Tiempos muy difíciles – Fernando Egaña

 Fernando Luis Egaña

Y no hay que vivir en Ocumare para constatarlo. De hecho, lo más difícil de todo es que no se ve un horizonte despejado, así sea lejano, sino más del mismo presente de deterioro continuado del país y de continuismo forzado de la hegemonía roja. Maduro no es una figura de gran alcance ni mucho menos, pero parece relativamente estabilizado en el poder, a pesar del abultado cúmulo de desastres nacionales, comenzando por la explosión continuada de violencia criminal, y terminando con la severa escasez de divisas que tiene postrada a la economía venezolana.

En circunstancias democráticas, es decir de gobernabilidad en democracia, la mega-crisis venezolana estaría buscando una salida de fondo para favorecer un cambio de conducción y de conductores. Pero en el contexto despótico ello no necesariamente sucede así. Incluso lo contrario. Y el caso venezolano lo constata. Paradójicamente, la gravedad de la situación no debilita tanto al poder establecido, sino a las expectativas de su superación. A veces la muralla se aprecia tan elevada que muchos prefieren quedarse donde están y conformarse con lo que tienen. Así sea injustamente poco.

Pero no podemos conformarnos. No. Se acaba de conmemorar un nuevo aniversario del 23 de Enero de 1958, fecha histórica que le abrió perspectiva a la libertad y al pluralismo como fundamentos de la vida pública de Venezuela. Y como ni la libertad ni el pluralismo caracterizan el proceder de la llamada “revolución”, entonces el renacimiento de esos principios y esos patrones de acción deben formar parte de cualquier causa de cambio democrático. El 23 de Enero fue posible porque se logró vencer la conformidad a la dictadura.

Y en ello hay que insistir. El temario de la lucha no puede limitarse a los problemas urgentes o inmediatos de la gente. Tiene que fundarse y orientarse hacia ellos, pero sin despreciar la dimensión de los  valores y las aspiraciones sociales y políticas de la colectividad: democracia, libertad, justicia, igualdad, progreso, convivencia, seguridad, todos elementos del bien común o del bien que nos concierne y nos identifica como comunidad nacional.

Frente a la hegemonía roja, tiene que configurarse un proyecto de grandes transformaciones que aliente y esperance a la nación. Y no puede tratarse de una colección de políticas públicas, sino de algo mucho más amplio; que las incluya, desde luego, pero que no se quede en una especie de oferta puntual de promesas puntuales.

Los tiempos difíciles no se aliviarán mientras impere el presente régimen. Las evidencias lo que indican es que se harán más difíciles. Pero ello no debe debilitar las voluntades sino fortalecerlas, porque lo que está en juego no es sólo la alternabilidad del poder, o el desarrollo del potencial venezolano, o ni siquiera la reconstrucción de un sistema democrático.

Lo que se arriesga gravemente es la viabilidad de Venezuela como nación independiente que sea capaz de proveer un futuro humano a su población. Así de difíciles están los tiempos. Y así de obligantes los desafíos.

flegana@gmail.com

Consulte el archivo de artículos del autor

Curioso Consejo de Estado – Eduardo Mackenzie

   Eduardo Mackenzie

El 21 de enero de 2014, la prensa informó que el Consejo de Estado había condenado, cuatro meses atrás, a la Nación por un ataque guerrillero contra una estación de Policía y más de 40 viviendas de un pueblito de Arauca y que, en consecuencia, estaba pidiendo ahora que las estaciones de Policía sean retiradas de los centros urbanos con el argumento de que esas estaciones “ponen en riesgo a la población aledaña” durante los ataques de la guerrilla. La sorpresa fue enorme y agudos observadores cuestionaron tanto el fallo como la exigencia.

Desde ese día quedó visto que para  el Consejo de Estado quien debe pagar no son los terroristas sino la Policía pues ella es la que provoca tales ataques al edificar sus cuarteles en áreas urbanas.

Debemos estar en un gran error los que creemos que esas estaciones fueron ubicadas  razonablemente, es decir donde la población más las necesita, y que sacarlas de allí desprotegerá a los civiles y a las autoridades políticas y administrativas ante los recurrentes  ataques de la guerrilla.

Sin embargo, el CE en su gran sabiduría dice que eso no va. Desde el fondo de nuestra ingenuidad podemos preguntar al menos: ¿al invertir los términos del problema  –sacar a la policía de los pueblos es la mejor manera de proteger a los civiles–, el CE no está retomando, de hecho, y sin sonrojarse, la doctrina de las Farc? Esa banda quiere que los poblados y ciudades queden a la merced de sus granadas, obuses, fusiles y huestes depredadoras.

