Adiós a un gran venezolano – Antonio Sánchez García

  Antonio Sánchez García

Ramón José Velásquez, in memoriam

  Conservo como un preciado tesoro un ejemplar de la segunda edición, la de 1954, del libro del general Antonio Paredes titulado Cómo llegó Cipriano Castro al Poder, prologado con un enjundioso ensayo por Ramón José Velásquez, escrito en abril de ese mismo año bajo el título de Antonio Paredes y su tiempo. Pude haber escogido otros libros suyos para que me lo dedicara, más famosos y de mayor repercusión en la historiografía venezolana. Pero desde que conociera la trágica vida del caudillo valenciano Antonio Paredes, que marcara junto a su antagonista Cipriano Castro, “las dos voluntades más fuertes, más trágicamente desasosegadas de la Venezuela de comienzos de siglo” como diría Picón Salas en su gran obra Los días de Cipriano Castro, he sentido no poca admiración por su figura del perdedor venezolano, el clásico mártir sacrificado en manos del tirano, de que nos habla el drama barroco alemán. Toda vez que ese tirano, Cipriano Castro, anticipa con su delirante verborrea, su desenfado casi simiesco, como lo caricaturizara el sarcasmo gráfico europeo, y la falta de todo respeto por la institucionalidad magisterial al Cipriano Castro de nuestros días, el funambulesco teniente coronel Hugo Chávez.

Nos reunimos en su por entonces restorán habitual, en las cercanías de la Plaza Francia, ya desaparecido, a intercambiar ideas y pareceres sobre la tragedia nacional y al darle el libro referido escribió con su letra grande y espaciosa: “Para Antonio Sánchez, guerrero y pensador de original concepción de los problemas hispanoamericanos y luchador de ímpetu juvenil para urgencia de la democracia. Su amigo, Ramón J. Velásquez. 9 de febrero de 2006.” Un sorprendente azar, pues exactamente un siglo antes, en 1906, había sido escrita por Paredes a un año de ser asesinado bajo órdenes directas de Cipriano Castro frente al apostadero de Barrancas, a bordo del vapor Socorro, de la Armada Nacional, la madrugada del 15/16 de febrero de 1907, para ser editada en Berlín por Héctor Luis Paredes, en 1909.

No estaba abatido ni pesimista. Mostraba su temple sereno, mesurado y apacible, de hombre habituado a adentrarse en nuestras turbulencias y desgajar causas y razones buscando las entrañas de las contrariedades para atinar con la respuesta histórica adecuada. Pues unía en su figura tanto al pensador como al político, al historiador como al hombre de Estado. Una rara figura en un país a hechura de hombres de acción, de guerreros, de polemistas, incluso de buscapleitos y camorreros, como el propio Castro y su lejano epígono, a quien por aquellos días nadie podía presagiarle un destino tan infame como el que le esperaba en la isla del Dr. Castro. El otro Castro, el tirano caribeño.

Pocos meses después, a iniciativa de Alberto Quirós Corradi, que coordinaba y aún coordina la llamada Mesa de Reflexión Democrática, el foro de encuentro y pensamiento en que derivara la Comisión Asesora de la Coordinadora Democrática, un grupo de venezolanos le brindamos un almuerzo en homenaje al cumplimiento de sus noventa años. Lo recibió emocionado uno de los miembros más activos y lúcidos de la Mesa de Reflexión, un hombre seis años menor que él, que lo conociera en plena juventud, recién llegado a Caracas, y con quien compartiera desde entonces la andadura democrática de la República: Pompeyo Márquez. Y lo acompañaba uno de sus más entrañables amigos, Eduardo Mendoza Goiticoa, un año menor y su inseparable compañero de luchas y destino. Por cierto: abuelo de Leopoldo López, su digno descendiente.

Han transcurrido ocho años desde entonces. Volvimos a vernos en un pequeño encuentro en la redacción de El Nacional, el periódico de su gran amigo Miguel Otero Silva que dirigiera en dos ricas y fructíferas temporadas, junto a Miguel Henrique Otero y Simón Alberto Consalvi. Para volver a vernos por azar Pompeyo y yo, con él, en un encuentro casual. Este 24 de junio, en fecha la más memorable de las batallas venezolanas por la Libertad, a pocos meses de cumplir los 98 años de edad, se nos ha ido para siempre. Y con él una de las más ricas memorias históricas de la Nación. Un hombre que, a su pesar, debió sortear con el timón de la República en sus manos uno de los períodos más difíciles de nuestra triste y desventurada historia. En mal momento: como Simón Alberto, su amigo y compañero, debió haber cumplido las más altas dignidades cuando sus aportes, como el de Pompeyo y el de Eduardo Mendoza, hubieran enriquecido el caudal institucional y democrático de la Patria. Evitándole desbarrancarse por la ominosa pendiente de la turbulencia, los odios y las miserias que hoy la consumen.

Se nos va sin haber vivido la concordia y la restauración de la Libertad plena que tanto añoraba, él, que conocía y sufría a Venezuela como nadie. Su imborrable recuerdo nos conmina a perseverar en la lucha por la democracia, para ser fiel al “guerrero y pensador” que viera en nosotros. Que descanse en Paz. Nada más merecido.

@sangarccs

Giordani: La rebelión de Trucutu – Trino Márquez

Trino Márquez

La famosa carta del profesor Jorge Giordani –por cierto, muy mal escrita, desconcertante en un docente con tanta experiencia- constituye un monumento al pensamiento marxista más dogmático y reduccionista. Recrea en miniatura los farragosos manuales de Economía Política elaborados por  la Academia de Ciencias de la antigua URSS, en los que se exaltaban las supuestas virtudes de los planes estratégicos quinquenales y de toda la demás fanfarria estalinista, que intentaba demostrar la superioridad de la “mano visible” de la planificación socialista sobre el supuesto caos de la “mano invisible” del mercado capitalista.

Además del abominable culto a la personalidad de Chávez, se regodea con un conjunto de consideraciones orientadas a subrayar las bondades del socialismo “bien aplicado”; esto es, del que él proyectó en los distintos documentos que elaboró y entregó a Chávez o a Maduro. Si se hubiesen hecho las cosas como él las pensó, todo marcharía sobre rieles.  El proyecto iba de lo mejor mientras Chávez vivió. El poder del Estado se encontraba centralizado en la figura del Comandante. A su designio y voluntad estaban sometidos el BCV, PDVSA, CADIVI y todos los demás organismos del sector público. Al profesor solo le faltó alabar al “gendarme necesario”, al cual se refería Vallenilla Lanz.

Los problemas surgieron cuando el Comandante falleció. Se desataron las fuerzas centrífugas que propiciaron la independencia del Banco Central y de la empresa petrolera; entraron en escena los demonios de la corrupción. La debilidad de Maduro ha impedido mantener la cohesión monolítica del Estado (autocrático). La fragilidad del heredero es tan severa que ni siquiera se atrevió a designarlo jefe de CADIVI, nombramiento que habría unificado Planificación, Finanzas y administración de divisas, y habría acabado con el saqueo descarado de dólares. Según su visión, la  corrupción se combate con  controles férreos y hombres honestos, no con procedimientos expeditos y transparentes.

