Juicio en Nuremberg – Aníbal Romero

 Aníbal Romero 

Hace unas semanas vi en televisión un extraordinario documental, producido en Alemania, sobre el Juicio de Nuremberg. Como es sabido, inmediatamente después del fin de la Segunda Guerra Mundial las potencias victoriosas, Estados Unidos, la URSS, Gran Bretaña y Francia llevaron a cabo un juicio a ventidos importantes jerarcas Nazis, civiles y militares, entre ellos Goring, Hess, Keitel, Jodl, Donitz y Speer. El juicio se prolongó por meses y finalmente se dictaron sentencias, que alcanzaron desde penas de muerte hasta largas temporadas de prisión para algunos condenados. Tres de ellos fueron absueltos, aunque posteriormente fueron objeto de nuevas imputaciones por parte de tribunales alemanes.

Conocía en sus aspectos básicos este episodio, pero el referido documental me estimuló a profundizar su estudio, para lo cual me ha resultado de gran utilidad el libro de Ann y John Tusa, “El Juicio de Nuremberg”, publicado inicialmente en 2010. Se trata de un trabajo magistral que cubre con lujo de detalles, equilibrio analítico y claridad conceptual los temas logísticos, operativos, jurídicos, politicos y éticos presentes en el juicio, así como las controversias que suscitó.

Tres elementos de la narración de los esposos Tusa me llamaron especialmente la atención. En primer lugar el esfuerzo de la mayor parte de los jueces, fiscales y abogados defensores de realizar un juicio apegado a las normas más estrictas y honestamente admisibles del Derecho y la justicia, sustentando las acusaciones en montañas de documentos y testimonios y permitiendo a los jefes Nazis todo el respaldo necesario para su defensa, incluyendo desde luego la designación de sus abogados y el acceso a la documentación de apoyo. En este sentido el Juicio de Nuremberg creó una pauta acerca de lo que debería ser una auténtica justicia internacional.

En segundo lugar me produjo inquietud, aparte de curiosidad, comprobar que en la mayoría de los casos los jerarcas Nazis, acusados de toda una serie de crímenes masivos y terribles, si bien aceptaban usualmente la veracidad de la evidencia, encontraban a la vez muy difícil establecer una conexión entre lo acontecido y su participación personal en el proceso. Dicho de otra manera, y con excepciones parciales como la de Speer, los jerarcas Nazis juzgados en Nuremberg parecían carecer de resortes morales que forman parte, así tendemos a creerlo, del equipamiento espiritual normal de un ser humano.

Me temo, no obstante, que tal presunción acerca de la capacidad humana para distinguir entre el bien y el mal, asunto sobre el que Kant, por ejemplo, sustentó su teoría moral, así como para entender nuestra responsabilidad por las acciones que llevamos a cabo, no es necesariamente atinada. Más bien ocurre en no pocos casos que los seres humanos  perdemos el sentido ético, nos dejamos arrastrar por el “mal radical” del que también hablaba Kant, y terminamos engañándonos sobre las conexiones entre los hechos y nuestra participación y responsabilidad respecto a los mismos.

Esto me lleva al tercer asunto que deseo destacar. Se trata de la influencia que puede tener la ideología en ese rumbo de ceguera moral, fenómeno que sin duda se puso de manifiesto en Nuremberg. Algunos de los jefes Nazis intentaron cubrirse las espaldas atribuyendo a Hitler la culpa por lo ocurrido, argumentando que solo “obedecían órdenes”, mas en otros de los acusados se hizo patente el asombroso bloqueo ético que ideologías mesiánicas y totalitarias, como el nazismo y el comunismo, inoculan en las almas de sus seguidores.

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Opositores, sospechosos habituales – Luis DE LION

IMG_2425 Luis DE LION

No hay, ni habrá presunción de inocencia para nadie, con un poder político obstinado en perseguir a quienes se le oponen y tampoco la hay en un poder judicial que confunde justicia con venganza. Leopoldo López, tiene al pueblo venezolano como testigo de la suerte que le ha tocado correr. Las acusaciones y los métodos utilizados en su contra, por parte del régimen castromadurista, jamás han tenido como objetivo buscar la verdad de los hechos.

