Unos y otros no volverán – Alberto Franceschi

 Alberto Franceschi

Terminar la vigencia de este régimen chavista, aunque sea fraudulento, lo único que queda sólidamente establecido es que no puede reconstruirse en su lugar un modelo institucional como el de la llamada Cuarta República, que implicaba una fuerte dependencia de los partidos políticos de masas, entre otras razones porque ya no existen, repartiéndose la gestión de un Estado concebido como clientelar, es decir al servicio de sus camarillas privilegiadas y sus militantes “clientes” del cambural de aparatos electorales de sostén.

Quitándole cualquier carga polémica a la consigna NO VOLVERAN, decía en un artículo anterior, que ese ukase se transformará, en la nueva etapa del país, en una razón de ser, lev motiv, que proscribe, a los viejos y a los recientes usufructuarios, seguir en el ejercicio de este poder, corrupto por definición, que durante décadas malbarataron oportunidades de desarrollo impresionantes, tiradas a la basura, aunque la más evidente sea la de los últimos 10 años con petróleo a 100 dólares saqueados por la clase política rojita y sus socios cacos encorbatados boli-burgueses.

La vieja burguesía, cerrada en sus cotarros de industrias, bancos y comercios, protegidos, cuasi monopólicos, con exenciones de todo género y aranceles, acabó con el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, que intentaba desmantelar esa economía artificial del Estado rentista del bipartidismo, y cuyas patadas finales le cayeron desde el binomio Caldera-Alfaro, sumados a lo más rancio del empresariado, aunque en el camino se llevaran en los cachos al propio Copei, y a Acción Democrática, que quedó en escombros.

También arrasó con todo todo el tinglado político institucional de ese régimen, pulverizado por la “anti política”, propalada sobre todo desde los grandes medios de comunicación en manos exclusivas  de los poderes fácticos de cenáculos de los “Amos del Valle”.

El resultado fue que, cabalgando el desorden generado por los golpes Chavistas de 1992 y por la estúpida destitución de Pérez, para abrirle paso a la segunda presidencia calamitosa de Caldera y a la del propio Chávez, únicos beneficiarios de ese desaguisado jurídico, la Cuarta se suicidó por alcahuetear el parto de esta Quinta república de nuestra desgracia nacional agravada.

El astuto Chávez solo agarró los mangos bajitos de la Corte Suprema de Justicia, entregados en una cestica por Cecilia Sosa, por Henrique Capriles en su pubertad política acomodaticia desde la Presidencia de Diputados, y por el inefable General Salazar, cobrando no sé cuáles cuentas, entregándole al hegemón las FFAA, que muy tempranamente el propio 4 de febrero del 1999, celebrando la felonía de Chávez, le desfilaban a Fidel Castro en Los Próceres.

Ya pasaron más de 14 años y medio, pero recordemos que cuando las mismas viejas roscas empresariales quisieron defenestrar a Chávez, poniéndole sus propias fechas de finiquito a su gobierno electo, como hicieron con el de CAP, el tiro les salió por la culata, por cuanto en medio de la mayor improvisación, que terminó por restituir el gobierno el 14 de Abril de 2002, Chávez retornó bajo un signo ideológico opuesto y radicalizado y les persiguió y maltrató por 12 años, hasta que la muerte se lo llevó hace 9 meses, aunque “sus hijos” siguen la tarea.

Lo que queda de ese régimen chavista está condenado a una caída irremediable, ya en curso, en todos los órdenes. Eso lo sembró Chávez y esos disparates están explotándoles en las narices a sus improvisados e ignaros herederos.

Lo que este gobiernito de Maduro pueda durar todavía, sean días, semanas o meses, es totalmente secundario.

Lo importante a retener es que no será sustituido por otro gobiernito de la llamada oposición, cuyo líder exageradamente puede ser considerado un Alcalde regular para Baruta. Más capaz que Maduro si es, cuyo techo sería la Alcaldía de Sabaneta, pero estamos hablando es de la necesidad de un conductor para toda una república que está al garete y que requiere de un cambio de timón de tales proporciones, que ni siquiera se trata de ponernos en manos de un nuevo caudillo, sino de todo un equipo de altos quilates, de origen cívico-militar, que pueda para empezar poner orden en este bochinche.

Ese nuevo régimen debe ser capaz de generar, con un gran programa económico, unas reglas de confianza absoluta, para que florezca una gran clase empresarial, generadora de masivos empleos productivos, en un ambiente de gran seguridad jurídica y de personas y bienes, con un malandraje tras las rejas, cueste lo que cueste, así haya que endeudarse, para “alojar” una población penal cinco veces mayor a la actual como mínimo.

Es necesario volver a los temas que intentó resolver CAP, pero multiplicado por 20, por decir lo menos, dados los años perdidos en que deambulamos entre los desastres de la agonía de la Cuarta y en los años dirigidos de estos mostrencos, que creen en que las soluciones van por el trueque y los gallineros y almácigos verticales.

Para mayor desafío de complejidad, los grandes reajustes económicos, no deben hacerse a expensas de los débiles y excluidos sociales, ni menos aun rematando la riqueza nacional, como estuvo de moda en los tiempos de los “paquetazos” fondomonetaristas.

A la par de un nuevo régimen, necesitamos un nuevo empresariado, que no pretenda como el de décadas atrás, vivir a la sombra del proteccionismo que nos hunde en la vida cara y menos podemos permitir la sobrevivencia de la manga de ladrones y especuladores de la llamada boliburguesia, que solo saben importar para sacarle comisiones al poder político cómplice.

Un nuevo régimen necesario es mucho más que un nuevo gobierno, porque deberemos conquistar un nuevo sistema económico-social basado en la generación de riqueza y no seguir en la ruinosa  rebatiña clientelar.

Unos y otros, de esta polarización absurda, no volverán, así que los que han hecho planes y sueñan con terciarse bandas aunque sea de Acalde que se bajen de esa nube, porque esta partida se acabó, pero no descarto que por méritos propios a muchos los llamen quienes les toque remendar, reflotar y dar destino a este barco encallado.

Pocos escaparán a los vetos por ser parte de los vicios del pasado recientes y lejanos, y en cuanto al siempre impúber Capriles, me imagino se hundió más aun de lo que ya estaba desde el 17 de abril cuando su parada de burro, al ponerse de bocón y condenar cualquier reajuste institucional que venga por la vía de las FFAA.

Su cálculo absolutamente certero, es que ninguna Junta Militar le dará el chance de cumplir su sueño presidencial, por la sencilla razón que no calza los puntos requeridos y cual protagonista de la fábula de la zorra y las uvas inalcanzables en sus brinquitos, decretó que estaban verdes por no poder llegar a ellas…

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