Antes y depués de Chávez – Antonio Sánchez García

  Antonio Sánchez García

Asombra, y a veces hasta divierte, escuchar con que inmoral naturalidad los venezolanos decimos que el principal problema de la Venezuela post chavista es “el problema moral”. Se lo señala de manera tan liviana y en passant que “el problema moral” es asunto equiparable al desabastecimiento de papel toilette y a la carencia de divisas. Un problema entre otros. Ni siquiera en el rango de las urgencias categóricas, como la falta de leche o harina pan. Pero que, en el caso, atañe a una realidad deletérea, espumosa, evanescente y como fantasmagórica llamada “moral”. Como si a la hora de sentarse a la mesa, además de faltar el vaso de leche, los huevos o la arepa, faltara una bandeja con una cosa llamada “moral”.

Bolívar, referencia obligada y un tanto absurda cuando de reflexionar sobre nuestra naturaleza se trata, también tocó, naturalmente, el tema. Hermanándolo, y no le faltaba razón, con el de las luces. Seguía los predicamentos del siglo XVIII, al que pertenecía en propiedad, el así llamado “Siglo de las Luces”. En donde luces no se refería al fenómeno de la claridad, natural o artificial, con la que los hombres podían existir cuando los envolvía “esa noche oscura y tenebrosa”, sino a la iluminación del intelecto, a la sapiencia, al conocimiento, a la cultura. En otras palabras: al despertar enciclopedista que sirviera de artillería para derrumbar viejos mitos, prejuicios y anquilosadas estructuras del absolutismo y abrir la civilización a los principios de la nueva era: la libertad, la igualdad, la fraternidad. Pero por sobre el reemplazo del Dios de los Cielos por el Dios de la Razón.

No conozco estudios sobre el problema moral en la teoría y la práctica de Bolívar. Disociadas y vuelta a acoplar de manera acomodaticia según las circunstancias, como corresponde a un político y a un soldado, que jamás dejó de ser ambas cosas. Fue de un ascético y furibundo moralismo contra Miranda, quien no lo fue con él si bien merecía el fusilamiento por abandono del cargo en medio del temporal, cuando por la cobardía con que se limpió las manos de su desastre en Valencia pretendió fusilarlo en La Guaira. Para terminar cambalacheándolo por un pasaporte para escapar de las garras de Monteverde tras la máscara de la lealtad y el engaño. Ni con el cura Madariaga, al que además de tratar de loco porque no se arrodilló ante su soberbia militarista condenó al destierro, la pobreza y la muerte, si bien salvándolo del destino que le impuso a Piar, quien corrió con peor suerte. Tal vez porque era negro. Quien estudie su vida – y no necesita convertirse en un experto – tendrá que coincidir que su vida de calaveradas, locuras y ambiciones no fue un dechado de rectitud moral, sino un volcán enfebrecido por el afán de Poder, la ambición y la Gloria. Deus in terra.

Cuando se sigue el hilo de nuestros modelos de comportamiento social, sobran las virtudes guerreras. Claro está: siempre contra los enemigos internos, jamás contra el vecindario, que como bien dijera Rómulo Gallegos, somos belicosos, no belicistas. Faltan de manera escandalosa las virtudes morales. Y el patriotismo. Salvo en aquellos que precisamente por ello fueron despreciados y lanzados al basurero de la historia, como Andrés Bello, José María Vargas, de alguna manera el mismo general Páez. Que por patriota y nacionalista no tuvo más remedio que pelearse con Bolívar. Y así a lo largo de nuestra historia: eran cosas sabidas y por saberse, como escribiera Cecilio Acosta, otro de los despreciados. Y la fila de perdedores que pretendieron moralizar al país y terminaron fusilados. Como el general Antonio Paredes, “asesinado por orden de Cipriano Castro en la madrugada del 15/16 de febrero de 1907, frente al apostadero de Barrancas a bordo del vapor “Socorro” de la Armada Nacional, en aguas del Río Orinoco”, como reza al pie del retrato de un soldado de frente despejada, ceño desafiante, mirada melancólica y un aire como de tristeza incorruptible, que abre su obra CÓMO LLEGÓ CIPRIANO CASTRO AL PODER, prologado por nuestro querido Ramón J. Velásquez y dedicado con unas palabras que por elemental discreción no reproduzco.

