Maduro y la guerra fría – Luis DE LION

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Cuando Chávez decidió deshacerse de todos los activos de PDVSA en el exterior, lo hacía previendo las consecuencias de unas potenciales e hipotéticas sanciones internacionales, contra su régimen y sus políticas anti democráticas y violadoras de los derechos humanos. Sin duda, un gesto tan visionario como mal intencionado.

Las circunstancias hicieron que, fuera su heredero, el encargado llegado el momento, de administrar ese plan tan previsivo, cuyo único objetivo no es otro que mantenerse en el poder, reinando sobre las ruinas.

Sin embargo, muy a pesar de lo adelantada que está la revolución bolivariana en temas de violación de derechos humanos, intimidación de los medios de comunicación y persecución de líderes de oposición, hemos visto ésta semana como Caracas aún goza de gran apoyo diplomático en la región.

Poco parece importarle, a la OEA, UNSAUR y el CELAC que la desastrosa gestión de Maduro se haya convertido en tema de actualidad para la opinión internacional. Esto nos sirve para recordar que el régimen de Maduro si bien no ha perdido a todos sus aliados, hace rato perdió toda medida, toda consideración y parece no tener límites.

En apenas un año en el poder, son demasiados los crímenes incitados por Maduro, lo cual hace que, el ya ilegítimo, tenga ahora las manos manchadas de sangre.

Huir hacia delante es una práctica recurrente en el régimen de Maduro, táctica ésta que coloca una vez más a la comunidad internacional en una situación comprometida. Al tiempo que, resulta preocupante, que ni los demócratas venezolanos, ni sus líderes, ante la gravedad de lo que está ocurriendo en Venezuela, ocupen espacio alguno, ni sean motivo de atención por esa misma comunidad internacional.

Para colmo, han vuelto los aires de guerra fría, un clima en el que parece acomodarse muy bien la política exterior de Maduro. La manera como Caracas se inmiscuyó en el affaire Snowden, fue una clara muestra de querer jugar, el papel de provocador, en la escena mundial que ahora vive una suerte de remake de la guerra fría, con lo que ocurre en Crimea. De igual forma los múltiples acuerdos entre Venezuela e Irán y el apoyo a Bachar en Siria, colocan al régimen venezolano del lado que Cuba ha querido y en el que La Habana siempre ha estado desde que los Castro tomaron el poder.

Mientras el jurista Obama se enfrenta al KGBista Putin. Solo un milagro haría que Venezuela salga bien parada de ésta equívoca incursión en éste nuevo y nada prometedor giro de la escena internacional.

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Revuelta popular y apoyo internacional – Luis DE LION

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La dictadura chavista, ese extraño artefacto político, que ahora conduce Maduro, se diferenció desde sus inicios del resto de las dictaduras vernáculas, en que tenía un proyecto político internacional y a tales fines iba a jugar, sin rubor alguno, un papel muy influyente en el ámbito internacional. Esa aspiración global, reflejaba la gran influencia que la tiranía cubana ejercía, sobre el hoy fallecido Teniente Coronel.

Muchas horas de vuelo, muchos discursos, muchos contratos, mucho petróleo, en fin, mucho dinero, para construir una plataforma de apoyo internacional, no a Venezuela, sino al proyecto personal de Hugo Chávez.

Un tinglado, que todavía resiste, un año después del fallecimiento de Chávez, y que le sirve de apoyo a Maduro, quien a pesar de tener hoy las manos empapadas de sangre de estudiantes venezolanos, sigue contando, si no con el soporte, al menos con el silencio cómplice de la comunidad internacional.

La OEA, UNASUR, la CELAC y la integralidad del socialista buena vista club de presidentes latinoamericanos, voltean la mirada, no solo ante las múltiples protestas que desde el 12 de febrero pasado sacuden a Venezuela, sino que además callan ante la criminal manera que ha utilizado el régimen venezolano para combatir el enorme descontento social.

“Tenemos hasta el momento 17 fallecidos y 261 heridos” declaraba el jueves la fiscal general, Luisa Ortega Díaz.

