Snowden y el individualismo

IMG_0806  Luis DE LION

Cuando alguien señala que buscó refugio y protección en Hong Kong por su “sólida tradición de libertad de expresión” cabe preguntarse si existe un problema de coherencia.

Empleado de una sub-contratista de la National Security Agency (NSA), Edward Snowden le transmitió a los diarios The Guardian y Washington Post, múltiples documentos clasificados bajo el secreto de defensa, sobre dos programas confidenciales de la NSA sobre las escuchas telefónicas y las intercepciones de conversaciones en Internet.

La justicia norteamericana ha decidido perseguirlo en aplicación del Espionage act. Un texto vigente desde 1917, y que fue igualmente utilizado contra otros lanzadores de alertas acusados de publicar datos confidenciales, como Bradley Manning, la fuente de WikiLeaks.

Pero a Pekín, la presencia de Snowden en Hong Kong se le volvió rápidamente una papa caliente y paradójicamente por razones internas, por cuanto el geek estadounidense se estaba convirtiendo en un ídolo para los millones de internautas chinos. Por eso lo dejaron irse a Moscú.

Héroe, defensor de la vida privada de los ciudadanos, en apenas horas, Snowden pasó del anonimato a convertirse en un criminal, capaz de poner en peligro su país. Un estudiante mediocre, que había optado por el ejército, pero un accidente cortó sus ambiciones castrenses. Luego de acumular pequeños trabajos en el medio de la informática, fue reclutado por la CIA, en el segmento de seguridad de sistemas computarizados, ascendiendo velozmente hasta encontrarse como consultor de la NSA a través de los consejeros en tecnología Booz Allen. Basado en Hawai, Snowden llevaba una vida confortable, con un sueldo anual de 200 mil dólares.

Hasta que el joven empleado decide hacer público un documento en formato PowerPoint de 41 páginas destinado a la presentación de Prism a los agentes de los servicios secretos.

Snowden justificó su gesto, como un acto de interés público en nombre de la protección de la vida privada. “Un formidable acto de desobediencia civil” señaló Thomas Drake un antiguo colega de Snowden en la NSA.

Por su parte, en el Kremlin desde el domingo pasado ven el caso Snowden como un regalo inesperado. Moscú ha recibido de brazos abiertos al joven estadounidense de tránsito rumbo a Ecuador, una escala que podría prolongarse y complicarse. Oficialmente Rusia, ha dado pistas falsas, ha mentido, ha cambiado de opinión, lo propio de los tiempos de la guerra fría. El objetivo es evitar darle a la CIA la mínima ocasión para que ésta intervenga y capture a Snowden.

Todo indica que a cambio de protección jurídica y particularmente física, Snowden le debe haber transmitido al FSB todo lo que él sabe sobre Prism.

Como fervientes defensores de las libertades civiles, se presentan estos hackers. Una suerte de negación utópica de la realidad. Manning, Stallman, Swartz, Trigo y ahora Snowden. Cada uno a su manera.

Desconfianza, cinismo, la potencia del individualismo sin idea de cómo se defiende el bien común. Snowden particularmente no nos advierte del peligro, sino que lo agrava.

Snowden se saltó las instancias democráticas colocando sus ideas íntimas por encima de todo. Obsesionado por el peligro de la exploración de la data, en ningún momento se detuvo a ponderar el peso de su traición y los daños que dicha actitud provocaría en la delicada, sensible e imperceptible línea que sostiene a las estructuras sociales.

luisdelion@gmail.com

@LDeLion

Consulte el archivo de artículos del autor

Anuncios

Normalización o tremedal

 Fernando Luis Egaña

En los ámbitos del oficialismo y en no pocos sectores de la oposición se suele ponderar la idea de la “normalización política” como un objetivo que merece todos los esfuerzos necesarios. El concepto como tal sería impecable si el régimen imperante lo entendiera y practicara como normalización hacia la democracia equilibrada y pluralista que está consagrada, por ejemplo, en la Constitución.

Lo que pasa es que la acepción roja del asunto es otra: normalización significa la disminución o apaciguamiento de los conflictos políticos y la aceptación del régimen tal como es y que, por ende, lo que queda a la oposición es aprovechar las rendijas electorales para tratar de alcanzar o preservar espacios políticos.

En realidad, eso mucho menos que verdadera y deseable normalidad es el típico tremedal o empantanamiento de estos años de mengua. Como diría un japonés, una especie de danza kabuki o teatro del disimulo, en el que se finge por razones de necesidad o conveniencia.

