráticas y de los derechos de los ciudadanos. En última instancia, el poder de la fuerza armada, imbricada en todos los estamentos del Estado, será la garantía de su expansión en el continente y su pervivencia como poder.

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Los cristales siguen frágiles – Federico Boccanera

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 Federico Boccanera

La noche de los cristales rotos ocurrió por primera vez, en uno de los momentos más oscuros de la historia, de hecho, fue una verdadera noche de la historia.

Fue noche de tinieblas sin piedad, entre las cosas y entre los hombres, y sólo fue hace setenta y seis cortos -cortísimos- años, años cortos de cercanía, tan cercanos, que aún podrían alcanzarnos…

Porque hay tantas cosas que todavía siguen siendo de cristal.

Y sigue habiendo tanto deseo,

de noches golpeándolo todo,

un deseo que acecha en muchas, demasiadas almas.

Almas que solo buscan caídas, porque hace rato cayeron ellas,

y entonces quieren a todos cayendo, abajo, debajo…

Sólo así asciende la bajeza.

 

Nos creen de cristal, y tienen razón…

Porque son de cristal, las conciencias. En muchas sociedades que se han quedado sin memoria y sin lección.

Porque son de cristal instituciones que a la hora de la verdad, actúan sin equilibrio ni justeza, y cuando al fin deciden, lo hacen con calculada lentitud e insuficiencia.

Porque es de cristal, la moral de enteros estamentos políticos e ideológicos

(para no hablar de los mediáticos)

Que le siguen negando toda verdad, al judaísmo y al estado de Israel.

Porque es de cristal, y de un cristal agrietado sin remedio, la fe de creyentes que callan y omiten condenar la barbarie, en nombre de Dios.

Es de cristal todo acuerdo que se logra, sin verdadero propósito de paz, sólo para ganar tiempo, y echar a andar la molienda de la verdad,

una y otra vez…

Es de cristal toda tregua también, incluso la más humanitaria, porque es tregua de fieras sedientas de sangre, y no de hombres justos, clamando por el fin de la venganza.

Será por tanto de cristal, toda edificación que se siga intentando erigir, sobre terrenos enfangados por el odio.

Seguirá siendo de cristal cualquier “nunca más”, que se vuelva susurro, entre gritos invocando muerte.

Y es, y seguirá siendo de cristal desde luego, toda promesa de un mundo mejor.

La friable promesa de un mundo mejor: siempre la más fuerte al surgir un nuevo sol, y la primera en quebrarse, a pleno sol…

 

Y a pesar de que se nos repita tanto que ya es de día.

La noche siempre puede volver,

mientras vientos de tormenta se empeñen en soplar, sobre cada luz,

y sean los menos, los que enciendan y aviven la esperanza…

 

La noche volverá, no lo duden,

rompiendo cristales y vidas.

Pero sólo mientras sigamos siendo frágiles,

y nos permitamos el olvido.

@FBoccanera

http://federicoboccanera.blogspot.com/

 

Identidad del Diálogo con el Proyecto Varela – Elizabeth Burgos

 Elizabeth Burgos

Con el diálogo iniciado entre el gobierno y la MUD, se repite con pasmosa precisión el que inició con Fidel Castro el entonces poderoso en la isla, el Proyecto Varela. Hasta la puesta en escena en cadena nacional es idéntica en ambos casos y sólo faltan ahora los segundos y últimos actos de esta comedia, cuyo director y guionista y autor fue, como de costumbre, el propio Fidel Castro, pero la memoria es corta y nadie se da cuenta del remake.

Pese a la indiferencia de un sector importante de la oposición institucionalizada, ante el hecho innegable del dominio cubano sobre el destino actual de Venezuela, quienes observamos el desarrollo de las protestas de los dos últimos meses, vemos que las jóvenes generaciones y la sociedad civil, libres de complicidades, y movidas por el sano sentimiento de continuar siendo dueñas de los cambios y continuidades que van conformando toda nación, sí han tomado como bandera fundamental de lucha el rechazo al imperialismo cubano.

Significa que una oposición que cumpla a cabalidad con su misión, – según la opinión de un muy caro amigo quien lo dice con toda razón -, debe erigir como imperativo la lucha por una segunda independencia nacional. El no hacerlo, y aceptar negociar sin condición con la administración impuesta por La Habana, soslayando crímenes, represión brutal, humillación de la nación, abuso de poder, destrucción de las instituciones, significa que se está, cuando menos, usurpando, el calificativo de oposición. No se trata de negar la prioridad de establecer un diálogo, pero dadas las circunstancias, éste debería haberse dado bajo condiciones muy específicas que en primer lugar hubiesen tenido presente el precio que pagó la población para que la administración cubana se viera sobrepasada y recurriera a sus gerentes asociados de UNASUR.