Los estudiantes protestan contra la incapacidad de Maduro de resolver los problemas de la elevada inflación, la delincuencia y la escasez de productos de primera necesidad, así como con los elevados niveles de corrupción y con la intimidación de los medios de comunicación y de la oposición democrática. A pesar de ello, Maduro hasta el momento, no ha retrocedido ni un centímetro.

No obstante, ante la sangrienta testarudez del régimen de Maduro, ha comenzado a abrirse una muy tímida, pero nada despreciable ranura, en la espesa tapadera internacional que protege la imagen del castrochavismo. Es así, como éste jueves el Parlamento Europeo por una abrumadora mayoría aprobó una resolución condenando “todos los actos de violencia y la trágica pérdida de vidas humanas durante las manifestaciones pacíficas en Venezuela”

En ese mismo orden, se pronunció el viernes pasado el secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, al señalar que “no es inapropiado” que el Congreso estadounidense estudie imponer sanciones a Caracas.

De seguir la protesta ciudadana y de continuar la sangrienta represión del régimen, se corre el riesgo de romperse esa suerte de omertà de la diplomacia regional. Para evitarlo, el muy torpe Canciller Jaua, acaba de comenzar una gira por la comarca.

Un escenario nada alentador, el cual podría desembocar en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Una instancia en la que, China y Rusia, aliados incondicionales del castromadurismo tienen, derecho a veto.

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El dilema de Maduro – Luis DE LION

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Todo comenzó el pasado 4 de febrero, en San Cristóbal, luego que intentaron violar a una estudiante. La protesta no se hizo esperar e inmediatamente se contagió con lo que había en el ambiente, es decir, inseguridad, escasez, libertad de expresión.

Lentamente, el descontento llegó a Caracas, previo paso por Mérida y Valencia. El movimiento de protesta estudiantil critica frontalmente a Maduro y su política, principal causa de la altísima inflación, así como de la galopante escasez de los productos básicos. Tampoco se pueden adquirir muchos medicamentos. La prensa escrita no tiene más papel. Las ensambladoras de automóviles están igualmente en crisis.

Hay escasez de todo, menos de balas.

El nuevo liderazgo opositor, encabezado por Leopoldo López y María Corina Machado, con muy buen olfato se incorpora al movimiento de protestas y hacen fusión, organizando manifestaciones. La primera tuvo lugar el 12 de febrero, en la Plaza Venezuela. Al final de la jornada, el balance fue de tres muertos y unos 50 heridos. Inmediatamente el régimen convertía a Leopoldo López en el enemigo número 1 y seguidamente lanzó orden de captura contra el líder el partido Voluntad Popular. El 18 de febrero López decide entregarse, no sin antes convocar a un acto de masa en el que diera un discurso de los más coherentes y simbólicos de los que haya dado político de oposición alguno en los últimos diez años. El final de esa fotogénica jornada culminó en la cárcel de Ramo Verde para Leopoldo López y en Valencia la jornada terminaba con la muerte de la joven Génesis quien a sus 21 años recibía un impacto de bala en la cabeza.

El régimen no tardo en lanzar su propia campaña de manifestaciones el 13 de febrero. La Ministra Delcy Rodríguez, a través de twitter publicó, la orden del día, “luchar contra los fascistas” y así marcharon el 18 de febrero. Previamente la red social Twitter acusó al régimen de Venezuela de bloquear imágenes en dicha red social. La mayoría de las fotos mostraban lo que estaba ocurriendo en el país, algo que la televisión no hace, por temor a ser sancionada.

Paradójicamente a lo que más le teme el régimen de Maduro y el terreno en el que más apoyo tiene, no es otro que el de la escena internacional.

El anuncio del Ministro Jaua, el lunes 17 de febrero expulsando a tres diplomáticos estadounidenses, acusados de apoyar el movimiento estudiantil, provocó la condena por parte del presidente Obama de la violencia cometida en Venezuela contra los manifestantes y pidió la liberación de los detenidos.

La OEA, el CELAC, UNASUR y el Consejo de Seguridad de la ONU, apoyan abiertamente al régimen de Maduro. Ese apoyo le ha permitido, sacar del aire en Venezuela, la señal del canal colombiano de noticias por cable NTN24 y amenazar con la misma medicina a CNN en español.

Mientras el movimiento estudiantil no baja la guardia, a pesar de los muertos y heridos, la opinión internacional tiene la mirada puesta en Ucrania.