Hay una contra historia de la Venezuela corrupta, en gran parte de su decurso, así nos pese: la de los ganadores. Es la historia de los perdedores. Es la de quienes no hicieron de la moral y las luces una proclama, sino fe de vida. Uno de ellos es Antonio Paredes, uno de los venezolanos más admirables de nuestra poco admirable historia. Pero hay muchos más. Uno de mis libros de cabecera es el de José Rafael Pocaterra, Memorias de un venezolano de la decadencia. En su cuarta edición, la de 1937 de la Editorial Elite, de Caracas. Desfilan por sus páginas como en cortejo de difuntos las atrocidades de un tiempo crepuscular. Y otro, el de un joven historiador, Tomás Straka (1972), que tuvo la maravillosa idea de escribir sobre aquellos que perdieron la batalla por el mantenimiento de la provincia y la fidelidad a la Corona: La voz de los vencidos. Una voz que corre como un hilo tenaz por el subsuelo de esta Patria gangrenada. Hasta el día de hoy.

Hay, desde luego, muchos más. Toda nuestra historia, como por lo demás toda historia humana,  es una de vencedores y vencidos. Y no porque vencieron era su Venezuela mejor que la de quienes fueron sometidos por la fuerza de las circunstancias. Tal vez por haber confiado demasiado en la moral y la luces. Esa fuerza aplastada que estuvo detrás de los vencedores: Monagas, Guzmán Blanco, Joaquín Crespo, Cipriano Castro y Gómez. Y si me apuran, detrás de Rómulo y la Revolución de Octubre, que quiebra con un tajo irreversible, profundo e insalvable la Venezuela liberal que hubiera podido ser y no fuera de la que terminaría asentando la República que, no por azar, hoy agoniza en la corrupción y las tinieblas.

Sé que es un absurdo, pero me lacera la pregunta acerca de lo que sería nuestro presente si a Chávez, como sucede imaginariamente por cierto en un spot publicitario de la Mercedes Benz con un Adolfito Hitler atropellado y muerto en su infancia, los soldados institucionalistas no le hubieran perdonado sus graves primeras faltas disciplinarias y lo hubiera arrancado de cuajo del ejército, en lugar de enviarlo al interior a empollar sus conspiraciones; si al develarse sus andanzas los soldados de Herrera o de Lusinchi lo hubieran expulsado de las filas; y si ya golpista, los de CAP o los del segundo Caldera lo hubieran secado en la cárcel, o incluso, si el 11 de abril sus ex compañeros de armas lo hubieran condenado a pasar su vida encadenado, como lo merecía la más peligrosa de las alimañas de nuestra modernidad incubada en sus cuarteles.

Es tal el fardo de la inmoralidad que pesa sobre las espaldas de un joven venezolano de hoy, después de Chávez, que no puedo menos que recordar lo que escribiera uno de mis maestros, el pensador alemán Theodor Adorno, en su Minima Moralia: Auschwitz es un punto de inflexión y ruptura irreparable en la historia de la civilización: ”Escribir un poema después de Auschwitz es un acto de barbarie, y eso mismo impide darse cuenta de por qué se ha hecho imposible escribir poesía después de Auschwitz.” El mal de la crueldad mordiéndose la cola de la crueldad del mal.

250.000 muertes debidas a la complicidad y la desidia de los hombre de Chávez no se comparan, cuantitativamente, con los 6.000.000 de judíos gaseados por Hitler. Pero constituyen, junto a los innumerables estupros y saqueos al tesoro público y la traición sin nombre a nuestra soberanía nacional, un punto de ruptura irreparable con nuestra historia bicentenaria. Hay un antes y un después de Chávez. Así el después aún esté por escribirse.

@sangarccs

¿Qué tiene que pasar para que se caiga? – Alberto Franceschi

 Alberto Franceschi

Si respondiera  a esto con exactitud  me agarran preso por andar  de  bocón barruntando desgracias ajenas, aunque ya sea de dominio público que nadie da medio por la permanencia de Maduro en el poder presidencial espurio.

Rafael Poleo  tenía convencido a muchos,  con su revista, que  Diosdado y que era o representaba el recambio, pero  últimamente ya no “jalla” como disimularle al teniente de El Furrial, que está solo como la una,  porque está dejando  en sus manos la continuación de este desastre  y  que por ello ha malbaratado su gran poder  político heredado,  hasta reducirlo a escombros,  sumándose  cada día enemigos y escépticos que  no le permitirían ser un factor probable de equilibrios futuros,  en un eventual gobierno de transición.

