El deber de injerencia – Luis DE LION

IMG_2425 Luis DE LION

Más allá de los ataques al presidente Obama, vale resaltar el valor que tiene el hecho que, el Congreso de los EEUU haya demostrado su implicación en el caso venezolano. Una importancia la cual radica en que los legisladores estadounidenses intentarán convencer a la comunidad internacional para que apoye dicho esfuerzo, castigando a violadores de derechos humanos del régimen de Nicolás Maduro.

Es en ese sentido, que ésta misma semana el Parlamento Europeo aprobó una  resolución por 384 votos a favor, 75 en contra y 45 abstenciones. El edicto de la Eurocámara le exige a Maduro que ponga fin a la persecución y represión de la oposición.

En la Venezuela chavista, ya se hizo costumbre que las fuerzas represivas del Estado asesinen personas, que participan en protestas. Así como también, el sometimiento a torturas de personas detenidas en diversas circunstancias, pero con el denominador común, de haber expresado su oposición a la dictadura que presiden Maduro y Cabello.

Una suma de elementos tipificados como violaciones de los Derechos Humanos, elementos que encajan dentro de una fatal lógica represiva y antidemocrática.

Muy a pesar de la mundialización, ante casos como el venezolano, la reacción de la comunidad internacional sigue siendo tardía, incompleta y parcial.

Fue apenas en el año 1987, cuando se dio origen al deber de injerencia. A raíz de una conferencia de prensa en París, en la que un grupo de abogados y dirigentes de organizaciones humanitarias, reivindicaron el deber de injerencia como un asunto de ética.

Es sabido que, la ONU está fundada precisamente sobre el principio de no injerencia, según reza el artículo 7 de la Carta. En consecuencia, no existía la manera de sustraer de los asuntos internos de un Estado miembro, el monopolio que éste ejercía sobre el respeto de los Derechos Humanos. Pero gracias al jurista francés René Cassin, se abrió una brecha que llevó a que la ONU adoptara, la Declaración Universal de los Derechos del Hombre.

Lo que comenzó como un simple derecho de vigilancia, con el tiempo se ha ido convirtiendo en acciones de intervención territorial.

Si Nicolás Maduro, piensa seguir adelante con su autoritarismo, debe tener presente que en la actualidad la injerencia, es leída y entendida, por la comunidad internacional y en particular por el Consejo de Seguridad de la ONU, como un deber y un derecho.

El Teniente Coronel que dirigió los destinos de los venezolanos desde 1999 hasta el 2013, que tanto empeño puso en sobresalir como el dictador del siglo XXI, lo hizo valiéndose de esa suerte de patente de corso que es el petróleo. Hoy cuando la renta petrolera se ha venido a menos, su sucesor, Nicolás Maduro, ha puesto aún más empeño en la profundización de la dictadura. Como si dicha patente de corso, tuviera su asiento en las reservas petroleras probadas más grandes del mundo.

luisdelion@gmail.com

@LDeLion

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