Los tiempos aprietan – Fernando Egaña

 Fernando Luis Egaña

 

Se está formando un consenso acerca de que la crisis político-económica que envuelve y aprisiona a Venezuela, terminará por reventar o hacer eclosión, aunque ese mismo consenso acerca del porqué no se extienda al cómo y al cuándo.

Según las encuestas, los plazos de expectativa se acortan en la medida que la situación se agrava. Y ésta no deja de hacerlo gracias al legado calamitoso y a la manifiesta incapacidad del sucesor; quien, por cierto, se comporta como si estuviera encabezando una magna gesta para salvar a la patria… En cualquier caso, exactamente lo contrario.

Ahora bien, las percepciones negativas sobre el presente y el futuro cercano, no necesariamente tienen color político específico. Son policromáticas. Y no es de extrañar que sean muy fuertes en los ámbitos del oficialismo. Sobre todo en el entramado político-militar que está tratando de sustituir la figura de Chávez en tanto hegemón de la hegemonía.

Mucha preocupación debe haber allí porque la calle ciega de Nicolás Maduro está comprometiendo la viabilidad del largo dominio verdeoliva sobre la vida venezolana de este siglo. Que para eso se quería destruir a la República Civil, para que el poder militar no siguiera sujeto al poder cívico-político.

Y Maduro en vez de hacer algo sustancial para darle una salida razonable al laberinto de la economía, o de la inseguridad, o de la desconfianza social, o de la suprema ineficiencia de los servicios públicos, a lo que se dedica él y también sus camaradas es al insulto y vituperio de la oposición abierta, y para ello vienen exhibiendo un talante fascista cada vez más belicoso.

Y repito la expresión “oposición abierta”, porque hay otra, digamos que encubierta, que no tiene nada ver con la Mud o sus vecindades, sino que anida y se acuerpa en los núcleos de poder de la hegemonía roja. No sería equivocado pensar que Maduro le debe temer más a ésta que a la otra.

En particular porque a su diestra y siniestra hay representantes efectivos o potenciales de esa “encubierta” oposición. Incluso puerta con puerta o en la larga mesa del consejo de ministros… Algunos de ellos no dejan de quejarse por la selección del predecesor, y en verdad lo que buscan es convertirse en sucesores del sucesor.

Panorama que se podría avizorar si continuara o se acelerara el ritmo de deterioro de la situación general del país. Y Maduro, Arreaza, Ramírez, etcétera, no descansan en sus ejecutorias que profundizan el deterioro. De allí lo probable que las figuras de la oposición encubierta traten de desempeñar un papel más determinante.

Cierto que la caída de los países no necesariamente encuentra un fondo, porque siempre se puede estar peor. Pero también lo es que hay umbrales que hacen las veces de llegaderos para la opinión pública y la mayoría social. Las demenciales distorsiones económicas aunadas a la progresiva corrosión del orden público, empujan al país hacia esos umbrales.

Los tiempos aprietan y al hacerlo, nublan el entendimiento y extreman las posiciones. Eso no es muy difícil de constatar, pero tal parece que sí de asimilar o reconocer para que sean fundamento de rectificaciones. La fallida comparecencia de Maduro para “anunciar” medidas económicas, por ejemplo, fue otro fiasco en esa dirección.

flegana@gmail.com

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