Los ataques a la MUD – Trino Márquez

Trino Márquez

Mario Vargas Llosa cuando estuvo en Venezuela hace pocas semanas señaló que la división de la oposición sería un regalo de los dioses para el gobierno de Nicolás Maduro. En la misma entrevista –cuyos interlocutores eran César Miguel Rondón y Marcel Granier- también dijo que sería un suicidio que la oposición se convirtiera en un archipiélago de grupúsculos sin ninguna capacidad de modificar la conducta del régimen o propiciar una salida democrática y pacífica a la enorme crisis que asola al país.

Estas sabias palabras del maestro Vargas Llosa  se fundamentan en su enorme talento y en la experiencia práctica que vivió el Perú durante los tenebrosos años en los que gobernó el dúo formado por Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos. Esta dupla siniestra, que asesinó a centenares de peruanos y se enriqueció de manera obscena, basó su gigantesco poder en una medida importante en la agrietada división existente entre los partidos opositores. La fragmentación hizo posible que los derechos humanos se violaran y el erario público fuese saqueado, en medio de la impunidad más indolente. El premio Nobel cuando advierte de los peligros de la atomización no lo hace desde la perspectiva meramente intelectual, sino también a partir de la dolorosa experiencia de su país natal.

Sus reflexiones y consejos deberían ser considerados por quienes estando, aparentemente en el campo opositor, tienen años dedicados a demoler el formidable esfuerzo de cohesión y coordinación representado por la MUD, única instancia real de Unidad política que existe en el país. El apoyo a la MUD de ninguna manera significa renunciar a la capacidad crítica de algunas de sus políticas y decisiones. Por ejemplo, el comunicado frente a las ambivalentes declaraciones de Roberta Jacobson –Subsecretaria de Estado de EE.UU. para el hemisferio occidental-  fue ambiguo y confuso. Era necesario –tal como lo hizo César M. Rondón en su programa radial- exigir una explicación que aclarara las dudas. Pero, de allí a la crítica maledicente y artera hay un paso sideral.

Hay un grupito de comentaristas del proceso político nacional que se ha dedicado a demonizar la MUD, sus partidos y dirigentes. Blanco favorito, aunque no único, es Ramón Guillermo Aveledo. Del secretario ejecutivo se han levantado las peores calumnias.  Un buen número de esos “analistas” vive cómodamente instalado en el exterior. Su contacto con la realidad política venezolana es a través de la red, el teléfono o alguno que otro viajero que los visita y les transmite sus impresiones acerca de Venezuela. Son personas cargadas de odio y resentimiento porque la MUD no se dirige a ellos con el debido respeto para conocer sus opiniones acerca de lo que debe y no debe hacerse. Jamás han construido ninguna organización política importante, ni saben lo que significa lidiar con personas que piensan diferente. Hablan de recuperar la democracia para vivir en una nación plural, pero son intolerantes al extremo que juzgan los eventuales errores, omisiones o discrepancias de los dirigentes que se baten todos los días por una Venezuela mejor, como actos de entrega, cobardía y colaboracionismo con el oprobioso régimen rojo.

A esos señores hay que tenerles miedo porque, en el supuesto negado de que el país llegase a caer en sus manos, la ingobernabilidad, los abusos y el sectarismo serían iguales o peores que con los rojos. La ingobernabilidad se mantendría intacta porque son seres incapaces de dialogar, discutir, negociar y empatizar con los interlocutores. El revanchismo comunista se reeditaría, solo que esta vez con un signo distinto.

La MUD, como toda agrupación humana es falible. Sus decisiones son imperfectas, al igual que sucede  con todas las escogencias que realizamos en el plano individual. Sin embargo, hoy la oposición es una fuerza con reconocimiento internacional en gran medida por la acción paciente, sostenida e inteligente de los líderes reunidos en esa instancia coordinadora. Volver a la época en la que la MUD no existía sería retroceder a la prehistoria. Se le entregaría la nación definitivamente a los gamberros que la gobiernan y el destino se pondría en una secta de lunáticos que verían cómo Venezuela se hunde en el abismo, mientras ellos rumian su frustración y rencor mientras disfrutan de una buena copa de vino.

