¿Blindados contra el presidente saliente?

 

 Agustín Blanco Muñoz

¿Cuál es la repercusión de la tragedia de Amuay en el cuadro político electoral? ¿Se produce un posible daño en la candidatura presidencial del gobierno? Ante esta terrible muestra de incapacidad, ¿está la oposición más blindada,  firme y segura que el presidente saliente?

Para responder hay que comenzar por referir el tratamiento que se ha dado y se da a la tragedia Amuay que comienza en la primera hora del sábado 25/08.

En un inicio se dijo, en medio de la conmoción, que no era cuestión de enfrentarse para buscar culpables sino de unirse para actuar de manera solidaria con los afectados.

Ese  día  el gobierno estuvo representado en el lugar por el vicepresidente, el ministro de Energía y Minas y el gerente de Refinamiento de Amuay. Abundan los comentarios sobre la ausencia y paradero del golpista-presidente (GP).

Poco después del mediodía en un breve pase telefónico,  según unas fuentes desde Miraflores y según otras desde Cuba,  el GP manifiesta su pesar por el evento, decreta tres días de Duelo Nacional y ordena una investigación profunda “para determinar bien  las causas  y efectos, y  tomar las medidas que haya que tomar.” Llamó a seguir adelante para construir la patria buena.

En este primer momento, la consternación colectiva gira alrededor de la tragedia y sus alcances. Pero horas más tarde, comienzan las preguntas por las causas y se apunta hacia  el gobierno por lo ocurrido.

En lo específico se señala la falta de mantenimiento y el descuido que se materializa al no prestarle atención a un fuerte olor a gas muchas horas antes de la explosión.

El domingo 26, alrededor de las 4pm, 38 horas después de iniciado el evento, la señal de VTV muestra al GP  en la escena. Y de inmediato  lanza un ataque duro y  directo contra aquellos que han señalado que es tal la falta de mantenimiento en Amuay que ni siquiera se activó el mecanismo universal de alarma contemplado en todo sistema de seguridad.

El GP señaló que  cuando se produjo la explosión en la planta reinaba la normalidad y que no es verdad que haya habido en el lugar una fuga de gas por varios días.  Pero al mismo tiempo, dice:  “No se  descarta ninguna hipótesis por la explosión de Amuay”.

Es evidente que se intenta eludir la causa de la falta de mantenimiento por cuanto esto conlleva a un responsable directo: la administración de la industria que depende directamente del poder ejecutivo.

Y esto se conecta con la afirmación de que el “accidente” ocurre en medio de una total normalidad. Nada de extraño tendría entonces, que en la “profunda investigación” que se adelante surja un  plano causal que aluda a la “anormalidad”. Esto es,  una causa natural, política o del mundo de lo desconocido y misterioso.

En el campo de lo natural se podría echar mano, por ejemplo, de la chispa de un rayo. En lo político se aludiría al saboteo a la refinería de que hablaron Eva Golinger y James Petras, para sacar provecho político en la campaña electoral que se adelanta. Y  el campo de lo misterioso es uno de nunca acabar.

Y en este último se quiere colocar el asunto para evadir la responsabilidad sobre cuestiones que lucen evidentes. Por dónde se mire, el descuido o falta de mantenimiento está presente, aún en el escenario de un saboteo, porque no funcionaron los equipos de seguridad.

Y al echar a andar la anormalidad sobre lo normal, el GP comienza a tomar el protagonismo. Para él en este momento no hay nada que debatir hasta que se conozcan los resultados de la investigación y por consiguiente queda postergado también todo establecimiento de causas y responsabilidades. Y quien no se acoja a este dictamen pasa a forma parte de la legión de los majunches e irresponsables.

En este sentido el GP asume el mayor protagonismo desde su llegada. Y no se hace esperar la inyección de recursos, la trampa política y la inversión compradora de conciencia y tranquilidad,  para palear el desastre creado por la explosión.

De ese modo, en el corto y mediano plazo, la credibilidad y estabilidad del régimen se hace cada vez más liviana y llevadera. Y a la hora en la cual se detienen las llamas, definitivamente sobre el medio día del martes 28, el GP en cadena nacional, materialmente anuncia que el caso Amuay ya se inscribe en el capítulo de borrón y cuentas nuevas.

Es cuestión de días para borrar la imagen del Falcón en llamas. Y no extrañaría la aparición de escándalos que contribuyan al olvido  de la explosión Amuay. Mientras, el GP, candidato presidencial por cuarta vez, seguirá tomando el caso de la tragedia como escenario para poner de relieve su capacidad de gobernante magnanimo empeñado en el bienestar del colectivo.

Lo que en un comienzo aparecía como un posible obstáculo para el desarrollo de la campaña del GP, se volvió un escenario para el protagonismo-promoción. El régimen  mantiene su imagen y credibilidad porque no hay quien lleve el debate más allá de los límites y controles fijados por el mismo gobierno.

Las oposiciones quedan como entidades que cumplen tareas de observación de  mediana o escasa participación, cuya voz no incide para desviar los argumentos o tesis gubernamentales.

Hoy el GP está en el camino del ventajismo y haciendo campaña asido a todo el poder y recursos del Estado. Las oposiciones señalan que lo sacarán el 7-0 por la vía electoral, más allá de todo programa de fraude-trampa porque ya el GP, ante la fuerza y empuje de las oposiciones, acepta que es el Presidente Saliente. Esto corresponde a lo que se llamó en  elecciones pasadas ‘Estamos Blindados’.

Y así, en medio de una política opositora que juega a la superficialidad, el GP sigue avanzando a paso de destructor, con imagen de vencedor, completa y totalmente permitida por sus legitimadores histórico-electorales. ¡Qué historia amigos!

@ablancomunoz / abm333@gmail.com

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Esta función no debe continuar

 

  Fernando Luis Egaña

La metáfora fue acertada pero su mensaje, no. Porque la llamada “revolución bolivarista” sí es una “función”, en el sentido de representación simulada y habilidosa de la realidad, pero justamente por ello es que no debe continuar. Esta larga función, este tipo de gobernanza, esta satrapía, este despotismo manipulador y corrosivo, no debe seguir enseñoreado sobre el Estado y la sociedad venezolana.