En las líneas escritas por “El Monje” no se encuentra un solo comentario autocrítico sobre el desastre que ha significado para el país la política de expropiación, confiscación y embargo de empresas industriales, agrícolas, agroindustriales y comerciales, que en el pasado pagaban impuestos y creaban empleos, y ahora solo producen pérdidas. Esta calamidad la deja como herencia. Tampoco se consigue un señalamiento que cuestione el Estado y la economía  comunal, delirios de ingeniería social aupados por él en los que tanto ha invertido el gobierno rojo desde 2006.

Lo que le preocupa de PDVSA no es que haya sido asaltada y destruida por los vándalos que la invadieron, sino que se ha autonomizado del gobierno central y opera como un ente independiente. Por qué la empresa estatal dejó de ser una de las más importantes del mundo, y su administración y gerencia eran modelo en el planeta, quedan como puntos relegados. Lo que le interesa dirimir y ventilar públicamente es su rivalidad con Rafael Ramírez, zar de la industria petrolera y evidente rival del defenestrado exministro. Desde luego que el tema de la meritocracia, la productividad y la eficiencia, le produce escozor a todo marxista inflexible.

La fórmula que sugiere para resolver los problemas económicos y políticos es sencilla: mantener el camino hacia el socialismo, cuya transición él trazó, preservar la unidad cívico-militar (es decir, seguir politizando y subordinando la FAN a las órdenes del PSUV), continuar con los controles de todo tipo (de cambio, de precios, de tasas de interés), avanzar hacia la socialización de todos los medios de producción de manera que la iniciativa privada quede relegada a una franja marginal e insignificante. Se trata, entonces, de conservar el legado principal del presidente Chávez: el socialismo del siglo XXI, causa de todos los males que padecemos los venezolanos. Giordani, ahorrando palabras, podríamos decir que a un paciente con diabetes le sugeriría que para mejorarse consuma abundante azúcar.

Aparte de sus justificadas denuncias sobre la corrupción, el despilfarro, la “asesoría francesa” y la criticas a Maduro, las observaciones de Jorge Giordani al modelo vigente, lamentablemente, no fueron formuladas desde el plano de la modernidad, de los cambios renovadores que apuntan hacia el porvenir, sino desde el ángulo de la ortodoxia marxista más cerril y autoritaria. No por casualidad en el CENDES lo llamaran “El Albanés”, pues Albania se mantuvo apegada a la ortodoxia marxista varios años después del colapso de la URSS y del derrumbe del socialismo en Europa del Este. ¿Con cuánto apoyo cuenta dentro de PSUV? Lo veremos en las próximas semanas.

@trinomarquezc

El presidente Velásquez – Fernando Egaña

 Fernando Luis Egaña

Ramón J. Velásquez fue un venezolano a quien la palabra sabio no le que quedaba grande. Y en un sentido clásico de la expresión, o el deseo de comprender, de conocer, de abarcar, de saber. Era un profundo conocedor en muchas materias y en destacadas actividades.

Ante todo un gran historiador. Un formador de historiadores y un entusiasta de la memoria histórica. Su obra personal como estudioso de la historia y como compilador de la historia es una de las más importantes de nuestro siglo XX, acaso la más relevante en el campo de la historiografía venezolana. En ese sentido, bastarían las colecciones de Pensamiento Político venezolano y la labor en el Archivo Histórico de Miraflores para dar una idea de su notable aporte, amén de sus numerosos títulos, “La caída del liberalismo amarillo”, de primero entre ellos.

También era un periodista muy completo. Desde ser reportero de calle en Últimas Noticias a director de El Nacional. Y un periodista muy riguroso, a la vez que respetuoso del trabajo de los demás. De pluma madura y también filosa, de ser necesario. Su oficio periodístico le preservaba el interés por estar al día con la última noticia, con el hecho en desarrollo, con el titular de mañana.

Y desde luego que Ramón J. Velásquez fue un pedagogo, no quizá en la acepción puramente académica, pero sí en el orden de la vida ciudadana, de la convivencia democrática, del cumplimiento responsable de los deberes, de la pasión por la idea de Venezuela, por el gentilicio venezolano, y por su patria chica, el Táchira, a quien quiso, atendió y promovió en todas su larga y laboriosa trayectoria de hombre público.

Porque eso: hombre público, venezolano dedicado a la vida pública, al dominio de lo público, del interés público, del bien común, esa es la marca de Ramón J. Velásquez; no exclusiva, desde luego, pero sí única en la fisonomía propia de su vocación de servicio. La lucha política es una parte importante de ese llamado. Y esa lucha de Velásquez siempre giró en torno al ideal de la democracia.

Desde su acompañamiento a Diógenes Escalante en 1945, pasando por su testimonio de resistencia a las dictaduras, por su posición de Secretario General de la Presidencia en el gobierno constitucional de Rómulo Betancourt, y de Ministro de Comunicaciones en el primer quinquenio de Rafael Caldera, o por la presidencia fundacional de la Copre y el impulso a la reforma del Estado, o por su quehacer parlamentario en el Senado de la República.

Y esa lucha prolongada y consistente, lo condujo hasta la investidura de la Jefatura del Estado en 1993, en un momento crucial para la supervivencia de la democracia, lo que fue posible, en sustancial medida, por su capacidad de persuasión política, por su fuerza tranquila, por su autoridad ética y por su exigente sentido de responsabilidad ante el país. El presidente Velásquez, por otra parte, no se limitó a preservar el hilo constitucional en los 8 meses de mandato, sino que adelantó reformas económicas, administrativas y políticas, en la perspectiva de la descentralización, y con el concurso de calificados ministros y otros altos colaboradores.

La crisis que le correspondió sortear, parecía insuperable y una acechante dictadura militar tenía visos de fatalidad. Y por si fuera poco el deterioro político, la dimensión económica incubaba una crisis bancaria de magnitudes destructivas. Ese fue el maremagno que hizo de contexto en los tiempos en que Ramón J. Velásquez aceptó la misión de presidir la República para impedir que la violencia política acabara con la democracia nacional. Los venezolanos estamos en deuda con el presidente Velásquez y esperemos que ahora tengamos la disposición de saldarla.

Y ello será posible, no sólo reconociendo los méritos de su vida y de su obra, sino tratando de aprender de su perseverancia democrática, de su amor por Venezuela, de su voluntad de trabajo y superación, y de su respeto por la pluralidad; en fin, tratar de aprender de su sabiduría, que era vasta y buena, y en especial provechosa para el avance de nuestro país.

flegana@gmail.com

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La pobre economía – Teódulo López Meléndez

 Teódulo López Meléndez 

La economía no puede manejarse desde impulsos expropiatorios. Las líneas económicas no pueden ser determinadas por un iluminado que va recorriendo el territorio señalando con la punta del dedo lo que debe pasar a control del Estado.

La economía ya no puede ser marcada por desvaríos ideológicos. No es permitido ajustarse a cánones decimonónicos y proceder a destruir un aparato productivo en aras de la supuesta edificación de una idea rocambolesca.