Y es difícil no pensar en estas cosas, nada gratas por cierto, cuando se aprecia que de la fuerza movilizadora de las denuncias democráticas y de las impugnaciones electorales justo después del 14-A, no va quedando mucho ímpetu y en cambio se regresa al laberinto característico de  las largas antesalas comiciales, cuyos resultados, debe repetirse, no logran producir cambios efectivos a pesar de los caudales de votos.

Y ojo, en estas líneas no se está cuestionando la ruta electoral. No. Al contrario, se plantea que la misma para que sea efectiva debe ir acompañada por la protesta justa y legítima que suscita una satrapía como la bolivarista. Y no se trata de una apelación a la violencia o al golpismo o a nada que también vulnere la fisonomía democrática de la Constitución.

Se trata, eso sí, de mayor presión cívica, de mayor enlace de lo político y lo social, de no bajar guardias sino mantenerlas o aumentarlas, y en todo caso de darle continuidad y fortaleza a la necesidad de una contienda política que vaya al fondo de la situación, tal y como fue debidamente planteado por Capriles y la Mud luego del último episodio electoral.

Pero de entonces para acá, aunque sólo hayan pasado dos meses y tantos, en la dinámica opositora se ha notado un cambio de importancia, y no precisamente para consolidar el terreno de la exigencia beligerante de los derechos. Se puede constatar una descompresión de la contienda, sobre todo por parte de decisivos núcleos de oposición, y una modificación del discurso de conflicto político-democrático hacia la temática de la campaña electoral municipal de diciembre.

Pareciera como si la convocatoria de las municipales decembrinas por parte del CNE, hubiera sido el mecanismo para facilitar la ruta de la referida “normalización”, a pesar, claro está, que el desmadre gubernativo y su arbitrario autoritarismo sigan campantes. E igual debe decirse de su agresividad ante la crítica.

Pareciera, también, que las promesas dolarizadas a los empresarios surten el efecto de animarlos a buscar e incluso presionar por la referida “normalización”, pero en la versión oficialista.

Nada de eso es auspicioso. En medio de una debacle económica y social, Maduro gana tiempo político y con él también obtiene reconocimientos directos e indirectos que le ayudan a sostener una gobernanza despótica y retardataria. Si al menos existiera un verdadero propósito de rectificación, aunque fuera gradual, otras serían las perspectivas. Pero el grueso de los hechos evidencia que la llamada “normalización” apunta al continuismo del presente, es decir, al continuismo del tremedal.

flegana@gmail.com

Consulte el archivo de artículos del autor

Educar al conflicto

 Teódulo López Meléndez 

El conflicto político venezolano se desarrolla sobre las minucias de la acción política cotidiana. Sólo una de las partes, la que ejerce el gobierno, pretende una oferta de fondo que lo es más de telón de un esfuerzo por conservar el poder. Un conflicto ejercido a diario sobre lo circunstancial es en sí mismo una lucha por el poder y no más, lo cual plantea una conclusión de alto peligro: la sustitución del actor del poder no acabará el conflicto sino que más bien puede agravarlo. Es así como puede argumentarse que el venezolano es uno sin salida.

No hay frente a los venezolanos una interpretación de mundo que le permita dilucidar mediante el ejercicio de la reflexión un presente complejo e impredecible. En buena medida podemos afirmar que este conflicto diario sustentado sobre la superficialidad nos convierte en una sociedad de la ignorancia por oposición a lo que deberíamos ser o pretender ser: una sociedad del conocimiento.

El enmarcaje del conflicto en un “no volverán” o “los echaremos” reduce las posibilidades democráticas y anula la vía electoral para su resolución, puesto que cualquiera sea el resultado, se produzca o no la alternancia, el conflicto pervivirá en igual magnitud. Esto es, aparte de la violencia directa que se manifiesta con frecuencia, se seguirá manifestando una violencia estructural y cultural.

Fácil de decir y difícil de lograr, pero la única posibilidad pasa por el fomento de una perspectiva creadora del conflicto. El lenguaje de los actores, las movidas que llamaremos tácticas ante la ausencia de algún término despectivo para designarlas, sólo muestran una concepción de la democracia como procedimiento aparente en desmedro de una como forma de vida.