Catorce años son más que suficientes para calibrar su naturaleza, su proceder y su alcance. Catorce años que han supuesto el colosal malbaratamiento de una época de vacas gordas, sin duda la más prolongada y auspiciosa del historial petrolero del país. Catorce años de promesas teatrales y disimulos escénicos, por lo general proyectados a través de una propaganda eficaz.

Y en no poca medida han sido catorce años, porque la hegemonía imperante todo lo calcula y condiciona para que la función continúe. Todo. Desde el despacho de los cuantiosos recursos presupuestarios hasta la definición de la legalidad emergente. Desde el manejo partisano de las fuerzas militares hasta el control creciente del espacio radio-televisivo. Desde el impulso al clientelismo socio-político hasta la depredación productiva de la economía en nombre de la ideología y la propaganda.

La prioridad es el continuismo. Así ha sido a lo largo de los tres gobiernos sucesivos del señor Chávez. Y así es en el presente. La formalidad del estado de derecho se mantiene para favorecer el continuismo. El sistema electoral se concibe y desenvuelve con ese mismo propósito. El enfrentamiento entre venezolanos se atiza para que engrase el continuismo.  Nada fuera del continuismo y todo en su función.

Y el continuismo del presente conllevaría a ensanchar y profundizar la crisis de viabilidad nacional que encara Venezuela. Y es que ya la cuestión  central de la crisis no es la política, o la economía, o los desafíos sociales, o cualquier aspecto problematizado de la realidad venezolana. El meollo de la cuestión es si Venezuela es o no una nación viable en términos de convivencia y desarrollo. Se trata, por tanto, de una crisis existencial que pone a prueba, y a prueba severa, la capacidad misma del país para ofrecer un porvenir humano a su pueblo.

De continuar esta función, se debería saber lo que nos espera. Lo inviable que se volvería la nación venezolana. Y de hecho, el que dos de cada tres jóvenes estén dispuestos a irse y establecerse en el exterior, es una evidencia contundente y catastrófica de esa pérdida de viabilidad. No sabemos a ciencia cierta, desde luego, si otra “función” pudiera atajar el agravamiento de la crisis y abrir caminos sólidos de buen futuro. Pero al menos permanece la esperanza de que así sea, y de que Venezuela reconstruya su viabilidad nacional.

La mayor parte de los venezolanos confía que ello ocurra. Quizá más ilusionados por la prédica publicitaria que por la valoración de las dificultades y oportunidades. Pero lo más importante, es que aumente la conciencia social sobre la necesidad de cambiar de “función”, y ello no sólo debe incluir al presidente y su gobierno, sino a la configuración del régimen político y su relación con la sociedad. Otra “función” venezolana en un sentido amplio y de perspectivas históricas.

En medio de la tragedia de Amuay, la previsible respuesta oficialista es que la función debe continuar… Y no. La respuesta razonable y necesaria no es ésa. Es exactamente la contraria. Esta función, este tipo de gobernanza, esta satrapía, este despotismo habilidoso y corrosivo, no debe continuar.

flegana@gmail.com

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La matanza de Hula

 Luis  DE LION

 

La matanza del pasado viernes en la ciudad de Hula, en la que perecieron 108 personas, entre ellos 49 niños y 34 mujeres, sirve para recordarnos que el régimen de Bashar al Asad si bien no ha perdido a todos sus aliados, al menos ha perdido toda medida, toda consideración y parece no tener límites.

Huir hacia delante es una práctica recurrente en el régimen de Bashar, táctica ésta que coloca a la comunidad internacional en una situación comprometida. Fue Damasco quien aceptó el plan de Annan y la mediación rusa, para luego seguir masacrando a su población en las narices de los observadores internacionales.

Mercantilista, militar y monárquico es el sistema de los Bashar. El padre Hafez en 1982 mató a 46.000 personas, su hijo va por 13.000, sin duda, una mórbida contabilidad familiar. Es por ello que un cambio, resulta complicado, casi imposible, en un país en el que no existe vida política. Ni acuerdo entre protagonistas, ni victoria militar, ni intervención de la comunidad internacional, es decir, las tres formas de resolución de conflictos no parecen adaptadas para el caso sirio.

Desde un punto de vista militar, aún con el visto bueno de Rusia a una resolución del Consejo de Seguridad, las fuerzas aliadas no están hoy en capacidad de hacerle la guerra a Siria, cuyo ejército sigue cohesionado, sin mayores deserciones, sin divisiones internas, ni religiosas, ni ideológicas y con una capacidad de fuego intacta.

Desde un punto de vista político, en la actualidad sobran los ejemplos (Afganistán, Irak, Libia) en los que ha quedado comprobado que la superioridad tecnológica-militar de occidente no se traduce necesariamente en superioridad política.

Bashar sabe que occidente está casi de manos atadas, y es por ello, que ha permitido la presencia internacional en su territorio, una representación anecdótica de 300 observadores, desarmados, sin misión precisa que no sea, simples actos de mediación local. Al tiempo que, el apoyo casi incondicional de Putin, se refuerza en el hecho que Rusia está de vuelta en la escena internacional y no quiere seguir viendo como sus aliados caen cual moscas, a manos de revoluciones que reciben un amplio y nada discreto apoyo exterior. Por si fuera poco, Moscú, sabe que si occidente ataca militarmente a Siria, es una manera de atacar a Irán, el otro aliado del Kremlin.

Mientras la opinión pública internacional observa las espantosas imágenes que por cuenta gotas llegan desde Siria, Bashar gana tiempo, y así tratar de aplastar de una vez por todas, la rebelión.

La opción militar prácticamente descartada, el presidente Obama, en Camp David evocó ante Medvedev la “opción yemení” basada en la salida de Bashar del poder, manteniéndose lo esencial de su régimen. Es el proyecto que será presentado a Putin el 18 de junio próximo en la cumbre del G20 en México.

Un cambio de régimen, en la continuidad. En la espera, la masacre sigue su curso.

¿A quién acompaña UNASUR?