Eso de ir a destruir el capitalismo para sobre las ruinas construir el “socialismo del siglo XXI” es un desvarío. Qué hay que avanzar hacia nuevas formas es un  mandato de los tiempos, pero hay que tener el tino de comprender que la justicia económica en el siglo XXI se llama convivencia pacífica de distintas formas de propiedad.

Pasos al azar, gasto sin control para pagar una deuda social que había que pagar, pero sin la sabiduría del buen administrador. Expropiaciones fuera del ordenamiento jurídico para avanzar hacia un capitalismo de Estado que sería algo así como la antesala de la utopía realizada contradiciendo la propia esencia de la palabra. Esos fueron algunos de los desvaríos, a los cuales hay que agregar el de la corrupción, en infinidad de casos permitida para ganar lealtades, para tener listo el expediente por si alguien intentaba un desvío.

La economía es pragmatismo, hasta para construir un nuevo modelo, como el que hace falta, porque ahora ni eso es discutible, dado que hay que recurrir al librito para tratar de arreglar el desastre de una economía en el suelo y tratar de que las medicinas sean para el paciente lo menos dolorosas posibles.

Frente a la necesidad de correcciones están las realidades políticas. Si tratan de enderezar los radicales argüirán se ha abandonado el “Plan de la patria” y el heroico legado del “líder supremo”, mientras que si se persiste en este camino el que termina de hundirse es el país. Anuncian, por ejemplo, la necesidad de un cambio único, lo que es evidentemente conveniente, pero todos tememos con él venga otra devaluación brutal de nuestro signo monetario.

En economía, tal como no se pueden aplicar ortodoxias ideologizadas, también se pagan los precios por las decisiones que se tomen. El desastre a donde hemos llegado tiene, en consecuencia, un precio político que el inmensamente débil Maduro deberá pagar, no sabemos si arriesgando incluso su propia estabilidad.

La economía es pragmatismo, no ideología. Se hace lo que conviene, aún dentro de un proyecto razonable de justicia, como el que algunos consideramos de diversas formas de propiedad conviviendo pacíficamente. El que en economía se plantee absurdos conduce a la ruina. No se puede pagar deuda social  a costa de hacer de PDVSA un ente endeudado hasta la coronilla. No se puede vivir de subsidiar sin plantearse la sustitución de los subsidios por formas productivas de organización comunitaria.

En enero del 2013 advertí el 2014 sería el año decisivo sobre el destino de Venezuela. Tal planteamiento no fue consecuencia de algún súbito rayo de lucidez, sino de estudio de la agenda política y de la evolución que llevaba la economía. Sigo pensando lo mismo y por eso he dicho llegaré a su final opinando, no sin hacer –lo admito- un supremo esfuerzo de disciplina. Desde las nociones básicas hasta las grandes decisiones, desde los vericuetos de la psicología social hasta la realidad de una clase política enclenque, el país venezolano sigue a merced de los imprevistos, del azar.

tlopezmelendez@cantv.net

Crisis con gambetas – Teódulo López Meléndez

 Teódulo López Meléndez 

Un campeonato mundial de fútbol centra la atención. Ello es inevitable. El deporte que mayor pasión despierta ocupará los titulares y las conversaciones, quizás como una especie de poción o tal vez como una pomada para músculos adoloridos.

Hasta los hechos políticos se describen como acciones frente a un arco y los parroquianos ensimismados llegarán a afirmar que Giordani le metió un gol a Maduro o que en el equipo contrario parecen asomar la dispersión y las contradicciones, mientras se observa a Dieterich diciendo palabras duras a su nuevo e inesperado compañero de intereses.

Giordani es bien descrito por Dieterich como un anticuado, como alguien anclado en una ortodoxia vencida, en un sistema de juego periclitado pero, como todo caído, Giordani produce el documento que cree absolutorio en esa búsqueda desesperada de un veredicto en que el árbitro llamado historia no podrá recurrir a la tecnología como en el caso del Mundial que nos ocupa.

Ese tipo de justificaciones posteriores, signadas por la gambeta de “yo lo dije” o “yo lo advertí” jamás entran en el resultado final del partido. Producen los calambres del caso, generalmente atribuidos por los especialistas a temporadas muy largas en sus respectivas ligas. En efecto, Giordani venía de una larga, de una de donde pretendía construir las bases de un utópico “socialismo del siglo XXI” que pasaba por la destrucción del aparato productivo sin entender, porque el viejo Marx se lo impedía, que hoy deben convivir diversas formas de determinar ese equipo sensible llamado economía.

Por su parte, Dieterich hace de aficionado en desengaño contando semanas de vida a su anterior equipo, en actitud del párvulo decepcionado que en el fondo de su corazón cree que quienes fueron sus jugadores no supieron interpretar la estrategia del juego.

Mientras los afectos de las desafortunadas “paredes” y de los pases fallidos parecen disminuir en eso denominado “el conservar el poder une”, los balones del otro equipo son sólo patadas en desorden, despejes a los laterales, incongruencia violenta que recuerdan al Pepe portugués. Los gritos al viento es lo que se les escucha mientras las tribunas apenas comienzan a tomar conciencia están presenciando un juego entre equipos de tercera categoría.

Suele suceder que los equipos que llegan jamás han debido llegar. Entre escribir una crónica sobre los males que aún esperan a la economía venezolana y sobre las penurias que se asoman en el horizonte, agrandadas en relación a las actuales, quizás los venezolanos agradezcan dejar el televisor encendido sin nadie que mire mientras se refugian en la cocina haciendo el inventario de lo disponible.

No hay rectificación posible en el régimen. Sigue su marcha sin variantes, apenas con la entrada ocasional del conjunto médico a poner algunos anestesiantes o con la práctica de cambiar de posiciones en el campo a los mismos jugadores agotados. A esto último lo suelen llamar cambio de gabinete. Alguien ha dicho, con asertividad, que lo peor que le puede pasar a un político es que sus compañeros comiencen a admitir que lo que le dicen sus ex compañeros es absolutamente cierto.

Los partidos de fútbol suelen dejar en el país del equipo derrotado un pésimo sabor de boca, un desengaño, una tristeza. Cuando son dos los equipos derrotados se deja este intento por escribir una crónica para escribir un veredicto: la renovación debe ser total, la evolución de las categorías menores hacia la selección nacional fue fallida, es menester el país en crisis se reproduzca en otros seleccionados y las direcciones técnicas sustituidas.

Aún quedan octavos, cuartos, semifinales y final. Aún queda juego. Uno donde este país vinotinto puede enmendar, si es que desde las tribunas donde se ha escondido le sale un aliento no para gritos estériles a los jugadores descartables, sino para asumirse como el jugador.

tlopezmelendez@cantv.net

¿Quién dijo que dictador renuncia? – Agustín Blanco Muñoz

  Agustín Blanco Muñoz 

SE PENSÓ QUE BASTABA QUE LA GENTE SE MANTUVIERA EN LA CALLE

Primero fue la consigna de la “Salida Ya”. Y el punto de partida era la gente en la calle.  La protesta  sostenida y creciente enfrentaría la difícil situación existente y al gobierno sólo le quedaría abandonar el mando-poder.

Ese plan inicial fracasó. Del movimiento de calle quedó el registro de las desgracias-tragedias. El 12F-14 comenzó el plan para dar al traste con un gobierno incapaz y fracasado.

