Tiby y la provocación de los rojos – Trino Márquez

Trino Márquez

Tibisay Lucena, presidenta del CNE desde 2006, ha sido una pieza clave en el andamiaje electoral montado por el régimen rojo para darle un revestimiento legal al modelo hegemónico construido a lo largo de dieciséis años. Tibisay ha permitido todos los abusos de poder, peculados de uso, excesos e intimidaciones que Hugo Chávez y el PSUV cometieron, y que continuaron en una escala mayor con Nicolás Maduro. La máxima autoridad de un poder constitucional realmente independiente, jamás habría permitido que se cometiesen tantos desmanes contra la legalidad, los candidatos y partidos opositores y los votantes. La pérdida de legitimidad y prestigio del CNE está asociada a su deleznable comportamiento al frente de ese ese organismo colegiado.

El período de Lucena, inicialmente de siete años, expiró en abril de 2013. Cuando se habla de cambios en el CNE inmediatamente se piensa en la su salida y sustitución por una persona equilibrada, capaz de actuar como juez imparcial en la conducción del órgano que planifica, organiza y dirige la elección, mecanismo que legitima el sistema democrático, de las autoridades del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo..

La Presidenta del CNE, por lo visto, no piensa lo mismo. Se considera eterna e imprescindible. Decidió postularse de nuevo como rectora del órgano electoral. Esta postulación, junto a la de Sandra Oblitas, no es casual. Ambos personajes están demasiado atadas a la estructura de poder construida por el régimen, para adoptar una iniciativa como esa por cuenta propia. No conozco los detalles de los acuerdos, pero puedo suponer que la postulación de las dos rectoras en ejercicio forma parte de una estrategia concebida por los rojos para sembrar desconfianza, incertidumbre y desazón entre los electores de la oposición. Se busca desestimular la concurrencia a las elecciones legislativas de 2015.

Todos los números desfavorecen al Gobierno, a Maduro y al PSUV. A la consulta interna del PSUV del domingo 23 de noviembre no acudió nadie. Al Gobierno no le sirvió la hegemonía comunicacional ni siquiera para movilizar a sus electores, población que mantiene cautiva y chantajeada a través de distintos empadronamientos: las misiones, las UBCh, las Salas de Batalla Electoral, las pensiones. Con todo el control que poseen, apenas lograron movilizar menos de 8% de supuestos militantes del partido. La abstención fue la protagonista de esa cita.

El desplome del régimen no logran ocultarlo la propaganda abusiva, ni la continuas y latosas cadenas que ordena Maduro. La grave situación creada por la inflación, la escasez, el desabastecimiento y la devaluación acelerada del bolívar frente al dólar, desbordaron la capacidad de manipulación del Gobierno. Si la oposición se concentrara en las elecciones del año entrante, los pronósticos que auguran una derrota segura del oficialismo en las elecciones de la Asamblea Nacional, se cumplirían.  La nomenclatura oficialista está frente al dilema de realizar esos comicios o suspenderlos. Como esta segunda opción tendría un costo político muy levado en el plano internacional, seguramente optarán por avanzar hacia esas elecciones.

La pregunta crucial pasa a ser: ¿cómo avanzar? La respuesta me parece obvia: creando la mayor cantidad de sospechas y dudas acerca de la posibilidad de que la oposición, que cuenta con un sólido respaldo en los sondeos de opinión, triunfe en 2015 y obtenga la mayoría de los escaños que le corresponderían. Se impone, por lo tanto, desestimular la concurrencia a esas elecciones por parte de los simpatizantes de opositores. Hay que consolidar la imagen de que esos comicios estarán rodeados del abuso y la parcialización del árbitro electoral, como en los sufragios realizados después de 1999.

Tibisay Lucena calza perfectamente en ese esquema. Los rojos aspiran que la gente la imagine bajando una vez más la famosa escalera del CNE y anunciado los resultados de los comicios legislativos. Con esa imagen tenebrosa, que ahuyenta a muchos demócratas sugestionables, juega el Gobierno.

El antídoto ante ese proyecto que fomenta la desesperanza reside en prepararse para asistir a las elecciones legislativas con los mejores candidatos y programas y la más sólida estructura operativa. Contra ese fármaco no existe artificio que valga.

