Lo que faltó

   Luis DE LION

Las alarmas siguen encendidas, son 14 años de un régimen escandalosa e insoportablemente corrosivo, con un presidente ausente durante éste último año, por unas opacas razones de salud. A Chávez, le ha tocado enfrentar en ésta campaña a un candidato joven, animado y que a ratos luce más deportista que político, el cual, aún habiendo recorrido el país casa por casa, paradójicamente no es el favorito de las encuestas.

Simpático, gentil, imagen de triatleta, pero nunca como un genuino retador con claras y marcadas opciones de triunfo, así presentan a Capriles en la prensa extranjera.  Los reportajes foráneos, señalan que, no obstante la empatía que genera Capriles y el respaldo en apariencia más afectivo que político que buena parte de la población le ha otorgado a la campaña del movimiento opositor, del otro lado, está el candidato-presidente enfermo y débil, pero a quien las encuestas en su gran mayoría lo siguen dando como ganador. Es así, como hasta el muy respetado semanario británico The Economist reconoce como muy posible una victoria de Chávez, al tiempo que alerta que su aura ya no es la misma.

En ese mismo tono, del gentil Capriles vs. el debilitado Chávez, Libération, Le Monde, Bloomberg y el New York Times, han venido reportando estos días de intensa y desigual campaña electoral venezolana. Visiones respectivas, alejadas de la interrogante en cuanto a, qué le faltó a ésta campaña del 2012.

Temas como la corrupción galopante, la salud presidencial y la presencia cubana extrañamente no han sido parte del debate electoral. Querido e impuesto, por la agenda oficialista o simplemente dejados de lado por el comando de campaña opositor por no considerarlos importantes.

Para nadie es un secreto que, el régimen que lidera el autócrata Chávez ha tenido como constante a lo largo de sus 14 años de autoritarismo, el despilfarro sostenido del tesoro nacional. La denuncia de las toneladas de oro vendidas en secreto, intervino en el debate cuando faltaban menos de dos semanas para las elecciones.

Así mismo, un candidato presidencial, que aparece y desaparece, con una agenda electoral oculta y cambiante, sin duda en razón de su estado de salud, es un tema, que ni el candidato opositor, ni la opinión pública decidieron otorgarle lugar predominante en la campaña electoral, donde bien sabemos que todo se vale.

Por último y no por ello menos grave, el tema de la omnipresencia cubana en el gobierno venezolano. Que la tiranía más longeva y en consecuencia la más mortal de América Latina, es decir la de Fidel Castro, sea la fuente de inspiración, guía, motor y centro de gravedad de la autocracia chavista, no pareció ser lo suficientemente relevante como para convertirse en tema recurrente en la campaña electoral opositora.

Mucho me gustaría que la respuesta a mis tres interrogantes de hoy, me sea dada el próximo 7 de octubre, a través de una victoria electoral aplastante por parte de Capriles, el candidato de los demócratas venezolanos. De manera tal, que mis enigmas electorales, no hayan sido más que una opinión errada y apartada de la realidad política venezolana.

luisdelion@gmail.com

@LDeLion

Consulte el archivo de artículos del autor

Hacia el 7 de Octubre

 

 Antonio Sánchez García

1

                Que tras 14 años de desafueros e iniquidades sin nombre, encharcados hasta el cuello en las denuncias del ex oficial de ejército y ex juez y alto magistrado de la República Eladio Aponte Aponte, conscientes de la humillación y el sometimiento de la justicia a los dictados de un déspota irresponsable, incapaz y fanfarrón, conmovidos por los incendios devastadores en dos refinerías, por las matanzas sin nombre que se suceden semana a semana en las cárceles del país, de la inseguridad que ensangrienta a los más humiles de nuestros hogares semana tras semana, de la ruindad económica y cultural de nuestra sociedad, de la pérdida de todo sentido de responsabilidad moral en la dirigencia política que nos desgobierna ¿cómo no preguntarse por las razones que le permiten al principal responsable por este auténtico Apocalipsis disponer de respaldo suficiente como para amenazar con ganar las elecciones presidenciales y mantenerse en el Poder? Estamos gravemente enfermos.

