Hay problemas sin solución

  Aníbal Romero

El arraigado deseo de poder en la naturaleza humana, conjugado con el avance de la tecnología, acrecientan la tendencia a presumir que todo problema debería tener solución, incluso en política. Me temo que se trata de una quimera. Hay problemas sin solución y uno de ellos, me parece, es el que enfrenta a Israel y los palestinos.

No es mi propósito recapitular la historia del conflicto ni repasar los argumentos que esgrimen ambos lados de la controversia. Voy a enfocarme sobre el presente y comentar el nuevo esfuerzo de Washington para dar inicio, una vez más, a las negociaciones para la creación de un Estado Palestino como salida a la pugna.

Tal intento diplomático tiene lugar en momentos que ponen de manifiesto, con prístina claridad, que en el Medio Oriente existen problemas de envergadura que no tienen que ver con Israel y los palestinos, y cuya dinámica se extiende por sus propias motivaciones. Me refiero, por ejemplo, a la guerra civil entre sunitas y chiítas que ya ha producido alrededor de cien mil muertos y un millón de refugiados en Siria, a las convulsiones revolucionarias que sacuden Egipto y otros países árabes, y al programa nuclear iraní, cuyo impacto geopolítico va bastante más allá de la presencia de Israel en la región.

Cuesta entender el empeño de Washington por motorizar de nuevo unas negociaciones que refuerzan la creencia, por lo demás completamente errada, según la cual el conflicto entre Israel y los palestinos es el principal y casi único problema que aqueja el Medio Oriente, y cuya “solución” prácticamente pondría fin a todas las tensiones, revueltas y amenazas provenientes de esa parte del mundo. De paso, con sus afanes, que a mi modo de ver son ilusorios, en perseguir el espejismo de la “solución de dos Estados”, Washington se arriesga a sumar la experiencia de otro fracaso y sus secuelas, pues la frustración de los palestinos ante las promesas incumplidas bien podría generar renovadas y costosas sublevaciones.

A lo anterior se añade lo siguiente: En 1967, en una guerra que ganó limpia, rápida y claramente sobre sus adversarios, Israel logró extender sus fronteras hasta posiciones que reducen la extrema vulnerabilidad estratégica en que había vivido desde su independencia en 1948. Fue precisamente tal situación estratégica la que condujo en primer lugar al Egipto de Nasser y sus aliados, a confiar en la factibilidad de destruir al Estado judío en una guerra corta y decisiva.

Resulta sencillamente insensato, además de inútil, pedirle a cualquier dirigente responsable en Israel que retorne a su país a las fronteras de 1967, colocando de nuevo al Estado judío a merced de sus enemigos jurados. En el caso hipotético que, empujado a hacerlo por las presiones de Washington y de una no pocas veces anti-semita Comunidad Europea, Israel admitiese a su lado la existencia de un Estado Palestino, el mismo estaría sujeto a unas condiciones de severa limitación de su soberanía, en particular a una estricta desmilitarización, todo lo cual le vaciaría en buena medida de contenidos. No veo otra forma en la cual tal Estado pueda ser aceptado por Israel.

De modo que a fin de cuentas uno se pregunta qué explica el empeño de Washington por dar vida a una especie de zombi, emprendiendo otra vez la ruta en circunstancias especialmente desfavorables, y frente a un Medio Oriente en el cual, si se le observa con objetividad, el conflicto entre Israel y los palestinos no ocupa el lugar de otros tiempos. ¿Será acaso que John Kerry también desea un Nobel de la Paz? No me sorprendería.

Consulte el archivo de artículos del autor

Anuncios

Chávez y el morbo noticioso

  Antonio Sánchez García

Hace 14 años, abrumado por el avasallante tsunami político social que los medios habían provocado en esa última década, y cuyo primer impacto había sido obra del incomparable talento provocador de un teniente coronel hasta ese momento absolutamente desconocido por los venezolanos, escribí lo que su victoria electoral seis años después convertiría en realidad: la conversión de la política en espectáculo.

No era un tema novedoso, ni en Europa ni en los Estados Unidos. Pero para mí fue absolutamente revelador. La globalización había alcanzado a la periferia y la política, también en Venezuela, había terminado arrodillada ante el poder vampiresco de la televisión. Ya nada tendría entidad política real si no rendía previamente tributo a las claves del lenguaje masivo, instantáneo y aparentemente espontáneo de la reproducción televisiva. Es más: ese lenguaje no reproducía la política: la generaba.

