Pulso geopolítico – Luis DE LION

IMG_2425 Luis DE LION

No es la más grande, ni la más poblada, ni la más rica ciudad de la región industrial del Este de Ucrania. Sin embargo, es a las puertas de Slaviansk, y sus 117.000 habitantes que se colocaron éste viernes 2 de mayo los tanques ucranianos. Frente a los blindados, las barricadas de los militantes pro-rusos. Una ciudad convertida en capital de los separatistas, que podría influenciar el futuro del resto del país.

Putin no es un líder carismático, su estilo es detestable, el régimen que preside está muy lejos de ser democrático y sus intenciones respecto a Ucrania son esencialmente imperialistas.

Del lado occidental, no bastó con apoyar a los revolucionarios de la plaza Maïdan. Ahora que la guerra luce inminente, se vuelve urgente negociar con Moscú.

Tarea ésta cuesta arriba. A los ojos de Moscú, la ruptura tiene que ver con el hecho que Occidente se negó a ponerle fin de facto a la guerra fría en 1991, desde que colapsó la Unión Soviética. Sergei Karaganov, un reconocido experto ruso en temas de política exterior señala que Occidente se empeñó en extender su zona militar, y su influencia política y económica a través de la OTAN, ignorando de manera sistemática los intereses y las objeciones rusas. Fuimos tratados como una potencia derrotada, insiste Karaganov. Se nos aplicó una versión soft del tratado de Versailles, escribió el experto, para el diario ruso Izvestia. Esa política, engendró una suerte de síndrome de Weimar en una nación, que considera que su dignidad e intereses fueron pisoteados.

Los deseos de independencia y de europeización de los manifestantes de Kiev, son legítimos y en consecuencia atrajeron la simpatía y el interés de la opinión occidental. Pero mientras llega el 25 de mayo día de las elecciones que deberán legitimar un nuevo régimen en Ucrania, Putin y sus paramilitares, avanzan a grandes pasos. Crimea ya anexada, el Kremlin ataca con una guerra de propaganda, la cual insiste en señalar que Kiev está ahora en manos de fascistas.

Así se abre ante nosotros un nuevo episodio del pulso geopolítico, entre Occidente que busca atraer a las ex repúblicas soviéticas, al tiempo que el Moscú de Putin, nostálgico de la URSS, sigue adelante en su proyecto de convertirse en una potencia euroasiática.

Dos bloques que no han dejado de enfrentarse. Pero hoy ante la inminencia de una escalada bélica deberán sentarse a negociar el fin de ésta insensata progresión.

Ni el propio Putin en sus delirios los más irresponsables aspira a una nueva guerra mundial.

Cualquiera que sea la salida a la crisis actual, pasa obligatoriamente por unas elecciones transparentes e incontestables, en Ucrania el próximo 25 de mayo.

luisdelion@gmail.com

@LDeLion

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