Corrupción y polarización – Fernando Egaña

 Fernando Luis Egaña

Hay ironías que no tienen desperdicio. Desde hace años se viene criticando a la polarización política con el argumento de que le ha dado muchos dividendos políticos al régimen bolivarista. Lo cual es una verdad a medias, porque la polarización en los términos planteados por  el régimen imperante, sí suele ser favorable a éste. Pero otra cosa sería la polarización en unos términos o coordenadas que fueran desfavorables al oficialismo. Pero bueno, el tema de estas líneas no es el concepto de la polarización sino una de sus derivaciones.

O debería precisarse, una de sus excepciones. Y es que en materia de corrupción estatal –sobre todo en tiempos relativamente recientes–, la polarización política ha sido superada por el consenso, o para decirlo con los términos adecuados, la complicidad despolarizada. Tirios y troyanos, rojos y tricolores han dejado a un lado sus diferencias en lo político para confabularse en lo económico-delictivo. Así de simple.

En ese sentido  tenemos que diversos medios alternativos –que no tanto los más establecidos o tradicionales– vienen rindiendo cuenta de los onerosos y turbios negocios de los boli-yuppies o los boli-chicos, vale decir un grupo cada vez más nutrido de jóvenes profesionales de encumbrada posición social que se han dedicado a los negociados con lo más descompuesto de la frondosa burocracia bolivarista.

Negociados en Estados Unidos, en España y en los paraísos fiscales de medio mundo. Negociados depredadores del fisco venezolano. Algunos de estos personajes, pudieron muy bien marchar en contra de Chávez y sus ejecutorias, hasta no hace demasiado tiempo. Pero es obvio que de aquellas militancias se pasaron a otras… Militancias peligrosas, por cierto, porque las investigaciones fiscales y demandas penales no se han hecho esperar en los Estados Unidos y otros países, en los que la administración de justicia no es una caricatura del poder ni una caricatura de poder.

Curioso pues que en materia de corrupción no sean nada claras las fronteras de la polarización política. Al revés, porque en este dominio lo que parece privar es el consenso –complicidad– de hacerse billonario en un dos por tres, sin darle demasiada importancia a las circunstancias ni a los contextos. El billete verde se impone a cualquier tipo de preferencia política. De hecho, el billete verse se convierte en la preferencia política.

La danza de millones, repito, es en verdad de billones. Con Pdvsa, con los contrataciones eléctricas, con Cadivi, con cualquier organismo que pueda ser exprimido. Y todo con el entusiasmo de sus contrapartes del Estado rojo.  Algunos de los cuales ya se encuentran en el exterior con sus cuantiosas fortunas, y otros permaneces acá, dedicados a incrementarlas. Por todo ello, si algo deja un sabor amargo en las valoraciones del presente, es la corrupción despolarizada.

Entre otras razones, porque cuando se plantea el tema de la unidad nacional, de la reconciliación, del esfuerzo conjunto, no se está pensando que la corrupción sea el común denominador. Pero lo está siendo en sectores y ámbitos elitescos de los más diferentes colores políticos. Y ese no es el futuro que Venezuela merece.

flegana@gmail.com

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