Cuba, la triste y desventurada historia de nuestra tragedia – Antonio Sánchez García

  Antonio Sánchez García

“Es una verdad incontrovertible que el triunfo de la revolución castrista ha sido, y es todavía, el más trágico acontecimiento de la historia de Cuba.” No lo dijo cualquier hijo de vecino. Lo dijo Carlos Franqui, el más importante de los intelectuales que acompañaron a Fidel Castro desde los tiempos de la Sierra Maestra, en donde montó y dirigió Radio Rebelde, la primera voz de las guerrillas que se harían con el control de la sociedad cubana para instaurar la más atroz y horrenda de las tiranías, aquella que dejó corto el pavoroso pronóstico del cuñado de Fidel Castro, Rafael Díaz-Balart, que conociendo al personaje que se casara con su hermana Mirtha y con quien recorriera todos los Estados Unidos se negó de plano a aprobar en el parlamento cubano la ley de amnistía contra el cerebro ductor del asalto al Cuartel Moncada con las siguientes palabras premonitorias: “Fidel Castro y su grupo solamente quieren una cosa: el poder, pero el poder total, que les permita destruir definitivamente todo vestigio de Constitución y de ley en Cuba, para instaurar la más cruel, la más bárbara tiranía, una tiranía que enseñará al pueblo el verdadero significado de lo que es la tiranía, un régimen totalitario, inescrupuloso, ladrón y asesino que sería muy difícil de derrocar por lo menos en veinte años.”

Dentro de unos pocos meses la profecía del doctor Rafael Díaz-Balart cumplirá sesenta años, tres veces la magnitud temporal que a él, por aquellas fechas de intensa guerra fría, le parecía el desiderátum de una tiranía totalitaria. Hacía un par de años se había puesto fin a la Guerra de Corea y cinco años habían transcurrido desde el triunfo de la revolución china. Se desataba el paréntesis abierto desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y todo hacía presagiar una era de conflictos globales sin precedentes, limitada en un extremos por guerras acotadas, territoriales – como las de Corea y Vietnam -, y en el otro extremo por la amenaza de un apocalipsis nuclear. Se vivieron 11 presidencias norteamericanas, siete Pontífices y toda la historia de la democracia venezolana, incluidos quince años de su devastación. Y lo trágico, lo irreparable, lo verdaderamente aterrador ha sido constatar que en esos sesenta años que vieran el más gigantesco despliegue de las fuerzas productivas de la historia de la humanidad, del desarrollo tecnológico, del dominio mediático del planeta  y el exitoso inicio de la conquista del espacio, la bárbara tiranía establecida por el caudillo más devastador que haya visto este hemisferio, cualitativamente tan bárbaro, inescrupuloso y genocida como Adolf Hitler o Josef Stalin, no encontrara una auténtica, masiva y poderosa resistencia de un pueblo que no sólo se doblegó y se puso de rodillas, sino que lo ovacionó, lo veneró, lo santificó y lo elevó a las altares del heroísmo y al santuario de la historia de Cuba, de América Latina, del hemisferio y posiblemente del planeta.

Lo aterrador ha sido el ominoso y humillante silencio con que el pueblo cubano se rindiera a los pies de la barbarie sin decir esta boca es mía. Así la brutal represión policiaca del Estado totalitario coartara toda expresión de disidencia y castigara incluso con la muerte a quien osara levantar la voz. Como ominosa ha sido la comparsa de complicidad, de alcahuetería y connivencia con que las élites políticas, intelectuales y empresariales del Hemisferio le rindieran pleitesía al tirano.

“El estilo es el hombre” – afirmó Georges Louis Leclerc, conde de Buffon, el enciclopedista francés. Y así suene desconsiderado con un pueblo que puede preciarse de no pocos logros en el mundo de las letras y las artes, si bien su reconocimiento universal corre a cargo de la guaracha, la rumba y el danzón, lo cierto es que el lenguaje popular cubano ha acuñado un término que debe ser seriamente considerado por especialistas en antropología cultural como espejo de conciencias. Y que se me perdone la desconsideración, pero a fin de dar con el meollo de mi argumentación me veo en la obligación de mencionarlo: “comer m…”.

Ninguna definición puede explicar de manera más cabal el ominoso sometimiento del pueblo cubano que no quiso, no pudo o no tuvo los medios como para enfrentarse a la tiranía salvo, precisamente, la que expresa esa capacidad sobrenatural de los cubanos para tolerar lo intolerable, hacerse cómplices de lo repudiable, compartir lo execrable y llevar a cabo la sistemática demolición de lo mejor de su propia historia, de su propia sociedad y de su propia cultura. Dando incluso su sangre en aventuras al servicio de la megalomanía inconmensurable de su Tótem, montado en las cumbres de la adoración sobre una montaña de cadáveres.

Ese es un capítulo digno de un análisis antropológico cultural, como aquellos de los que era capaz el más grande de los antropólogos cubanos, Fernando Ortiz. Pues sus determinaciones ontológico estructurales trascienden el ámbito estrictamente político  para adentrarse en el laberinto de la pervertida alma de la afrocubanía. ¿Por qué un pueblo capaz de magníficas expresiones de integridad moral y sacrificios sin par, como aquellas de las que hiciera gala un cubano de inmensa grandeza, como Huber Matos, en la mejor tradición martiana, puede haberse rebajado a lamer las suelas de un personaje más cercano a la brujería, el caudillaje y la barbarie africanas como Fidel Castro, incólume en su homicida crueldad? Provoca establecer paralelos con la extraordinaria novela de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas. Y Kurz, el personaje que se adentra en el corazón del Congo para instaurar su reinado de vasallaje, canibalismo y barbarie.

Capítulo aparte merece la connivencia de las élites políticas hemisféricas de toda suerte y condición con la tiranía castrista, sus usos, abusos y prácticas violatorias de los derechos humanos. A dicha connivencia se refirió en un extraordinario artículo la socióloga venezolana Elisabeth Burgos al definir el comportamiento de la dirigencia política latinoamericana como absolutamente obsecuente con la dictadura castrista, élite a la que caracterizó como “rehén del castrismo”. De reformistas de izquierda a conservadores ultramontanos y de socialdemócratas a socialcristianos dichos “rehenes del castrismo” evaden toda mención crítica a la tiranía cubana y sus adláteres, pero se lanzan como perros de presa al ataque frente a dictaduras de derecha. Bien podrían ellas reivindicar el dictum originario, según dicen, de Roosevelt, quien al defender al impresentable dictador nicaragüense Anastasio Somoza habría dicho: “ciertamente es un hijo de p…, pero es ‘nuestro’ hijo de p…”.