El ropaje jurídico de la dictadura chavista. Quedó claro y como tal debe ser asumido, que el punto de partida para todo aquél que administra justicia en Venezuela, es que lo hace a partir de su militancia política.

El tiempo y la historia, mostraran las heridas de ésta grave violación a los principios republicanos, cuyas principales víctimas son los derechos humanos, la paz civil, la cohesión nacional y la imagen de Venezuela.

Ante ese escenario de deriva hacia la tiranía, todo un atrevimiento, el de estos líderes de oposición, al pretender ocupar el poco espacio de opinión, con un llamado a manifestar pacíficamente, sin que en el calendario oficial, haya ninguna cita electoral, que sea al menos visible en el horizonte.

“¡Que injusto, que injusticia!”. Fue así como Leopoldo López calificó ésta semana la decisión de la jueza 16 de Control de Caracas, Adriana López, al resolver autorizar su enjuiciamiento tras las rejas por los hechos violentos ocurridos el pasado 12 de febrero en Caracas.

Pero entre la virulencia de los sultanes del castromadurismo ante las protestas y la expedita justicia bolivariana, se erige una paradoja. La cual no es otra que, a lo que más le teme el régimen de Maduro y el terreno en el que más apoyo tiene, no es otro que el de la escena internacional.

En ese orden, desde Washington insisten con múltiples declaraciones que muestran el seguimiento que llevan de la crisis en Venezuela, la más reciente la hizo; la portavoz adjunta del Departamento de Estado, Marie Harf, al señalar que para Estados Unidos el “diálogo es el camino a seguir” en Venezuela y “no el arresto político”.

Unas declaraciones, que se produjeron casi al mismo tiempo que, las del coordinador político de Voluntad Popular, Carlos Vecchio, quien se mantuvo en situación de clandestinidad durante 108 días, al comparecer éste jueves ante la Oficina del Alto Comisionado de los Derechos Humanos de la ONU en Nueva York, donde presentó la situación de Venezuela, en cuanto a la violación de Derechos Humanos, la persecución política que se mantiene sobre los dirigentes del partido Voluntad Popular y de la #UnidadEnLaCalle, la reclusión injusta de Leopoldo López, Daniel Ceballos, Enzo Scarano, Iván Simonovis y cientos de estudiantes detenidos.

Sin embargo, Maduro y Cabello, lucen convencidos que van por el buen camino.

Pero ¿se puede gobernar así, se puede llevar adelante un país con ésta dirigencia, con una crisis asfixiante, con una legitimidad entre comillas y lo peor, con las manos llenas de sangre? Parece importarles muy poco ser impopulares y no tener ningún crédito ante la opinión pública.

En ésta Venezuela del castrochavismo. Un país en el que las instituciones dejaron a un lado su actividad genuina, para asegurarle a la Junta que conforman Maduro y Cabello, la presidencia de la República hasta el 2019. Hasta pueden seguir destruyendo al país, persiguiendo líderes de oposición, cerrando medios de comunicación y martirizando estudiantes. La ley, sus leyes, se lo permiten. Puede escasear hasta lo más elemental, pueden cerrar las empresas, los hospitales convertirse en depósitos de seres humanos, la economía y las finanzas pueden extinguirse, pero Maduro y Cabello, siempre serán legítimos.

La palabra, legitimidad, aquí cobra varios sentidos, si lo consideramos desde una óptica moral o desde un punto de vista jurídico. Un extenso e interminable debate, cuya respuesta está en la democracia. Maduro y Cabello, ante la manera de ejercer el poder, no tienen moral alguna y en consecuencia perdieron toda legitimidad.

Honestidad, civilidad, fraternidad, buen sentido administrativo y conciencia ejecutiva y legislativa, son valores de la moral de un dirigente demócrata. La Junta, impuesta desde La Habana, no cumple con ninguna de las premisas de un régimen que se pretende democrático.

Lucen desesperados buscando el pretexto político necesario, que les devuelva la autoridad, al menos en sus espíritus. Insisten en la necesidad del diálogo, mientras le niegan un proceso justo a Leopoldo López.

