Lo que sobró

   Luis DE LION

Todas las encuestas serias, los analistas extranjeros, los servicios de inteligencia occidentales, la banca internacional y la opinión pública hemisférica daban a Chávez como seguro ganador en las presidenciales.

A lo antes señalado debemos agregarle las desventajosas condiciones electorales, el uso descarado del tesoro público por parte del régimen para autopromocionarse, la disposición de todas las instituciones al servicio del líder que se pretende vitalicio, en fin, lo propio de un régimen tan sinvergüenza como autoritario, que cada seis años decide hacer elecciones.

A partir de todos esos elementos, visibles, objetivos y analizados, escribí al igual que otros articulistas sobre la necesidad de encender las alarmas y nos quedamos esperando una reacción, un sobresalto táctico, en la campaña del candidato de oposición.

A cambio, se prefirió propulsar la histeria colectiva, bajo la forma de un triunfalismo ciego y sordo. Cual rumor, que se volvió contagioso e incontrolable. La opinión pública víctima de su corporativismo en el peor de los momentos, se convirtió en empresa multiplicadora de dicha histeria que por colectiva se creyó abrumadoramente mayoritaria.

Luego vino el dolor, el choque frontal con la realidad, el aterrizaje forzoso, el fin de tour onírico. Se había manipulado, mentido y desvirtuado, al punto de sembrar una ilusión bajo el formato de esperanza, algo que en política se traduce en espejismo, para así ocultar la falta de ideas y de propuestas claras de gobierno.

La gesta propagandística opositora, fue a ratos, particularmente en la primera parte de la campaña, más religiosa que política, más divina que terrenal. De esa manera, se empantanaron la campaña y la opinión opositora, en sus respectivas carencias, en su ausencia del necesario análisis crítico, dejando que se impusiera la incoherencia. Una incongruencia que, desembocó en el inmenso ombliguismo de los 6,5millones, como excusa y como explicación ante lo ocurrido, los cuales volvieron a caer, al menos en un primer tiempo, en el juego mórbido de Chávez, el cual radica en separar unos y otros.

Sin transición, es decir sin autocrítica, ni mea culpa, sin cambios, ni ajustes. Hace una semana había un camino nacional ahora queda solo un trocha hacia una gobernación. Cálculo sino mezquino, al menos errático, por parte de Capriles.

Dicho esto, una vez más, habrá que levantarse, para seguir luchando y superar el triunfalismo y el ombliguismo que dejaron encunetados a 6.5 millones de demócratas venezolanos.

No se puede seguir confundiendo optimismo con onirismo. Ni se debe permitir que el mismo daño que en el pasado reciente hizo la antipolítica, ahora se repita con el triunfalismo. Tenemos un inmenso capital democrático, los electores respondieron, los ciudadanos a los que se les pidió militancia, la dieron sin hacer cálculos. Es tiempo que la dirigencia, haga un solo cálculo, el cual no es otro que recuperar el poder, sin atajos, sin mentiras, sin triunfalismo. Con convicción y coraje democrático.

luisdelion@gmail.com

@LDeLion

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