El país holográfico

 Teódulo López Meléndez 

Caracas está aquí. Uno la puede percibir en todos sus sonidos y olores. Es falso que haya dejado de existir. Uno puede ver las bolsas de basura amontonadas y oír el incesante corneteo de los ciudadanos por cualquier nimiedad, apresurados como van a no se sabe dónde, haciendo uso de su cornetas porque una anciana esté cruzando la calle.

Para no tener dudas uno mira hacia el norte y allí está la montaña mágica, el Ávila, aunque sus colores no coincidan con la hora, tal como nos tiene habituados.

Todo está en orden, la ciudad está aquí. Uno cruza hasta el supermercado y la escasez es brutal y la inflación un inmenso mamut. Los portugueses de la panadería se las arreglan para hacer el producto, aunque sepa a todo menos a harina de trigo. ¿Quién ha osado decir que la ciudad ya no está? Baste comprobar los motociclistas exigiendo paso y atropellando, abusivos y sin ley.

Baste salir un poco o conversar con los conocidos para enterarse de los últimos asaltos. No se logra entender quien ha osado proclamar que esto ya no existe. Baste ir al kiosco del vecindario para enterarse de las últimas intemperancias y de la violencia política.

Admitamos que la ciudad ha sobrevivido, pero que ha quedado aislada, que ha sido levantada como un último recuerdo. Veamos al país. Entonces uno verifica los accidentes de tráfico diarios por el mal estado de la vías o se sugiere un viaje al litoral central para reposarse en la playa y encuentra la misma vieja autopista agotada de la época perezjimenista y los nuevos edificios de la “Misión Vivienda” como una reproducción de la época soviética, pajareras atravesadas allí para connotar que será imposible algún desarrollo turístico futuro.

Debe ser un error. Volteemos la mirada hacia oriente u occidente. No hagamos caso de los reportes de los amigos. Son unos exagerados. El país existe. ¿Quién se atrevió a decir que había desaparecido?  Baste mirar al gobierno con su juego sobre la salud del presidente y observar cómo se alimenta con los sucesos de abril de 2002 en el mismo instante en que se niega una solicitud de gracia a un hombre enfermo apellidado Simonovis.

Es falso de toda falsedad que el país no exista. Está aquí, lo vivimos, no hay piedad. El país se alimenta de una cotidianeidad morbosa, de un deterioro establecido como norma. Uno recurre a la tecnología y todos los mapas muestran que existe, no ha desaparecido, es uno sin calidad de vida, quizás deberíamos decir que sin vida.

Sólo que las dudas asaltan. Si el país es real ¿cómo resulta imposible e inmodificable? Uno mira entonces las noticias para verificar que se suceden. En efecto, hay sucesos, los políticos declaran, el gobierno no gobierna, la oposición no hace oposición, todo se mueve para quedar en el mismo sitio. El país parece vivir en la más absoluta normalidad. ¿Cómo puede alguien dedicarse a verificar que existe? Claro que existe, los coches abruman y ya no caben, la gente va por las calles, la gente compra lo poco que se consigue, sus voceros públicos hablan. Una constatación mayor lleva a encender estaciones de radio y televisión y se puede ver que funcionan, los teléfonos suenan, hasta el clima parece ser el habitual de estos primeros meses del año.

La explicación debe estar en otra parte. Alguien ha incurrido en una suplantación. Esto no existe. Debe estar atravesada alguna patraña. Esta presencia debe ser falsa. Esto no puede ser real porque carece de espíritu. Las voces son repetitivas. No hay una ruptura que indique un cuerpo vivo. Esta realidad supone una monotonía no propia de un organismo que mueva adrenalina. Hay que averiguar que sucede. Esto parece, pero no es. Esto tiene todas las características de un simulacro, de una falsificación.

Hasta que al fin damos con el hecho. Alguien se llevó a la ciudad y al país. Alguien, con propósitos altruistas, de detener el deterioro, nos dejó una versión holográfica para impedirnos ver como seguimos cayendo. Esa alma caritativa nos impuso una visión holográfica de cuando aún era posible subsistir. Lo que ahora tenemos es un país holográfico y no estamos muy seguros las holografías sean modificables.

tlopezmelendez@cantv.net

El hierro de los sargentos

Trino Márquez

En la cárcel de Uribana se registran 58 muertes por una requisa “normal” –en los términos orwellianos empleados por la señora Iris Valera-  de la Guardia Nacional en ese centro penitenciario. Durante los catorce años del gobierno que iba a “humanizar” las cárceles ha habido más de cinco mil muertos por hechos violentos en los establecimientos carcelarios. Una población que se encuentra recluida, se asesina entre sí y en enfrentamientos con los cuerpos de seguridad, como en ninguna parte del mundo. Somos el país del planeta donde muere más gente en las cárceles. La Guardia Nacional ni siquiera se molesta en publicar un comunicado explicando los hechos, ni pidiéndoles disculpas a los familiares de los reclusos asesinados por la saña con la que actuaron los uniformados. Desprecio total por la vida y los derechos humanos.  La ministra de Asuntos Penitenciarios  responsabiliza  de los acontecimientos a Globovisión. En vez de ocuparse más de los problemas de los reclusos y menos de los asuntos del PSUV, pretende engañar a los desprevenidos con la vieja y cínica técnica de distraer para despistar.   La Asamblea Nacional designa una comisión que investigue el lamentable episodio. La ilegítima mayoría oficialista que domina el Parlamento excluye a la oposición del equipo investigador. Imaginen las conclusiones de esa comisión nombrada por el mismo partido político que encubre a la GN y mantiene en su cargo a una ministra que de casualidad sabe dónde queda Uribana, y en cuya gestión han fallecido en diversos motines más de quinientos presos.