Las acusaciones y respectivas citaciones ante la Fiscalía de Diego Arria y María Corina Machado, confirman la deriva autoritaria, que La Habana, le exige al régimen de Maduro.

Pero si los demócratas no abandonan la calle, ni sus legítimas reivindicaciones, el régimen estará en la obligación de escoger, y la selección no será a partir de una multiplicidad de opciones. Se hará a partir de lo que desde hace tiempo la opinión pública luce preparada, es decir, a sustituir éste régimen.

La tendencia ha de ser una sola. Plantarnos firmes, como antagonismo al castromadurismo, para contener su destructivo avance. Luego, la indignación ciudadana, le cederá el paso a una estructura genuinamente política y no solo electorera, que prepare una alternativa al mandato de Maduro.

luisdelion@gmail.com

@LDeLion

*  Artículo publicado originalmente en el diario El Universal: http://www.eluniversal.com/opinion/140606/opositores-sospechosos-habituales

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Vargas Llosa y Europa – Aníbal Romero

 Aníbal Romero 

Admiro y respeto a Mario Vargas Llosa como escritor y persona comprometida con la libertad. Ahora bien, su juicio político no es infalible pues somos humanos. Ello se manifestó a mi modo de ver en un artículo de prensa publicado la semana pasada, titulado “La decadencia de Occidente”.

En ese texto el escritor analiza el resultado de las recientes elecciones europeas. Podemos o no estar de acuerdo con sus opiniones acerca de los partidos políticos, movimientos y personalidades que insurgieron de manera palpable contra las instituciones tradicionales de la política en Europa. Ese no es el problema. Lo que desconcierta de Vargas Llosa es que en ningún momento explica por qué, desde su perspectiva, ocurrió lo que ocurrió; por qué se ha producido un rechazo tan elocuente a un proyecto político y económico que ahora suscita el acelerado desapego de un amplio sector del electorado.

Leyendo su análisis de la situación, y exceptuando sus breves alusiones al tema económico, uno podría presumir que el resultado electoral surgió por arte de magia, designio providencial o mero azar, mas no por razones concretas y perfectamente claras, al menos para quien no desee voltear la mirada a otro lado. Y allí está el detalle. Las élites europeas, políticas y financieras, no desean contemplar la realidad y se refugian en gastados insultos y descalificaciones contra la oleada de protesta que se extiende por el continente.

El proyecto europeo comienza a naufragar porque los políticos y partidos tradicionales, de izquierda, centro y derecha, han venido actuando por años con una imperdonable irresponsabilidad, que se patentiza principalmente en cuatro aspectos.

En primer término han permitido, con una ceguera de veras asombrosa y que no parece acabarse, la inmigración masiva e indiscriminada de millones de personas hacia naciones tradicionales y por siglos homogéneas, lo que ha traído inmensos problemas que nadie se atreve siquiera a comentar por temor a ser acusado de racista, fascista y todos los epítetos que hoy se usan para cerrar el debate político antes de empezarlo. A ello se suma en segundo término el intento permanente, apoyado con entusiasmo por los burócratas europeístas en Bruselas y Estrasburgo, de asfixiar las democracias nacionales y construir una especie de super-Estado federal, controlado férreamente por grupúsculos ajenos a la voluntad popular.

En tercer lugar Europa decae a raíz del peso insostenible de Estados de Bienestar impagables, que es imperativo reformar pero ante los cuales los políticos actúan como si se tratase de un tótem intocable, impermeable a cualquier discusión racional. Y finalmente los partidos y dirigentes de siempre, en España, Francia, Italia, Gran Bretaña, Alemania y casi toda Europa, con las variantes del caso, han abierto las puertas a la corrupción, que junto a la demagogia carcome irreparablemente las democracias.

