¿Una banal auditoría?

   Luis DE LION

 

Podemos relativizar muchos asuntos públicos, pero la banalización de los asuntos electorales es sin duda el drama de nuestra historia democrática. Considerar que la verificación de los resultados electorales de una contienda presidencial, sirven para afinar un sistema automatizado, es una broma de muy mal gusto. “Esta auditoría verifica el funcionamiento de la plataforma, no verifica resultados electorales” dijo muy trivialmente la rectora Sandra Oblitas. Para nosotros los demócratas, no lo es.

 

Se trata de una declaración indigna. Un nuevo ataque al elector. A partir del momento en que no se le garantiza transparencia total a los electores, se les están violando derechos fundamentales. En esa tónica, Maduro va aún más lejos, al aupar a sus ministros a la delación. ¿De qué otra manera se explica la actitud del Ministro Molina? ¿El siguiente paso será agruparlos, colocarlos en una lista? La palabra lista evoca un pasado de sacrificio. De connotación racista, que apesta a ostracismo. Pero son tan cobardes que prefieren decir que los sacaron de contexto. Toca respirar profundo.

 

Resulta objetivamente escandaloso, de parte de quiénes viene esa actitud. De los más altos cargos, del alto gobierno, de rectores cuya función exige la imparcialidad, la neutralidad. En efecto, es harto conocido desde largo tiempo atrás la militancia política de las cuatro rectoras del CNE. Pero si ellas alguna vez quisieron ponerse en evidencia, al descubierto, al desnudo, hoy lo están haciendo magistralmente.

 

De ahora en adelante, es verídico que todas las instituciones del Estado son favorables al fraude electoral. ¿Por qué no a un fraude de Estado? El rector Vicente Díaz, dice que Capriles tiene derecho a denunciar y a exigir. Cuanta fortuna, cuanta amabilidad. ¿Pero quién va a juzgar lo denunciado por Capriles? ¿Los rectores y los magistrados que militan abiertamente en el chavismo?

 

Sin duda, Sandra Oblitas, siente el peligro y ha pretendido minimizarlo. Ni una palabra de excusa, ni lamento, ni de cortesía. Ninguna conciencia de su inconveniencia, como si no fuera la vice-presidenta de la instancia electoral.

 

“Dimos unos resultados que son irreversibles” señaló la rectora Oblitas, quien trata de ponerse en el papel de víctima y busca invertir la carga de la prueba. Menudo discurso, para inmediatamente denunciar “ha habido un manejo intencionado que ha generado confusiones”. Como si no hubiera relación de causa y efecto, entre lo señalado por la rectora Lucena y la situación actual del país. Se burlan de los electores y naturalmente acusan a la dirigencia opositora.

 

Esta bajeza institucional, éste nivel nauseabundo al que hemos llegado, fue Chávez quien lo creó y lo desarrolló.

 

Sus legatarios no tienen el coraje de inventariar la herencia. Lo quieren todo o mejor dicho, sienten que todo les pertenece. Sin embargo, es gratificante observar como Capriles, hasta ahora, con la fuerza y la legalidad que le otorgan los 7.3 millones de votos obtenidos, denuncia que le fueron arrebatadas las elecciones y reitera que impugnará los resultados dados por el CNE.

 

Me queda la interrogante, del por qué se esperó tanto tiempo en desenmascarar la patraña electoral que el régimen constituyó desde agosto 2004. ¿Por qué se soportaron tantos abusos y desprecio por los ideales republicanos y democráticos?

 

¿Por qué se dejó, por sectarismo, por agendas personales, por cortoplacismo, que se desarrollara y creciera ésta farsa? ¿Por qué antes no se denunciaba el fraude electoral?

 

luisdelion@gmail.com

@LDeLion

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¿Maduro pedirá cacao?

 Alberto Franceschi

Cuando se nos dice que: “hemos llegado hasta aquí por haber votado”, “hemos logrado este triunfo electoral gracias a que no renunciamos al arma electoral”, siendo esto parcialmente cierto se nos está proponiendo adaptarnos solo a futuros calendarios electorales y esperar indefinidamente hasta el agotamiento por desfallecimiento del régimen, y de paso se nos pide avalar 11 años de acomodamiento y cohabitación con el régimen de Chávez y lo que va del de sus hijos truculentos.

Parecieran sutilezas y discusiones solo formales, de matices etc, pero en realidad estamos, hoy, a fines de abril de 2013, ante los resultados de una década perdida, apostando a salir en paz de un régimen moldeado por y para la estafa electoral, de la que hoy tenemos la última y al parecer más convincente prueba que estas instituciones rojitas solo pueden funcionar mediante el fraude.

Cuando en discusiones francas pueda discutirse donde estamos parados realmente, podemos entonces rebatirle a nuestros cultores del apaciguamiento, las verdaderas razones de por qué un régimen tan pirata como este, puede sobrellevar desde hace años y por muchos más su propia incompetencia, hasta niveles antes considerados inimaginables para cualquier pronosticador.

Debe reconocerse que quienes aconsejaron a Capriles el frenazo del 17, que permitió el rápido montaje del precario gobierno ilegitimo de Maduro, hicieron la mayor apuesta posible a la hipótesis de que aun podamos salir de este atolladero del régimen chavista, que murió con Chávez y re agoniza con Maduro, que pudre sobre sus bases, sin una solución de fractura que muchos vemos como absolutamente inevitable.

