Escocia, el triunfo de la razón – Luis DE LION

IMG_2425 Luis DE LION

El referéndum sobre la independencia de Escocia, tuvo casi 90% de participación. Finalmente el No ganó por 8 puntos de ventaja sobre el Yes.

Quedó claro que la razón le ganó a la pasión.

A grandes rasgos, el proyecto de independencia escocesa tenía muchas lagunas como para ser creíble.

No obstante la cartografía del voto, nos enseña que por ejemplo en Glasgow, la principal ciudad de Escocia ganó el Yes (53%). Pero en la capital Edimburgo, ganó el No (61%) y en Aberdeen, capital petrolera también triunfó el No (59%).

Entre las principales razones del No, las económicas. Sin duda, lo económico predominó en la decisión de los escoceses. Un país rico, que ante un eventual aislamiento, tuvo miedo de perder su prosperidad.

El petróleo del mar del Norte, no hubiese sido suficiente para proteger a una economía incapaz de subsistir a una imprevista tormenta financiera. El sistema bancario escocés es sumamente vulnerable. Igualmente nebuloso era el horizonte monetario en caso de independencia, para un país que se colocaba una suerte de camisa de fuerza presupuestaria.

En lo político muy hábilmente, por muy paradójico que suene, se le dijo No a la independencia y a los delirios euroescépticos de, David Cameron, cuyo partido no es mayoritario en Escocia. Al tiempo que, los independentistas también apostaron por un ferviente europeísmo, con el mismo objetivo, combatir a Cameron. Pero Europa, era una más de las lagunas del proyecto político de los independentistas. Ser europeos, pero aislados del Reino Unido. Algo a lo que Bruselas había dicho, por adelantado, que no aceptaría.

A pesar de ello, el referéndum escocés, puso a muchos dirigentes europeos a sudar frío. Una victoria de los independentistas hubiese sido una catástrofe para la Unión Europea.

En lo social, si apartamos el petróleo, Escocia es subvencionada por Londres. El gasto público supera el de Inglaterra y el déficit escocés representa casi 13% del PIB. Aunque gracias a la renta petrolera el déficit se reduce a 8% del PIB, según expertos, sería insuficiente para financiar el Estado providencial que los independentistas soñaban.

En la Venezuela de 1998, el proyecto del castrochavismo, tenía inmensas lagunas, sin embargo el electorado prefirió la pasión antes que la razón. A pesar de la inmensa riqueza petrolera, a la luz de la destrucción que hoy azota a Venezuela, el sueño irracional de la revolución chavista, terminó en pesadilla.

Escocia prefirió la razón y a cambio obtuvo poderes suplementarios para su Parlamento en materia de fiscalidad y de protección social. Todo ello, dejando la puerta abierta a una amplia reforma constitucional en el Reino Unido.

En fin, construir sin destruir.

luisdelion@gmail.com

@LDeLion

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