  Luis  DE LION

Esta semana, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) firmó con el CNE un acuerdo de acompañamiento internacional para la elección presidencial. Según las normas del CNE los acompañantes no podrán efectuar pronunciamientos sin autorización, se comprometen a garantizar la confidencialidad de sus informes y a entregarlos después del anuncio de resultados definitivos.

¿Quién es UNASUR? Los objetivos de dicha unión siempre han sido opacos. A diferencia de la OEA, organismo que Unasur quisiera suplantar, Unasur, no es el resultado de una verdadera discusión jurídico-política entre las naciones. La construcción de la OEA necesitó varias décadas de intensos trabajos y nueve conferencias panamericanas. La firma del tratado constitutivo de Unasur necesitó una corta reunión el 23 de mayo de 2008 en Brasilia.

Unasur fue erigido como instrumento de combate político, como un artefacto del llamado “socialismo del siglo XXI”, contra las democracias del continente. Los antecedentes de Unasur son muy precarios. Unasur fue creado a espaldas de las opiniones públicas y de la prensa internacional. Como desde el inicio se dejaba por fuera a la mitad del continente latinoamericano y tenía la obsesión de excluir, a como diera lugar, a los Estados Unidos, ese movimiento fue manejado discretamente, como un organismo que ocultaba sus reales propósitos. Unasur es el resultado, de un sectarismo y de un cálculo político solapado e intransigente, justificable únicamente desde la perspectiva utópica neo-marxista, contraria al ideal democrático.

Según el tratado de constitución de Unasur, la prioridad de ese organismo supranacional no es calmar tensiones y consolidar la democracia del continente. Dicho texto habla más bien del “diálogo político” como prioridad. En el artículo 3 del tratado constitutivo, que fija los “objetivos específicos” de Unasur, no aparece ni una sola vez la palabra democracia.

En lugar de registrar el criterio de que cada Estado deberá respetar la democracia representativa, el tratado constitutivo dice, por el contrario, que “cada Estado adquiere los compromisos según su realidad”. Es decir, su aplicación y defensa depende de terceros factores, como el de la curiosa “realidad” de cada Estado.

Los ejemplos de cómo Unasur ve la democracia y la adapta a la “realidad de cada Estado” son conocidos. Rafael Correa, Evo Morales y Hugo Chávez se han ampliamente ilustrado en ese aspecto. Desconocer resultados electorales que no le son favorables, encarcelar sindicalistas, instaurar la censura de prensa, disparar contra manifestantes desarmados, expropiar empresas extranjeras, llenar las cárceles de opositores y apoyar a las Farc.

Salvo error de mi parte, al escribir éstas líneas, me llamó la atención, no haber leído comunicado alguno por parte del liderazgo opositor pronunciándose respecto al acuerdo firmado entre el CNE y UNASUR. La imagen de Nicolás Maduro firmando en representación de UNASUR el acuerdo ante el CNE, más que escalofriante, es abiertamente provocadora.

luisdelion@gmail.com

@LDeLion

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La Densa Sensación De Naufragio

  Alberto  Franceschi  G.

 

 

 

 

Vivimos en  medio  de  una espesa  sensación  sobre que  algo importante  tendrá que suceder, para  vislumbrar  un cambio drástico en la situación política, institucional, social, militar, policial del  país. El Estado nacional, expresado en las instituciones  del  régimen y del  gobierno,  da la sensación de  estar naufragando. El  marasmo gana terreno,  la divisa americana dispara su valor especulativo en el  mercado paralelo, se vive  a la espera de grandes episodios,  así  sean  desgracias  y estas efectivamente  no  faltan.

Las elecciones dentro de contados días presagian que una inmensa mayoría quiere  mandar al cipote al déspota,  pero este se quedará  en la presidencia,  mientras tenga vida, si o si, por decisión o de una mayoría idiotizada, comprada, chantajeada  y  podemos contar  hasta la seducida por el encantador de serpientes que funge de primer mandatario, pero también puede  seguir en su presidencia vitalicia  por su manipulación manifiesta  de su  CNE,  dotado de la más sofisticada  maquinaria  ventajista  y  fraudulenta que se  haya conocido.

El candidato déspota quiere su  reelección,  haciendo tragar por anticipado que “el árbitro”, es decir sus conmilitones  de ese organismo, darán su veredicto sin apelación alguna,  en la noche del  7-O.

Casi que equipara  la  venta de su continuismo,  con la del enaltecimiento machacón del  famoso árbitro,  delatando que  serán  finalmente  estos  quienes lo harán presidente,  así  no tenga los votos  de mayoría.

El CNE chavista, además de sus atributos tecnológicos ponderados  por una legión de medios de comunicación, personajillos, charlatanes, políticos cómplices de la llamada oposición, gobiernos,  etc,  que reciben en pago grandes  sumas  o solicitados favores  del  gran mecenas petrolero venezolano, han sembrado en el mundo entero la  leyenda  que  Chávez , es  invencible y se reelegirá  otra  vez  legal y “legítimamente”  tras sus ya 14 largos años en el poder.

La sensación espesa,  como  la  del  fuete  olor a gas de la refinería de Amuay,   que se sentía dos días antes de la gran explosión,  nos hace percibir un país donde hace  pocos días,  se recibe la noticia que TODAS  las empresas  de industrias básicas están quebradas,  y cuyo  fabuloso mantenimiento  parasitario,  cuestan  al  contribuyente  el  abandono inmisericorde de la seguridad, salud,  educación,  vías carreteras  etc  y  se constata, sin consecuencia alguna,  que están siendo  saqueadas  por sus directivos  incompetentes y  ladrones  y  abandonadas a su suerte por la desidia general  de su personal,  que les hizo perder  hasta  tres cuartas partes de su potencial  y volumen de producción…

Ahora se sabe, gracias a los resquicios de libertad  informativa, defendidos  a dentelladas por  los medios independientes,  que la  principal de “nuestras” industrias, PDVSA,  ha  envenenado masivamente con derrames  de crudo,  a  ríos y  lagos y  deja explotar  por falta de mantenimiento  o  simple  brutalidad  y  crasa ineptitud  el  principal complejo refinador, causando 40 muertos y otro centenar  de quemados…

Supimos 3 días antes que  en una de las principales cárceles  se entremataron  decenas de presos (nadie sabe cuántos fueron) en una “riña” dirimida con armas de guerra y  hace pocas semana otra matanza en La Planta, y la noticia  que  aguas  con  eses  fecales  son bombeadas a nuestros acueductos como “potable”

¿Qué falta para determinar que este gobierno nos ha llevado a una cadena de calamidades, que quieren  disimular  en las cadenas  mediáticas repetitivas, fastidiosas, injuriantes, como fórmula milagrosa aconsejada por Fidel,  para mantener  la omnipresencia  de control  y  omnisciencia del dictador, generando  su  supuesto carácter  de ser  imprescindible  en  nuestra  vida cotidiana?