El anciano déspota Raúl Castro, símbolo viviente de la tiranía más longeva y cruel de América Latina, tiene la cachaza de insultar a la oposición venezolana, en nombre de la “verdadera democracia” que viven los cubanos desde hace 54 años, cuando los partidos políticos fueron proscritos, la libertad de prensa sepultada, toda forma de oposición y disidencia prohibida por la Constitución y se impuso el pensamiento único con una religión de Estado que es el castromarxismo. Ese personaje patético, de una crueldad inenarrable, se atreve a denigrar de los demócratas venezolanos solo para complacer a los sargentos que se disputan la sucesión de Hugo Chávez y demostrar que la alianza con estos lugartenientes es tan sólida como el macizo guayanés. Ya sabíamos de la cercanía de esa asociación por los continuos viajes de Maduro, Diosdado y Ramírez a Cuba a recibir instrucciones de los hermanos Castro, especialmente del menor quien es ahora, junto con Ramiro Valdés, es quien controla los hilos del poder en la isla y mueve las marionetas venezolanas. La reciente foto publicada con amplio despliegue en la portada del Granma, donde aparece Raúl en pose de jefe e impartiéndoles órdenes a sus súbditos venezolanos, ya nos advertía de la renuncia total de los herederos a la soberanía y la claudicación frente al autócrata.

La actitud del régimen ante los sucesos de Uribana y el miserable discurso de Castro en la cumbre de la CELAC en Santiago de Chile, ratifican que los sucesores de Chávez optaron por empuñar los hierros contra la oposición. La ausencia total de carisma de estos mediocres personajes está siendo suplida por una actitud arrogante e insolente impropia de la política moderna, aunque típica de los gamonales que asolaron la Venezuela decimonónica. Desde el 2 de febrero de 1999 la política, en Venezuela, perdió uno de sus atributos característicos: constituir un espacio donde, en medio de la confrontación, los partidos y fuerzas encontradas  negocian y llegan a acuerdos sobre los temas y problemas más importantes de la nación. Hugo Chávez, con el propósito de distanciarse del talante negociador que había caracterizado la democracia después de 1958, convirtió la política en un campo de batalla donde se enfrentan dos enemigos irreconciliables, uno de los cuales debe pulverizar al otro.

Este estilo pugnaz se mantendrá durante un tiempo indefinido. Los acuerdos serán imposibles de alcanzar, al menos en materias importantes. A la oposición no le queda otro camino que consolidarse como alternativa de poder, con autonomía total. Los gestos conciliadores que provengan de su patio  serán rechazados  porque los sargentos carecen del brillo, autoridad y prestigio para dialogar con la oposición, sin desdibujarse.

Los hierros de los sargentos tendrán que ser enfrentados con mayor organización popular y más presencia en los lugares donde la gente lucha por sobrevivir a la hostilidad e incompetencia del régimen.

@tmarquezc

Santiago de Chile: La Claudicación de las democracias

  Antonio Sánchez García

En un ensayo titulado FIDEL EN CHILE, publicado en mi libro LA IZQUIERDA REAL Y LA NUEVA IZQUIERDA EN AMÉRICA LATINA (Libros de El Nacional, Caracas, 2008), narro el profundo impacto que causó en la sociedad chilena la llegada de Fidel Castro en noviembre de 1971, invitado a una breve visita de Estado por el gobierno de Salvador Allende. Todavía entonces, a un año de haber asumido el mando de la Nación, contaba con un sólido respaldo popular, que incluía a amplios sectores de las clases medias y parecía ir in crescendo. El país seguía respirando una cierta atmósfera festiva ante un hecho tan novedoso como ser gobernado por primera vez en 160 años por un gobernante marxista, ser protagonista de cambios aparentemente revolucionarios y no haber disparado una sola bala, sufrido una sola herida ni derramado una sola gota de sangre en el intento. Era lo que Salvador Allende, un patricio de clase media alta, sesentón, culto, elegante y bon vivant llamaba “el socialismo con rostro humano”. Consciente, sin duda, de que desde Octubre de 1917 el rostro del socialismo eran tan monstruoso e inhumano como lo retratara Alexander Solzhenitsin en su novela Un día en la vida de Iván Denisovich (1962) y terminara de denunciar en su conmover Archipiélago Gulag, publicado en Occidente en 1974, cuando ya era demasiado tarde para que Allende alcanzara a disfrutarlo. Una ráfaga disparada por su propia mano con el AK 47 de fabricación soviética que el visitante pusiera fraternalmente en sus manos, especialmente dedicado por Castro durante esa tempestuosa visita, le destrozaría el cráneo poco después del mediodía de un frío, invernal e inolvidable martes 11 de septiembre de 1973.