Al pedir que la Policía se retire de las ciudades y pueblos, y erija sus estaciones en zonas aisladas, donde serán obviamente más fácilmente el blanco de las bandas, y la protección de la población será más obstaculizada, el CE no sólo debilita los mecanismos de seguridad que el país ha construido y pagado con sangre durante décadas de lucha heroica contra el crimen organizado, sino que viola la ley natural, la lógica y hasta la Constitución.

Al obrar de esa manera el Consejo de Estado está, además, en camino de convertirse en el hazmerreir de los colombianos y de los otros Consejos de Estado del mundo.

Los magistrados del CE alegan que las cosas son así pues la ley y hasta la jurisprudencia los respaldan. Seguramente dicen la verdad. Los magistrados  parecen tener a su disposición una batería de normas heteróclitas que les permiten tomar esas decisiones que los ciudadanos consideramos absurdas.  Los malabarismos que logran hacer con esas normas son, evidentemente, “de derecho”, aunque sean actos injurídicos  que ponen en peligro la vida de millones de colombianos.

Utilizando ese arsenal, los magistrados Danilo Rojas Betancourt,   Stella Conto Díaz del Castillo y Ramiro de Jesús Pazos Guerrero, pudieron, el  27 de septiembre de 2013, condenar a la Nación a pagar millones de pesos por tres ataques que la guerrilla había cometido en 1999  contra la Policía y la población civil de Puerto Rondón (Arauca).  Colombia es, pues, el único país del mundo donde los terroristas matan y destruyen y, en una segunda fase, logran que el erario público, es decir los contribuyentes y las víctimas de esos ataques, se vean obligados, en virtud de una ingeniosa legislación, a pagar una segunda vez tales horrores.

Esa realidad nos obliga a admitir que estamos ante un trabajo de zapa de amplio espectro que ciertos actores políticos-judiciales han hecho en los últimos veinte años, en el campo de las normas de derecho y de la composición de ciertas cortes, para poner de rodillas a la fuerza pública.

La curiosa legislación que existe hoy es, sin duda, el resultado, también, de la incuria, dejadez y bastardía intelectual de cierta clase política que jamás se preocupó por la relación que podía existir entre la aprobación de leyes y decretos incoherentes y la seguridad nacional.

El resultado práctico es este: las Farc ahora tienen un excelente argumento para atacar a los civiles. Al hacerlo saben que tres o cuatro años más tarde el Consejo de Estado les dará razón e impondrá sanciones no al agresor sino al agredido Estado colombiano y tomará medidas que debilitan objetivamente las posiciones militares del mismo.

Gracias a la legislación monstruosa, pulverizar civiles, arrasar pueblitos, aniquilar iglesias, minar escuelas, acueductos y torres eléctricas,  lleva inflexiblemente a dos éxitos adicionales del terror: 1. La desprotección de la sociedad y del Estado en las áreas de agresión narco-terrorista; y 2. La difusión de la idea perversa de que la Policía al salir de las urbes  le “brinda protección” a la población y al hacer lo contrario pone en peligro a los civiles. Pues, como se sabe, las Farc y el Eln nunca han maltratado la población civil: solo atacan a la fuerza pública y si hay bajas civiles es por culpa de los civiles y del Estado, no de los amables “insurgentes”.

Esa legislación le permite al CE inmiscuirse en temas que pertenecen al poder ejecutivo, como retirarle combatientes a las Fuerzas Militares y a la Policía, o fijarles  tareas a esas fuerzas, o  distraerlas en actividades desligadas del orden público, a pesar de que el país enfrenta a diario todo tipo de violentos ataques en el marco de la guerra asimétrica más perfeccionada del mundo.

Otros ejemplos ilustran esa situación asombrosa: el 17 de diciembre de 2013, por ejemplo, el CE ordenó  al Ministerio de Defensa hacer cumplir el “servicio militar ambiental”. En otros términos: que el 20 % de los llamados a cumplir el servicio militar obligatorio  –nada más ni nada menos–  trabajen en la preservación del medio ambiente,  de la flora y fauna del país. La encomiable orden, pedida por un sagaz ecologista, sería el resultado de una interpretación abusiva de los artículos 102 y 103 de la ley 99 de 1993. Estos dicen que los llamados al servicio militar obligatorio, “prestarán servicio ambiental, preferentemente entre quienes acrediten capacitación en las áreas de que trata esta ley”.

La curiosa providencia  que ve así las cosas fue firmada por la magistrada Susana Buitrago Valencia, en respuesta a una apelación del ministerio de Defensa.