Que la confrontación haya sido diferida no significa que sea evitable. Capriles y la MUD están apostando, me imagino, al mejor escenario posible, que es el de la implosión del régimen: una especie de agotamiento por parálisis, que genere un divorcio masivo de las bases del PSUV y de las clientelas del poder, sostenidas por el ingreso petrolero ya escaso y que signifiquen que hasta el propio Maduro “pida cacao”.

Lo que quizá no mida el presidente electo Capriles es que el robo de las elecciones si bien lo convierte en líder efectivo de la oposición, difícilmente le otorgue la presidencia a la salida de Maduro, por la sencilla razón que ello implicaría una solución traumática e inaceptable para el bando derrotado, que estaría dispuesto a reventarle el gobierno sino les deja intacto gran parte de su poder institucional y sus redes de corrupción convirtiéndolo en un pelele.

De manera que si Capriles merece la Presidencia deberá conseguirla mediante la imposición de unas nuevas elecciones con garantías de previa extirpación del alto funcionariado y métodos del fraude institucionalizado, empezando por la eliminación de toda esa bosta tecnológica de Smartmatic, etc.

Si Maduro “pide cacao” en algunos meses es porque habría desoído a quienes quieren aventurarse en una línea de gobierno despótico duro, sin ningún disimulo. Mal haría Maduro en embarcarse en esa vía que para decepción de cerebros simplistas no creo que sea aconsejado por los Castro, a no ser que lo propios Castro hayan a su vez perdido la chaveta y se desesperen para conservarnos como una colonia bajo régimen policial, lo cual por cierto estaría condenado a un rápido y rotundo fracaso.

La instauración de un sistema policial a la cubana no solo carece en Venezuela de bases de “fundamento histórico” (revolución cubana de confiscación del 100% de la economía y una solo institución del estado comunista, con 54 años de tiranía totalitaria) sino que, si intentaran tardíamente atapuzarle al país tal modelo, esto solo terminaría hundiéndonos por años en una confrontación armada regional, quizá con descuartizamiento final del territorio que hoy conocemos como nuestro.

El país no está para optimismos bobos. Hay una confrontación por ahora de costo mínimo de violencia, diríase limitadísima, muy inferior a la que soporta la sociedad con la guerra del hampa.

El gobierno con sus bandas lúmpenes, de motorizados del hampa política, de corte marcadamente fascista, que en Venezuela tienen sus habilidades mecánicas por el dispendio obsceno del gobierno en esa piltrafa de recursos de intimidación, pretenden aquí lo mismo que lograron en Cuba y en Nicaragua donde es viejísimo el manejo de las “turbas” para aplastar a opositores. Los nazis, los Fasci italiani di combattimento de Mussolini, los Guardias Rojos de Mao y otros mil ejemplos de los regímenes estalinistas son la escuela del PSUV.

Nunca olvidemos que el primer “ideólogo de cabecera” de Hugo Chávez fue Norberto Ceresole, el panegirista de los “caras pintadas” de quien repiten todavía sus fórmulas altisonantes, abiertamente nazis o castristas, al fin y al cabo son lo mismo, a efectos de juzgar su siniestra naturaleza.

En honor a la verdad yo no veo a Maduro arrepentido de su fraude y aconsejando a su CNE de esbirros que vuelvan a contar, esta vez bien, para entregarle la banda a Capriles.

Capriles puede ser electo con una sólida mayoría si el país impusiera una repetición de elecciones y lo escoge, pasada esta etapa de denuncia de la evidencia del fraude que SIEMPRE acompañó al CNE, desde los tiempos de INDRA, a los inicios del chavismo en el gobierno.

Pero tengo la impresión de que lo único cierto es que desde el frenazo del 17 la oposición se condenó, bajo el chantaje de la violencia gubernamental, a quedarse en el aparato por toda una etapa breve o larga, no lo sé, porque ni los chavistas ni Maduro dejarán sus cambures escandalosamente privilegiados, ni los Castro abandonaran el UNICO SOSTÉN FINANCIERO de su dictadura policial, ni Capriles con el forcejeo mediático podrá quitárselos y MENOS QUE MENOS desde el juego institucional que montó el chavismo para perpetrarse en el poder.

Se sabe perfectamente que muchas opciones políticas tienen su fundamente en el estado de ánimo de grandes segmentos de la población. Es un hecho que para el frenazo del 17 tomaron en cuenta el anhelo pacifista a ultranza de quienes representan el espíritu conservador de las mayorías, pero también es bueno recordar que si no hay vanguardia para impulsar una lucha (generación del 28, Betancourt y AD el 45, Junta patriótica el 58, de nuevo Betancourt para aplastar el castrismo guerrillero, Chávez el 98-2012) todas las expectativas de mayorías pueden sencillamente sumirse en la frustración si no se genera el liderazgo que las lleve mas allá de lo cuotidiano. Luego del desconocimiento del gobierno de Maduro y de la denuncia del robo de las elecciones estamos en vías de resolver ese tema político central que será el decisivo.

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Pensar la política

 Teódulo López Meléndez 

Pensar es una actividad intelectual que pretende comprender un  hecho. Pensar la política implica mucho más, pues llega hasta la configuración de un mundo. Hanna Arend señaló que el pensamiento tiene un efecto destructivo dado que socava lo establecido. Cuando pensamos la política, desde ella y desde lo político, es evidente que hay dificultades y es preciso recomenzar. Pensar la política busca la posibilidad de un mundo común.