Estoy seguro que Mario Vargas Llosa conoce estas realidades. El resultado electoral del pasado mes de mayo, que ha conmocionado los cimientos del llamado “proyecto europeo”, tiene causas plenamente determinables que señalan la inmensa culpa, miopía e irresponsabilidad de las élites políticas y financieras de la región. Estas élites se han separado de los intereses y aspiraciones de las mayorías, a las que ven y tratan con inocultable menosprecio y cuyas preocupaciones legítimas, con respecto por ejemplo a la inmigración masiva y carencia de mecanismos democráticos para hacerse sentir, son desestimadas con desdén. Esa ceguera sin límites está desatando una tormenta.

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El ataque a los estudiantes – Luis DE LION

IMG_2425 Luis DE LION

“Los estudiantes no somos socialistas, somos seres sociales…” decía el joven Douglas Barrios, en las protestas estudiantiles del año 2007. Ahora en el 2014, una vez más los universitarios venezolanos le ponen rostro a la protesta e inteligencia al combate contra el autoritarismo de Estado.

El régimen de Nicolás Maduro, sin sorpresa, fiel a sus principios, les ha respondido con fuerza e inmediatez. Desde el pasado 4 de febrero se han registrado 31 ataques a 18 universidades en 11 estados del país. De dicha arremetida oficial sobresalen hechos tan graves como; violación de la autonomía por parte de funcionarios de seguridad del Estado junto a los paramilitares de los llamados colectivos, hasta la ejecución de múltiples actos vandálicos. Personas heridas, vehículos destrozados, además de cuantiosos daños a las instalaciones de las Universidades atacadas por el oficialismo. El modus operandi, se repite cual estricto y preciso guión. Colectivos motorizados armados y acompañados -protegidos- por la PNB y por la GNB. Los testimonios son numerosos, así como las pruebas en imágenes y videos, de tan violento como impune accionar.

En marzo pasado, en un ataque en Caracas, a la sede de la UCV, grupos de civiles armados agredieron a estudiantes e incluso desnudaron a un joven. En Barquisimeto, el pasado lunes 5 de mayo, un incendio provocado por colectivos cercanos al régimen consumió más de 40% de las instalaciones de la Universidad Fermín Toro.

Previo a todo esto, específicamente hasta febrero de éste año, el castrochavismo había venido luciendo con desenfadado orgullo, una careta democrática, que los estudiantes finalmente le han arrancado. Una suerte de hoja de parra, la cual una vez perdida, ha dejado desnuda a la dictadura venezolana, ante sus gobernados y ante la opinión internacional.

Apenas se disponía Maduro a celebrar su primer año de gobierno, cuando los estudiantes despertaron. Convencidos que no hay un “camino”. Hay que construirlo.

Una insurgencia, la de los estudiantes universitarios venezolanos, tan grande que además de desconcertar a la Junta que conforman Maduro y Cabello, los estudiantes, perturban a un liderazgo opositor paralizado. Por la sencilla razón, de que no los entienden.

Los estudiantes se han convertido en la vanguardia de ese país que no se resigna a vivir sin el disfrute de sus libertades. Han sido capaces al mismo tiempo de retar al régimen y de sacudirse a la extenuada retórica del movimiento opositor. Sin lobby mediático, sin encuestadoras, sin dólares, sin aviones privados. Armados de coraje e ideas.

¿De qué hablan los estudiantes? De no seguir viviendo bajo la bota de un Estado caníbal. ¿Dónde quieren vivir los estudiantes? En un país donde se pueda hablar sin miedo y se pueda soñar con hacer la justicia realidad.

La novedad en estos jóvenes universitarios, entre otras, es que actúan libres del lastre de la figura del “Che” Guevara, y de Fidel Castro. Todo un atrevimiento el de estos estudiantes venezolanos, insurgir, contra el “arte de la espera” impuesto por los hermanos Castro y así intentar, romper con la dinámica de etapas, impuesta por el régimen títere que encabezan Maduro y Cabello.

A pesar de todo esto, el movimiento estudiantil se ha quedado solo, en lo que considero, como un suicidio moral y político, por parte de la dirigencia de la MUD.