Días antes, el 5 de diciembre, la prensa había descubierto otra lindeza: que había normas vigentes que le abren avenidas a cierto tipo de contrabandistas. Esta vez  la víctima fue la Fiscalía. El Consejo de Estado la condenó, en efecto, a pagar una indemnización por haber detenido a tres españoles que habían ingresado clandestinamente al país más de 200 mil dólares, en el año 2001. La magistrada Stella Conto Díaz del Castillo, quien participó también en el fallo del 27 de septiembre de 2013,  falló en el sentido de que los citados contrabandistas no habían cometido delito alguno pues su acto sólo constituía una “infracción”. En consecuencia, la detención de nueve meses había sido “injusta”.

La víspera, el Consejo de Estado había vuelto a condenar al Ministerio de Defensa y al Ejército a pagar más de 2 mil millones de pesos por la desaparición, 17 años atrás, de siete hombres en una carretera de Antioquia. En vano los abogados del Ejército explicaron que en el episodio del 14 de agosto de 1996 no hubo intervención de la fuerza pública: el responsable había sido una banda paramilitar.

Haciendo caso omiso de la gravísima situación de orden público que existía en 1996,  el magistrado Enrique Gil Botero  sacó las conclusiones citadas y atribuyó los crímenes de esas bandas a un supuesto  “comportamiento permisivo” de la administración pública. Peor, invocó una supuesta –y no probada—“connivencia entre las autoridades públicas y los grupos armados ilegales”. Tal es el armazón de la teoría tan en boga de que el Ejército era culpable “por omisión” al no haber impedido la realización de ese crimen.

Este fallo hace recordar otro no menos indecente de 2009. El 30 de abril de ese año, el país supo que el CE, respondiendo a una tutela, había prohibido la presencia  de soldados regulares en las zonas de combate, a donde solo podrían ir, según los magistrados, militares profesionales. Un diario de Bogotá hizo las cuentas y descubrió que ese fallo, de ser acatado, le quitaría el 76% de sus combatientes a las Fuerzas Militares y el 40% de sus marinos a la Armada nacional.

Juan Manuel Santos, ministro de Defensa de ese momento, y el general Freddy Padilla de León,  comandante de las Fuerzas Militares, expresaron su inconformidad.  Empero, no se sabe si esa decisión del CE fue anulada o si se está cumpliendo hoy pues el ministerio de Defensa y los medios no volvieron a tocar el tema. En todo caso, tal decisión del CE fue firmada en un contexto muy agitado: en medio de una ofensiva de activistas en Estados Unidos, Gran Bretaña y Suiza,  que había logrado que Londres retirara su ayuda militar a Colombia,  invocando unas presuntas violaciones de los derechos humanos.

El escritor húngaro Sandor Marai, quien vio caer su país bajo el dominio soviético en 1946, describió ese proceso de “disección en vivo” de una nación, en el que una a una, en perfecto silencio,  las instituciones y las libertades fueron cayendo. Lo que él describe en su libro ¡Tierra, Tierra! (Ediciones Salamandra, Barcelona) invita a pensar lo que está ocurriendo en Colombia. “Los comunistas trabajaban con cautela, con un cronómetro en la mano. Desmembraban el cuerpo de la nación, como hace un profesor de anatomía con las distintas partes de un organismo en una práctica de laboratorio. Por el momento respetaban los órganos vitales, aún no habían sajado los nervios fundamentales, pero ya iban disecando las vísceras con ayuda de tijeras y pinzas”.

Que el lector saque sus conclusiones y obre en consecuencia.

Consulte el archivo de artículos del autor

La verdadera segunda Independencia – Trino Márquez

Trino Márquez

El discurso de Nicolás Maduro en la Asamblea Nacional fue vaporoso y anodino. Estuvo muy por debajo de las expectativas que el país se había creado. Tal como lo señaló el comunicado de la MUD, evadió los grandes problemas económicos  nacionales: la deplorable situación de PDVSA y de las empresas de Guayana, la escapada del dólar paralelo, el fracaso del control de cambio y el control de precios como anclas para defender las reservas internacionales y someter  la inflación, la escasez y el desabastecimiento, el subsidio desmedido a la gasolina, el fracaso de las empresas confiscadas y reestatizadas para elevar la producción y la productividad, el déficit fiscal, las fallas eléctricas. Su intervención parecía la de un gerente de personal o de administración de una empresa: fulano de tal ahora desempeñará (de nuevo) tal cargo y perencejo, tal otro; este organismo se fusionará con aquel, y ese con el de más allá. Kafka podría haber incluido esa pieza oratoria como soporte de El proceso, extraordinaria descripción de la incuria burocrática.

¿Por qué fue tan insípida su alocución si 2014 no es un año electoral y el costo político de tomar medidas duras, aunque inevitables, sería relativamente bajo, y dispondría de suficiente tiempo para recuperar su imagen para las elecciones legislativas de finales de 2015? ¿Por qué no encaró los verdaderos nudos críticos del aparato productivo nacional con proposiciones concretas y viables? Una razón podrá hallarse en su vieja formación ideológica en la Liga Socialista, frente legal de la entonces proscrita Organización de Revolucionarios (OR), desprendimiento del MIR de los años sesenta. Maduro fue un aguerrido militante marxista que se nutrió del pensamiento del Che Guevara en la Cuba de los 70, cuando el culto al Guerrillero Heroico causaba furor en la isla.