                Los dos déspotas latinoamericanos que le son comparables por su ambición política y su deshumanización en el ejercicio del poder público – Pinochet y Fujimori – fueron, así suene a sarcasmo, santos varones y en muchos aspectos cruciales para el desarrollo de sus países, hasta beneficiosos comparados con la labor de sistemática devastación emprendida por el teniente coronel Hugo Chávez. Chile recuperó la plenitud de su institucionalidad, saneó su pervertida economía, reestructuró de raíz los fundamentos de su organización político social, redujo el tamaño de su Estado – hasta entonces casi tan parasitario como el de nuestro populismo rentista – y desarrolló un ejemplar emprendimiento que permitió que la Concertación Democrática que le sucediera redujese drásticamente la pobreza y pusiera a Chile a la vanguardia del desarrollo económico y social de la región. Fujimori, que saliera del poder acuciado por denuncias de una compra de personalidades opositoras por montos que en la Venezuela de nuestros días no alcanzarían para servir de propinas a los que acaban de ser comprados por el gobernante, terminó de raíz con el peor foco de terrorismo de su tiempo, saco al Perú de una verdadera vorágine inflacionaria y dejó servido el terreno para que el Perú siguiera el ejemplo de Chile y sea hoy por hoy una de las más sanas economías de la región.

                ¿Quién que no sea un necio, un analfabeta o un menesteroso puede desmentir el hecho pavoroso de que Chávez, a cuyas espaldas se cuentan casi 200 mil asesinatos, la devastación de nuestra otrora floreciente economía, la ruina de una de las principales empresas petroleras del planeta y el odio, el encono y la perversión moral de millones y millones de venezolanos, no tiene en comparación con Pinochet y Fujimori un solo logro que legitime su permanencia de 14 años en el Poder ni justifique su insólita pretensión de ser reelecto por otros seis años al mando del que fuera un país respetado en el escenario mundial?

2

                Paupera et impera. Los tiranos conforman sus tiranías a su imagen y semejanza. Las peores, más persistentes, tenaces y destructivas, se enmascaran en ideologías socialistas – de Marx en adelante – y lo han hecho siguiente un principio esencial: liquidar y estrangular toda fuente de riqueza, reducir al individuo, privado de todos sus derechos ciudadanos y fundamentalmente del de ser propietario de sus bienes y su vida, a la calidad de ente sin atributos, igualado bajo el principio de la sociedad de masas al mínimo común múltiplo, y condenado a sobrevivir materialmente limosneando de los escasos bienes necesarios para su reproducción biológica del único propietario – el Estado – y sometido al partido, al grupo y/o al tirano que reúne y dispone de todos sus poderes. Incluso el de vida o muerte. Empobrece e impera.

                Cada tirano, además, maquilla sus voraces ambiciones con el encanto y la seducción caros a sus sometidos. Y fortalece los lazos de dependencia con los mecanismos represivos de que dispone al libre arbitrio de su voluntad: el amedrentamiento, el miedo, el terror. Hasta configurar un sistema de interdependencias en que aparenta ser el dador de vida, así sea el principal sujeto de su aniquilación. Mediante los mecanismos de publicidad y propaganda de su vasto aparataje de manipulación que conforma la sociedad del espectáculo obtiene finalmente el más preciado de los botines: trastocar la mentira en verdad, el crimen en beneficio, la violación en amor. La injusticia en derecho y la muerte en nacimiento.

                Todos esos principio de las tiranías en las sociedades de masas sometidas al cautiverio de la publicidad y el espectáculo – una terrorífica realidad descubierta ya a mediados del siglo XIX por Tocqueville, Kierkegaard y Donoso Cortés – han sido puestas en práctica por el teniente coronel Hugo Chávez siguiendo el guión del castrismo cubano y sus naturales dotes de entertainer. Que llegó al paroxismo de poner una paloma amaestrada en hombros del carnicero y a proclamar primer territorio libre de América al que fue desde un comienzo su primer campo de concentración masivo.