No creo que la ingente cantidad de protestas, los asesinatos ocasionados por el balazo en el cráneo, el duelo de las familias, las secuelas graves en la salud debido a la inhalación de gases, las torturas, se hayan realizado para que se obtenga como un logro excepcional, la reunión de una junta médica para contemplar la posibilidad de otorgarle la libertad a un preso, la cual, es evidente, se le ha debido haber concedido hace años. No solamente el desarme de los paramilitares ha sido obviado como condición por la MUD, sino la aceptación de compartir la mesa de diálogo con un representante de ellos, le quita toda legitimidad a futuras denuncias de violaciones de los derechos humanos de las bandas armadas que intente la oposición. Ahora podrán actuar con la legitimidad que le otorgan los cancilleres de UNASUR y de hecho, la MUD por lo de que el que calla otorga.

Dada su condición de protectorado, los acontecimientos que ocurran en Venezuela deben percibirse bajo el prisma de la analogía.  Es por ello, que el diálogo entablado entre la MUD y el gobierno, me ha recordado el Proyecto Varela, que el disidente cubano Oswaldo Payá ideó y dirigió en 1998, apoyándose en la propia constitución del régimen castrista. El artículo 88 de la constitución cubana de 1976, permite a los cubanos proponer leyes si 10.000 electores presentan sus firmas a favor de la propuesta y la celebración de un referendo como lo estipula la mencionada Constitución. Payá presentó 11.200 firmas y por supuesto, la Asamblea Nacional rechazó el pedido. Las reformas propuestas por el Proyecto Varela, se centraban sobre cinco puntos: los derechos a la libre expresión y calibre asociación, garantizar el pluralismo y abrirse al debate. Las amnistías para los presos políticos. El derecho de los cubanos a formar empresas. Una nueva ley electoral que modificara la nominación de los candidatos. (Cabe recordar que Oswaldo Payá murió en un controvertido accidente de tránsito en Cuba el 22 de julio 2012)

El gobierno cubano organizó una puesta en escena, si recurrimos al procedimiento de la analogía, correspondería a la que se está celebrando en estos momentos en Venezuela con los cancilleres de UNASUR. El gobierno cubano recurrió en aquel entonces a su acólito principal en EE.UU. como ya lo hiciera en su momento en Venezuela: el ex presidente estadounidense y Premio Nóbel de la Paz 2002 Jimmy Carter, durante una visita a Cuba, saludó esa iniciativa en un discurso en la Universidad de La Habana que fue televisado en directo por las emisoras oficiales cubanas. Por primera vez en la historia de la « revolución » un extranjero y para colmo, ex-presidente del « imperio », se dirigía a la nación cubana sobre un tema propuesto por la disidencia, y lo  que era aún más insólito, sobre un tema relativo a las libertades ciudadanas, sistemáticamente negadas al pueblo cubano.

La admiración que ha despertado entre disidentes cubanos la puesta en escena del diálogo entre la MUD y el gobierno, la libertad de palabra a la que tuvo derecho el bando opositor, significa que la memoria es corta y eso lo sabe el régimen. Los analistas de siempre cantaron victoria, incluso, otorgaron score de ganancia de puntos. ¿Quién ganó? Por supuesto la MUD porque más cultos, mejor preparados. Todo el mundo sabe que el gobierno está integrado por personajes si nivel intelectual, que apenas saben hilvanar una frase con otra, pero se olvidan de que detentan el poder de las armas, de las leyes, de las instituciones. No necesitan hacer alardes de conocimiento.

¿Cuál fue la respuesta de Fidel Castro tras el discurso de J. Carter?

Un mes después, Fidel Castro respondió con una movilización popular masiva y un llamamiento a defender la revolución, que culminó con una recolección de firmas que sumó al 98,97 por ciento de la ciudadanía -según cifras oficiales- en demanda de incluir en la Constitución una cláusula que declaró “irrevocable” al sistema socialista cubano.

Castro había calificado de “tontería” la iniciativa del Proyecto Varela y denunció que había sido una maniobra de los diplomáticos estadounidenses acreditados en la Sección de Intereses norteamericanos que opera en la isla.

