Lechugas verdes y represión roja

 Fernando Luis Egaña

Maduro y compañía tratan de aplicar una estrategia dual en relación con el sector privado y la oposición política. Al primero le prometen dólares para intentar cooptarlo, y al segundo le dan palo político, judicial y comunicacional para intentar someterlo. Esa estrategia fallará por ambos flancos.

En relación con los empresarios, digamos que los de verdad y no los de maletín tan afectos a la boliburguesía, la promesa de divisas vía Cadivi o el fantasmal Sicad, tiene por objetivo inmediato el que éstos saquen a la calle todo su inventario para que se alivie un tantico el masivo desabastecimiento y la consecuente escasez.

Algo de dólares está fluyendo para el financiamiento de la exacerbada economía importadora –cortesía del “desarrollo endógeno” de Giordani—pero muy lejos de lo suficiente, por la sencilla razón de que el principal bien o producto que escasea es precisamente el dólar. Y así será el desmadrado latrocinio de la “revolución”, que esa escasez ocurre con el barril de petróleo por encima de los 100 dólares.

Además, los cubanos y los nicas le vienen señalando a Maduro que debe entenderse con los empresarios, alcanzar un “modus vivendi” con ellos, y lograr entonces que aboguen por la “normalización” de la situación política, esto es que la oposición –o al menos una parte reconocida– se deje de impugnaciones y antagonismos y se transmute en la cara no-oficialista, pero del mismo régimen hegemónico.

Más o menos el esquema que ha establecido Daniel Ortega en Nicaragua y que, debe afirmarse, le viene funcionando acorde con sus intereses. Y al mismo tiempo, a la oposición que no quiera entrar en el redil, no sólo le ofrecen represión sino que se la suministran sin demasiados tapujos.

Represión política como la ejercida contra los parlamentarios opositores en la Asamblea Nacional. Represión judicial como la manifestada por las nuevas imputaciones contra dirigentes políticos. Represión comunicacional como las “sobrevenidas” medidas de “auto-censura” en medios privados. Represión institucional al insistir en el acosamiento declarativo y fáctico de la oposición beligerante.

Ahora bien, para que la referida estrategia dual llegara a funcionar, harían falta al menos dos cosas. Una, que Maduro cambiara a fondo el delirante entreverado que se auto-denomina “política económica bolivariana”, o el descomunal e improvisado subsidio a las taquillas clientelares que devora los recursos nacionales, e imposibilita el desarrollo productivo. Lo que parece muy improbable que acontezca.

Y otra, que la Mud y Capriles se echaran para atrás, arriaran las banderas del presente, y propusieran un armisticio en los términos de que cesara la represión a cambio de una oposición aguada o descolorida. Y ello es todavía más improbable que suceda.

Pero lo que sí está pasando es la descomposición acelerada del régimen imperante. Y no parece que las lechugas verdes o la represión roja puedan impedirlo.

flegana@gmail.com

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El pensamiento invisible

 Teódulo López Meléndez 

Una afirmación que podemos realizar sin titubeos, en términos de neurociencia, es que nadie ha visto nunca un pensamiento. A lo sumo la tormenta eléctrica que produce. Por allí, en las células, anda la conciencia y la forma de pensar, y que por efecto de lo que los científicos llaman neuropéptidos, se hace hábito. Sin embargo, la forma de pensar es modificable, pues, sostienen también los científicos, el cerebro tiene el hábito de recrearse. En ciencias sociales podríamos argumentar que la única manera de cambiar es interrumpir esa asociación derivada de la repetición, lo que, traducido a palabras algo más claras, equivale a afirmar que la única manera de salir es aprendiendo a pensar de otra manera.

Cuando se tiende a engañar a las células del cuerpo social lo que se busca es distraer del miedo, pues la verdadera definición de tal no es ese que se señala en el combate político venezolano como no tenerlo al enfrentamiento virulento con el gobierno. No, la verdadera mecánica y el verdadero miedo lo son a modificar la posición del observador lo que conllevaría a pensar de otra manera y a posibilitar así la construcción de otra realidad. En neurociencia se llama crear otro puente entre neuronas: en ciencias sociales crear un cuerpo común que posibilite la liberación del presente. Esa liberación no consiste en asumir otro miedo que llamaremos pasado, sino en otra forma de manejar las emociones que pasaron a ser reflejo indiferenciado de la realidad. En palabras precisas, es necesario convertir a ese cuerpo social en uno capaz de crear, a lo que se negará insistentemente para atarse al segundo de realidad y no enfrentar el miedo, que no es otro que el que hemos descrito en este párrafo.