No está claro de qué se echaría mano en caso de ser necesario. No se sabe si existían conexiones militares o exteriores o si se pensaba en la posibilidad de un estallido social.

EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL SIN SER AUTOR PASA A FORMAR PARTE DE LAS PROTESTAS

Desde un inicio se supo que la “salida ya” estaría ligada a las protestas estudiantiles y por eso se escoge  como fecha de inicio el 12F,  Día de la Juventud. De modo que el “movimiento estudiantil” sin ser autor del llamado, pasa a formar parte del mismo. En la programación participan dirigentes estudiantiles, militantes de partidos como Acción Democrática y Voluntad Popular. Posteriormente se suman otros dirigentes y activistas partidistas.

De modo que no se ajusta a la verdad el espontáneo nacimiento de una protesta estudiantil surgida de su propio seno. Esto nunca ha ocurrido. Ayer y hoy los lineamientos políticos absorben y utilizan las inquietudes estudiantiles.

LAS DIRIGENCIAS POLÍTICAS NO ESTUVIERON COMPLETAMENTE DESLIGADAS DE LAS GUARIMBARRICADAS

Tampoco es cierto que las dirigencias políticas hayan estado completamente desligadas de la guarimbarricadas.  Éstas hacen su aparición junto a la capucha y el saqueo la misma noche del 12F. Y desde entonces  se debate la procedencia o no de las acciones violentas. al lado de la protesta pacífica.

CRECE ASÍ EL DESPLIEGUE REPRESIVO DEL RÉGIMEN

Crece así el despliegue represivo del régimen, en base a su “derecho” a defender  la estabilidad institucional-estatal  con el uso de su maquinaria de violencia legal. Es la respuesta violenta a  la promovida por quienes intentan desestabilizar la revolución.

Se conoce bien el cuadro trágico que dejan estos terribles días de violencia. Buena parte de los muertos y heridos, presos y torturados estuvieron ligados a las guarimbarricadas y las manifestaciones.

PARA LOS OPOSITORES SE LOGRÓ EL DESPERTAR DE LA GENTE

Y cuando los opositores  hacen el balance de un poco más de tres meses de protestas pacíficas y violentas, concluyen que se obtuvo una victoria porque se logró el despertar de la gente y ahora se  hará más difícil la acción gubernamental.

EL ESTADO SE DEFINE COMO UNA DICTADURA CIVIL MILITAR

Frente a este subjetivismo opositor, está el indesmentible y contundente aparato represivo del Estado que en ningún momento oculta su capacidad y ferocidad. Hoy no queda duda de que estamos ante una dictadura de la clase civil-militar, obligada a lanzar todas sus fuerzas sobre la disidencia.

Y consumada la derrota de “la salida” se convoca ahora al binomio Renuncia-Transición a la democracia. ¿Y quién dijo que dictador renuncia a los poderes que ha usurpado por la vía de la arbitrariedad y la imposición?

¿QUIÉN QUE DETENTE TODOS LOS PODERES ENVIARÁ UNA CARTA DE RENUNCIA?

Quien detenta todos los poderes ¿enviará una carta de renuncia a su Asamblea Nacional para que ésta acuerde un presidente provisional y la convocatoria a nuevas elecciones? ¿Olvidan los solicitantes que esto es Venecuba y que en el poder central bolimartiniano no se conoce eso de renuncia a la presidencia ni a ningún otro privilegio?

DIFÍCIL SIN EMBARGO NEGAR LAS DEBILIDADES DE ESTE GOBIERNO Y SU ACTUAL PRESIDENTE

Es difícil que alguien dude a estas alturas de las debilidades de este gobierno y de las credenciales de quien dice conducirlo. Tampoco que se obvie el peso negativo que la situación económica tiene sobre este régimen. Pero que eso sea tomado por Maduro como motivo para presentar su renuncia no tiene asidero.

Podría justificarse, por ejemplo, si surge un descontento militar que unido al popular y al de las oposiciones, soliciten conjuntamente la renuncia como una manera de buscar una salida pacífica a una situación que apunta hacia la violencia. Pero nada de esto hay aquí hoy. Buena parte de los descontentos se tapan a punto de inversión de migajas de la renta petrolera.

RENUNCIAR A ESPALDAS DEL PUEBLO TARIFADO ES CONSIDERADO UNA TRAICIÓN A LA PATRIA

Finalmente hay que recordar que en una revolución, una renuncia a espaldas del pueblo tarifado es vista y tenida como un acto de traición a la Patria. Y no será el hijo del Comandante Eterno quien cargue con semejante fardo.

Lo que seguiría a la imaginaria renuncia de NM es el establecimiento de un Gobierno de Transición que se encargaría de desmontar “las realizaciones y avances de la dictadura revolucionaria”. Esto carece por completo de sentido.

LA MACOLLA REVOLUCIONARIA NO SE DESMONTA POR DECRETO

Aquí  existe una macolla de organizaciones regidas por la tarifa y el fanatismo que no podrán ser derrumbadas por decretos. Por ejemplo, el binomio consejos comunales-comunas entidades de y para el comunalismo no pueden ser puestas de lado porque la transición lo decide.

La respuesta violenta de las “instituciones socialistas” ante cualquier intento de enfrentamiento se da por descontado y de allí la posibilidad de una creciente y abierta violencia que no es de descartar pudiera tomar  sendas muy parecidas a las que caracterizan y determinan las guerras civiles.

VENECUBA: UN PROYECTO INTERNACIONAL

Venecuba es un proyecto internacional protegido por muchas solidaridades internacionales. China, Rusia, Petrocaribe, Mercosur, Alba no dejarán caer impunemente la revolución bolivariana

Queda claro que hoy, a lo interno del PSUV y del propio gobierno, están planteados los más abiertos enfrentamientos. El testimonio de Giordani,  una vez defenestrado, es hoy la mayor evidencia de la destrucción que crece y se profundiza en este expaís.

PARA GIORDANI MADURO NO TRANSMITE LIDERAZGO SINO VACÍO DE PODER

El exministro de planificación y finanzas, luego de muchos alegatos, dice: “Resulta doloroso y alarmante ver una Presidencia     que no trasmite liderazgo, y que parece querer afirmarlo en la repetición, sin la debida coherencia, de los planteamientos como los formulaba el Comandante Chávez, y en el otorgamiento de recursos masivos a todos quienes lo solicitan sin un programa fiscal encuadrado en una planificación socialista”.

Y agrega: “A la luz de estos hechos surge una clara sensación de vacío de poder en la Presidencia de la República, y concentración en otros centros de poder, destruyendo la tarea de instituciones como el Ministerio de Finanzas y el Banco Central, dando por hecho consumado la independencia de PDVSA del poder central.”

Al decir de JG Maduro tiene sobre sus hombros el vacío de poder y la destrucción de instituciones y ha permitido que la central petrolera se convierta en una entidad colocada por encima del poder central. Es decir que Rafael Ramírez es hoy un poder de poderes.