Nos enteramos  sin embargo que  se caen  los puentes sin mantenimiento ni  prevenciones,  como el  de  Cúpira, por hacerles  soportar 5 veces el peso que podían tolerar  y al colapsar aíslan a una miríada de ciudadanos,  arruinándoles  de  paso sus comunicaciones  físicas, familiares, laborales, comerciales etc.

¿Cómo no sentir que estamos en la inminencia de  episodios políticos inéditos de gran alcance y repercusión sobre años futuros,  si  ya se hizo habitual  ver  traer a las morgues un centenar de asesinados  cada  fin de semana,  rompiendo  records  de las tasas de criminalidad más altas del mundo, salvo la de países  que estén en medio de guerras civiles?

¿Es normal entonces  que discurran ante nuestros ojos  situaciones donde miembros uniformados de distintas policías se maten entre ellos a balazo limpio en medio de la calle?

¿Puede concebirse que hacer  los trámites  de un simple documento termine constándote  10, 15 ó 30 millones?

Y  pensar que todo descansa sobre una rebatiña,  que mientras dure deberá seguir sumándose  en la columna del  DEBE, porque  todo lo que hoy se despilfarra, habrá que pagarlo porque se regala endeudando  el país y  las generaciones por venir. Porque  si vas a los  mercados  del gobierno, te subsidian  hasta el  80% de la dieta popular de los productos básicos (cárnicos, lácteos y cereales)  importados… y  mientras tanto la deuda crece  al  punto que  ya economistas  muy serios la cuantifican en 220.000 millones de dólares. Y la sola PDVSA ya debe más que el valor  de todos sus activos..

La espesa sensación  es  sobre   inminencias  de cualquier tipo,  entre ellas  la de ver desnuda   ante nosotros,  la voluntad  de  fraude electoral  masivo del  gobierno y el PSUV,  o  la nueva capitulación en  grande de nuestro nuevo mesías  conciliador,  como aquel  que dijo  que perdía por una  “burusa”,  a la media hora de  conocer  los resultados manipulados  de forma  pestífera  por el CNE.

La  desestabilizante  sensación,   nos  viene  dada  por estar  hablando de una nación en manos de locos  enceguecidos  por  su  ideología  del  saqueo de burócratas,  prevaricadores,  abusadores y  mandones,  que hasta  tienen  el tupé de creerse  su propio cuento,  sobre que serían salvadores  del  país y no se rían… ser también “salvadores de la humanidad  toda”.

Para  serles sincero,  lo que menos soporto de los rojitos,  es ese maldito fariseísmo según el cual  se consideran  moralmente superiores,  cuando  son solo parte  de  la gentuza  que “se ha vivido” este país  hasta convertido,  al  igual que  el  paraíso castrista del que le mantenemos  dos millones de vagos del  Partido Cubano,  en  un cementerio de ilusiones  y de futuro…

…Aunque creo firmemente  que antes de cumplirse los peores vaticinios sobre llevarnos a un totalitarismo que se eternice, como el de la peste castrista,  vendrán tiempos de cólera y de redención.   Ello ocurrirá  en plazos  que no son los de Chávez,  o  los de los opositores ilusos,  ni menos los de los cínicos,  fanáticos de  los calendarios electorales del  régimen,  porque intuimos que éste  va al despeñadero,  incluso causado desde  un  evento lectoral como el del  7-O,  pero del  que nadie, en su sano juicio,  puede creer que  nos  depare   una  victoria reconocida por los rojos  y  se inaugure entonces  con ellos  una quimérica  alternancia en el poder.

El  “corazón de mi patria” está  lleno de odios y  generó  tantas divisiones y factores de crisis que no tienen más alternativa  que  explotar como Amuay.  Lo que viene luego es para bomberos políticos de alto calibre.

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Omar Vizquel y Carl Yastrzemski

José Alberto Medina Molero

“Adoro el Fenway, cuando uno va al estadio es como si fuese a casa”
CARL YASTRZEMSKI

