De Ramo Verde a Ramo Maduro – Fernando Egaña

 Fernando Luis Egaña

Todas las satrapías tienen sus cárceles preferidas para los presos políticos y para la intimidación de los demás. En el primer tercio del siglo XX venezolano, esa cárcel fue La Rotunda, aparte de los viejos castillos de puertos. En el cinturón de esa centuria, fue la sede de la S.N. (Seguridad Nacional) en Los Caobos, entre otras, desde luego. Y para la satrapía del siglo XXI, es Ramo Verde, un antiguo centro de detención militar que ha sido convertido en el símbolo de la represión política de Venezuela.

Tanto es así, que distintos voceros de la hegemonía se complacen en amenazar públicamente a sus críticos con los calabozos de Ramo Verde. Alegan, algunos de ellos, que Ramo Verde tiene suficiente espacio para encarcelar a muchos más. Y no se trata de meras amenazas o de meros alegatos, porque, en efecto, hay nuevos encarcelados como el Alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, y se están preparando nuevas persecuciones y detenciones políticas.

Esta embestida no es gratuita y por supuesto que no tiene nada que ver con supuestos golpes organizados por la oposición pacífica, cívica, constitucional, democrática y electoral. Nada que ver. Responde, eso sí, al conflicto interno del oficialismo por el control del poder hegemónico. El conflicto entre Maduro y la metrópoli cubana, por una parte, y las logias originarias y ahora plutocráticas, por la otra, que están enfrentados en una lucha sórdida por el aprovechamiento máximo del despotismo y la depredación.

Y claro, a veces no es fácil poder distinguir las partes en pugna, porque se parecen mucho sobre todo en la arbitrariedad y  voracidad en el manejo del poder. Lo cierto del caso, es que Maduro se ha venido debilitando en el ámbito de sus partidarios naturales, que le atribuyen a él la culpa de que todo vaya tan mal. El problema para este sector socio-político, no sería la demencia destructiva que supone la hegemonía roja, sino la falta de guáramo de Maduro en mantener el “legado” del predecesor.

Diosdado Cabello con su “mazo dando” y con la imagen de no tener paz con la pretendida “contra-revolución”, le venía ganando terreno a Maduro, que ahora éste y sus tutores castristas, buscan recuperar. ¿Cómo? ¿Cayéndole encima de manera pública y notoria a Cabello y a los suyos? No. Así no. Más bien cayéndole encima a la oposición, y justificando la maniobra con fabricaciones golpistas y magnicidas.

De esta manera, se pretende reposicionar a Maduro como el jefe de la “revolución”, y si ello se lograra, entonces con más fuerza interna se podría continuar la pelea que más le interesa al sucesor: aquella en contra de los que tienen la capacidad efectiva de dejarlo como la guayabera. Toda una dinámica perversa, en la que no existen los intereses del país, ni sus problemas, ni la mega-crisis, ni nada que no sean los intereses de dominio de las partes señaladas.

Por eso Maduro quiere ser el nuevo hegemón de la hegemonía, quiere que le tengan miedo, quiere pasar de Ramo Verde a Ramo Maduro, y quiere hacerlo rápido para que sus enemigos endógenos no puedan sacarlo de donde está.

flegana@gmail.com

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El secuestro de Antonio Ledezma – Trino Márquez

Trino Márquez

Contra Antonio Ledezma se perpetró un secuestro. Terrorismo de Estado puro y descarnado. El SEBIN actuó con brutalidad. Fue una operación que exaltó la violencia tras la búsqueda de varios objetivos.