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Gobierno bufo – Trino Márquez

Trino Márquez

No existe ningún problema o tema importante  para el país que el gobierno rojo tome con la seriedad debida. Siempre trata de salirse con una pirueta de novillero de feria de pueblo.

La crisis económica nacional, la más grave de la que se tenga memoria, es el producto -según su afiebrada visión- de una quimérica “guerra económica”, como si ese complejísimo mecanismo que constituye la Economía, formado por millones de operaciones espontáneas que realizan actores independientes y, a la vez complementarios, pudiese manejarse como un teatro de marionetas. La inflación, la escasez y el desabastecimiento -desatados por la errática política de controles de cambio, precios y el cerco a la propiedad privada- el Gobierno los aborda sin la menor idea de lo que enseñan el sentido común y la experiencia propia e internacional.

El Diálogo Nacional -que le interesa tanto a los rojos como a la oposición, porque sin estabilidad política y un clima de tolerancia que permita recuperar la confianza en el país, resulta imposible atraer las inversiones que se necesitan para reanimar el aparato productivo, crecer e incrementar la demanda a partir de la  creación de empleos- lo torpedea con continuas amenazas, descalificaciones y agresiones. Quienes salen más perjudicados son ellos, que están allí para gobernar el país. Pero, una concepción mezquina y mediocre de la nación lo ha llevado a pensar lo contrario: que es la oposición la que se fortalece. Mientras tanto, el país naufraga gracias a la ineptitud y sectarismo oficial.

El conflicto con los estudiantes se les ha convertido en un problema sin solución. Adoptaron el camino de la represión para someterlos. Cuando parece que la confrontación merma, rebrota con mayor fuerza y con más brutalidad por parte de la Guardia Nacional y de los escuadrones de la muerte. La violencia con la que actuaron contra la Universidad Fermín Toro en Barquisimeto mostró el odio de los resentidos que actúan con impudicia. En este cuadro tan delicado, lo único que se les ocurre decir es que los jóvenes están siendo manipulados por fuerzas oscuras, que se aprovechan de su ingenuidad e ímpetu para conducirlos por el camino de la perdición. Todas babosadas demasiado manidas.

Asesinan a Eliézer Otaiza y la respuesta inicial consiste en acusar, sin ninguna clase de pruebas, a la oposición. Inventan un extravagante plan ideado en Miami por un grupo de personas sin ninguna clase de conexión con las protestas y movilizaciones que durante tres meses han ocurrido en Venezuela. Develan nombres que el país no conoce, fantasean con alias como el de “El Aviador”, oscura figura parecida a la Sayona. Luego se constata que al desafortunado dirigente del PSUV lo masacró una banda de jóvenes, todos crecidos y formados durante estos últimos quince años, que operaba con total impunidad en los predios de Baruta. El objetivo: no reconocer que el drama de la inseguridad personal es apocalíptico y que cualquier persona, por encumbrada, armada  o conocida que sea, puede ser víctima. Prefieren quedarse con la peregrina tesis de que la inseguridad es una imagen desvirtuada de la realidad que los medios de comunicación han proyectado para criticar injustamente al Gobierno.

Las gigantescas dificultades y carencias nacionales son enfrentadas con el “gobierno de calle”, suerte de loa al absurdo. Al sinsentido criminal. La gente de la calle lo que está esperando es que el Ejecutivo dirija. Que se ponga de acuerdo con los gobiernos regionales y locales para acometer en conjunto  los déficits existentes en todos los planos. El país, especialmente los más pobres, lo que desea es que el Gobierno diga cómo  vamos salir del fondo en el que el socialismo de siglo XXI nos hundió y de qué manera recuperaremos el dinamismo que la nación tuvo en el pasado, cuando nos encontrábamos en la vanguardia de América Latina. El “gobierno de calle” es como esas pócimas “mágicas” de las que hablaba el gran Gabo y que solo servían para engatusar a los desprevenidos.

El Gobierno se parece cada vez más a los creativos de una agencia de publicidad que vive pensando en cómo inventar consignas que no dicen nada original ni nuevo, pero encandilan porque perdieron el sentido del ridículo.