@trinomarquezc

La calle ciega de la satrapía – Fernando Egaña

 Fernando Luis Egaña

Una satrapía como la que impera en Venezuela, no debemos cansarnos de repetirlo, es un despotismo depredador y habilidoso para presentarse con disfraces de democracia y de redención social. Tan despótica es la satrapía que todos los derechos constitucionales –todos—están en condición suspensiva por las malas y las peores. Comenzando y terminando por los derechos humanos de cualquier generación, sean políticos, civiles, sociales, económicos, culturales o ambientales.

Tan depredadora es que ha sumido al país en una ruina espantosa en medio de la bonanza petrolera más caudalosa y longeva de la historia. Ruina que no incluye, desde luego, a gran parte de la nomenklatura, cuyos patrimonios ya podrían figurar en los listados de la plutocracia internacional. La realidad económico-social de la abrumadora mayoría de los venezolanos es trágica, mientras que la patrimonial de muchos de sus mandoneros es de tenor saudita o qatarí, para no hablar de la mafia rusa.

Y tan habilidosa es que muchos de sus “críticos” todavía le conceden el beneficio de la duda en cuanto a su carácter democrático, y ni hablar de sus aliados externos, algunos de procedencia cívica, que no cesan el alabar a la satrapía como un ejemplo de “revolución democrática”. Las fórmulas de “democracia iliberal” o “autoritarismo competitivo”, no alcanzan a significar la opresión autoritaria y el disimulo democrático de la hegemonía  roja.

Por eso estamos en una calle ciega, en lo que al futuro inmediato se refiere. La satrapía no va a cambiar, no va a abrirse, no va a despejar las salidas, por su propia y exclusiva voluntad. Al contrario. Desde que comenzó a montar la jaula institucional en la que tiene metida a la república, al estado, al poder y al conjunto de la nación, lo que ha hecho es reforzar los barrotes y los candados.

Eso sí, pendiente de las apariencias y de los decorados, pensando, por ejemplo, en la “buena voluntad” de los Centros Carter de este mundo, y también en los gobiernos regionales necesitados de petróleo o interesados en sacarle punta a las relaciones con la “revolución bolivarista”, bien por razones políticas o económicas. Y desde luego, tomando muy en cuenta a aquellos voceros de la oposición que se resignan –con o sin ganas—al criterio de “esto es lo que hay”…

Porque lo que hay, en verdad, es un aparataje de dominación que no tiene la más mínima disposición hacia un proceso de diálogo y transición política que respete y haga respetar el contenido democrático de la Constitución formalmente vigente, cuya violación sistemática o más bien aplastamiento vejatorio, es una de las características más notorias de la satrapía. Ésta se ha hartado de demostrarlo, pero aún persisten los que no se dan cuenta.

El que nos encontremos en una calle ciega, no quiere decir que no haya remedio al respecto. No podría ser así, porque la mega-crisis cada vez será más calamitosa y, si bien los países no necesariamente tocan fondo, hay umbrales que no suelen ser traspasados sin consecuencias de profundo alcance. Pasa, eso también, que la sólida mayoría de la población que está consciente de lo mal que van las cosas, necesita de una alternativa que encause la salida de la calle ciega.

Alternativa que debería ser democrática y cívica para que, en efecto, sea alternativa que encause hacia la reconstrucción general de Venezuela, y no un simple detonante de una crisis con mayores llamaradas de anarquía y de violencia. Todo esto, sin duda, se dice o escribe rápido, pero del dicho o el escrito a los hechos hay un camino arduo por recorrer. Y para hacerlo hace falta una beligerancia, una combatividad y un compromiso de mucha más intensidad. De mucha más. No se sabe si ello será así, pero si se sabe que de serlo, la satrapía podría ser superada, podría abrirse la calle ciega, podría reconstruirse la esperanza venezolana.

flegana@gmail.com

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La debacle diplomática – Luis DE LION

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Son tantos los escándalos de los cuadros de la « diplomacia » chavista, que es una perdida de tiempo otorgarles la necesaria presunción de inocencia. Son tan graves, como repetitivos.

El más reciente, la mentira del Ministro del Poder Popular para las Comunas y los Movimientos Sociales Elías Jaua, reconocido en parte y que ni sus más íntimos camaradas pueden llamar torpeza. Es una falta, lo suficientemente grave, lo cual llevaría a un político de honor a renunciar inmediatamente a su cargo.

Pero es que reconocer una ínfima parte de los hechos, en nada le otorga sentido político, el hecho que, el grueso de la explicación de Jaua se haya ido en ataques tan torpes como infantiles en dirección de la persona del gobernador de Miranda, Henrique Capriles.