                Es el fascismo latinoamericano. Que en nuestro caso lleva 14 años desmontando toda institucionalidad, destruyendo toda economía, arrasando toda fuente de riqueza, liquidando la propiedad privada y sometiendo las conciencias a un sistemático lavado de cerebro, sirviéndose de la manipulación de la figura del Libertador, del falseamiento de nuestras tradiciones históricas y del endiosamiento del caudillo convertido en benefactor de aquellos a los que ha conformado con sobrevivir de las dispensas del Estado, reducido a la máxima pobreza.

                Ha dispuesto para ello de los mayores ingresos petroleros de nuestra historia, de la complicidad de las democracias regionales y de la pusilanimidad de una élite extraviada en el laberinto de sus miserias. Sin olvidar la prostituida disposición de empresarios, políticos, jueces y soldados a dejarse corromper por el incalculable poder del dinero.

                ¿Cómo si no explicarse que a pesar de tan flagrantes y dolorosas evidencias la mitad del país se niegue a despertar y navegue en la ominosa entrega a la menesterosidad de un populismo ruin y vergonzante?

3

                A una semana de la más crucial de las decisiones, tal vez sea indiscreto e inoportuno mencionar la gravedad del daño y la profundidad del mal que ha causado la tiranía chavista en la conciencia y en la moral de la ingenua Venezuela del siglo XXI. Pero no hacerlo sería traicionar el imperativo categórico de nuestra obligación intelectual. Poner el dedo en la llaga.

                ¿Sabe el votante que se niega a reconocer el daño que su candidato le ha infringido a su Patria la dimensión incalculable del error que comete? ¿Sabe la naturaleza del crimen de lesa Patria del que se hace cómplice respaldando a quien no ha titubeado en entregar nuestra soberanía, envilecer las instituciones y destruir la tesitura moral de nuestros jueces y soldados con el único propósito de adueñarse del país y hundirlo en la ignominia?

                Sería irresponsable, en esta hora de la verdad, ocultar la honda preocupación que nos causa ver la persistencia del empeño de la tiranía en arruinarnos y la liviandad de espíritu y la debilidad moral – por decir lo menos – de quienes se prestan gozosos a tan infausto propósito. Pero también sería irresponsable no llamar la atención a todos quienes apoyamos la candidatura de la honradez, la moralidad y el progreso sobre el grave presente que vivimos.

                Asumir la conducción del país en estas lamentables condiciones de inestabilidad, inseguridad y delirio demuestra un coraje y una decisión envidiables. Venezuela está al borde de la bancarrota y la quiebra moral. Henrique Capriles ha demostrado el temple, la serenidad y la valentía que el momento exige. Su campaña ha sido un verdadero prodigio de despliegue, lucidez y vitalidad. Y el tino con el que ha sabido comportarse y evadir las trampas y celadas que el tirano ha puesto en su camino demuestra que está preparado para sortear las terribles e inevitables acechanzas que nos esperan. El futuro, con esta carga de pasivos y el rencor armado de los derrotados no presagia miel sobre hojuelas.

                Pero es de esencial necesidad que todos comprendamos que esta cruzada no es asunto de un hombre, de una generación ni de un grupo, no es tarea de partidos ni de cenáculos, de ambiciones corporativas ni aspiraciones empresariales. Es un asunto colectivo, nacional, que requiere de nuestra inmensa generosidad, en el que nos va la vida de nuestra República y en cuya resolución debemos participar todos: jóvenes y viejos, hombres y mujeres, ricos y pobres. Sin distinción de razas ni colores, de izquierdas ni de derechas. Todos somos necesarios. Nadie está demás. Miremos hacia el futuro.

                La Patria está gravemente enferma. Requiere del concurso de toda nuestra gente, de toda nuestra experiencia y de toda nuestra calidad humana. Es la magna empresa de nuestras vidas. Impedir que naufrague en las fauces de un delirante o se extravíe en la veleidad de nuestras mezquindades es el objetivo que debemos perseguir sin descanso. El próximo domingo pasaremos la prueba más trascendental de nuestra historia. Sepamos honrarla.

Consultar el archivo de artículos del autor

¿Cuarto desgobierno?

   Fernando Luis Egaña

 El señor Chávez quiere embarcar a los venezolanos en un cuarto desgobierno suyo. Ningún país merece tanto ensañamiento y por eso las perspectivas del cambio democrático se han acuerpado con mucha fuerza ante la hegemonía continuista.