Los más osados hablan de un plan  ladino  que pergeña el mismo Diosdado , para hundir cada vez más al infeliz  y malquerido chofer, induciéndolo  a torpezas  y  a  poner cada vez más tortas burreras,  dando la impresión que  al  parecer más bien el poder de Miraflores solo se sostiene  montado en  las intrigas palaciegas de la corte malandra, que aún puede armar  la “primera combatiente”  desde su atalaya de poder  sobrevenido.

Si la cotización del dólar paralelo pasa ya de 50 y se embala para los 100 Bs la unidad,  eso por si solo es un primer gran límite histórico que al  transgredirse  entramos en el caos hiperinflacionario.

Luego del embarque  de la tonelada y media de cocaína a través de Air France y  duplicar los asesinatos de los policías a manos del hampa mejor armada,  ¿que otro índice puede mostrar que el acabose en materia de seguridad requiere  de  un parao  en seco?

Y si medimos  la escasez de 50 productos y  lo exorbitantemente caro de otros 500,  le sumamos  el número de  trifulcas en los supermercados y  ello se multiplica por las huelgas protestas obreras y populares, ¿se esperan entonces  los grandes saqueos  de un sacudón para alcanzar el clímax en el rubro de la anarquía económica?

Para quienes  creen todavía que existe un margen de maniobra del gobierno para detener su caída, quizá no han tomado en cuenta que por ejemplo difícilmente puede superarse  la taza de corrupción,  por la sencilla razón que ya se robaron todo  y  lo que queda es el raspado de la olla, que puede dejar muchas evidencias  para elaborar las listas de los “paga-peos”,  ante  los necesarios juicios de responsabilidad que sigan a la caída de este esperpento de régimen.

¿Qué falta entonces?  ¿Mayor nivel de ridiculez e idiotez  en el discurso oficial?  Eso ya está excedido y ampliamente. La decena de intentos de magnicidios  anunciados y ahora   el escandalete  por una grabación anónima con voz de Chávez, obra de alguien  con negro sentido del humor,  que  saca de  quicio  al propio Presidente  y  atribuye  esta memez  a una gran conspiración desestabilizadora,  ya solo  dibuja  un comportamiento paranoide  de los que han mentido tanto y  tantas veces,  que ya  pasaron  el umbral  de  enredarse en sus propias patrañas y  locuras.

Una vez determinado que este gobiernito NO VA MAS, es un hecho que nadie en su sano juicio puede imaginar que el poder salga de manos de Maduro y Diosdado para pasar a las de Capriles y su MUD,  cuyos servicios  ya son superfluos para tratar de  sostener este régimen que cae en picada.

Ninguna solución ni siquiera transitoria,  puede ser viable utilizando las figuras y personajillos de este régimen desahuciado,  ni tampoco, por no decir ni menos,  las de su oposición  sifrina,  que ocasionalmente ocupó  ilusoriamente, en medio del vacío aterrador,  la tribuna mediática de un recambio electoral  absolutamente  imposible.

Los que  albergaron ese sueño húmedo de ver  el camino justiciero a la cabeza del Estado, pueden  ir  almacenando en su hipotálamo las imágenes de ese trance  onírico, que no tendrá posibilidad  alguna de convertirse  en otra cosa distinta a una película de ficción futurista del mundo Disney.

Después de década y media  de disparates, que acumularon toda clase de problemas,  nadie puede creer que la solución sea seguir repartiendo pero  para todos,  en lugar de solo para la mitad rojita.

El discursito del subdesarrollo  mental  que  propala vivas a  la repartición del  Estado rico  para  mantener una legión de tres millones de clientes del Estado petrolero  que son el sostén,  para  generar fortunas a unos 10.000 vivos que contratan y roban  de la mano de la camarilla gobernante, agoniza y  ya no es re-construible,  el chavismo acabó hasta con sus posibilidades de recrearlo aunque fuese disminuido.

De manera que en el plano estrictamente teórico este gobierno debería  estar  caído. Digo teórico por cuanto el paso práctico lo darán los únicos que pueden hacerlo y  la verdad es  no sé qué es lo que esperan quienes  deben  deponerlo.

Quizá no se han paseado por el tema que es imposible hacer tortillas sin quebrar un solo huevo, olvidándose que  asoleados y agitados esos  huevos  pueden empezar  a  ponerse piches en tiempo récord.