Finalmente fueron los medios brasileños, los que revelaron el verdadero objetivo del viaje de Jaua al Brasil. La mentira, una más, de Jaua lo hace reincidente ante la opinión, pero sin más.

Como quiera que sea, se redunda en el mal y las consecuencias son dramáticas. Es lo propio del declive de una dirigencia y de unos cuadros políticos que nunca estuvieron a la altura de sus cargos. ¿Cómo? olvidar el escandaloso paso de Vladimir Villegas como embajador de Chávez en México. ¿Cómo? resarcir todo el daño hecho por la errante diplomacia petrolera de Rafael Ramírez. ¿Cómo? olvidar que el presidente de la actual junta que nos gobierna fue durante largos años Ministro de Exteriores de Chávez.

La República no saldrá indemne de ésta enésima gaffe diplomática. Luce interminable la larga pendiente por donde ruedan, las costumbres y las formas, de la política exterior del régimen castrochavista.

No quedarán intactos, ni los hombres, ni las instituciones. Ni la diplomacia, mucho menos la política.

En todos los casos, se ha observado que, el común denominador de los actores de la diplomacia en estos tiempos de dictadura es el odio simple y miserable hacia los demócratas venezolanos. La eliminación de estos luce como el plan central en el que convergen actitudes y la práctica de una diplomacia kamikaze. Los intereses y el destino del país pasan a un segundo plano.

Es una política exterior nauseabunda. Dentro de esa viciada diplomacia, Maduro, tiene en agenda un próximo viaje a Teherán, lo cual, no hace más que confirmar la debacle de nuestra política exterior.

La inconsecuencia de estos sultanes de la diplomacia castrochavista, ha hecho un daño que será casi que irreparable, para el momento en que se restablezcan el orden republicano y se reorienten los intereses de la nación.

luisdelion@gmail.com

@LDeLion

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Acción ejecutiva – Luis DE LION

IMG_2425 Luis DE LION

A partir de marzo 2015, todo indocumentado que viva en Estados Unidos desde hace cinco años y que haya tenido un hijo norteamericano, o sea titular de, un estatuto de residente permanente, podrá solicitar un permiso de trabajo de tres años. La promesa electoral de Obama, finalmente se hace realidad y permitirá la regularización provisional de unos 5 millones de indocumentados de un total de 11 millones que se encuentran en suelo norteamericano y que están bajo amenaza de expulsión.

El lirismo y la retórica que distinguen a Obama, fueron puestos de relieve la noche de éste jueves al hacer el tan esperado anuncio. Una acción, que no se veía desde 1986 cuando Ronald Reagan regularizó a millones de indocumentados.

Después de 1987 los intentos de regularizaciones masivas fracasaron. George W. Bush hizo varios intentos, en enero del 2001 logró un acuerdo con Vicente Fox sobre un plan que ayudaría a 3 millones de inmigrantes ilegales. Pero los atentados del 11 septiembre lo echaron todo a perder. En 2007, Bush le ofreció a los indocumentados el estatus de obrero invitado (guest worker). Pero los sindicatos y los conservadores de ambos partidos se opusieron.

El tema migratorio, con 50 millones de hispanos, lo convierten en un tema de los más apasionados durante las campañas electorales. Fue el caso de Obama en el 2008, pero luego en el poder y controlando la mayoría en ambas cámaras, no lanzó su prometida reforma migratoria.

Todo el mundo está de acuerdo en que EE.UU. es un país de inmigración, y la dinámica que estos aportan, en lo social y en lo económico, es lo más valioso del espíritu americano. Pero sigue siendo difícil consolidar la aprobación social y política para la necesaria nueva política migratoria.

Desde la ley de inmigración de cuota por nacionalidad, el Acta de 1965, hasta el llamamiento de “Who are we? de Samuel Hungtinton, muestran que EE.UU. se fue cerrando y su discriminación a las etnias africanas y asiáticas, se ha extendido a los hispanos.

Estados Unidos se considera como un país principalmente de europeos blancos. Es evidente que a pesar de que la libertad, igualdad y democracia han sido sus fundamentos, es difícil superar el predominio de los blancos.

“Somos y siempre seremos una nación de inmigrantes” dijo Obama quien debe afrontar ahora a sus adversarios Republicanos y la queja de la asociación Dream Action Coalition, que defiende a los migrantes y que considera que el presidente pudo hacer más por los indocumentados.