Nunca como ahora se habían reunido tantas condiciones favorables de cara a una contienda presidencial, a pesar, desde luego, del brutal ventajismo electoral, sin duda que inaceptable en cualquier sistema político que en verdad garantice elecciones limpias, justas y libres.

La mera pretensión de quedarse 6 años más para tratar de completar la bicoca de 20 años en el poder, es una señal dramática del barranco político por donde ha ido rodando Venezuela en los últimos años. El régimen bolivarista, hay que reconocerlo, ha sido eficaz para desvirtuar conceptos esenciales de la cultura democrática, y uno de ellos es la alternancia de los gobernantes.

El señor Chávez lleva ya tres desgobiernos seguidos: el primero, de 1999 al 2001, el segundo de 2001 al 2007, el tercero de 2007 hacia el 2013, y el ansiado cuarto sería a partir de entonces. En esos largos años por Colombia han pasado 3 presidentes: Pastrana, Uribe y Santos. Por Brasil otros 3: Cardoso, Da Silva y Rousseff. México tendría 4: Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto que se posesionará este año. Y hasta Cuba ha tenido 2 hermanados jefes de Estado: Fidel y Raúl.

Pero nada, los fanáticos del mandonero rojo, y en especial los “intelectuales” que le rinden culto, tienen por consigna: “hasta el 2000 siempre”. Es decir, la muy “democrática” noción de que se debe mandar hasta que el cuerpo aguante. La Venezuela de la decadencia que memoriara José Rafael Pocaterra, se quedaría pasmada ante las realidades de la satrapía imperante en el siglo XXI.

Pero la saña que supone aspirar a un cuarto desgobierno, no sólo se deriva del prolongado continuismo, sino sobre todo de sus resultados destructivos para el Estado y la nación venezolana. Baste constatar nuestra adquirida condición de país con los mayores índices de violencia criminal del mundo, para rendir suficiente cuenta al respecto.

Ahora somos más dependientes del petróleo y más dependientes del estatismo, lo que significa que lejos de empoderarnos nos hemos debilitado de forma acelerada.

Y ni hablar de la devastación productiva, o de la sacralización del clientelismo generalizado –tan denunciada desde la izquierda ortodoxa y honrada, por el indomable Domingo Alberto Rangel–, o de la “narco-institucionalidad”, o del deterioro creciente de los servicios públicos, o del agravamiento de casi todos los males tradicionales y el advenimiento de numerosos males endógenos a la llamada “revolución”.

Y lo más gravoso no sería todo eso. No. Sería lo que vendría en un cuarto desgobierno consecutivo del señor Chávez. En verdad, la crisis que asolaría a Venezuela tendría de una dimensión existencial. No ya únicamente política, o económica, o de inseguridad o de cualquier otro ámbito específico, sino frontalmente corrosiva de la viabilidad de Venezuela como nación capaz de ofrecer un futuro humano a su pueblo.

Esa es la encrucijada que tenemos por delante el 7-0. O que el triunfo de Capriles Radonski sea el paso primario y también fundamental para superar la hegemonía, o que ésta se imponga y termine de malbaratar el potencial venezolano, y de paso conlleve a más violencia y despotismo. No puede haber indecisión que valga ante semejante responsabilidad.

flegana@gmail.com

Consulte el archivo de artículos del autor

Capriles hablará por millones

 Alberto Franceschi

Solo la avalancha hará que Chávez reconozca  el  triunfo de Capriles.  Por esa hipótesis de cataclismo electoral  contra el régimen,  valdría la pena  soñar los pocos días  que queden  para  dar por enterrada esta malhadada revolución de pacotilla.

Si  no ocurre un claro triunfo que genere por lo menos 10-15 puntos de ventaja sobre los rojos, aquí puede haber  líos y graves,  porque las “victorias pírricas “ constituyen una tentación demasiado grande para desconocerlas,  por parte del déspota, sobre todo sabiendo que el árbitro es de su obediencia  pagada jugosamente con  fastuosas canonjías  que aspirarán conservar.