Veremos en poco tiempo, tras haber alcanzado el objetivo de calmar el clamor de la calle, cuál será la fórmula que le dictarán a los gerentes venezolanos del poder castrista, secundados por Unasur, y seguramente por una oportuna declaración del señor Insulza desde su “ministerio de colonias”, como llamaba Fidel Castro a la OEA antes de que La Habana se hubiese hecho con el manejo de la misma.

Lo más seguro es que los más brillantes expositores en el primer acto del dialogo, sean enviados a sus oficinas respectivas y tras haber sido bien amaestrados, se ocupen de preservar el estatus alcanzado.

La historia dirá, hasta cuando dure la calma popular.

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Un premio Nobel a las órdenes del Comandante – Jacobo Machover

Jacobo Machover *
febrero de 2012

Fidel Castro, quien soñaba con ser escritor, conservó permanentemente a su lado a un escritor que antepuso su amistad con el líder revolucionario a cualquier otra consideración.

Para la recepción del premio Nobel en Estocolmo, en diciembre de 1982, García Márquez se vistió con guayabera blanca, marcando así su diferencia y su identidad tropical, colombiana y también cubana, con el resto de los laureados, todos vestidos de traje y corbata. Su discurso empezaba con varias referencias al fenómeno, común en América latina, de dictadores originales y medio locos: el general mexicano Santa Anna, el vencedor de la batalla del Álamo, quien había hecho enterrar con todos los honores su pierna arrancada en el transcurso de un combate anterior, y otros dos generales, quienes se habían ilustrado durante el siglo XX, el ecuatoriano García Moreno, que había gobernado su país durante dieciséis años (un período bastante común en el subcontinente) y el salvadoreño Maximiliano Hernández Martínez, responsable de una terrible masacre en su país, en donde, desgraciadamente, se producirían otras matanzas en el transcurso de las décadas siguientes.

El escritor detallaba las extravagancias de unos y de otros. Fidel Castro, naturalmente, no figuraba en aquella enumeración. Sin embargo, dirigía Cuba con mano de hierro desde hacía ya más de dos décadas. Lo haría durante cerca de medio siglo, antes de traspasar el poder a su hermano Raúl. En cuanto a sus extravagancias (intervenciones públicas de más de ocho horas, la adoración a “Ubre Blanca”, vaca capaz de dar hasta 110 litros de leche, cuya foto aparecía casi diariamente, hasta su muerte, en primera plana del Granma, y tantas locuras más), no podían, por supuesto, ser mencionadas en ese discurso, que retomaba cifras fantasiosas e imposibles de averiguar sobre la mortandad infantil o sobre las víctimas de las guerras civiles en América Central; cifras que Castro citaba constantemente, a menudo inventándolas.

Como el escritor cubano Alejo Carpentier había fallecido en 1982, el año en que probablemente el prestigioso galardón le iba a ser concedido, Fidel Castro hizo del colombiano García Márquez su candidato predilecto: un escritor que no había dudado en elogiar la intervención cubana en Angola, confiriéndole un carácter épico en nada acorde con la realidad de esa guerra, en su relato “Operación Carlota”, un artículo publicado en distintas revistas en 1977, que constituyó durante mucho tiempo la versión oficial de la expedición militar castrista.

En ese texto, García Márquez celebraba la expedición cubana, en la que decenas de miles de hombres habían sido enviados a luchar sobre un territorio lejano, del que la mayoría jamás había oído hablar anteriormente, ubicado en un continente situado a años luz de las preocupaciones de los habitantes de la isla. Poco importaba. El novelista se transformó en cronista, como aquellos que contaron el descubrimiento y la conquista de América y que tanto admiraba, de una aventura épica pero extraordinariamente dolorosa a la vez para los cubanos y para el pueblo africano: en efecto, el Ejército castrista masacró aldeas enteras por medio de armas químicas. El relato de García Márquez era la crónica periodística, escrita bajo el dictado de Castro, de una guerra absurda llevada a cabo por un país pequeño sobre una tierra extraña, una caricatura de guerra colonial, comenzada en 1975, que se prolongó durante quince años, hasta 1989, y que dejó secuelas irreversibles en el seno de la población civil.