Millones de hispanos sobreviven con ingresos por debajo de la línea de pobreza. Muchos son mal renumerados, con miedo a ser deportados y sólo pueden vivir en la oscuridad. Hoy Obama, al cumplir su promesa electoral, los salva del estatus ilegal.

La acción ejecutiva de Obama contrasta con la inacción del régimen de Caracas, que empuja cada día, más venezolanos, a emigrar hacia los Estados Unidos.

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Plata, pueblo y plomo – Fernando Egaña

 Fernando Luis Egaña

Uno imagina a un envejecido Fidel Castro diciéndole a su delegado venezolano: Nicolás, no hay otra… con menos plata y más rechazo lo que queda es plomo… Y la imaginación adquiere sustancia porque eso es lo que está pasando en Venezuela. La plata ha sido y es depredada. El pueblo se está identificando más en contra del desastre. Y lo que queda, entonces, es plomo; vale decir, intimidación, amenaza, represión, poder de fuego. Preservación del poder por las peores de las peores. No hay otra, se dirá el delegado, recordando al jefe colonial.

De que la plata ha sido y es depredada, no hay duda. Desde el oficialismo se reconoce cuando se denuncia, por ejemplo, una estafa cambiaria de 25 millardos de dólares en un solo año fiscal. Cómo estará el tema de la economía, que estamos importando petróleo. Nada más ello debería bastar para calibrar la profundidad y extensión del desastre. Y con precios internacionales hacia la baja –aunque todavía altos, no es posible mantener la ilusión de bienestar que, otrora, se logró acuerpar en densos sectores populares.

Por eso, entre otras razones, es que ahora lo denso es el rechazo a la desgobernanza de Maduro. Legado del predecesor, aunque sea al sucesor a quien se le estén cobrando las facturas. Un régimen autoritario con apoyo popular, incluso amplio –lo cual puede ser más común de lo que los demócratas estamos dispuestos a admitir, tiene menos necesidad de apretar las tuercas autoritarias. No las afloja nunca, pero no se siente forzado a seguir estrechándolas, así nomás. Esta no es, evidentemente, la situación de la hegemonía roja, en particular cuando las encuestas solventes evidencian que el 80% de la población considera que el país está bastante mal y que va para peor.

¿Y entonces? Se preguntarán los integrantes del llamado “alto mando político-militar de la revolución”. Pues entonces, se contestará, si no podemos dar plata, daremos plomo. Plomo, en un sentido cada vez menos figurado, es la represión económica en los distintos niveles en que se perpetra. Plomo, también es la persecución política que se viene haciendo más agresiva. Plomo, no se confunda nadie, es la hegemonía comunicacional de la censura y la autocensura, a veces bien macerada en negocios fiscales. Y plomo es la esencia de los colectivos armados, que para eso fueron promovidos por la hegemonía: para “defenderla” con plomo, a costa de lo que fuere.

Y si bien es cierto, que todas estas modalidades de represión, y otras, han caracterizado el proceder de la hegemonía roja, con variable intensidad, desde hace mucho tiempo, también lo es que en el presente se arrecia en las distintas represiones, en las distintas expresiones del plomo, incluyendo el plomo de la violencia criminal de las bandas para-policiales y para-militares, los referidos colectivos armados.

¿Qué se pensará al respecto en las Fuerzas Armadas? Al decir del apuro y hasta del atropellamiento en recientes cambios militares, tanto de la estructura formal castrense como de posiciones burocráticas en la administración pública, se debe estar pensando con preocupación. Acaso con alarma. Porque la represión tiende a ser un departamento del poder militar. Y en cuánto al plomo propiamente dicho, las FAN en todas partes del mundo, prefieren mantenerlo bajo su resguardo, y no regado colectivamente.

Con mucha menos plata y con mucho menos pueblo, no hay otra que mucha más represión.  Así funcionan los despotismos con obsesión de continuismo. Y no se necesita la malévola experiencia de Fidel Castro para saberlo.

flegana@gmail.com

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Gobierno atolondrado – Trino Márquez

Trino Márquez

La caída perpendicular de los precios del crudo en los mercados internacionales, ha tenido el efecto de un golpe mortífero en la barbilla del confundido e ignorante gobierno rojo.