                El regalo, un auténtico “presente griego”, tenía un sesgo trágico, premonitorio. Simbolizaba el único mensaje que el Deus ex Machina de la revolución cubana podía transmitirle al experimentado tribuno chileno: la revolución socialista y la implantación del comunismo y su sospechosa utopía sólo eran posibles por medio del fusil. Pocos años antes, se lo había expresado el Ché Guevara, su segundo de a bordo, en presencia del guerrillero venezolano Héctor Pérez Marcano a una pequeña delegación de comunistas que lo visitaban en La Habana y aún conmovidos y asombrados por el éxito fulminante de la victoria revolucionaria le preguntaron si llevaba en su mochila de miliciano la varita mágica de la revolución. Respondió con su clásico sarcasmo tan porteño: “la varita mágica es hueca, tiene una mira y un gatillo y dispara a matar.” Era un fusil.

                El más inescrupuloso, manipulador y cruel político latinoamericano de todos los tiempos tenía que saber que su regalo, más que un obsequio era un desafío: con este fusil o matas a tus enemigos o te vuelas la cabeza, parecía insinuarle. Tras la tragedia que él contribuyera a desatar con la visita más impertinente y grosera imaginable – se extendió por casi un mes, con sus días y sus noches, sin que nadie se la hubiera extendido – antes de convertirse en lo que el secretario del Partido Comunista chileno Luis Corbalán describiera acertadamente como “un pescado”, terminó sirviendo para ponerle fin a su vida. Fue una tragedia anunciada.

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                Desde esa visita, nada en Chile sería como antes. Las andanzas gansteriles de la escolta del prócer cubano, que se enfrentara a tiros contra la oposición de un país que no era el suyo, sin la menor consideración del profundo daño que le causaba a un proceso que tenía como principal objetivo hacer un estratégico rodeo por los temibles aledaños de la violencia y avanzar pacífica, constitucionalmente, desataron la radicalización del proceso. La oposición comprendió que las posibilidades de un eventual entendimiento eran muy precarias y la hora de la verdad se haría insoslayable. La ultra izquierda del PS y del MIR recibirían el espaldarazo de Fidel Castro y la consigna con la que Carlos Altamirano conquistara la Secretaría General del Partido Socialista un año antes: “Socialismo o Fascismo, el enfrentamiento es inevitable” se convirtió en la loza que sepultó las esperanzas de “un socialismo con rostro humano”. El monstruo de la guerra civil aparecía en el escenario nacional. A los mil días de Unidad Popular, el Parlamento, la Corte Suprema de Justicia y las Fuerzas Armadas comprenderían que si no intervenían definiendo el conflicto de manera radical, profunda y definitiva – sin importar los medios – la República se les iría de la mano. A ellos, garantes de una tradición republicana de 160 años, y a la sociedad entera, hasta entonces ejemplo de estabilidad democrática en una región atenazada por las sublevaciones.

                Todos los esfuerzos emprendidos por los sectores radicalizados de la izquierda chilena para precipitar un enfrentamiento definitorio, para el que no obstante jamás estuvieron preparados, contribuyeron objetivamente a la derrota del proyecto socialista: fueron aislando al gobierno y sus débiles intentos conciliatorios, mientras fortalecían a los sectores oposicionistas que reclamaban un golpe de Estado implementado por la última válvula de seguridad del sistema: sus poderosas, cohesionadas e implacables Fuerzas Armadas. La prepotencia fidelista había logrado los efectos contrarios a sus propósitos iniciales: había mostrado cuan frágiles, cuan inconsistentes y cuan improvisados eran los designios revolucionarios. Y, por el contrario: cuan medulares, cuan sólidos y cuan avasallantes podían ser las instituciones a cargo de la defensa del establecimiento chileno. Particularmente su empresariado – emprendedor, ambicioso y consciente de su autonomía -, su judicatura – de un rigor extremo – y sus fuerzas armadas, altamente profesionales, corporativas, incorruptibles y, por ello,  ajenas a la penetración del mensaje castrista. Que agotara todas sus artes disuasivas – regalos, invitaciones, coqueteos y promesas – sin encontrar un solo resquicio por el que penetrar la sólida coraza de su patriotismo nacionalista.

                A Fidel Castro le esperaba una derrota tan descomunal como sus ambiciones. Jamás se recuperaría de la lección del 11 de septiembre de 1973. Hasta la súbita irrupción de un soldado sediento de paternidad, vanidoso, golpista y de izquierdas en el país que Castro pretendiera conquistar desde años antes del proceso de la Unidad Popular: la Venezuela petrolera.