Ahora parece que sí. A comienzos de Octubre se espera que Omar Vizquel diga adiós al deporte en el que ha brillado con luz propia y proverbial maestría. Se aproxima el día de la despedida como toda una superestrella de las mayores.
Al momento de escribir esta nota Omar lleva en sus registros de imparables de por vida un total de 2869 hits, cifra con la que se ubica en la casilla 42 de todos los tiempos, a unos cuatro indiscutibles del inmortal Babe Ruth, pero ello no es todo para el insigne caraqueño que al campo ha conquistado 11 guantes de oro (9 en la Americana y dos en la Nacional) , en el renglón de sencillos conectados Vizquel ha arribado a la cantidad de 2259 , con lo que se ubica aún más arriba en el registro vitalicio (casilla 17) a sólo tres de otra leyenda del béisbol, Carl Yaztrzemski. Éste LF, amo y señor del “monstruo verde”, arrancó en las mayores , en Abril de 1961, para sustituir a otra figura de primer orden, nada más y nada menos que a Ted Williams, el último hombre en superar la barda de los 400 de promedio de bateo en la gran carpa. Por esas cosas del béisbol (de los “duendes”, diría Marí Montes) se recuerda mucho el juego de despedida de Williams (28 de Septiembre de 1960) , en el que largó el último de sus 521 jonrones: un estacazo en el octavo inning contra el pitcher de Baltimore, JackFischer .¡ Que mejor manera de despedirse tuvo el considerado mejor bateador de la pelota!
Cuando el juego de despedida alcanzó a Yaztrzemski, un 2 de Octubre de 1983, unas 33.491 almas fueron a rendirle merecido tributo al hombre que en 1967 se había convertido en uno ( y el último hasta el momento) de los triple coronados ofensivos del béisbol. Fue un juego, contra Cleveland, en el que el legendario “Yaz” se fue de 3-1, y el venezolano Antonio Armas fue cuarto bate y jardinero central de los patirojos. Carl, a diferencia de otros peloteros reconoció no haberse divertido con el béisbol, para él era algo serio, demasiado serio: “ “Creo que en el béisbol cuando me levanto por la mañana. Pienso en ello todo el día, y sueño con él en la noche. La única vez que no pienso en ello es cuando estoy jugando”. Un cronista de la época supo describir con límpida elegancia lo que observó en ese juego final de la figura de Boston: “mi papá y yo nos sentamos hasta 10 filas desde el banquillo los Medias Rojas, y procedimos a observar al legendario Carl Yastrzemski desplazarse por el Fenway Park por última vez, frente a un lleno completo… mientras lo hacía, se acercó a los aficionados cuanto podía y extendió su brazo y tocó tantas manos como pudo. Fue emocionante para mí porque lo vi jugar durante toda mi vida. Pero como dicen …. “Todas las cosas buenas deben llegar a su fin”. El gran Carl dijo al finalizar el encuentro: “quería mostrar a esta gente que en el fondo, yo estaba emocionada por todo ese tiempo”
Todos los venezolanos esperamos, por todo lo que ha significado Omar para el beisbol en calidad decencia y gracia, un gran partido de despedida para él. Tan memorable y luminoso, como el que en su oportunidad tuvieron esas inmensas glorias del béisbol y que aguardan a Vizquel en los sagrados y honrosos nichos de Cooperstown.
Ese partido de despedida para el gran Omar podría ser el martes 2 ó el miércoles 3 de Octubre, en Toronto, frente a los Mellizos de Minnesota.
Quieran “los dioses del béisbol” que así sea.

Jamedina11@gmail.com

Santos negociará con el narco-comunismo. ¿Es ello posible?

   Eduardo Mackenzie

La decisión del presidente Juan Manuel Santos de abrir “negociaciones de paz” con las Farc, tras un periodo de “contactos” secretos con la banda terrorista, en Cuba y otros países, como él y un vocero de las Farc acaban de admitirlo públicamente, es el resultado de una acumulación de problemas irresueltos del Gobierno colombiano.

Ese anuncio sobreviene tras el desplome de la popularidad del jefe de Estado colombiano y en medio de la mayor crisis de seguridad que vive el país. El aspecto más visible de esa crisis, pero no el único, son los episodios recientes de terror continuado en cuatro departamentos del sur de Colombia, un grave atentado en Bogotá contra un ex ministro y periodista, Fernando Londoño Hoyos, la nueva ola de ataques a poblaciones y de destrucciones de infraestructuras eléctricas y las asonadas indígenas del Cauca que pretendían beneficiar a las Farc sacando la fuerza pública de corredores estratégicos para la seguridad nacional.

Para resumir, el plan de Santos de “dialogar” con las Farc no emerge en el mejor momento de su mandato, sino en una fase de declive en el que no se destaca ningún avance político, social y militar del Estado colombiano en su lucha histórica contra la subversión narco-comunista. Es el resultado, por el contrario, de la nueva relación de fuerzas impuesta por ésta al Estado colombiano.

Es también la consecuencia de un mejoramiento de la posición de las Farc en el escenario internacional. Las Farc han consolidado sus bastiones en Cuba, Venezuela y Ecuador y cuentan con redes de simpatizantes en cada país del hemisferio, incluido los Estados Unidos. La acción diplomática colombiana frente a esa amenaza ha sido inexistente.

Quiéranlo o no los publicistas del palacio de Nariño, esa es la base política objetiva sobre la cual comenzará el nuevo intento de “diálogo” con las Farc. A esa desventaja estratégica se le suma otra: el error de Santos de aceptar el esquema predilecto del difunto Tirofijo de “negociar en medio del conflicto”. Ese esquema, en el que cada colombiano muerto o herido por las Farc pesa contra Colombia en la mesa de negociación, explica por qué las Farc se crecieron cada vez que el Estado colombiano dialogaba con ellas.

Desde ya se puede ver que ese proceso, como los anteriores, no va a ser fácil ni promisorio para la democracia colombiana, ni para la estabilidad del continente. Lo peor de todo es que esa concesión de Santos a las Farc le costará la vida a cientos de colombianos.

Las Farc de hoy tienen poco que ver con las Farc de 2010. Los ocho años de gobierno de Álvaro Uribe le impusieron a esas hordas una situación de desgaste, repliegue y aislamiento como nunca antes. Las Farc perdieron cerca de 10 000 combatientes, entre bajas, heridos, capturas, extradiciones y, sobre todo, deserciones. Uribe había logrado la desmovilización de 52 000 hombres y mujeres en armas (35 000 paramilitares y 17 000 guerrilleros). La fuerza pública había sido capaz de expulsar a las Farc de vastos territorios, eliminar y encarcelar una parte de su liderazgo, confundir y humillar a los jefes restantes, obligarlos a refugiarse en Venezuela y Ecuador. En numerosos combates, sobre todo con las operaciones Fénix y Jaque, que el mundo entero admiró, el Ejército y la Policía colombianos demostraron que las Farc ya no podían estar seguras en ninguna parte. Y el optimismo volvió a renacer en el corazón de los colombianos.

Empero, en sólo dos años de gobierno de Santos esas conquistas se perdieron. El desmonte de la seguridad democrática, la tolerancia del Ejecutivo ante los desmanes del poder judicial y la agravación de la guerra jurídica contra las Fuerzas Armadas, paralizaron a la fuerza pública, la confinaron a acciones defensivas, y le permitió a las Farc volver a sus ofensivas, a ocupar territorios, a reactualizar sus redes locales e internacionales, a montar atentados hasta en Bogotá, a golpear las comunidades indígenas, a infiltrarse en los movimientos sociales, a reforzar su negocio de drogas, y a imponer en la prensa y en los media su mentira acerca de la “salida negociada del conflicto”.