Pero ánimo no les falta, ideas y propuestas les sobran. En el “Manifiesto de Mérida” los estudiantes se expresan en términos políticos en contraste con el discurso repetitivo vacío y anecdótico de la MUD. En dicho manifiesto, los estudiantes van directo al eje de gravedad de éste andamiaje represivo, al exigir: “como patriotas la retirada de toda fuerza de ocupación militar cubana. Queremos que salgan de nuestro territorio, todos los funcionarios dentro de nuestras instituciones por cuanto representan con su injerencia en nuestros asuntos internos una amenaza a la seguridad de la Nación. Nosotros queremos una Nación soberana”. De igual forma, nos reiteran que tienen una sólida conciencia política, los estudiantes en su manifiesto, al sostener que: “Es este el momento de definir nuestro destino. Está a prueba nuestro gentilicio y hemos sensibilizado al mundo con nuestro coraje. No hay posibilidad de cambio real si no logramos llegar hasta el final: por eso, está prohibido perder”.

Han dejado en claro que la meta es; no padecer el virus del conformismo, que se propagó de generación en generación. Hoy, los universitarios están alertando a la sociedad venezolana, para que ejerza su derecho a encauzar el hilo perdido de la democracia.

luisdelion@gmail.com

@LDeLion

*  Artículo publicado originalmente en el diario El Universal: http://www.eluniversal.com/opinion/140502/dialogo-y-confusion

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Revolución y muerte – Aníbal Romero

 Aníbal Romero 

Desde que hizo su aparición en la historia del país, la “revolución bolivariana” ha estado estrechamente asociada a la muerte. Todo comenzó con los golpes de Estado de 1992 y su cosecha de asesinatos, hasta este año que ahora transcurre como testigo de otras cruentas pesadillas, en un inagotable proceso de destrucción de vidas. La alianza de la revolución chavista con la muerte no ha dejado de lado a los propios cabecillas del régimen, comenzando por su máximo líder y su temprano fallecimiento. A los casos políticos es imperativo añadir las decenas de crímenes violentos que acosan a diario a Venezuela, con cifras comparables a las que experimentan naciones sumidas en implacables guerras civiles, como Siria por ejemplo. No dudo que la violencia existente en nuestra sociedad está vinculada a un proceso político basado en el odio de clases, al resentimiento y la corrupción de las sectas cívico-militares que detentan el poder.

A medida que transcurre el tiempo y avanzan la destrucción y la muerte, la “revolución bolivariana” pierde los pocos vínculos que alguna vez intentó establecer con una ideología y un sentido epopéyico de su propia historia, y deviene en lo que ya es obviamente una marcha sangrienta hacia la nada. Importa que la dirigencia democrática y en general todos los venezolanos que nos oponemos al régimen, asumamos con serena lucidez que el proceso “revolucionario” se ha transformado en una aventura nihilista, es decir, en un rumbo hacia la nada, hacia un abismo sin sentido alguno.

Ante este sombrío panorama, resulta ineludible preguntarse si el grupo de veteranos políticos congregados en la MUD, se ha percatado de la razón profunda que seguramente explica el patente desencanto y cuestionamiento de que son objeto, por parte de numerosos venezolanos de buena voluntad. Parece obvio que la razón de fondo del descontento hacia la MUD tiene que ver con una ausencia de compromiso con la verdad, acerca de la real naturaleza del régimen y lo que ello significa. No es el “diálogo” como tal lo más relevante, sino el hecho de que la dirigencia democrática que conforma la MUD sigue comportándose las más de las veces como si viviésemos en una situación política normal, en la aparente expectativa de que los códigos de conducta que prevalecieron durante los tiempos de la República Civil terminen por domesticar a los nihilistas al mando en el país. Me temo que se llevarán una inmensa decepción.

El problema central no es el salario mínimo, la tasa de inflación, el aumento de la gasolina o la escasez de alimentos. El problema central es el dominio del país por parte de un poder extranjero, la ilegitimidad de origen y ejercicio de los actuales gobernantes, y el esfuerzo sistemático para repetir en Venezuela la experiencia totalitaria que nuestros nuevos amos cubanos usaron para hundir a su nación y perpetuarse en el poder.