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                Han pasado exactamente 42 años desde esa imprudente visita y 40 desde el brutal golpe de Estado que contribuyera a propiciar. El poder del olvido, mayor que el del recuerdo, dejó transcurrir los Idus al extremo que, a pesar de la vejez y la inminencia de muerte que bate sus alas sobre aquellos protagonistas que sobreviven a esos hechos, Fidel y su todopoderoso heredero – tan siniestro, tan asesino, tan astuto y tan inescrupuloso, si no más que su hermano mayor, aunque sin su demoníaco talento – el tirano cubano puede volver a pisar las calles de la que fue Santiago ensangrentada, ser recibido en gloria y majestad por un lejano heredero del general que sellara la suerte del proyecto de Salvador Allende y sin remover una sola hoja de ese árbol caído sentarse a presidir el primer encuentro de la Comisión que pretende suplantar en un próximo futuro a la Organización de Estados Americanos de la que su hermano se viera obligado a retirarse con la cola entre las piernas, a poco tiempo de ser ominosamente derrotado en los campos de batalla por los soldados institucionalistas de la recién inaugurada democracia venezolana.

                 Muchos de los participantes en ese aséptico y banal aquelarre no habrán caído en cuenta del trágico sino que unía en bambalinas a Salvador Allende, a Fidel Castro, a Augusto Pinochet y a Rómulo Betancourt. Los personajes que definieron el destino de América Latina antes de despeñarse por los abismos de esta infamia. Mientras todos los mandatarios presentes se derretían en saludos a quien ha preferido ir a agonizar a La Habana y entregarle a su tiranía la tuición política del país antes que afrontar con virilidad la devastación causada por su mandato y morir en la tierra que lo viera nacer – una abyección política inolvidable –  sólo una mujer, nacida y crecida a la sombra de la odiosa dictadura estalinista de la Alemania del Este y perfectamente consciente de la maldad infinita de la que es capaz esa sabandija que hoy preside una dictadura de 54 años, tuvo la lealtad y el coraje de despreciarlo pública y ostensiblemente.  El presidente de Chile en representación de sus fuerzas liberales y conservadoras no mostró mayor incomodidad por la presencia rectora (sic) del tirano marxista. Tampoco tuvo urgencia alguna en mencionar en su discurso de inauguración las palabras libertad, democracia, institucionalidad, ley, iniciativa privada, tan caras a su amigo, el Nobel Mario Vargas Llosa.

                De allí que a nadie incomodara la presencia de dos usurpadores, carentes de la más mínima legitimidad: los impresentables Nicolás Maduro y  Elías Jaua, que fungían de representantes del Estado venezolano, verdaderamente representado por su Protector in partibus, Raúl Castro. Que lo haría ver con insolencia y desparpajo cuando en su discurso protocolar y en el mismo espacio osara amenazar con la brutal represión policial de que sólo él puede ser capaz a la oposición democrática de la sufriente Venezuela. Convertida por la traición de un soldado, la complicidad de sus ejércitos, la alcahuetería de sus jueces y la apatía de sus élites en una satrapía de la última de las miserables sociedades comunistas del planeta.

                La exhibición de obsecuencia, de oportunismo, de mercantilismo y falta de dignidad institucional de todos los participantes, con la ya mencionada única y honorable excepción de la canciller alemana Angela Merkel, no deja de provocar náuseas. El desprecio mostrado por todos ellos, incluido el anfitrión, por la dolorosa circunstancia porque atraviesa nuestro país no tiene otros calificativos que los de claudicante, miope y mezquino. Que la Patria a la que gran parte de los Estados suramericanos presentes deben su existencia esté al borde de desaparecer consumida por el cáncer del oportunismo, la ambición, la deslealtad y la traición de sus peores hijos, arrodillados ante el miserable invasor cubano, no pareció ni siquiera incomodar a quien preside el país que hace cuarenta años tuvo el coraje de enviarle un mensaje sin medias tintas a la canalla invasora.

                Malos, muy malos tiempos para el honor y la dignidad de una región que merece mejor suerte.

La MUD y Cuba

  Aníbal Romero

En su intervención el pasado 23 de enero, José Vicente Rangel leyó partes del Manifiesto anti-castrista que circula profusamente a través de internet y ha sido suscrito por miles de compatriotas. Al tiempo de lanzar acusaciones contra los firmantes, de mencionar a algunos por su nombre y solicitar castigo a otros, Rangel afirmó que la relación del régimen con Cuba es “totalmente transparente”.

Aun viniendo de Rangel tal aseveración desborda los límites de la credibilidad. Los venezolanos ni siquiera conocemos la realidad acerca del estado de salud del Presidente, para no hablar de la actividad de miles de agentes castristas en puntos neurálgicos del manejo de nuestro país. Sin embargo Rangel se atreve a hablar de “transparencia”. Hay que ser osado para llegar a esos extremos.

Lo clave es que en su intervención Rangel puso de manifiesto que el centro de gravedad del régimen chavista, su zona más vulnerable y frágil, no es otra que el cuestionamiento creciente de los venezolanos hacia la subordinación y entreguismo al imperialismo castro-comunista. La indignación se extiende día a día y no habrá modo de detenerla. Se convertirá en un torbellino.