Otra causa se relaciona con el equilibrio de fuerzas entre marxistas ortodoxos y socialdemócratas pragmáticos dentro del Gobierno y el PSUV. Maduro se ve obligado a moverse como un equilibrista entre esas dos facciones. La primera reclama un socialismo más estatista, más colectivista y más apegado al canon leninista-maoísta. La segunda posee un tinte más pragmático. Entiende que China giró de Mao a Deng, no porque el Gran Timonel al final de sus días hubiese sido un viejo verde a quien le gustaba retozar en su amplia habitación con jovencitos de ambos sexos, sino porque su tozudez anticapitalista y antimercado condujo al gigante asiático a la ruina más ominosa. Esta ala pareciera que desea impulsar cambios que pongan la economía a tono con los desafíos impuestos por la globalización, pero no consigue el respaldo decisivo del nuevo jefe de la revolución, quien sólo militarizó los organismos económicos con la esperanza de que los uniformados eviten llegar al colapso total y con el propósito de comprometerlos con el fracaso, cuando este ya sea inevitable (como ocurrirá si sigue los consejos de Giordani).

La razón más importante por la cual el discurso fue tan etéreo reside en la presencia fantasmal de los hermanos Castro y el nexo tan fuerte que lo une a los cubanos. Maduro no es el secretario  ideológico del PSUV. A pesar de su apego al Che y a Chávez, su reto no consiste en lograr que el socialismo marxista mantenga la pureza en Venezuela, sino en preservar el poder, llegar a 2019 sano y salvo, y entregarle la banda presidencial a un compañero de partido o conservarla él mismo. Para lograr estos objetivos tan terrenales está convencido de que necesita la ayuda de los cubanos y la asesoría de ese par de mentes diabólicas encarnadas en Fidel y Raúl Castro.

Esa asesoría cuesta mucho dinero medido en barriles de petróleo. El país, especialmente la oposición, sabe que el subsidio a los tiranos es gigantesco y que si se suprime, los recursos liberados servirían para estabilizar las cuentas fiscales. No habría necesidad de aplicar una terapia de choque. Esta verdad la conoce también Maduro, por eso no se atreve a adoptar las medidas que pondrían en orden las cuentas internas. El pueblo no entendería por qué tiene que sacrificarse, mientras el Gobierno les regala el petróleo a los ancianos dictadores. A la oposición le daría poderosos argumentos para la denuncia y el ataque. La subordinación a los Castro opera como una camisa de fuerza que inmoviliza al Gobierno y lo arrastra a actuar por inercia, sin capacidad para tomar decisiones autónomas. Apenas se atreve a anunciar unas medidas de políticas cambiaría que en nada corrigen los desajustes existentes.

Venezuela volverá ser Independiente cuando se libere del yugo de Cuba.

@trinomarquezc

Kerry y el terrorismo – Aníbal Romero

 Aníbal Romero 

En declaraciones recientes, formuladas luego de sostener un encuentro con su homólogo en el Vaticano, el Secretario de Estado norteamericano, John Kerry, aseveró que la pobreza “es en muchos casos la raíz que genera el terrorismo”.

Interesa comentar dicha afirmación, pues el tema de la pobreza es con frecuencia sometido a distorsiones y empleado como un comodín para explicarlo todo y nada, o para justificar cualquier cosa.

En ese orden de ideas, hay que cuestionar la tendencia al reduccionismo, es decir, a convertir un tema en la única explicación de problemas complejos que exigen tratamiento menos simplista. La pobreza puede ser utilizada para explicar las enfermedades físicas y psíquicas, la inestabilidad política, las subidas o caídas en la producción de alimentos, el flujo internacional de emigrantes, y hasta el cambio climático. Presumo que también, en alguna medida y determinados casos, la pobreza puede ser un factor condicionante de intenciones y acciones terroristas.

Ahora bien, por ejemplo, Osama bin Laden era millonario y sin embargo ha sido uno de los más crueles y eficientes terroristas de que se tenga memoria. Lo recuerdo para resaltar lo siguiente: Las frases de Kerry ponen de manifiesto una errada y perjudicial tendencia contemporánea, que lleva a muchos politicos democráticos a pensar que los seres humanos nos movemos casi exclusivamente por aspiraciones y objetivos materiales y pecuniarios.

Tal visión de las cosas constituye una distorsión de la realidad. Los seres humanos comúnmente actuamos en función de motivos y metas diversos, y en el caso del terrorismo, en particular del radicalismo islámico –entre otros extremismos— están presentes impulsos que tienen que ver con convicciones religiosas, disputas políticas y odios ancestrales.

