El responsable de Amuay

 

  Luis DE LION

 

La explosión en la refinería de Amuay, que ha dejado 41 muertos (último parte oficial) y que a su vez es la más grave en el mundo de los últimos 25 años, nos recuerda cruelmente, que en el corazón de una potencia petrolera como lo es Venezuela, la impericia, la inobservancia y la negligencia se transforman en trampas mortales.

Los habitantes de las zonas vecinas a la refinería, no eran turistas de paso. La mayoría de ellos llevaba años viviendo en una zona de alto riesgo, sin que los servicios del Estado, se ocuparan de reubicarlos en un lugar seguro. Igual ocurrió con el destacamento 44 de la Guardia Nacional, infraestructura habitada, la más afectada por la explosión con una saldo de trágico de 17 efectivos fallecidos.

Resulta chocante ver como la onda expansiva de la explosión de Amuay ha marcado un mórbido episodio dentro de esa política de Estado que es la desidia y que el régimen que lidera Chávez ha puesto tanto empeño en su cumplimiento a lo largo de ésta última década.

La casi totalidad de las víctimas de Amuay, eran trabajadores quienes con sus respectivas familias, atraídos por el espejismo de la riqueza petrolera, establecieron sus hogares apenas a metros de una de las más grandes refinerías del mundo. La madrugada del sábado 25 de agosto fue dolorosa y mortal.

Los periodistas que se trasladaron hasta Amuay, obtuvieron información, a partir de varias fuentes, las cuales explicaron que horas previas a la explosión los medidores reflejaron altas concentraciones de gases y fue así como se produjo el desalojo preventivo que realizó la empresa Puramin, ubicada en las adyacencias de la refinería, en la mañana del día viernes 24 de agosto. Sin embargo, la versión oficial indica que no fue sino a las 12 de la noche que se detectó la fuga y “una refinería, huele a refinería, produce olores pero no son los que causan eventos como este”, insistió el Ministro de Petróleo y Minería y presidente de Pdvsa, Rafael Ramírez.

Pdvsa en la Memoria y Cuenta de 2011 entregada a la Asamblea Nacional el pasado mes de febrero reconoce que algunas paradas por mantenimiento en el Centro de Refinación de Paraguaná fueron postergadas para el ejercicio de 2012, sin que sepamos si se ejecutaron dichas revisiones diferidas.

Nada justifica las atroces muertes de las 41 víctimas de Amuay. El escandaloso y accidentado accionar del régimen que lidera Hugo Chávez, el cual entre sus múltiples gestos propagandísticos, se reivindica como respetuoso de la dignidad humana, está obligado a detenerse y no seguir adelante con su mórbido show.

De manera global, las estadísticas han demostrado que el grueso de la población venezolana vive en condiciones de pobreza y que el tema de la vivienda es hoy más crucial que nunca. Lamentablemente, una tragedia como la de Amuay, relanza el debate de la falta de viviendas dignas y el régimen no ha tenido escrúpulos para en medio del dolor y el luto hacer proselitismo con el tema en cuestión.

La tragedia de Amuay, se ha agregado a la larga lista de desastres de un régimen cuyo líder y la responsabilidad nunca se han cruzado, jamás se han visto, no se conocen.

luisdelion@gmail.com

@LDeLion

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