Ahora sabemos que las Farc dialogaban en secreto con emisarios de Santos mientras secuestraban, sembraban minas, reclutaban niños, atentaban contra la población civil y exportaban drogas.

¿Qué va a negociar Santos en esas condiciones? ¿Qué les puede proponer, por ejemplo, acerca de sus cultivos y tráficos de droga? ¿Un statu quo?

¿Hasta qué punto es posible seguir llamando hoy a eso “negociaciones de paz”? Diseñada por alguien para embellecer un acto que era y que se confirmó nefasto para Colombia, esa fórmula caducó desde el fracaso de las reuniones de tres años en el Caguán. Lo que el presidente Santos se propone ahora tiene más el aspecto de otra cosa. Habría que abrir un concurso para determinar cuál es la definición más exacta del proceso que Santos nos promete.

Pues lo que se abre no será una negociación de paz. Con las Farc eso es imposible. Lo muestra la experiencia de los últimos 50 años. En el bagaje intelectual de esa organización no existe la noción de intercambio, de negociación, de transacción leal. Como movimiento totalitario, las Farc sólo quieren el poder y todo el poder. En ese sentido nada tienen que ofrecerles a los colombianos, salvo el caos, la destrucción de la economía de mercado, de la propiedad, de la religión, de las tradiciones, la abolición de la democracia y la esclavización de todos, como ocurre en Cuba y Corea del Norte.

A pesar del respaldo de algunos voceros de la comunidad internacional, el ambiente externo tampoco es bueno para esas “negociaciones”. Si Chávez es derrotado el 7 de octubre próximo, y si Cuba no gana su intento de aplastar en sangre la revuelta ciudadana, los jefes de las Farc perderán sus guaridas. Si Chávez gana la elección, los problemas y la cólera de los venezolanos aumentarán. Con un Mitt Romney en la Casa Blanca, Washington podría abandonar el neutralismo de Obama respecto del chavismo y la suerte cambiará para los pueblos que padecen hoy el autoritarismo de los regímenes de izquierda. Es posible que las “negociaciones” con las Farc hagan aún más impopular a Santos y le cierren toda posibilidad de ser reelegido.

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La Tierra Estéril

  Aníbal Romero

Todavía cabe preguntarse: ¿Qué llevó a Hugo Chávez, quien llegó al poder inicialmente en medio del miope entusiasmo de tantos, a sembrar a Venezuela de dolor, miedo y desencanto? ¿Qué recónditos abismos del alma le condujeron a colocar los intereses y recursos del país al servicio del despotismo castrista, vinculando nuestro destino al de la más patente desilusión en la historia moderna de América Latina, es decir, la Revolución Cubana? ¿Qué hizo que un Ejército, el venezolano, que se preciaba de autoproclamarse “forjador de libertades”, haya permitido su subordinación a Cuba, comprometiendo nuestra soberanía de manera tan abyecta e imperdonable?
Si bien es cierto que el fracaso del experimento chavista se hace más evidente, no comparto las opiniones de cada día mayor número de comentaristas que en vista de la decadencia de la revolución, empiezan a interpretar a Chávez y su paso destructivo por la historia como una especie de aberración, como algo extraño a nuestras verdaderas condiciones y aspiraciones como pueblo.
Lo realmente distinto no ha sido Chávez sino los cuarenta años previos de República Civil, a pesar de sus fallas y limitaciones. Para que un Chávez, que sólo deja atrás “un montón de imágenes rotas” –como expresa un verso de T. S. Eliot en su portentoso poema “La tierra estéril”– para que un Chávez, repito, haya sido posible, se requirió una sociedad, o buena parte de ella, dispuesta a dejarse enceguecer por un caudillo militar, autoritario e improvisado, armado solamente en el plano de las ideas por el mesianismo bolivariano.
Chávez no ha sido un azar, sino un fenómeno hondamente enraizado en las palpitaciones colectivas de un pueblo y sus llamadas “élites”, cuya única conexión con el pasado se basa en la exaltación de una epopeya mal explicada y aún peor comprendida e interpretada, y en la desproporcionada idealización de una figura histórica, la de Simón Bolívar, que ha sido transformada en mucho más que un símbolo de unidad para fungir como clave de todo lo que somos y demiurgo de nuestro porvenir.
¿Cuántos potenciales caudillos, a la manera de Chávez, se encuentran aún en el seno de nuestro estamento militar, estamento al que décadas de adoctrinamiento han convencido que ellos son los “salvadores de la Patria” y “herederos de Bolívar”, y a quienes de paso han sometido a catorce años de ideología marxista en los institutos educativos de la FAN?
El mesianismo que tanto daño hace a nuestra existencia política no se reduce al ámbito castrense. Hay que recordar el tránsito de la política exterior venezolana bajo los gobiernos democráticos, y nuestra recurrente tendencia a creernos un gran poder, con pretensiones de cambiar el mundo a nuestra imagen, de establecer la “justicia social internacional”, un “nuevo orden económico mundial” y un “mundo multipolar”. En tal sentido, en lo que se refiere a la presunción de sus objetivos y desequilibrio de sus ambiciones, los disparates de Chávez en materia de política exterior forman parte de una tradición también profundamente ligada al pálpito mesiánico de nuestra vida colectiva.
Se habla de que ahora hay un camino. Todo indica que el candidato democrático ofrece una esperanza diferente. Una férrea modestia anima su discurso, una fuerza tranquila, de la que habló una vez Mitterrand en Francia, impulsa sus esfuerzos. Se trata de algo nuevo en un escenario acostumbrado a la altisonancia vacía, a la arrogancia inútil, a la gesticulación agobiante. Una nueva Venezuela requerirá de muchos cambios, pero ciertamente no necesita otro mesías.

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El Espectáculo Debe Continuar

Amuay no fue un espectáculo. Debiera ser la gota que colma el vaso. Para cerrar de una vez por todas el ciclo más luctuoso, más humillante y más degradado de nuestra historia.