La “Operación Carlota”, cuya denominación provenía, al parecer, del nombre de una esclava que se había rebelado contra sus amos, sirvió para justificar el enfrentamiento del FNLA y la UNITA, dos de los bandos en pugna en una guerra civil que no quería ser considerada como tal, contra el MPLA, el movimiento que formaba el gobierno central. El primer bando estaba apoyado por China, Estados Unidos y África del Sur, el segundo por la Unión Soviética y los países del Este. Cuba había elegido explícitamente en qué campo quería figurar durante el transcurso de la guerra fría. Los terrenos de operaciones de esa guerra se encontraban en cualquier parte del mundo. Las razones esgrimidas por Castro para esa intervención eran determinadas por la lucha de los negros contra el apartheid. Pero las partes en pugna estaban todas compuestas por negros.

El que fuera periodista, Gabriel García Márquez le rendía pleitesía, con ese “reportaje”, a su jefe, Fidel Castro. No fue ésa la última vez que se hizo el propagandista de las hazañas de la Revolución cubana. Hubiera podido limitarse a contar las expediciones guerreras emprendidas por el castrismo en todas partes del mundo, desde América latina, prácticamente en su conjunto, hasta África, en casi todos los países del continente, y también en Asia o en el Medio Oriente, sin olvidar el apoyo brindado a ciertos movimientos independentistas y/o terroristas en Europa, como la ETA. Pero, para la propaganda, todo, incluyendo la vida cotidiana en la isla, era considerado como un combate heroico. De esa forma, “Gabo” ha tenido que glorificar las penurias provocadas por el embargo en los años 1980 o a defender la posición de Fidel Castro en el “caso Elián”; el niño salvado de las aguas en el estrecho de la Florida. En todos esos casos, el premio Nobel de literatura no era nada más que un soldadito disciplinado al servicio del Comandante en jefe.

No siempre había sido así, sin embargo. Cuando ejercía su carrera periodística, a mediados de los años 1950, García Márquez había efectuado un viaje por los países comunistas, de los que había regresado con una visión extremadamente crítica. Más tarde, en enero de 1959, fue a Cuba, con su compatriota y colega Plinio Apuleyo Mendoza (quien se volvió más tarde un crítico importante del castrismo), para observar de cerca la Revolución cubana en sus inicios. El acto más espectacular en aquel momento fue el “juicio” celebrado contra Jesús Sosa Blanco, uno de los responsables del Ejército de Batista. El acusado era juzgado en las instalaciones de la Ciudad Deportiva de La Habana ante una multitud enardecida gritando “¡Paredón!”, mientras los fiscales, todos ex guerrilleros, le achacaban innumerables crímenes ante los jueces, ex guerrilleros también. La televisión transmitía en vivo aquella mascarada, en la que numerosos testigos, entre ellos varios niños, se contradecían sistemáticamente, confundiendo a veces al acusado con otros militares del antiguo régimen.

Condenado a muerte, Sosa Blanco definió su propio juicio de la manera más lúcida, calificándolo de “circo romano”. Era tan evidente el montaje judicial que el Gobierno revolucionario tuvo que dar marcha atrás. Una petición reclamando la revisión del juicio empezó entonces a circular. García Márquez y Plinio Apuleyo Mendoza figuraban entre los firmantes. Sosa Blanco fue juzgado nuevamente, en un lugar más discreto esta vez. Fue condenado a muerte otra vez y fusilado esa misma noche. Los dos periodistas colombianos olvidaron rápidamente aquel incidente. García Márquez fue reclutado por Prensa Latina, la agencia de prensa oficial del castrismo. Su misión consistía en abrir un despacho en Canadá pero en realidad permaneció varios meses en Estados Unidos. Allí participó en la “Operación Verdad”, organizada por Carlos Franqui, para explicar y justificar los juicios y las ejecuciones. Y, sobre todo, se dedicó a observar y a criticar las reacciones de los anticastristas, a quienes trataba con desprecio de “gusanos”. De hecho, su adhesión al castrismo fue efectiva desde los inicios de la Revolución, a pesar de algunas dudas rápidamente disipadas.

Volvió a expresar ciertas reservas en 1971, durante el “caso Padilla”. Su firma, en efecto, aparecía al pie de una primera carta que pedía explicaciones sobre las razones que habían conducido a encarcelar al poeta, carta publicada en el diario Le Monde y suscrita por gran parte de los intelectuales europeos simpatizantes de la Revolución castrista en aquel entonces, entre ellos Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir y, también, por algunos de los principales integrantes del boom literario latinoamericano. Más tarde, García Márquez pretendió, curiosamente, no haber leído el texto. Su firma, así como la del novelista argentino Julio Cortázar, quien había sido uno de los redactores de la primera misiva, no figuraba más en una segunda carta, publicada esta vez en el diario Madrid, que condenaba los métodos estalinistas utilizados para conseguir la autocrítica forzada del poeta. Cortázar se arrepintió públicamente mientras García Márquez prefirió mantener la ambigüedad y la confusión, una posición que siguió adoptando a menudo hasta nuestros días.

