Las mismas excusas – Fernando Egaña

 Fernando Luis Egaña

Todo es tan predecible y tan falto de creatividad. El discurso del oficialismo luce petrificado en los mismos cuentos. Siempre inventando excusas –o mejor dicho, reciclándolas—para justificar los errores, los desmanes, las trampas, los crímenes. Nunca asumen la responsabilidad de lo negativo y no pierden ocasión para ganar indulgencia con escapulario ajeno, en aquello que pueda ser positivo.

Lo de Maduro declarando que su presunto magnicidio estaba sincronizado con un ataque a Siria, podría parecer de un surrealismo tan delirante como excepcional, si no estuviéramos ya acostumbrados a este tipo de culebrones. Tiene que ser sumamente dañoso para el conjunto del país, el que éste se acostumbre a semejantes truculencias y que las considere como parte de la “normalidad”.

En ese sentido, ahora vuelven con que la mega-explosión y la mega-tragedia de Amuay fue un acto de sabotaje. Desde hace una década, todas las refinerías del país sufren explosiones y accidentes variados a cada rato, y las mismas excusas se profieren una y otra vez: sabotaje del imperio o de la oposición apátrida que, en teoría goebbeliana, debe ser un solo o unificado enemigo.

Además, en esta situación de Amuay debe uno imaginarse que el tema del sabotaje no sólo tiene sus implicaciones políticas, sino que debe tenerlas económicas, por algún negociado con el seguro o el reaseguro o con ambos. Estos jeques petroleros de Pdvsa y su sistema satelital, no dan puntada sin el dedal típico de la mega-corrupción. Pero en fin, pura fachada para tratar de esconder la realidad.

Así, la mala praxis cubana se transmuta en envenenamiento de la CIA. O los continuos apagones no tienen que ver con la depredación del sistema eléctrico, sino con los cambios climáticos y la osadía de pájaros y reptiles. La explosión de violencia criminal es culpa de los paramilitares de Álvaro Uribe y la volcánica corrupción bolivarista es producto de los anti-valores del capitalismo infiltrado.

Los jerarcas incluidos en los listados internacionales de narcotráfico alegan que les cobran sus “lealtades insobornables” al fallecido jefe. Y los funcionarios encargados de controlar la administración de recursos públicos, los contralores, otorgan solvencias generales a los corruptos más documentadamente denunciados. Y todo, repito, con las mismas excusas de todos estos años de mengua.

No hay turismo y la excusa es la prensa amarillista que malpone al país. Faltan alimentos y remedios básicos y la excusa son los empresarios acaparadores. Ya casi no hay exportaciones no-petroleras y la excusa es que existe una conspiración internacional de inversionistas en contra de la revolución. En fin, no hay mal que no tenga su excusa a la mano, automática, típica, y mientras más absurda, acaso más difundida.

Y por si todo ello fuera poco, el ministro Rodríguez Torres insiste en el enésimo expediente del magnicidio. Curiosamente oportuno en medio de tanta desgracia económica, social y política. Cierto que este ministro no ostenta el  estilo bufo de uno de sus predecesores en el cargo, Pedro Carreño, pero en el fondo las excusas son las mismas.

flegana@gmail.com

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