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Vargas Llosa y la oposición venezolana – Trino Márquez

Trino Márquez

Mario Vargas Llosa, podría decirse con toda propiedad, es un intelectual orgánico en el sentido que Antonio Gramsci acuñó en ese concepto. Es un intelectual comprometido, más que con una clase social determinada, con una visón del Estado y la sociedad identificada como liberalismo. En esencia, en el plano político, proclama que el poder del Estado se encuentra sometido a los rigurosos límites establecidos por la democracias, el Estado de Derecho, la separación y autonomía de los poderes públicos y ese pacto social y político sintetizado en la Constitución. Los funcionarios están obligados a respetar la libertad individual, los derechos ciudadanos y las distintas agrupaciones          —partidos políticos, gremios,  sindicatos asociaciones y movimientos— en las cuales se organiza el poder ciudadano. En la esfera económica, promueve la propiedad privada, las leyes de mercado y los rasgos que le son concomitantes. El premio Nobel defiende con pasión esas ideas en el marco general de la lucha por la libertad, entendida en el sentido lato de la expresión, y del enfrentamiento sin tregua a las dictaduras y autoritarismos de todo género.  Con este evangelio se desplaza por buena parte del mundo y escribe gran cantidad de los artículos que publica en El País, de España.

Recientemente estuvo en Caracas con motivo de los treinta años de existencia de CEDICE. Con los años, el intelectual de origen peruano se ha convertido en una suerte de sabio, con amplios conocimientos sobre distintos temas de la actualidad mundial, y con una gigantesca capacidad para reflexionar con seriedad y detenimiento acerca de la compleja realidad de América Latina y del resto del mundo. Con respecto a Venezuela, sorprende el nivel de información y conocimientos que posee en torno de la situación económica, social y política. Cita con soltura y propiedad algunos de los indicadores económicos y sociales más relevantes. Conoce el estado de ruina al que nos condujo el socialismo del siglo XXI, algo que le resulta sencillo de entender porque su natal Perú fue hundido en la miseria por la dictadura procubana del general Velasco Alvarado y el populismo rampante del primer gobierno de Alan García.

Con respecto a la oposición venezolana también está muy bien informado. Conoce y admira la épica batalla que libró contra el omnipotente Hugo Chávez y que continúa dando contra sus desalmados e ineptos herederos. En este terreno destaco varias ideas que tuve la oportunidad de escucharle.

El valor de la Unidad. La división de la oposición sería un suicidio y un regalo de los dioses para el régimen, fueron sus palabras. Esta verdad axiológica ya la conocemos, pero resulta fundamental que una figura con la autoridad mundial del novelista la subraye. Vargas Llosa sabe que existen diferencias importantes acerca de la estrategia que debe seguirse frente al neocomunismo instalado en Venezuela desde hace quince años. Sin embargo, destaca el insustituible peso de los acuerdos unitarios para lograr crear el clima que permita alcanzar los cambios que los demócratas aspiran. Sin esa cohesión, la sobrevivencia de la autocracia estaría garantizada por largos años.

Ningún coqueteo con los militares, ni salidas cuartelarias. Aliarse con los uniformados para salir de Maduro sería un craso error. Los militares deben estar en los cuarteles y someterse al dictamen de la mayoría nacional. Para recuperar la democracia es indispensable construir un poderoso movimiento político y social que incluya a todos los sectores nacionales: obreros, empresarios grandes, medianos y pequeños, campesinos, estudiantes, trabajadores informales. Una gigantesca fuerza de ese tipo no será enfrentada con represión ni violencia por los militares, quienes conocen los castigos internacionales que podría aplicárseles en el caso de que provoquen una masacre,

La salida de la autocracia debe ser pacífica y electoral. Hay que evitar la violencia porque suele engendrar modelos autoritarios que terminan acabando con la libertad.  Frente a autocracias como la dominante no hay salidas rápidas ni sencillas. Si la oposición construye un amplio movimiento de masas y concurre a unas elecciones con esa fuerza como respaldo, las posibilidades de fraude se reducen. Los militares no avalarán la trampa y se plegarán a la decisión de la mayoría.

Estos y otros argumentos los oyeron los estudiantes, con quienes Vargas Llosa se reunió y frente a los cuales se conmovió. Espero que hayan entendido el mensaje del maestro.