MUESTRA IRREFUTABLE DE LO QUE OCURRE A LO INTERNO DE ESTE RÉGIMEN

Este testimonio es una muestra irrefutable de lo que ocurre hoy a lo interno de este régimen del regalo, la corrupción y la perversión. Nadie en el mundo opositor podría dudar de la justeza de una lucha  en procura del cambio de este régimen.

¿QUÉ RESPALDA LA SOLICITUD DE RENUNCIA Y DE UN GOBIERNO DE TRANSICIÓN?

La discusión se plantea en las fórmulas que se presentan: la renuncia de NM y un gobierno de transición. ¿Cuál es el respaldo de estas proposiciones?

En muchas oportunidades hemos referido el Movimiento de Movimiento (MdM) como vía para organizar la fuerza colectiva que de manera consciente pueda enfrentar al régimen dictatorial vigente, valiéndose  para ello de la Constituyente de Calle sin CNE, ni ningún otro acompañante del Estado controlado.

NECESARIO AVANZAR EN UNA ACCIÓN PACÍFICA, ORGANIZADA Y CONSCIENTE

Una acción pacífica, que firme y decididamente avance hacia la implantación de otro estadio de nuestra historia. Entonces dejaremos de pedir renuncias y nos decidiremos a crear los mecanismos para crear otras condiciones de existencia en este expaís.  ¡Qué historia amigos!

@ablancomunoz / abm333@gmail.com

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Jorge Giordani y el fin del proceso – Antonio Sánchez García

  Antonio Sánchez García

  La sorpresa ha sido mayúscula, por lo menos para quienes, lejos de los tejemanejes del régimen, sólo se enteran de sus interioridades por lo que logra romper de suyo el cerco de las intimidades miraflorinas y trasciende a la opinión pública por el escándalo que acarrea. En este caso, llevado a la arena por la evidente decisión del protagonista principal por poner las cosas en su sitio, liberarse de toda responsabilidad en el siniestro curso que comienzan a tomar los acontecimientos y distanciarse en forma drástica e irreversible del rumbo que le ha impreso al llamado proceso su aparente deus ex machina, Nicolás Maduro. Todo lo cual mediante una carta dirigida a la opinión pública. En términos tan minuciosos e inequívocos, que más que una carta abierta se está ante un testamento de significado histórico. ¿Cuál es el difunto que amerita sacralidad tan solemne y confesiones tan crudas? Nada más y nada menos que el proceso revolucionario mismo. Necesaria consecuencia, así se deja ver negro sobre blanco en la declaración jurada de Jorge Giordani, de la desaparición física de su principal gestor, espíritu y conductor, Hugo Chávez Frías. Y la deriva abiertamente mafiosa y conspirativa tomada por el gobierno de Maduro. ¿Se imagina a Goebbels dejando en la estacada a Göring?

La carta abierta narra el contubernio político que el economista de origen dominicano y convertido en amanuense de las teorías económicas y sociológicas marxistas, aprendidas y ejercitadas en la UCV – otrora teatro operativo central de las guerrillas, y luego de la llamada pacificación de Caldera laboratorio de gestación, parto y preparación de los principales cuadros técnicos, político operativos y terreno de acción para las guerrillas urbanas que dirigidas por el joven estudiante de sociología y hoy canciller de la República Elías Jaua,  acompañado por fichas claves de la futura revolución, como Jorge Rodríguez hijo y muchos más, le prepararan las condiciones sociales para el asalto al Poder –  estableciera con el teniente coronel golpista Hugo Chávez desde los primeros tiempos de su estadía en la cárcel de Yare. Así lo confiesa no sin un dejo de orgullo y honra por pertenecer a la primera hornada, la de la aristocracia golpista. Y a quien, consciente del papel histórico que parecía predestinado a jugar como agente del castrocomunismo, tanto en Venezuela como en América Latina, sirviera de cercano e indispensable asesor intelectual y consejero ideológico. Prueba irrecusable de que por lo menos desde esa fecha y antes de su bautismal encuentro en 1995 con Fiel Castro en La Habana, ya Hugo Chávez pretendía implementar un proyecto marxista en Venezuela. Para lo cual, el concurso del doctor Giordani le vino como piedra en ojo de boticario.

Desde ese punto de vista, la carta en cuestión constituye un documento de indudable valor histórico. Reseña la bitácora de una gigantomaquia: el esfuerzo empeñado por Chávez y los comandantes golpistas que lo acompañaban por imponer en Venezuela y el mundo – la megalomanía no tenía límites por entonces -, lo que luego otro corifeo ideológico importado, el académico marxista de origen germano mexicano Hans Dietrich Steffan bautizaría como “socialismo del siglo XXI”. Una jerigonza comunistoide que adobada con las tres raíces bolivarianas y una gotas del linimento justicialista del Dr. Norberto Ceresole daría por resultado un soberbio éxito político – el asalto al Poder mediante un deslave electoral y la entronización del teniente coronel y su troupe – y un colosal desastre económico social sin precedentes en la historia de América Latina saldado con su muerte y la devastación hasta sus cimientos de una de las naciones más ricas del planeta y primer reservorio petrolífero de Occidente.

El significado histórico de la carta no reside en la supuesta verdad que enuncia, sino en la falsa verdad que ostenta: las torpes falacias, auto engaños y falsificaciones de heterodoxia económica, política y religiosa que encierra. Vale decir: documenta la indigencia intelectual, la incultura científica y moral y los miserables propósitos que estuvieron en el trasfondo de los 14 años más desastrosos vividos por la Venezuela del Siglo XXI. Y lo que es asombroso: a vista y paciencia de una mayoría nacional y hasta la admiración del progresismo mundial, incluido fichas cooptadas en Hollywood. Y hasta el establecimiento político y empresarial norteamericano e incluso la CIA, según señalamientos del periodista del Miami Herald Casto Ocando.[i] Sostenidos en la insólita capacidad comunicativa, mimética y seductora de un trastornado frente a las clases sociales moral e intelectualmente más depauperadas del país y el desahuciado mesianismo que trufaba el engañoso mensaje que emitía.  Ante el que cayeran rendidos desde Sean Penn y Danny Glober hasta el embajador John Maisto. Y que amén de un reparto indiscriminado de una gigantesca masa monetaria recaudada por las exportaciones petroleras en la era de los más altos precios de su historia, la conversión de la economía venezolana en una economía de puertos, la devastación de la cultura material heredada de cinco siglos de esfuerzos y el envilecimiento espiritual más sistemático y acucioso de los sectores populares registrado en nuestra historia sesquicentenaria, no deja, a la postre, más que una crisis material y existencial de proporciones ciclópeas, un país a la deriva, un pueblo nuevamente desengañado que tras 14 años de ilusiones se ve con las manos vacía y una pérdida de identidad y autoestima que costará decenios reparar. Nadie se deja estafar gustosamente a cambio de unas migajas sin despertar desquiciado por la estafa misma. Que la crisis pone de manifiesto y pronto le reventará en el rostro a los acaudillados del Siglo XXI. En eso, y sólo en eso tiene razón nuestro germano vendedor de ilusiones: cuando la crisis golpee los estómagos no habrá estampita, rezo ni consigna que pueda controlar la barbarie. Bárbaro fuiste y en bárbaro te convertirás.

