María Corina Machado ante la dictadura legal – Elizabeth Burgos

 Elizabeth Burgos

El sistema de poder imperante en Cuba desde 1959 difiere de las dictaduras que gobernaron en América Latina durante el siglo XX. En la primera mitad del siglo, se impuso el modelo tradicional autocrático y autoritario fiel a su herencia cultural. La segunda fase dictatorial, comienza a partir del advenimiento de Fidel Castro al poder en 1959 y su decisión de exportar al conjunto del continente la violencia como modo de acceso al poder, condición indispensable a la instauración del tipo de régimen totalitario que impuso en Cuba.

Su inmediata alianza con la URSS y fomentar el surgimiento de grupos armados que adoptaron como única forma de oposición política el empleo de la violencia contra el Estado y por ende, las fuerzas armadas regulares, tuvo como consecuencia implicar directamente a América Latina en la dinámica de la Guerra Fría. Ante la violencia de los grupos castristas, los gobiernos respondieron con el terrorismo de estado:  torturas, desapariciones, robo de niños y todos los horrores cometidos por los regimenes militares, en particular en el Cono Sur, han sido ampliamente documentados y divulgados. Modelo que se impuso para definir en América Latina lo que es una dictadura. Dentro de ese esquema, la dictadura cubana queda eximida de formar parte de esa categoría y es la razón por la cual, los demócratas venezolanos han dudado tanto en admitir que el régimen que se impuso a raíz de la presidencia del teniente-coronel Hugo Chávez, es una dictadura. Hemos sido testigos de declaraciones de altos representantes de la oposición venezolana, expresar una y otra vez en tribunas internacionales, que el régimen chavista no se le puede calificar de dictadura. Como tampoco el régimen cubano, hasta hace recientemente, estaba calificado de dictadura, lo que por cierto, no tiene ninguna importancia, porque sencillamente, pese a ser una dictadura y en tanto que dictadura, ha sido avalada por todos los gobiernos de América Latina, por la OEA, y pronto lo será por la Unión Europea que se guía por el consenso y el ejemplo latinoamericano.

Por otra parte, se debe reconocer que el castrismo ha puesto particular cuidado en no implicar a las fuerzas armadas en actividades represivas, de allí que no se le pueda comparar con los regimenes de Argentina, Chile, Uruguay, Guatemala, etc. Las misiones de las FAR cubanas son las de la defensa nacional – como debe ser – además, cumplir con la política militar expansionista de Cuba en el África, y disimuladamente en América Latina, que dicho sea de paso, es vista con simpatía por la población cubana, incluso por ilustres miembros de la oposición al castrismo en el exilio.

El estamento represivo y de control férreo de la población, le ha sido confiado a un aparato altamente profesional. El sistema represivo cubano, se sustenta a su vez, en un sistema jurídico que le imparte un carácter legal a las violaciones sistemáticas de los derechos humanos, a la anulación de la libertad de expresión, a la prohibición de todo vestigio de oposición en la isla. La dictadura cubana es el régimen más legalista del mundo. La pena de muerte, impuesta ya desde los tiempos de la Sierra Maestra, y adoptada con rango constitucional desde 1959 para castigar los “delitos contrarrevolucionarios”, de conspiración y de traición a la patria, es el elemento disuasivo de mayor alcance.  El sistema absoluto de control ciudadano, hace desaparecer las pruebas de tortura (por cierto de carácter altamente científico), las desapariciones, etc.

Es el calco de ese modelo es el que se está imponiendo en Venezuela adaptado a las modalidades de la época. Imponer hoy la ley la pena de muerte es imposible so pena de perder incluso el apoyo internacional del que goza el régimen “revolucionario” en los medios izquierdistas europeos y estadounidenses.