Si como supongo debe ser la institucionalidad de las FFAA las que deban producir el PRONUNCIAMIENTO MILITAR que obligue a una recomposición de los poderes públicos, no estaría demás advertir  que desde el ángulo político que le es inusual,  si podemos  presagiar  que la gangrena del Estado en putrefacción  ya agarró hace rato a nuestras FFAA y que es absolutamente inevitable pasar a cirugías en lugar de  seguir con tratamientos  y terapias,  que por su lentitud  solo pueden tener por resultado que  la gangrena agarre  velocidad viral  y  deban  realizar cirugías cada vez más dolorosas e invasivas, para amputar  segmentos cada vez mas  grandes.  O se amputa o el paciente muere sin ese intento: NO HAY OTRA OPCION. Maduro es la agonía, Diosdado el impasse  y  Capriles  y  la MUD  son solo solución para un sector. La recomposición o  es de fondo o daremos tumbos por varios meses, y hasta años, en la anarquía y  la muerte  de esperanzas.

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Maduro, el crédito que nunca tuvo – Luis DE LION

IMG_0806  Luis DE LION

El venezolano de a pie, la gente simple, los honestos, los ciudadanos, que no les sobra ni el tiempo ni el dinero, los que constituyen esa mayoría silenciosa, cómo no van a indignarse ante la escasez. Cómo los mismos que tienen la muy legítima ambición de vivir en paz van a entender que el gobierno dude en aplicarle la ley a los motorizados, cuando se trata de un gesto de orden público. Cómo van a respetar un presidente que recibe anuncios a través de un pajarito y dice tener corazonadas respecto al avión presidencial.

Cómo no van a mostrar su rechazo, cuando descubren que 1.3 toneladas de cocaína salen del aeropuerto de Maiquetía sin control alguno, mientras a los pasajeros se les registra hasta el último rincón por una GNB cuya divisa es humillar. Cómo no van al cabo del tiempo y por sus propias vivencias a desafiar a la justicia, si ésta no hace su trabajo. La administración de justicia, dejó de actuar en nombre del derecho, para hacerlo a conciencia ideológica. No es solo un asunto de derecho, también está la moral.

El derecho como fuente de la ley, ésta a su vez es la emanación de la política, y la política es gobernada por la ideología.

La rígida ley del Trabajo es otro patético ejemplo. Fue votada por gente que ni trabaja ni tiene problemas económicos, y que además ven en el empleador, en el patrono, un enemigo. ¿Dónde está la igualdad tanto enunciada? Un régimen que se dice de izquierda y legisla contra la libertad de las personas.

Todo un dogmatismo arcaico y demagógico. Ante la ausencia de una oposición política, la cual yace distraída y desinteresada, provoca decirles que echen un vistazo a la izquierda alemana y a la derecha también.

Ni promesas, ni conciencia. Maduro no tuvo necesidad de hacer promesas de campaña. Practica una política flotante, persigue con furia toda vía de libre expresión y con la misma saña miente cada vez que se dirige a la nación. El descrédito originario, que le asedia, se pone en evidencia en su desastrosa gestión económica. Es tal el descontento que suscita, que la crítica es generalizada, en el clima de insatisfacción se incluyen todos los ámbitos. Escasez, inflación, devaluación, desempleo e inseguridad. ¿Era urgente que Maduro metiera sus narices en el affaire Snowden? Todo al principio parece hecho para chocar, para molestar, para irritar, para provocar.

Maduro luce empeñado en sumergirse en la arena movediza del rechazo, de la reprobación. Una pretensión aún más ridícula viniendo de un político sin credibilidad, sin popularidad. Un desprecio por los asuntos prioritarios, con una arrogancia insensata, pretendiendo una supuesta continuidad, de algo que fracasó.

Sin sorpresa, todo le estalla en el rostro. Bien sean decisiones de orden económico, social o de política exterior. Todo se plantea y se implementa con el objetivo de crispar, lo cual no hace otra cosa que aumentar la decepción y el descontento producto de una política económica incomprensible.  

Su empeño por abarcarlo todo, en su política de destrucción, lo convierte en el blanco de las críticas que suscitan sus políticas, al punto que comienzan a recaer sobre él culpas de las cuales no es directamente responsable.

Eso en política, se llama una severa crisis de autoridad. Producto de una ambición desmesurada, de compromisos inabordables, de decisiones puestas en entredicho apenas afrontan el mundo real, una mayoría legislativa insuficiente y deshilachada y la perseverancia en mantener un discurso confuso.