La dirigencia democrática tiene el deber ético de apegarse a la verdad y realizar una labor pedagógica hacia el pueblo llano, hacia esos sectores populares que todavía no alcanzan suficiente claridad acerca de lo que está en juego en Venezuela. Se impone dejar de lado la ficción de una política “normal” ejercida en circunstancias que no lo son. Se impone apartarse de negociaciones puramente puntuales y secretas con un régimen criminal y nihilista, y empeñarse a plenitud en difundir sin ambigüedades un mensaje de lucha por la independencia nacional frente al dominio cubano, así como de liberación frente a los designios mortales  impulsados por el legado político de Hugo Chávez.

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Diálogo y confusión – Luis DE LION

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Nicolás Maduro, de manera recurrente, ha mostrado la poca convicción que tiene por el diálogo con la MUD. Por su parte, la vocería de la Unidad opositora, insiste en que el diálogo es un camino difícil e indispensable que se debe seguir. Entre ambas posiciones, una realidad, que condiciona la legitimidad del régimen castrochavista.

Ninguno de los respectivos voceros ha logrado transmitirle a la opinión pública ni el vigor, ni el empuje que esperaba la sociedad, luego de tres reuniones entre Gobierno y oposición. Hasta ahora el régimen ha lucido satisfecho, hasta orgulloso, de las buenas intenciones que de manera repetida proclama. Curiosamente, suena a discurso de campaña electoral.

La última reunión pareció haber dejado completamente de lado su objetivo inicial, que no era otro que avanzar a paso firme hacia un proceso de Amnistía. De lo que se trataba, era progresar en el plano de los que están presos, procesados e impedidos de regresar al país. Pero el régimen, prefirió ampliar el tema, llevándolo al terreno de la dimensión propagandista, al utilizar con su presencia en el diálogo a la “Organización de Víctimas de los Hechos del 11 de Abril de 2002”. De esa manera dejaba claro el régimen, que su supuesta prioridad, no tenía casi nada que ver con el tema de la reunión.

De golpe, en la boca del Vicepresidente la prioridad era otra. La prelación, como una suerte de cuenta pendiente. De esa manera entraba el diálogo de lleno en el absurdo. Sin ninguna consideración por la gravísima realidad del país. El régimen parece haber escogido cuales son sus prioridades. Una banalización, despreciando así el más elemental respeto por todas las víctimas, sean las del 11 de abril, como los actuales y las que lamentablemente, están por venir.

La confusión, ha quedado instalada. El diálogo, en menos de un mes, cayó en la trampa de la falta de consideración, en un momento crítico, en el que el régimen le ha pisado el acelerador a la represión y a la persecución de las ONG defensoras de los Derechos Humanos, así como a sus voceros y también a los abogados defensores de las víctimas.

Dicho esto, es evidente que el llamado diálogo, no esté alcanzando entre la opinión pública, me refiero a la sensata, el reconocimiento y apoyo, necesarios para la búsqueda de resultados que involucren los principales factores políticos del país.

De esa manera, por más que ambos sectores muestren preocupación, porque el diálogo produzca resultados, no basta con anunciarlo, sin haber hecho el análisis del estado actual del país. En particular el régimen, luce muy mal al momento de aplicarle remedio a los males que aquejan a la Nación. De allí, la irresponsabilidad de mantener, en estos tiempos, un discurso electoral. Grave error en el cual también ha caído la MUD.

La confusión echa raíces, se apoltrona. A la oposición su falta de coraje. Al régimen su ilegitimidad y el mal uso de la autoridad. En efecto, constituyen las fuerzas autodestructoras de ambas partes. Una realidad política dislocada.

Decir esto me coloca en el papel del radical, del divisor, en fin, del enemigo. Pero solo a los ojos de los que hacen comparsa interesada, de los miembros de la secta del statu quo.

La esencia cívica de cada uno de nosotros, no aspira a que el diálogo sea un fracaso. Personalmente no milito en el sectarismo de los socialistas. Espero simplemente actos. Sin arrogancia ideológica. Ni bolivarianismos religiosos, ni fomentando diferencias entre clases.