Sin embargo, cuando Heberto Padilla logró finalmente abandonar la isla en 1980 para exiliarse a los Estados Unidos, García Márquez dio a conocer que había mediado personalmente ante Fidel Castro para permitir su salida. Tal vez intuyera que había renunciado a su deber de intelectual crítico para someterse totalmente a un poder totalitario en el momento en que el poeta fue encarcelado y sometido a aquella infamante autocrítica. Con su silencio, en 1971, había empezado a dar los pasos hacia un acercamiento, que pronto se convirtió en una fusión total con Castro. Así había vuelto, vergonzoso, al redil revolucionario. Pero el personaje central de El otoño del patriarca, concebido durante su larga estancia en la España de Franco, contenía también rasgos característicos no sólo del Generalísimo sino también de otro caudillo: Fidel Castro. García Márquez nunca aceptó reconocerlo. Al contrario: para él, Castro no formaba parte de esa familia que ha inspirado tanto a los novelistas españoles y latinoamericanos, desde el guatemalteco Miguel Ángel Asturias hasta el peruano Mario Vargas Llosa, pasando por el cubano Alejo Carpentier o el paraguayo Augusto Roa Bastos, sin olvidar al español Ramón del Valle Inclán. El Máximo Líder parecía ser un animal político sui generis. Cabe preguntarse si García Márquez deseaba estar cerca del primer círculo del poder para observarlo con mayor libertad o si el escritor fue utilizado por sus protectores en el poder como a ellos mejor les convenía.

Raúl Castro, siempre a la sombra de su hermano mayor durante todas esas largas décadas antes de aparecer finalmente en un primer plano, se inclinaba sin duda por la segunda hipótesis. Eso fue lo que le dijo un día a su protector y homólogo de antaño, un ministro soviético de Defensa, burlándose abiertamente del escritor: “Le presento al escritor cubano Gabriel García Márquez, nacido en Colombia, quien por fortuna no es comunista, porque si lo fuera, no nos sería tan útil .” Gabriel García Márquez consiguió el premio Nobel en 1982 en gran parte gracias a su apoyo a la Revolución cubana. Para su candidatura beneficiaba del apoyo de tres países: Colombia, su tierra de origen, Cuba, por haberse vuelto su portavoz casi oficial, y Francia, la de la pareja Mitterrand, de la que fue, a partir de 1981, uno de los confidentes más íntimos. A la cena que precedió la entrega del galardón en Estocolmo, que tuvo lugar en la casa de campo del Primer ministro Olof Palme (asesinado años después) asistieron el vice-ministro de Asuntos exteriores Pierre Schori (lo que no es sorprendente) pero también (lo que resulta mucho más extraño) el filósofo francés Régis Debray, quien también fue consejero de varios príncipes: Fidel Castro, Salvador Allende y François Mitterrand, y Danielle Mitterrand, la esposa del presidente francés, admiradora indefectible de “Gabo” y, más aún, de Fidel. El Nobel de literatura de aquel año no fue en absoluto literario.

García Márquez recibió también otra recompensa: el Gobierno cubano le otorgó la dirección de una prestigiosa Escuela de Cine (un arte del que nunca ha sido considerado como un gran experto), en San Antonio de los Baños, una institución especialmente creada por él y para él (donde pronunciaron conferencias, entre otros muchos, Robert Redford y Steven Spielberg). Y, aparte de los más de 150 000 dólares otorgados por la Academia sueca, tuvo el privilegio de tener a su disposición de por vida una lujosa mansión en el reparto Siboney, barrio exclusivo de La Habana, donde recibía, prácticamente cada noche, a su vecino y amigo Fidel, así como un Mercedes Benz (¿homenaje a su esposa Mercedes?), un regalo reservado a los más altos dignatarios del régimen. Todo ello como premio a una indefectible fidelidad al régimen o, mejor dicho, a su servilismo a toda prueba.