Resultado, un país al borde de la implosión. Sin duda una obra suicida. El desastre ya no se anuncia, está presente y el responsable no se da por aludido.

luisdelion@gmail.com

@LDeLion

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Autogolpes y estallidos – Fernando Egaña

 Fernando Luis Egaña

Muy brumoso se encuentra el ambiente político-social del país. Muy brumoso. Desde la oposición política, Ramón Guillermo Aveledo alerta sobre la posibilidad de una salida de fuerza, es decir sobre la tentación de un auto-golpe. Y es que una ruptura violenta tendría que ser un auto-golpe. En la teoría y la práctica no podría de otra manera.

La razón es obvia: si los militares son los que dan golpes, y los militares son lo que están gobernando ahora, entonces un golpe tendría que ser un auto-golpe. Y bueno, en esa materia debe haber mucho material, porque la historia-oficial ha sacralizado el golpe de estado, vía la glorificación de los promovidos por el bolivarerismo-militarismo. Amén de que el desempeño del sucesor tiene a su parcialidad política con las manos en la cabeza.

Por otra parte, desde el poder establecido se habla cada vez más de explosiones sociales, de sacudones, de disturbios, de “candelitas” y de sus sucedáneos, y aunque lo hacen a modo de denuncia de supuestos planes conspirativos del imperio exógeno y la derecha endógena, el punto es que tienen el asunto de la explosión social en el centro de las entendederas y también de las angustias.

Las autoridades militares y policial-nacionales se notan agitadas por las expectativas en relación al orden público. A los gobernadores de oposición los están acusando de instigar desordenes sociales, y sin que nadie les pregunte, los ministros y generales se la pasan respondiendo que se encuentran debidamente preparados para enfrentar cualquier eventualidad de esa índole.

Esos nerviosismos alimentan los rumores, y los rumores alimentan las percepciones, y las percepciones alimentan los nerviosismos. Y la espiral también se expande con base a la dramática realidad cotidiana y al empeño hegemónico de controlar la información. Mientras tanto, Maduro viaja por el mundo echando cuentos y contrayendo deudas, y el país a la mala del diablo.

Y ese país, o gran parte de él, lo resiente. Ya no se convence del tan mentado futuro promisorio de la propaganda vieja y nueva de la “revolución”. Al contrario, quiere que le rindan cuentas del porqué las cosas marchan tan al revés de las promesas. De las promesas de Chávez y de las recicladas de Maduro.

Uno que luce obsesionado con lo del estallido es Diosdado Cabello. Tanto o más que con Capriles. ¿Por algo será? En todo caso, el ambiente político-social está espesándose con cuestiones tan delicadas y peligrosas como los autogolpes y los estallidos. Y esas espesuras son malas para todo el mundo. Sin excepciones.

flegana@gmail.com

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Recomendaciones cubanas – Trino Márquez

Trino Márquez

En la mente del difunto comandante se mezclaban tesis provenientes de distintas ideologías políticas.  Una prevalecía sobre las demás: el rechazo al Estado y a la República liberal, esencial para los marxistas. Fue el propósito que lo obsesionó. Le resultaba inadmisible la independencia y el equilibrio de los poderes públicos, la existencia de medios de comunicación independientes, organizaciones sociales claramente diferenciadas del Estado y con capacidad para frenar los desmanes del Poder, universidades autónomas. El modelo más cercano era Cuba y su líder emblemático, Fidel Castro. El sistema organizado en la isla caribeña por la Unión Soviética y los países de Europa oriental, se convirtió en el modelo típico ideal –según la expresión de Max Weber- de un régimen totalitario dirigido por un líder carismático apoyado en una camarilla de subalternos incondicionales. Las primeras recomendaciones cubanas apuntaron a demoler la democracia liberal.

Hugo Chávez murió sin haber visto consolidado su proyecto totalitario. La refundación de la República, la destrucción del capitalismo y de la democracia representativa, y su sustitución por el socialismo y la democracia directa, quedaron en barbecho. La resistencia que le opuso el país impidió que se reprodujera plenamente el esquema fidelista, lo cual no significa que haya fracasado en la construcción de un orden institucional que incorporó la mayoría de las piezas que él diseñó.