Hay  agudos observadores  a  quienes  ojalá no les haya fallado el olfato, que apuestan a que se estaría produciendo  un  mar de fondo,  una especie  de  sismo  grado 10,  que  no  solo genera  el  hundimiento  de  la  placa  tectónica  electoral  del gobierno,   sino el  levantamiento brusco  del  volcán  opositor, que  emergería  a la superficie,  dispuesto además a manifestarse y  prevalecer,  según entusiasmó Capriles, peleando en la calle la legitimidad de su  erupción  y  desafiando cualquier  intento de Chávez  de  pretender  desconocerlo.

Hechas estas abluciones, con mis mejores deseos,  que seguro  calmarán los ánimos de quienes  solo  aceptan el  incondicionalismo  y  el  aclamacionismo postrado de estos los últimos 10 años de  paciencia  de la MUD para “cohabitar”  con el régimen y  su CNE,  lo que  constituye  la norma opositora;  dejadme incursionar en los ásperos intersticios de la realidad post electoral,  a la que estaremos  condenados,  una vez que ya solamente se ha admitido como  conducente,  la batalla  en  el  exclusivo  terreno electoral,  que por supuesto  es  el escenario  más ventajoso, diseñado por  Chávez,  para  sostener esta máquina de moler  libertades  que  son las instituciones monocolores  del  estado chavista.

Si  la legitimidad de la victoria opositora es  perceptible  hasta para tarados, lo  único aconsejable es  hablarle con contundencia  y  prontitud al país entero,  que estará en vilo esperando  que el candidato se pronuncie.

Porque si en verdad ganamos por paliza, y el  gobierno  no  lo admite lo conveniente NO ES que todo  deba arriesgarse  en  una noche de fogatas.

Si  Chávez no reconoce el triunfo,  debe convocarse  por  el  candidato-presidente-electo  y  la MUD un gran PARO CÍVICO NACIONAL, que equivale a una Huelga General Política hasta ver reconocidos los resultados.

Si en verdad se produce  la  avalancha el  7-O,  de resultado indiscutible,  sobrarán  fuerzas  para generar esa  enorme  protesta cívica,  que termine poniendo  el problema en manos de las FFAA.

Si hubiera intencionalidad de fraude masivo  se abriría  un rápido proceso de descomposición interna allí  y  si  la  franja  de oficiales  superiores  reaccionara con espíritu de cuerpo  obedeciendo  al  usurpador,  en  otros días más se vendría  encima  la ruptura  de densos sectores de la oficialidad  media  con ellos,  porque  a pesar de la intoxicación  ideológica  castrista,  estas  FFAA  no  podrán  ser  inmunes  a  la fractura producida  por el reclamo nacional  multitudinario, que les pondrá  a escoger  entre el  respeto  a  la soberanía  del  voto popular  o convertirse  en  una  enorme  banda de esbirros  dispuestos  a matar a mucha  gente para sostener una impostura.

Si  Chávez  quiere  hacer trampa  y se anima a quererla  asumir  y  Capriles tiene la absoluta convicción  que ganó  y que puede demostrarlo,  la mejor arma es un lenguaje claro y contundente que  no  deje lugar a especulaciones  y  por supuesto  anule  la pretensión de Chávez,  de entrar en el  juego de desatar  violencias  que ya  quisiera  el  régimen,  para  disponer el  Estado de Sitio, el  Toque de Queda, el Plan Ávila   y la  subordinación  militar absoluta,  tras la acusación  que Capriles anda en un plan golpista, cuando lo único que debe  hacer  es  no convalidar  el  fraude.

La  más poderosa  arma  nuestra  contra el  fraude probable   es la claridad del mensaje  del candidato  y  su abierta negativa a reconocer  la  truculencia del  CNE-Chávez  si es que  quisieran  legitimar una estafa.

Rosales quedó políticamente achicharrado  y  electrocutó  a  la oposición   la noche del  6 D. 2006,  en  “La Esmeralda”,  cuando se le ocurrió  el  soberano  disparate,  con Teodoro a su lado, de andar admitiendo  derrotas  a  los minutos  del  boletín del CNE y nunca se borró la impresión que le habían forzado a aflojar tan rápido y  convenientemente la  lengua. De nada le sirvieron sus aclaratorias.  A  él como a otros  se los come vivos la soledad del exilio y el ostracismo.