Ningún dirigente opositor -sea de la línea dura, blanda o intermedia- estará a salvo porque Nicolás Maduro exige incondicionalidad total. El gobierno admite a la oposición lo mismo que un enfermo acepta tomarse un remedio: con desagrado. La oposición no forma parte de la ecuación que hace de la democracia el sistema político en el cual los adversarios compiten por el favor popular en los procesos electorales y en la lucha cotidiana. La oposición es un polo que hay que derretir. El deseo de destruir no se reduce a la élite política, a su liderazgo, se extiende a toda la sociedad. Cualquier ciudadano que proteste puede ser víctima de la violencia del régimen. Si al Alcalde Metropolitano, la autoridad civil más votada del país después del Presidente de la República, lo trataron como si fuese un delincuente, qué puede esperar una persona normal que esté en desacuerdo con las políticas oficiales. Al joven Kluiverth Roa, quien atendía a un estudiante herido, le aplicaron la receta

El gobierno –señalan todas las encuestas, incluidas las que trabajan para el oficialismo- ha perdido el apoyo popular, pero no su capacidad de fuego y de atemorizar. Fidel y Raúl Castro llevan 56 años equivocándose y, probablemente, carezcan de apoyo popular masivo. Esta circunstancia no les ha impedido eternizarse en el poder. El pupilo venezolano aprendió la lección. Es preferible ser temido que ser amado. El atropello a Ledezma, las amenazas a María Corina y a Julio Borges,  forman parte de esta doctrina.

Al desvarío del golpe de Estado con el Tucán había que darle algún sostén para que el primer mandatario no quedara como un orate que además de pajaritos ve tucanes artillados. Había que impedir la banalización de la teoría del golpe. La víctima propiciatoria ideal era Antonio Ledezma, un líder incómodo, un guerrero que ha derrotado con votos a los candidatos rojos que lo han enfrentado y ha sobrevivido en la Alcaldía Metropolitana a pesar de la guerra sin cuartel que el oficialismo le declaró desde su triunfo frente a Aristóbulo Istúriz. El gobierno lo despojó de la mayor parte de sus competencias, incluidas las financieras. Jorge Rodríguez nunca le ha trasferido la cuota que le corresponde. Ni aun así lograron doblegarlo.

No se requieren excusas muy sofisticadas para cometer abusos. Maduro quiere demostrar que puede arrollar. El pretexto para secuestrar al alcalde Metropolitano fue baladí: haber suscrito el Acuerdo Nacional para la Transición, documento propositivo que señala una ruta democrática, pacífica y constitucional para resolver la grave crisis nacional. Maduro, en un alarde de impudicia propio de quien se cree invulnerable, consideró que el documento era la señal para que se activara el golpe. ¿Quién lo entiende? ¿No acusa a la oposición de limitarse a la crítica hostil sin sugerir ninguna alternativa de cambio? En ese texto se indica un camino a seguir. La intención era pisotear echando mano de cualquier dislate.

Maduro actúa con arbitrariedad y cuenta con el apoyo de todo el Estado. Es guapo y apoyado. El secuestro y posterior traslado a Ramo Verde fue avalado por las instituciones que el chavismo creó. La Fiscal General fue el órgano utilizado para acusar a Ledezma. El Defensor del Pueblo se ha limitado a decir que en el procedimiento se respetaron los derechos del Alcalde y que este se encuentra en perfectas condiciones fñisicas. La mayoría oficialista de la Asamblea Nacional se negó a considerar la detención del burgomaestre. Las FAN, sin mencionar directamente a Ledezma, han ratificado en varias ocasiones el apoyo a su Comandante en Jefe, Nicolás Maduro. El TSJ todavía no se ha enterado de que el allanamiento de las oficinas privadas de Antonio Ledezma se efectuó sin orden de allanamiento, ni de captura, tampoco ha visto el video donde se evidencia el trato humillante que recibió la autoridad local. Falta solo el CNE, pero pronto anunciará la fecha para elegir el nuevo Alcalde Metropolitano.

Hay que desestimular la participación de los electores de la oposición en los comicios legislativos. La desazón y desesperanza generadas por la bestialidad benefician al gobierno. Lo mismo ocurre cuando el país, en vez de discutir sobre la escasez y la inflación, se dedica a hablar de los gamberros que mandan.

La buena noticia es que Ledezma cuenta con el apoyo de millones de personas que lo respetan y admiran en Venezuela y el mundo. La reacción nacional e internacional ante el abuso del que fue víctima lo demuestra.