El sátrapa venezolano impuesto por los Castro en el lecho mortuorio de Hugo Chávez pasará a la historia por haber protagonizado el capítulo más ominoso, patético y lamentable de nuestra historia contemporánea: sirviendo servilmente a la tiranía cubana y sintiéndose guapo y apoyado por el averiado portaviones castrista creyó que el destino le enviaba un salvavidas en el último minuto, estando a punto de naufragio para que se aferrara al tablón del antiimperialismo yanqui. Se habrá dicho: si Fidel aguantó medio siglo aferrado a la boya del antiimperialismo, yo, que estoy haciendo aguas hasta por las orejas, seguiré sus pasos. Llamaré a Raúl, le pediré algunos consejos de cómo darle en la mera madre a los yanquis, me pondré en contacto inmediato con mis colectivos, sacaré a mis huestes a la calle, pondré a bramar a Caracas y de ese segundo aire viviré hasta diciembre del 2019.

Cuando el intento por movilizar a sus masas de respaldo capotaba estrepitosamente y un puñado de funcionarios públicos iban a pasar lista a la Avenida Bolívar, para salir de inmediato a vaciar los negocios circundantes donde se rumoreaba que había leche en polvo y harina pan, el personaje político más desprestigiado del país hacía acto de presencia en la desangelada tarima: José Vicente Rangel, símbolo del antiimperialismo norteamericano. Abundan los libros en donde se cuenta de su mal habida fortuna, sus carros de lujo, sus mansiones y sus cuentas bancarias en Los Estados Unidos.

Pero nada de toda esa farsa de mala muerte hacía presumir que, desde hacía meses, si no años,  Obama y Raúl Castro afinaban los últimos detalles para ponerle fin a la estúpida comedia del odio recíproco alimentado por el satánico Fidel Castro para aguantarse en el macho hundiendo a la Isla en la más abyecta de las cloacas de su historia. Una cloaca con epidemia de ceguera, miles de balseros devorados por tiburones, hambre al por mayor, presos untados en excremento, miles de guerrilleros asesinados en el continente y ese mismo tiempo de tiranía perdido por generaciones y generaciones de latinoamericanos. Una historia de penurias, fracasos y desgracias.

A la vejez, viruela. Cuando Cuba colgaba de los mocos de ese par de decrépitos ancianos y necesitaba con urgencia sacar la cabeza del pestilente pantano de la miseria y el hambre en que la hundiera el fin del financiamiento de la Unión Soviética y pedirle auxilio con urgencia a los Estados Unidos, un verborreico y delirante llanero venezolano – de esos lenguaraces y funambulescos que plagan la historia del folklore venezolano – vino a tirarles la soga del petróleo y a mantenerlos a flote. Hasta que, extraviado, terminó muerto en brazos de nadie. Que ni Fidel ni Raúl son compasivos como para calarse a un moribundo que se llevaba consigo la clave de la riqueza: su lengua.

Muy pocos entendieron que la muerte de Chávez anunciaba responsos para la agónica revolución cubana. Pues el sujeto que él y sus padrastros pusieron en su lugar no daba la talla. Hundiría en la ruina al país más rico de la región, dependería de las instrucciones habaneras hasta para ir a desaguarse a las letrinas de PDVSA y muy pronto se desmoronaría como cuenta la leyenda judía que se desmoronó el Golem, un siervo hecho de barro que al volverse arena aplastó a los estúpidos que lo habían amasado.

Muerto Chávez, su vacío llenado con ese fantasmón torpe e inútil que duerme en Miraflores, el petróleo por los suelos y el hambre en los talones, los Castro hicieron lo que buscaban desesperadamente: entenderse con los demócratas antes que llegaran los republicanos y arriar sus banderas. Por fin se rindieron. Y mandaron al hemipléjico de bigotes a los quintos infiernos. Más no se puede pedir. Ahora, la tarea es nuestra. Terminar de aventarlo de una buenas vez y volver a ser la República que un día fuéramos. Gracias Obama, Bye bye, Raúl. Nos vemos en democracia.

@sangarccs

El viraje La Habana-Washington – Fernando Egaña

 Fernando Luis Egaña

El anuncio sincronizado de Barack Obama y Raúl Castro sobre la “normalización de relaciones” fue impactante. Los entretelones de la larga negociación que le dio lugar, también. El intercambio de prisioneros, la mediación del Papa Francisco, los buenos oficios de la diplomacia canadiense, las conversaciones vaticanas, el logrado hermetismo, todo ello parece extraído de uno de los grandes “best sellers” de la Guerra Fría. Y claro, lo relativamente inesperado de todo, le otorga un sino dramático que convierte a la noticia en una de las principales del 2014. Pero es una noticia en progreso. Apenas comienza un nuevo proceso, el del desarrollo del anuncio. El del desarrollo del viraje o de la “normalización”.

Así entre comillas, porque una cosa son las declaraciones de intención y otra su aplicación en la realidad. El gobierno de EEUU se dispone a hacer todo lo que pueda, legal y administrativamente, para superar de manera definitiva el embargo económico a Cuba, ya, por cierto, bastante más flexible que en otros tiempos. Y Cuba se dispone a recibir los beneficios de una paulatina integración económica con EEUU, sin que esto necesariamente implique concesiones específicas en materia de derechos humanos o democratización política. En la Casa Blanca piensan que la apertura económica traerá inexorablemente la apertura política. En La Habana y en Miami, no están tan seguros…

Las circunstancias ominosas han apremiado a los hermanos Castro Ruz. Ya la “petro-revolución” de Venezuela no es garantía de supervivencia. Durante decadas la “revolución cubana” se alimentó de la Unión Soviética, más adelante de la República Bolivariana, y ahora han reconocido que no hay más remedio que tratar de mantenerse a costa del capitalismo gringo. Una voltetera acrobática y peligrosa, pero el derrumbe económico-financiero de la colonia venezolana ha estrechado el margen de maniobra. Fidel y Raúl han exprimido y quieren seguir exprimiendo a Venezuela al máximo posible, pero ahora necesitan de otras fuentes de sustento y consideran que el mercado estadounidense se las puede ofrecer. Un poco al estilo chino y vietnamita de finales del siglo XX.

Ellos pensarán que no son menos que Deng Xiaoping o los herederos de Ho Chi Minh. Aunque Cuba no se asemeje ni a China ni a Vietnam, al menos en cuanto a la aspiración democrática se refiere. Y aquí hay un tema principal para el viraje, porque el gobierno de Obama estara en minoría en el Congreso que tiene que sancionar las leyes, los presupuestos y los nombramientos de la “normalización”.  Para ese Congreso de mayoría Republicana en ambas cámaras, el tema de las “concesiones democráticas” por parte de Cuba, no es secundario o colateral, sino absolutamente central. Y no por los méritos de la democracia misma, sino por los intereses político-electorales en la confrontación con el despotismo castrista.