Si la realidad es producto de nuestras expectativas, pues debemos cambiar las expectativas. Nuestras expectativas las podemos armar armoniosa o caóticamente. En el terreno de la política el cuerpo social reacciona de una u otra manera dependiendo del “mensaje” que lo abruma con su proveniencia exacerbada desde todas las fuentes. El mensaje distinto, se me ocurre, puede provenir de las similitudes entre la ciencia social y las ciencias. Si las teorías e investigaciones de estas últimas son difíciles de entender para la generalidad, en el terreno de lo político es obligación hacer entender las implicaciones que para la vida en sociedad tienen. Si bien no se trata de un análisis de la espiritualidad humana, hay que recalcar que el encierro en nuestros pensamientos preestablecidos  nos impide de alcanzar metas dentro de ese abanico de la incertidumbre. Y la palabra es esencial a la creación de realidad.

Nuestro modelo interior de lo exterior está construido sobre la base de la experiencia, de manera que procuraremos actuar en cada caso conforme lo vivido. La palabra tiene una misión esencial en romper esas asociaciones.  Quienes nos dedicamos a la incomprendida tarea de procurar un despertar lo llamamos creación de conciencia. Así como se desarrolló el principio de la incertidumbre también lo hizo el principio de la complementariedad.

Así como no hay en lo humano una sola perspectiva que capture la realidad de manera integral, hemos recordado siempre a Kuhn con la palabra paradigma, diciendo de las ataduras de las sociedades a los ya vencidos y la necesidad de adoptar otros. Así el principio de la complementariedad nos vuelve a recordar que la realidad supera a las explicaciones que de ella se dan pues nadie es capaz de conocerlo todo a su respecto. Cada parte, en un enfrentamiento, expondrá su “verdad” según la cual todas las que se le oponen están equivocadas, olvidando que las antinomias también están llenas de verdades.

Es menester recordar, entonces, que una modificación social parte del rechazo de un pensamiento único y que la forma de rechazarlo no es oponiéndole otro con iguales pretensiones. El conjunto es una suma de propiedades de todas las partes. El lenguaje defensivo es una aceptación de una fragilidad que se cree insuperable. El lenguaje creativo inventa futuro, de allí la importancia de la palabra, cuyo lento ritmo es conocido, pero, quienes nos arrimamos a él, sabemos con toda la lentitud del caso puede irse haciendo pensamiento invisible que rompa los viejos paradigmas.

@teodulolopezm

tlopezmelendez@cantv.net

Globovisión: quieren enceguecerla

Trino Márquez

Durante catorce años el régimen ha tratado de montar una hegemonía comunicacional que transita por dos canales distintos, aunque complementarios. El primero se orienta hacia la construcción de un aparato propagandístico e informativo propio. El segundo se dirige hacia la liquidación o neutralización de los medios existentes. En este segundo plano, la fase inicial concluyó con el cierre de RCTV. Ahora, la meta es liquidar Globovision.

Mientras operaba RCTV, el canal  de La Florida representaba una pieza menor. Frente al canal de Bárcenas, monstruo comunicacional que atrapaba casi la mitad de la audiencia nacional, la modesta Globovisión era apenas un enemigo inferior que no encarnaba ningún peligro significativo para la supervivencia del Gobierno. Liquidada la televisora pionera del país y neutralizadas Venevision y Televen, pulverizar el canal dedicado a la transmisión de noticias las veinticuatro horas del día pasó a convertirse en un objetivo central. El problema consistía en cómo lograrlo generando el menor costo político. El precio de la destrucción de RCTV había sido demasiado elevado. Había que evitar que la drama se repitiera.