En 2002, absolutamente convencido de la catástrofe a la que la estulticia nacional nos empujaba, describí lo que llamé la encrucijada que Venezuela enfrentaba – dictadura o democracia – citando entre los epígrafes a dos autores del siglo XIX que dieron razón de todo el comentario que nuestras revoluciones ameritan, y de las que la chavista no fue ni mucho menos excepción a la regla: “Las convulsiones intestinas han dado sacrificios, pero no mejoras; lágrimas, pero no cosechas. Han sido siempre un extravío para volver al mismo punto, con un desengaño de más, con un tesoro de menos.” Lo escribió  en 1856 Cecilio Acosta en un pequeño manual de urbanidad política llamado Cosas sabidas y cosas por saberse, que nadie quiso o pudo saber, pues cada cuarenta o cincuenta años volvíamos por las viejas andanzas montoneras. Como para que en 1893, Luis Level de Goda escribiese en su Historia Contemporánea de Venezuela que “Las revoluciones no han producido en Venezuela sino el caudillaje más vulgar, gobiernos personales y de caciques, grandes desórdenes y desafueros, corrupción, y una larga y horrenda tiranía, la ruina moral del país y la degradación de un gran número de venezolanos.”    ¿No es un fiel espejo de lo que volvió a ocurrir a más de un siglo de distancia?  Bien dice el refrán: la cabra al monte tira.

¿Qué han buscado en Venezuela marxistas leninistas como Jorge Giordani o Hans Dietrich que no fuera el caudillaje más vulgar, un gobierno estrictamente personal y caciquero, corrupción   galopante y la degradación de millones y millones de venezolanos convertidos en parásitos dependientes de las ubres de la sagrada vaca petrolera? Nada, absolutamente nada nuevo bajo el sol. Ensimismados en sus divagaciones teóricas no tenían por qué darse cuenta de las viejas verdades, sabidas o por saberse. Pero exactamente como en las historias de cornudos: los últimos en enterarse han sido ellos.  Después de más de 20 años de fanática entrega al más devastador y desquiciado proyecto político, ambos discípulos de Carlos Marx se retiran del combate. No soportan el hedor de los cadáveres.

Lo verdaderamente importante a resaltar no son los monstruosos errores cometidos por ambos al respaldar un despropósito telúrico sostenido exclusivamente por la estulticia nacional y tres trillones de dólares, que a creerle a los encuestadores todavía sigue trastornando al 40% de la población electoral venezolana, sino la flagrante orfandad ideológica en que quedan los restos del naufragio y las pompas fúnebres que unos pobres desarrapados todavía toman por un gobierno de tomo y lomo. Muerto Chávez e idos quienes le facilitaran la coartada marxista leninista del llamado “proceso” no quedan más que los últimos perros de la corte, lamiendo los huesos y devorándose unos a otros por los restos. Todo lo cual digno de un cuadro de la imaginería medieval, un retablo del apocalipsis de Brueghel o la imagen de los infiernos de un Hieronymus Bosch.

Nada de lo que se ha descrito exagera los contornos de la devastación y el desastre que hemos venido sufriendo paciente, estoicamente. Como lo hubiera dicho Cecilio Acosta, es sabido y apenas queda algo nuevo por saberse. En su trasfondo, lo que otro gran pensador venezolano escribiera medio siglo después, en 1950 en un opúsculo de un contenido tan dramático y desesperanzador como su título: Mensaje sin destino: Venezuela, después de dos siglos de República – no diremos de Independencia, que hace 14 años la perdiéramos en hombros de la traición a nuestra soberanía por parte de las fuerzas armadas       – sigue empantanada en una crisis de pueblo, en una crisis de Nación, en una crisis de República.

Han caído las últimas máscaras. Ante un país anonadado y una oposición que no muestra visos de capacidad de reacción, entrampada en la inercia del delirio. La huida del ideólogo de la mascarada no es como para alegrarse. Presagia honduras peores.

Que Dios se ampare de Venezuela.

@sangarccs

El “yo acuso” de Giordani – Fernando Egaña

 Fernando Luis Egaña

Con el título: “Testimonio y responsabilidad ante la historia”, el ya ex –ministro Jorge Giordani ha confirmado oficialmente que la profundidad del desastre económico, social y político en que está sumida Venezuela es, en verdad, insondable.

Giordani se lo atribuye de manera principal a una “presidencia que no transmite liderazgo”, es decir al (des)gobierno de Maduro, pero es obvio que la mega-crisis que padece Venezuela no se inició el año pasado o antepasado, sino que ha venido incubándose a lo largo del siglo XXI –potenciando los pasivos y acabando los activos que venían de atrás–, y en ese proceso, desde luego, tanto el propio Giordani como su mentor presidencial son responsables esenciales.

Bastaría recordar que en estos lustros el Estado ha recibido ingresos equivalentes a mil quinientos millardos de dólares, y constatar la desastrosa situación nacional en todos los órdenes, para dar suficiente cuenta de la gravedad de lo acontecido en Venezuela.

Giordani afirma en su texto que “el camino de desarmar y construir es arduo”, y tiene razón, sobre todo cuando se ha desarmado mucho más que construido, porque de eso se tratan estos largos años: de haber malbaratado la oportunidad de desarrollo más importante que se le haya presentado a Venezuela en toda su historia, y Giordani y los demás jerarcas de la llamada “revolución” son los autores intelectuales y materiales de ese crimen monumental.

En el escrito del ex-ministro se desprende que en el (des)gobierno reina un ambiente confuso, campea la corrupción, no hay unidad de mando ni de objetivos –Pdvsa consumó su independencia del poder central, nada menos–, y prácticamente lo único que se hace es imprimir dinero para aumentar sin control el gasto público, y así tratar de saciar las exigencias de los grupos de poder.

¡Cómo será la cosa, que Giordani reclama prudencia en el manejo presupuestario! En pocas palabras, Venezuela se encuentra envuelta en un caos que parece no tener orillas, y lo más caótico de todo es el atropellamiento de la maraña estatal, lo que ayuda a comprender que sobrevivamos en escases, carestía, penuria o máxima inseguridad, con el barril de petróleo en 100 dólares.

Pero la pregunta que debe hacerse es si esto no ha sido más o menos así durante el dominio de la hegemonía roja. Es más, si esto no puede sino ser así, dada las características retrógradas, despóticas y corruptas de su “ejercicio” del poder.

Lo que logró encubrirse en no poca medida, por el vendaval de la bonanza petrolera, por la avasallante y habilidosa propaganda, por la imagen que Chávez se labró de sí mismo, y por el aprovechamiento de ciertas formas de la democracia para hacer ver que el régimen imperante no era una satrapía sino un gobierno constitucional.

Si todas las denuncias y críticas de Giordani son ciertas, entonces no es que se ha perdido el siglo XXI, es que se lo han robado en un asalto depredador y continuado desde el poder establecido. Y no en los tiempos recientes del sucesor sino desde los propios comienzos del predecesor.