@trinomarquezc

Los héroes son necesarios – Aníbal Romero

 Aníbal Romero 

Con cansona frecuencia es citada la siguiente frase de Bertolt Brecht: “Desgraciados los países que necesitan héroes”. Pienso que se trata de una aseveración equívoca y ambigua, en particular si tomamos en cuenta que desde las épocas homéricas los héroes y heroínas son hombres y mujeres que se destacan por su valor en defensa de la libertad.

Ciertamente, en condiciones ideales, en sociedades libres y democráticas los héroes y heroínas no hacen normalmente falta; pero en otras situaciones la valentía y el compromiso en la lucha por la libertad no sólo son necesarios sino imperativos, como fuente de inspiración y guía. Héroes y heroínas son los que no tienen miedo, o más precisamente: son los que doblegan lo suficientemente el miedo para derrotar la esclavitud, tanto en sus espíritus como en su entorno. Y no lo perdamos de vista: la esclavitud en nuestro tiempo y circunstancias se anida primeramente en el alma.

Lo anterior viene a cuento con respecto al caso de Venezuela y de los desafíos políticos y éticos que nos apremian. Recordemos en tal sentido que en El espíritu de las leyes Montesquieu insistía en distinguir entre la “naturaleza” del gobierno y su “principio”, precisando que la naturaleza de un gobierno se refiere a la particular estructura del mismo, en tanto que su principio es aquello que le inspira y le mueve a actuar. Según este gran maestro a las repúblicas las inspira (o debería inspirarles) la virtud, a las monarquías el honor y a las tiranías el miedo. Y cuando 2 habla de miedo, Montesquieu incluye el miedo de la gente al tirano y del tirano a la gente.

El actual gobierno venezolano es republicano sólo en términos puramente formales, y su verdadero principio, el que mueve sus acciones, es el miedo. El uso creciente de la represión en contra de quienes le cuestionan no es un símbolo de fortaleza, sino que se ha convertido en síntoma de debilidad, de una debilidad acicateada por el miedo. Es un gobierno aprisionado por el temor a lo que ya ha hecho así como a lo que cada vez más se está viendo empujado a hacer, para sostener el día a día más precario poder que le sustenta. Hablamos de un poder que se fragmenta a consecuencia del fracaso de la ideología que el gobierno enarbola, de la esterilidad del odio que le motiva, y de la desilusión de las mayorías que le abandonan.

No habíamos tenido héroes y heroínas, o quizás habíamos tenido muchos pero relativamente anónimos, batallando sin cesar en diversos ámbitos durante estos años de oprobio y desvergüenza, pero sin alcanzar la plena repercusión que sus personales ofrendas merecían. Tal vez los momentos de su entrega no fueron los más fecundos para que germinasen las semillas de sus sacrificios. Los héroes anónimos son muy importantes, pero usualmente no bastan en las luchas históricas, especialmente en tiempos de globalización comunicacional como los que vivimos. La lucha de Venezuela por la libertad requería de figuras heroicas identificables por el resto del mundo, como en su momento lo fueron Lech Walesa, Vaclav Havel y Nelson Mandela, para mencionar tres casos.

La tiranía venezolana ha entendido claramente que en nuestro país han surgido nuevos héroes y heroínas, y que sus rostros identifican la lucha 3 por la libertad. De allí que el miedo esté conduciendo al gobierno a intentar, por lo demás infructuosamente, que los héroes y heroínas claudiquen y que su ejemplo no se reproduzca. No creo que el régimen tiránico logre su objetivo.

María Corina Machado es una heroína, no me cabe al respecto la más mínima duda. Ha derrotado el miedo en el alma y ello se siente, se percibe, conmueve y a la vez inspira. Y Leopoldo López y Antonio Ledezma son igualmente héroes, que están finalmente derribando la férrea y deleznable muralla de egoísmo e indiferencia, con la que un mundo distraído y bastante oportunista había procurado ocultar la lucha tenaz, implacable e infatigable de los venezolanos por la libertad.