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Los treinta años de CEDICE – Trino Márquez

Trino Márquez

El Centro de Divulgación del Conocimiento Económico, que varios años después de su creación incorpora el concepto de libertad a sus siglas representativas, y pasa a llamarse CEDICE Libertad, está cumpliendo tres décadas de existencia. Es una fecha especial,  no tanto porque esa cifra representa para cualquier organización civil un período prolongado, sino porque la mitad de ese lapso ha transcurrido en un ambiente signado por una acentuada estatización de la vida social.

Desde el 2 de febrero de 1999, cuando Hugo Chávez asume la Presidencia de la República, comienza a instrumentarse un plan fríamente calculado de destrucción de la autonomía de todas las instituciones públicas y de las organizaciones independientes de la sociedad civil. Este programa arranca con un ataque sostenido a los partidos políticos opositores, a los sindicatos y a la CTV, para entonces poderosa y vital. Luego va extendiéndose al resto de las agrupaciones: gremios profesionales, federaciones empresariales, movimiento estudiantil, medios de comunicación, organizaciones no gubernamentales y asociaciones civiles de diferentes  categorías. El objetivo consiste en pulverizar la trama social   construida durante el período que arranca el 23 de enero de 1958, con el fin de sustituirla por organizaciones muy gubernamentales, tal cual había sido la experiencia de los países comunistas. El autoritarismo, en cualquiera de las formas que asuma –comunismo, fascismo, nazismo, militarismo de derecha, populismo o teocracia- no se aviene con las instituciones autónomas del Estado, ni con las agrupaciones independientes de la sociedad. La libertad, en cualquiera de sus esferas, se ve como seria amenaza.

En este contexto, que no ha hecho más que acentuarse con Nicolás Maduro, le ha tocado sobrevivir a CEDICE Libertad. Asumir la defensa irrestricta de la propiedad privada, la libre empresa y la libre iniciativa, el Gobierno limitado, la responsabilidad individual, la confianza basada en el estricto cumplimiento del Estado de Derecho y la igualdad ante la Ley, ha tenido un alto costo. Esas banderas las ha levantado dentro de una atmósfera cargada de autoritarismo burocrático y distorsionada por los espejismos creados por el Estado hipertrofiado. CEDICE -a través del Observatorio Legislativo, coordinado por la economista Alicia Sepúlveda- ha radiografiado hasta las entrañas ese monstruo formado de leyes, reglamentos y disposiciones con los cuales el régimen neocomunista ha tratado de asfixiar la economía privada para abrirle espacio a la “economía estatizada”, a la “propiedad pública y colectiva”, propuestas en los distintos planes socialistas; el último, el inconstitucional Plan de la Patria. No hay norma o instrumento legal que no haya sido analizado con detenimiento por los expertos en esas materias que han atendido el llamado de CEDICE para que expongan, ad honorem, sus argumentos y reflexiones. Este trabajo ha sido un valioso apoyo para los parlamentarios de la bancada opositora en los debates con el oficialismo.

En el Comité Académico se analiza la coyuntura y la dinámica nacional en todos los órdenes. A esta instancia asisten importantes especialistas, igual ad honorem, a presentar sus puntos de  vista en torno de la situación del país. Sin prejuicios  ni dogmas, se evalúa el curso de la realidad nacional con el fin de inscribir el estudio de los fenómenos económicos en el contexto global que les da significado.

El propósito de todos los órganos de CEDICE –como CEDICE Joven- reside en apoyar  la construcción de una sociedad con un rasgo civilista claramente predominante, en la cual la Libertad sea un valor esencial en todos los campos, no solamente el económico, y donde se respete la creación de riqueza y su reparto equitativo a partir de la libre empresa y la libre iniciativa. Para CEDICE la libertad económica no puede perdurar si la democracia no se extiende a las demás dimensiones y si no se  le asume de forma integral.

Para celebrar sus treinta años, la Junta Directiva de CEDICE, presidida por Rafael Alfonzo, organizó un evento internacional -cuya diseñadora y bujía ha sido Rocío Guijarro- en el que el tema central se ubica en el futuro de la Libertad en América Latina. El gran atractivo será la presencia de Mario Vargas Llosa, probablemente el intelectual más importante e influyente de Hispanoamérica. Vargas Llosa ha sido vertical ante las dictaduras y un firme aliado de los demócratas  venezolanos. Volverá a demostrarlo.