El “yo acuso” de Giordani es un ataque demoledor al presente de la hegemonía, pero también es un espejo de su trayectoria de dominio sobre el Estado y la sociedad. Es inescapable que sea así, porque, repito, la profundidad y peligrosidad del desastre económico, social y político de Venezuela, tiene como causa central –no exclusiva ni excluyente, por supuesto— al régimen despótico, corrupto y retrógrado que ha prevalecido en el país a lo largo de este siglo.

flegana@gmail.com

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La diplomacia cómplice – Antonio Sánchez García

  Antonio Sánchez García

Joe Biden, vicepresidente de los Estados Unidos, nos ha entregado una perla de la diplomacia cómplice. La de “los buenos modales” que critica nuestro buen amigo Oscar Arias. Por una parte, la Sra. Jacobson, subsecretaria del Departamento de Estados para asuntos del hemisferio, asegura que no existen razones que justifiquen la aplicación de sanciones a altos funcionarios del gobierno de Nicolás Maduro, toda vez que hay conversaciones en curso entre la llamada “oposición” y el gobierno que podrían verse perjudicadas por la acción unilateral de su gobierno. Razones que llevan al Departamento de Estado y al gobierno de Obama, del cual el Sr. Biden es vicepresidente, a cerrarse a las recomendaciones de sus propios senadores, que han votado a favor de la aplicación de dichas sanciones. Sus razones son tan palmarias, que el pretexto no puede ser más impropio, falso y engañoso: ciudadanos venezolanos responsables de la represión saldada con 43 asesinatos, cientos de heridos y miles de prisioneros disfrutan de las exquisiteces de la democracia norteamericana, poseen ingentes bienes de fortuna en inversiones, depósitos bancarios y propiedades inmobiliarias “en el Imperio” y se pasean en sus carros, aviones y yates de lujo como ejemplares turistas por las playas americanas.

Mister Biden acaba de reunirse con la Sra. Rousseff, presidenta del Brasil, segunda figura del PT brasileño que encabeza su compañero Lula da Silva, fundador y guía, junto a Fidel Castro, del Foro de Sao Paulo y factor decisorio de UNASUR, un parapeto del injerencismo castrocomunista en América Latina, que en un acto absolutamente unilateral decidió, por cierto a pedido del canciller venezolano Elías Jaua y la venia de Raúl Castro la urgente intervención extranjera en los asuntos internos de Venezuela para boicotear las acciones de protesta pacífica y democrática de la juventud y el pueblo venezolanos con la dictadura de Nicolás Maduro. Respaldándose en la aceptación a dicha injerencia por parte de un sector de la oposición que nada tenía que ver con la gigantesca ola de protestas que sacudían al país poniendo en jaque la estabilidad del gobierno.

Vale decir: el vicepresidente de los Estados Unidos, que no ve razones para aplicar sanciones perfectamente cónsonas con el espíritu y la letra de las determinaciones constitucionales y las tradiciones democráticas norteamericanas – sanciones que puede aplicar con efectos inmediatos con un simple ejecútese del Salón Oval -, cuyo peso decisorio en el hemisferio supera el de cualquier otra potencia mundial y cuya voluntad podría inducir cambios dramáticos en la situación de nuestro país, atribulado por una dictadura, se ve en la necesidad de reunirse con la presidenta de la principal potencia de la región y solicitarle humildemente que haga algo para que en Venezuela “haya un poco más de democracia”.

Si Mister Biden no sabe que Dilma Rousseff participó en un comando terrorista que secuestró en septiembre de 1969 a Charles Elbrick, embajador de los Estados Unidos en Brasilia, asaltó bancos y cometió otros graves delitos contra la cosa pública, constituye una de las fichas criadas por Fidel Castro para llevar a cabo una estrategia diseñada por el Foro de Sao Paulo para el cual la sobrevivencia de la dictadura venezolana es de crucial, de vital importancia, no merecería ser el vicepresidente de los Estados Unidos. Está obligado a saber, al margen de las informaciones que el Departamento de Estado pueda recabar de parte de sectores interesados y anónimos de la llamada oposición venezolana, que Brasil jugó un papel fundamental en impedir que el llamado Referéndum Revocatorio cumpliera el cometido para el que fuera convocado, pusiera toda su influencia en juego en la OEA para boicotear su ejecutoria y toda acción opositora, hasta culminar su juego a favor de la dictadura impidiendo que la diputada María Corina Machado hiciera uso de la palabra en el seno de la OEA y empujara a las cancillerías amigas – todas, sin siquiera la excepción de la del presidente Santos, de Colombia – a intervenir en los asuntos internos de Venezuela a favor del régimen y en contra de la Resistencia.

¿Qué pretende la infeliz e hipócrita iniciativa de la Casa Blanca conjuntamente con el Brasil frente a nuestra tragedia? ¿Cuál es el fin de esta democracia cómplice? Desde luego: su objetivo real no es intervenir en nuestros asuntos a favor de la defensa de los DDHH y la democracia. Es seguir dándole cuerda al estropeado reloj del diálogo, a ver si aparenta poder darnos la hora del tiempo de Dios, que para Biden, la Rousseff, Raúl Castro y Nicolás Maduro pareciera perfecto.

@sangarccs

Observaciones sobre el momento post electoral colombiano – Eduardo Mackenzie

   Eduardo Mackenzie

1. La reelección de Juan Manuel Santos, el 15 de junio pasado, es una verdadera derrota del uribismo. Pero ésta no es definitiva, ni marca el fin de una época. Por el contrario, el combate entre democracia y colectivismo en Colombia se agudiza. Santos tendrá cuatro años más para culminar su único plan de gobierno: su proceso de capitulación ante las Farc. Esa línea es lo que él llama “proceso de paz”. Esa capitulación, que Santos mostró como una vía razonable hacia la paz, no es sólo un error, es una calamidad para Colombia. Desde 1970, cada gobierno colombiano propuso a las Farc soluciones pacíficas. Las Farc  las rechazaron siempre. Hicieron saber  que la capitulación era la única salida. Es lo que llaman la “solución política”. No eran cálculos locales. Eran los designios de la URSS en plena Guerra Fría. La vía de la capitulación comenzó a ser una tentación. Esta existió de manera latente y vacilante, con altos y bajos, desde entonces. Esa idea, inoculada a la clase dirigente por las propias Farc,  es el mayor logro subversivo de ese aparato de muerte, desde su fundación en los años 50. Sólo Álvaro  Uribe Vélez, en sus dos periodos de gobierno (2002-2010), rechazó esa tentación y  logró sacar a las Farc del universo político y militar. Con Juan Manuel Santos esa tentación renació y se desbordó. Hoy llega a sus límites más extremos. Por primera vez, un presidente pone en vilo el liberalismo político y económico de Colombia y gana una elección presentando eso como un “proceso de paz”. Si ese proyecto no es derrotado, Colombia tendrá que aceptar ser una víctima más de la depredación política, económica y financiera de Cuba, el verdadero artífice de la subversión global, como lo es hoy Venezuela.