Nicolás Maduro no logró aprender las enseñanzas –siempre confusas y desarticuladas- del maestro, y, además, carece de fuerza para compactar al chavismo en torno de ideales utópicos. El heredero sabe que a duras penas logrará sobrevivir en medio de las turbulencias que le rodean.  El socialismo del siglo XXI, el Estado Comunal, la democracia participativa y protagónica, quedaron para inaugurar actos oficiales y recordar la memoria del líder fallecido. Perdieron todo encanto y capacidad movilizadora. Maduro no puede imprimirles ese sello. El PSUV se organiza para ganar elecciones, sobornar, intimidar y chantajear  a los votantes, pero no para construir la nueva república socialista edificada a partir de los despojos de la democracia burguesa. De lo que se trata ahora es de mantenerse en Miraflores sin contar con la presencia del líder fundador. Hoy lo que vemos es un régimen caótico y averiado -que carece de un proyecto doctrinario definido, aunque esté ensamblado con diferentes ideologías- y que no posee respuestas eficaces frente a la grave situación global que vive la nación.

El nudo económico el Gobierno no sabe cómo desatarlo. Nelson Merentes, con una visión pragmática, reconoce la profundidad de la crisis, admite que los logros han sido magros, propone modificar la Ley de Ilícitos Cambiarios para limar sus aristas más punitivas, permitir la apertura de las casas de bolsa, incrementar la oferta de divisas y reducir la gigantesca brecha entre el dólar oficial y el paralelo, causa principalísima de la escalada inflacionaria. Los dólares deben fluir. Cadivi no es suficiente. Su preocupación no consigue eco. Ricardo Sanguino impide que en la Asamblea Nacional se debata acerca de la situación económica porque “aquí no hay crisis”. Todo es un invento de la derecha para desestabilizar  al Gobierno.  Merentes no posee suficiente musculatura dentro del Gabinete para dinamizar sus proposiciones. No incorpora aliados que respalden su posición. Da la impresión de que la ortodoxia marxista, liderada por Jorge Giordani, sigue teniendo un peso determinante en las decisiones económicas que se adoptan. También puede ser que los cubanos no aprueben las iniciativas del ministro de Finanzas porque no ven cómo pueden beneficiarse de los cambios sugeridos. Mientras tanto la inflación anualizada se encaramó en 45,4%; la inflación en 2013 se acercará a 50%; el diferencial cambiario entre el  dólar oficial y el paralelo es superior a 700%, el mayor en toda la historia nacional; la inversión foránea en Venezuela es la más baja de América de Sur.

Los problemas desbordaron a Maduro y su precario gobierno. La única respuesta que logran articular en medio del  desconcierto es la que les recomiendan los cubanos: más represión y hostigamiento a la oposición, mayores controles, más hegemonía comunicacional con el fin de impedir que la realidad se conozca y reducir el impacto de la escasez, la inflación, la inseguridad y el colapso eléctrico.

El 8-D el país tendrá la oportunidad de desmontar esta trama.

@trinomarquezc

¿Es Rusia un gran poder? – Aníbal Romero

 Aníbal Romero 

Es un error subestimar a Rusia. Napoleón y Hitler lo hicieron y lo pagaron caro. Las cosas fueron distintas con la URSS. Reagan percibió que después de setenta años de idiotez, torpeza y crueldad comunistas la Unión Soviética se hallaba en avanzado estado de descomposición. Sin embargo, la URSS no se “derrumbó”. Pocas veces, quizás nunca, los regímenes políticos colapsan o se producen las llamadas implosiones. Para que un régimen caiga es necesario empujarle al abismo, y eso lograron Reagan, Thatcher y Juan Pablo II con la agonizante URSS.

Luego del fin del comunismo, agotada en sus más hondas raíces nacionales por un sistema político inhumano y atroz, Rusia ha venido dando tumbos en el escenario internacional. La patria de Tolstoi, Sajarov y Solzhenitsyn enfrenta hoy serios problemas, entre ellos el demográfico. La enfermedad comunista dejó como legado, entre otros horrores, una población carente de esperanzas que en buena parte no desea reproducirse. Sumemos a ello una economía dependiente de las materias primas, en particular de recursos energéticos, que se queda atrás en los campos de la educación y la innovación tecnológica, todo esto empeorado por una galopante corrupción.

Sin embargo, insisto, no es inteligente subestimar a Rusia. La razón principal es que la situación de un país tan importante, por su pasado, su geografía, sus recursos naturales y la experiencia acumulada de su gente, no debe medirse exclusivamente en términos materiales o en función de su poderío militar, convencional y atómico. Otro factor de crucial relevancia es la calidad de su liderazgo. No me refiero a los aspectos morales sino a su visión estratégica, capacidad de decisión y voluntad de poder.

