Sirope técnico y veneno político

 

  Fernando Luis Egaña

 

Estas líneas se refieren a una polémica en marcha sobre el CNE presidido por Tibisay Lucena.  Porque diversos y respetables voceros de la oposición política, han venido argumentando a favor de la idoneidad técnica del sistema electoral, en respuesta, básicamente, a las denuncias y críticas de diversos y respetables voceros de la oposición política, en cuanto a la defraudación técnica del sistema.

Ahora bien, unos y otros se enfocan, de manera principal, en la dimensión técnica del CNE y, al hacerlo, no enfatizan lo suficiente la dimensión política del entramado comicial. Y es aquí donde nunca debería dejarse de colocar la gran lupa, porque si bien los aspectos técnicos son muy importantes y deben ser monitoreados con prioridad, éstos siempre se encuentran subordinados a los aspectos políticos.

Los primeros pueden lucir conformes a estándares generales, pero si los segundos están al servicio de una parcialidad o, peor aún, forman parte del Estado partisano, entonces la conformidad de lo técnico pierde relevancia ante la manipulación de lo político. Y eso es lo que acontece con el CNE que se tiene. De allí la justa crítica al rector Vicente Díaz, por su muy articulado empeño en la defensa técnica del organismo, sin insistir con mayor fuerza en la denuncia orgánica de su parcialización política.

Los temas electorales referidos, por ejemplo, a si el operativo técnico permite que se vote en un minuto o minuto y medio, o si las auditorias demuestran que los dispositivos técnicos de la maquina de votación, funcionan sin altibajos; o si el circuito automatizado facilita la transmisión de datos, o si la pantalla digital mejora la identificación del tarjetón, son, sin duda, importantes y deben ser objeto de un intenso escrutinio, pero si esta labor conduce a obviar o a restar significación a los temas de mayor calado político, entonces los arboles nos impedirán ver bien al bosque…

Y en el caso venezolano, ese bosque está tan pero tan tupido de ventajismo, que hasta ese vocablo se queda corto para expresar la naturaleza y alcance de la hegemonía política que ejerce el oficialismo sobre el CNE y el conjunto del sistema electoral. Y ello produce un condicionamiento ilegítimo de resultados, o sea fraudulento, a través del de mecanismos políticos de avasallamiento, intimidación, chantaje y aprovechamiento ilimitado de los recursos públicos.

Recuérdese que fraude no es sólo la adulteración del sufragio emitido, sino también su condicionamiento por medios incompatibles con elecciones libres y limpias. Si la preocupación se concentra en aquello, como en efecto sucede, pues entonces no se aprecia la relevancia de esto y la hegemonía política se mantiene o se fortalece.

El llamado “simulacro electoral” recién realizado es un caso típico y dramático. Lo técnico parece que se desenvolvió sin sobresaltos, al decir de tirios y troyanos o al decir de los comandos Venezuela y Carabobo. Pero lo político fue un tributo al hiper-ventajismo rojo y a la complacencia activa del CNE al respecto.

En suma, la importancia de lo técnico no debe desdibujarnos la centralidad de lo político. En una hegemonía continuista, lo primario para el control es lo político. Y lo técnico muchas veces se presenta con ropajes de innovación y funcionalidad que, repito, no nos deben confundir sobre dónde está el mango de la sartén. Que no está en el sirope almibarado de lo técnico sino en el veneno de lo político.

flegana@gmail.com

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