La poderosa  arma de Capriles es  la certeza de saber que dependiendo  de  lo  que diga,  hará que  estalle la luz.

Y si Chávez de verdad  gana entonces  se admite. Pero si el déspota pierde y  pretende seguir  en el poder espurio,  Capriles  tendrá  oportunidades que no se repetirán en lo que le resta de vida,  no solo para hablar sino para  dirigir  la  obligada revancha,  sea  electoral  o  de  otra naturaleza.

Consulte el archivo de artículos del autor

Neoliberalismo, chavismo y sentido común

Trino Márquez

El chavismo desarrolló una extravagante teoría económica: todas las políticas económicas recomendadas por el sentido común, la sensatez y la experiencia internacional son neoliberales, en consecuencia, dañinas para el pueblo. En cambio, resultan beneficiosos todos los disparates comunistas, que han demostrado a lo largo de la historia provocar estragos en los países donde se han aplicado.

De acuerdo con el oficialismo, el programa económico del candidato de la unidad es “neoliberal”, con lo cual demuestran que no tienen idea de lo que tal calificativo significa. Según esta torpe visión, esas líneas encarnan el demonio y trazan la ruta  del retorno y la revancha de la burguesía. La ignorancia y el dogmatismo, generalmente en yunta indisoluble, se combinan en dosis equivalentes.

Lo que plantea el programa unitario es de lo más juicioso. Las medidas las sugiere la propia constatación del desastre que se observa: recuperar los equilibrios macroeconómicos, resguardar la autonomía del Banco Central para impedir la emisión de dinero inorgánico, sanear las finanzas públicas -empezando por las empresas del Estado-, rescatar PDVSA, reestructurar -hasta donde sea posible- las empresas de Guayana, instrumentar un audaz plan de empleo productivo, disminuir la inflación apalancándose en el incremento de la competencia, la producción y la productividad, desmontar progresivamente el amplio y rígido sistema de controles diseñado por el régimen, aplicar políticas de inclusión social universales con el fin de distribuir la riqueza producida, y no solo los ingresos petroleros, invertir en la formación de capital humano                      -especialmente educación, salud, ciencia y tecnología-, elaborar presupuestos nacionales equilibrados con el objetivo de evitar el déficit fiscal, establecer una alianza estrecha con el sector privado nacional y foráneo, respetar los derechos de propiedad y establecer un Estado de Derecho que evite la discrecionalidad y los sobresaltos de los inversionistas, retornar a sus legítimos dueños los bienes expropiados -luego de los trámites pertinentes-, multiplicar la inversión en infraestructura.

Iniciativas obvias como estas –instrumentadas con enorme éxito en numerosas naciones- son descalificadas y satanizadas como “neoliberales” por la  ignorancia y la sandez del chavismo.  Una de las razones por las cuales la mayoría de los países de América Latina no han sido arrastrados por la crisis que estremece a Europa reside, precisamente, en que aplicaron ese tipo de medidas desde hace más de dos décadas. Construyeron una plataforma que permitió un crecimiento sano de la economía,  con inclusión y equidad social.

La propuesta chavista aparece en la contraportada: más estatización, más ataques a la propiedad privada, más expropiaciones, confiscaciones y despojo de los activos del país para trasladarlos a manos de la burocracia indolente, inepta y corrupta que arruinó a la nación,  mayores controles de todo tipo, inflación más acelerada y más desempleo e informalidad. Persistir con el clima  hostil hacia los inversionistas nacionales y extranjeros, y continuar envileciendo a PDVSA y al complejo de Guayana.

La oferta del teniente coronel se resume en incrementar en escala ampliada la teoría y la práctica del comunismo del siglo XXI: intervencionismo, planificación central, lucha de clases, confrontación entre el capital y el trabajo, discrecionalidad y abuso de los funcionarios, leyes arbitrarias. Chávez  promete perseverar en el error,  subrayar los factores que han impedido que Venezuela aproveche la inmensa riqueza que el petróleo le proporcionó al país en los últimos catorce años. Ofrece continuar por el derrotero que Cuba emprendió a comienzo de los años 60,  y que la condujo a la debacle.