El régimen ensayó varias fórmulas hasta que, finalmente, trazó la estrategia definitiva. El ladrillo clave de este andamiaje era la asfixia económica. Había que convertir la emisora en un proyecto financiero inviable. Conatel sería el brazo ejecutor. El Consejo aplicaría multas permanentes, amenazas de cierre  y prohibición de incorporar la tecnología digital a la infraestructura de la emisora. Había que completar el círculo en torno a Globovisión para que sus dueños la vendieran. Algunos de los jerarcas del régimen la comprarían por interpuestas personas y Conatel aprobaría, sin contratiempos, la operación. La faena quedaría redondita. No habría que cambiarle el nombre, tal como sucedió con RCTV, que parió ese engendro soporífero llamado TVES, que duerme a la audiencia hasta cuando transmite los juegos de la Vino Tinto.

Consumada la venta comenzó la nueva fase. Durante los primeros días había que mantener la imagen de neutralidad frente al Gobierno. Lo que ocurre es que resulta demasiado cuesta arriba que profesionales que nacieron y crecieron en Globovisión, que le dieron la imagen guerrera que el canal posee, acepten interpretar el papel modosito y asexuado que la nueva Junta Directiva pretende imprimirles a ciertos espacios comprometidos con la denuncia y la crítica de los continuos desmanes de una capa de filibusteros que se entronizó en el poder para enriquecerse y eternizarse. Con Buenas Noches la táctica fracasó. Kico, Carla y, probablemente Roland no transigieron con esta línea. Pedro Luis Flores se solidarizó con sus compañeros noctámbulos. A Ismael García sencillamente lo botaron. Con el dirigente opositor fueron implacables.

Los nuevos propietarios no podrán transformar Globovisión en una especie de Canal I, desdibujado e insípido, que no transmite emoción porque no está comprometido con ninguna línea editorial definida. Esa “neutralidad” no es posible sostenerla en Venezuela por la sencilla razón de que en el país se está con la defensa de la democracia y la libertad o se apoya el avance del autoritarismo, el comunismo y la subordinación frente a Cuba. Los medios de comunicación forman una parte medular de esa confrontación. El régimen lo entendió desde 1999, aunque solo tomó plena conciencia de su significado luego de los sucesos de abril de 2002.

Chávez, a pesar de las constantes amenazas contra Globovisión, soportó al canal. Podía  coexistir en tensión con él porque su liderazgo y su gobierno eran fuertes. Los herederos resultan demasiado débiles, inseguros y paranoides  para convivir con una planta de televisión crítica, comprometida con la democracia y con un tipo de periodismo incisivo, que no le hace concesiones a la mediocridad, ni carantoñas al despotismo.

Es temprano aún para saber cuál será el destino de Globo. Seguramente las figuras emblemáticas que todavía quedan no harán concesiones, ni se humillarán. Queda claro que la oposición entró en una fase en la que deberá aprender a desenvolverse si ese amplificador. No es la primera vez que se enfrentan situaciones adversas. Cuando Pérez Jiménez, no existió nunca nada parecido a Globovisión, sin embargo, el tirano cayó. Tampoco en Túnez, Libia o Egipto hubo nada similar a esa heroica estación, y, no obstante, se produjo la Primavera Árabe. No hablemos de la URSS y Europa oriental. En Venezuela no será diferente.

@trinomarquezc

Se está armando otro régimen

 Alberto Franceschi

Hace mucho que los venezolanos  ven  frustrar  uno  tras otro sus mitos y sus  sueños, sobre todo en política. Casi que la vida entera  se nos va en  acumular expectativas que son luego insatisfechas. Por cada  sueño que se cumple hay otros 10 rotos,  desvaneciéndose  al  paso del tiempo.

Ya  es hora entonces que empecemos a  ver  la realidad de frente y asumir que  los regímenes, gobiernos, modelos sociales, instituciones,  programas  etc,   son  solo nombres  engañosos de grandes intereses,  bastardos en su  gran mayoría.

Alguna vez entenderemos  que las ficciones  van siendo molidas por las duras  realidades. La democracia representativa, por ejemplo,  como la vivimos en sus buenos tiempos  ya no volverá,  el  remedo de ella,  que  sufrimos ya en  los años  ochentas y noventas,  solo  fueron   el preámbulo de su agonía en manos de Caldera,  que  permitió su sepultura  final con el chavismo,  aupado hasta llevarlo y consolidarlo en el  poder de la mano de  grandes banqueros y  plutócratas,  nunca lo olvidemos.

Por eso cuando  revelaciones como las de Mario Silva nos barrajan contra el suelo de los duros hechos,   y aunque muchos no lo crean,  el panorama empieza a aclararse.