Podemos soñar con que algún día se logren los objetivos reales del diálogo. Así sean los mínimos. De momento, hay una prudencia que se asemeja más a un desinterés político. Hará falta, no me cansaré de repetirlo, un liderazgo político con audacia, con inagotable voluntad, para derribar los obstáculos que el régimen y algunos opositores van a colocar en el camino. Todo ello convencidos, de forma clara y sólida, que es la primera etapa de la reconstrucción de Venezuela.

Habrá que ir más rápido y con más fuerza. Tendrán la palabra los demócratas concientes de éste imperativo.

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*  Artículo publicado originalmente en el diario El Universal: http://www.eluniversal.com/opinion/140502/dialogo-y-confusion

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Historia de un alemán – Aníbal Romero

 Aníbal Romero 

Recomiendo con entusiasmo a los lectores el estupendo libro de Sebastian Haffner, Historia de un alemán (Barcelona: Ediciones Destino, 2012), que hace poco disfruté. Se trata de las memorias de este destacado historiador, correspondientes a los años 1914-1933; es decir, desde el comienzo de la Primera Guerra Mundial hasta el ascenso de Hitler al poder. Haffner experimentó esos años cruciales como niño, adolescente y joven adulto en medio de inmensas convulsions, que eventualmente le forzaron a abandonar su país por décadas.

El libro es de gran interés para los venezolanos de hoy, pues existen elocuentes analogías entre lo que sucedió ese tiempo en Alemania y lo que ahora acontece en Venezuela. Desde luego, insisto que hablamos acá de analogías y no de repeticiones. Por ejemplo, escribe Haffner que “No me equivoqué ni un solo instante al pensar que los nazis eran unos enemigos para mí y para todo lo que yo apreciaba. En lo que sí erré por completo fue al no pensar que fueran a convertirse en unos enemigos tan terribles”. Estoy seguro que tales impresiones resuenan con fuerza en los espíritus de muchos entre nosotros.

De los numerosos aspectos que estas memorias, admirablemente estructuradas, pueden señalarse con miras a su pertinencia para la actual Venezuela, tres en particular llaman la atención. El primero, ya esbozado, se refiere a la dificultad que con frecuencia nos impide evaluar con claridad y tempranamente la magnitud de una amenaza política, encarnada en un propósito revolucionario. Ello les pasó a Haffner y a incontables compatriotas suyos, que solo entendieron lo que Hitler y sus seguidores realmente representaban cuando era demasiado tarde para detenerles.

El segundo tema tiene que ver con lo ocurrido en marzo de 1933. Luego de solo dos meses en el poder nuevas elecciones fueron convocadas por Hitler y los nazis, que obtuvieron como partido politico el mayor número de posiciones en el parlamento, pero que no obstante y a pesar de la avasallante propaganda, intimidación y persecución a sus adversarios no lograron la mayoría absoluta. Los alemanes todavía rechazaron en ese momento clave, aunque por escaso margen, la amenaza mortal del hitlerismo. La sociedad mostró no estar aún de rodillas frente al mal. Sin embargo, ante esta inesperada derrota los nazis reaccionaron con eficacia. Al poco tiempo la victoria se disipó, los dirigentes se esfumaron, las organizaciones sucumbieron y el camino quedó abierto al totalitarismo nazi. Fue ésta una experiencia sobre la que cabe reflexionar, pues las oportunidades no son infinitas y las que se pierden muy pocas veces retornan.

En tercer lugar transcribo lo que Haffner con tanta lucidez expone: “Puede sonar paradójico, pero no deja de ser un simple hecho que las decisiones y los acontecimientos históricos realmente importantes tienen lugar entre nosotros, en los seres anónimos, en las entrañas de un individuo cualquiera, y que ante esas decisiones masivas y simultáneas, cuyos responsables a menudo no son conscientes de estar tomando, hasta los dictadores, los ministros y los generales más poderosos se encuentran completamente indefensos”. Esta observación me parece de un especial contenido para la Venezuela de hoy. Estoy persuadido que entre febrero y marzo de este año 2014, la sociedad venezolana experimentó el preludio de un fenómeno de transformación colectiva, y que la llegada de ese punto de saturación que va creciendo en el alma de la “gente cualquiera”, como bien dice Haffner, avanza de modo inexorable y anuncia grandes cambios.

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