El 7-0 se enfrentarán el sentido común del progresismo y la irresponsabilidad dogmática del comunismo. Será la confrontación entre una manera realista y pragmática de entender el funcionamiento de la economía en el mundo globalizado e interdependiente actual, y una visión anacrónica, perjudicial, anclada en el pensamiento de Marx, Lenin, Stalin, Mao y Castro.  Para comprender lo que esto significa, vasta recordar lo ocurrido en la Rusia soviética, en la China anterior a las reformas de Deng Xiao Ping, y lo que sucede en la isla antillana, arruinada a pesar del subsidio que Chávez le proporciona.

De nuevo el chavismo demuestra que el sentido común en ellos es el menos común de los sentidos. El 7-0, frente a la demencia, comunista, los venezolanos optaremos por la cordura progresista.  ¡Hay un camino!

         @tmarquezc

El tesoro de Hugo Chávez

 

 Antonio Sánchez García

 

                La sacrílega voracidad por el oro es vieja como la historia del hombre. Ha causado asesinatos, fratricidios, genocidios, guerras mundiales. Inspirado poemas, sagas, novelas, películas, telenovelas. Nada ni nadie parece resistirse a la fatal atracción que ejerce sobre las primarias ambiciones del hombre. El tesoro oculto y su búsqueda forman parte de la educación imaginaria de la humanidad. Enriquecerse sin pasar por home. De una y para siempre. Ejércitos, filibusteros, piratas, conquistadores, facinerosos de toda laya y condición han dejado sus esqueletos en las cavernas en donde monstruos de mil cabezas resguardaban los lingotes del poderoso. La historia de la conquista es impensable sin el trono de oro del rey del Perú ni el cuarto lleno hasta su techumbre de máscaras, joyas, vasijas, animalitos y toda suerte de orfebrería de oro de Moctezuma, el taciturno. Al verlo, Cortés enloqueció. Carlos V terminaría finalmente por reconocer su talento y su audacia al recibir presente tan magnífico, con el que seguir financiando sus ambiciones imperiales.

 

                Venezuela y Colombia quedarían grabados en el imaginario europeo a través de la leyenda de El Dorado. No pasó de leyenda. Los conquistadores tendrían que esperar cinco siglos para venir a descubrir que el dorado era negro y bituminoso y antes de ponerle la mano tuvieron que aceptar el cambio de los tiempos. Llamado con razón “el oro negro”, el petróleo vino a dar razón de la leyenda. Sería la fuente de un reparto tan arbitrario y fastuoso como el de Cortés entre sus mesnadas y haría posible la resurrección del mito de Salomón en un deshilachado teniente coronel que los trocó en dólares y lingotes, repartiéndolo a manos llenas. Entre sus amigotes castristas, la pandilla de asaltantes que han comido durante 14 años de la mano del barinés generoso. Y del sistemático empobrecimiento de sus legítimos propietarios, nosotros, los venezolanos.

 

                Indignado por el espíritu previsor de sus antecesores, que lo dejaron quieto en las arcas de Inglaterra, impuso su regreso. Salvo algún opositor, ninguno de los diputados de su partido se inquietó. Muchísimo menos un tal Chávez, el santón que resguarda la moral opositora desde la AN. Tampoco han dicho palabra ahora, cuando siguiendo el mal ejemplo de los republicanos, que a punto de perder la guerra civil enviaron el oro español a Moscú, el tirano ha hecho desaparecer seis toneladas de oro de nuestras reservas internacionales. ¿Dónde fueron a parar? ¿Quién cargó los lingotes? ¿Lo hicieron desparecer en las tinieblas de la noche o a plena luz del día? ¿Está en La Habana, en Pekín, en Rusia o en algún banco especializado en negocios turbios? ¿Ha servido al financiamiento de la campaña más ilusoria e inútil de la historia, filtrada con gordas comisiones en los voraces bolsillos de los izarritas, maduros y rodríguez de la banda?