Frente a esta situación cabe preguntarse: ¿Por qué la MUD no ha hecho de la lucha contra la dominación y neocolonialismo cubanos su principal bandera de batalla? ¿Por qué siguen actuando como si viviésemos bajo un Estado de Derecho? ¿Por qué presumen que es factible una normalización de la política con un régimen como el que destruye a Venezuela?

Mi conjetura es que la respuesta se resume en dos factores: la ideología y el miedo. Intentaré explicarme:

El elemento ideológico que descifra la conducta tímida de la MUD sobre el tema cubano tiene dos aspectos. De un lado, de ello estoy convencido, buen número de dirigentes e intelectuales vinculados a la MUD son de izquierda, y a pesar de todo siguen reservando un lugar débil del corazón hacia la revolución cubana. No se atreven a atacar a Castro o lo hacen a medias; no se sienten bien rompiendo a plenitud los lazos sentimentales con su pasado.

Por otra parte, además de lo dicho, se evidencia una arrogante subestimación hacia el pueblo. Numerosas veces he escuchado a dirigentes de oposición sostener que el tema de la injerencia cubana “no le interesa a la gente”, y solo debe hablarse de la vivienda, el empleo y el precio de los alimentos. De modo sorprendente no formulan la pregunta: si eso fuese verdad, ¿entonces qué sentido tiene luchar por un pueblo así?

En cuanto al miedo, pienso que en general, todos de un modo u otro experimentamos miedo al confrontar un régimen canallesco como el chavista. No me eximo de ello; no soy un héroe ni pretendo serlo. Pero acá me refiero a un miedo específico; al miedo que resulta de la incapacidad e indisposición, por parte de no pocos dirigentes e intelectuales de oposición, de asumir a plenitud la verdad que ya no estamos en la IV República, que este régimen es algo radicalmente distinto, y que la política de los desayunos y almuerzos en restaurantes, el diario intercambio de chismes, los agasajos en Embajadas y viajes al exterior para “motivar” a una comunidad internacional desentendida del drama venezolano, esa política, repito, no va a ninguna parte en estos tiempos.

La oposición complaciente, que imagina un camino triunfal luego de muchas concesiones y humillaciones hasta una elusiva victoria electoral, algún día, bajo el sistema comicial imperante, vive un sueño al que ningún revés pareciera mellar. Pero inevitablemente despertará y me temo que el despertar será amargo.

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Hora de lavar nuestros trapos sucios

 Alberto Franceschi

El único camino pacífico y electoral, para  salir de este régimen, si es que  hay uno,  solo puede “sobrevenir  “ de una reestructuración  del  sistema electoral, sobre la base de una negociación que nos equipare en representación institucional  al gobierno chavista,  que ha venido, en estos 14 años últimos, atropellando y burlando, por todos los medios,  la obligante ponderación que amerita  la convivencia democrática.

Si  los herederos del déspota  no  se disponen a cambiar drásticamente  su  trato político a la oposición, basado en abusos  y ventajismos de todo género, aquí  no habrá otra cosa que conflictos cada vez más agudos,  y ello a pesar de la infinita cobardía de nuestros “lideres”.

Como yo no creo  en maldades intrínsecas o de naturaleza  genética en  política,  debo aclarar que lo demostrado es que  son intereses,  y solo intereses,   los que han motivado  a nuestra oposición de “cuentadantes” de este régimen.

“Nuestra” oposición, por 14 años,  se ha encargado de cuidar los chequecitos  para unos 300.000 o más “clientes” del estado  rentista repartidor,  que ellos racionan  dejándose abusar por el  PSUV  y  su cuantiosa burocracia que reparte a otros  cinco millones de  la clientela roja y  de sobrevivientes del desastre estatista

No haré  juicios de valor sobre cuánto le queda a “nuestros” lideres por haber garantizado ese reparto… solo puedo estar seguro que no lo hicieron de gratis, cuando vemos  centenares de adláteres pagados por dineros públicos y malbaratando,  como el gobierno,  cuantiosas  cifras para  batallas de marketing  publicitario.

Yo se que Chávez y  sus conmilitones deben haber despilfarrado 20- 30.000 o 50.000 millones de dólares en propaganda electoral  y  eso es precisamente lo que les quita cualquier derecho moral a hablar en nombre del  pueblo  oprimido y estafado.

Pero la llamada oposición  y sus principales figuritas deberán explicar alguna vez de donde salieron los centenares de millones de dólares que despilfarraron en sus piruetas  publicitarias y en el  mantenimiento artificioso de “maquinarias”,  por la sencilla razón que si aspiran a cambiar el país que heredamos,   el derecho moral no puede  estar asociado a corruptelas de todo género que también practicaron y practican  los “cuentadantes” opositores  al régimen chavista.

Son esos intereses  ante los cuales desviamos la mirada cuando se trata de los “nuestros”  que nos llevaron a esta indefensión.