El país va directo a otro tipo de régimen político,  cuyo punto de partida será la ruptura  del nexo  colonial con el régimen castrista cubano.

Maduro, que es  la representación consular de lo que queda como herencia fantasmagórica de  ese adefesio  que inventó Chávez, está  ya dando muestras  de una mutación  de naturaleza a la que le obliga Diosdado, para que pague los platos rotos.

El impepinable dilema de Maduro  es:  o termina de cambiar para adentrarse  en  unas reformas profundas,  renunciando  a defender  los intereses del comunismo gangrenado cubano y su mezcla  con este capitalismo vudú nuestro,  que sobrevive a pesar de las calamidades que fueron acumulándose como pasivos de toda clase,  o sencillamente le quedan pocos meses de vida,  mientras Diosdado hace inevitable el recambio institucional ,  terminando de convencer la mayoría chavista,  sobre que ya es hora de orientar  el timón para otro rumbo.

La mayoría chavista verá con buenos ojos cualquier recambio que los saque del  pantano madurista.  La caída de Mario Silva es  casi un símbolo sobre lo  muy rápido  que se impondrán los cambios,  que él  tanto temía  bajo la batuta de Diosdado, sin que Maduro pueda hacer gran cosa para impedirlo,  porque le debe  el  poder  fraudulento al  mismo que le convencerá,  por las buenas o por las malas, que ya le quedó  muy  grande el  puesto de sucesor  y  Presidente.

Lo  que Chávez trató de evitar se hizo inevitable. Si hubiera puesto a Jaua ya estaría  fuera del poder rastrillando los dientes en la acera. Para evitar una caída estrepitosa  los cubanos  y el “comandante eterno”  no pudieron encontrar nadie mejor  que el marido de Cilia en  el  entorno de áulicos, con las credenciales de docilidad  para con los hermanos Castro.

Se apoyó entonces  a  Maduro  ante la visita a fecha fija de la inoportuna muerte  y “tan claro como su  luna llanera”, que le ayudó a alumbrar esa solución al comandante, ahora queda claro que el muchachón  no da para mucho,  porque le dejó  un país desecho de contradicciones,  resultado de sus inventos y  del  saqueo castrista,  que ha sido lo único eficiente  de toda  esta década y media de régimen colonial cubano.

Diosdado le da  a Maduro toda la cuerda que quiera, es mas puede dejarlo  el tiempo  que Cilia perciba como para que  sus mejores sueños sean satisfechos ,  pero no puede dejarlo hasta el punto que arruine  la transición no tan traumática  hacia el  gobierno sustituto que obligatoriamente será  MILITAR-CIVIL  y  que  se las ingeniaría para  descansar sobre una legalidad aunque sea precaria  por varios años.

Al  que le tengo malas noticias es  a Capriles. Su victoria electoral que solo podía defenderla como la gente quería  aquel  17 de abril, a pedrada  limpia y costara lo que costara, pasará al olvido y una muy importante tajada de lo que fue su electorado ,  viendo cambios reales hacia un mejoramiento de los indicadores económicos, y  ante el cambio real  que implica la salida cubana del  escenario,  tenderá a quedarse en su casa,  presos  de sus  fatalismos  o  de sus acomodamientos. Capriles  estará al final contento porque su prédica habrá  sido más que exitosa NO  PASARA  NADA que ponga en peligro la paz, su añorada paz, la paz de los que pueden  esperar décadas…

Para  los que quieran bajar de los sueños y  ver  realidades en la perspectiva  próxima,  podrían comenzar por apreciar el  viraje hacia un régimen MILITAR-CIVIL  en manos de Diosdado Cabello,   que  ya  empezó, aunque falten sus episodios  más  sonados. Mario Silva estará contándole  a los amos, el detalle de  lo que ya había dicho en el CD.

Y  los Castro sacarán la única conclusión  probable:  hay que apurar las propias  aperturas hacia los otrora  odiadosgusanos” del  exilio,   que en realidad constituyen  la burguesía  Cubana de Florida,  ya en plan de  recolonización  capitalista de la isla de sus querencias y amarguras.

Aquí  ya empezó nuestra “apertura”.  Ramírez  el  de PDVSA, que sabe más que pescado frito,  ya está  adelantándose con las compañías gringas, que  ya no son más segregadas. Está pactando  créditos y sociedades con ellas,  para obtener más divisas  mejorando  la producción.