El interés general, principio básico de la ética política, que conlleva a un cuerpo social a la capacidad de discutir y consensuar, ha sido echado a un lado por los actores que se disputan el poder sobre la base de intereses sectarios. Viendo, por ejemplo, la cara de Jano del titular de nuestras Relaciones Exteriores, actuando como tal y como dirigente del partido gobernante en una dicotomía inaceptable, creo deberíamos plantear el concepto que denominaremos de “diplomacia ciudadana”, una que busque un máximo denominador común posible.

Lo que llamamos “diplomacia ciudadana”, por oposición al conflicto perverso, es una participación horizontalizada que calificaremos como una democratización del hasta ahora tratamiento convencional –si es que tal existe- del conflicto. Esto es, los actores de la resolución no son los titulares de la autoridad, ni los que la ejercen en una violación cotidiana del Estado de Derecho ni quienes la encarnan del otro lado por su mando sobre los partidos agónicos donde no se practica democracia interna. En pocas palabras, dado el juego cerrado del conflicto venezolano sólo una participación activa de protagonistas ciudadanos puede lograr una transformación positiva del conflicto en medio de una exigencia general de simetría y bajo el dominio de una razón comunicativa y dialógica.

La aparición de este ethos democrático redescubriendo el conflicto es ciertamente un albur, uno sólo lograble por la vía en que estamos definiendo, uno de pedagogía de la inclusión, o lo que estamos llamando una educación al conflicto. Aún contra los actores conflictivos que se empeñan en retroalimentarse y en cuyo esfuerzo convierten al lenguaje en bazofia y en arma condenable, es menester insistir en conceptos como la diversidad y las diferencias como valor, en la solidaridad y en el contraste como posibilidad. Si queremos verlo así, deberemos afirmar al conflicto bajo educación como palanca de transformación y logros, como un chance al aprendizaje y como una práctica de aquella afirmación de Paulo Freire de que toda acción educativa conlleva a una acción política y que la política posee una dimensión pedagógica, una, por cierto, desdeñada en esta ruina cotidiana a la que somos sometidos.

Si lo queremos decir de otra manera, la única posibilidad de enfrentar el conflicto, vista la pequeñez de los actores, es educando al conflicto para dar sentido a lo que no lo tiene.

@teodulolopezm

tlopezmelendez@cantv.net

Los déspotas y sus bomberos

 Alberto Franceschi

Los más pesimistas opositores dicen que el gobiernito de Maduro se está consolidando. Pasan los días y algo hace, aunque se le está viniendo encima la estantería aunque no le falta incluso la solidaridad de chulos y oportunistas de toda laya, que Maduro conoce desde sus tiempos de mandadero de la Cancillería de Chávez.

María Corina admite que los gobiernos democráticos del continente nos están traicionando. Aunque eso es solo mitad cierto, porque los Estados con los que tenemos relaciones normales, desde hace décadas,  han tenido de parte de la oposición venezolana,  solo la noticia que el gobierno chavista ganaba limpiamente las elecciones, hasta esta última vez,  que dijimos que desconocíamos el gobierno, pero que igual seguimos dentro de las instituciones del régimen, incluso preparándonos para las nuevas elecciones de diciembre.

La primera verdad que ha de admitirse es que el gobierno de Maduro está en pie porque la oposición dirigida por el señor Capriles, no solo lo legitima de hecho, al corresponsabilizarse con el, dirigiendo un estado de la república y sosteniendo una postura parlamentaria de cohabitación en la Asamblea Nacional, sino que ya veremos cómo progresivamente empezará a llenarle la cabeza a la gente con cucaracha molida, sobre que habrá que esperar a las elecciones de 2019. Total él es joven y puede esperar, dicen los a áulicos del sifrinaje.

Por eso es que  es débil  el argumento sobre que nos están traicionando los gobiernos del continente, creo apenas se está sacando es una deformada  conclusión,  por cuanto tal desentendimiento de todos respecto a  nuestra suerte, es más bien el estricto reflejo de lo que se generó como conclusión lógica desde aquel 17 de Abril  cuando el señor Capriles,  representando la dirección de la MUD,  asumieron que esta batalla contra el fraude masivo se hará mandándole papelitos  a las instituciones  del Estado chavista y dando unos viajecitos para  hacer sentir nuestra protesticas en el ámbito diplomático.