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El ocaso de la democracia – Trino Márquez

Trino Márquez

A partir del 2 de febrero de 1999, cuando Hugo Chávez asume la Presidencia de la República, comienza un progresivo proceso de destrucción de la democracia. El plan tenía como objetivo clave triturar las instituciones autónomas que garantizan la alternabilidad en el poder de las fuerzas que se mueven en el escenario político. Al comienzo, Chávez habla de gobernar hasta 2021. Luego amplia el horizonte hasta 2030. Más tarde dice que mandaría hasta que cumpliese 80 años. La Divina Providencia se interpone en sus aspiraciones, pero el caudillo deja inoculado en sus herederos el virus autocrático. Honrar su memoria implica continuar la labor que él inicia: es preciso acabar hasta con el último rastro de cualquier institución que supervise y propicie la renovación en los mandos. Esta es la gran tarea que el maestro les fija. La meta: lograr la plena fusión entre el Gobierno, el Estado y el PSUV. Que la trinidad sea perfecta, tal como ocurría en las autocracias comunistas del pasado.

Para entender lo que ocurre en Venezuela no hay que ensanchar el concepto de democracia, sino modificar la definición de dictadura. A pesar de su parecido con la Cuba de los hermanos Castro, estamos en presencia de un régimen comunista posterior a la caída del Muro de Berlín y al colapso del Imperio Soviético, incluido el derrumbe de los países satélites de Europa oriental.

Las características básicas de esos sistemas pueden resumirse del siguiente modo. Presencia de un fuerte componente represivo: nadie, por más encumbrado que sea,  está a salvo de ser espiado, encarcelado y torturado; los sofisticados aparatos de seguridad supervisan a los ciudadanos que potencialmente representan un peligro para el Estado. Desprecio olímpico por los derechos humanos.  Control total de las instituciones públicas a partir de la fusión entre el Gobierno, el Partido Comunista y el Estado. Las decisiones fundamentales se adoptan en el Comité Central del Partido, de donde emanan las instrucciones para los organismos públicos; esas órdenes son de estricto cumplimiento para todos los funcionarios. Ausencia de medios de información y comunicación independientes y hegemonía comunicacional, con el fin de divulgar e imponer la verdad oficial y uniformar el pensamiento de todos los ciudadanos. Subordinación de la Fuerza Armada a los dictámenes del Partido Comunista; los militares son fichas de la organización política. Intervención y control de la economía a través de la supresión de la propiedad privada, la estatización de los principales medios de producción, la colectivización del sector agrícola y la pequeña y mediana industria. Regulaciones y controles de todo tipo. Asfixia o desaparición de las organizaciones independientes de la sociedad civil: partidos, sindicatos, gremios, federaciones estudiantiles.

Aunque no tan exacerbados como en los antiguos países comunistas, todos esos rasgos se encuentran en Venezuela desde 1999, solo que la enorme resistencia desplegada por las fuerzas democráticas ha preservado importantes espacios donde existen la libertad y la independencia. Siguen operando algunos medios de información y comunicación independientes, y partidos políticos ajenos al Estado. El segmento ocupado por la propiedad privada continúa siendo significativo. Existen organizaciones no gubernamentales que defienden los derechos humanos.

En el plano político e institucional, sin embargo,   no hay duda de que la democracia se degradó, y que avanzamos aceleradamente por el camino de la dictadura abierta y desembozada. El hecho de que en Venezuela se vote para elegir las autoridades públicas no modifica esta tendencia, únicamente la encubre. Las nuevas dictaduras, las del siglo XXI, necesitan del sufragio popular. Prefieren ser electas, antes que imponerse mediante el puro uso de la fuerza bruta.

El Gobierno convirtió el sufragio popular en una  cortina de humo para ocultar los atropellos que comete con el fin de perpetuarse en el poder. Esos desafueros lesionan incluso la institución del voto. Las decisiones que el TSJ adoptó contra los alcaldes Daniel Ceballos y Enzo Scarano, y contra María Corina Machado -la diputada electa en 2010 con la mayor cantidad de votos- cachetea la voluntad de los electores que sufragaron por esos representantes populares. La FAN es un apéndice del PSUV. La violación de los derechos humanos y el silencio cómplice de la Fiscalía y la Defensoría revelan el rostro más agresivo de la neodictadura.