Con lo dicho sobre Machado, López y Ledezma no pretendo desmerecer los empeños de otros dirigentes políticos durante estos pasados años. No obstante, mentiría si no afirmase que en no poca medida y en no pocas ocasiones, un sector de la dirigencia democrática venezolana ha banalizado y trivializado la lucha, no la ha colocado en el plano debido, que no es otro que el plano del combate entre libertad y tiranía, del combate por la democracia y la independencia nacional frente al dominio cubano y de los agentes de los Castro en Venezuela.

La reiterada banalización y trivialización de la lucha ha asfixiado por años el impacto de los esfuerzos de la oposición democrática, dentro y fuera de nuestras fronteras. No deseo señalar a nadie en particular, pues no es momento de desunión y recriminaciones. Sólo pretendo decir la verdad como la veo. Por ello ratifico que se necesitaban héroes y heroínas con entidad y rostro definidos, a raíz de su sacrificio y de su voluntad de ubicar la lucha por la libertad sobre un terreno fértil y propicio. Ya Venezuela los tiene. Y como ciudadano común, como uno4 más de los numerosos venezolanos que aspiran y desean que nuestra Patria recupere la libertad, manifiesto mi reconocimiento a María Corina Machado, a Leopoldo López y Antonio Ledezma por su admirable heroísmo. Era y es necesario tenerles al frente de la lucha por la recuperación de nuestra dignidad. Ninguna cárcel les doblegará.

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Ledezma, el insumergible – Luis DE LION

IMG_2425 Luis DE LION

Antonio Ledezma es de esos pocos políticos activos cuyas carreras han atravesado la era democrática y la era del bolifascismo.

Desde el 2000, cuando renunció a Acción Democrática, Ledezma, lo ha intentado prácticamente todo. Desde el abstencionismo, pasando por la huelga de hambre, hasta el electoralismo más activo.

En el 2008, una vez que, Leopoldo López, fue inhabilitado por el apartheid chavista, la candidatura de Ledezma se imponía para la Alcaldía Mayor de Caracas y sin embargo la “unidad” trató de imponer al inefable William Ojeda. Finalmente Ledezma ganó las elecciones derrotando a Aristóbulo Istúriz.

Resultados jamás reconocidos por Chávez, quien despojó al Alcalde recién electo de sus atribuciones. Eran los primeros meses del 2009, finalizaba la etapa de ajuste ideológico del régimen chavista y quedaba ratificado que el voto perdía todo su sentido, ante el acoso de la dictadura, que maltrata y destruye a los que elegimos.

Ledezma fue dejado solo y en julio 2009 se declaró en huelga de hambre. Un gesto política y humanamente suicida, que felizmente no duró mucho, pero que evidenciaba su desesperación.

Luego vinieron las primarias de la Unidad Democrática, allí Ledezma presentó su pre candidatura, a la cual desistió por falta de apoyo. Era febrero del 2012 y parecía el fin de la larga carrera política de Ledezma.

No obstante, en diciembre del 2013 fue reelecto como Alcalde Metropolitano al derrotar a Ernesto Villegas.

El perseverante Ledezma, en enero del 2014 acudió raudo a Miraflores al encuentro de los alcaldes con Nicolás Maduro. Fue el vocero de dicho grupo, seguía sin prerrogativas, pero era el que más votos había recibido.

Al mes siguiente, los muy activos Leopoldo López y María Corina Machado, insurgían ante el inmovilismo de la MUD, con el movimiento “La Salida” y el veterano Ledezma enseguida comprendió que esa era la vía y se unió a ellos.

De allí en adelante, Maduro, se lanzó por el tobogán de la infamia. Orgulloso con sus grupos de choque, su propaganda y sus esbirros.

Al mismo tiempo se agravó la carencia discursiva de la MUD prisionera de un electoralismo enfermizo que la hacía reiterar en el uso de la desgraciada expresión “trapo rojo” para que nada la sacara de su afán candidatural y el “no caer en provocaciones” nefasto invento de los publicistas de oposición cuando las primeras vejaciones contra Ledezma en el 2009.

Insistir en que esto se cae solo, ha  banalizado, cosas muy graves, como si los efectos prácticos de la dictadura, presentes y asfixiantes, fueran imperceptibles.