La pobreza es negativa y conduce seguramente a múltiples males; a la vez, no obstante, sostengo que aún si la pobreza desapareciese de la faz de la tierra, probablemente seguirían existiendo unos cuantos, quizás muchos individuos dispuestos a sacrificarse y matar a sus semejantes para cumplir propósitos politicos, religiosos, etc.

A nuestras mentes entrenadas en el racionalismo y el materialismo de las actuales sociedades de consumo, les cuesta trabajo entender que numerosas personas no sólo de pan viven, y que los valores espirituales –dicho en términos generales—juegan y seguirán jugando un papel mientras los humanos seamos lo que somos.

La profundización global de la demagogia es en parte producto de la ya mencionada tendencia. En Venezuela, por ejemplo, es muy obvio que los politicos democráticos están convencidos que la mayoría de los ciudadanos no están dispuestos a asumir valores como el rescate de la independencia nacional frente al dominio cubano, de la soberanía y de la libertad. De allí que se limiten a los asuntos concretos de gestión administrativa y políticas públicas, dándoles prioridad como “los que en verdad importan al pueblo”.

¿Quién sabe? Quizás tengan razón. Tal vez el pueblo venezolano se interesa exclusivamente por su supervivencia cotidiana, y le tienen sin cuidado la subordinación nacional al despotismo castrista, la destrucción de nuestras instituciones, industria y agricultura, el alineamiento del actual régimen con los forajidos y terroristas del planeta, la penetración del narcotráfico en el país y toda la letanía de desgracias que bien conocemos. Lo que sí es claro es que los dirigentes democráticos, con honrosas excepciones, parecen pensar como Kerry: el problema es la pobreza; la libertad es un lujo de ricos.

Consulte el archivo de artículos del autor

Si lo exigimos en mayoría, el cipotazo va – Alberto Franceschi

 Alberto Franceschi

Tantas vueltas que hubo que dar para tratar de llegar a lo elemental. No caeré en la tentación del “yo lo dije” porque esto es algo muy serio como para que tenga propietarios y menos aún arrogantes adalides ante los cuales haya que postrarse.

El problema no es CALLE, CALLE Y MAS CALLE, el problema es CUAL PROGRAMA tienen en su cabeza los que van a la calle y los que dicen que hay que ir a la calle.

Y cuando digo programa no estoy proponiendo un plan de gobierno y de Estado para reconstruir el país descuadernado e insólitamente en manos del hampa política y social-criminal que nos deja el chavismo, estoy hablando del PLAN de derrocamiento visible de esta peste de gobierno, con propuestas que sean comprensibles para todo el que esté dispuesto a no vivir un día más, bajo el oprobio de la ocupación castrista.

Lo más importante del momento es OFRECER como prueba de intenciones, un plan distinto y alternativo a la estúpida vuelta permanente al sistema electoral fraudulento del chavismo.

Quien quiera dirigir este proceso por definición subversivo con asertividad, tiene que ser portavoz de millones y no un ridículo aspirante a ser candidato a presidente dentro de 5 ó 10 años.

Déjenme decírselo más claro aún: aquí no hay lugar para “elegibles” por varios, quizá muchos años. Quien quera presidir este país tendrá que hacerlo por vías de hecho, de facto, de irrupción, de GOLPE…¿Se entiende?

Y no hay manera que nadie sea electo, al menos sin manipulaciones, porque primero hay que sacar a esta gente y luego hay que rehacer la nación, empezando por su registro civil, sus cédulas de identidad y pasaportes, su REP, su catastro de tierras devueltas a sus legítimos dueños y sin ninguna manos muertas estatista sobre el derecho de propiedad.

Primero habrá tenido que salir hasta el último de los funcionarios castristas de los registros y notarías y solventar los graves daños que hicieron y hasta volver a hacer nuestro censo de ciudadanos, sin chinos, cubanos, iraníes, colombianos FARC, nicas, etc.

Quien proponga como plataforma un diletantismo parlamentario y apagar luces como gran medida de protesta, no ha entendido que la gente se obstinó hace tiempo de regresar siempre a los mismos ejercicios rituales de precalentamientos electoreros, tributarios de la popularidad de la figurita mediática sustituta de todos los embaucadores que han desfilado a la cabeza de la llamada oposición.

Siempre dirán que no hay que regalar “los espacios ganados” y nunca se dan cuenta que solo hablan de sus espacios , de sus aspiraciones y planes personales, y no los de la causa que deberá ser insurreccional contra el régimen, que mientras tanto los puso a funcionar con esos espacios en su sistema político, convirtiéndolos en piezas funcionales a cambio de pequeñas compensaciones a sus vanidades y no para abrirle un ancho cause a la eventualidad de una ruptura y a la expulsión del régimen por la fuerza, al que no le pueden seguir ofreciendo caer suavemente sobre los colchones de su propia legalidad espuria.