Muchos no se han percatado que la actual lucha estudiantil es la que corresponde al momento histórico que atraviesa el país. El movimiento estudiantil que hoy se expresa, enfrenta el artefacto ideológico que contiene en ciernes un totalitarismo de nuevo cuño.

El dilema del régimen de Maduro es, enviar a la cárcel o al cementerio, a quienes no admiten la propuesta de dictadura constitucional.

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La ruta – Luis DE LION

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¿Se puede gobernar así, se puede llevar adelante un país con ésta dirigencia, con una crisis asfixiante, con una legitimidad entre comillas y lo peor, con las manos llenas de sangre?

Sí se puede, en la Venezuela del castrochavismo. Un país en el que las instituciones dejaron a un lado su actividad genuina, para asegurarle a la Junta que hoy conforman Maduro y Cabello, la presidencia de la República hasta el 2019. Hasta pueden seguir destruyendo al país, persiguiendo líderes de oposición, cerrando medios de comunicación y martirizando estudiantes. La ley, sus leyes, se lo permiten. Puede escasear hasta lo más elemental, pueden cerrar las empresas, los hospitales convertirse en depósitos de seres humanos, la economía y las finanzas pueden extinguirse, pero Maduro y Cabello, siempre serán legítimos.

La palabra, legitimidad, aquí cobra varios sentidos, si lo consideramos desde una óptica moral o desde un punto de vista jurídico. Un extenso e interminable debate, a través de la historia de la humanidad, cuya respuesta está en la democracia. Maduro y Cabello, tienen derecho. Pero ante la manera de ejercerlo, no tienen moral alguna y en consecuencia perdieron toda legitimidad.

Honestidad, civilidad, fraternidad, buen sentido administrativo y conciencia ejecutiva y legislativa, son valores de la moral de un dirigente demócrata. La Junta, impuesta desde La Habana, no cumple con ninguna de las premisas de un régimen que se pretende democrático.

Sin embargo, los miembros de la Junta, lucen convencidos que van por el buen camino, poco les importa ser impopulares y no tener ningún crédito ante la opinión pública.

Ante ese escenario, ésta semana insurgieron los estudiantes. Pero no nos hagamos ilusiones, nunca se ha visto un político castrista renunciar al poder por la sola presión de los ciudadanos en la calle.

Mientras la dimisión de la Junta luce como una hipótesis improbable, sus miembros ante el regreso de la confrontación política directa como no se veía en Venezuela desde el año 2004, lucen desesperados buscando el pretexto político necesario, que les devuelva la autoridad, al menos en sus espíritus. Insisten en la necesidad del diálogo, mientras persiguen a Leopoldo López y con ello abrir una profunda zanja en la grieta que conforma la división de la llamada Unidad opositora. Con el objetivo de, restablecer, la cohabitación aquélla que se instituyó en mayo del 2003 pero que en la actualidad no tendría otro sentido político que el de la colaboración con un régimen supremamente ilegítimo. Capriles y la corriente del llamado chavismo sin Chávez, se inscriben en ésta opción, y consideran necesaria una redistribución de las fuerzas opositoras, sin una revisión profunda de la estrategia. Del lado del castromadurismo, tampoco se disponen a revisar su política.

Pero si los demócratas no abandonan la calle, ni sus legítimas reivindicaciones, el régimen estará en la obligación de escoger, y la selección no será a partir de una multiplicidad de opciones. Se hará a partir de lo que desde hace tiempo la opinión pública luce preparada, es decir, a sustituir éste régimen.

No voy a ser imprudente pronosticando, sabiendo que toda perspectiva de compartir el poder, la Junta, solo y en última instancia la visualiza con la corriente colaboradora de la oposición, algo que no pondrá fin, ni a la confusión, ni al desorden.

La tendencia ha de ser una sola. Plantarnos firmes, como antagonismo al castromadurismo, para primero contener su destructivo avance. Luego, la indignación ciudadana, le cederá el paso a una organización verdaderamente política y no solo electorera, que prepare una alternativa al mandato de Maduro.