Para intentar demostrar su independencia respecto a su protector y amigo, el premio Nobel colombiano corrió la bola según la cual él habría conseguido de parte de Fidel la liberación de 3200 presos políticos, cifra avanzada por Plinio Apuleyo Mendoza. Entre ellos figuraba, según insinuaba, el poeta Armando Valladares, quien pasó veintidós años preso, antes de ser excarcelado y enviado a Francia, antes de asilarse en los Estados Unidos, por gestiones directas de Régis Debray con el presidente Mitterrand. Según Jorge Semprún, la aseveración de “Gabo” en relación con la liberación de Valladares “da la medida de la vanidad desmesurada del gran escritor”. “Lo que pasa es que me gusta actuar sin que nadie se entere”.

Los ex prisioneros cubanos, por su parte, también ignoraban en su mayoría las gestiones emprendidas a su favor por el escritor colombiano, a quien no le profesaban el más mínimo reconocimiento. ¡Cuánta ingratitud de su parte! “La Revolución es generosa”, suele afirmar Fidel Castro. Esa “generosidad” se expresa de dos maneras: liberando a algunos presos que, en general, han cumplido ya una sentencia de cerca de veinte años y permitiéndoles a otros atribuirse la paternidad de esas liberaciones. La supuesta influencia de García Márquez se vio cuestionada, no obstante, durante el verano de 1989, cuando su amigo Tony de la Guardia, un alto responsable de la Seguridad del Estado, autor, con su hermano gemelo Patricio, de buena parte de las exacciones más bajas e inconfesables de la Revolución cubana, fue acusado de “tráfico de drogas” y fusilado junto con el general Arnaldo Ochoa y otros dos oficiales superiores. Pero, entre sus dos amigos, Tony y Fidel, la elección fue rápida y contundente.

El 13 de julio, fecha en que fueron ejecutados los cuatro oficiales implicados tanto en un cuestionamiento del poder castrista como en una serie de operaciones ocultas, cogió el avión hacia París con el objetivo de convencer a los esposos Mitterrand de no retirarle a Fideaquella invitación a participar en las ceremonias conmemorativas del bicentenario de la Revolución Francesa, a las que hubiera deseado tanto poder asistir. En el transcurso de una escala en el aeropuerto de Madrid-Barajas, le contestó en forma diplomática y algo “ingenua” a un periodista que lo interrogaba sobre la ejecución de Ochoa y de sus compañeros de armas: “Estoy contra la muerte en general”.
Su misión con los Mitterrand se reveló infructuosa, ya que la presencia de Fidel Castro fue considerada inoportuna en aquella ocasión. Era sólo una cuestión de tiempo: en 1995 fue recibido en París por un moribundo presidente y su esposa a bombo y platillo. El emisario colombiano de la Revolución cubana pudo llevar a cabo, sin embargo, muchos otros encargos de su mentor. Tuvo así el privilegio de frecuentar a varios grandes de este mundo, tanto a dictadores latinoamericanos, el general panameño Omar Torrijos con quien trabó una profunda amistad, como al presidente americano Bill Clinton, quien lo recibió en la Casa Blanca junto con dos de sus colegas escritores, el mexicano Carlos Fuentes y el americano William Styron. El contenido de sus misiones ha sido amparado siempre por el mayor secreto. Pero también apareció públicamente en múltiples ocasiones al lado de Fidel Castro, para la celebración del Primero de Mayo o, incluso, durante la misa celebrada por el Papa
Juan Pablo II en enero de 1998

*Jacobo Machover nació en La Habana en 1954. Exiliado en Francia desde 1963, es escritor, periodista y traductor y profesor de universidades franceses. Milita por el restablecimiento de la libertad y de la democracia en Cuba. Este texto es un extracto de su ensayo “El sueño de la barbarie. La complicidad de los intelectuales con la dictadura castrista” (Madrid, Atmósfera literaria, 2012).

 

Votar por “espacios”: el voto maligno – Federico Boccanera

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 Federico Boccanera

Hay gente que cree que lo “obvio es obviable”, su intención es obvia…

La discusión sobre unas elecciones convocadas luego de sendos DERROCAMIENTOS, no es sobre votar o “espacios”, es sobre como DESCONOCERLAS.

Los derechos de la gente, no volverán con una reelección. No se trata de “curar la fractura”, sino insurgir contra el atropello que la causó.

La lucha contra la dictadura es por LIBERTAD, DEMOCRACIA, DERECHOS: los de todos los venezolanos, no solo los de su establecimiento político.

