Diálogo o gesticulación

 Fernando Luis Egaña

La retórica sobre el diálogo se ha puesto de moda entre diversos factores políticos, económicos y sociales del país, incluyendo a voceros principales del poder establecido. Pero una cosa es el loable concepto del diálogo y otra muy distinta es el diálogo efectivo o el diálogo con resultados concretos y positivos. Del coqueteo con lo primero hay casos sonoros y de lo segundo –como dice la canción: poca cosa, casi nada… En particular en el dominio del desempeño político del Estado.

En una democracia, así tenga los mil y un problemas, el diálogo es el fundamento de la convivencia. Sin diálogo político, por ejemplo, no puede haber equilibrio de poderes o auténtico pluralismo. Pero en una satrapía o despotismo habilidoso, el diálogo entre contrarios no sólo no se favorece desde el poder sino que es despreciado por éste. Y así ha sido, la más de las veces, durante estos largos años del siglo XXI venezolano.

De cuando en vez, el régimen imperante sí puede invocar la idea del diálogo como instrumento de propaganda, y en particular cuando se nublan las perspectivas del continuismo. Pero eso no es diálogo sino simulación o puesta en escena. Cuando las circunstancias aprietan y desafían, entonces se escuchan tributos públicos al diálogo y, también, se montan algunos escenarios para representarlo. Aliviadas un poco las angustias, el “diálogo” va desapareciendo de la agenda oficial.

En el presente tenemos un asomo muy peculiar de “diálogo político”. Una especie de diálogo con garrote… El ministro Rodríguez Torres se reúne con la Conferencia Episcopal, pero al periodista Nelson Bocaranda se le acosa no sólo de manera específica sino para que ello sirva de escarmiento a otros comunicadores. El ministro Villegas declara a favor del diálogo con la oposición, pero la jefatura de la Asamblea Nacional denuncia y condena a voceros reconocidos de la bancada opositora.

Jerarcas del gobierno manifiestan a obispos católicos que tienen la mejor disposición a dialogar, al tiempo que el propio Maduro no economiza insultos en contra de los tres gobernadores independientes. Insultos que no se quedan en la perorata sino que se van transmutando en ahorcamientos presupuestarios, cercos políticos y expedientes judiciales. Sin duda, un diálogo muy prometedor…

Sólo los extremistas patológicos pueden estar en contra del diálogo por supuestas razones de principios. Incluso el diálogo con los que no privilegian el diálogo, es un camino obligante para quienes de verdad creen en los valores democráticos. Y desde luego el diálogo político adquiere su mayor sentido cuando los que dialogan tienen posiciones e intereses distintos y hasta contradictorios.

Pero eso es una cosa y otra es la participación consciente en una tramoya de diálogo o en un mero disimulo sin sustancia. Es el poder establecido quien tiene que demostrar si puede haber diálogo o si sólo hay gesticulación. Y las evidencias demuestran lo segundo.

flegana@gmail.com

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