Cuando se deja de pensar la política y se instaura la mediocridad de la búsqueda del poder y no más, se entra en la barrena de la inestabilidad y la decrepitud. Cuando la política se burla de la consistencia de la complejidad del pensamiento y se reduce a las maniobras y a hacer de ella misma un deterioro las sociedades languidecen en las formalidades y se encuentran incapaces de saltos cualitativos.

Es impresionante ver como la sociedad venezolana no entiende nada, ni a un nuevo gobierno cuya preocupación única parece ser el establecimiento de “una nueva mayoría”, ni a un candidato opositor jugando a huir hacia adelante para lo cual recurre al último argumento de mantenimiento de clientela: habrá nuevas elecciones presidenciales.

Ciertamente uno puede entender la política como lo opuesto a lo estático. Resulta irritante ver a un cuerpo social sembrado en él y cuya supuesta “inocencia” no es justificable y menos perdonable. La única posibilidad que cabe es remitirse a un fracaso educativo y cultural que lo lleva a maniqueísmos como el de negar la existencia misma de quien no esté en alguno de los bandos. Menos logra entender cuando se le habla desde una mirada de país.

La política es una revisión permanente y la democracia una interrogación que nunca termina. El que se mueva en los parámetros agotados es un insuficiente que desconoce totalmente hasta la definición misma del verbo “pensar”. Vivir desde y para la asfixiante coyuntura, gritar de entusiasmo frente a la aparente palabra dura y solazarse en los radicalismos estériles, es propio de una sociedad en sí misma estéril. Nadie puede pretender borrar de un plumazo la angustia del presente. Lo que se pretende es recordar que las realidades son construibles, que hay que modificar el ángulo de los observadores y, sobre todo, que la política se piensa y se piensa alejándose de la linealidad y de la miseria. Hay una crisis política puntual envuelta en otra de igual o mayor gravedad: la absoluta inconsistencia de los políticos.

Esto que vivimos en Venezuela no es la política. No llega ni a rango de antipolítica. La política es hoy una voluntad colectiva y ella no existe porque tenemos a unos actuantes que giran sobre sí mismos embebidos en el odio mutuo y en la incapacidad manifiesta de escaparse de las maniobras de una praxis envenenada. Se olvida la caída de todos los conceptos, hasta del poder mismo. Cuando se piensa la política las estrecheces comienzan a diluirse. Se inventan los caminos y se inventa en el futuro. Los presentes sólo son diluibles cuando se tiene la mirada más allá, en la escritura de un relato a transitar, uno que nos hace pensar el presente desde el futuro.

Hoy ya ni sabemos lo que es la política.  La labor pedagógica pasa por comenzar a decir que en el siglo XXI la política no es lo que fue. Hay que inventar el siglo que sólo será posible si inventamos la política de este siglo, pues nada es construible en cuanto a organización humana que no esté marcada por la nueva concepción de la política. No se trata de la aparición de iluminados. Hoy el líder es un modesto suministrador de insumos que ejerce la más detestada de las actividades: pensar para los demás, porque pensar por lo demás resultaría una simple manifestación totalitaria. Pensar la política es una acción liberadora pues, en primer término, permite entender los atascos de los actores de la no-política y autoriza a vislumbrar sacudírselos. Cuando se piensa la política aparecen los acontecimientos que nadie creía posibles y las soluciones van conformándose en una realidad distinta de la realidad real. Entonces habrá aparecido el nuevo concepto de poder, el del común hecho líder, que pasará por encima de quienes encarnan el Estado en lo momentáneo y de quienes lo encarnan desde talismanes, llámese unidad o llámese como se llame,  organizados en el vacuo propósito único de sacar del poder, del viejo poder, a quienes hoy se solazan en él.

@teodulolopezm

tlopezmelendez@cantv.net

Ilegitimidad e ingobernabilidad

   Fernando Luis Egaña

Hay gobiernos ilegítimos por razones de origen o de desempeño que, sin embargo, tienen la capacidad de gobernar; hay gobiernos atrapados en una espiral de ingobernabilidad que, sin embargo, son legítimos. Y hay gobiernos que reúnen lo peor de ambos mundos: son ilegítimos y no pueden mantener la gobernabilidad. Tal es el caso del gobierno formalmente presidido por Nicolás Maduro.

La ilegitimidad le viene por partida doble. Es un gobierno causahabiente de un régimen que hace mucho tiempo perdió la legitimidad democrática de desempeño, porque en Venezuela no hay separación efectiva de poderes, ni estado de Derecho propiamente dicho, ni respeto por gran parte de las garantías o derechos constitucionales, ni elecciones verdaderamente libres y justas. En nuestro país ha venido imperando una satrapía o un despotismo habilidoso con ciertos ropajes de silueta democrática.

Y la segunda fuente de ilegitimidad se deriva del 14-A, o la más cruenta de las masacres electorales perpetradas por el oficialismo rojo, y mire usted que de eso tienen un historial dilatado. Los datos suscitan fundada desconfianza a diestra y siniestra, y las auditorias ofrecidas son disimulos de auditorias. La afirmación de Henrique Capriles de que las elecciones fueron robadas por el gobierno, cada día encuentra más evidencias en el examen somero de la realidad comicial.

Y eso que a las referidas revisiones les cuesta más detectar las extensivas irregularidades que provienen del condicionamiento ilegítimo de resultados, o la presión virulenta ejercida por el poder para que los electores voten a favor del continuismo. Se trata de una defraudación de la voluntad popular que viene “empotrada” con el sistema político-electoral y que sería sencillamente inaceptable en países democráticos.