Hubo que darse con los dientes en el suelo y empezar y ser amenazados gravemente, y ya ante evidencias con comer no perrarina que es de lujo, sino la dieta de la ración cubana de los Castro, para que por fin se entendiera que eso es tan real como la luz el sol, hasta para los lapones que la ven cada 6 meses.

Toda la confusión vino de enredarnos, con la complicidad de la Coordinadora primero y desde hace varios años la MUD, en esa amenaza de “participar” en su sistema y convivir, cohabitar, con su estafa, hasta convertirnos en súbditos de la maldita tiranía castrista. Y esto solo pudo ocurrírseles a tarados ideólogos, cultores de un despotismo utilitario, que siguen queriendo llegar a convertirnos en parias y a todos ellos en plutócratas billonarios con su corte de bolichicos.

Pero aquí NO PUEDEN constituir una dictadura totalitaria a la manera y características de los Castro, que Chávez mismo NO PUDO montar, así lo hubiera querido, aunque me digan que eso nunca estuvo entre sus propósitos, porque de ser cierto, entonces la única explicación que cabe es que él mejor que nadie sabía que toda esta estafa tenía los pies de barro, porque NUNCA hubo la tal revolución, y que como toda mascarada tendría los días contados y no como el régimen cubano, consolidado nada menos que luego de una expropiación TOTAL y minuciosa de toda propiedad, oficios y funciones personales, y que fue bautizado como pieza clave de un pacto de superpotencias termonucleares, de la extinta guerra fría.

Es por eso que se pudo convertir a todos en piezas serviles de una maquinaria opresiva del Estado comunista ruinoso, quedando solo la amargura del exilio como opción de libertad, si lograbas escapar de los tiburones del “mar de la felicidad”.

Por eso a esta altura del debate me parece una soberana estupidez seguir oyendo la famosa predica de los maniaco electoreros sobre que más que nunca hay que “patear calles” o su modalidad más impersonal que hay que agarrar para la calle, una y otra vez, en esa ritual postura de hacer en chiquito lo que ya se hizo con movilizaciones gigantescas, antes por los referéndums y después por los eventos de entretenimiento electoral.

Y cuando digo esto no es para desconocer el valor que pueda tener el entrenamiento de las conductas de rebelión cívica, pero no nos vengan por favor otra vez con las manitas blancas, porque ya sabemos que eso solo fue un negocio de muchos de esos dirigenticos para convertirse en becados de las clientelas y de los “líderes” de nuestra oposición mediática…y hasta rentable para cuñeros de TV y “programas de opinión”…

Menos aún nos vengan con candidatos escogidos por consensos del CNE chavista, porque creo que ahora, por fin, empezará a creérsenos a quienes dijimos que Chávez escogió, como su candidato opositor, a quien le vieron la mayor potencialidad de digestible…para decir lo mínimo.

La energía que invierten en querer “patear calles” en su versión más enaltecida, la de ejercer el derecho inalienable a la protesta, ojalá determine que para defender una manifestación de mil, deberá organizarse un centenar para impedir que las bandas criminales de los colectivos chavistas traten de sabotearlas.

A las bandas fascistas del régimen solo puede respondérseles con imponer así sea por medios violentos el derecho de manifestar donde, cuando y como nos dé la gana, y mientras eso no se haga el chavismo será el dueño de las calles.

No estoy planteando irse directo a la ilegalidad y a desconocer toda norma legal, estoy diciendo exactamente lo contrario: debemos imponer el criterio que el ilegal es el gobierno y más aún las prácticas político-delincuenciales de sus esbirros, desde la cúpula misma del Estado.

Al único tonto al que se le endilgan los muertos que procura y genera el gobierno y se lo cree, es el mismo que sale a denunciar la supuesta violencia de sus partidarios y trafica ocultando su infinita cobardía, exigiendo que abandonemos las calles cuando reclamábamos la victoria que nos fue birlada, para después volver compungido a su puesto de cuentadante.

La prédica de idiotas contra las FFAA, que da la excusa a la oficialidad para no irrumpir en la escena política y deponer a estos procónsules cubanos, so-pretexto de la legalidad constitucional, constituye el colmo de la barraganería de esta oposición, que ya es oficialmente parte integral del régimen con los gobernadores y alcaldes opositores cuentadantes a la cabeza.

Lo primero que debe proclamar abiertamente, cualquier aspirante a ayudar a dirigir este proceso de desquiciamiento de esta dictadura del malandraje madurista, para emprender la reconstrucción del país, es la exigencia a las FFAA para que sean decisivas en esta reorientación del Estado y dejen de ser los apandillados de Maduro en los desmanes contra la República.

