Hagan cola, el país está de remate – Alberto Franceschi

 Alberto Franceschi

Si yo tuviera una  gran tienda,  de lo que sea,  y me obligaran a rematar la mercancía  al precio de  Maduro, cerraría,  y si violentan la puerta y me saquean, entonces haré percibir claramente  el mensaje de rebelión contra el gobierno  lumpen,  que solo quiere mi desgracia para ellos ganar un efímero apoyo popular.

Por supuesto el que tiene la tienda no dice lo del pobre árabe de El Tigre: “hubiera preferido que me saquearan”,  cuando le obligaron a vender a 7 Bs lo que  había comprado a 40 o 50 Bs.

Porque salvar  7 implica que  por lo menos podrás liquidar lo que le  debas  al personal,  quizá el alquiler y las facturas de luz y teléfono.

Todo el valor monetario para efectuar la reposición,  sin utilidad alguna y muchas veces con pérdidas masivas,  se  esfumó, se fue  rematado  a los bolsillos de las gente de las largas colas,  que se ensañan contra el que hizo dinero,  o logró sobrevivir  todos estos años,  con lo que cobró a otros y que eventualmente  debe  ahora  vender  a mitad de precio,  el mismo  otro TV plasma para  el cuarto principal,  que tres meses antes le habían comprado para el recibo.

Nunca antes  los venezolanos  estrenarán tanta ropa como en estas navidades. Esto hasta podría ser parte de un spot publicitario  del régimen agónico, para tratar de demostrar el vigor de su populismo. Si no lo hacen es porque deben quedar algunos, con un dedo de frente, que presagien que  este agotamiento masivo de inventarios se volverá contra ellos en pocos días.

Sé que lo dicho son aparentes  obviedades,   pero si no se analizan estaríamos ausentes del país real, que  abandonó sus  trabajos y cualquier otra ocupación,  para irse a las colas de liquidación,  con la sabia intuición que vienen tiempos de escases y carestía como nunca antes.

Porque  hasta con un nuevo régimen deberán pasar meses y en algunos casos años, para reponer el nivel de inventarios que fueron a parar a la hoguera de precios de esta operación demagógica ilimitada,  con la que Maduro pretende contra toda evidencia prorrogar su mandato espurio.

En las actuales circunstancias,  fotografiadas  en el país volcado a las colas frente a las tiendas  y centros comerciales,  no se  valen ninguno de los anatemas morales vertidos contra la gente. Porque hay que distinguir  radicalmente lo que está representado en esas larguísimas colas de ciudadanos de probadas conductas  más bien resignadas y borregas  de lo que todos estos años  les enseñó la MUD de cuentadantes y sus clientelas,  calándose todos  los atropellos gubernamentales,  y  diferenciarlos taxativamente  de la horda dispuesta  al malandraje  del saqueo,  que tienen simpatía,  hasta que te toca ser su víctima directa y entonces lo condenas.

En el saqueo de DAKA Valencia se vio el “país del perraje”,  y el país decente además temeroso de las consecuencias sociales desgarrantes  que ocasionan ese tipo de conductas propias de sociópatas.

Efectivamente  el “gen perraje” ha hecho su aparición en los escasos  saqueos,  pero en las interminables y ordenadas colas esperando llegar hasta el mostrador,  solo quieren  hacer  valer los sueldos y salarios  pulverizados por la inflación, que ha seguido  la devaluación  ante el  dólar paralelo  como perro a su amo.

Pero ya que hablamos de perraje  me permito la siguiente reflexión: El perraje amigos no es una caracterización social que englobe en exclusividad a sectores de miseria atroz, hay perraje de clase media y también en la última década apareció con fuerza hasta en la alta burguesía,  que se nutrió, aunque sean bastardos sus ingresos, hasta con apellidotes allegados al régimen malandro.

DAKA por ejemplo tiene al parecer,  como otras grandes tiendas,  fuertes padrinos en el alto gobierno y pudo efectivamente haber perdido y ver disminuido el poder de los suyos, con tantos remezones en las cambiantes carteras gubernamentales  de la economía,  en las últimas semanas.

A Maduro, que no ha necesitado ir a una tienda de esas en los últimos 15 años, es mas no sé si existían antes de gobierno chavista, le soplaron ese nombre  y ese que sopló, quizá tampoco imaginó que de inmediato activaría el “gen perraje” de clase media.

En ese saqueo de la DAKA de Valencia se ven demasiados  fenómenos socio-culturales juntos, donde  lo central es que se ha manifestado ese “gen perraje” que ya estaba en pleno desarrollo en 1989, cuando ocurrió el Caracazo y estaba en pleno auge la miseria,  con el fin abrupto de la movilidad social y sobre todo la misma cultura del consumismo frustrado, aunque de aspiración desenfrenada, que nos ha caracterizado, sobre todo en materia de equipos sofisticados propios de alto estándar de consumos de “prestigio social”.

Aunque a los simplistas les duela admitirlo, aquí quedaron retratados e incorporados  y explícitos, en sus manifestaciones de conductas públicas y privadas como expresión de estos nuevos fenómenos sociológicos,  tras el experimento social del chavismo y el ascenso de movilidad social importante, como en de los años 60, que elevó niveles de ingreso de forma sustancial y que en los años 70 los pervirtió al generarlos  sin el menor esfuerzo,  como ha ocurrido de nuevo en los años del chavismo,  con petróleo a 100 dólares el barril.

Esto  generó una diferenciación político-social que llegó hasta la burguesía, haciendo visible en la BOLIBURGUESIA, en sus banqueros,  grandes importadores, negociadores de papeles financieros del Estado etc,  los conspicuos rojos rojitos, que exhiben enormes fortunas  y su secreta admiración por amasar en grande la moneda del imperio,  que dicen odiar en declaraciones para consumo de idiotas.

Lo importante a retener, sin embargo,  es que cuales quieras  sean las conductas de la población, masificada en comportamientos  atípicos,  generados por el miedo, por  manipulaciones politiqueras  o por simples  imitaciones rebuscadas en el acervo de  lo inédito  de una psiquis social fracturada, caótica y en búsqueda inconsciente de un nuevo orden,  por lo manifiestamente agresor  que le resulta el actual, la espera impaciente  que genera zozobra y caudales de rumores en crecimiento,  anuncian sin  vuelta atrás, que se acercan días y horas  de graves consecuencias para  moldear el futuro de años de nuestro tejido social e institucional que, aun a pesar del chavismo,  ha dado un mínimo de coherencia a nuestra vida civilizada.

Y por donde quiera que se vea presiento que si el hilo constitucional se rompe, como ya lo rompió Maduro, ya habrá manera de  volverlo a empatar, pero esto no se verá desde las colas de comparadores de remate de inventarios,  porque  el remate del país será de madrugada: las fracciones militares tienen la primera opción una vez que el liderazgo civil se chorreó el 16 de abril. Ojala que comprándolo barato una vez rematadas  sus riquezas e inventarios,  se pueda reconstruir  todo con trabajo productivo y disciplina de la dictadura de la ley, desde la óptica de construcción de Un Nuevo Orden.

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