Borges, que odiaba los espejos, no alcanzó a sufrir el bombardeo televisivo. Lo salvó su ceguera. Pero comprendía perfectamente la vileza de lo especular precisamente por su capacidad monstruosamente reproductiva. Lo que Mc Luhan y otros ya habían pronosticado se cumplió a mansalva: la realidad no sólo depende de la certificación de su difusión masiva para adquirir virtualidad: si no la alcanza, simplemente no existe.

Los genios políticos, habitualmente malvados y depredadores como los personajes de ficción que generan, palpitan desesperados a la búsqueda de esos instrumentos especulares. Necesitan reproducirse al infinito. Sin la radio, el Tercer Reich no hubiera alcanzado la dimensión planetaria que logró alcanzar con Hitler. Pero todavía, en tiempos de Hitler, la radio no escogía presidentes, como lo hace la televisión en las naciones más desarrolladas del globo desde hace ya medio siglo. Y así como los actores del cine mudo se vieron confrontados a la extinción con el cine sonoro, basta que un político carezca de perfil televisivo, buena imagen y desenvoltura cinematográfica para que se le cierren las puertas del poder.

Es lo que hemos vivido de manera paradigmática desde el 4 de febrero de 1992: la intromisión violenta de la pantalla en la política y la necesidad de sobrevivencia que los códigos televisivos le imponen a quienes quieran protagonizar roles de mando en la época de la política como espectáculo.

Ni el gobierno ni la oposición han podido sustraerse al poder sobre determinante de la pantalla. Chávez, que hizo de la política un espectáculo y de su vida un melodrama, la llevó hasta sus últimas consecuencias. Su vida y su muerte parecen un calco del guión de una telenovela. Chávez no es explicable sin el protagonismo de la pantalla. Como la oposición: ningún líder alcanzó rango de liderazgo mientras no fuera santificado por Globovisión. Lo que explica la imperiosa necesidad del régimen por asentar su monopolio mediático mediante actos lesivos y criminales, como los impuestos a RCTV y al Circuito Belfort, la invención de medios alternativos y la persecución y compra de medios proclives a la oposición, como fuera el caso de Globovisión.

Ha muerto el dueño del circo. Ha fallecido el showman. Pero el morbo que rodeó su vida sigue determinando la curiosidad de los medios internacionales por los gusanos que siguen profitando de sus despojos. No es otra la explicación de la insistencia con que algunos corresponsales de importantes agencias y periódicos, como los de más circulación nacional en España, a tres meses de la muerte del caudillo, sigan explotando el tema hasta la fatiga y el aburrimiento.

No hay noticia de ABC, El País o El Mundo referida a Venezuela que no tenga que ver exclusivamente con algún aspecto relativo al difunto. ¿Es morbosidad, aldeanismo o desinterés por nuestra realidad real? Entristece saber que no existe razón alguna para publicar alguna línea sobre Venezuela que no tenga que ver con el pesado, el intolerable y fastidioso fardo de un cadáver. Fue otro de los aportes del teniente coronel: convertirnos en la atracción de la morbosidad noticiosa del planeta.

@sangarccs

Duros un día y gallinas al siguiente

 Alberto Franceschi

Cuando el transitorio gobierno post monten ganó las elecciones de gobernadores en Diciembre, en pleno vacío de poder,  llegue a la conclusión y así lo escribí,  que  los herederos  habían matado la gallina de los huevos de oro al exponer la oposición cohabitadora  y blandengue a una derrota humillante e  inmerecida, no solo por fraudulenta sino  porque lo lógico era abrirles, como correspondía,  un amplio espacio en el cojitranco régimen chavista  que pronto se  derrumbaría  para  así evitarse males mayores.

No solo los excluyeron sino que provocaron con su sectarismo una  reacción oportunista  vocinglera del candidato eterno Capriles, quien radicalizó su verbo hasta hacerlo incendiario y ganar así ampliamente las elecciones del 14 de abril, con la rolitranco de coba que si haría respetar el triunfo, lo cual hizo  por 48  horas para luego abandonar  vergonzosamente la lucha a partir del 16 de abril,  cuando entregó su propia victoria en aras de las promesas de las instituciones chavistas,  que lo  enterrarán  aunque él sigue creyendo que solo será por un periodo de tiempo, de donde cual ave Fénix retornará a  repetir su candidatura plebiscitaria.