Las declaraciones iniciales de voceros del partido Republicano, incluyendo el senador-doliente Marco Rubio, y el proto-candidato, Jebb Bush, expresan una oposición cerrada a lo pactado por Obama y los Castro, si ello no se expresa rápidamente en una agenda de cambios democráticos que, en verdad, no deben estar en las entendederas de la nomenklatura cubana. Al revés. Allí piensan que todo esto es necesario para perpetuar el sistema político, no para cambiarlo por uno de caracter democrático. Pero la verdad sea dicha, el viraje anunciado ha sido recibido con gran apoyo internacional, sobre todo en América Latina. Y hay muchas razones que lo explican y lo justifican. Recordemos la exhortación de Juan Pablo II al nomás aterrizar en La Habana, en 1998: “que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba”…

El desgobierno de Maduro, por cierto, no aparece en la foto. Las recientes proclamas sobre escenarios de ruptura de relaciones con EEUU y quema de visas de funcionarios venezolanos, más bien dan la idea de que los cubanos no lo tomaron muy en cuenta, que lo dejaron por fuera como la guayabera en sus aproximaciones y acuerdos con el vituperado “Imperio”. Los intereses de la metrópoli, se argumentara en el habanero Palacio de la Revolución, están por encima de los intereses de las colonias. Pero eso sí, la extracción de recursos venezolanos continuará mientras los castristas sigan controlando el poder establecido en nuestro país. De allí la necesidad renovada de que Venezuela se libere de tan malevola dependencia, exógena y endógena…

La prueba ácida de la “normalización” tendrá que ver con la posibilidad efectiva de que el pueblo cubano pueda ir ejerciendo los derechos democráticos de los demás pueblos del hemisferio. Si el viraje La Habana-Washington ayuda en esa dirección, será muy positivo para la nación cubana. Pero esa interrogante se mantiene. Nadie sabe si será despejada en favor de la democracia. Nadie. Ni por los lados del Potomac o del Malecón. No obstante, la esperanza en un cambio profundo y afirmativo para Cuba adquiere un nuevo aliento, un nuevo impulso, un nuevo horizonte.

flegana@gmail.com

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La bofetada de los Castro a Maduro – Trino Márquez

Trino Márquez

La secuencia de los hechos fue más o menos la siguiente: luego de conocer la decisión del Congreso norteamericano en la cual se sancionaba a un grupo de funcionarios del Estado y del Gobierno venezolano, por su participación en la violación de los derechos humanos durante las protestas ocurridas durante el primer semestre de 2014, Nicolás Maduro convocó, el viernes 12 de diciembre, a una concentración de sus partidarios en la Avenida Bolívar  para el lunes 15. Protestaría contra  injerencia del imperio y la violación de la soberanía nacional. El fin de semana estuvo en La Habana reunido con los hermanos Castro.  En el mitin de la Avenida Bolívar dijo que había estado a punto de romper todo tipo de relaciones con los Estados Unidos, pero que luego de contar hasta diez había abandonado la idea. El miércoles 17 de diciembre, el presidente Barak Obama y Raúl Castro sorprendieron al mundo entero al anunciar que ambas naciones habían decidido -después de 18 meses de intensas negociaciones secretas y de intercambiar presos en cárceles de ambos países- comenzar relaciones diplomáticas luego de más de cinco décadas de haberlas interrumpido y que ese contacto podría conducir, en un plazo cercano, al levantamiento del bloqueo que el país del norte ha mantenido por más cinco décadas sobre la isla caribeña. Ambos mandatarios reconocieron  el papel del papa Francisco durante las negociaciones.

Sorprende que un anuncio de tanta trascendencia para las relaciones entre ambos países, e, incluso, para América Latina, se haya producido en un momento en el cual las relaciones entre el gobierno de Caracas y de Washington se han tornado tan tensas. Maduro había estado en La Habana apenas unas horas antes de las alocuciones. ¿Fue que Raúl no le informó de los inminentes anuncios? De haberlo hecho probablemente Maduro no habría estado tan desaforado frente a su clientela, seguidora de la Revolución Cubana.  Los hermanos Castro no tuvieron ni siquiera la delicadeza de esperar que las aguas regresaran a su nivel para informar que los delegados de los dos gobiernos habían llegado a compromisos de tal alcance. No pusieron como condición que los Estados Unidos ignoraran las sanciones a los funcionarios venezolanos incursos en delitos de violación a los derechos humanos. Raúl y Fidel no tuvieron la solidaridad que cabría esperar con el régimen chavista que tantos beneficios económicos les ha reportado. Los longevos dictadores actuaron con el pragmatismo que los ha caracterizado desde que entraron en La Habana el ya lejano 1 de enero de 1959. Las remesas ahora pesan más que los barriles de petróleo.

Como dato al margen hay que anotar que ese pacto revela que el eje del poder en Cuba se desplazó definitivamente desde Fidel hacia Raúl. Hace algunos años esas conversaciones no se habrían dado. El principal obstáculo que encontraron Jimmy Carter y Bill Clinton para alcanzar acuerdos con la isla antillana, fue Fidel quien se opuso tenazmente a las iniciativas de los dos gobernantes norteamericanos dirigidas a desmontar el embargo. El anciano déspota vinculaba su eternización en el poder a la permanencia del bloqueo. Las cosas han cambiado. Se nota que Raúl está pensando en un modelo mucho más parecido al de China y Vietnam, países que mantienen excelentes relaciones comerciales con Estados Unidos a pesar del férreo control que sostiene el Partido Comunista sobre la vida política de los ciudadanos. De este dato tomó debida nota Barak Obama quien expresó sus reservas sobre la apertura democrática que pueda haber en Cuba luego del acuerdo alcanzado entre su gobierno y el de los Castro.

Volviendo a Nicolás Maduro, al desconcertado y distraído mandatario criollo no le que quedó más alternativa  que celebrar desde Panamá el pacto entre Obama y Castro, destacar su enorme significado y desear el éxito de ese ensayo. Nada que ver con el Maduro antiimperialista de la semana anterior. Una vez más se evidenció en el plano internacional su proverbial improvisación y, mucho peor, el desprecio que sienten por él sus tutores intelectuales y políticos, quienes ya no ven al gobierno de Venezuela como la fuente inagotable de recursos que pueden exprimir a su antojo.

Los Castro le propinaron a sus pupilo venezolano una bofetada. Aplicaron el viejo principio: los gobiernos no tienen amigos, sino aliados convenientes. Maduro pasó a un segundo plano. En el que en realidad se encuentra. Así paga el Diablo.

@trinomarquezc

La hora de la negociacion – Rafael del Pino

La vida nos ha demostrado que los extremos nunca han sido buenos y en política funestos. Por eso no sé que es peor si el inmovilismo de la actual administración con respecto a Cuba o una concesión de una posible nueva administración sin negociar nada a cambio. Ambas cosas van en contra de los cubanos. Creo que ya es hora de ir a la mesa de negociaciones.

Raúl Castro ha dado ya el primer paso en varias ocasiones al llamar directa y públicamente al gobierno norteamericano para sentarse a conversar. La respuesta de Washington a través de la señora Condolesa Rice fue rápida. “Nosotros no tenemos nada que discutir con los cubanos. El gobierno cubano debe sentarse primero con su pueblo”.