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No pasa nada – Luis DE LION

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La realidad sigue siendo más chocante, a pesar de los eufemismos izquierdosos, que las misiones, que los planes, que los proyectos. Desde que ejerce el poder supremo, Nicolás Maduro, sigue una ruta zigzagueante, ante los obstáculos propios del mundo real, los cuales apenas esquiva. Su resistencia ante el desastre impresiona. Un síndrome particular: mientras más evidencias de su incapacidad para gobernar, parece que más se atornilla. A su extrema confianza en sí mismo, unas certezas que confunden, que engañan y que le permiten ser indiferente ante la impopularidad. Su popularidad nunca fue un punto fuerte, la misma ni siquiera se estanca, simplemente no tiene prestigio. En un primer tiempo, dicho marasmo para algunos se debía a la inexperiencia. Pero resulta que es estructural. Paradójicamente, dicha debilidad, parece ser la fuerza de Maduro. Poco o nada importa, cuando uno controla y dispone ampliamente de todos los poderes del Estado y si además tienes frente a ti a una oposición mediocre.

Amplia mayoría en la Asamblea, pero una evidente incoherencia. Esa suerte de brebaje, ideológico, acomplejado y conservador, que apesta desde la bancada oficialista legislativa, constituye una política. Imposible darle una definición precisa. Se dicen socialistas, pero ante la interrogante, qué es hoy el socialismo, en qué se ha convertido dicho término, arrebatan, y responden que hay una sola línea la de Chávez y Bolívar. ¿Cuál es esa línea? Maduro tiene en su mayoría dentro de la Asamblea Nacional, una diversidad en la cual cada quien reivindica una izquierda de acuerdo a su cultura, a su historia y lo más importante, de acuerdo a sus propios intereses. El resultado, es la suma de una mayoría incoherente, de la cual extrañamente la oposición, no logra sacar provecho político alguno.

Impopularidad e incoherencia, se ejerce el poder por aproximación política. Parece que va a ser así. Lo peor, es que nos acostumbremos a ello. ¿Quién o qué se opone realmente a ese desorden ideológico, a ésta confusión ejecutiva, a éste martirio judicial?  La ruta opositora parece guiarse por lo irónico, lo humorístico y la indignación ciudadana, a falta de una organización verdaderamente política y no solo electorera. La preocupación es una supuesta “unidad” electoral, en lugar de preparar una alternativa al mandato de Maduro.

Es en medio de dicho clima sofocante, que vamos una vez más a, acercarnos a una enésima cita electoral.

Maduro ya mostró cuan extensible es su incapacidad. Está convencido de su eficiencia y de la homogeneidad de los interesados que conforman su contradictoria mayoría en la Asamblea.

¿Y la oposición? ¿Es inofensiva? ¿Cuál oposición?

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La oposición acomplejada – Luis DE LION

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La política es a ratos mentira. Hay diversas maneras de mentir. La estratagema es una de ellas. La polémica sobre las candidaturas a la alcaldía del municipio Libertador es un ejemplo. Una suerte de espejismo. Un psicodrama entre candidatos unos menos presentables que otros y un movimiento que se dice unitario, dirigido por un grupo de observadores.

El incidente era inevitable. Capriles entre el 14 y el 16 de abril pasado clamó por la transparencia y las condiciones electorales. Una exigencia indispensable. El derecho a elegir es un tema vital, ante ese clamor las primarias opositoras del 2012 capitalinas debieron ser impecables. Ismael García, su humanismo no era su tarjeta de presentación. Al forzar su candidatura, la MUD corría un gran riesgo. Los principios elementales de concertación democrática fueron puestos de lado. Justo en el momento en que el régimen recrudecía la persecución y que en la opinión pública dicho acoso era tema de debate.

Antonio Ecarri, reitera que él ganó las primarias de febrero 2012.  No impugnó los resultados por disciplina ambiental presidencial, según palabras del propio candidato.

La divergencia no es de apreciación. Ecarri y García, no tienen casi nada en común. A eso lo llamo desorden substancial. Que la oposición democrática se presente dividida a un evento electoral tan importante, es otro signo de la fractura ideológica, imposible de componer. Se tuvo que impedir la nominación de García en nombre de la moral ciudadana. Debió además haber sido el interés de Capriles y de toda la MUD. Se debió torpedear el proyecto del chavismo sin Chávez, ese que inutiliza al ciudadano, al militante democrático.