Pero hete aquí que en política 2 y 2 no siempre da 4.  La MUD  se está derrumbando con el régimen y sus figurines empezando por Caprilito  dan muestras de un rápido deterioro que sostengo es  concomitante al del propio régimen,  porque a él pertenecen, a él se deben y con él  se derrumban porque han sido sus alcahuetes y un sostén de primer orden. Si el edificio se derrumba  lo más probable es que  varios de sus pilares se fracturen irremediablemente.

Como esos personajes  de películas ciencia ficción a los que le borran la memoria pero en algun momento la recuperan  por relampazos,  en la memoria colectiva está escrito GANAMOS  y está la otra imborrable conclusión: HACEN  FRAUDE. Pero lo que la MUD y Capriles deberían saber es que también ha quedado,  sin ser borrada de esa memoria colectiva,  la más fundamental de de sus lecciones: estos dirigentes nuestros por alguna extrañas o explicitas razones  SON BATES QUEBRADOS.

La sabiduría popular  ha inventado decenas de refranes para  zanjar  cáusticamente sus certezas cuando trata de juzgar conductas ya consabidas por consuetudinarias. “Tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe”, “por más que te tongonees siempre se te ve el bojote”,  “perro que come manteca mete la lengua en tapara”,  “el mismo musiú con diferente cachimbo”, “Ese es un disco rayao” etc.

El gobierno repite con mil variantes sus mismos embustes, apelando ahora hasta la obstinación a la memoria muerto,  a quien no dejan en paz, y que para ironías de la historia sus sucesores harán aborrecer por cuanto se han limitado a manejar  las inercias  de su sectarismo burlón, que  solo encierra la ceguera sin limites de  pícaros  que saben que  hay que seguir manipulando hasta fenecer, porque hasta cada hora cuenta para  el saqueo final y la raspada de la olla.

Pero  con sinceridad debo admitir que polarizados como están la mayoría de los venezolanos  tienden a darle poco crédito a que en realidad  las conductas de  los personeros de la MUD y del señor Capriles  son segundas,  tercenas y hasta decimas versiones de la misma música. Y tengo la sospecha que  nuestra gente empezó a  ver para otro lado después de abril.  Por supuesto  le dan cada vez menos crédito a este gobiernito en ascuas, montado en la parrilla, aunque tampoco se sumas a esta oposición de redomados actores  gastados, que solo buscan el cambur  a  cuenta de su supuesta  animadversión al chavismo.

Y se ha llegado a la irónica situación que por el gobierno pretende reelegirse el Alcalde de Caracas  Rodríguez  jefe de las últimas  campañas chavistas y por la oposición se supone que deberíamos votar por el anterior jefe del Comando Maisanta y  figura mediática de  Globovisión,  Ismael García, quien según Antonio Ecarri  fue  beneficiario  de  un vulgar  fraude  de la MUD contra él, en aquellas famosas Primarias,  que atornillaron a  los cogollos que acaban de obtener también la rendición de Juan P. Guanipa en Maracaibo.

¿El precio de defender la MUD contra el gobierno es acaso alcahuetear sus fraudes contra los líderes “inconvenientes” para seguir  con  los atornillados?

El pronóstico que quiero defender es que  el grave retroceso del señor Capriles el 17 de Abril y la viajadera para obtener algun reconocimiento internacional,  aunque licito como recurso,  solo busca tapar la inacción en la oposición social dentro del país,  y ello ha configurado un agotamiento acelerado del prestigio de estos desgastados actores  frente a las expectativas de  derrumbe gubernamental.

Pareciera que ambos, gobierno y MUD,  quisieran evitar “otros” desenlaces con esta renovada parranda electoral,  sin poder hasta ahora eliminar un poderoso signo de interrogación,  no solo sobre si finalmente llegamos a él, sino sobre todo,  si el país vuelve a darle alguna credibilidad a este CNE tramposo que pretenden re-prestigiar.