En los sectores  económicos decisivos ya se habla en serio  con su amiguete el  ministro Merentes,   que  afloja  por fin los dólares y arrincona  al monje Giordani,  al que solo sacan a asolearse con alguna celebración de simbologías  aniversarias de la épica chavista en bancarrota.

Algo muy extravagante deberá  inventar Capriles para tratar, con el club  de amigos de la MUD,   de  evitar  la diáspora en masa  de la elite económica y la mediática,  hacia las playas del gobierno,  por ahora de Maduro pero en realidad  en transición  hacia uno nuevo, que invente otra fraseología, porque la chavista  está agotándose  a  velocidad e trueno. Creo que vienen tiempo como los del “cabito” Castro, quien  al instalar su gobierno en 1899 proclamó:

“Podemos decir que la campaña armada está terminada ya, pues se ha inaugurado un Gobierno que es el renacimiento de la República y cuyo programa puede sintetizarse así: Nuevos hombres. Nuevos ideales. Nuevos procedimientos”.

Se está armando otro régimen, Mario Silva tenía razón, Diosdado se queda con el santo y la limosna. Y esto puede resultar así  a menos que un general Gómez no agote rápidamente el tiempo del “cabito” y pase a imponer cambios aun más drásticos,  tantas veces pospuestos y agónicamente  necesarios.

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Globovisión y el terror de la palabra

  Antonio Sánchez García

A @hcapriles

Se ha contado hasta la saciedad y puede que resulte majadero volver a repetirlo. Pero es necesario hacerlo, cuando los espacios dejados por las dictaduras para que brote un rayito de libertad se estrechan hasta extremos tan increíbles, que quien sepa hacer uso de ellos y logre romper las claves de la oscura opresión que persiguen, puede convertirse en un héroe. O en presidente de la República.

Fue lo que le sucedió al abogado y economista chileno Ricardo Lagos en los postreros días de la dictadura del general Augusto Pinochet, cuando en medio de la campaña por el plebiscito que decidiría si dejaba o continuaba en el Poder, se permitió la insólita osadía de romper los esquemas de 17 años de tiranía y haciendo a un lado la mano censora que quiso impedirle que se expresara más allá de lo estrictamente permisible en un programa de televisión del Canal 13, de la Universidad Católica de Chile, se volvió hacia las cámaras y apuntando con su dedo acusador a un imaginario general Pinochet que suponía viéndolo desde el Palacio de Gobierno – y no podía ser de otro modo bajo el reinado de una tiranía en que no se movía una hoja sin que él no lo supiera – le espetó a bocajarro hasta qué grado de indignidad llegaba su ambición, si tras diecisiete años de gobierno ininterrumpido pretendía seguir gobernando por otros 8 años más, como sucedería si se aprobaba el SI.

El escándalo fue tan descomunal, la impresión fue tan devastadora, el impacto tan irremediable, que el joven académico prácticamente desconocido por el gran público se convertiría de la noche a la mañana en el líder más destacado y con mayor futuro de la alianza opositora. En pocos minutos había nacido un estadista, ante la vista asombrada de todos los chilenos.

No es en absoluto comparable al “por ahora”, cuando un teniente coronel golpista, que llevaba años conspirando ante la silente complacencia de sus superiores y que traicionara su juramento apropiándose de las armas de la República para atentar contra el Estado de Derecho, le fuera permitido por parte del ministro de la defensa la gracia de soltar su andanada de segundos asesinos. Lagos estaba solo en medio de una espantosa tiranía. Arriesgaba la vida. Chávez estaba protegido por el grueso manto de la traición de las fuerzas armadas y largaba su farsante perorata mientras esperaba almorzar cómoda y graciosamente acompañado por quienes no lo rozaron ni con el pétalo de una rosa. Para ellos, un soldado ruin y cobarde valía infinitamente más que un tribuno civil, constitucionalmente electo.

Es bueno recordar ambas anécdotas, para que se vea lo útil que puede ser un resquicio, cuando se tiene lucidez, coraje e integridad moral para aprovecharlo con un mensaje verdadero y profundo, y lo inútil que puede resultar la mal entendida “libertad de expresión”, cuando sirve para atizar la tea de las llamas incendiarias del golpismo y la traición. O sirve de válvula de escapa a merecidas y necesarias indignaciones históricas.