No es una petición golpista es una exigencia de cumplimiento de los más elementales deberes de las FFAA como recurso último para reponer la legalidad constitucional, frente a un gobierno ilegitimo, que se convirtió cada vez más en un agente descarado y pueril de una potencia de chulos que es de hecho enemiga de nuestra nacionalidad y soberanía.

Manden al zipote el parlamentarismo, proclamen que no están interesados en candidaturas, ni en puestos de interlocutores de este régimen, porque este gobierno solo debe ser expulsado cuanto antes.

Si ese es el mensaje no propongan entonces apagar bombillos por 10 minutos, propongan apagar y derrocar el régimen, pónganse a las órdenes de las FFAA para que lo haga, para realizar esa tarea.

Los oficiales dignos deberán saber que en el camino confrontarán, desde la primera hora del nuevo régimen, la necesidad de la purga más severa y necesaria del malandraje, que se apropió de nuestras FFAA.

De ello habrá que deducir el retardo de la decisión final, porque nos la imaginamos como una operación dividida y con riesgos de fracaso, de desastrosas consecuencias. Para hacerlo bien y que la cirugía sea tan profunda como sea necesaria, lo mejor es que tarde lo que necesiten para garantizar su éxito. El tiempo juega es contra el régimen aunque debamos sufrirlo. Estamos infinitamente más cerca desde la muerte del “eterno” y aun mas de cuando el Dakaso.

El cucuteño deberá ir buscando donde será su exilio, de no extraditable mientras pueda, pero como es joven y tendrá millones de dólares, le recomiendo que no los ponga en manos de Fidel, porque se los coge, siendo lo único peor a la propuesta de escondite en la casa de una prima de la Primera Combatiente.

Consulte el archivo de artículos del autor

Maduro y el desprecio – Luis DE LION

IMG_2425 Luis DE LION

Debemos reconocerle a Maduro, al menos una cualidad. El no hace nada para agradarnos. Su indiferencia respecto a los sentimientos que él inspira es sorprendente. Podríamos decir que esa característica, en un Jefe de Estado, es signo de integridad, de pureza. Claro está, cuando dichas virtudes son puestas al servicio de la rectitud, de la coherencia, de la perseverancia en la conducción de un proyecto. Pero todos sabemos que no es el caso de Maduro, quien carece de perseverancia, salvo en su admiración por Fidel Castro.

La sinceridad una gran ausente y un observador poco objetivo pensaría que es un gesto de ingenuidad. Pero Maduro no duda un solo instante de sí mismo, lo que podría ser percibido como gesto de autoridad, es la reacción propia de un animal político de sangre fría. No hay sentimientos, mucho menos emoción. Ningún esfuerzo histriónico, para al menos fingir. Puede que se deba al hecho que no tiene sentimiento alguno por el cargo, ni por el país, ni mucho menos por la nación. Nada parece afectarle, ni su propio descrédito político, ni la himalayesca crisis que atraviesa el país en todos sus ámbitos.

Maduro no transmite autoridad, no porque la desconozca, sino porque no la entiende, jamás la ha conocido, mucho menos practicarla en un contexto republicano y democrático. Sus edictos conllevan más desprecio que solemnidad. La confianza en él mismo es directamente proporcional a la desconfianza que provoca su manera de gobernar. Hasta ahora esa ha sido su fuerza, de cierta manera. Pero todo tiene sus límites.

Devaluaciones en ráfaga, penurias y guerra política. Es la tarjeta de presentación internacional de Venezuela. ¿Cómo una potencia petrolera padece penurias propias de los países menos avanzados del planeta? Se preguntaban ésta semana en Davos. Hacer previsiones económicas en Venezuela es más un asunto de, ruleta de la suerte, que de extrapolaciones matemáticas. Lo que lleva a concluir que, Venezuela tendría muy pocas opciones de sacar provecho del resurgir actual de la economía mundial.

A pesar de las apariencias, Maduro, a los ojos de muchos ha sido percibido como un hombre de desafío y de diálogo. En razón de, sus encuentros con el presidente de las Empresas Polar, con los propietarios de los canales de TV, con alcaldes y gobernadores de oposición. Presentando proyectos de alianza, improvisados, aproximativos, aleatorios, que a simple vista parecen chapuza de vice ministros, pero en realidad, quién puede creer o adherir a esos encuentros con el régimen. La política gubernamental es el espejo del desorden de Estado implantando a lo largo de estos últimos quince años.

Presentar como prioritarios; la seguridad ciudadana, el control de la inflación, el empleo, la crisis monetaria, no lucen legítimamente primordiales para un régimen que se obstina por todo lo contrario.