Consulte el archivo de artículos del autor

El tren de vida

IMG_0806  Luis DE LION

Con dos accidentes graves en apenas quince días, en las afueras de París y en Santiago de Compostela, el tren podría para muchos lucir como un medio transporte que se habría vuelto peligroso. Sin embargo, sigue siendo uno de los medios de transporte más seguro, a decir de los cientos de millones de usuarios que, a diario transitan sobre las vías férreas del mundo.

Un sentimiento justificado por las estadísticas, no obstante, las compañías ferroviarias, particularmente las europeas, deben seguir invirtiendo en seguridad para seguir aumentando los niveles de confianza.

Después del avión, el tren es el medio de transporte más seguro. La ley de las series, con dos catástrofes seguidas ha provocado que muchos duden, señalan los expertos. El tren sigue siendo mucho más seguro que el carro, los accidentes no ocurren todos los días.

Las cifras disponibles sobre los accidentes de transporte son positivas para el tren, es lo que se desprende del estudio de la Agencia Ferroviaria Europea realizado en 2013, la red ferroviaria es presentada como globalmente confiable, a pesar que el organismo revela que existen grandes disparidades entre los países.

En detalle, durante el período 2008-2010, si el avión luce más seguro aún, con un promedio de 0.1 muertos por millardo de kilómetros-pasajeros (la unidad de medida pasajeros-kilómetros corresponde a un pasajero transportado sobre una distancia de un kilómetro), el tren le sigue muy de cerca con 0,15 muertos. Si comparamos, hay 28 veces más riesgo de morir en un accidente de carro y 337 veces más en un accidente de moto.

Una importante reducción del número de accidentes. “Las estadísticas indican que en Europa, se ha logrado reducir el número de accidentes, su gravedad y el número de muertos” afirmó la eurodiputada Nathalie Griesbeck, miembro de la Comisión de Transportes del Parlamento Europeo.

Efectivamente, en el informe de la Agencia Ferroviaria Europea, la curva de accidentes de trenes ha disminuido casi a la mitad entre los años 1990 y 2010. En lo que respecta a Francia, potencia ferroviaria mundial, un informe de la Red Ferroviaria de Francia fechado junio 2013, muestra la mejora de la red con una baja de un tercio en el número víctimas mortales en 10 años, y menos de 40% de accidentes en el mismo período. “Hemos mejorado la seguridad ferroviaria desde hace tiempo y particularmente en los últimos años » confirmó Nathalie Griesbeck.

Todavía queda mucho por hacer. En algunas grandes naciones europeas la red ferroviaria envejece, ciertas líneas son abandonadas, otras de la red secundaria reciben menos mantenimiento que aquéllas de mayor tráfico. El último gran esfuerzo pendiente, tiene que ver con la necesaria armonización de la red ferroviaria europea, para así mejorar aún más la seguridad.

En Venezuela, prácticamente todos los gobiernos de la extinta democracia prometieron construir una extensa red ferroviaria. En ese mismo orden de promesas incumplidas se inscribió también la desordenada y multimillonaria gestión del castrochavismo.

Un medio de transporte seguro, económico y menos contaminante que el avión y que el carro, el tren tiene que acompañar el necesario y postergado desarrollo de Venezuela.

luisdelion@gmail.com

@LDeLion

Consulte el archivo de artículos del autor

100 días o 15 años

 Fernando Luis Egaña

En estos días, el señor Maduro cumple 100 días desde que le ciñeran la banda en la Asamblea Nacional. Y por ello se leen y escuchan los comentarios y valoraciones al respecto. Incluso el oficialismo está “conmemorando” el asunto, tratando de empatarlo con supuestas efemérides de la “revolución”. Pero pasa que 100 días suena a muy poco tiempo, en especial si se le compara con los casi 15 largos años que lleva en el poder el régimen que él representa.

Porque no debemos confundirnos: la hegemonía roja perdió a su hegemón y Maduro no puede ser lo mismo, pero la hegemonía roja no se encuentra en una transición hacia la democracia política sino en un reacomodo de sus formas de control, con algo de pragmatismo y mucho de despotismo habilidoso. Y mucho también de corrupción o depredación.

De allí que no se deba presentar a Maduro como una especie de novedad en lo gubernativo que recién cumple 100 escasos días en las jefaturas del poder. No. Eso hasta podría dejarle ciertos beneficios. La neo-dictadura o dictadura disfrazada de democracia que Chávez y los Castro consiguieron erigir poco a poco en Venezuela, no ha desaparecido ni tampoco tiene la intención de hacerlo.