Esos minutos arrebatados por Ricardo Lagos a la censura inquisitorial de los generales cambió el rumbo de la historia chilena. Gracias a una oposición que supo enfrentar la tiranía y desalojar del poder al tirano sin canales de televisión, sin medios impresos ni radioeléctricos y sin contar siquiera con partidos políticos, sindicatos u otras formas de lucha propias de sistemas y regímenes democráticos.

Pero la dictadura chilena no se andaban con melindres ni se travestía de democracia plebiscitaria. No corrompía adversarios ni compraba anuencias. Tampoco usaba quinta columnas. No necesitaba llegar al insólito expediente de arruinar adversarios y comprarle medios. Como sucede con una dictadura corrompida, la misma que un periodista paraguayo tuviera la lucidez y el acierto de bautizar como “dictadura puta”. Una dictadura de tomo y lomo, pero prostibularia, corrompida y corruptora, que gana apostando todas sus bazas a la seducción, el adormecimiento y la inocente complicidad de las víctimas. A las que hace creer que aún gozan de “espacios de libertad”, cuando yacen encadenados en el sopor del consumismo. Una dictadura a la que le venía muy bien un canal de oposición, mientras sus reglas del juego no se vieran súbitamente amenazadas por un tempestuoso cambio de las mareas volitivas de sus ciudadanos.

Tres hecho han determinado la precipitación de la compra, silenciamiento y castración de Globovisión: la muerte de Chávez, la victoria de Capriles, la derrota de Maduro. Mientras Chávez asegurara el control de la estulticia nacional, Globovisión podía jugar el rol del ratón ante el gato maullador. Muerto y desmoronado su régimen, una sola palabra de Capriles puede aventar la putrefacción reinante. Otro Vladisilvazo, y Maduro, Cilia , Molero y Diosdado vuelan por los aires con su culo al descubierto.

De allí la apuesta de la historia: esa palabra que aventará a la tiranía no necesita de un canal de televisión: necesita fortaleza y comunicación vital. Esos oyentes, no deben conformarse con ver a sus comunicadores preferidos haciendo carantoñas: deben asumir el destino de la Patria en propias manos. Las tiranías no caen por el arrase de chicas del rating: caen por la legítima indignación de sus víctimas. Es el ejemplo que la primavera árabe dio. Es bueno recordarlo.

@sangarccs

¿Atrapados sin salida?

IMG_0806  Luis DE LION

Cualquiera que sea el contenido de la anunciada segunda parte de los audios de Mario Silva y el agente del G2, que el liderazgo opositor está por hacer público, el futuro del régimen de Maduro, tendrá problemas para ver el horizonte. En particular el de las venideras elecciones municipales.

Dicho opaco panorama, no tiene que ver únicamente con la ya conocida incapacidad para gobernar que durante 14 años ha demostrado el castrochavismo, sino con las interrogantes y dudas que habitan dentro de los ciudadanos en torno a la legitimidad de la presidencia de Maduro. Una desconfianza que va alcanzando niveles tan altos, que hacen presagiar una, aún más severa, crisis de gobernabilidad.

No hay duda que la actuación del CNE y su desprecio por los reclamos hechos ante el máximo organismo electoral, precipitaron por una parte la deslegitimación del actual régimen, y por otra parte, puso en flagrante evidencia la imparcialidad, la militancia oficialista y la tendenciosa destreza tanto del propio CNE como del TSJ.

Pero en medio de toda la confusión y las consecuentes acusaciones de fraude, está claro para todos que quien desencadenó la actual situación, fue la desastrosa actuación del CNE.

A partir de dicha conclusión, las interrogantes están a la orden del día.

Primero: ¿cómo? la MUD luego de denunciar los desastres que todos conocemos, estaría en capacidad de participar, en unas elecciones municipales medianamente transparentes.

Segundo: El esperado relevo de los rectores del CNE, tendrá consecuencias dentro del infranqueable cuarteto que dirige al CNE; por al contrario, será un nuevo vía crucis, plagado de incoherencias y tardanzas. ¿Se estará convirtiendo dicho relevo en un boomerang para la oposición? ¿Cuáles son los nombres y quiénes desde la oposición apoyan los necesarios nuevos nombramientos? ¿Cual agrupación dentro la variopinta MUD puede sentirse cómoda?