Hoy cuando Maduro ha brutalmente encarcelado al insumergible Ledezma, no es hora de metáforas, ni de omisiones. Es imperioso que tengamos oradores con un contenido ilustrativo de una estrategia clara.

La realidad nos ha traído hasta aquí y con la realidad ya no se puede, Maduro es el nuevo dictador.

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@LDeLion

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Una palabra, varios significados – Fernando Egaña

 Fernando Luis Egaña

La palabra “transición”, que según la primera entrada del Diccionario de la Real Academia Española, significa: “Acción y efecto de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto”, se está poniendo de moda en lo que queda del debate político en Venezuela –que cada vez se estrecha más. Se está hablando, por tanto, sobre una “transición política”. Pero me parece que hay varias maneras de entender el asunto de la transición. De hecho, hay interpretaciones completamente opuestas y hasta contradictorias de lo que debería ser una transición política en Venezuela.

Para densos sectores del espectro opositor, transición debería ser el proceso que lleve al país de la hegemonía despótica a la democracia constitucional. Y es una manera acertada de apreciar la transición que se necesita en Venezuela para salir de la postración económico-social, y del despotismo depredador que está literalmente acabando con las oportunidades de la nación. Una transición así entendida supone la apertura de una nueva etapa política, su legitimación electoral, y la plena aplicación del sistema constitucional venezolano.

Para el señor Maduro y su entorno de poder, transición significa –formalmente: “transición al socialismo”, es decir no significa nada distinto de lo que hay, es decir significa despotismo y depredación, que, no nos confundamos, éso es lo que hay, y nada distinto podrá haber con Maduro y su entorno de poder. En suma, como suele pasar a menudo en la retórica oficialista, se tuercen las palabras de tal manera que terminan significando lo contrario de su sentido verdadero. En este caso, nada de pasar a algo distinto. Puro continuismo, pero empapelado de “transición”.

Y para los rivales internos o endógenos de Maduro –que los hay políticos y militares, la transición política quiere decir que se vaya Maduro y se queden ellos, o, en última instancia, que se quede Maduro como una simple marioneta de ellos. Transición es, pues, continuismo con algunos afeites y algunos cambios en la titularidad de algunos cargos, incluyendo los miraflorinos. Pero en materia de despotismo y depredación, todo permanecería en su lugar, y si acaso más intensificado.

Como se podrá apreciar, la palabra o el concepto de transición generan interpretaciones que nada tienen que ver entre sí. Pero transición, lo que se llama transición, supone, necesariamente, cambios de sustancia, cambios de fondo, que permitan una realidad distinta; y además cambios en una dirección de democracia y amplitud que permitan una realidad mejor. Pero ese tipo de transición no está en las entendederas de los jefes del poder establecido.

Esas entendederas están repletas de voracidad dineraria, de ambición de privilegios, de venganza represiva, de complejos de inferioridad, de terror a una justicia recta e imparcial. Y están desaforados en la embestida contra la oposición, la detención del Alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, y las amenazas y acciones contra tantos más. Sí, la palabra “transición” significa muchas cosas para mucha gente. Pero su significado afirmativo y esperanzador está en la transición de una hegemonía despótica a una democracia constitucional. Esa es la transición por la que tenemos que luchar.

flegana@gmail.com

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La paranoia roja – Trino Márquez

Trino Márquez

La paranoia de Nicolás Maduro ha aumentado continuamente desde que se adueñó del poder con malas mañas en 2013. Cada cierto tiempo se saca de la manga un intento de magnicidio, un  golpe de Estado o un plan para desestabilizar su gobierno. Su tránsito por Cuba cuando era joven y estaba en pleno proceso de formación fidelista dejaron su huella indeleble. El mayor de los Castro era un maestro en el arte de inventar conjuras inexistentes. Cada vez que quería destruir un adversario o encubrir alguno de sus cientos de errores, inventaba una conspiración o un atentado del cual sería víctima. Esta práctica se la transmitió a su pupilo Hugo Chávez a quien se le computaron casi dos decenas de supuestos magnicidios de los cuales nunca hubo ninguna prueba. Las denuncias de los complot estaban asociadas al inicio de una campaña electoral, la caída de su popularidad o al hecho simple de que tenía dos semanas  que no ocupaba el mayor centimetraje en la prensa nacional. El narcisismo siempre era su fuente de inspiración.