 

                Saqueo de tamaña magnitud, ¿pasará por debajo de la mesa? ¿Puede Hugo Chávez rasparse seis toneladas de oro sin que nadie diga esta boca es mía? ¿Permitiremos ese robo descomunal, que viene a ponerle un colofón a los billones de dólares devorados por las fauces de la corrupción y el despilfarro del régimen? Se entiende que un hambriento se robe una gallina, Chávez dixit. ¿Pero chorearse seis toneladas de oro puede ser justificada por alguna hambruna sideral que no sea la de la ambición de Poder y dinero de este régimen escabroso?

 

                Justicia. Es lo que los venezolanos decentes – que no son todos, según veremos el próximo 7 de octubre – reclaman. Llegó la hora de satisfacer la única hambruna que nos devora: el hambre y la sed de justicia.

 

Consultar el archivo de artículos del autor

¿España desmembrándose?

  Aníbal Romero

El renovado vigor del independentismo catalán coloca a España y Europa ante serios dilemas. Es posible que esta misma semana el parlamento catalán se pronuncie a favor de un Estado propio; por su parte, el líder del partido socialista español ha declarado que favorece un cambio constitucional y un Estado federal, en tanto que un destacado dirigente empresarial denuncia ese rumbo como una “barbaridad” para el progreso del país.

La crisis del proyecto europeo suscita agudas paradojas. Se pretendía que la Unión Europea iba a significar una reducción de los ímpetus del nacionalismo, y que el proceso avanzaría hacia una especie de supra-Estado gobernado desde un centro ubicado en las instituciones comunitarias de Bruselas y Luxemburgo, orientando a las partes en armonía.

La utopía europea pareció marchar bien mientras perduraron tiempos de prosperidad, pero el caos financiero, que se traduce en inmensas deudas de los Estados y en la asfixia de unos bancos privados y públicos también insolventes, está generando todo lo contrario de lo que el sueño vislumbraba. En lugar de propiciar la unidad, el ambicioso empeño de unas élites que siempre han desdeñado la legitimación democrática de su proyecto de poder y han avanzado sin consultar adecuadamente a sus electorados, se transforma en pesadilla. Para las élites europeas la solicitud catalana a favor de sus derechos democráticos es un pecado contra el “proyecto”.

Las fuerzas centrífugas del nacionalismo, inevitables en sociedades históricas con tradiciones y valores hondamente arraigados en la conciencia colectiva, renacen con fuerza frente a los retos de la decadencia. En el caso español, a los dilemas políticos y económicos que plantea un separatismo regional que ahora, como ocurre en Cataluña, se muestra energizado por un apoyo masivo, se añade el peso de las enseñanzas que en principio debería arrojar la historia no tan lejana.

Resultaría suicida olvidar el impacto que tuvo la voluntad soberana de regiones como Cataluña y el País Vasco, durante el tumultuoso y trágico período que condujo al establecimiento de la República y la Guerra Civil. Ya algunos oficiales del Ejército español han comenzado a alertar en tal sentido, pidiendo prudencia a los catalanes.

Los fantasmas del pasado se mezclan con las apremiantes realidades del presente para plantear a España y Europa desafíos ineludibles. No obstante, las élites del viejo continente se rehúsan a admitir la verdad y sólo procuran ganar tiempo, a la espera de algún milagro que permita la sobrevivencia de la utopía. Casi nadie, dentro y fuera de España, Italia, Portugal o Grecia se atreve a reconocer lo obvio: el Euro fue una idea mal concebida y peor implementada, y dentro de la estructura de una moneda única, países como los mencionados no tienen posibilidad de ser competitivos y recuperar su productividad. Les queda solamente caminar de crisis en crisis apostándole a una generosidad alemana que en cualquier momento se agota.

Topamos quizá con la más peligrosa paradoja de todas: La Unión Europea fue en buena medida creada para controlar a la poderosa Alemania dentro de un esquema supra-nacional. Sin embargo, la bancarrota financiera originada por Estados de bienestar impagables lleva a Europa a colocar sobre los hombros de los contribuyentes germanos el peso de la crisis. Estos últimos empiezan a entender que Alemania entró al Euro engañada por sus líderes, que prometieron que jamás lo que ahora pasa en efecto ocurriría. El nacionalismo alza la cabeza en Alemania con imprevisibles consecuencias.

Consulte el archivo de artículos del autor