Muy bonita la respuesta si no existiera el precedente que si lo hicieron con los vietnamitas que mataron a 58,226 norteamericanos e hirieron o mutilaron a otros 153,303. Cuyo Presidente acaba de visitar Estados Unidos siendo su primera visita al New York Stock Exchange abriendo las operaciones bursátiles del día. O con los chinos que en la Guerra de Corea mataron a 33,741 soldados y después pasaron con los tanques sobre los jóvenes de la Plaza Tiananmen sin haberse sentado ambos primero a “hablar con sus propios pueblos”. Cuba por lo menos jamás ha matado un solo soldado norteamericano. No solo eso, en Cuba jamás se ha quemado una sola bandera norteamericana, practica muy común en todos los países del mundo y en el propio Estados Unidos. Y si vamos un poco mas cerca, los norteamericanos en la actualidad se han sentado a negociar con los insurgentes sunnies que todos los días se apuntan más muertes de jóvenes soldados en Irak.

Cuando vemos este doble rasero por parte de las administraciones norteamericanas los cubanos con la suspicacia que los caracteriza se hacen distintas conjeturas. He escuchado a algunos decir que los gringos desean que Cuba quede como “museo de la miseria” para que a nadie mas se le ocurra implantar un sistema así, otros aseguran que si se resuelve la situación de Cuba se les acaba el pan a los políticos que bogan por los votos nuestros en el sur de la Florida. Esta última tiene bastante lógica. Los chinos y los vietnamitas están muy lejos para influir en las elecciones norteamericanas mientras que los cubanos han decidido una reñida elección presidencial en el 2000 y otra en el 2004..

Yo no se si los que vivían en el exterior recuerdan cuando la administración de Ronald Reagan dio el paso de comenzar conversaciones con Cuba celebrándose el primer encuentro en la ciudad de  México el 23 de Noviembre de 1981 entre el vice-presidente cubano Carlos Rafael Rodríguez y el Secretario de Estado Alexander Haig. Y posteriormente la de Marzo de 1982 en La Habana entre el General Vernon Walter y Fidel Castro. Yo las recuerdo bien porque estaba en Cuba y también recuerdo que las exigencias de Estados Unidos tenían fundamento pues estábamos en medio de la guerra fría y en el ajedrez  de esa guerra Cuba conducía acciones que afectaban los intereses estratégicos de Estados Unidos. Recuerdo perfectamente que las exigencias norteamericanas eran fundamentalmente tres. Que Cuba parara el suministro de ayuda a los guerrilleros salvadoreños del frente Farabundo Martí, que Cuba retirara sus tropas de Angola y que Cuba permitiera la repatriación de los marielitos indeseables que estaban en prisiones norteamericanas. Había otra vieja exigencia que no se toco en esas reuniones que contemplaba que Cuba rompiera los lazos con la Unión Soviética en aras de que Estados Unidos le levantara todas las sanciones.

Ha pasado un cuarto de siglo desde aquellos famosos encuentros. Todas esas exigencias por una razón u otra se cumplieron ya sea por el derrumbe de la URSS o los acuerdos de paz del Salvador o los acuerdos de paz en Angola.

Sin embargo surgieron estas nuevas exigencias de las que habló la Secretara de Estado norteamericana de que el gobierno cubano hablara “primero con su pueblo” o que permitieran primero el multipartidismo y elecciones libres antes de sentarse a conversar con Cuba.

Estas ya no son las exigencias de la administración Reagan que sí afectaban intereses estratégicos de Estados Unidos. Estas son absolutamente exigencias de problemas internos de los cubanos que deben ser resuelto por los cubanos A mi no me pasaría por la mente si tuviera en mis manos la política exterior de Cuba exigirle a Estados Unidos que antes de sentarnos a negociar nuestras diferencias deben cambiar la constitución prohibiendo las armas de fuego para evitar masacres como la de Virginia donde murieron 32 jóvenes inocentes o que se sienten primero con los norteamericanos a resolver la cobertura medica de 40 millones de estadounidense que no la tienen. Ese es un problema interno de Estados Unidos que debe ser resuelto por los norteamericanos y nosotros no tenemos ningún derecho a exigirle esas condiciones.

De igual forma el tema del multipartidismo y la celebración de elecciones libres en Cuba es un asunto a resolver exclusivamente por los cubanos donde los norteamericanos no tienen tampoco ningún derecho a inmiscuirse.

Pero por algún lugar se debe comenzar y creemos que el mejor escenario puede estar en la mesa de negociaciones entre el gobierno de Estados Unidos y el gobierno de Cuba. No para discutir los asuntos que corresponden solo a los cubanos sino para acabar de una vez con el casi medio siglo de diferendo.

Utilizando una hipotética reunión como las que propició Reagan en 1982 vamos ver por partes alguna de las cuestiones que pueden discutirse y las ventajas que pueden lograr todas las partes involucradas y terceros en ambas orillas del estrecho de la Florida

Desde hace años una facción del poder compuesta fundamentalmente por los militares involucrados en la economía y los negocios han propuesto liberalizar toda la economía minorista y de servicio.

Si esto se produce, la parte norteamericana como primer paso puede proponer levantar las restricciones del embargo a los nuevos empresarios privados que surjan en Cuba como resultado de la liberalización económica decretada por el gobierno cubano. Este levantamiento de sanciones implica que a partir de ese momento las pequeñas empresas liberadas pueden obtener en Estados Unidos todo lo necesario para su funcionamiento y desarrollo. Al mismo tiempo los empresarios cubanos que han sido exitosos en el sur de la Florida pueden duplicar esas empresas en la isla. ¿No resultaría mucho más sensato que cualquiera de esos empresarios en lugar de pagar 10,000 dólares a los contrabandistas de las cigarretas[1] para que traigan a sus familiares hacia Estados Unidos les envíen ese dinero para abrir un negocio similar en Cuba? Por supuesto que al producirse esto desaparecerían una serie de trabas colaterales como las cartas de invitación, la famosa tarjeta blanca, las visas a los ciudadanos cubanos para entrar y salir del país, las limitaciones del tiempo de permanencia de los cubanos que viajan al exterior como los que viajen a Cuba. En fin esas arbitrariedades ya no tendrían sentido.

Es lógico que después de medio siglo de hostilidad haya recelos y dudas por ambas partes. Este es un proceso lento que requerirá un monitoreo constante y reuniones periódicas para evaluar el desarrollo del mismo, pero si China y Vietnam lo lograron porque no lo podemos lograr los cubanos.

La segunda etapa serian ya las inversiones de grandes empresas norteamericanas en la isla. Fundamentalmente las de turismo. Ya aquí, Estados Unidos debe convencer a la parte cubana que solo sería posible efectuando cambios a la Ley 77 de Inversiones Extranjeras. No con el ánimo de inmiscuirse en los asuntos internos de Cuba sino por el principio moral de que Estados Unidos no puede aceptar la mano de obra esclava que de acuerdo a esa Ley Cuba ofrece a través de sus agencias empleadoras. El argumento norteamericano seria irrebatible. Estados Unidos  tuvo que sufrir la guerra civil más sangrienta de su historia para abolir la esclavitud y no puede hacerse cómplice de esa práctica en Cuba. Solo con la libre contratación de sus empleados pueden volver a la isla las grandes empresas norteamericanas.