Otra cosa es que pueda satisfacer su ambición continuista, pero a eso se dedica y las diferencias de estilo y proceder entre el presente y el pasado oficialista no deberían crear la impresión de que ahora experimentamos una transformación democrática del poder establecido.

Algunos sostienen, incluso, que el de Maduro es simplemente un mal gobierno, más o menos de la índole de otros en la historia de, digamos, el último medio siglo. ¡Qué errados están! Semejante valoración lo que refleja es la tragedia político-cultural que atraviesa el país.

Una signada por la persistencia de la incomprensión y hasta por el desprecio de nuestra trayectoria democrática, tal y como lo planteara Luis Castro Leiva con brillo, vehemencia y oportunidad; y así mismo una caracterizada por la distorsión propagandística de la realidad y de los valores propios y necesarios para el renacimiento de la democracia en Venezuela.

No. Lo de Maduro no es un mero gobierno, malo o peor que apenas cumplirá 100 días. Maduro es el sucesor en la co-dirección de un régimen que controla y busca seguir controlando tribalmente los poderes del Estado y de gran parte de la sociedad. Co-dirige junto a los jefes cubanos y ahora también con otros factores de las corrientes internas.

Pero lo que no hace, ni creo que piense hacer, es cambiar de parecer y comenzar a empujar a la “revolución” por el camino de la gobernabilidad democrática y pluralista, de la alternancia en el poder, y del respeto a los derechos y garantías de la Constitución.

Y no se tratar de ignorar o subestimar las diferencias o cambios que haya y pueda haber a partir del encumbramiento oficial de Maduro. Es al revés. Se trata de no ignorar o subestimar los aspectos más de fondo o de estructura que vienen caracterizando a la satrapía roja. No se debe perder la perspectiva ni en uno ni en otro caso.

Por eso, lo que Maduro representa no tiene 100 días sino 15 años.

flegana@gmail.com

Consulte el archivo de artículos del autor

¿Para quién eran las armas cubanas decomisadas en Panamá?

   Eduardo Mackenzie

El escándalo de las armas rusas clandestinas embarcadas por Cuba en un buque de Corea del Norte que pretendía cruzar el Canal de Panamá antes de ser paralizado y esculcado en el puerto de Manzanillo por las autoridades de Panamá, está evolucionando de manera muy rara. Una semana  después del comienzo de la inspección del Chong Chon Gang y del descubrimiento de los primeros ocho  containers cargados de material bélico, cierta prensa, en lugar de investigar los puntos más obscuros de ese tráfico de armas, está tratando de desviar la atención hacia aspectos secundarios, si no ridículos.

Tras leer lo que escribió ayer, por ejemplo,  La Prensa, de Panamá, no queda duda acerca de esa intención. Ese diario nos cuenta que el problema no es lo que hizo La Habana sino lo que hizo el presidente de Panamá, Ricardo Martinelli.  Esa publicación asegura que “la presencia y participación activa del presidente, Ricardo Martinelli, en el proceso”, es un problema. Que el mandatario panameño “no solo participó en el allanamiento [del buque], sino que ha publicado constantemente fotos y detalles del procedimiento en su cuenta de la red social Twitter”.

Martinelli  es, pues,  culpable por haber alertado al mundo sobre lo que Panamá  había descubierto. Sin embargo, al hacer eso, Martinelli cumplió con su deber constitucional de velar por la seguridad de su país. Ese barco que llevaba no sólo dos aviones de combate rusos MIG-21 desmontados pero en perfecto estado, un avión  para recargar combustible en el aire, una base de misiles tierra-aire, una antena de radar con su plataforma, y dos vehículos para remolcar radares, llevaba también dos tanques repletos de gasolina especial para aviones y más de 10 000 toneladas de azúcar, materia ésta que es un poderoso carburante. En otras palabras, el barco coreano, que llevaba todo eso en containers deteriorados, no solo estaba violando la legislación internacional, sino que era una “bomba ambulante”, como indicó un ministro panameño: en condiciones de intenso calor ese combustible pudo haber estallado e inflamado las toneladas de azúcar causando  un enorme desastre en el Canal.