Les tengo la mala noticia a nuestros viajeros, que serán recibidos educadamente en muchos sitios pero no les dirán la íntima reflexión de cada uno de los interlocutores que en privado cavilan: “¿y estos pobres infelices creen que se quitarán de encima esa crápula de régimen no arriesgando más allá de unos titularcitos mediáticos?

Mucha gente saco la más lógica de las conclusiones: el 17 de abril era la situación ideal e impostergable para imponer el artículo 350, que consagra la legitimidad de la sublevación general, para hacer respetar la constitución menoscabada. Pero para asumir la restitución de la soberanía popular se requiere de un verdadero liderazgo dispuesto a asumir riesgos básicos y eso es lo que nuestra oposición gallina rehúye como a la peste.

Nunca he defendido andar invocando la tesis de hacer valer un artículo de la Constitución, como el 350, para imponer los derechos desconocidos olímpicamente por la casta gobernante, porque más bien parece una batalla semántica donde aquel que sea más coherente debería tener razón, pero ocurre que en la lucha política lo que cuenta es sobre todo la capacidad y fuerza para imponer esa razón.

Miren los ejemplos de Turquía y Brasil de las últimas dos semanas, para ejemplificar aquella máxima sobre que nadie puede ganarle a pueblos decididos a pelear. Pero para eso se necesitan dirigentes que les convoquen a la calle cuando sea inapelable e inaplazable la necesidad de hacerlo y aquí lo era de forma magnificente ese 17 de abril, cuando la dirección se chorreó y dejó pasar esa impresionante oportunidad para mandar al cipote al gobierno y al régimen fraudulento e ilegitimo.

Ahora tocará esperar a que se reúna un concurso de circunstancias para visualizar de nuevo esa ventana de oportunidad, para ver manifestarse toda la rebeldía popular contenida.

Muchos dicen que la economía hará estallar todo porque la moneda está llevando a la ruina masivamente a empresas y familias, a patronos y trabajadores.

Se acerca el trueque soñado por Chávez, la barbarie asomará su hocico, la parálisis consume todo, la cadena de pagos y de compra-venta se revienta. No me cabe la menor duda que vendrá otra oportunidad para dirimir en las calles la suerte de esta república que ha sido llevada al degredo.

Me pregunto sencillamente si en esa fecha, donde de nuevo todo esté en juego, el señor Capriles volverá a mandar la gente para su casa, para que esperen a su hipotética e ilusa elección en 2019.

Ya desataron los demonios electoreros, se nos dice que lo más importante es derrotar al régimen en esas elecciones municipales de diciembre.   ¿Votamos o no votamos? … Me parece una discusión para imbéciles. Voten los que quieran, eso nada cambia. Lo único que podía cambiar a fondo  todo esto era la elección presidencial que se ganó y se dejó perder por cobardía, por temerle  a las muchedumbres en la calle que son mil veces más sabias que cualquier pequeño mesías que se considere propietario de la palanca de retroceso. Dime quien controla la calle y sabré quien tiene el poder.

Consulte el archivo de artículos del autor

Gobierno: educar para conseguir compinches

Trino Márquez

Desconcierta ver y oír a los simpatizantes del Gobierno hablar del “sagrado derecho a la educación” y de cómo está siendo “violado” por la “derecha” que declaró el paro indefinido. El único que profana ese derecho es el régimen  instaurado hace más de catorce años. Su hostilidad con el sector universitario traspasó todas las fronteras convencionales. Solo la UCV ha sido objeto de más de cien ataques terroristas por parte de los grupos paramilitares financiados por el oficialismo. El M-28, La Piedrita y Alexis Vive han actuado como brigadas de choque para atemorizar y sembrar terror entre los miembros de la comunidad.

Las miserables condiciones a las que fueron arrastrados los profesores, el deterioro de las condiciones para la enseñanza y la investigación, y las irrisorias  becas y otros beneficios que reciben los estudiantes, forzaron el conflicto actual, convertido en símbolo de la tenaz resistencia que el país sostiene contra la mafia enquistada en el poder. La heroica pelea que docentes y  estudiantes mantienen por lograr un presupuesto que responda a las demandas universitarias y por preservar la autonomía universitaria, ubica en su justo lugar los límites del derecho al estudio.