Esta posición de Estados Unidos pondría la pelota en el campo de Cuba que solo le quedarían dos opciones aceptarlo y continuar negociando en aras de mejorar la vida de los cubanos o rechazarlo y quedar en evidencia ante su propio pueblo de quien es el que le cierra las puertas. De aquí se desprende que estas negociaciones tienen que tener una transparencia absoluta para que los millones de cubanos que las siguen sepan las posiciones de cada cual.

De resolverse este aspecto satisfactoriamente el próximo paso a seguir seria la negociación de las visitas de turistas norteamericanos a Cuba. Con este tema Estados Unidos puede inteligentemente lograr la liberación de todos los disidentes y presos políticos sin necesidad tampoco de inmiscuirse en los problemas internos de los cubanos. El argumento norteamericano sería sólido, “Si ustedes encarcelan a cualquiera por emitir libremente sus opiniones o disentir, nuestros ciudadanos correrían un gran riesgo en Cuba pues de seguro habrá quien critique el estado de la sociedad actual”. Por lo tanto antes de abrirse libremente el turismo necesitamos garantías y que mejor gesto que liberar a los prisioneros de conciencia.

Hasta aquí veo el papel positivo que Estados Unidos puede jugar para ayudar a una transición en Cuba. Si estos aspectos fundamentales en el diferendo entre ambos gobiernos se resuelven satisfactoriamente todos ganamos.

Empezando por Estados Unidos que se quitaría de arriba el siempre latente fantasma de un éxodo masivo. Ganaría la familia cubana de ambos lados del estrecho de la Florida al restablecerse las visitas a la isla y el envío de ayuda económica. Y ya no habría ninguna necesidad de la ley de ajuste cubano.

Resolviéndose la primera cuestión del levantamiento del embargo a los empresarios privados cubanos que surjan como resultado de esta negociación, automáticamente se resuelve la ayuda a los cubanos de la oposición sin tener que depender del gobierno norteamericano. El nuevo sector emergente se encargaría de ello incorporándose por supuesto el ya establecido y exitoso sector empresarial cubano-americano del sur de la Florida.

La última cuestión económica a resolver seria como poner a funcionar el resto de las empresas del país lo más justo y democráticamente posible. Creo que en esta fase del camino hacia una economía de mercado la solución más lógica es crear una bolsa de valores en el país, convertir las empresas en corporaciones públicas, emitir las acciones correspondientes al valor de dichas empresas y dar la opción de que el Estado adquiera el 49% de dichas acciones, los cubanos en las nóminas de esas empresas y todos los cubanos que tengan posibilidades el restante 51%. Para esto no habría que complicarse mucho la vida. Simplemente aplicar la Ley No.498 “Ley del Mercado de Valores” del 24 de Agosto de 1959 aprobada por el Consejo de Ministro y sancionada por el Presidente Osvaldo Dorticos.

Acabemos de cerrar este capitulo. Los de allá no quieren morir en la miseria y los de acá no quieren terminar con sus nombres en una lápida del Woodlawn Park.

Julio 2007

[1] Cigarretas le llaman los cubanos a las lanchas rápidas que se dedican al contrabando humano en el sur de la Florida cobrando $10,000 por cada persona que traen.

 

*El General Rafael del Pino perteneció al Movimiento 26 de Julio liderado por Fidel Castro. Durante un breve exilio en Venezuela a finales de 1957 principios del 58 participa en el alzamiento contra la dictadura de Pérez Jiménez, es herido y encarcelado hasta su liberación el 23 de enero. A mediados del 58 entra clandestino en Cuba y se incorpora a las guerrillas del 26 de julio. Al triunfo de la Revolución se hace piloto de combate de la Fuerza Aérea Revolucionaria. Participa en la Batalla de Bahía de Cochinos donde derriba dos bombarderos B-26 y participa en el hundimiento de varios buques de desembarco. En 1975 dirige las unidades de aviación del primer cuerpo expedicionario cubano en la guerra de Angola. Ocupó diferentes cargos desde jefe de Escuadrón de Cazas hasta Jefe de División y finalmente segundo jefe de la Fuerza Aérea Revolucionaria cuando rompe con el régimen de Castro y escapa con su familia a Estados Unidos.