Si estos ingredientes son tomados en cuenta, y en vista que la condición de gran poder es siempre relativa a otros, Rusia cuenta actualmente con una apreciable ventaja sobre, por ejemplo, los Estados Unidos, Europa y Japón, donde las élites experimentan un período de dispersión interna, extravío estratégico y vocación aislacionista orientada hacia los asuntos domésticos, y en general desinteresada de la geopolítica mundial. El caso de China es más complicado y no mucho sabemos de la situación de sus élites dirigentes, pero estoy convencido que el poderío chino ha sido exagerado. Los problemas internos que enfrenta China son enormes y su alcance estratégico siempre será limitado.

Putin es un cínico entrenado en las artes del más crudo maquiavelismo. Sus actuaciones muestran que tiene claro que el interés nacional ruso exige actuar con una cuidadosa mezcla de audacia y cautela, juzgando con frío cálculo sus propias debilidades y las de sus adversarios. Esta línea de conducta le hizo ganar, por los momentos, el complicado ajedrez sirio, y Rusia es de nuevo un actor significativo en el Medio Oriente, donde Arabia Saudita y Egipto han decidido que acercarse al oso siberiano es un imperativo estratégico.

En Corea, Vietnam, Irak, Afganistán, y ahora en Siria, Washington no logró imponer su voluntad. Ello desgasta y desconcierta. Estados Unidos ya no es el mismo. En Europa, el complejo de culpa alemán y la crisis del Euro paralizan una comunidad que luce decrépita antes de tiempo. Japón no termina de salir del pantano económico y su población envejece. China avanza pero a tientas. En medio de todo esto y a pesar de sus desafíos internos, Rusia retorna al tablero estratégico con base a la fuerza de su élite política y en particular del perspicaz y siniestro Putin. Pocos lo creían posible pero los hechos son elocuentes.

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Unos y otros no volverán – Alberto Franceschi

 Alberto Franceschi

Terminar la vigencia de este régimen chavista, aunque sea fraudulento, lo único que queda sólidamente establecido es que no puede reconstruirse en su lugar un modelo institucional como el de la llamada Cuarta República, que implicaba una fuerte dependencia de los partidos políticos de masas, entre otras razones porque ya no existen, repartiéndose la gestión de un Estado concebido como clientelar, es decir al servicio de sus camarillas privilegiadas y sus militantes “clientes” del cambural de aparatos electorales de sostén.

Quitándole cualquier carga polémica a la consigna NO VOLVERAN, decía en un artículo anterior, que ese ukase se transformará, en la nueva etapa del país, en una razón de ser, lev motiv, que proscribe, a los viejos y a los recientes usufructuarios, seguir en el ejercicio de este poder, corrupto por definición, que durante décadas malbarataron oportunidades de desarrollo impresionantes, tiradas a la basura, aunque la más evidente sea la de los últimos 10 años con petróleo a 100 dólares saqueados por la clase política rojita y sus socios cacos encorbatados boli-burgueses.

La vieja burguesía, cerrada en sus cotarros de industrias, bancos y comercios, protegidos, cuasi monopólicos, con exenciones de todo género y aranceles, acabó con el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, que intentaba desmantelar esa economía artificial del Estado rentista del bipartidismo, y cuyas patadas finales le cayeron desde el binomio Caldera-Alfaro, sumados a lo más rancio del empresariado, aunque en el camino se llevaran en los cachos al propio Copei, y a Acción Democrática, que quedó en escombros.

También arrasó con todo todo el tinglado político institucional de ese régimen, pulverizado por la “anti política”, propalada sobre todo desde los grandes medios de comunicación en manos exclusivas  de los poderes fácticos de cenáculos de los “Amos del Valle”.

El resultado fue que, cabalgando el desorden generado por los golpes Chavistas de 1992 y por la estúpida destitución de Pérez, para abrirle paso a la segunda presidencia calamitosa de Caldera y a la del propio Chávez, únicos beneficiarios de ese desaguisado jurídico, la Cuarta se suicidó por alcahuetear el parto de esta Quinta república de nuestra desgracia nacional agravada.

