Tiempos muy difíciles – Fernando Egaña

 Fernando Luis Egaña

Y no hay que vivir en Ocumare para constatarlo. De hecho, lo más difícil de todo es que no se ve un horizonte despejado, así sea lejano, sino más del mismo presente de deterioro continuado del país y de continuismo forzado de la hegemonía roja. Maduro no es una figura de gran alcance ni mucho menos, pero parece relativamente estabilizado en el poder, a pesar del abultado cúmulo de desastres nacionales, comenzando por la explosión continuada de violencia criminal, y terminando con la severa escasez de divisas que tiene postrada a la economía venezolana.

En circunstancias democráticas, es decir de gobernabilidad en democracia, la mega-crisis venezolana estaría buscando una salida de fondo para favorecer un cambio de conducción y de conductores. Pero en el contexto despótico ello no necesariamente sucede así. Incluso lo contrario. Y el caso venezolano lo constata. Paradójicamente, la gravedad de la situación no debilita tanto al poder establecido, sino a las expectativas de su superación. A veces la muralla se aprecia tan elevada que muchos prefieren quedarse donde están y conformarse con lo que tienen. Así sea injustamente poco.

Pero no podemos conformarnos. No. Se acaba de conmemorar un nuevo aniversario del 23 de Enero de 1958, fecha histórica que le abrió perspectiva a la libertad y al pluralismo como fundamentos de la vida pública de Venezuela. Y como ni la libertad ni el pluralismo caracterizan el proceder de la llamada “revolución”, entonces el renacimiento de esos principios y esos patrones de acción deben formar parte de cualquier causa de cambio democrático. El 23 de Enero fue posible porque se logró vencer la conformidad a la dictadura.

Y en ello hay que insistir. El temario de la lucha no puede limitarse a los problemas urgentes o inmediatos de la gente. Tiene que fundarse y orientarse hacia ellos, pero sin despreciar la dimensión de los  valores y las aspiraciones sociales y políticas de la colectividad: democracia, libertad, justicia, igualdad, progreso, convivencia, seguridad, todos elementos del bien común o del bien que nos concierne y nos identifica como comunidad nacional.

Frente a la hegemonía roja, tiene que configurarse un proyecto de grandes transformaciones que aliente y esperance a la nación. Y no puede tratarse de una colección de políticas públicas, sino de algo mucho más amplio; que las incluya, desde luego, pero que no se quede en una especie de oferta puntual de promesas puntuales.

Los tiempos difíciles no se aliviarán mientras impere el presente régimen. Las evidencias lo que indican es que se harán más difíciles. Pero ello no debe debilitar las voluntades sino fortalecerlas, porque lo que está en juego no es sólo la alternabilidad del poder, o el desarrollo del potencial venezolano, o ni siquiera la reconstrucción de un sistema democrático.

Lo que se arriesga gravemente es la viabilidad de Venezuela como nación independiente que sea capaz de proveer un futuro humano a su población. Así de difíciles están los tiempos. Y así de obligantes los desafíos.

flegana@gmail.com

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