La revolución del buen salvaje – Aníbal Romero

 Aníbal Romero 

Esta pasada semana el Presidente venezolano aseveró que las nuevas tecnologías
de explotación del petróleo van a producir un terremoto en Estados Unidos. Afirmó
además que pronto todas las escuelas y liceos del país serán equipados con sus
respectivos “huertos escolares”, en los que diligentes alumnos cultivarán hortalizas y recibirán los beneficios de la presencia de una vaca y de numerosas gallinas, siempre listas para suministrar leche y huevos a las nuevas generaciones revolucionarias. No suficientemente contento con estas fábulas, el cada día más extraviado líder socialista confirmó que su revolución agrícola implica el retorno al cultivo en los llamados “conucos”, es decir, pequeñas parcelas en las que se espera que felices familias, comprometidas con la preservación del medio ambiente,
producirán sus vegetales; todo ello en función del avance del hombre nuevo y mientras se entretienen cantando loas al Che Guevara y al “comandante eterno”, Hugo Chávez.
Traigo a colación estos pronunciamientos para destacar un punto que ha sido en otras oportunidades señalado, pero que merece reconsideración. El proceso político que ha experimentado Venezuela estos quince años ha estado impregnado, entre otros aspectos, por la confusa pero palpable visión de una utopía arcaica, por el impulso hacia un pasado imaginario en el que se conjugan el ansia de reivindicar al buen salvaje latinoamericano, personaje que se vislumbra como siempre oprimido por diversos enemigos foráneos y domésticos, con la ambición de recuperar una sociedad cuasi-primitiva, cerrada, autárquica y amurallada frente a un mundo al que se percibe ajeno y hostil.
Sería un error subestimar el papel de lo que acá denominaré la “ideología del escape”, que junto a la del buen salvaje ha influido en el desarrollo del proceso político venezolano los pasados tres lustros. Me refiero al escape con respecto a la modernidad.
En efecto, como en su momento apuntó Popper, el socialismo en general es un proyecto regresivo, anti-moderno, anclado en el colectivismo de ancestrales 2 períodos tribales de la historia. Para Carlos Marx, soñador sin escrúpulos, el socialismo se ubicaba más bien como punto culminante de un rumbo de cambios hacia adelante, en los que el más avanzado capitalismo cedería su lugar a un paraíso de ilimitada abundancia. En el caso venezolano, el grupo de izquierda radical –guiado por Cuba– que tanta influencia ha ejercido en la conducción de la revolución bolivariana, ha puesto de manifiesto el verdadero rostro regresivo del socialismo, entremezclado con el elemento propiamente latinoamericano del buen salvaje. En lugar de la quimérica abundancia socialista de Marx nuestros
revolucionarios visualizan una sociedad de pobres.
En modo alguno, insisto, debe subestimarse el peso del factor ideológico sobre lo que acontece en Venezuela. Lo que Nicolás Maduro expresa en sus grotescos discursos constituye un ingrediente fundamental de un proceso con honda
raigambre en las tradiciones, mitos, cultos, sueños y fantasías de una parte significativa de la izquierda en América Latina. La izquierda delirante que actualmente predomina en Venezuela, combina una amplia ignorancia sobre las
realidades del mundo actual con el apego a una fantasía descabellada, a una utopía gaseosa y destructiva cuyo efectivo logro sólo puede concretarse mediante una permanente violencia.
A todo lo anterior se suma la más sólida incapacidad por parte de nuestros revolucionarios para entender las implicaciones de lo que dicen y hacen, o para realizar la más mínima autocrítica sobre los resultados de sus pesadillas. Para sólo indicar otro caso ilustrativo del delirio, hace también pocos días Elías Jaua, el
“Ministro de Comunas” del gobierno bolivariano, sostuvo con total desparpajo que el pueblo venezolano “tiene resueltos los problemas básicos de alimentación, educación y salud”, y ello en un país donde la escasez de alimentos y medicinas constituye el pan de cada día, donde escuelas y liceos generan lástima por su condición deplorable, y donde cunden sin control enfermedades tropicales que se creían eliminadas hace décadas.
La utopía arcaica del buen salvaje y la ideología del escape son elementos cruciales de la ecuación que resume el caos, retroceso y tragedia en que se ha transformado la vida de la sociedad venezolana. La nueva víctima de la utopía arcaica es el IVIC, el cincuentenario Instituto de investigaciones científicas del país, que ahora los 3 revolucionarios aspiran convertir en un ente “cercano a los pobres”, lo que sin duda significará la destrucción de lo logrado en el pasado, el abandono de cualquier empeño académico razonable, el imperio de la mediocridad y la búsqueda quimérica de una “ciencia popular”, sustentada en lo que algunos presumen es la “genuina esencia del pueblo”.
La revolución del buen salvaje incluye la ideología del escape. Por un lado, esta ideología presenta a ese imaginario buen salvaje, que es desde luego el pobre en nuestras sociedades, como un ser eternamente expoliado, engañado y vilipendiado por algún malvado imperialista y oligarca de turno. Por otro lado, esta ideología se basa en una crasa ignorancia acerca del contexto internacional y las fuerzas externas que de un modo u otro repercuten en la conducta de todos los países, conformando el marco en que toman sus decisiones. En tal sentido, es evidente que
Maduro y sus colaboradores fueron tomados de sorpresa por las nuevas realidades del mercado petrolero mundial, realidades que han clavado una daga en las entrañas del régimen. Y esto no es lo peor, pues las sorpresas son comunes en ese ámbito. Lo peor es que el gobierno revolucionario no comprende las implicaciones
profundas de las transformaciones en el panorama energético global, y pretende repetir las ya agotadas maniobras dentro de la OPEP, maniobras que pertenecen a épocas y relaciones de poder que no retornarán.
La estrechez mental y enciclopédica ignorancia de la izquierda delirante, así como la depredación castrista, están empujando a Venezuela a un dramático destino. La geopolítica de nuestros gobernantes consiste en quejarse por las consecuencias de sus desatinos, de su ceguera, de su patética incompetencia, de su entrega y subordinación a los intereses de Cuba, sin jamás considerar siquiera la posibilidad de que sus desgracias no sean el producto de una conspiración de quienes les adversan, sino de sus ideas absurdas, de su incapacidad, corrupción e incurable
resentimiento.
¿En qué punto dejan a Venezuela la revolución del buen salvaje y la ideología del escape? Explorar una respuesta exige cierto contexto. Avanzaré citando lo que en una entrevista de hace pocos días, sostuvo el presidente de una de las empresas encuestadoras establecidas en Venezuela. Según esta persona, “en Venezuela durante 15 años han gobernado las palabras y las emociones… durante 15 años en 4 Venezuela hubo un discurso muy poderoso del liderazgo del presidente Chávez que cambió la identidad nacional cultural. Ha surgido un nuevo repertorio de
significaciones, nociones, metáforas, contenidos, símbolos y gramáticas que en este momento atraviesan a los todos sectores sociales. Hoy el país es chavista aunque no vote por Chávez, porque las ideas que durante 15 años fueron comunicadas de manera incesante y permanente cambiaron los significados culturales de la sociedad venezolana en general”.
Estas afirmaciones son muy discutibles. A mi manera de ver, en Venezuela no ha habido un cambio de la cultura política anterior a Chávez, sino una profundización de los peores rasgos de la cultura política ya vigente previamente a Chávez, y caracterizada por la creencia en que Venezuela es un país inmensamente rico debido tan sólo a sus recursos naturales, por la ruptura del vínculo entre trabajo y bienestar, por la dependencia con respecto al Estado, el populismo y el caudillismo.
No tenemos una “nueva” cultura política, sino una predominante cultura política aún más distorsionada y fracasada de la que ya teníamos, una cultura política de izquierda populista que impide a los venezolanos entender la realidad que les rodea, y lo que se requeriría para prosperar en el mundo actual. De allí que ni siquiera Chávez y Maduro se hayan atrevido a aumentar el precio de la gasolina, que las llamadas “misiones” se hayan convertido en programas permanentes para la dependencia de millones, y que hoy tantos se pregunten por qué, si somos tan ricos,
Venezuela se encuentra sumida en el foso de subdesarrollo en que de hecho la vemos.
En síntesis, la revolución del buen salvaje y la ideología del escape dejan tras de sí una nación postrada y en última instancia controlada por la Cuba comunista, una sociedad perpleja que no logra armonizar las fantasías transmitidas durante años de propaganda oficial con las realidades ante las que choca a diario, y un sistema político invertebrado, en el que los poderes públicos escenifican una perenne pantomima en medio de la invertebración del Estado. La sociedad venezolana se asoma al que podría ser un año decisivo de su evolución histórica con sus energías
vitales disminuidas, sus recursos morales desgastados, y sus fuerzas políticas democráticas dispersas pero no finalmente destruidas. De allí que, a pesar de todo, sigo apostando a que llegará el amanecer para Venezuela. No queda otra opción.

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El reporte sobre la tortura – Luis DE LION

IMG_2425 Luis DE LION

El reporte sobre el « programa de detención y de interrogatorio » de la CIA, publicado el martes 9 de diciembre, es apenas una exigua versión del original de 6.000 páginas. Se trata de un muy chocante reporte que detalla las técnicas utilizadas por la agencia estadounidense sobre ciertos prisioneros después de los atentados del 11 de septiembre 2001.