Razón de más para denunciar que gobiernos de algunos de esos países exhiban un postura dúplice en relación con Venezuela. Lo que no tolerarían para sí, lo aplauden para nosotros. Pero semejante conducta no logra convalidar lo ilegítimo. Ayuda y bastante al reconocimiento regional del precario gobierno de Maduro, pero no lo legítima ante el conjunto de los venezolanos.

Y por si todo esto fuera poco, tenemos la cuestión de la ingobernabilidad que se está haciendo más extensa y profunda. En lo económico, financiero y cambiario, en lo politico y administrativo, en lo social y laboral, y sobre todo en el aspecto esencial de la gobernabilidad de un Estado y de una nación, que es el tema de la posesión y ejercicio del poder. ¿Quién manda en Venezuela? Una pregunta que no tiene respuesta diáfana.

Y no la tiene, porque la hegemonía bolivarista se quedó sin su hegemón, y ese vacío está resultando en la fragmentación del poder. Pero no en el sentido de que los poderes formales hubiesen de pronto adquirido la autonomía usurpada por la concentración personalista de Chávez. No. Nada que ver. Es el poder fragmentado en corrientes, clanes, tribus o grupos que operan por encima de la formalidad republicana y que tienen variados componentes político-castrenses y boli-plutocráticos, sin excluir al crimen organizado.

Todo ello tiende a exacerbar el cuadro de grave crisis económica y social que lega Chávez a pesar de la bonanza petrolera más prolongada de la historia. Y encima, su probada destreza comunicacional ha sido sustituida por la estolidez de los voceros más visibles del desgobierno, comenzando por Maduro.

Muy peligrosa es la combinación de ilegitimidad con ingobernabilidad. Acaso no haya amenaza más gravosa para una nación que padecer un gobierno o un régimen de tal índole y efecto. Y máxime cuando se niega a reconocer la realidad y mucho a menos a dialogar para que puedan encontrarse salidas a la madre de todas las crisis.

flegana@gmail.com

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Un fraude contínuo y permanente

  Antonio Sánchez García

 

1

 

Fue el lúcido y sagaz Fausto Masó el primer analista político en descubrir y resaltar hace ya muchos años la debilidad congénita de la oposición democrática: ser capaz de arrinconar al régimen hasta tenerlo contra las cuerdas, sin saber rematar la faena. Momento postrero en el cual el caudillo, campeón en convertir derrotas flagrantes en clamorosas victorias, encontraba la salida de las cuerdas para recuperarse y terminar victorioso en lances que ya todos le daban por perdidos.

 

Antes de proseguir anticipo mi diagnóstico con una primera consideración: asimetría de la consciencia histórica de los protagonistas. Incomprensión de las fuerzas democráticas venezolanas acerca de la profunda gravedad y envergadura de la crisis – una crisis existencial en que se juega el destino de la democracia misma – y perfecta conciencia del caudillo y su régimen por su verdadero y único objetivo: aniquilar a la democracia y entronizar un régimen totalitario castrocomunista. Para lo cual han contado consciente o inconscientemente con un auxilio extremadamente poderoso: las fuerzas de la izquierda venezolana, que se ha negado sistemáticamente a comprender la naturaleza dictatorial y totalitaria del proyecto castro chavista. ¡Si uno de sus líderes históricos abomina del término Castro Comunismo, que considera mera patraña mantuana! (los viejos políticos fracasados y sus sigüis que durante los 40 años de la democracia nunca lograron más de un 7% Nota mía)

 

Agrego una segunda consideración: la clave de esa estrategia de asalto totalitario en una sociedad carente de fuerzas sociales verdadera y objetivamente revolucionarias, conscientes y organizadas, tras un partido y una ideología marxista leninista, así como favorecida por condiciones objetivas, ha sido una persona, un hombre, un caudillo: Hugo Rafael Chávez Frías. No ha sido el sistema el que ha podido salvarse del Knock Out: ha sido su líder y único sostén. Chávez, para usar símiles, ha sido un Lenin sin bolcheviques ni proletariado. Un Stalin sin Leningrado. Un Castro sin la Sierra Maestra. Por eso, Fidel Castro, que lo sabía, pidió que lo protegieran, pues sin él desaparecía como por encanto la sedicente revolución bolivariana.

 

Una tercera consideración: La muerte de ese factor decisorio echa por los suelos un proyecto autocrático, resquebraja al régimen en su base estructural y restablece las condiciones del enfrentamiento en sus términos objetivos y reales: la democracia renovadora contra la dictadura restauradora. Sin Chávez, el socialismo del siglo XXI sólo puede sobrevivir mediante la entronización de una satrapía personal,  cubano castrista y militarista. Sin respaldo de masas. Cuyos restos se irán desgajando de esa entelequia a una velocidad pasmosa. El 14 de abril apareció la punta del iceberg. Pronto saldrá a flote el Iceberg entero.

 

Última consideración preliminar: en un país democrático, como se ha comprobado de manera fehaciente y aplastante en todas las mediciones cruciales, las fuerzas de la barbarie están en aplastante minoría. En estado latente de volver a ser lo que realmente siempre fueron: un 5% histórico.