El asesinato selectivo de opositores, ha sido la modalidad adoptada desde los primeros tiempos del chavismo. Sembrar el miedo para que cada individuo se convierta en su propio policía. Fomentar la actividad delincuencial para no dejar otra opción que el exilio a los estamentos progresistas del país, responde a un plan concebido de antemano. Quien no se adapte y observe docilidad, correrá con las consecuencias. El ejemplo de Leopoldo López y de María corina Machado lo demuestra.

La modalidad de acción del castrismo oscila según las circunstancias: puede optar por la acción brutal y tajante en momentos de crisis, hasta concederle espacios a la oposición a condición que ésta se amolde a los límites que el poder le impone. Modelo ya vigente en Venezuela.

En tanto que proyecto global, inspirado en la amplia experiencia de más de cincuenta años de monopolio del poder y de acción política internacional, el castrismo aprendió con la experiencia chilena, que en lugar de pretender enfrentar y vencer los ejércitos con improvisados guerrilleros, -universitarios e intelectuales-, más rentable podía ser, en lugar de combatirlos, buscar apoyo en el seno de los ejércitos. Durante una primera frase, mediante la corrupción, actividad común dentro de ese estamento. Mientras tanto, centenares de jóvenes y menos jóvenes oficiales venezolanos han sido invitados a Cuba a entrenarse y a familiarizarse con el modelo militar cubano. Modelo que no puede dejar indiferente a los militares latinoamericanos. Un modelo ideal pues los dos pilares sobre los cuales reposa el castrismo son: el ejército y los servicios represivos. La poca economía de la isla, las empresa de turismo, la agricultura, los organismos de importación y exportación, la organización de las estructuras del Estado, las del Partido comunistas, el Ministerio del interior, (órgano clave del sistema) todas dependen, sin excepción, de las FAR o bajo la dirección de un alto oficial. Modela también ya vigente en Venezuela.

La idea que domina en el imaginario de los militares latinoamericanos es que el destino del país sólo ellos pueden asumirlo. Imbuidos de ese mesianismo de casta, consideran a los civiles como intrusos, niños menores que deben plegarse a la autoridad militar. En Venezuela, había surgido una corriente militar regida por los principios de la democracia. Neutralizarla y eliminarla fue una de las primeras tareas emprendidas por Hugo Chávez. De igual forma sucedió en Bolivia. En Nicaragua no hubo necesidad pues el ejército sandinista fue formado por Cuba. De Colombia, llegan noticias preocupantes desde que el presidente Santos se puso en manos de Cuba para negociar la paz con las FARC. Un escenario que podría ser considerado de ciencia ficción, que por desgracia para la pervivencia de la democracia en toda la zona andina, es una realidad. Con Uribe, Colombia había servido de dique de contención del castro-chavismo para impedir la constitución del bloque andino bolivariano; hoy esa opción se ve amenazada debido a la ¿ligereza, ingenuidad? Del actual presidente colombiano.

Se abriga la esperanza de que la crisis económica y la penuria puedan acabar con la afirmación del régimen castro-chavista en Venezuela. No se debe olvidar que Cuba en 1959 era una de las primeras economías del continente y que las sutilezas legales del castrismo han logrado doblegar al pueblo cubano que lleva más de medio siglo haciendo cola para conseguir unos gramos de alimento que le permitan subsistir.

El calvario dentro de “la legalidad revolucionaria” de María corina Machado y de Leopoldo López, no hace más que comenzar. Imputada formalmente como “conspiradora”, deberá dedicar gran parte de su tiempo a su defensa, al mismo tiempo que el caso de ambos servirá de ejemplo a quienes no observen la debida docilidad.

De una vez por todas se debe admitir, que el régimen venezolano, igual que el de Cuba, no se le puede equiparar a las dictaduras tradicionales que violaban sin disimulo los derechos humanos. La dictadura castrista, es una técnica perfeccionada de poder hegemónico, que se sustenta en leyes que legitiman todas las violaciones de las normas democráticas y de los derechos de los ciudadanos. En última instancia, el poder de la fuerza armada, imbricada en todos los estamentos del Estado, será la garantía de su expansión en el continente y su pervivencia como poder.

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