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¿Por qué contra María Corina? – Trino Márquez

Trino Márquez

La maniobra urdida contra María Corina Machado por parte del capitán Diosdado Cabello y el resto de la directiva de la Asamblea Nacional fue implacable, artera y cobarde. Violó la Constitución, el Reglamento Interior y de Debates y los antecedentes creados por el propio régimen cuando aún vivía Hugo Chávez, en la oportunidad que Venezuela le concedió su puesto a Manuel Zelaya cuando fue depuesto de la presidencia de Honduras, al intentar desconocer la Carta Magna de ese país. Con María Corina no hubo contemplaciones de ninguna naturaleza. Cabello se comportó como un caporal. Como un encomendero al que la Corona española le hubiese entregado una encomienda para que la administrara.

¿Por qué el régimen actuó con premeditación y alevosía contra quien simboliza el coraje, la inteligencia y la mística de la mujer democrática venezolana? El Gobierno quería enviarles al país y a la oposición varios mensajes simultáneamente y utilizó a la parlamentaria como vehículo.

Que se sepa: ningún dirigente opositor está seguro en su cargo, no importa que haya sido electo por el pueblo. El voto sirve para maquillar el rostro de la dictadura. Limar los colmillos de los gorilas, pero no para garantizar la seguridad de quienes se enfrenten a la camarilla gobernante. María Corina representa un eslabón más de la cadena formada por los defenestrados parlamentarios Wilmer Azuaje y María Aranguren, y los alcaldes Enzo Scarano y Daniel Ceballos. En Venezuela, al igual que en Cuba, -y antes, en la URSS y sus países satélites- todos vivimos en libertad provisional; todos estamos sometidos a la provisionalidad y arbitrio de la élite en el poder. Este principio debe quedar claro. La casta roja llegó para eternizarse, no para alternar con ninguna fuerza o líder opositor.  Los Castro han mandado durante 55 años de forma ininterrumpida. Los ancianos déspotas trazaron la ruta a seguir.

Que exista la oposición le interesa al régimen. Le da un baño de tolerancia y amplitud que de otra manera no tendría. Sin embargo, no cualquier oposición le conviene. A una oposición que demuestre que en efecto busca gobernar, se amotine, sea frontalmente crítica, intransigente con los abusos, firme en sus posiciones y exigencias, hay que amenazarla, acosarla, agredirla y, en la medida de lo posible, expulsarla de los cargos representativos o encarcelarla, según las circunstancias. María Corina encarna una postura crítica que se sale del molde aceptado por el tándem castro-madurista. Sus posiciones políticas deslindan las aguas. No admite las medias tintas, ni las ambigüedades. Esta verticalidad es demasiado fuerte para un gobierno que prefiere una oposición menos frontal. A Cabello le gusta el juego duro y rudo cuando es él quien lo practica. Cuando son los opositores los que entran en lisa con contundencia, entonces son “fascistas”, “agentes del imperio” y todas las demás babosadas a las que nos tiene acostumbrados. El castigo infringido a la diputada lleva un mensaje categórico: o los parlamentarios se limitan a las labores propias de la Asamblea Nacional, o se ven los toros desde fuera del Hemiciclo. Nada de intentar convertirse en dirigente de masas.

Será difícil que María Corina recupere su curul. La ley dice lo que los rojos quieren que diga. La fiscal Luisa Ortega Díaz opinó que a la parlamentaria había que sancionarla. Gladys Gutiérrez, la señora que preside el TSJ, se había pronunciado sobre el caso antes de que el tema fuese tratado por la Sala Constitucional. Luego vino el dictamen del Cuerpo. Las instituciones del Estado rojo se activaron para apoyar la decisión del PSUV y de Cabello.

El régimen necesita dar señales de unidad, claridad y firmeza. Con la misma brutalidad que actúan la GNB y la PNB, deben proceder las instituciones públicas. El gobierno enfrenta demasiados problemas graves para mostrar signos de debilidad o inseguridad. Saben que cualquier fisura será aprovechada para consolidar la alternativa democrática. A María Corina le tocará seguir desarrollando su trabajo con la gente y fortaleciendo su liderazgo fuera de los muros de la Asamblea Nacional. Luego volverá al Parlamento porque merece asumir de nuevo la representación popular.