 

2

 

A los efectos de ilustrar las consideraciones anteriores y demostrar la persistencia de la crisis existencial sobre la que actuamos, quisiera poner de relieve algunos momentos cruciales en que esa grave crisis social, política y económica salió a flote y sólo el avieso contubernio de las fuerzas armadas – corrompidas hasta el tuétano – con el aparato de estado bajo control directo del caudillo y la pasividad de la oposición democrática pudo resolverlos. Ellos son: a) la rebelión del 11 de abril de 2002; b) el fraude continuado del Referéndum Revocatorio que va del 15 de agosto de 2003 al 15 de agosto de 2004 y que culmina con la brutal falsificación de los resultados por el CNE controlado por Jorge Rodríguez bajo anuencia de las Fuerzas Armadas, el Centro Carter, la OEA y la insólita pasividad de las fuerzas opositoras; c) el desconocimiento por parte del régimen del rechazo plebiscitario a su proyecto  de modificación de la Constitución el 2 de diciembre de 2007; d) la victoria derrota de las elecciones parlamentarias de diciembre de 2010; y e) la burda falsificación de los resultados de la elección presidencial de este 14 de abril de 2013, aparentemente en veremos.

 

Remitámonos a los hechos. La crisis del 11 de abril de 2002 hubiera debido resolverse con la salida del poder de Hugo Chávez y su expulsión del país, el establecimiento de un breve gobierno de transición con participación de todas las fuerzas vivas de la Nación y el llamado a nuevas elecciones en condiciones absolutamente transparentes y equitativas. La derrota de los factores constitucionalistas de las FAN, la entrega del Poder a Fidel Castro y la hegemonía de las fuerzas castro comunistas del chavismo, que el fracaso de esa salida democrática requirió e hizo posible, determinó un hecho definitorio que ha marcado los 12 años transcurridos desde entonces: la consolidación de una crisis excepcional nunca resuelta y la naturaleza írrita, ilegítima y fraudulenta del caudillo y su gobierno en todas sus fases.

 

3

 

A un año de la debacle del 11A y cuando se planteara la realización del Referéndum Revocatorio, que de cumplirse siguiendo de manera irrestricta las pautas constitucionales debió ocurrir en Septiembre/Octubre del 2003, sin otro requisito que la presentación de las firmas requeridas y sin otro objetivo electoral que superar con un solo voto los obtenidos por Chávez en las elecciones de diciembre de 1998, hubiera implicado una aplastante derrota de Chávez y su inmediata salida del gobierno. Tiene lugar entonces el fraude más descomunal cometido en la historia de Venezuela, que consistió: 1) en postergar la realización del Referéndum por un año completo; 2) en desvirtuar su naturaleza revocatoria y transformarlo en un acto plebiscitario; 3) permitir que la ingeniería castrista se ocupara de montar las llamadas misiones, corrompiendo hasta la médula la disposición político electoral de los sectores marginalizados de la población; 4) corromper y manipular el REP, inscribiendo en el mismo a extranjeros por centenas de miles y dotando de multicédulas a los activistas del régimen; 5)  montar el sistema automatizado con maquinitas capta huellas para dominar electrónica y fraudulentamente el proceso durante todas sus etapas;  6) exclusión de observadores de la oposición democrática del sistema y proceso de totalización; 7) desconocimiento de la auditoria necesaria para dar por buenos unos resultados que, a todos luces, torcieron la voluntad popular por márgenes más que considerables.

 

4

 

Todo lo anterior no hubiera sido posible sin la tácita o explícita convalidación de las fuerzas partidistas que hacían vida en la Coordinadora Democrática, que aceptaron desde la ominosa triquiñuela de las firmas planas hasta la desnaturalización del Referéndum y la sistemática postergación de su realización, ya convertido en Plebiscito. Ni sin la legitimación post festum del fraude por factores decisorios de la llamada oposición democrática. Aún así, la oposición obtuvo un margen infinitamente mayor de votos que el necesario para revocar a Hugo Chávez, pero al convertir un referéndum en un plebiscito permitió el fraude de la otra fuerza filtrada mañosamente en la contienda. (el 15 de marzo de 2004, sentencia del TSJ, dice que no hay que ir a “reparos” http://is.gd/BsWPpo El mismo día lo celebra la Coordinadora Democrática: http://is.gd/musptp El miércoles siguiente, el Dr. Alberto Quirós Corradi fue el vocero de la CD aceptando ir a reparos. Aquella noche lo vi y pregunté: “Dr. Quirós, ¿por qué vamos a ir a reparos? Creo es una locura hacerlo” Su respuesta fue precisa: “Iruña, tu eres periodista, yo soy empresario, el que sabe de política es Teodoro Petkoff y él dice que vayamos a reparos” Nota mía)

 

Tampoco hubiera sido posible si la comunidad internacional, y en especial la descarada injerencia del gobierno de Lula da Silva a través de su embajador en la OEA y su asesor in partibus Marco Aurelio García, hubiera mantenido un mínimo respeto a la voluntad del pueblo venezolano. Pero quizás el factor definitorio del fracaso radicó en la inexistencia de un liderazgo opositor que hubiera comprendido la naturaleza tiránica que albergaban los propósitos del régimen, hubiera aceptado la caracterización que hiciéramos del mismo – una autocracia populista con tendencias dictatorial totalitarias – y se hubiera puesto al frente de la indignación que bullía en el seno de las fuerzas democráticas, capaces bajo las peores condiciones de protagonizar gigantescas movilizaciones populares.