En el caso de Maduro la fuerza motora de sus desvaríos no es la egolatría, sino la inseguridad. El miedo cerval que siente porque ve que la situación nacional se le escapó de la mano. Gerver Torres lo dice en su impecable artículo ¿El golpe avisa?, razones para que el mandatario se preocupe abundan. Ni siquiera su entorno más inmediato lo valora. Comete demasiadas torpezas en lapsos muy breves. No se da tregua.

Sus más recientes desbarros han sido de antología. Lo han mostrado frente al mundo como un ser intolerante, de una soberbia que no se corresponde con sus ejecutorias, sin el menor sentido del humor, ni de la sindéresis. Es una desmesura haber llamado a los representantes de las empresas españolas más importantes que operan en el país –Repsol, Mapfre, Iberia, entre otras- para pedirles (en realidad, amenazarlas) que intercedieran con la prensa española para que detuvieran lo que él considera un hostigamiento planificado de los medios de comunicación.

Maduro no tiene ni la menor idea de lo que significa la libertad de prensa e información en la España posterior a la muerte de Francisco Franco. Luego de cuarenta años de una dictadura oscurantista como la que presidió El Caudillo por la Gracia de Dios, la libertad de expresión se convirtió en uno de los valores más arraigados de esa sociedad. El desaguisado fue tan grande que el ministro de Industria y el Canciller abandonaron el melindre de las fórmulas  diplomáticas para sentar en su sitio al extraviado mandatario criollo. En España la prensa es un verdadero poder independiente. No está sometido a las presiones del Gobierno, ni de la Corona. La infanta Cristina y su esposo pueden dar fe de esta  realidad. Maduro anda tan perdido que cree que en la Madre Patria existe algo parecido al Cencoex (antiguo Cadivi).

El Gobierno venezolano se ha convertido en el hazme reír de América Latina, pero no solo por las razones que anota Jorge Giordani. Maduro se indigna con un caricaturista colombiano que construye una metáfora de Venezuela a partir del Escudo Nacional. ¿A cuál Presidente de la región se le ocurre liarse con un humorista e inventar una campaña internacional de descrédito? A ninguno. Mal que bien, la mayoría de los mandatarios se sienten seguros de sí mismos e indestronables.

En la línea de las bufonadas se inscribe el golpe de Estado con el Tucán. Los venezolanos merecen fábulas mejor elaboradas, donde los buenos y los malos estén delineados con rasgos más precisos. En gobiernos serios un cuartelazo lo denuncia –con pruebas irrefutables- el Ministro del Interior, el de Información o el de Defensa. Jamás el Presidente, figura considerada la última instancia. Aquí la acusación la plantea el jefe del Estado quien transformó esa clase de imputación en un acto burocrático rutinario más. Para colmo, obliga a la Fuerza Armada –comandada por Vladimir Padrino López- a protagonizar un acto bochornoso de apoyo al primer mandatario.

La manía persecutoria y la vacilación con la que está ligada empujan a Maduro por la senda del desastre. Hay que decirle que se cuide de Roy Chaderton cuya fama en Latinoamérica no es muy buena que se diga. Las conspiraciones de la ultraderecha mundial que vive ingeniando  para congraciarse con su jefe, solo contribuyen a derretir la imagen internacional del gobernante venezolano.

A Maduro conviene recordarle lo que decía su mentor: Águila no caza moscas.