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El comunismo: parto con violencia – Trino Márquez

Trino Márquez

La violencia que ha sacudido al país durante mes y medio ha sido para aplastar la resistencia que distintos sectores de la vida nacional han levantado frente al modelo comunista que trata de imponer el tándem cubano-venezolano  instalado en Miraflores desde 1999. A lo largo de este ciclo en la vanguardia se han alternado distintos sectores.

Hoy la línea más avanzada del enfrentamiento al totalitarismo  la ocupan  los estudiantes universitarios. En la etapa que comienza el 10 de diciembre de 2001 y concluye con los sucesos del 11 de abril de 2002 y los días posteriores, las fuerzas motrices del cambio  estuvieron encarnadas por los sindicatos, los gremios empresariales y amplias capas de las clases medias, movilizadas en gran escala para conjurar las amenazas comunistas que aparecieron cuando Hugo Chávez pretendió apoderarse de la educación  primaria y aprobó aquellas 49 leyes que exacerbaban el morbo del estatismo. Más tarde, con la Coordinadora Democrática y la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) reaparecieron en rol protagónico  los partidos políticos, quienes impulsaron la lucha contra los delirios comunistas que se agudizaron en la fase final  del caudillo.

La trayectoria durante toda esta etapa podría resumirse señalando que, por un lado, la élite gobernante trata de imponer el comunismo, mientras, por el otro, existe una sociedad que aguanta  el embate. Ha habido una lucha desigual, asimétrica, en la cual  los rojos, a pesar de su  poderío,  no han podido aplastar a los ciudadanos; mientras la sociedad  no ha acumulado la energía suficiente para derrotar al régimen, ni lograr cambios sustantivos orientados a restablecer  la democracia y recuperar la economía.

En Venezuela se repite la historia: el comunismo nace luego de un parto violento. En su alumbramiento no hay nada natural, ni espontáneo. Todo es forzado y compulsivo. Esa fue la experiencia de Rusia, Europa Oriental, China, Cuba, Vietnam. Ese esquema centralista, autoritario, vertical y burocrático, únicamente logra implantarse mediante la coacción de un grupo arrogante y déspota. En esa forma de organizar la economía, la sociedad y el Estado, no existe espacio para el consentimiento, la adhesión voluntaria, la persuasión y el consenso. Tampoco para la oposición o la simple disidencia. Los regímenes comunistas poseen un rasgo autocrático y militarista acentuado. Exaltan  el armamentismo, aunque en la neolengua que construyen hablen de paz.

El fracaso del comunismo no es como el de cualquier otro sistema. En una República democrática, los errores de un gobierno pueden corregirse en el siguiente mandato. Los comunistas, además de que dejan a las naciones en la ruina, no permiten la rotación en el Gobierno. Son enemigos de la alternabilidad. Son fanáticos  del poder total, absoluto y eterno. No creen en la democracia, ni en la alternancia. No organizan gobiernos, sino regímenes. No necesitan la aprobación ni la legitimación popular, aunque de vez en cuando la usan para darse un baño de legitimidad. Los comunistas se autojustifican. Les basta hablar de la “revolución”, de los “ideales del pueblo” y del “hombre nuevo” que ellos edificarán a partir de la redención social. En nombre de estos “principios” asumen el control de todas las instituciones que permiten asegurar su continuidad en el poder: el Parlamento,el Poder Judicial,  los órganos electorales, las Fuerzas Armadas, el Banco Central, las dependencias que elaboran las estadísticas nacionales. No hay institución pública  que escape a su control absoluto.

Los jóvenes han decidido asumir con heroísmo y abnegación la resistencia al comunismo. En esta particular batalla que libran no piden reivindicaciones  específicas, como el aumento de las dotaciones estudiantiles, de las becas o el mejoramiento del subsidio al transporte. En esta oportunidad se dirigen a combatir un adversario que los ha dejado sin futuro. Que los condena a la miseria Que los empuja a irse del país porque no les garantiza la seguridad personal, ni la posibilidad de conseguir un empleo estable y bien remunerado o emprender una actividad económica que los independice.

La juventud venezolana no quiere vivir en la frustración en la que ven pasar sus días los cubanos, aplastados durante 55 años por una tiranía petrificada que acabó con tres generaciones. Ese es el espejo en el que se ven nuestros jóvenes, quienes se niegan a ser víctimas sumisas de los gamonales que se entronizaron en el poder.

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