La educación es un proceso integral que incluye la instrucción y la formación de valores éticos y democráticos. Los alumnos se instruyen con el fin de adquirir conocimientos, habilidades, destrezas que los califiquen en determinadas áreas de la ciencia, las técnicas, las artes. La universidad enseña un saber especializado, académico, que trasciende el  sentido común y dota al estudiante de nociones, conceptos y teorías que le permiten explicar el área de la que se ocupa y proponer o tomar las decisiones que se deriven del estudio de la materia examinada. En la academia se adquiere un lenguaje especializado y se aprende a utilizar herramientas teóricas y prácticas que elevan la precisión de la observación y el conocimiento.  En la búsqueda de estos objetivos reside el fin  específico de la educación en cuanto proceso de instrucción.

Sin embargo, no solo de pan vive el Hombre, dice Jesús.  El estudiante necesita adquirir valores morales que le permitan llevar una vida digna, aceptar la pluralidad y la democracia, algo que los regímenes totalitarios siempre intentan destruir. El Gobierno busca convertir los alumnos de las universidades autónomas en cómplices de sus planes destructivos de la institución universitaria. Pretende que los estudiantes se hagan los locos ante el empobrecimiento continuo e irreversible de los docentes y la conversión progresiva de la Universidad en una escuela de formación de cuadros revolucionarios, donde no se realiza ninguna clase de investigación independiente, ha desaparecido la libertad de cátedra, la libertad de pensamiento, la libre discusión de las ideas, la democracia en todas sus formas, y predomina el pensamiento único de una secta oscurantista que, contra la voluntad mayoritaria del país y en abierta contradicción con la Constitución, persigue imponer el comunismo.

La “educación” de la cual habla ese grupo milenarista es de carácter confesional, similar a la que se impartía en Rusia, China o la España franquista. Igual a la que se suministra en Cuba, luego de más de cincuenta años de fracasos. En realidad ese amasijo de ideas nada se relaciona con la educación, sino con la ideologización para enajenar al estudiantado. Para despojarlo de toda voluntad y sentido crítico del entorno, y convertirlo en el instrumento dócil de una clase gobernante solo interesada en perpetuarse en el poder.

El “derecho a la educación” del que hablan esos farsantes no es tal. Lo que aspiran es degradar el acto de enseñanza, reducirlo a un lavado ideológico, con la finalidad de envilecer a los alumnos para convertirlos en compinches de su estrategia embrutecedora.

La épica batalla de los profesores y estudiantes, el heroísmo de su acción, además de las reivindicaciones salariales y económicas, posee una dimensión ética esencial. Los jóvenes han demostrado que no se mueven como marionetas, ni poseen alma de esquiroles. No ingresaron a la enseñanza superior para traicionar los fines de la educación,  en nombre de un “derecho al estudio” tramposo, concebido para someter, no para liberar. Están allí para defender el valor de la educación como acto integral. Lo lograron.

@cedice

@trinomarquezc

Cuando se jodió Venezuela

  Antonio Sánchez García

“Zavalita: mejor no menealle. Que la cloaca es insondable.”

            “¿En qué momento se había jodido el Perú? Los canillitas merodean entre los vehículos detenidos por el semáforo de Wilson voceando los diarios de la tarde y él echa a andar, despacio, hacia la Colmena. Las manos en los bolsillos, cabizbajo, va escoltado por transeúntes que avanzan, también, hacia la Plaza San Martín. El era como el Perú, Zavalita, se había jodido en algún momento. Piensa: ¿en cuál? Frente al Hotel Crillón un perro viene a lamerle los pies: no vayas a estar rabioso, fuera de aquí. El Perú jodido, piensa, Carlitos jodido, todos jodidos. Piensa: no hay solución.”

Es el deslumbrante comienzo de Conversación en la catedral, la tercera, y única novela suya que Vargas Llosa salvaría de las llamas en caso que un Fahrenheit 48 se impusiera en el planeta y los enemigos de la libertad, sus y nuestros enemigos, decidieran cortar por lo podrido y hacerse con el poder total del universo siguiendo las sabias indicaciones de un delirante pensador alemán nacido en Triers, llamado Carlos Marx, el mismo que pasado por las entrepiernas del bastardo del gallego Ángel Castro y Lina Ruz, nos tiene jodidos a los venezolanos y amenaza con joderle la vida a esta media humanidad que habla español, baila sambas, tangos y joropos mientras venera a desaforados enanos de bronce montados en caballos apocalípticos, la cabeza cagada de palomas, el sable alzado. O le lame las botas a teniente coroneles ladrones, obedeciendo constituciones de papel tualé y asambleas de espalderos, matones y manopleras de burdel.