Antonio Sánchez García

1

                Pecado y penitencia. Hace más de 10 años, en los albores de esta pesadilla, escribí un ensayo llamado LA POLÍTICA COMO ESPECTÁCULO. Lo incluí en el libro que entonces publicara, sin pena ni gloria – el país no tenía ni interés ni deseos de mirarse en el espejo de sus tenebrosas verdades – y que planteaba ya en su título la encrucijada en que, ignorantes y contentos – como suele suceder con las tragedias – chapoteábamos inconscientes: DICTADURA O DEMOCRACIA, VENEZUELA EN LA ENCRUCIJADA.[i]

                Sería injusto decir que el esfuerzo fue inútil. A pesar de los pesares, amigos a los que admiro y respeto lo citan y lo mencionan cuando de llegar al fondo de nuestras desdichas se trata. Pues en cuanto al resto de la clase política en que la democracia viniera a refugiarse y en donde ni eran todos los que estaban ni estaban todos los que eran,  la sola mención de la palabra dictadura asociada al teniente coronel y a sus mesnadas provocaba una indignación de vestales ofendidas.

                ¿Cómo considerar dictatorial a un teniente coronel que no sólo se medía en procesos electorales sino que arrasaba en todos ellos, pues contaba con el respaldo de la inmensa mayoría nacional? Pecado y penitencia. Pues más allá incluso de la ingenua casuística de la legitimidad de origen y la legitimidad de desempeño – los hermanos Marx de nuestras angustias – con que los burócratas de la OEA se lavan sus conciencias, lo cierto es que un elemental repaso a la filosofía política, de Sócrates a Thomas Hobbes y de Carl Schmitt a Leo Strauss ilumina la oscuridad de un hecho aterrador que ni un siglo de democratismo totalitario ha logrado desvelar: democracia y dictadura no son tan ajenos el uno del otro, como quisiera el Sr. Insulza. Suelen encontrar el perfecto maridaje cuando aparece un payaso capaz de soliviantar las glándulas reproductoras de la ciudadanía, convirtiendo la Polis en un escenario y el Estado en un circo romano. Vale decir: la vida pública en entretenimiento.

                ¿O alguien puede sostener que el régimen de Mussolini, que con su sola sonrisa provocaba delirantes orgasmos en las matronas italianas, no era democrático? ¿O que no lo era el de Hitler, que al borde del Apocalipsis convocaba con sus graznidos al 98% del respaldo alemán? ¿Dónde radicaba la clave de ese aparente quid pro quo? En ese ensayo me refería a dos elementos constitutivos de la democracia, que contradictoriamente pueden socavar su espíritu: el predominio arbitrario, absoluto e incuestionable de las mayorías – un fenómeno matemático, no cultural o civilizatorio – y el espectáculo en permanente desarrollo que puede sacárselas de la manga – la seducción de las masas por un demagogo.  Los romanos inventaron el mecanismo hegemónico y lo describieron con la sobriedad patricia de quienes fundaron el Estado, el Derecho y la Ley: ofrecer Pan y Circo. Cuando un caudillo dispone a su antojo de ambos y la mayoría se pliega al plebiscito, la democracia copula con la dictadura.

2

                Mario Vargas Llosa, posiblemente el pensador contemporáneo más importante de lengua castellana, acaba de publicar un extraordinario ensayo que tiene por tema, como lo indica su título, precisamente, La Civilización del Espectáculo.[ii] Y cuya tesis central puede ponernos los pelos de punta: «La cultura, en el sentido que tradicionalmente se ha dado a este vocablo, está en nuestros días a punto de desaparecer». En aras, precisamente, del espectáculo, de la diversión, del circo como metafísica práctica. Del entretenimiento.

¿Qué pensar al respecto en un país que ha hecho durante dos o tres décadas de su vida social las medidas 90-60-90 colmo de virtud y deseoso arquetipo? Que si la vida social había abandonado hacía muchas décadas la cultura del arte y la creación, la educación moral y la virtud ciudadana, sólo faltaba un empujón para terminar de desbaratar la frágil y artificiosa construcción institucional de la Venezuela civilizada  para que un animador de feria, inescrupuloso y armado hasta los dientes copara la escena política y convirtiera el delicado metabolismo sociopolítico que permite la existencia de la Polis como civilidad en un matadero en pleno desarrollo.

                Que a pesar de las flagrantes evidencias de la brutalidad, la zafiedad y la ignorancia de ese animador de tropas lo más excelso de nuestra cultura – filósofos, escritores, académicos, juristas, empresarios – aplaudieran su sangrienta aparición y lo acompañaran sin el menor recato durante un buen trecho de su sistemático y planificado asalto al Poder no hace más que reafirmar la gravedad de la crisis porque hemos venido atravesando desde que sucumbiéramos a esta homérica borrachera seudo revolucionaria, echando por la borda todas las virtudes ciudadanas fundadas por nuestros mayores, conquistadas en la terrible y prolongada lucha contra la dictadura. ¿Olvidar a José Rafael Pocaterra y sus Memorias de un Venezolano de la Decadencia?

A despecho de Max Weber y todas las teorías sobre el papel del carisma en la historia, el absurdo traspiés de un país echándose en brazos de un payaso y dejándose cuartear gracias a un programa dominical y cotidianas transmisiones radiotelevisivas encadenadas, mientras simultáneamente y aprovechando la distracción – como en un juego de magia y prestidigitación – se descuartizaban las instituciones, se desmantelaban las empresas básicas, se saqueaba PDVSA, se destruían la industria y el agro y se imponía un régimen de control totalitario, es una de las experiencias más espeluznantes imaginables en un país que subraya a cada paso su origen libertario y republicano y tiene a su haber la más brillante y emancipada de las generaciones, promotora prácticamente en solitario de la Independencia de América.