 

@trinomarquezc

Primarias, oportunismo y traición – Antonio Sánchez García

  Antonio Sánchez García

                     “La oposición venezolana prioriza las elecciones sobre la protesta de la calle.          El encarcelamiento del alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, no provoca cambios en la estrategia de los opositores, que apuestan por un vuelco electoral ante el descontento”

El País, 22 de febrero 2015

            Un balde de agua fría habrán recibido quienes, como el ex presidente chileno Sebastián Piñera, alzan sus voces contra el despliegue dictatorial de Nicolás Maduro e incluso exigen la convocatoria a una reunión extraordinaria de cancilleres latinoamericanos para tratar la grave crisis venezolana y ponerle un freno al despliegue totalitario del hombre que obedece las instrucciones de los Castro en Caracas, al leer la insólita declaración con que Julio Borges, en nombre de la MUD, responde al brutal secuestro del Alcalde Metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma: “la oposición convoca a la realización de primarias para comienzos de Mayo”. El corresponsal de El País en Caracas extrae la conclusión lógica: “El encarcelamiento del alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, no provoca cambios en la estrategia de los opositores, que apuestan por un vuelco electoral ante el descontento.” Evade explicar a quienes se refiere cuando habla, genéricamente, de “opositores”, sector por el que siempre ha tenido un partido tomado. Desde luego, de ninguna manera a Pompeyo Márquez, a Enrique Aristeguieta Gramcko, a Luis Michelena y a Enrique Tejera Paris, quienes, en nombre de una oposición que lleva más de sesenta años luchando contra las dictaduras, se solidarizan en un comunicado publicado en El Nacional de hoy con María Corina Machado, Leopoldo López y Antonio Ledezma y expresan, sin la menor duda, el verdadero sentir de los sectores mayoritarios de la oposición civil venezolana. No del club que se abroga su representación.

No fue un despacho desde Caracas anterior a la noticia que irrumpiera con estridencia en las salas de redacción de los principales medios del mundo: el secuestro del alcalde metropolitano por esbirros encapuchados y fuertemente armados, violando todos los principios constitucionales. Fue la noticia dada a conocer como inmediata respuesta al anuncio de Nicolás Maduro de detener y procesar por conspiración al alcalde metropolitano y de adelantar el proceso electoral, las dos caras de una misma moneda.  Una estrategia decidida en La Habana – adonde corriera el hombre de Fidel en Caracas a recibir las correspondientes instrucciones, como lo viene haciendo desde que iniciara su carrera de agente del G2, mucho antes del asalto chavista – para frenar el derrumbe ya inexorable del régimen que lo mantiene con vida. Encarcelar a la principal autoridad opositora – Antonio Ledezma – y sofrenar las previsibles protestas tirándole a los perros sumisos de la oposición venezolana otro hueso electoral. Un asunto que parece serle indiferente a nuestros corresponsales, que evaden mencionar el hecho cierto del reciente viaje de Maduro a La Habana a recibir instrucciones.

Un elemental conocimiento de cómo se cuecen las habas en los calderos castristas, permanentemente alimentados con las informaciones que les proveen los agentes caraqueños del G2 – de José Vicente Rangel, el procónsul, a Nicolás Maduro, el sátrapa – puede imaginar sus pasos. La dirigencia política venezolana, como por lo demás la élite política e intelectual de América Latina, tal como lo ha descrito con lujo de detalles Elisabeth Burgos, está trasminada de castrismo, de oportunismo carente de los más elementales principios morales y dispuesta a vender a sus hijos por capitalizar la parcela de poder del que ya se hayan apropiado. Cuidando de enfrentarse a quien ha educado y protegido a sus crías, hoy en el poder en casi todas las naciones de la región. Como también sucede con la vieja dirigencia política venezolana. O por invadir y apropiarse de los territorios disponibles, en una furia de ambición y oportunismo desenfrenado, como sucede con Primero Justicia. Todos ellos, sin excepción, son lo que Burgos califica de “rehenes de los Castro”. Juan Manuel Santos o Michelle Bachelet, Lula da Silva o Cristina Kirchner, Evo Morales o Rafael Correa, Pepe Mujica o Dilma Rousseff. Son la última y más cabal expresión de ese insólito fenómeno de sumisión moral en que está hundida América Latina desde el 1 de enero de 1959.