Es tan abundante el calendarios de las doradas ocasiones acusables de haber abierto el chorro del pantanal en que chapoteamos,   que cuesta desmalezar sus fechas: sólo en el siglo XX y a partir de la muerte de Gómez un Zavalita vernáculo y criollo podría preguntarse en pose metafísica e inquisidora: ¿Cuándo fue que nos jodimos? ¿Nos jodimos el 18 de octubre del 45, el 24 de noviembre del 48, el 13 de noviembre de 1950, el 23 de enero del 58, el 18 de febrero del 83, el 27 de febrero del 89, el 4 de febrero del 92, el 20 de mayo del 93, el 27 de marzo de 1994, el 6 de diciembre del 89, el 11 de abril del 2002, el 15 de agosto del 2004 y así hasta el 14 de abril del 2013?

En todas esas fechas aconteció algo extremadamente grave, que atentaba contra la integridad de la República y cuyos resultados, independientemente de los propósitos que animaran a sus protagonistas, contribuyeron al inmenso caudal de nuestras desdichas. Desde la llamada revolución de Octubre al derrocamiento de Gallegos, pasando por el asesinato de Delgado Chalbeau, la caída de Pérez Jiménez, el Viernes Negro, el Caracazo, el Golpe de los coroneles, el Sobreseimiento y puesta en libertad del último de los golpistas, el Defenestramiento de Carlos Andrés Pérez, la elección de Chávez, la rebelión de Puente Llaguno, el fraude del RR y así, hasta el descarado robo de las elecciones presidenciales consumado por el golpismo cuartelero del post chavismo. Una auténtica ristra de data horribilis.

¿Debemos ser consecuentes con la historia e inquirir por los orígenes de nuestra joda más allá de Gómez y de Cipriano Castro, de Crespo y Guzmán Blanco, de Monagas, Falcón, Zamora, Antonio Leocadio Guzmán y Páez, por sólo mencionar los más prominentes? ¿O debemos llegar a las causas de la rebeldía del joven levantisco, ambicioso, aristócrata y rico heredero don Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar de la Concepción y Ponte Palacios y Blanco?

De ir a los meros orígenes de nuestra Gran Jodedera, tendremos que concluir con una implacable autocrítica de nuestro, gústenos o no nos guste, padre de la patria, quien sumido en la desesperación y a meses de su muerte en la Quinta de Santa Marta Alejandrino escribió un testamentos evaluatorio de su obra tras veinte años de feroces y sangrientos combates que todo bolivariano debiera llevar grabado a sangre y fuego en su corazón. He aquí una pequeña muestra de la opinión que tenía Simón Bolívar del estado de la América Independizada por él con el empeño de 300 mil cadáveres venezolanos, caídos en combates o por efecto de sus aterradores desastres: ”Se turban todas las elecciones con tumultos o con intrigas. Muchas veces los soldados armados vienen a votar en formación, como no se hiciera ni en la primitiva Roma, ni en la isla de Haití. Todo lo decide la fuerza, el partido o el cohecho; ¿con qué miras?: para mandar un instante, entre las alarmas, los combates y los sacrificios…En ninguna parte las elecciones son legales: en ninguna se sucede el mando por los electos, según la ley… No hay buena fe en América, ni entre las naciones. Los tratados son papeles; las Constituciones libros; las elecciones combates; la libertad anarquía.; y la vida un tormento”.

Tan siniestro es el panorama y tan devastador el balance, que bien hubiera podido responderse el mismo Bolívar con este imaginario monólogo: “Venezuela se jodió cuando inconsciente de la gigantesca responsabilidad que yo asumía y envanecido por mis ambiciones imperiales y mi insaciable afán de gloria metí la mano en lo oscuro y profundo de una sociedad en gestación, semi bárbara, todavía irracional, primitiva e incapaz de dirigirse a sí misma, exigiéndole en un gesto de irrefrenable soberbia se comportase como los atenienses de tiempos de Pericles”. Suena insólito, pero irreprochable. Porque si así no hubiera evaluado las consecuencias de su desaforado e incansable afán de eternidad no hubiera escrito de seguidas: “Hemos perdido las garantías individuales, cuando por obtenerlas perfectas habíamos sacrificado nuestra sangre, y lo más precioso de los que poseíamos antes de la guerra: y si volvemos la vista a aquel tiempo “ – se refiere a los tiempos coloniales anteriores al 19 de abril de 1810, obviamente, cuando éramos la pacífica provincia de tierra firme bajo el reinado del monarca español de turno y aún sus fieles y leales vasallos, pues “¿quién negará que eran más respetados nuestros derechos? Nunca tan desgraciados como lo somos al presente.”