No hay nadie en el gabinete que le haga entender a Nicolás Maduro que el retroceso del barril no se debe solo, ni fundamentalmente, a razones coyunturales que pueden superarse con una reunión de urgencia de la OPEP para acordar medidas que defiendan los precios. Los factores que impulsan el retroceso se encuentran en el fondo. El raquítico gobierno de Maduro en el plano internacional es poco o nada lo que puede hacer para modificar este cuadro tan adverso. La OPEP a duras penas controla un tercio del mercado petrolero mundial. Los países que integran el cartel están profundamente divididos. Entre Arabia Saudita e Irán  existe una rivalidad religiosa y política que no cesa. El trasfondo de esta lucha sin cuartel es la confrontación milenaria entre sunitas y chiitas por el dominio del Medio Oriente y las zonas aledañas. En este momento uno de los escenarios de esa contienda es Siria. Irán apoya económica y políticamente al régimen de Bashar al-Asad; Arabia, lo adversa. Hay que debilitar el músculo financiero de los ayatolas para que la ayuda disminuya. También hay que impedir que el Estado Islámico (EI), el grupo terrorista más peligroso y agresivo del planeta, se fortalezca con la venta de combustible extraído de los pozos de los cuales se ha apropiado en Irak y Siria.

Buena parte del poderío de Vladimir Putin  y su afán de reconstruir la Unión Soviética, hasta donde ese objetivo sea alcanzable, se basa en la enorme capacidad petrolera de Rusia. Los precios por encima de $100 el barril fortalecen al nuevo zar. Hay que golpearlo por donde le duele: el bolsillo. El crudo debe bajar para que al mismo ritmo disminuyan las pretensiones del déspota oriental. Los Estados Unidos, por razones estratégicas y geopolíticas, prefieren subsidiar la explotación del petróleo extraído de  esquistos bituminosos y ensayar con el fracking, aunque sea muy costoso producir crudo, antes que alimentar con elevados precios el ego insaciable del exagente de la KGB.

Al nuevo cuadro geopolítico mundial se agrega el hecho de que economías emergentes como las de China, India y Brasil no están creciendo a los ritmos esperados, y Europa se mantiene dentro de márgenes modestos.  La demanda de hidrocarburos no aumentará de forma espectacular, sino que se mantendrá en niveles moderados.

Los precios del crudo no escalarán hasta las nubes, salvo que suceda algún episodio impredecible, aunque improbable, pues al parecer los Estados Unidos decidieron aliarse con los factores de poder mundial para detener el auge de fuerzas y líderes que conspiran contra la democracia y la paz mundial, sentados sobre millones de barriles de petróleo.

En esta atmósfera tan cargada Maduro no sabe cuál atajo tomar. Su gobierno en petro y dólaradicto. Como acabó con todas las fuentes generadoras de divisas distintas al crudo, reza para que un milagro ocurra. Pero, los países serios se han venido preparando para impedir sobresaltos o giros inesperados que les den un inmenso e inmerecido poder a líderes carismáticos inescrupulosos o a grupos extremistas que amasan gigantescas fortunas afincadas en el negocio petrolero. Los casos de Putin, el EI y, mucho menos relevante, de Hugo Chávez y su revolución bolivariana, les han enseñado a estar alertas y establecer acuerdos duraderos para evitar desagradables sorpresas.

Maduro, en vista del nuevo panorama, debería dar un giro de 180 grados sobre su propio eje. Tendría que sacudirse a Diosdado Cabello y a la ultraizquierda, y convocar a los empresarios, a los sindicatos, a la oposición, a los gobernadores y alcaldes, a las academias y universidades, es decir, al país, para que lo ayuden a salir del aprieto en que se metió y metió a la nación.  Refugiado en el sectarismo y la prepotencia roja seguirá hundiendo a Venezuela en el abismo.

Le queda el camino de la represión, las amenazas y la alianza con el sector militar más corrompido y autoritario. Esta ruta, se ha demostrado, además de tortuosa termina por desembocar en un precipicio. Pérez Jiménez la transitó en 1958.

@trinomarquezc

Colombia pendiente de la suerte del General Alzate – Eduardo Mackenzie

   Eduardo Mackenzie

La situación política creada por las Farc al secuestrar al general Rubén Alzate Mora en un pueblito cerca de Quibdó puede cambiar de un momento a otro.  La coyuntura es volátil para los protagonistas de ese drama y para los observadores.  Si el alto militar secuestrado, comandante de la Fuerza de Tarea Conjunta Titán, con jurisdicción en el departamento de Chocó, es dejado en libertad, el presidente Juan Manuel Santos ordenará sin duda la reanudación de las conversaciones en La Habana.  Santos podría ir más lejos y conceder lo que le pide alias Catatumbo: premiar a “la revolución” con un cese al fuego bilateral que deje en libertad de acción –y de depredación– en todo el territorio a los enemigos del Estado.