 

Todos los procesos electorales subsecuentes estuvieron manchados por la mácula del fraude, la perversión de sus resultados y la desnaturalización de sus objetivos. Desde las presidenciales del 2006 a las recientemente celebradas este 14 de abril. En diciembre de 2007 el pueblo rechazó el intento del régimen por modificar algunos artículos de la Constitución y, sobre todo, la pretensión reeleccionaria del caudillo. Quien lo desconoció de manera flagrante imponiendo otro plebiscito sobre causa ya juzgada – otra flagrante violación a la Constitución – para imponer su dictado. Le permitió presentarse a las presidenciales de 2012.

 

Las parlamentarias de 2010 llevaron el fraude que pervierte el frágil entramado democrático que solapa la voluntad totalitaria del chavismo e impide la auténtica expresión de la voluntad popular al clímax del absurdo: un 52% de los sufragios eligió sólo un 36% de los representantes. Experto en el arte del birlibirloque, el demiurgo convirtió la mayoría en minoría y la minoría en mayoría. Siempre hizo como en la ranchera: Jalisco nunca pierde.

 

No le sirvió su maña en la más crucial y definitoria de sus partidas políticas, donde no caben los fraudes: la lucha por la vida. Abusó del juego, apostó al perdedor, se arrimó a la peor sombra y se burló del gran jugador del Universo: perdió nada más y nada menos que su vida. ¿Entenderán las fuerzas opositoras que llegamos al final del juego, que no va más y que con la muerte del Gran Gatsby se acabó la partida de las triquiñuelas?

 

Dios hizo lo suyo. Ahora nos toca a nosotros hacer lo nuestro.

@sangarccs

Auditoría del siglo XXI

LuisMarin

Luis Marín

La Cátedra  Pío Tamayo de Historia Actual ha preguntado, quizás en tono humorístico: ¿Puede prosperar una auditoria/impugnación que ponga fin a la presidencia de Maduro? El panel de invitados al foro el lunes 22-04-13, respondió unánimemente que no; por lo que lo procedente es desplazar la pregunta hacia el sentido que podría tener proponer una vía de acción que de antemano se reconoce como seguramente infructuosa.

La primera y más sencilla respuesta es que se trata de parte del “Show business”: una consecuencia necesaria de la situación en que se ha puesto la oposición oficial, atrapada en sus propias mentiras, que transita sin solución de continuidad de un: “Si votamos, ganamos”, a un todavía más quimérico: “Si auditamos, ganamos”.

El funcionario a sueldo de la dictadura, Vicente Díaz, abrió el juego con su declaración: “Que se abran todas las cajas”, con lo cual los estaba enviando directo a un callejón sin salida porque cualquiera sabe que eso es un tremedal del que es imposible salir con nada claro. Tan buena fue la propuesta, que el primero que la acogió alborozado fue el mismo Nicolás Maduro, que le dio rango presidencial a la sugerencia con su estilo habitual: “¡Que hablen las cajas!” Que de ocurrir sería sorprendente, incluso en este país.

No se necesita ser directivo del CNE por lustros para saber que ellos mismos pusieron en la normativa que cuando haya discrepancia entre el contenido de las cajas y lo que diga la máquina, prevalece lo que diga la máquina. Y de un CNE que todavía no ha entregado los resultados del referendo revocatorio de 2004, bien pueden esperarse los resultados de una auditoría cuyo fin, según la ley, es garantizar la “transparencia y confiabilidad de dicho proceso”. ¡A estas alturas! ¿Quién puede todavía hablar de transparencia y confiabilidad?

Llamar a cacerolazos no solo es una embarazosa confesión de impotencia, sino dirigir una ruidosa manera de no hacer nada. Inutilidad sobradamente demostrada en la práctica, porque en los pasados 14 años de dictadura se han abollado utillajes completos sin obtener el menor resultado, como no sea “descargar la arrechera” sin hacerle el más mínimo daño a nadie (con la probable excepción de las ollas).

Con la auditoría quieren saber hasta cuántos mochos votaron, para determinar en forma fehaciente si se justifica o no el llamado “voto asistido”, vale decir, que los esbirros acompañen a los votantes detrás del paraban. ¡Como si eso tuviera alguna importancia, en términos de fraude sistemático!

Los jesuitas en tiempos de persecución inventaron un lenguaje para no caer fácilmente en manos de los verdugos; pero sin verse forzados a mentir, traicionando sus propios principios de fidelidad la Verdad. La cuestión consiste en refugiarse en la ambigüedad propia del lenguaje natural o bien decir parte de una frase en voz alta y el resto en forma inaudible o incluso in pectore, para dar a entender una cosa por otra.

Como si le preguntaran: ¿Esconde usted a alguien aquí? Y respondiera: “No. Aquí sólo estoy yo”. Lo cual es cierto porque el perseguido está allá, en el sótano, por ejemplo.

El candidato opositor asegura: “Nadie puede saber por quien usted votó”; ni siquiera usted mismo, habría que agregar. O bien la Santa Iglesia que declara: “Sólo Dios sabrá por quién votamos”; porque al CNE no se le puede creer.

EL TERCERO EXCLUIDO

No se ha tomado con suficiente seriedad la práctica de decir y repetir constantemente que este país está dividido en dos: gobierno y oposición; entendiendo por “oposición” ese hermano siamés de la dictadura que le presta el barniz de “democrática”, con que se presenta en el exterior.