No tenemos líderes  que  quieran erradicar este  perverso sistema de repartos clientelares, tenemos solo a negociantes  que trafican con nuestra representación supuesta  o  real, para ellos mantener  también este régimen de conveniencias.

Por eso no pelean, por eso siempre transan, por eso  casi que les da igual  ser solo parte del decorado de este régimen de oprobio,  porque en  el  fondo también son  su pata derecha.

Se acerca  el  fin de este régimen  con la salida del escenario del presidente.  Con él se va  el principal pilar de sostén  de esta nomenclatura de  depredadores de bienes públicos y de repartos indiscriminados,  delincuenciales o no, con  los recursos que  harán  demasiada falta a la nueva  generación que ya arrancó su camino  de privaciones y de decadencia de su país.

La otra evidencia sobre que el régimen está  por colapsar,  lo  constituye el  hecho mayor  que después de la declaración de Capriles  el  7 de octubre en la noche, donde sencillamente desnudó la naturaleza cobarde de este liderazgo,  cayó la última esperanza  sobre que este régimen tendría una superación electoral democrática.

El 16 de diciembre los electores de oposición  cobraron  su indignación a sus “lideres”,  al grueso de los “cuentadantes” opositores,  y  resolvieron quitarle al régimen ese soporte de mediación que le daba  la  supuesta  fortaleza institucional de la descentralización compartida. Ese día el chavismo “mató la gallina de los huevos de oro”, al dejar  fuera del poder a las políticamente eficientes  clientelas apaciguadoras  en  varios estados claves.

Siempre me quedará  la duda sobre como intervino el gobierno, con su CNE, para manipularnos desde las elecciones primarias de la oposición,  y generar ventajas a  quien el  gobierno tiene  como su “pera de  boxeo”  favorita por “confiable”

Les doy la noticia desde fuente muy confiable,  desde las entrañas del monstruo,  que han medido electoralmente a Maduro y a Diosdado y resultaron UN DESASTRE anunciado. Pero ellos confían en su CNE, en sus maquinitas  y sobre todo confían en un “candidato potable de la oposición” que  les ayude  a  esta transición de comiquita  y mantenga todo,  mediando  por lo menos algunas dádivas.

Ya empezó la pedidera a cuenta  y  ahora los cuentadantes quieren manejar ciudades,  para donde se lleven sus repartos de chequecitos  y donde pueda quedarle la tajada del  león, para seguir roncando como los reyes de la selva opositora y su obra magna: seguir con  Maduro hasta el 2019 y  la agradecida complacencia continental, desde Obama hasta los Castro, por esta revolución  que preserva el status quo, al que fue fiel  la chequera de Chávez, que era nuestra pero se la cogieron estos irresponsables, y  en cuyas manos el país  se está  yendo al demonio.

Que tiempos raros son estos:  Raúl Castro preside desde ayer  la comunidad de países de América Latina y el Caribe  y  Capriles sigue  aspirando a presentarse la noche  en la que con fraude  gane Maduro,   para  volver con su carita bien lavada y llorosa a admitir  por segunda ocasión como sigue siendo  nuestro mejor sepulturero.

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Verdades amargas sobre los pichones de déspotas

 Alberto Franceschi

Si el presidente está vivo entonces no es verdad que dirige el país. Nos están mintiendo descaradamente y los supuestos herederos son de un cinismo fuera de toda proporción y estarían al servicio de intereses aventureros.

En realidad toda la cúpula chavista va a “buscar línea” donde Fidel y Raúl. Son los propios burócratas segundones del PSUV, los herederos bastardos de Chávez, quienes se han empeñado en demostrarnos que su guía está en La Habana: ¿De qué se quejan entonces cuándo les llamemos lacayos de los Castro si viven viajando casi diario para allá?

¿Hasta cuándo pueden mantener la coba que ellos dirigen el país sin las directrices castristas, hasta cuándo pueden mantener que no hay falta absoluta y total del reelecto presidente?

Es la Constitución de ellos mismos la que plantea que Chávez ya no puede ejercer la Presidencia y que debe operar el mecanismo de sustitución, pero no se animan a implementar esto porque ello implica desatar los demonios de la guerra de fracciones. Es solo una cuestión entonces de semanas o de muy pocos meses, los que nos toca esperar casi sentados para que empiece a encandilarnos el relumbrón de las puñaladas que se tirarán entre ellos.

Están padeciendo desde ya la maldición postrera de todo régimen que pierde su eje y que no tiene sucesor posible sin un reacomodo profundo.

Es bueno constatar las lecciones históricas según las cuales seguirán probablemente en el poder solo una parte de quienes estaban en los entornos del feneciente déspota y que solo quienes se muestren dispuestos a promover los cambios de gran calado, se convierten hasta en parte del régimen sustituto.

¿Quieren unas muestras? Cuando se fue Cipriano Castro en 1908 a curarse a Europa, Juan Vicente Gómez se alzó con el coroto. Al morir Gómez, en diciembre 1935, la familia que quiso heredarlo no pudo, y toco al jefe del naciente ejército profesional tomar el control porque ademas era ministro de Guerra y Marina: el General Eleazar López Contreras.