Y aquí damos con la esencia del problema, el nudo gordiano del particular totalitarismo que sufrimos: al ser de naturaleza prestidigitadora y al tener resuelto por la vía de los fastuosos ingresos petroleros el lado material de la ecuación, la tiranía lleva 14 años de pan y 14 años de circo. El primero, para satisfacción de los desheredados en su condición mayoritaria – con hambre no hay quien defienda la democracia, solía decir el padre de la criatura, don Rafael Caldera. Y el segundo en la dinámica, permanente y sistemática repetición del espectáculo para quienes, posiblemente por ese estado de privación e indigencia no superan el estadio del más rapaz infantilismo político. La dialéctica del sistema impuso un imperativo práctico: el espectáculo, Chávez dixit,  debe continuar.

3

                He visto confirmado el aparente poder indestructible de esta dialéctica circense al oírle decir a un ponderado analista estadístico que la dolorosa tragedia de Amuay, en lugar de trascender al consciente colectivo bajo la forma del rechazo moral a las autoridades responsables directas de la catástrofe, todos ellos susceptibles de ser enjuiciados por homicidio culposo, y gravar en el esfuerzo por desplazarlos definitivamente del poder ante la dimensión apocalíptica de sus desafueros, podría servir muy por el contrario a sus fines electorales, al garantizarle al candidato del continuismo y principal culpable de la masacre, “mayor presencia en los medios”.

Se toca aquí un punto de trágica importancia en la configuración de la política del espectáculo: la deshumanización de la política y el desquiciante papel que juegan los medios televisivos en la perversión de la vida pública como Polis. Al que la empujan, en los medios privados, la propia dinámica del lucro que la posibilita y, en los públicos,  el totalitario control estatal que la asegura.  Con el agravante para los primeros que los medios privados están compelidos a seducir mayorías para ser verdaderamente rentables, subyugándose, así, de manera aún más tiránica al dictado del espectáculo. O conquistan el rating o se mueren de hambre.

Lo dijo con una lacerante claridad quien fuera secretario de prensa de Lyndon B. Johnson y luego presidente del Schumann Center for Media and Democracy, el veterano periodista norteamericano Bill Moyers: “Las ideas complejas son las únicas que conducen a alguna parte. Pero la tecnología de la televisión lo vuelve todo plano y, al hacerlo, desciende al más bajo común denominador, desprovisto de matices, sutileza, historia y contexto, con lo que se convierte en promotora de consensos, ¡y a menudo de cualquier clase de consensos!, casi siempre el más elemental y fascistoide, aunque desde luego, los productores proclamen no intentar imponer éste al público”.

                Reducir la tragedia de Amuay al burdo nivel de un espectáculo y deshumanizar su contexto hasta desfigurar por completo la responsabilidad moral que le cabe al presidente de la república en su desarrollo dado el poder absoluto que detenta y la índole fascistoide de su régimen, pone de relieve el más perverso atributo de su dominio. Convertir el decurso histórico de una comunidad viva en espectáculo infinito ofende la dignidad de lo humano. Posiblemente no haya vivido nuestro país un período más alienado y alienante de nuestra vida pública. Aceptar pasivamente la preponderancia de la brutal manipulación de la Polis rebajada a mercado de imágenes, constituye una perversión adicional, a la que el degradado universo de las encuestas sirve de perfecto acompañamiento.

                Pecado y penitencia. Amuay no fue un espectáculo. Debiera ser la gota que colma el vaso. Para cerrar de una vez por todas el ciclo más luctuoso, más humillante y más degradado de nuestra historia.


[i] Antonio Sánchez García, DICTADURA O DEMOCRACIA, Venezuela en la Encrucijada, Editorial Altazor, Caracas, 2003.

[ii] Mario Vargas Llosa, LA CIVILIZACIÓN DEL ESPECTÁCULO, Alfaguara, Madrid, 2012.

La Imagen Rota

 

 Luis  DE LION

 

Desde diciembre del 2005 fecha en la que Hugo Chávez tuvo propósitos antisemitas, su imagen ante la opinión internacional ha venido degradándose de manera sostenida. Las injuriosas declaraciones del presidente venezolano fueron reseñadas por los principales diarios occidentales, particularmente por The New York Times y Le Monde.

En febrero del 2006, Chávez anunció su alianza con el apocalíptico presidente Ahmadinejad. Coalición conformada en medio de la crisis nuclear iraní. Siendo París, Londres y Berlín, de las capitales amenazadas por el potencial poderío nuclear iraní, el tenebroso eje Caracas-Teherán, inevitablemente era relatado por la prensa europea.
En el 2007, los medios parisinos titularon: “Chávez, le sacre autocrate”, la coronación del autócrata luego de su reelección y el otorgamiento de plenos poderes. Las salas de redacción occidentales estaban en alerta prestos a cubrir la escalada autoritaria del régimen de Hugo Chávez y el cierre de RCTV no los tomó por sorpresa.
Los enviados especiales de los medios occidentales se atrevieron para la época a abordar temas como el de la importación de gasolina –tema tabú dentro de Venezuela -, la indignación de los cineastas locales ante la multimillonaria ayuda que recibiera el actor norteamericano Danny Glover, las protestas estudiantiles, los buenos negocios de la familia Chávez, la “boliburguesía”, la carrera armamentista de Chávez financiada por el Fonden y el aumento de sueldo a los militares.
Luego vinieron los apoyo públicos e incondicionales del régimen de Chávez a los sátrapas caídos en desgracia, primero Gadafi y luego Bashar.
Dicho esto, desde Caracas, se podría pensar que la opinión internacional descubrió a Chávez con varios años de atraso. No obstante, desde el punto de vista de imagen y de forjamiento de opinión, se trata de una muy mala situación, casi irreversible, para la imagen internacional de Hugo Chávez. Crisis de imagen y de comunicación, en el régimen de Chávez, que no está pasando desapercibida desde las capitales con grandes cajas de resonancia mediática.
Todo esto ocurre ante un aparente silencio y poco accionar en el plano internacional del liderazgo opositor. En lo político, para el régimen bolivariano es una desventaja, el que Francia, Inglaterra y EEUU -así Obama no vea el peligro- sean miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Las alianzas de Caracas, con Moscú y Pekín, los otros dos miembros permanentes de dicho Consejo, nos otorgan una suerte de borrador del escenario que está aproximándose y para el cual parece que desde Miraflores trabajan sin pausa.