Es la defensa del voto y no la defensa de “espacios” ¡LA SOBERANÍA POPULAR FUE DESCONOCIDA! No es cuestión de un cargo y su “reemplazo”.

Por lo tanto la lucha es por la soberanía contenida en el voto y no por vacíos de poder, el voto como expresión sagrada no como instrumento.

El voto como la expresión sagrada del derecho a decidir, en LIBERTAD, no como trámite coaccionado para “remediar” un ABUSO DICTATORIAL.

Si el principio no es de defensa del voto de la gente, sino del espacio de poder (y del reparto): EL VOTO QUEDARÁ TOTALMENTE DESVIRTUADO.

La gente elige alcalde, el régimen lo derroca, la gente reelegirá nuevo alcalde, el régimen lo derrocará también… ¡ESTO ES CONTRA LA GENTE!

Con los alcaldes derrocados, LA GENTE perdió su DERECHO A ELEGIR, mientras los políticos pierden su “espacio”, nosotros perdemos LA LIBERTAD.

Por lo tanto la primera acción es DESCONOCER el derrocamiento de los alcaldes, no por los “espacios”, sino por ¡LA ABOLICIÓN DE LA DEMOCRACIA!

Desconocer el derrocamiento de los alcaldes significa ¡DESOBEDIENCIA CIVIL hasta reconquistar LIBERTAD Y DEMOCRACIA! ¡EL ESPACIO PARA TODOS!

En todo caso se defiende al depositario de la elección popular, de la expresión popular, al alcalde derrocado, no al cargo, o su “espacio”.

Aún si el derrocado pidiese votar de nuevo, prevalece la VOLUNTAD SOBERANA del elector, de defender su ELECCIÓN ORIGINAL ¡NO LA IMPOSICIÓN!

Existe un VOTO BENIGNO, expresión de LIBERTAD, que reafirma DEMOCRACIA: en esa medida es SAGRADO y puede ponerse en la base de la SOBERANÍA.

Existe un VOTO MALIGNO, acto SUMISO, que sólo reafirma al PODER y sus repartos, LEGITIMA LA IMPOSICIÓN, y levanta fachadas para la TIRANÍA.

LA LIBERTAD sólo podremos RECONQUISTARLA: no regresará sola, por hastío de los opresores, y paciencia nuestra…

¿No es obvio también esto?

@FBoccanera

http://federicoboccanera.blogspot.com/

 

Cuba decidirá resultado del diálogo – Elizabeth Burgos

 Elizabeth Burgos

Las palabras del vicepresidente Jorge Arreaza evidencian más allá de cualquier duda, quién y quiénes decidirán los resultados de las supuestas conversaciones de paz que se inician en Venezuela.
CUANDO Lula Da Silva le recomienda a Nicolás Maduro formar un gobierno de coalición como solución de la grave crisis que vive Venezuela hoy, cabe preguntarse por la motivación que lo anima.