Tercero: La tentativa paralela y nada novedosa, llevada adelante primero por el difunto Danilo Anderson y ahora por la fiscal Luisa Ortega, buscando amedrentar y/o dejar fuera de competencia a ciertos candidatos de la oposición, ¿corresponde a una acción emprendida de oficio por la Fiscalía, o se trata de otro macabro acuerdo entre la logia de Diosdado y la logia de Maduro? Todo dependerá de la forma como la fiscal lleve adelante la investigación del contenido de la grabación entre Mario Silva y el agente cubano.

Así las cosas, queda la interrogante: ¿está la oposición democrática definitivamente atrapada sin salida, entre sus principios inmutables y unas instituciones castrochavistas que se erigen en su contra?

luisdelion@gmail.com

@LDeLion

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La notoria grabación

 Fernando Luis Egaña

El portavoz mediático más poderoso del oficialismo, empoderado, por cierto, por el finado dueño del poder rojo, es el primer protagonista de un escándalo mayúsculo y plenamente justificado, porque la notoria grabación contribuye a difundir muchas cosas que caracterizan a la satrapía, algunas de las cuales eran más conocidas por los caminos del rumor que por el de las confesiones del poder.

La primera, claro está, es que la llamada “revolución bolivariana” es un pozo séptico de la mega-corrupción, en el que nadan por igual sus principales jerarcas. Y si bien ese pozo comenzó a llenarse cuando el señor Chávez todavía era presidente-electo, por allá a finales del siglo XX, ahora no cabe duda razonable de su gran dimensión y de su peor contenido.

De los más vistosos jerarcas, casi nadie se salva de las constantes zambullidas y no precisamente en el mar de la felicidad. Y quien destaca como el nadador más consumado en tan espesas aguas negras es el rapado que quiere la silla del bigotudo. Un sujeto ávido, si los hay, para todos los malos haberes del poder.

Otra realidad que luce llamativa es que el mandatario formal quede como una especie de mequetrefe, que ni siquiera puede controlar a figuras de su círculo personal. Pero eso sí, a las órdenes de los mandamases cubanos. Según los partícipes de la grabación, éste sería lo que los gringos llaman un desastre esperando ocurrir… Y prueba de ello las angustias del psiquiatra que coordinó su comando de campaña…

El sucesor no aparece tan inmerso en el latrocinio bolivarista, pero sí se le retrata como un incapaz de encarar tan decadente pandemonio. Algunos han dicho que no sale tan mal parado en el escándalo, pero dudo que sea así, porque en Venezuela la debilidad para ejercer el mando es de por sí un problema que no se disculpa ni mucho menos se perdona.

Y hablando de faltas de perdón, de la conversación-reporte se desprende que las luchas por el botín no tienen paz con la miseria. Ya las parcelas del poder no se configuran por las fronteras tradicionales de los poderes públicos o de los gobiernos estadales o locales, sino que se concentran en el paradero de los dólares: Cadivi, Pdvsa, BCV, Bandes, Fondo Chino, etcétera. El Estado venezolano es asumido como un campo de batalla de carteles delictivos, cada uno más depredador que el otro.

Y encima un Estado sin soberanía, porque su jefatura no está en Caracas sino en La Habana. Y aunque eso se sepa con absoluta seguridad desde hace años, en la grabación que nos ocupa el tema se asume con el máximo descaro. Del intercambio no quedan huesos sanos, comenzando por los del supremo, porque él fue quien crió y protegió a la jauría.

E incluyendo, desde luego, al protagonista de la grabación, que ha confesado públicamente ser un soplón del G-2 cubano. Caramba, caramba… el más poderoso de los personajes televisivos del régimen es un sapo convicto y confeso…

No obstante todo ello, acaso lo más gravoso que se proyecta es la anarquía que envuelve al tribalismo oficialista, y por lo tanto la anarquía que se está apoderando del país. En la notoria grabación, no hay república, ni derecho, ni democracia, ni instituciones, ni libertades, ni civismo, ni nacionalidad.

Y no hace falta esa u otra revelación endógena para constatar lo que salta a la vista. La satrapía roja no descansa en su afán por destruir a Venezuela y a los venezolanos.

flegana@gmail.com

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