No lo invento. Lo extraigo del segundo tomo de las Obras Completas de Simón Bolívar, págs. 1299 y ss., editorial LEX, La Habana, 1947, en donde reza negro sobre blanco UNA MIRADA SOBRE LA AMÉRICA ESPAÑOLA, Quito, 1829.

Zavalita: mejor no menealle. Que la cloaca es insondable.

@sangarccs

El maracanazo a Dilma

IMG_0806  Luis DE LION

A pesar que varias municipalidades decidieron anular la medida de aumento de precio del transporte colectivo, nada deja presagiar que el movimiento que ha sacudido a Brasil en estos últimos quince días vaya a desinflarse rápidamente. Un movimiento que en realidad comenzó hace cuatro meses en Porto Alegre por el alza de 20 céntimos del pasaje y que hoy ha tomado otra dimensión.

“¿Por qué protesto? Necesitamos una reforma política, fiscal, ponerle fin a la corrupción, necesitamos mejores escuelas, medios de transporte” Sabina Santos, 29 años funcionaria de Sao Paulo.

La ira de los manifestantes que en un principio se focalizó en el aumento del precio del transporte, poco a poco fue desbordándose en Sao Paulo y se le fueron agregando recriminaciones por el costo de la organización del Mundial de fútbol 2014, la cual asciende a 12 millardos de Euros.

Que en el país de la religión futbolística, los jóvenes convoquen a través de las redes sociales a protestar contra el costo del Mundial es sin duda una bofetada a todos y cada uno de los discursos políticos no solo del Brasil de Lula y Dilma, sino de la región entera.

Prácticamente en todas las capitales de los Estados federados del Brasil se ha manifestado. Es una organización horizontal, sin etiquetas políticas, ni sindicales, ni líderes claramente visibles. Facebook, Twitter, Flickr, Instagram y YouTube los motores de las protestas. Agruparse y expresarse. Las redes sociales le otorgan a los jóvenes algo que los partidos políticos se niegan a darles. “Estoy aquí para mostrar que Brasil no es solo fiesta y fútbol. Tenemos otras preocupaciones” comentaba Daiana Venancio, 24 años, abogado.

¿Cómo se llegó a ésta situación?

Sin duda, el llamado “milagro” brasileño fue inflado por una opinión pública interna y externa que elevaron a Lula al rango de semidiós, luego que éste sacara de la pobreza crónica a millones de personas con su plan “bolsa familia”. Pero el trabajo había que completarlo y esa “lower class” media creada por Lula, ahora le toca pagar agua, electricidad y transporte costosos.  El gigante suramericano había tenido un crecimiento económico de +7,5% en 2010, +2,7% en 2011, +0,9% en 2012 según la OCDE. Actividad agrícola de +9,7% pero su actividad industrial –0,3%. La Bolsa en Brasil perdió 10 puntos en un año, fueron degradadas las notas de los bancos públicos y el consumo se estancó. En los últimos seis meses 13% de inflación solo en los productos de la cesta básica.  Brasil ha entrado en una fase económica la cual está relativamente empobreciendo a la clase media. El proteccionismo de Dilma Rousseff entre las razones del frenazo del milagro económico brasileño.

Todo ello a seis meses de un año político crucial. En el 2014 habrá elecciones presidenciales y legislativas. Los manifestantes en su mayoría son de clase media instruida, que no forma parte de la base electoral tradicional del Partido de los Trabajadores hoy en el poder.

“Demostramos que no estamos muertos. Creyeron callarnos con un juego de fútbol pero Brasil no es solo fútbol” comentaba el estudiante Bruno Pastrana.

Sin duda, los jóvenes brasileños le están dando su propio maracanazo a Dilma Rousseff, quien paradójicamente antes de las manifestaciones mantenía unos buenos índices de popularidad.

Hoy la juventud brasileña luce decidida a recuperar la visibilidad de lo posible como activador de exigencias. Un espíritu que muy bien podría propagarse, entre los países vecinos del Brasil.

luisdelion@gmail.com

@LDeLion

Consulte el archivo de artículos del autor