Lecciones cubanas – Trino Márquez

Trino Márquez

Maduro está cercado por problemas ante los cuales no posee ni la más remota idea de cómo resolverlos. Lo único que sabe es que debe mantenerse bajo la tutela de los militares, los cubanos y los chinos para seguir sobreviviendo. Esos grupos son los propietarios de su póliza de seguro.

La duda y la parálisis son características esenciales de  su precaria gestión. El heredero promueve la renuncia de su Gabinete, acto protocolar al que los gobiernos acuden  para introducir algún giro importante en su política interna, cuando ya han establecido cuáles son los cambios y quiénes las personas que los conducirán. En su caso, pasan los días sin que el país se entere cuáles son esas reformas y quiénes los agentes que las promoverán. Así de superfluo e intrascendente es este gobiernito. Da exactamente lo mismo que los ministros estén en sus despachos a que no estén. Todo el mundo sabe, incluidos los rojos, que la sede del Poder no se encuentra en Miraflores, sino en Fuerte Tiuna, La Habana y Bejín.

El “zar” de la economía, Rafael Ramírez, anuncia que el Gobierno avanzará hacia un cambio único y que aumentará el precio de la gasolina y de algunos servicios, con el fin de equilibrar las cuentas públicas. En el debate interno lo derrota, no algún ministro de la economía, sino el canciller Elías Jaua, representante de la izquierda dura, radical, y candidato perdedor en las pasadas elecciones de gobernador en el estado Miranda. El cambio único quedó sepultado; y los incrementos, postergados. Las empresas de la CVG se convirtieron en  un despojo. Algunas de ellas saldrían más baratas regalarlas que continuar manteniéndolas, pero el PSUV se niega a soltar esas agencias de empleo donde  abundan el clientelismo y los negocios turbios a expensas del Tesoro Nacional. El país que se arruine, lo importante son las finanzas de los dirigentes oficialistas. La inflación, la escasez y el desabastecimiento  mantienen cercados a los venezolanos. Maduro lo único que atina decir es que el sector privado no quiere producir de acuerdo con la demanda porque los empresarios son apátridas. Los médicos y enfermeras de los hospitales públicos y las clínicas privadas proponen declarar la emergencia sanitaria. Se busca que el Ejecutivo se concentre en atender la grave situación del sector. El Gobierno responde que tal crisis es un invento de la oposición.

Las dificultades se encuentran en todos los campos. Sin embargo, constituye un error garrafal creer que debido a esos aprietos el Gobierno se ha debilitado y que estamos en presencia de una camarilla frágil, que -producto de su extravío y miopía- languidecerá progresivamente hasta extinguirse.

Los cubanos son expertos en gobernar en condiciones de extremas dificultades. Después del colapso y disolución de la Unión Soviética, cuando Rusia cortó abruptamente el subsidio a la tiranía de los Castro, la isla antillana entro en el “período especial”, eufemismo utilizado para maquillar el fracaso de treinta años de transferencias de recursos financieros y tecnológicos desde la URSS hacia Cuba. Durante cinco años el pueblo cubano padeció las limitaciones más severas. El hambre y la escasez, ya existentes, se agudizaron en  toda la isla. Los únicos que siguieron viviendo con el lujo de siempre fueron los miembros de la nomenclatura: la jefatura del Partido Comunista Cubano. Durante esos años aciagos, el régimen organizado  por los Castro no retrocedió, ni se debilitó un ápice. La rígida estructura del PCC se mantuvo incólume. Mientras el socialismo de todos los países de Europa del Este se derrumbaba, el comunismo cubano no varió. Los Castro demostraron ser despiadados, refractarios a los cambios, y más conservadores que una dinastía monárquica. Dos hechos resultan claves para comprender el anquilosamiento: el monolitismo del Ejército, cohesionado en torno a Fidel y a Raúl, y la ausencia casi total de una oposición política y social capaz de capitalizar el descontento del pueblo y ofrecerle una alternativa de cambio a la mayoría de los cubanos.

Después del “período especial” apareció la figura providencial de Hugo Chávez, quien sustituyó, y con creces,  a los soviéticos. Fue mucho más magnánimo. Lo único que pidió el comandante es que los veteranos dictadores lo asesoraran para mantenerse en el poder indefinidamente. Los magos de la sobrevivencia aceptaron con gusto la petición.

En Venezuela puede ocurrir lo mismo que en Cuba. Una oposición dividida, narcisa y despistada, jamás estará en condiciones de desalojar del poder a la casta roja, por graves que sean los problemas del país.

@trinomarquezc

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