El astuto Chávez solo agarró los mangos bajitos de la Corte Suprema de Justicia, entregados en una cestica por Cecilia Sosa, por Henrique Capriles en su pubertad política acomodaticia desde la Presidencia de Diputados, y por el inefable General Salazar, cobrando no sé cuáles cuentas, entregándole al hegemón las FFAA, que muy tempranamente el propio 4 de febrero del 1999, celebrando la felonía de Chávez, le desfilaban a Fidel Castro en Los Próceres.

Ya pasaron más de 14 años y medio, pero recordemos que cuando las mismas viejas roscas empresariales quisieron defenestrar a Chávez, poniéndole sus propias fechas de finiquito a su gobierno electo, como hicieron con el de CAP, el tiro les salió por la culata, por cuanto en medio de la mayor improvisación, que terminó por restituir el gobierno el 14 de Abril de 2002, Chávez retornó bajo un signo ideológico opuesto y radicalizado y les persiguió y maltrató por 12 años, hasta que la muerte se lo llevó hace 9 meses, aunque “sus hijos” siguen la tarea.

Lo que queda de ese régimen chavista está condenado a una caída irremediable, ya en curso, en todos los órdenes. Eso lo sembró Chávez y esos disparates están explotándoles en las narices a sus improvisados e ignaros herederos.

Lo que este gobiernito de Maduro pueda durar todavía, sean días, semanas o meses, es totalmente secundario.

Lo importante a retener es que no será sustituido por otro gobiernito de la llamada oposición, cuyo líder exageradamente puede ser considerado un Alcalde regular para Baruta. Más capaz que Maduro si es, cuyo techo sería la Alcaldía de Sabaneta, pero estamos hablando es de la necesidad de un conductor para toda una república que está al garete y que requiere de un cambio de timón de tales proporciones, que ni siquiera se trata de ponernos en manos de un nuevo caudillo, sino de todo un equipo de altos quilates, de origen cívico-militar, que pueda para empezar poner orden en este bochinche.

Ese nuevo régimen debe ser capaz de generar, con un gran programa económico, unas reglas de confianza absoluta, para que florezca una gran clase empresarial, generadora de masivos empleos productivos, en un ambiente de gran seguridad jurídica y de personas y bienes, con un malandraje tras las rejas, cueste lo que cueste, así haya que endeudarse, para “alojar” una población penal cinco veces mayor a la actual como mínimo.

Es necesario volver a los temas que intentó resolver CAP, pero multiplicado por 20, por decir lo menos, dados los años perdidos en que deambulamos entre los desastres de la agonía de la Cuarta y en los años dirigidos de estos mostrencos, que creen en que las soluciones van por el trueque y los gallineros y almácigos verticales.

Para mayor desafío de complejidad, los grandes reajustes económicos, no deben hacerse a expensas de los débiles y excluidos sociales, ni menos aun rematando la riqueza nacional, como estuvo de moda en los tiempos de los “paquetazos” fondomonetaristas.

A la par de un nuevo régimen, necesitamos un nuevo empresariado, que no pretenda como el de décadas atrás, vivir a la sombra del proteccionismo que nos hunde en la vida cara y menos podemos permitir la sobrevivencia de la manga de ladrones y especuladores de la llamada boliburguesia, que solo saben importar para sacarle comisiones al poder político cómplice.

Un nuevo régimen necesario es mucho más que un nuevo gobierno, porque deberemos conquistar un nuevo sistema económico-social basado en la generación de riqueza y no seguir en la ruinosa  rebatiña clientelar.

Unos y otros, de esta polarización absurda, no volverán, así que los que han hecho planes y sueñan con terciarse bandas aunque sea de Acalde que se bajen de esa nube, porque esta partida se acabó, pero no descarto que por méritos propios a muchos los llamen quienes les toque remendar, reflotar y dar destino a este barco encallado.

Pocos escaparán a los vetos por ser parte de los vicios del pasado recientes y lejanos, y en cuanto al siempre impúber Capriles, me imagino se hundió más aun de lo que ya estaba desde el 17 de abril cuando su parada de burro, al ponerse de bocón y condenar cualquier reajuste institucional que venga por la vía de las FFAA.

Su cálculo absolutamente certero, es que ninguna Junta Militar le dará el chance de cumplir su sueño presidencial, por la sencilla razón que no calza los puntos requeridos y cual protagonista de la fábula de la zorra y las uvas inalcanzables en sus brinquitos, decretó que estaban verdes por no poder llegar a ellas…

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