La democracia de opinión – Luis DE LION

IMG_2425 Luis DE LION

La muerte de la democracia representativa, a manos de una estafa llamada democracia participativa, permitió que se impusiera la democracia de opinión cual asunción colectiva. Del lado opositor las Primarias del 12 de febrero de 2012 son un claro ejemplo.

Se privilegiaron sentimientos, pasiones, frustraciones, miedos, rencores en detrimento de la racionalidad, del conocimiento, de la coherencia. Se simplificaron los problemas.

La MUD, emotiva y vulnerable, se construyó sobre el artificio de la democracia de opinión. Una inestabilidad visible cuando un día la oposición alcanza casi 7 millones de votos y al día siguiente se retrae, desaparece y no queda ni la sombra de ella misma.

En el pasado reciente fue la televisión, luego la prensa escrita y ahora Twitter, alimentando tendencias que carburan con el culto del breaking news, en fin, de lo puramente emocional. Pero lo más narcotizante, y que goza aún de cierta libertad, son los sondeos. Estupidizantes encuestas, suerte de burrundanga del fatalismo de la democracia de opinión.

La más reciente estadística divulgada cual edicto religioso, sugiere que Nicolás Maduro, es supremamente impopular. Me pregunto, cuándo fue Maduro popular que no me enteré.

Pero presunción de buena fe mediante, sin pensar que estamos ante una nueva publicidad electoralista, la crisis es evidente, es inocultable y lo peor, es asfixiante. ¿Entonces, por qué ningún grupo, ni persona, está capitalizando ese enorme descontento?

Solo escuchamos y leemos, de éste lado, anuncios vacíos y repetitivos, que alimentan fantasmas recurrentes de la democracia de opinión. Un régimen impopular es derrotable electoralmente, por solo citar, uno de tantos espectros.

¿Estamos ante una nueva ocasión perdida?

La crisis de retórica política opositora es terminal. La reciente desmovilización de la ciudadanía fue un acto políticamente culposo.

Hoy sigue siendo recurrente esa alergia al debate e intercambio de ideas. La democracia de opinión venezolana, es como Facebook, solo puedes decir que “te gusta” de lo contrario no existes.

Pero la verdadera ruptura, radica allí, en la revisión, en la asimilación política de los hechos, por demás contundentes. Lo peor es que no hemos llegado al límite del martirio que el castrochavismo nos tiene prometido.

No creo que baste solo con borrón y caras nuevas como sugería ésta semana un enredado editorial. Se debe abandonar ese proyecto electoralista e impreciso, de tonos petropopulistas, que presenta a la oposición políticamente sumisa. Se impone, una reacción, un sobresalto táctico. No se puede seguir confundiendo optimismo con onirismo. Ni se debe permitir que el mismo daño que en el pasado reciente hizo la antipolítica, ahora se repita con la democracia de opinión.

luisdelion@gmail.com

@LDeLion

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