Desafiar al elector. De forma repetida y nada casual, algunos voceros de la oposición se han dado a la tarea de estigmatizar al votante, y así justificar las recientes derrotas opositoras. La MUD porfía en acompañar una candidatura desagradable, inoportuna y rabiosa. Unico pretexto, única bandera, las primarias. La martirizada Caracas merece cosas mejores.

¿Quién sale ganando? Sin duda el castrochavismo. No solo la oposición se autoneutralizó en Caracas, sino que además se dan el lujo de retar al elector. Le dicen “esto es lo que hay” y si volvemos a perder la culpa será, como es costumbre, de ustedes. Se confunde autoridad con autoritarismo. Los ciudadanos hubiésemos preferido que la MUD aplicara una selección estricta de pre-candidatos.

En medio de la asfixiante crisis que agobia al país, la crisis moral, es particularmente chocante. A nuestro sistema político en su integralidad parece que le fue extirpado el decoro, la honorabilidad.

Cuanta falta hace que el liderazgo opositor deje de lado sus complejos.

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Aroma de guerra fría – Luis DE LION

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“Las relaciones con Rusia no han tenido recientemente el progreso necesario como para justificar una cumbre ruso-estadounidense en septiembre » La declaración hecha por la Casa Blanca el pasado miércoles anulaba el esperado cara a cara entre Obama y Putin, inicialmente previsto para la primera semana de septiembre. Anuncio que no sorprendió a casi nadie.

La gota que derramó el vaso, fue sin duda el affaire Snowden. Que Moscú se haya negado a extraditar al exagente de la CIA, mostró claramente que para Putin la cumbre con Obama no tenía importancia alguna.

Después que Putin retomó el poder, las relaciones con Obama se volvieron aborrecibles. No olvidemos que en mayo 2012, Putin se negó a viajar a Camp David para un G8 con la excusa del escudo anti misiles, Siria y el avance nuclear iraní.

Los dos líderes, se vieron en Belfast en junio pasado, al margen de otro G8, pero el encuentro no fue nada caluroso. Esa imagen de confrontación con Washington, según un sondeo de mayo 2012, 72% de rusos se dicen satisfechos y apoyan la política de Putin. Por otra parte, 57% de rusos consideran que es más importante tener un líder fuerte que la democracia misma.

Pero el affaire Snowden y los gestos de antipatía de Putin no son las únicas causas. En el invierno 2012, ocurrió el affaire Magnitski, un abogado fiscalista, que trabajaba para un bufete estadounidense, murió a golpes en una cárcel rusa. En respuesta, Washington le suspendió la visa a varios funcionarios rusos y Moscú por su parte replicó prohibiéndole a los estadounidenses adoptar niños rusos.

Los temas de discordia, no escasean. El apoyo de Putin a al régimen de Bachar Al-Assad, los derechos de los homosexuales, el control de las armas. En fin, es muy poco lo que ganaría Putin en un encuentro con Obama. Como señala, Foreign Policy, “lo que Putin podía desear de Obama, ya lo obtuvo: la pasividad de Washington ante Siria y la opaca línea roja establecida por el propio Obama”.

Del lado de los Estados Unidos, “como todos los presidentes estadounidenses, a la excepción de Reagan, Obama no sabía nada de Rusia cuando llegó al poder. En un principio le tendió la mano y ahora comienza a entender que de esa manera no logrará nada. Debe dejar de reforzar el régimen de Putin, no debe darle más trato de interlocutor privilegiado” considera David Setter de la Universidad Johns Hopkins.

En estos aires de guerra fría parece acomodarse muy bien la política exterior de la junta Maduro-Cabello. La manera como Caracas se inmiscuyó en el affaire Snowden, fue una clara muestra de querer jugar, el papel de provocador, en la escena mundial que ahora vive una suerte de remake de la guerra fría. De igual forma los múltiples acuerdos entre Venezuela e Irán y el apoyo a Bachar en Siria, colocan al régimen venezolano del lado que Cuba ha querido y en el que La Habana siempre ha estado desde que los Castro tomaron el poder.

Solo un milagro haría que Venezuela salga bien parada de ésta equívoca incursión en éste nuevo y nada prometedor giro de la escena internacional.

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