Las fotos del milenio

  Antonio Sánchez García

El premio World Press Photo a la mejor foto del 2012 le fue concedida a una conmovedora imagen de un cortejo fúnebre que avanza por una estrecha callejuela de Gaza con dos amortajados niños de 2 y 3 años en brazos de sus desesperados parientes. Una cruda imagen del cruento enfrentamiento entre palestinos e israelitas que refleja la realidad de un mundo enfrentado desde hace milenios en una tierra santa ensangrentada por el odio, el malentendido, la muerte.

Simultáneamente a esa escena de una realidad trágica que acongoja al mundo, otra imagen, muy posiblemente trucada y como propia de las carnestolendas que se celebran en un orgiástico país de pacotilla, pretende dar la vuelta al mundo y convencer a quienes no se han conmovido ni siquiera por el asesinato de doscientos mil de los suyos, pobres de misericordia y según parece carentes del sentido de realidad y la más elemental conciencia como para alzarse contra el principal responsable por esa solapada guerra civil de pobres contra pobres, de que ese responsable de la mayor vergüenza nacional – la entrega de la soberanía a un par de ancianos miserables disfrazados con las insignias de Max y Lenin, la devastación de su territorio y la corrupción de sus fuerzas armadas – no yace agonizante, entubado, carcomido por el cáncer, enmudecido y con 40 kilogramos de menos. Que agoniza, vamos. Sino que está vivo, rozagante y sonriendo. Como para cumplir las obligaciones constitucionales que según propia confesión está absolutamente incapacitado de satisfacer. A la hora de convencer a la peonada, poco importa tan escandalosa contradicción.

La otra, la foto galardonada, describe una dolorosa tragedia en pleno desarrollo. La trucada, un sainete que de circense y payasesco merecería el escarnio del planeta, desgraciadamente envilecido hasta la médula. Como quedara de manifiesto en Santiago de Chile, donde un presidente supuestamente de centroderecha, multimillonario y liberal recibiera con los brazos abiertos a un tirano sólo comparable con Hitler, Mussolini, Sadam Hussein, Gadaffi o Mugabe. Que ha empobrecido, envilecido y esquilmado a su pobre isla como si se tratara de una hacienda personal. Y que ha esclavizado a sus ciudadanos, como pretende hacerlo con el país de la foto trucada, que le fuera regalada por caprichos de un militar felón, sometido a una operación fotográfica luego de extirpársele tumores, intestinos y costillares. Y él, tan risueño. ¿Será obra de un experto en embalsamar cadáveres o de la magia del Photoshop?

Otras fotos andan dando la vuelta al mundo: un enigmático rayo que abre y rasga el cielo encapotado sobre la capital del imperio que decapitara hace dos milenios al fundador de la Iglesia vaticana – Pablo de Tarso -, exactamente a horas del anuncio – en latín, para que no quedaran dudas de la génesis – de la renuncia al Papado por parte de Benedicto XVI, Joseph Ratzinger. Y anoche nos sorprendimos con las imágenes de la explosión sobre suelo ruso – que cobijara durante 70 años al mayor reinado del mal conocido por la humanidad, el comunismo – de un trozo posiblemente del meteorito que rozara al planeta con una tarjeta de visita del apocalipsis perfectamente probable y previsible en tiempos no muy remotos.

Vivimos tiempos de farsas y tragedias, de payasos y mártires, de traidores y héroes. Pero qué duda cabe: el poder lo detentan las farsas, los payasos y los traidores. ¡Qué renuncia tan merecida, qué rayo tan elocuente, qué meteorito más eucarístico, qué foto tan despreciable!

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