  1. ¿La elección del 15 de junio fue  la expresión genuina de la voluntad de los colombianos? Esa es la gran duda que arroja esa jornada electoral. El Centro Democrático habría aceptado la victoria de Santos si ésta hubiera sido impecable. Ésta no lo fue. Esa elección genera un inmenso malestar. La reelección de Santos está salpicada de irregularidades. Eso privó a Colombia del momento de concordia nacional que goza toda democracia, tras la elección de un nuevo mandatario. ¿Colombia dejó de ser un país donde hay elecciones libres? Esa pregunta es hoy legítima. ¿Hubo un fraude masivo en la segunda vuelta? Algunos lo sostienen. El Consejo Nacional Electoral lo niega. ¿Por qué dirigentes y técnicos  del organismo electoral venezolano estaban en Colombia  antes y durante esa elección? ¿Qué papel jugaron ese día? Nadie lo explica. Sabemos que el episodio del video manipulado de la Fiscalía y Semana buscó colapsar la candidatura de Zuluaga. Finalmente, la Registraduría, en 40 minutos, dio los datos del 100%  de la votación (89 391 mesas), antes de que el 80% de éstas  hubiera reportado los resultados. ¿Qué es eso? El viejo vicio de la compra de votos en regiones y ciudades alcanzó niveles sorprendentes, pero no explica todo. La transmisión de los datos electorales pudo haber sido el principal instrumento del fraude. El ex presidente Uribe estima que estamos ante el más grande fraude electoral de la historia de Colombia. El sistema electoral actual es defectuoso y ofrece brechas al fraude. Ese sistema debe ser repensado. El CNE y la Registraduría deben ser purgados. Hay que crear un CNE realmente independiente para poder tener un momento electoral transparente y garantista. La repetición de las anomalías en los próximos comicios puede generar reacciones populares violentas.

3. El proyecto subversivo sale reforzado con la reelección de JM Santos.  Las Farc anuncian que su objetivo inmediato –ingresar al Parlamento sin haber entregado las armas, diseñar una Asamblea Constituyente que les permita dictar una Constitución de transición hacia el socialismo del siglo XXI–, está al alcance de la mano. Expresan que su objetivo de no pagar un solo día de cárcel por sus atrocidades durante 50 años está próximo, que lograrán completar su ambición de dominar la justicia, los medios de información y el aparato escolar-universitario. El control de la economía y del aparato estatal será perfeccionado. Prometen que el “conflicto social” continuará, aún después de haber firmado “la paz”. Es decir, la violencia en todo el territorio arreciará. La fuerza pública y la doctrina militar colombiana sufrirán modificaciones. Las libertades actuales serán mutiladas. Las relaciones exteriores cambiarán de brújula. Todo ello es ahora más posible que nunca. Esa es la “paz” que se perfila.

  1. Encarnada en el CD y en su candidato Oscar Iván Zuluaga, la oposición obtuvo cerca de siete millones de votos. La diferencia entre Santos y Zuluaga fue de 911 000  votos. Ese hecho, en un contexto tan difícil, es ya un logro enorme. La alianza entre el CD y el Partido Conservador (sector de Martha Lucía Ramírez) fue acertada. Ese bloque opositor sale relativamente fortalecido. El CD hizo avances importantes. Se constituyó en movimiento electoral y de opinión en pocos meses y ganó la primera vuelta de la presidencial, el 25 de mayo.  Su falla fue, quizás, no haber mostrado a los abstencionistas y a los sin partido la verdadera dimensión de lo que está en juego.
  2. La prioridad del CD y de su aliado conservador es consolidar esa alianza y darle más coherencia ideológica y orgánica.  Ese bloque debe evitar la desmoralización y las falsas polémicas. Sin unidad será difícil frenar y devolver cada golpe de destrucción que intentarán las Farc y el campo santista contra la oposición. Dotar al CD de una línea política clara, establecer el CD en cada municipio del país es urgente. Movilizarlo en las calles si es necesario, para defender un programa y unas políticas claras, es indispensable. Otra urgencia: dotar al CD de una política de alianzas flexibles. Crear fuertes lazos de solidaridad con otros partidos democráticos del mundo es indispensable para denunciar los montajes y represiones oficiales que vienen. El CD es el mejor instrumento con que cuenta la nación para evitar el colapso.

6. El segundo gobierno de Santos será autoritario,  pues débil y confuso.  El descansa sobre una coalición que no es ni homogénea, ni armónica. La fracción más extremista ya está pensando cómo imponerle una línea y unos ritmos a la capitulación, y entrará en lucha contra la fracción menos aventurera. Ese gobierno es un castillo de naipes. Perdió su hegemonía en el Parlamento y tendrá dificultades para sacar adelante su versión de la reforma de la justicia y de la salud. Franjas enteras de militantes de base y de electores perderán sus ilusiones al ver que la paz no es paz, el aumento de impuestos y la degradación de la seguridad. La inconsistencia del gobierno ante sus promesas minará el respaldo que obtuvo el 15 de junio.

  1. La lucha contra la deriva santista podría ser la línea prioritaria del CD en el Parlamento, donde tiene una excelente representación,  pero no solo  allí. El CD debe ganar el respaldo masivo del país para esta consigna: no más secreto en los diálogos de La Habana, allí se está negociando el destino de cada colombiano. Todos debemos saber qué hacen esos señores. El secreto favorece la mentira y la manipulación. Toda información sobre el tinglado en Cuba es legítima. Esa información no es ningún “secreto de Estado”. El trabajo de la fuerza pública y de la justicia contra la violencia subversiva debe continuar. Hay que proteger a las Fuerzas Armadas y a la Policía de la guerra jurídica y de todo intento de paralizarlas mediante un pacto de cese al fuego bilateral. El CD desplegará su acción en las calles, en los media, en los sindicatos, en las universidades, en el campo. El combate de ideas y el combate político contra la rendición ante el narcoterrorismo serán constantes y a escala internacional.

8. Durante la campaña electoral, el CD aceptó por descuido el término  “proceso de paz”  en su acepción santista, y no mostró su carácter anticolombiano, ni denunció el papel que juegan en ello las dictaduras del continente. Por eso vaciló al decir que aceptaría ese proceso en ciertas circunstancias. Eso fue un error. No logró explicar bien lo que está en juego para Colombia. El CD debe afinar su caracterización de ese proceso y mejorar el trabajo político al respecto. El CD no debe aceptar la propuesta hipócrita de Santos de “hacer parte” de los “diálogos de paz”. Santos busca con eso dislocar al CD y ahondar la división del Partido Conservador. Bien hicieron Marta Lucía Ramírez y Francisco Santos al rechazar toda posibilidad de apoyar a Santos. El éxito en la lucha contra la desinformación sobre los pactos secretos depende de esa clarificación y de tener una posición firme ante Santos.

9. Cierta prensa, escrita y audiovisual, fue el mayor vector de propaganda y de combate de Santos. Sus dirigentes compraron privilegios y estabilidad para el próximo cuatrienio y fueron corrompidos por el poder. Esos medios rompieron con la ética periodística en muchos momentos. Ellos salen envilecidos de esa campaña electoral.

10. La política de la Casa Blanca no ha sido ajena a esta crisis de perspectivas en Colombia. Barack Obama apoyó los contactos de Santos con las Farc y el llamado “proceso de paz”. Ahora aprueba un eventual “proceso de paz” con el Eln. Obama ha dejado que el cáncer chavista haga metástasis en el continente. Su responsabilidad en los desastres que esa línea está generando en el continente será inocultable.

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