La razón parece simple, pero las consecuencias son tremendas. Se trata de consolidar la idea de que hay una sola oposición, representada en eso que llaman MUD, que tiene una sola voz, un solo candidato, una sola tarjeta y un solo mensaje: la unidad. Todos los venezolanos tenemos que estar unidos sin fisuras, escotaduras, esguinces: unidad total.

La concepción es evidentemente totalitaria, exactamente como el gobierno que se mira en un espejo: bolivariana y socialista. En esta fórmula los socialistas de la oposición han creído hallar la cuadratura del círculo de un sistema socialista que es el remedo de la caricatura con que ellos se representan la democracia “burguesa”: un sistema en que dos empaques de idéntico contenido se disputan el poder engañando a “las masas” con una ilusoria elección.

El pequeño problema es que dejan por fuera a la mayoría de la población que no es del gobierno ni de esa falsa oposición colaboracionista. Lo realmente grave es que esa población es ignorada, no tomada en cuenta, sus opiniones no se escuchan, es privada de voz y presencia, ni siquiera se nombra, hasta llegar al extremo de que objetivamente, no existe.

La creación de sectores de población privados de la facultad de comunicar esto es, de humanidad, es consustancial al socialismo. Su lugar natural es el lager, el campo de concentración, el gulag, la granja de reeducación, el hospital de rehabilitación mental; su destino, el silencio absoluto, la no-presencia.

En este punto también presta una gran ayuda la Santa Madre Iglesia, que ya no es la voz de los que no tienen voz, sino que ha excluido de la feligresía a quien no sea gobierno ni oposición, que son los únicos a quienes sistemáticamente menciona en sus alocuciones. Quien no sea gobierno ni oposición no es parte del país, desaparece del discurso.

Históricamente, a los no-existentes el único recurso que les ha quedado es persistir, es decir, desmentir con su presencia el negacionismo socialista, la pretensión totalitaria del absoluto, afirmando su diversidad: El mundo no es homogéneo, la unidad total no solo es imposible sino indeseable. Ese es el mantra que conjura la aspiración jesuítica de un mundo perfecto.

Pero debajo de la mentira publica, va horadando un surco la verdad, silenciosamente.

FUNDAR LA REPÚBLICA CIVIL

En Venezuela no hay todavía una sociedad civil y nunca en toda su historia se había hecho un esfuerzo tan sistemático, orquestado y brutal por destruir lo poco que se había logrado en dos siglos de lucha desigual. En este asalto se han conjurado el militarismo endémico con el comunismo importado.

Una república civil en Venezuela tiene que ser necesariamente no bolivariana e incluso antibolivariana, porque el bolivarianismo es la forma en que se manifiesta y pretende hacerse plausible al militarismo, quizás desde Guzmán Blanco, pero sin duda de Juan Vicente Gómez para acá, que hasta ahora había sido su máxima expresión: Bolívar como imagen del militar, caudillista, guerrerista y tirano por excelencia.

Una república civil en Venezuela tiene que ser necesariamente no socialista e incluso antisocialista, porque el socialismo es la forma en que se manifiesta y pretende hacerse plausible el totalitarismo, la opresión económica y cultural del Estado, la desaparición de la esfera de libertad individual.

En su versión de izquierda hegeliana, el Estado es presentado como “la realidad de la idea moral” o peor como “Dios en la historia”; al contrario, la esfera privada es  inmoral y la “privatización” el mismo demonio. Todo lo público se rodea de una presunción de legalidad, mientras que lo privado se presume delictuoso y se cubre de sospecha.

Contra toda evidencia, porque está a la vista que el Estado puede ser asaltado por sujetos deshonestos y corruptos que no actúan en función de ningún interés público sino movidos por mezquinos intereses personales y familiares. Esta tendencia se lleva al paroxismo en los regímenes llamados socialistas, como en Cuba, Nicaragua, Ecuador, Bolivia y Venezuela.

En verdad, el Estado es el Mal en la Historia y debe ser reducido a su mínima expresión, para que haga el menor daño que sea posible. La sociedad civil, el mundo privado, los individuos, deben posesionarse del espacio público y hacerlo propio, levantar el reino de la libertad, la diversidad y el pluralismo.

Pero hace falta mucha confianza en sí mismo y derribar las estatuas de héroes y tiranos, proscribir la idolatría como crimen contra la humanidad. El camino es ejercer la crítica de lo que hay (bolivarianismo y socialismo) y proponer alternativas para lo que viene.

Si no se asume que la independencia estuvo signada por el error y se hubiera logrado mucho más y a menor costo con una dirección civil de nuestro proceso histórico, la perspectiva que tenemos es la guerra, la misma que no ha terminado desde 1810.

La otra, es esperar que este régimen demencial colapse por su propia inoperancia e incapacidad, pero esa perspectiva, además de indigna y cobarde, es demasiado larga. 70 años le costó a Rusia, Cuba lleva más de 50. ¿Cuánto aguantará el cuerpo venezolano?

Por una ironía del destino, de Dios o la historia, la solución parece acercarse a nuestras manos, aunque nos empeñemos en no querer agarrarla con firmeza.

COMUNISMO POR FASCISMO

La forma más fácil de identificar a un falso opositor es que cada vez que se ve obligado a protestar crímenes de la tiranía castrista, en lugar de denunciar al comunismo clama: ¡Esto es fascismo puro!

Es decir, el fascismo es lo malo por antonomasia, el comunismo no, sigue siendo bueno no importa lo que hagan los comunistas. De hecho, por una suerte de desplazamiento, cada vez que un comunista comete un crimen, eso no demuestra que los comunistas son criminales, sino que los camaradas han sufrido una desviación fascista. Sólo lo fascista es malo y lo malo siempre es fascismo, aunque lo perpetren los comunistas.