Como lo han reconocido los grandes intelectuales latinoamericanos – Mario Vargas Llosa o Enrique Krauze -, y muy destacados políticos – como los ex presidentes Andrés Pastrana o Sebastián Piñera -, el régimen de Nicolás Maduro es el eslabón más débil de esa cadena de Poder abierto o encubierto que manejan los hermanos Castro desde La Habana. Y, muchísimo más esencial pues el gobierno venezolano es la fuente de financiamiento de la que depende la vida de la tristemente célebre revolución cubana.

En otras palabras: en Venezuela se juega la vida de todo un ciclo histórico, abierto el 1 de enero de 1959, y la sobrevivencia de todo un andamiaje castrocomunista, en el que ocupan sus sitios y cumplen sus funciones todos los gobiernos foristas de la región. Sin tener plena conciencia de este complejo andamiaje de causas y efectos, no se entiende la acción política de sus protagonistas. Y una medida de tan grave alcance y de tan funestas consecuencias como el grito emitido por Julio Borges y la MUD desde Caracas para relativizar la crisis del régimen y abrir un cauce de espera a toda acción que pueda conducir al desalojo del régimen castrocomunista venezolano, puede pasar inadvertida para las principales víctimas de esta dictadura. Fuera o no fuera ese el propósito del principal dirigente de Primero Justicia, su llamado a primarias, expresado inmediatamente después del secuestro del alcalde Ledezma no tenía otra función práctica que relativizar la gravedad del suceso,  abriendo un compás de espera a cualquier acción nacional o internacional definitoria del desenlace de la dictadura castro madurista. Un crimen de lesa política.

Nadie pone en cuestión la pertinencia de participar en ese o cualquier otro proceso electoral, si él forma parte de una estrategia global y coadyuva al desalojo del régimen y garantiza la transición pacífica hacia la democracia. Nada en absoluto indudable, pues en determinadas coyunturas históricas como la que hoy vivimos también puede coadyuvar, como en su momento coadyuvara el diálogo, a sacarle las patas del barro a un régimen que, según muy livianas e irresponsables apreciaciones del coordinador de la MUD, Jesús Torrealba, “está caído” y no merece, por lo mismo, mayores preocupaciones. ¿Quién querría ocuparse de un gobierno caído?  Con lo cual insinúa que en lugar de empujarlo para que se caiga de una buena vez, habría que sostenerlo. Sepa Dios por qué y con qué razones. Lo que resulta inaceptable es que dicha participación forme parte de la particular estrategia de los partidos de la MUD por prolongar la agonía del régimen tanto como sea posible garantizándose así la aparentemente fácil y podrida cosecha de sus frutos.

Tocamos con ello el punto nodal que dificulta gravemente la conformación de un frente unitario que vaya más allá del ámbito estrictamente electoral y apunte al desalojo del gobierno y la construcción de una plataforma política tras un nuevo programa de gobierno. Una estrategia que apunte a la transformación revolucionaria del país, le permita enfrentar sus males endémicos y consolida un bloque hegemónico capaz de emprender el amplio plan de profundas reformas necesarias para poner a Venezuela al ritmo de las nuevas pulsiones e la globalización.

Pues una cosa es Venezuela. Y otra muy distinta y diferente, los partidos que integran la MUD. Al correr a vociferar que ellos siguen aferrados a las elecciones, al reducir la inmensa, la gigantesca gravedad de esta crisis al ámbito estrictamente electoral y al hacerlo respetndo la aviesa y criminal naturaleza del ministerio de elecciones, descalifican cualquier acción nacional o internacional que vaya en desmedro de la sobrevivencia del régimen. Tal como dice el corresponsal de El País en Caracas: priorizando las elecciones a la actividad de calle de la sociedad civil, única forma de asentar una plataforma capaz de resistir los embates que se nos vienen inexorablemente encima. Y no sólo castrando el protagonismo de la sociedad civil, sino amputandomcualquier iniciativa que concurra al acorralamiento del régimen. Pues ¿a qué convocar a los cancilleres de la región a una reunión extraordinaria si en Venezuela, como lo afirma Julio Borges  “la oposición” está llamando a primarias? ¿Y si Maduro ya está caído?

Eso se llama traición. Uno de los más letales efectos colaterales del oportunismo político.

@sangarccs