Muchos observadores en Panamá y en el extranjero se preguntan, por otra parte, hacia dónde iban realmente y quienes eran los verdaderos destinatarios de esas armas pesadas,  punto que es, realmente, el principal de este affaire. La Prensa sin responder a eso asegura que el problema es el protagonismo del presidente Martinelli,  y no los cubanos ni los coreanos del norte involucrados en ese tráfico. Es legítimo suponer, pues, que ante las explicaciones increíbles de La Habana –que los aviones y misiles eran armas “obsoletas” que Corea del Norte iba a reparar–, la dictadura cubana está exigiendo a sus agentes de influencia, en Panamá y en el continente americano, hacer lo que sea necesario para desviar la atención y adormecer la comunidad internacional para que este asunto no revele sus secretos,  no llegue  al Consejo de Seguridad de la ONU y Cuba o Corea del Norte puedan, finalmente, recuperar el barco y su cargamento.

¿Esas armas  –los dos M-21 habían sido usados recientemente, según los expertos–, habían sido enterradas bajo 220 000 sacos de azúcar para burlar la vigilancia de los aduaneros de Panamá y quién sabe de qué otros países. ¿Quiénes iban a recibirlas y dónde? Nadie sabe nada. Lo que sí se sabe es que siete otros barcos de Corea del Norte han hecho viajes a Cuba en los últimos cuatro años, con itinerarios parecidos al del Chong Chon Gang, según las autoridades panameñas y el Instituto de Investigación para la Paz Internacional de Estocolmo. En principio, esos barcos transportaron azúcar. Sin embargo, según Hugh Griffiths, un experto en tráfico marítimo de armas, consultado por el Washington Post, existe la posibilidad de que esos barcos hayan podido evadir los controles en Panamá y otros países como quería hacerlo el Chong Chon Gang. Lo más interesante es que ese barco, en julio pasado, volvió a cruzar el canal y mientras navegaba en el Caribe apagó su dispositivo de ubicación y no se sabe en qué puertos de Cuba estuvo.

La indiferencia con la que las autoridades y la prensa de Colombia miran este asunto es preocupante. El ex presidente Álvaro Uribe afirmó que había recibido  información de una fuente seria en el sentido de que esas armas, o una parte, estaban destinadas a las Farc. Ante eso, el Gobierno de Juan Manuel Santos y la prensa en general guardaron silencio, como si la cosa fuera totalmente impensable. Pero no lo es.

Cada vez que las Farc aceptan hablar de paz con el gobierno colombiano, ellas tratan de reforzar sus arsenales y acrecientan su actividad criminal.  Esta vez no han hecho una excepción. Por el contrario, mientras peroran y especulan en La Habana sobre la paz eventual y futura, se están rearmando, con ayuda de Cuba, Venezuela y Ecuador (país este último por donde entran a Colombia enorme cantidad de explosivos) y han logrando redimensionar sus estructuras políticas. Su comité internacional está, según fuentes colombianas, más fuerte que nunca y las organizaciones “populares”, manejadas por curtidos milicianos, operan ahora sin dificultad. La asonada y ocupación de la estratégica región de Catatumbo, aún no desactivada por las autoridades, es el mejor ejemplo de esa ofensiva. Ello explica el descaro actual de las Farc que acaba de proponerle a los campesinos del Catatumbo dotarlos de armas  y de “combatientes” en esa “lucha”, lo cual escandalizó a algún miembro de los que dialogan con ellos en Cuba. El Gobierno, en todo caso, se tragó esa culebra y sigue en los diálogos como si nada estuviera ocurriendo.

Fue precisamente en esa coyuntura de alta tensión, pero también de alto entendimiento entre Bogotá y la jefatura de las Farc, que estalló el escándalo del buque de Corea del Norte cargado con material bélico cubano que pretendía pasar al Océano Pacífico. ¿Fue sólo una casualidad? ¿Puede alguien desestimar razonablemente la posibilidad de que esos ocho containers, cuyas series de registro habían sido borradas para imposibilitar el descubrimiento ulterior de su origen, iban a ser descargados clandestinamente en algún lugar del litoral colombiano o ecuatoriano?  No es sino que el barco de Corea del Norte apague su dispositivo de ubicación y su localización por radar es casi imposible.