Lo curioso es que el partido de Fidel Castro se llama “Partido Comunista Cubano”, sin que nadie esté tratando de difamarlo; así como el Partido Comunista de Venezuela (PCV), es partido de gobierno en Venezuela. De manera que resulta inexplicable como es que sus ejecutorias son fascistas y no comunistas.

La idea es atacar los hechos, que son inocultables; pero dejando intacta la franquicia, que es el comunismo internacional, aliado de su gemelo, la Internacional Socialista. Por eso los criticadores de la oposición a cada paso aclaran: “Pero esto no es socialismo un carrizo; esto es otra cosa”. La otra cosa no se sabe lo que es; ni el socialismo verdadero y puro que ellos, los de la oposición, profesan con tanto fervor.

Así como le vendieron al candidato opositor la necesidad de hablar de clases sociales, el creativo que le vendió la idea de bautizar su equipo de campaña como Comando Simón Bolívar, simplemente, le robó los reales.

Pero nos hizo un gran favor a todos al revelar de forma indiscutible que la unidad por la que tanto claman es entre gobierno y alternativa democrática: la dictadura perfecta.

La venganza de los herederos

Trino Márquez

Los resultados del 14-A desataron la furia de los herederos ilegítimos. No pudieron mantener el capital político que les había legado Hugo Chávez. En solo pocos meses, en realidad pocos días, porque los desmesurados funerales  del comandante concluyeron apenas un mes antes de las elecciones, fueron concebidos con el expreso propósito de aprovechar su imagen con fines electorales. La manipulación de su figura no les sirvió para preservar el volumen de la votación alcanzada  el 7-O.  Casi 700.000 electores migraron de las filas del oficialismo hacia el campo opositor. No se dejaron convencer por la mediocridad y opacidad de Nicolás Maduro, ni por el mensaje de un entorno oscuro y corrompido que pretende administrar el país como si se tratase de un establecimiento cuartelario.

Los pésimos resultados comiciales causaron los efectos de una bomba atómica. El artefacto les estalló en la cara sin que se lo esperaran. Se dejaron convencer por los encuestadores tarifados que les pintaron un país inexistente. Que les hablaron de un triunfo cómodo. Los electores no cedieron a la extorción, ni cedieron a las presiones. Los cómputos del 14-A les mostraron lo difícil que resulta  construir un liderazgo sólido y creíble. Esa conquista requiere talento y dedicación. Se dieron cuenta de que la rueda de la fortuna giró. Ahora son ellos quienes carecen de un líder con proyección nacional, mientras la oposición, luego de muchos años –probablemente desde la época en que el escenario era dominado por Carlos Ortega- por fin cuenta con un dirigente de compacto, probado en duras campañas electorales, exitoso gobernador instalado en el ánimo de millones de venezolanos.

El reto que confrontan los herederos  es cómo destruir al nuevo líder sin pagar las consecuencias de su obsesión autoritaria. Optaron por la amenaza, el acoso, la descalificación. Para llevar a cabo la misión destrucción se valen de personajes siniestros, que representan el factor más descompuesto y detestado  del chavismo. A estos seres,  que parecen provenir del inframundo, les toca ejecutar la venganza. El combustible que los mueve es la mezquindad, el odio y el resentimiento. Hasta ahora se han movido en el plano de los insultos. Aterrorizan con chantajes. Juran que le abrirán juicios penales a Capriles. Que lo meterán preso. Que ya fue construido el calabozo que lo alojará. Que su uniforme de presidiario ya fue confeccionado. Que el barbero que le cortará el cabello compró hojillas y tijeras nuevas. Se valen de todos los agentes del régimen para llevar adelante la retaliación: la Fiscal, la Defensora del Pueblo, el Presidente de la Asamblea Nacional, la ministra del Sistema Penitenciario. Cada funcionario cumple una función específica dentro de un guion que, sin duda, fue elaborado por los cubanos. Por cierto, a Capriles el régimen lo quiere ver preso, no privado de libertad como reza el eufemismo utilizado por esos déspotas para referirse a los miles de detenidos en las cáceles venezolanas, de las peores de América Latina.

Las acusaciones contra Henrique Capriles persiguen devaluarlo y amedrentarlo. La táctica no les ha funcionado. Se encontraron con un dirigente con un espíritu de lucha y una vocación de poder inquebrantables. No es de los que salen a esconderse en una embajada ante la primera agresión. El excandidato les ha plantado cara. Les ha demostrado que quiere ser Presidente y que posee el coraje y la claridad para serlo.

En los próximos días veremos maniobras más ruines en su contra. La infamia de los sargentos se multiplicará en la medida que el reclamo por una auditoría transparente suba de tono y la consistencia de Capriles se mantenga intacta. El joven gobernador aprendió a moverse con destreza. Pareciera consultar cada uno de sus pasos y buscar el respaldo de su entorno antes de cada declaración importante. Las MUD luce cohesionada en torno al candidato que fue despojado del triunfo que el pueblo le concedió. La relación entre la Mesa y el líder con armonía.  En el trasfondo se encuentra el macizo y profundo arraigo popular que Capriles cultiva con esmero.

En este cuadro, ventajoso para la oposición, resulta muy difícil que la venganza de unos herederos tan ramplones pueda consumarse.

@trinomarquezc