Mientras más tiempo dure ésta campaña de destrucción oficial, más difícil será, la tarea de los encargados de hurgar en el inconsciente social de Venezuela, para obtener la inspiración de lo que sería la estrategia política de la dirigencia opositora.

luisdelion@gmail.com

@LDeLion

Consulte el archivo de artículos del autor

La acción de la paciencia – Teódulo López Meléndez

 Teódulo López Meléndez 

Pedir paciencia a los venezolanos puede resultar una de las empresas más temerarias, dado que argumentan han pasado 15 años y ante la voracidad que se come la calidad de vida, y ante la desorientación general, todavía claman por acciones que no ven materializarse. Manejamos el término paciencia tal como lo entiende la tradición filosófica, esto es, como constancia valerosa, como un sinónimo de entereza.

La paciencia ha sido considerada siempre una virtud, pero acompañada siempre de la sombra del conformismo, lo que hace probable  que los pueblos no logren ver el exacto momento histórico de un salto cualitativo, de uno que no tenga nada que ver con el vacío.

Es difícil entender el tiempo de paciencia como uno de reflexión y de cultivo, de organización y de producción de ideas, de visualización del futuro. Más aún lo es percibir que desde la definición del futuro se está incidiendo de manera determinante en el cambio del presente. Tener el camino delineado es la única posibilidad de saber a dónde ir cuando llegue el instante que los procesos sociopolíticos suelen ofrecer.

Ese instante no llueve como maná, es también producto de la paciencia creadora y del estado mental de alerta, del cultivo de la verdad y de la superación de las falsificaciones, entre las cuales muchas veces se coloca una simulada pacificación como simple estratagema táctica de reducción de las resistencias.

La impotencia, denominador común de quienes no ven salida y, sin embargo, están conscientes del agravamiento progresivo que asfixia, sólo puede superarse mediante el crecimiento constante de un personalismo social que avance en la construcción de un cuerpo común que los impotentes no visualizan como condición esencial.

Jamás un cambio histórico se ha dado para restaurar y los ejemplos que podamos conseguir sólo indican inestabilidad, provisionalidad e ilusión momentánea que será seguida de otro sacudón. Los saltos nunca deben olvidar el estadio anterior, uno que debe ser entendido y asimilado libre de fango y distorsiones. Los pueblos también exigen, aunque no se den cuenta con precisión y el ánimo de salir de lo que quieren salir valga en su psiquis aparentemente más que la oferta sustitutiva, el ofrecimiento emocionante, el desafío que permita la conformación de la voluntad colectiva.

Hay razones objetivas que determinan el instante, como puede serlo una gran crisis económica -ejemplos a granel hay-, pero las verdaderas causas del instante vienen de una decisión colectiva, del previo engranaje de un corpus claro de lo que se quiere y que deberá sustituir a lo que no se quiere. Podríamos definirlo como la creación de una conciencia, lo que también podríamos plantear como una paciencia creativa, una que logre evitar con inteligencia la peligrosa sombra de la resignación. Paciencia no es error repetido, no lo es incurrir en estrategias equivocadas o en omisiones vergonzosas o en entendimientos por debajo de la mesa. La paciencia es acción penetrante y acertada. La verdadera paciencia es una acción que no ceja un instante de construir lo sustitutivo y de preparar para su final lo que hay que sustituir.

La mentira en la que se vive, y que a ratos conduce o a la exigencia de acciones descabelladas o a la entrega en brazos de la abulia, debe ser sustituida por la creación del mecanismo alterno y por la convicción del poder colectivo consciente. El instante, producido por las condiciones objetivas, pero creado en lo profundo de la psiquis, permitirá la transformación del sentido de sumisión en uno de creación sustitutiva. Es así como la paciencia deja de ser defecto u omisión, para convertirse en el punto nodal del gran salto cualitativo en procura de la justicia social, de nuevas formas de protagonismo no excluyente, de nuevas formas democráticas adaptadas al futuro y no al pasado, de lo que he llamado un pragmatismo pleno de ideas sobre una organización social en que un nuevo concepto de poder y de ejercicio político tome las riendas del propio destino.

La “realidad” se alimenta de apariencias. La falsificación es su nutriente preferido. La existencia del mismo hecho de conocer y de tener la “imagen” es condición indispensable para que algo se convierta en real. El punto clave es la sustitución de la apariencia, lo que no pueden lograr los pueblos que nadan en ella. Vivimos en un presente donde se ha hecho de la apariencia el “cambiante” de cada día. La paciencia creativa conseguirá el instante de luz, a la manera en que lo hemos definido, cuando pase la escoba sobre las apariencias y se haga sustitución. Creo es de Susan Sontag esta frase: “Las ideas conceden permiso”

tlopezmelendez@cantv.net