Si hace eso, Santos habrá cometido el peor error de su vida. Perderá la cara no solo ante Colombia sino ante el mundo entero. Nadie podrá defenderlo de la acusación de que es un presidente que conspira con el bloque castro-chavista para destruir no sólo el legado de ocho años de gobierno del presidente Álvaro Uribe (2002-2010), sino el mismo sistema democrático en Colombia.

¿Qué pasará, en cambio, si el general Alzate es rescatado por las Fuerzas Armadas? ¿Seguirán las negociaciones de Cuba como si nada hubiera ocurrido? Difícilmente. ¿Qué sucederá si –Dios no lo quiera–, el general es asesinado por sus secuestradores, o perece en cautiverio? La estrategia dialoguista de Santos perdería lo último que le queda de sentido y esa muerte absurda, cuyo único responsable sería la organización que dirige Timochenko, incendiaría aún más al país.

En ese panorama inestable, lo único claro es que los colombianos estamos, de nuevo, ante una encrucijada plena de interrogantes y de pocas respuestas. Es decir, ante una situación típica del método santista: sabemos y no sabemos nada. Sabemos y no sabemos qué está ocurriendo en el campo político. Conocemos una parte ínfima de lo que se está jugando tras bambalinas, con actores subversivos y hasta con agentes extranjeros que no buscan sino imponer sus condiciones.  Y, aunque ese es el nivel de incertidumbre,  se nos pide al mismo tiempo que asumamos una posición, y que le demos “respaldo político” al Gobierno, y que todos, sobre todo los periodistas, seamos “prudentes en las informaciones”. Como si un aumento de la autocensura de los medios, ya grande en materia de orden público, pudiera ayudar a los colombianos a comprender lo que ocurre. El resultado de esa línea es, una vez más, que los únicos que tienen la palabra son las Farc y el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Con gran cinismo, éste gesticula que está contra la suspensión del diálogo en La Habana y que “a Venezuela le duele esta guerra de 60 años [en Colombia]” aunque él la alimenta todos los días.

Después de echarle la culpa al presidente Uribe del secuestro del Alzate, las Farc insisten en disfrazarse de palomas al decir que ese rapto no es más que una “retención” que les cayó del cielo pues ellas no habían planeado hacer eso.

Por eso tiene razón el ex ministro y periodista Fernando Londoño Hoyos cuando se niega a jugar al avestruz.  Al invitar al país a ser vigilante sobre este asunto, Londoño cumple con su deber de patriota. En su editorial de ayer dijo: “Nada es lógico ni verosímil en la historia que nos han contado sobre el secuestro del General Alzate”. En consecuencia,  formuló cinco preguntas: 1. ¿Qué se está tramando contra el porvenir de Colombia? 2. ¿Juan Manuel Santos está montando un nuevo golpe de opinión con el secuestro del General Alzate? 3. ¿Quién le ordenó al General Alzate viajar por esa zona de Quibdó desarmado, vestido de civil y sin protección? 4. ¿Qué les va a dar Santos a las Farc para que devuelvan con vida al General Alzate? 5. ¿Les concederá el cese bilateral al fuego para que las Fuerzas Militares y de Policía queden paralizadas en todo el país?

Son interrogantes ineludibles. El presidente Uribe, por su parte, denunció la grave torpeza de la línea de Santos: “Han hecho creer que el Gobierno tiene controlado el terrorismo. Mienten: el terrorismo vuelve a controlar muchos territorios de Colombia”, dijo al diario madrileño El Mundo.  Y agregó: “Han convencido al mundo de que debemos elegir entre guerra y diálogo. Santos traicionó su promesa de seguir nuestra política. De haberlo hecho, los jefes terroristas hoy estarían también en Cuba y Venezuela, pero no tendrían estructura para el crimen en Colombia. Pero el Gobierno Santos renunció a que este país estuviera hoy en paz”.

En efecto, Colombia no está en paz ni va hacia la paz. Jamás las Farc habían podido secuestrar a un General de la República. Si lo han hecho ahora es porque el proceso de diálogo que ellas exigían los ha fortalecido de manera inaudita. Así va  Colombia pocos días después de que Juan Manuel Santos dijera en Europa que el “proceso de paz” iba muy bien pues las Farc estaban trabajando con mucha “seriedad” en eso.

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