Por un lado podría pensarse que, dada su estrecha relación con el régimen cubano, lo haga de acuerdo con La Habana. Por el otro lado, es factible que su propuesta, bastante racional por cierto, sea motivada por la salvaguarda de los intereses de Brasil, al que no le conviene se mantenga un estado de crisis en el país vecino que puede incluso, desembocar en una guerra civil. Demasiados intereses tiene Brasil en Venezuela, y su voluntad expansionista no le permite ignorar las ventajas geográficas que le brinda Venezuela. No es lo mismo el Puerto del Mariel en Cuba, que poder acceder por tierra al Mar Caribe.
No es ocioso preguntarse, o contemplar ambas posibilidades, dado que sería temerario pensar que en la actualidad, en Venezuela se puede dar alguna iniciativa política sin el visto bueno previo de La Habana. Recién, tras quince años de régimen chavista, algunos analistas de la política venezolana están haciendo su “coming out” y admiten la presencia de “la mano de Cuba” en la crisis venezolana. Hasta ahora, en un punto siempre estuvo de acuerdo la dirigencia opositora: en negar la injerencia cubana en el país. Un proceder digno de análisis porque la defensa de la soberanía nacional, lo que se supone un político debe tener en cuenta en primer lugar, hubiese constituido un argumento poderoso a oponer a la figura avasallante del caudillo llanero. La defensa de la soberanía es un hecho elemental en política y ese hecho le fue negado al pueblo venezolano hasta el surgimiento de la generación postcastrista que hoy vemos expresarse en las calles del país.
Siempre tuve la impresión, mirando el desarrollo de los acontecimientos en Venezuela, de ver a los venezolanos como acorralados entre dos fuegos. La del castro-chavismo, imponiendo un culto de la personalidad a imitación del de Fidel Castro en Cuba, con un barril de petróleo que pasó de 8 US$ a 120US$, permitiéndole al caudillo llanero, de la manera más nuevo rico venezolano, adquirir los expertos cubanos que le montarían el entramado de poder necesario para ejercer la presidencia vitalicia, impulsando la unión con Cuba, y de hecho, sumarse al proyecto político continental de la isla, de implantar un modelo de régimen antidemocrático y militar. Ante esos hechos, el castrochavismo se encontró con una dirigencia opositora que lo miraba de soslayo, y lo que es más grave, muchas veces negando la existencia de esos hechos, que son cruciales en la vida de un país.
No es un tema que se deba ignorar como si fuera algo del pasado, sin mucha importancia. Es decisivo analizar el comportamiento de las elites que desde siempre tuvieron en sus manos la batuta del poder en Venezuela. Se han caracterizado por su indiferencia hacia los sectores marginados del país. Surge así una cultura de la pobreza. No se pensó que el Estado debía procurar las herramientas, económicas y sociales, para convertir los pobres en ciudadanos. Sólo los recordaban los políticos durante las campañas electorales, según el mandato del sacrosanto y tradicional populismo.
Seguramente en lo que respecta a las “misiones” cubanas en los barrios pobres del país, los venezolanos pensaron para sus adentros, que muy bien podían los cubanos ocuparse de los marginados de la sociedad, sin caer en cuenta, de que se trataba de una bomba de tiempo que les estallaría en pleno rostro, como vemos está sucediendo hoy. Con el castrochavismo, el populismo y la manipulación de los pobres se hizo permanente.
Todavía hay quienes en la dirigencia de la oposición consideran las misiones como un hecho positivo, innegable a corto plazo, pero es que después de quince años de “revolución”, los barrios siguen en el mismo lugar y en la marginalidad ha surgido un mundo fuera de la ley, puesto a todas luces al servicio del poder, mientras la miseria sigue campante.
Cabe leer las declaraciones del vice-presidente, Jorge Arreaza, persona que se instaló en La Habana durante los últimos meses de la enfermedad de Chávez e informaba sobre la salud del caudillo. Dijo que exigir la salida de los cubanos que se encuentran en Venezuela es “un insulto” y que ellos ya son “parte integral” del pueblo venezolanos. Allí vemos la demostración de la inconsciencia de la dirigencia opositora de ignorar y hasta negar, la anomalía que significaba, lo que para ellas era una simple adquisición de expertos, cuando en realidad, se trata de una pervivencia del régimen de esclavitud que imperó en Cuba hasta el siglo XIX. Cuba dispone de expertos que alquila. Una manera de cobrar divisas para una economía inexistente.
Continuando con las declaraciones de Arreaza, según él, quienes cuestionan la presencia de cubanos en el país no entienden “la referencia, la luz, el sol que ha significado la revolución cubana para nosotros entender cómo debemos hacerlo”. Declaraciones que reflejan con prístina claridad la dependencia afectiva del vice-presidente con la dirigencia cubana, por un lado, y por la otra, el “entender cómo debemos hacerlo”, la dependencia intelectual. Arreaza es quien aparece como el anfitrión del entramado que se ha montado con los cancilleres de Unasur para que se desarrolle un diálogo entre el gobierno y la dirigencia de la oposición.
Con esas conversaciones, los expertos cubanos le dirán a Arreaza “cómo debe hacerlo”, habrá ganado tiempo la oligarquía castro-chavista y convencido al mundo de que el presidente Maduro es un amigo de la paz. Saber “cómo hacerlo” significa en lenguaje castrista, saber mentir. Si un solo día de represión, con su secuela de disparos certeros en la cabeza, de torturas, de desaparecidos, hubiese sucedido en el Chile de Pinochet, el mundo se hubiese conmovido.
El editorial de Nicolás Maduro en el New York Times fue el primer paso de una campaña mediática que ha sido asumida por los “progresistas” americanos que presionan a Obama y lo acusan de imponer una política hacia Venezuela, peor que la de GW Bush.
En lo relativo a la región, pese a algunas manifestaciones de solidaridad de ex presidentes y de diputados, en lo que respecta a los gobiernos del continente, la oposición democrática en Venezuela, está sola. Recuperar la democracia depende sólo de la voluntad de los venezolanos.

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