Las Farc desde hace años hacen enormes esfuerzos para dotarse de misiles tierra-aire para derribar los aviones y helicópteros militares de Colombia. Han adquirido algunos de bajo calibre que no les funcionaron, por fortuna. Pero no han renunciado a eso. El contrabando que traía el barco cargado en Cuba hace pensar en esos delirios. Y en algo aún más audaz, a la altura del momento “histórico” que ellas dicen vivir: un par de aviones de combate, con combustible y todo, diseñados para ataques en suelo y susceptibles de decolar y aterrizar en pistas medias, como es el caso de los MIG-21, habría dado, en pocos días, un nuevo carácter a la amenaza que representan las Farc para Colombia. ¿Es eso lo que está detrás del episodio –aparente – de unas armas “inservibles” que Cuba enviaba a Pyongyang?

No es la primera vez que Cuba exporta armas clandestinamente para promover la llamada “revolución”, ni la primera vez que envía en barcos sus aviones MIG-21 a otros países, como hizo durante las guerras en Etiopía (1978) y en Angola (1987). Ya veremos cómo termina este nuevo episodio en que La Habana fue cogida con las manos en la masa.  Habrá que contar con las cortinas de humo que lanzarán los del Foro de Sao Paulo y los activistas del Alba para embolatar las cosas en la OEA y en la ONU. Colombia debería involucrarse en la investigación pues su seguridad nacional está en juego.

Consulte el archivo de artículos del autor

Maduro y el síndrome socialista

IMG_0806  Luis DE LION

Las únicas conclusiones que puedo extraer de las intervenciones de Maduro durante sus llamados actos de gobierno de calle, son que él se siente muy bien, tan bien que se imagina ocupando el cargo por quince años más, que está satisfecho de su balance y que la situación de Venezuela mejora día a día y los signos de esa prosperidad son sumamente prometedores.

El relanzamiento económico, está presente. La producción industrial, se ha puesto de nuevo en marcha. El consumo, está en alza. Hay pleno empleo. El segundo semestre del año será aún mejor que el primero.

No estoy extrapolando, ni interpretando, Maduro ha dicho eso en términos claros. Somos nosotros los confundidos.

Si Maduro cree en lo que dice, está soñando. Si él no se lo cree, está mintiendo. Que se lo crea o no, es peligroso. Me voy a inclinar por la primera hipótesis, la de la alucinación, antes que por la segunda, la de la deshonestidad, que sería una inadmisible forma de desprecio.

En apariencia luce inocente en su manera de negar la realidad, parece estar bien consigo mismo, pero Maduro, gracias a un curioso fenómeno mental, confunde la dura realidad con su convicción.

Seguro de sí mismo, convencido firmemente que su política es la buena, anticipa los efectos positivos. Esto es, un síndrome socialista. Nosotros los hijos de Bolívar, de Castro y de Chávez somos los exclusivos detentadores de una misión superior – la defensa de los valores de la justicia y de la igualdad – y como la verdad está de nuestro lado, la acción que estamos llevando adelante no podía ser otra cosa que eficaz. Dicho esto, los resultados están cantados por adelantado, antes de arrancar. Nosotros los socialistas, no podemos equivocarnos, menos aún si seguimos la luz del faro, de la razón y la ponderación que Chávez encarnó.

El inconveniente de ésta interpretación, de ser cierta y fidedigna, exoneraría a Maduro de toda malicia política. Pero podemos acostarnos a soñar, sin llegar al extremo de las livideces, sin menospreciar completamente los intereses de Maduro.

No debe sorprendernos que, luego de escucharle, una mayoría de venezolanos no le otorguen plena confianza al autoproclamado primer presidente chavista. Una mayoría que no vive de la ilusión sino que padece la realidad.

Me atrevería a apostar que esos millones de venezolanos no pudieron ser convencidos por la antología de contraverdades, ni por el festival de piruetas destinadas a echarle tierra en los ojos a la población.

Cual es la necesidad de tantas demostraciones sin contenido, sin pruebas y sin anuncios serios. Como telón de fondo de un gobierno de calle, sin pavimento político.

Todo un símbolo, la soledad de un régimen con un discurso vacío dirigido a un pueblo ausente.

Una ausencia ciudadana, en la que también tienen su parte de culpa, las continúas contradicciones del liderazgo opositor y su enfermizo dogma electorero.

luisdelion@gmail.com

@LDeLion

Consulte el archivo de artículos del autor