La lista de sevicias practicadas por la CIA es interminable. Métodos, que en muchos casos tuvieron consecuencias muy graves.

Comenzando por, la simulación de ahogo, el famoso “waterboarding” que en 2009 el expresidente Bush reconoció haber autorizado. Khalid Cheikh Mohammed, señalado como el cerebro de los atentados del 11 de septiembre, fue sometido al menos a 183 sesiones dewaterboarding.

Le siguen, la alimentación por vía rectal y las amenazas con un taladro, para hacer hablar a Abd Rahim Al-Nashiri, acusado de haber organizado el atentado contra el USS Cole, en Yemen en el año 2000.

Hasta llegaron a torturar, por error, a un par de sus propios informantes. También practicaron detenciones abusivas y la jerarquía ante la queja de algunos agentes hastiados de tener que torturar, optó por ratificar la cadencia y las técnicas de tortura.

La práctica, se internacionalizó. Muchas prisiones y centros de tortura secretos de la CIA fueron ubicados en Europa (Polonia, Rumania, Lituania) así como también en Afganistán y en Tailandia.

La CIA también le mintió a sus propias autoridades. A la Casa Blanca y al Consejo de Seguridad Nacional. Le aportaron importantes cantidades de informaciones inexactas e incompletas. Tampoco consideraron, los de Longley, necesario de informar al Secretario de Estado sobre sus centros de detención en el extranjero.

La CIA durante años sostuvo que gracias a la tortura de miembros de Al Qaeda se logró frustrar atentados como los del 11S en Londres. Pero el reporte, concluye que la tortura en nada alertó a la CIA de amenazas de atentados. Muchos prisioneros inventaron hechos y enviaron a la CIA sobre pistas falsas.

En el presente, lejos del provecho político que, Obama pueda sacarle al reporte sobre la tortura, la interrogante, que toca hacerse es, cómo una democracia le puede hacer la guerra a un enemigo como Al Qaeda. El contexto del reporte es, el 11 de septiembre 2001, no debemos olvidarlo.

El relator especial de la ONU, Jean Ziegler, dijo éste viernes que: “85 países de los 196 miembros de la ONU practican regularmente la tortura”.

Sin duda, el Torture Report, es un muy oscuro capítulo en la historia de los EEUU, pero en la más importante democracia del mundo han decidido ser transparentes.

¿Veremos algo así en la Venezuela post castrochavista?

luisdelion@gmail.com

@LDeLion

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Otra vez La Habana… – Elizabeth Burgos

 Elizabeth Burgos

La suspensión del diálogo de La Habana con la Unión Europea debe significar una profunda decepción para aquellos que guardaban la ilusión de ver a Cuba, obligada por el estado crítico de su economía y la de su protectorado venezolano, plegarse a las condiciones que le impondría la UE de respeto de los derechos humanos para usufructuar créditos y múltiples ayudas de cooperación destinados al desarrollo de los países necesitados. Condición impuesta por Bruselas para derogar la Posición común de 1996 que asumió a instigación del gobierno español entonces bajo la administración de José María Aznar, único gobernante español, incluyendo a Francisco Franco, que mantuvo una postura enérgica frente al gobierno de Fidel Castro.

La postergación de  “la tercera ronda de negociaciones para un Acuerdo Bilateral de Diálogo Político y Cooperación entre la UE y el Gobierno cubano, prevista para el 8 y 9 de enero, se ha aplazado a petición de las autoridades cubanas”. Extraoficialmente, pues alguna una razón tenía que dar la parte cubana aunque fuese a manera de rumor. Trascendió que la suspensión se debía a un enojo de La Habana en relación a un evento cultural organizado por el bloque europeo en Washington que no fue de su gusto. Pero según fuentes allegadas al tema, el motivo del disgusto parece haber sido una exposición organizada por la embajada de Lituania en mayo pasado en Washington con fotos de la isla del fotógrafo lituano Marius Jovaîsa que tenía el respaldo de La Habana a cuya fiesta inaugural fueron invitados  los senadores cubano-americanos Lincoln y Mario Díaz-Balart, (por cierto, primos hermanos de Fidelito Castro Díaz Balart, primogénito del dictador cubano)  Ileana Ross-Lehtinen y Bob Menéndez, lo que para La Habana significó un insulto por tratarse del lobby anti castrista más persistente dentro del panorama estadounidense en donde el régimen de los castro goza de poderosos lobbies de simpatizantes, en particular en los medios académicos.

El pretexto parece y es ridículo. Pero para quienes conocen el modo muy particular de La Habana de moverse en el ámbito diplomático, en particular en lo que se refiere a negociar el término de las relaciones tirantes en particular con EE. UU. y con la UE, no sorprende en lo más mínimo. Siempre los Castro se las han arreglado para que falle este tipo de negociaciones. Establecer relaciones respetando las normas vigente de la diplomacia es algo a lo cual el castrismo no se pliega ni puede hacerlo. Las relaciones de beligerancia son su imagen de marca y su legitimidad. La beligerancia, el enfrentamiento, les dan el sello de rebeldes, d’enfants terribles que se mantienen en estado de insurgencia, al tiempo que van imponiendo su modelo de régimen militar, autocrático, su expansión política, y la imposición de sus propias reglas del juego. La suspensión del diálogo con la UE no es la primera experiencia. Recordemos el intento de Jimmy Carter que se plegó a todas las condiciones de La Habana para levantar el embargo decretado por EE.UU. Cuando estaba Washington  a punto de levantarlo, Fidel Castro envió un cuerpo expedicionario a Angola, en asociación con la URSS. Por supuesto, ante ese hecho, el Senado, no podía otorgarle el aval a Carter. El segundo momento cuando casi se llega al levantamiento del embargo, fue bajo el segundo mandato de la presidencia de Bill Clinton. A último momento, los diálogos se vieron interrumpidos tras el derribo por la Fuerza aérea cubana el 24 de febrero de 1996, de dos aviones civiles pertenecientes a la organización humanitaria de cubanos exiliados con sede en Miami, « Hermanos al rescate » fundada con el propósito de auxiliar a los cubanos que huían de la isla en balsas hacia Estados Unidos. Acusados de haber violado el espacio aéreo cubano, las dos avionetas Cessna fueron literalmente pulverizadas por dos poderosos cazas supersónicos, Mig -29 y Mig-23 .

La suspensión del diálogo con la UE por parte de La Habana se veía venir cuando Raúl Castro se negó a reunirse con el canciller español, José Manuel García-Margallo durante la visita oficial de dos días que realizó a la isla a finales de noviembre de este año. De acuerdo con Reuters, La Habana está molesta con la UE por el reciente llamamiento hecho ante la prensa al término de su visita del canciller español al régimen de La Habana de que ratifique los Pactos de la ONU, así como el convenio 87 de la Organización Internacional del Trabajo sobre la libertad sindical. Igualmente, pidió el canciller que el régimen permita la entrada y salida a los disidentes refugiados de Madrid.