López Contreras quiso continuar luego de 1941, pero le olió a tigre si debiera antes desatar y tener que ganar una guerra interna para lograr el continuismo. Resolvio entonces dejar en la silla de Miraflores al jefe militar Isaías Medina Angarita.

Se necesitó una asonada con cambio de régimen como ocurrió el 18 de Octubre del 1945 para intentar interrumpir ese proceso del gendarme sustituto.

Se instaura la democracia política plena pero sin embargo debió darse paso a los insurgentes del ejército Marcos Pérez Jiménez, y Delgado Chalbaud que dieron ese golpe revolucionario de Octubre de 1945, con Rómulo Betancourt como líder civil. Pero ya en 1948 los mismos líderes castrenses tumban a Rómulo Gallegos, que debió conservarlos en las jefaturas militares desde el inicio de un gobierno de gran legitimidad constitucional y abrumador apoyo popular.

Sin embargo estos jefes militares tenían otros planes y se quedaron desde el golpe de Noviembre de 1948, usurpando el poder hasta 1958.

¿Saben quién era el militar de mayor graduación y del riñón del régimen perezjimenista? Nadie menos que el Contralmirante W. Larrazábal, convertido el 23 de enero de 1958 en símbolo de libertades a partir del cambio del régimen. Pero hubo que echar a dos generales, connotados visibles de la odiada dictadura, que se habían “coleado” en el nuevo régimen –el turco Casanova y a Romero Villate– para generar la sensación de que si se había dado un cambio real.

Se generó entonces otro tipo de régimen, para los siguientes 40 años, que tenía una naturaleza diferente, con alternabilidad, separación de poderes y libertades, que en su proceso degenerativo terminó abortando al régimen chavista, con las pestilentes manipulaciones que se acumularon en el actual sistema, que ha sido al mismo tiempo el opuesto de aquel del Pacto de Punto Fijo, representativo de lo mejor de nuestra historia republicana, y al propio tiempo su continuidad bastarda de los últimos 14 años.

Parece, a la fecha de hoy, ante las violaciones groseras al marco constitucional con el que buscan una usurpación del poder, que quizá sea fatal que vuelva a ser necesario interrumpir la sucesión “normal”, para que ocurran los realineamientos institucionales profundos, como en 1945 y 1958, dada la inviabilidad del orden legal, vulnerado a partir de la desaparición del caudillo. Y puedo dar 100 ejemplos en la historia, de los últimos 112 años, para demostrar que NUNCA los regímenes construidos para el despotismo de una persona, le sobreviven más allá de un corto periodo de inercias.

Es lógico entonces pensar que parte de los personeros, sobre todo militares que estaban, seguirán si es que logran disimular… y mucho, su plan de usurpación. Sin embargo se plantearan en sana lógica “mover la mata” hasta ver prácticamente desplazados a quienes se consideren como corruptos de los altos mandos actuales. Esta ruptura se abrirá paso a partir del “vacío de poder” previsto.

Esto será así dada la inviabilidad del continuismo, una vez desaparecido el UNICO e irremplazable sustento de quien le daba legitimidad al gobierno, ahora postrado de hinojos a la tiranía castrista, pero sin la presencia de quien hacia tragar esos devaneos con chantajes.

Pero entre ellos se pasaran las facturas, por lo que puede pronosticarse que a muchos les ira muy mal, de aquí en adelante. Les costará admitir que el que se va, dejó un país en quiebra, convulsionado y entregado políticamente a los Castro.

Y ahora tenemos que los chambones pretendientes al trono queriendo ser los más perrunamente fieles al legado, resuelven ir a La Habana, en obligado y desvergonzado peregrinaje, para obtener, sin ninguna credibilidad, porque NO ES TRANSFERIBLE, las órdenes de una persona ya incapacitada y de la que nadie puede ejercer su representación, pero que les dio como única instrucción clave final, confiar todo a las manos de los Castro y en esas manos estamos, para escarnio de la nación que genera, de forma precipitada, una pérdida de la poca legitimidad que queden de las instituciones, y que ante la falta absoluta del reelecto, se hicieron plenamente espurias, al violentar sus propias normas de sucesión fijadas por su propia constitución.

La primera cosecha de este enredo de inexpertos e irresponsables, que dudan entre su papel de procónsules de los Castro y de pretendientes a ejercer un gobierno capaz de mantenerse sin ninguna legitimidad de origen, es que desataron las rivalidades políticas de factores militares entre por lo menos tres grandes tendencias.

El sector minoritario es el de los llamados “narco generales” quienes pactando su permanencia en altos mandos y gobernaciones con los jerarcas cubanos, aunque sean determinantes en las cúpulas, están suspendidos en el aire, más aun sin Chávez.