Si bien es cierto, que pese al gesto de Raúl Castro, García- Margallo impartió una conferencia sobre la transición española en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales que podría verse como acto de suma importancia al punto de minimizar el desaire  del general presidente de Cuba, cabe recordar la visita de Jimmy Carter a La Habana en mayo 2002, donde acudió, tras una de esas certeras maniobras de Fidel Castro, quien facilitó (organizó) la visita del ex presidente quien acudió a apoyar la solicitud encabezada por Oswaldo Payá de realizar un referéndum que con el aval de 11.010 firmas presentada ante la Asamblea Nacional. No sólo Carter pudo entrevistarse con los organizadores del referéndum, sino que, en una inusual prerrogativa jamás concedida a extranjero alguno, Fidel Castro autorizó a Carter a expresarse radio y TV y decir que cuando los cubanos ejerzan el derecho de referendo “para cambiar sus leyes mediante un voto directo, el mundo verá como son los cubanos y no los extranjeros, quienes deciden el futuro de su nación”.  Instó también a las autoridades del régimen a publicar en la prensa oficialista el “Proyecto Varela” , nombre que se le dio a la consulta pública propuesta por la disidencia y que perseguía el objetivo de la realización de elecciones libres en el país. No bien abandonó la isla Carter, Fidel Castro organizó su propio referendo que instituía el socialismo como eterno. Entretanto, Oswaldo Payá por haber violado los límites que imparte el régimen a las actividades de oposición, yace bajo tierra, víctima de un muy sospechoso accidente de tránsito. Carter no se apareció más por Cuba para exigir el cumplimiento del resultado logrado por Payá.

En cuanto a los acuerdos con la UE, imponiendo siempre sus normas, tras la reanudación de los diálogos, Cuba ha firmado acuerdos bilaterales con 15 de los 28 países que forman la Unión.

Y en cuanto a las relaciones con EE. UU, La Habana ha lanzado una ofensiva utilizando como elemento de presion a los cubanos residentes en ese país. A este efecto, se celebró un 2do. encuentro de cubanos residentes en Estados Unidos, quienes exigieron a Washington el fin del embargo, así como la liberación. El evento sesionó este fin de semana con la presencia del director para Asuntos Consulares y de Cubanos Residentes en el Exterior del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, Rafael Dausá Céspedes. Dausá calificó de “oportunidad histórica” regresar a Washington para participar en un evento en que “el amor a la patria ha estado por encima de cualquier consideración”. Destacó que se han celebrado más de 30 reuniones de emigrados en diferentes países de todos los continentes, y que en Europa se organizó incluso un encuentro continental.

“Ya no puede hablarse de un puñado de cubanos realizando acciones aisladas a favor de su país. Para orgullo de Cuba y sus emigrados, puedo decir que existen en la actualidad 148 organizaciones de cubanos residentes en 76 países”, enfatizó Dausá.

Y para demostrar que Cuba se las arregla de manera independiente y aplicando sus propias normas, veamos el ejemplo de Ernesto Guevara Marcha, hijo de Ernesto Che Guevara, abogado pero apasionado por las motos Harley-Davidson, acaba de abrir una compañía de viajes turísticos, La Poderosa Tours, que ofrecerá recorridos por Cuba en motocicletas Harley- Davidson. Inspirado en el viaje que realizó su padre en moto en el año 1952 por América del Sur, aprovechando la leyenda de ese viaje, la Poderosa Tours (Poderosa fue el nombre que le dio Ernesto Che Guevara a la moto en la que realizó su gira) ofrece dos paquetes turísticos de recorridos por la isla, incluyendo, los lugares relacionados con la leyenda del padre del empresario. Por supuesto, La Poderosa Tours opera dentro del grupo Gaviota, parte de GAESA, el complejo empresarial de las FAR que dirige el general de brigada Luis Alberto López-Callejas, esposo de Deborah Castro Espín, hija del general presidente Raúl Castro.

Vale la pena citar al analista cubano exiliado en Miami, Juan Antonio Blanco, en un esclarecedor artículo publicado en el portal Diario de Cuba, que expresa la actitud del régimen dentro del ámbito doméstico y que resume a cabalidad la actitud de la oligarquía cubana: “Lo que algunos pudieran haber esperado de Raúl Castro hace 8 años no es ya lo que puede fundamentarse más allá de la propaganda. Entonces tenía tres opciones. “Actualizar” el totalitarismo con los menores cambios posibles, transformarlo en un modelo de mercado con dictadura, o avanzar gradualmente hacia formas propias de la democracia. Escogió la primera. De ahí no se moverá hasta que la creciente crisis social que viene acumulándose presione a la dirigencia y quiebre la unidad en la cúpula, entre la elite de poder y su clase burocrática.

Solo si eso sucede y cuando ello ocurra —lo cual es lógico, pero no certeramente predecible— es que La Habana se dispondría a sopesar con seriedad sus opciones respecto a EEUU, la Unión Europea (UE) y algunos organismos financieros y de comercio multilaterales. En La Habana, por ahora, prefieren esperar que sean “los otros” los que cambien.

Mientras tanto, los hermanos Castro, así como sus cercanos y avejentados asociados, prefieren la comodidad de mantenerse alejados de cualquier socio o institución que pretenda fiscalizar su ejecutoria en materia de derechos humanos. Nada de ratificar los Pactos Internacionales que ya suscribieron en esa materia ni de solicitar el ingreso a la OEA. Incluso si ello presenta eventualmente riesgos a su seguridad nacional, prefieren fomentar su cooperación militar y de inteligencia con países como Rusia, China y Corea del Norte.

Es por ello que no hay que asombrarse de que, lejos de priorizar esa interlocución, prefieran dialogar con el enviado de la UE a nivel de viceministro de Relaciones Exteriores. O de que Raúl Castro se permita dejar plantado al ministro de Exteriores de España —tercer socio comercial de Cuba— para, menos de una semana después, recibir personalmente a uno de los cinco “consejeros” del Consejo de Estado de China.

En La Habana, por el momento, las consideraciones políticas siguen teniendo primacía sobre las económicas. Y en política, los octogenarios hermanos Castro solo tienen una prioridad: mantenerse en el poder”.

En términos geopolíticos, La Habana sigue jugando en el tablero mundial. Para la política de Putín, contraria a occidente, Cuba significa una puerta de entrada a occidente, pues es parte de Occidente, por lo que no necesita negociar con occidente, como también es una puerta de entrada suplementaria para la China en América. La reunión del alto funcionario cubano en Washington con representantes de los cubanos residentes en EE. UU, demuestra el espacio de influencia del que goza Cuba en el país más poderoso de occidente.

Colombia negocia con las FARC en Cuba.

Mientras se realiza la cumbre Iberoamericana en México, a la que no asistieron los países de la órbita castrista: Brasil, Argentina, Bolivia, Venezuela, Ecuador, Nicaragua. Raúl Castro se hizo rogar para que asistiera pero él estaba ocupado en La Habana realizando su propia cumbre con los países del Caribe.

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