En segundo término, saturando la alta burocracia estatal, están los oficiales procubanos a secas, que quieren sencillamente que seamos colonia, pero sin el peso muerto de narcos y aunque aparezca bizarra esta tesis, ellos quieren contar con la neutralidad de USA, que “comprenden las necesidades de Raúl y su transición”, y que como Obama quieren que paguemos nosotros la cada vez más precaria agonía del comunismo cubano y le eviten a USA un nuevo Mariel masivo, de un millón de cubanos fugándose al sur de La Florida, tras el inicio de un nuevo “periodo especial” de hambruna en la isla, que sería el resultante de una suspensión abrupta de la transfusión financiera que nos chupa el régimen castrista a diario.

La tercera posición, ampliamente mayoritaria, hasta el 80% del total, es dominante en toda la estructura media y de comandos de tropa que se consideran la reserva moral de las FFAA. Este segmento constituido por oficiales de entre 15 y 25 años de servicio quieren que cepillen todas las cúpulas corruptas y buscan la restitución del carácter profesional de las FFAA, el cumplimiento estricto de la Constitución y argumentan que ya sienten nauseas sobre ser dirigidos por los “narco-soles”. Por supuesto además rechazan de manera vehemente e indignada la postración de las FFAA y del régimen político venezolano ante la tiranía castrista y desean sencillamente que cese de inmediato la penetración cubana.

Con la partida del caudillo, la troika Maduro, Cabello y Ramírez, en la quieren colearse o a la que quieren presionar otros 20 herederos y una legión de chulos, va a experimentar la irremediable sensación de caminar en alpargatas sobre un tusero, o si prefieren véanlos como gallos o gallinas caminando sobre un alambre. De 100 casos, en 100 casos se caen…

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Reino Unido, ser o no ser, europeos

   Luis DE LION

El escenario de una salida del Reino Unido de la Unión Europea asusta. David Cameron, ha lanzado la amenaza, el pasado miércoles 23 de enero, proponiendo un referéndum sobre el tema, buscando así motivar a Europa a reformarse. El clima, cada vez más euroescéptico del otro lado de la Mancha, inquieta del lado continental. Una hipotética salida ¿qué cambiaría?

En teoría, el Reino Unido se puede apartar de la Unión. El artículo 50 del tratado de Lisboa 2009 autoriza a cualquier miembro a “decidir conforme a sus reglas constitucionales de retirarse de la Unión”. Pero el documento no precisa las condiciones de dicha partida. Las negociaciones serían interminables. Para evitar inconvenientes, Londres podría tratar de negociar un estatuto aparte, parecido a Noruega o Suiza. Pero el Reino Unido, eterna piedra en el zapato de la UE, corre el riesgo de sufrir un gran rechazo de parte de sus socios más importantes, es decir, Francia y Alemania.

Una jugada a dos bandas para Londres. Beneficios casi que inmediatos. Londres dejaría de participar en la política agrícola común, algo que detesta, y se liberaría de las reglas que Bruselas impone, principalmente en materia de pesca y de duración de jornadas de trabajo. Una diputada conservadora británica señaló que la semana de 48 horas es la responsable de la muerte de pacientes en los hospitales. Pero, lo más importante, el Reino Unido, dejaría de pagar la pesada factura de su contribución anual al presupuesto europeo, 8 millardos de euros.

La City perdería sus títulos de nobleza. Un pesado tributo, pagaría la capital financiera, que aporta 10% del PIB británico. La mayoría de los bancos estadounidenses implantados en Londres, se mudarían. La plataforma financiera seguiría sometida a las reglamentaciones europeas, pero sin derecho de palabra.

El impacto comercial. Reino Unido, deberá negociar decenas de acuerdos comerciales bilaterales, y ello en posición débil. Eso, sin contar que, los productos ingleses deberán someterse a derechos de aduana para ser vendidos en Europa. Según cálculos de The Economist, el queso Cheddar pagaría 167 euros de tasas por cada 100 kilos.

El escenario de una salida británica de la Unión inquieta mucho a los inversores. Reino Unido es de los más business friendly de toda la Unión Europea. De igual forma muchas fábricas abandonarían el territorio británico, con la respectiva pérdida de empleos incluida. Ese sería el caso, por ejemplo, de Toyota, que cerraría sus plantas en el Reino Unido ya que no sería más la puerta de entrada a Europa para el fabricante japonés.

Un duro golpe para la Unión. La integración quedaría en entredicho, sería una primicia en Europa, un freno a la difícil construcción europea. Una Europa desnaturalizada. El Reino Unido contribuye al dinamismo de la Unión, en especial en materia de política extranjera y de Defensa. Europa necesita de la tradición democrática del Reino Unido, de su pragmatismo, de su influencia mundial y de su papel de puente con los EE.UU.

Por su parte Washington perdería un aliado estratégico. Los EE.UU. perciben a la Gran Bretaña como la puerta más segura de entrada en Europa. En una reciente conversación telefónica, Obama le dijo a Cameron, que él apreciaría un Reino Unido fuerte dentro de una Unión Europea fuerte y equilibrada. Era también una manera de decirle a Londres, que la relación privilegiada entre ambos podría dejar de existir, si abandonan la UE. Washington se vería obligado a buscar un nuevo aliado. Berlín se impondría como el nuevo aliado natural.

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